| Sura 59 Al-Hashr (La Reunión) |
| escrito por Ali Ünal | |
| 24.08.2009 | |
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Período de Medina Revelada en Medina, muy posiblemente en el año cuarto después de la Hégira, esta sura consta de 24 versículos. Su nombre proviene de la palabra hashr en el segundo versículo, que significa reunir gente para enviarla a algún sitio. La sura trata del encuentro de los musulmanes con la tribu judía de Banu Nadir y menciona las conspiraciones de los hipócritas en alianza con algunos judíos. Da instrucciones a la distribución de los botines de guerra obtenidos del enemigo sin luchar. También les aconseja a los creyentes ser siempre piadosos y devotos, y describe a Dios con algunos de Sus Atributos. En el Nombre de Dios, el Misericordioso, el Compasivo. 1. Todo lo que se halla en los Cielos y sobre la Tierra glorifica a Dios y Él es el Glorioso poseedor de irresistible poder, el Omnisapiente. 2. Él es Quien expulsó a aquellos que no creían de entre la Gente del Libro de sus hogares (fortificados) como la primera reunión (de ellos por castigo y desterrándolos del centro del Islam). No pensabais que se irían (tan fácilmente), como creían que sus fortalezas los protegerían contra Dios. Pero (la voluntad de) Dios les sobrevino desde donde no habían contado (que vendría): Infundió terror en sus corazones. Y por lo tanto ellos estaban destruyendo sus hogares con sus propias manos, así como con las manos de los creyentes[1]. Entonces, aprended una lección, Oh gente de perspicacia. 3. Si no hubiera sido porque Dios había decretado el destierro para ellos, sin duda los habría castigado (con la muerte y la expropiación) en este mundo. Y para ellos en el Más Allá se da el castigo del Fuego. 4. Esto es porque desafiaron y se opusieron a Dios y a Su Mensajero. Cualquiera que desafíe y se oponga a Dios entonces sin duda Dios es severo castigando. 5. Cualquier palmera (suya) que hayáis podido talar o hayáis dejado en pie en sus raíces[2], fue por el permiso de Dios y para que pudiera deshonrar a los transgresores. 6. En cuanto a lo que de ellos Dios otorgó como botines de guerra a Su Mensajero; y no espoleasteis a ningún caballo o camello para ello, mas Dios le da a Su Mensajero dominio sobre quien Su Voluntad dicta. Dios posee pleno poder sobre todas las cosas. 7. Lo que Dios le ha otorgado a Su Mensajero como botines de guerra de las gentes de los pueblos: (un quinto) Le pertenece a Dios, y al Mensajero, y a sus parientes cercanos, huérfanos, indigentes y los viajeros (que carecen de medios para continuar un viaje), para que no se convierta en una fortuna circulante entre los ricos de vosotros[3]. Todo lo que el Mensajero os da aceptadlo con gusto, y todo lo que os prohíbe, absteneos de ello. Apartaos de la desobediencia a Dios con veneración a Él y piedad. Sin duda Dios es severo castigando. 8. También es para los pobres Emigrantes, que han sido expulsados de sus hogares y sus propiedades, buscando el favor con Dios y Su aprobación y complacencia, y que ayudan a (la causa de) Dios y Su Mensajero. Aquellos son los veraces (en su profesión de fe y lealtad a sus órdenes). 9. Aquellos quienes, antes de su llegada, tenían su morada (en Medina), la preparan como un hogar para el Islam y la fe, aman a aquellos que emigran hacia ellos por Dios, y en sus corazones no envidian lo que se les ha dado, y (en verdad) los prefieren por encima de ellos mismos, aunque la pobreza sea su propio destino[4]. (También tienen una parte en estos botines de guerra). Todo aquel que esté protegido contra la avaricia de su propia alma; aquellos son los verdaderamente prósperos. 10. Y todos aquellos que llegan después de ellos (y siguen sus pasos) rezan: «¡Oh Señor Nuestro! Perdónanos a nosotros y a nuestros hermanos (y hermanas) en la Religión que nos han precedido en la fe, y no dejes que nuestros corazones alberguen ninguna hostilidad contra ninguno de los creyentes. ¡Oh Señor Nuestro! Tú eres el Indulgente, el Compasivo (especialmente hacia Tus siervos creyentes)[5]. 11. ¿No habéis considerado a aquellos que son hipócritas? Ellos les dicen a sus hermanos que no creen de entre la Gente del Libro: «Si sois expulsados (de Medina), sin duda nosotros nos iremos con vosotros, y nunca obedeceremos a nadie que esté en vuestra contra. Si os hacen la guerra, sin duda alguna nosotros os ayudaremos». Dios atestigua que en verdad son mentirosos[6]. 12. Ya que si ellos en verdad son expulsados, nunca se irán con ellos, y si les hacen la guerra, nunca los ayudarán. Incluso suponiendo que los ayuden (en tal eventualidad), sin duda alguna darán la espalda en la lucha, y por lo tanto no recibirían ayuda (de ninguna parte, y serían destruidos por su traición manifiesta hacia los musulmanes). 13. El terror hacia vosotros que albergan en sus corazones es más intenso que el temor a Dios. Esto es porque son un pueblo que carece de entendimiento y no puede comprender la verdad. 14. Nunca lucharán en vuestra contra como un grupo unido (en alianza con los hipócritas, con los judíos de Jaybar y otros), a menos que estén dentro de fortalezas fortificadas o tras altas murallas. Dura es su discordia beligerante entre ellos (excepto cuando no se aliaron de manera oportunista en la guerra contra vosotros). Crees que están unidos, sin embargo en realidad sus corazones están en desacuerdo unos con otros: Esto es porque son un pueblo que no razona (y no llegan a entender las situaciones a las que se enfrentan). 15. Precisamente como aquellos (judíos de Banu Qaynuqa‘) que, poco antes que ellos (los judíos de la Banu Nadir), probaron el mal resultado de sus propios actos, y (en el Más Allá) para ellos (también) se da un doloroso castigo. 16. (Los hipócritas los han engañado) precisamente como Satanás, cuando le dice al ser humano: «¡No creas en Dios!». Luego cuando no cree, le dice (al ser humano): «¡Sin duda me he librado de ti, ya que con toda seguridad Le temo a Dios, el Señor de los mundos!»[7]. 17. Así que el final de ambos (Satanás y aquellos a quienes ha engañado, los hipócritas y aquellos que han traicionado) es que se hallarán en el Fuego para morar allí dentro. Esa es la recompensa de los malhechores. 18. ¡Oh vosotros que creéis! Apartaos de la desobediencia a Dios con veneración a Él y piedad para merecer Su protección, y que cada apersona considere lo que ha anticipado para el día de mañana. Apartaos de la desobediencia a Dios con veneración a Él y piedad. Sin duda Dios se halla perfectamente informado de todo lo que hacéis. 19. Y no seáis como aquellos que se olvidan de Dios y por lo tanto Dios les ha hecho olvidarse de sí mismos[8]. Aquellos, ellos son los transgresores. 20. No son iguales los compañeros del Fuego y los compañeros del Paraíso. Los compañeros del Paraíso, ellos son los triunfadores. 21. Si hubiéramos enviado este Corán sobre una montaña, sin duda la veríais humillarse, desgarrándose por temor reverencial a Dios. Tales parábolas las presentamos a los seres humanos para que puedan reflexionar (en la razón por la cual el Corán está siendo revelado a los seres humanos y lo grande e importante que es su responsabilidad). 22. Dios es Aquel salvo Quien no hay más deidad; el Conocedor de Lo Oculto (todo lo que está más allá de la percepción humana) y lo atestiguado (el reino perceptible). Él es el Misericordioso, el Compasivo. 23. Dios es Aquel salvo Quien no hay más deidad; el Soberano, el Santo y el Puro, el Autor Supremo de la paz y la salvación y el Autor Supremo de la seguridad y la protección Quien concede la fe y elimina todas las dudas, el Protector Vigilante, el Glorioso poseedor de irresistible poder, el Irresistible de majestad suprema, Aquel Quien posee derecho exclusivo a toda la grandeza. Glorificado sea Dios, pues se halla absolutamente ensalzado por encima de lo que Le atribuyen. 24. Él es Dios, el Creador, el Hacedor Sagrado (Quien crea sin defecto alguno), el Dador de Forma. A Él Le pertenecen todos los Nombres Hermosos[9]. Todo lo que se halla en los Cielos y sobre la Tierra Le glorifica, (declarando que se halla absolutamente por encima de tener defecto alguno). Él es el Glorioso poseedor de irresistible poder, el Omnisapiente[10]. [1] Cuando el Mensajero de Dios, la paz y las bendiciones sean con él, emigró a Medina, firmó un pacto con las tribus judías que vivían allí. El pacto estipulaba que los judíos permanecerían neutrales en las hostilidades entre los musulmanes y los quraishíes paganos, pero si había un ataque en Medina, defenderían la ciudad junto con los musulmanes. Sin embargo las tribus judías no tenían intención de cumplir con su tratado. Durante la Batalla de Badr apoyaron a los politeístas de La Meca; después alentaron abiertamente a la tribu Quraish y a las otras tribus árabes a unirse contra los musulmanes. También colaboraron con los hipócritas quienes en apariencia eran una parte integrada del cuerpo político musulmán. Para sabotear la divulgación del Islam empezaron a avivar las llamas de la antigua animosidad entre Aws y Jazray, dos tribus musulmanas de Medina. Kab ibn Ashraf, el jefe de Banu Nadir, fue a La Meca y recitó elegías conmovedoras en memoria de los hombres asesinados de La Meca en Badr para provocar a la tribu Quraish a nuevas hostilidades. Él también calumnió a los musulmanes y satirizó al Profeta en sus poemas. La violación de las tribus judías para con las obligaciones del acuerdo rebasó todos los límites razonables. Unos meses después de la Batalla de Badr, una mujer musulmana fue tratada indecentemente por unos judíos de Banu Qaynuqa, la tribu judía con mayor animadversión hacia los musulmanes. Durante la pelea que tuvo lugar a continuación, un musulmán y un judío fueron asesinados. Cuando el Mensajero les reprochó por esa conducta vergonzosa y les recordó las obligaciones de su trato, los judíos lo amenazaron diciéndole: «Que no te engañe el hecho de haber encontrado con unos hombres que no tienen conocimientos militares. Tuviste suerte. Si combates con nosotros, vas a saber que somos hombres de guerra». Al final, el Mensajero atacó al Banu Qaynuqa, los derrotó y los desterró a los alrededores de Medina. Además, bajo orden del Mensajero, Muhammad ibn Maslama mató a Kab ibn Ashraf y acabó con sus actividades sediciosas. En cuanto a la tribu judía Banu Nadir, sus miembros intrigaron en secreto con los paganos de La Meca y con los hipócritas de Medina para destruir la comunidad musulmana de una vez por todas. Hasta intentaron matar al Profeta mientras él los visitaba, quebrantando toda norma de hospitalidad así como su trato. El Mensajero les pidió que cambiaran su posición estratégica, unos cinco kilómetros al sur de Medina, y estuvieron de acuerdo en hacerlo así. Pero cuando Abdullah ibn Ubayy, el jefe de los hipócritas, les prometió ayuda en caso de batalla, los Banu Nadir se mostraron reacios. El ejército musulmán los sitió en sus fortalezas. Los Banu Nadir, al ver que ni los politeístas de La Meca ni los hipócritas de Medina se molestaron en ayudarles, abandonaron la ciudad. Estaban consternados pero se les perdonó la vida. Tenían diez días para abandonar la ciudad, la mayoría, junto con sus familias y todo lo que podían llevar, y muchos de ellos se unieron a sus hermanos en Siria y los otros en Jaybar (Ibn Hisham, 3:47-49, 190-192). [2] Dios les permitió a los musulmanes talar los árboles durante su sitio de la Banu Nadir para facilitar la operación. Sin embargo, excepto por tales exigencias militares estrictas, el Profeta constantemente prohibió la destrucción de los árboles y cultivos. La mención especial del Corán sobre este incidente durante la lucha contra la Banu Nadir se debe referir a su exención extraordinaria. [3] Para una explicación de esta distribución, véase la sura 8:41, nota 8. El principio expuesto en la frase que no se convierta en una fortuna circulante entre los ricos de vosotros, es muy importante y es una característica básica de la economía islámica y la justicia social. El Islam le ordena a la gente a que se esfuerce y sea trabajadora, no recomienda mendigar. Sin embargo, es un hecho que debido a las facilidades y capacidades humanas, la gente varía en su poder adquisitivo y su riqueza. Pero en el Islam no debería haber gente extremadamente rica mientras hay gente indigente. Por lo tanto a través de las órdenes, como la Limosna Prescrita Purificadora y recomendada como una recompensa para el ayuno que se rompe voluntariamente o que no se puede cumplir debido a la extrema vejez o la enfermedad permanente, para los juramentos quebrantados, y las acciones ilícitas como decirle a una esposa: «De aquí en adelante para mí eres como la espalda de mi madre», (véase la sura 58:1, nota 1), se busca una amplia distribución de la riqueza como sea posible, para que el nivel de vida sea equilibrado en la comunidad. [4] Estos versículos nos cuentan (y nos recuerdan) qué cualidades loables tenían los Muhayirun («Emigrantes») y los Ansar («Ayudantes, los musulmanes de Medina») y su grado en esas cualidades. [5] El Califa ‘Umar entendió de estos versículos que los botines de guerra ganados sin luchar son para todos los musulmanes, incluyendo los Emigrantes, los Ayudantes y aquellos que los sucedan en los últimos siglos. Su punto de vista ha sido aprobado de manera general por parte de los otros Compañeros. [6] Como se explicó en la anterior nota 1, cuando el Mensajero de Dios les pidió a los judíos de la tribu Banu Nadir que dejaran su posición estratégica, aproximadamente cinco kilómetros al sur de Medina, y se fueran de la ciudad, Abdullah ibn Ubayy ibn Salul, el jefe de los hipócritas, prometió ayudar a la tribu Banu Nadir en caso de guerra. Sin embargo, cuando el ejército musulmán los sitió en sus fortalezas, ni los politeístas de La Meca ni los hipócritas de Medina se atrevieron a ayudarlos. [7] Los hipócritas prometieron ayudar a los judíos de la tribu Banu Nadir y los provocaron para que pelearan contra el Mensajero. Pero cuando la lucha comenzó, los hipócritas no hicieron nada. Sus costumbres son como las de Satanás. Les hace promesas a los seres humanos, los llama a que no crean o cometan pecados, pero cuando han hecho lo que los instaba a hacer, se retira y se burla de ellos. Realmente, no tiene poder alguno para que se cumplan sus promesas. Antes de que comenzara la Batalla de Badr, Satán le dijo al ejército de La Meca: «Hoy ningún poder entre los hombres podrá venceros y, en verdad, que estoy de vuestro lado». Pero cuando las dos huestes se avistaron, se dio media vuelta y salió huyendo diciendo: «En verdad, me desentiendo de vosotros, porque veo lo que no veis. No cabe duda que temo a Dios» (8:48). Ha percibido que el ejército musulmán estaba apoyado por los ángeles, y al temer recibir un golpe severo, prefirió huir. Sus palabras En verdad, me desentiendo de vosotros y No cabe duda que temo a Dios eran sólo excusas por su huida. [8] Este versículo narra acerca de aquellos que se olvidan de Dios y los creyentes: Vosotros sois olvidadizos e inconscientes de vosotros mismos. No queréis recordar la muerte, aunque siempre consideráis a los demás mortales. Os refrenáis cuando os enfrentáis a las dificultades y prestáis servicio, pero creéis que deberíais ser los primeros en ser recompensados cuando es el tiempo de recibir la recompensa. No os gusta obedecer a Dios en vuestras vidas y seguís vuestros deseos y caprichos, y así os olvidáis del propósito de vuestra vida terrenal. Para purificaros a vosotros mismos, llevad a cabo vuestras responsabilidades, estad preparados para la muerte, y olvidaos de cualquier recompensa que podríais obtener en el mundo. Nunca deberíais olvidaros de por qué estáis aquí en el mundo y lo que debéis hacer, y hacia qué final os estáis dirigiendo. Deberíais conocer a vuestro verdadero líder y seguirlo. De otra manera, (llegará un Día y) se os dirá: «Hacemos caso omiso de vosotros hoy (así que no esperéis el perdón y favor), como vosotros hacíais caso omiso del encuentro de este vuestro día, y vuestro refugio (eterno) será el Fuego del Infierno, y no tendréis quien os auxilie» (45:34). [9] Para los Hermosos Nombres de Dios, véanse la sura 7:180, nota 44; la sura 17:110, nota 41. [10] Es una sunna recitar los últimos tres versículos después de las Oraciones de la Mañana y del Atardecer. |