El Propósito de la vida y la creencia
escrito por Süleyman Eris   
16.05.2007

¿Quién soy y dónde me hallo? ¿De dónde provengo? ¿Cuál es mi destino final? ¿Qué reclama la muerte de mí? ¿Quién es mi guía en este viaje?

El problema esencial de la vida humana reside en todas esas preguntas, y nuestra felicidad individual y colectiva depende de ser capaces de encontrar la respuesta correcta a las preguntas vitales antes mencionadas, así como también subyugar nuestras facultades para que obtengamos el fruto de una vida armoniosa y pacífica en el pleno individual y social. Debido a que no es posible que el intelecto humano comprenda por completo en donde se encuentra la verdadera felicidad humana, en ambos mundos ya sea en este o en el Más Allá, la humanidad necesita un intelecto universal, un consejo y orientación más allá de la razón y experiencia humanas, cuya autoridad todos asienten libremente. Esa guía es la religión revelada y perfeccionada por Dios a través de Sus Profetas.[1] Con el Islam, Dios completó la religión que Él reveló y favoreció a la humanidad:

«Hoy he perfeccionado vuestra religión para vosotros, he completado Mi Favor sobre vosotros, y he escogido el Islam para vosotros como vuestra religión». (Sura al-Maida, 5:3)

Islam significa «sumisión a Dios, paz y salvación». Tan sólo a través de la sumisión a Dios podemos lograr la paz en los ámbitos individual y social, ambos por igual así como la salvación en ambos mundos, este y el que está por venir. Esta es la razón por la cual todos los profetas vinieron con la misma doctrina de fe, los mismos preceptos de veneración y buena conducta, e idénticas pautas para regular la vida social. Únicamente difieren en algunos asuntos secundarios respecto a la ley; y esto fue así en relación directamente proporcional con la época y las condiciones en las que vivieron.

El nombre de la religión que abarca dicha doctrina junto con sus preceptos y principios es Islam. Los nombres de las demás religiones fueron otorgados ya sea por sus seguidores o por sus oponentes, y fueron concedidos algún tiempo después de que sus mensajeros abandonaran este mundo. El Islam es la religión eterna y no tiene nada que sea esencialmente nuevo; mejor dicho, ha venido a reestablecer la religión primordial y a reafirmar la Verdad, la cual está más allá del tiempo. Del mismo modo que un restablecimiento y una reafirmación, el Islam es una síntesis de la Revelación universal: es la recapitulación de todos los mensajes previos, los cuales Dios ha concedido a la humanidad. Esta característica es la que da una capacidad asombrosa para integrar, dentro de una sola comunidad, a creyentes de orígenes étnicos muy diferentes, al mismo tiempo que continúan respetarlo sus particularidades. [2]

Todos los Profetas aparecieron con el Islam y comunicaron este mensaje, pero sus seguidores fracasaron en su observación y preservación, realizando diversos cambios en el mismo a lo largo del tiempo. Y fue comunicado por última vez por el profeta Muhammad, la paz y las bendiciones sean con él, de una manera tal que abarcaría a toda la gente hasta el final de los tiempos. Por lo tanto, tan sólo es «el Islam» predicado por el profeta Muhammad la religión verdadera acreditada por Dios:

Di (Oh Mensajero): «Creemos en Dios (sin asociarle ningún copartícipe) y en lo que se ha hecho descender para nosotros y en lo que se hizo descender sobre Abraham, Ismael, Isaac, Jacob y sus descendientes, así como lo que le fue dado a Moisés, a Jesús y a todos los (demás) profetas, procedente de su Señor; no hacemos distinción entre ninguno de ellos y a Él estamos sometidos». (Sura Al-Imran, 3:84)

Es importante observar en este punto que el profeta Muhammad no es el fundador del Islam, sino el Mensajero del Islam. El Islam es el modo de vida natural. Dios es el creador del Islam, y Adán, la primera persona sobre la Tierra, es el primer musulmán. Asimismo, el profeta Abraham, quien habitaba en la Tierra 2.500 años antes que el profeta Muhammad, es llamado un musulmán en el Corán (Sura Al–Imran, 3:60). Todos los profetas llevaron el mismo mensaje de Dios —el mensaje del Islam, de paz y piedad—[3]

En su aspecto más fundamental, el Islam es resumido en la frase coránica más frecuentemente recitada, el «Basmala» o Bismillahir-rahmanir-rahim —«En el nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso». Dios se manifiesta a Sí mismo por medio de Su Misericordia y Compasión absolutas y globales, y el Islam se halla fundado sobre esa afirmación. El Corán llama a la misión del profeta Muhammad una misericordia para todos los mundos (Sura al-Hayy, 21:107).[4]

Los propósitos Divinos para crear la humanidad y el mundo

Ya que Dios Único es Infinito y Absoluto así como Infinitamente Compasivo, no pudo realizar otra cosa sino crear. Su infinitud implica que Él contiene dentro de Sí todas las posibilidades, y tal posibilidad tuvo que ser llevada a cabo en forma de creación. Se encuentra en la naturaleza de lo bueno conceder y otorgar de sí mismo, y el Infinitamente Compasivo no podía sino irradiar la realidad que constituye al mundo.[5]

Y no hemos creado los Cielos, la Tierra y lo que hay entre ambos, en vano (para que la gente no pueda pensar en la libertad de actuar de acuerdo a sus propios deseos e inclinaciones). (Sura as-Sad, 38:27)

El siguiente dicho sagrado, hadiz qudsi,[6] explica el propósito más profundo para la creación, el cual es el amor de Dios hacia el conocimiento de Sí mismo, siendo llevado a cabo por medio de Su vicegerente en la Tierra: la humanidad. «Yo era un tesoro oculto. Amaba ser conocido. Por lo tanto, creé a la creación para que Yo fuera conocido».[7]

Para un ser humano conocer a Dios es cumplir con el propósito de la creación. Para entender los propósitos Divinos en relación a la creación de la humanidad y el Universo, la siguiente parábola de Bediüzzaman Said Nursi es de gran ayuda.[8] Bediüzzaman (1877-1960) es uno de los eruditos más renombrados del Islam, cuya Colección Risale-i Nur («Tratado de la Luz») ha sido extensamente estudiada por los musulmanes, especialmente en Turquía. Risale-i Nur está considerada como una interpretación moderna del Corán, una serie de comentarios coránicos que proporcionan argumentos mucho más convincentes con respecto a los artículos de fe islámica:

Una parábola sobre los propósitos Divinos para la Creación

Un rey poseía una inmensa fortuna de piedras preciosas y tesoros enterrados en lugares conocidos tan sólo por él. Estaba dotado de un vasto conocimiento en todas las disciplinas artísticas y científicas. Del mismo modo que todo aquel que goza de belleza y perfección de manera natural tiende a exhibir esas cualidades a los demás,[9] él quiso construir un palacio que demostrara la magnificencia de su reino, la categoría de su riqueza y su esplendor, y los maravillosos productos de su arte y habilidad. Él también deseó contemplar su belleza y perfección con sus propios ojos discernidores y a través de los ojos de los demás. Y así comenzó a construir un inmenso y magnífico palacio. Dividiéndolo en varios pisos y habitaciones, lo decoró con sus obras de arte más excelentes y hermosas y lo embelleció con sus piedras preciosas. Diseñándolo de acuerdo a las disciplinas y los principios artísticos y científicos, lo amuebló con los milagrosos productos de su conocimiento. Finalmente, preparó comidas y bebidas deliciosas para cada familia que viviría en dicho recinto palaciego, y las proporcionó de manera tan elaborada, generosa y artísticamente que cada comida pareciera estar derivada de al menos cien técnicas culinarias diferentes.

A continuación, el rey acomodó a algunos de sus súbditos en el palacio. Envió a su edecán para explicarles por qué lo había construido, las reglas que tenían que obedecer, qué tipo de ser era el rey, así como explicaciones acerca de la arquitectura, las decoraciones, el mobiliario y los ornamentos del palacio. El rey le dijo a su edecán que expusiera cómo las estructuras, los diseños y los contenidos demostraban su arte y perfecciones, y cómo tales moradores en él podían complacerlo.

El edecán tenía a su cargo varios estudiantes, y a cada uno de sus numerosos asistentes le fue asignado un aposento determinado. Hallándose entre sus estudiantes, se dirige a la audiencia:

¡Oh pueblo! Nuestro maestro, dueño de este palacio, lo construyó para darse a conocer a vosotros. A cambio, conocerlo y reconocerlo apropiadamente. Él quiere hacerse querer por vosotros a través de estos ornamentos. A cambio, debéis apreciar su arte y elogiarlo por sus obras, y de ese modo, haceros querer por él. Sus favores demuestran su amor por vosotros, así que amadlo siempre siguiendo sus prescripciones. Sus ofrecimientos exhiben su compasión y cuidado por vosotros, así que agradecédselo mostrando vuestro respeto hacia él. A través de las obras de su perfección, el amo quiere mostrar su gracia y belleza. A cambio, exhibid un gran deseo de verle y aseguraos su atención. Al colocar su sello especial, el cual no puede ser copiado, sobre todas las cosas que ven, él demuestra que es único, absolutamente independiente y sin copartícipes, que este palacio y lo que se halla dentro del mismo es su obra y que le pertenecen a él exclusivamente. Por lo tanto, reconocer su unicidad, absoluta independencia y ausencia de copartícipes.

El edecán continuó su discurso. Los habitantes del palacio eran de dos tipos. La gente del primer grupo, sensible y consciente de sí misma, contempló las maravillas del palacio y concluyó que cada cosa tenía un propósito. Mientras pensaban en esto, escuchaban al edecán y aprendían cuáles eran esos propósitos. Ellos hicieron lo que el rey quiso, por lo que lo complacieron. En contrapartida, el rey los invitó a un palacio mucho más grande e indescriptiblemente más hermoso, donde les otorgó todo tipo de bondades y bendiciones eternas.

La gente del segundo grupo era moralmente corrupta, inconsciente y desprovista de un razonamiento sano, porque todo lo que contemplaron fue la deliciosa comida. Tampoco, entendieron el significado tras los adornos y embellecimientos. Ignorando el discurso y las directrices del edecán y sus asistentes, se concentraron en comer y dormir. Después de beber bebidas prohibidas, se embriagaron, molestaron a los sirvientes y a los huéspedes y quebrantaron las reglas. Por lo tanto, el rey los envió a prisión.

En resumen, el glorioso rey construyó el palacio para los propósitos explicados por su edecán. Llevar a cabo estos propósitos depende de dos cosas. En primer lugar, si el edecán no existiera, esos propósitos serían como la nada, porque un libro complicado sin maestro para explicarlo es sólo un bulto de papel. En segundo lugar, el edecán debe ser obedecido, porque su existencia es la razón para crear el palacio, y la obediencia de sus habitantes es la razón para mantenerlo. Sin un edecán que dé a conocer el palacio a sus habitantes y que les transmita la voluntad del rey, éste último no lo habría construido. Además, si dichos habitantes ignoran las instrucciones del rey, el palacio será destruido.

Si entiendes esto, reflexiona acerca de su significado. El palacio es este mundo, cuyo techo son los Cielos iluminados con sonrientes estrellas, cuyo suelo es la superficie de la Tierra embellecida con numerosos tipos de flores. El rey es Dios, el Más Sagrado, el Rey Eterno, Cuyos siete firmamentos y la Tierra, junto con todos sus contenidos, glorifican y alaban en el idioma particular de cada uno. Él es un Rey tan Poderoso que creó los Cielos y la Tierra en seis días.10 Tomó asiento en Su Trono de Señorío [a saber, por medio de las manifestaciones continuas de Su Señorío11], alterna el día y la noche como un hilo blanco y otro negro, para grabar Sus signos en la vasta página del Universo. Él es Uno, Sumamente Majestuoso y Poderoso, a Quien el Sol, la Luna y las estrellas, todos se hallan subyugados.

Las habitaciones del palacio son los miles de mundos, cada uno diseñado, amueblado y decorado de una manera específica. Las obras de arte más excelsas y hermosas son lo que vemos aquí, cada una de las cuales es un milagro del Poder Divino; la comida son los maravillosos frutos de la Misericordia Divina que apreciamos aquí, especialmente en verano; y la cocina es el fuego del centro de la Tierra y el calor del Sol. Las piedras preciosas son manifestaciones de los Sagrados Nombres Divinos, y los aderezos son los seres agradablemente disciplinados, excelsamente elaborados y las inscripciones perfectamente proporcionadas de la Pluma del Poder que adorna a este mundo y señala los Nombres de Aquél Majestuoso Todopoderoso.

El edecán es nuestro maestro, el profeta Muhammad. Sus ayudantes son todos los demás Profetas, y sus estudiantes son todos los santos y eruditos purificados. Los sirvientes son los ángeles, los habitantes del palacio representan a la humanidad, y los huéspedes invitados son aquellos animales creados para servir a la humanidad. El primer grupo de gente son los creyentes, estudiantes del Corán que interpretan los versículos del Libro del Universo. El segundo grupo está integrado por los no creyentes y los rebeldes, «sordomudos», gente desorientada que, obedeciendo a sus deseos carnales y a Satán, aceptan sólo la vida mundana ubicándose a sí mismos a la altura de los animales, o más bajo.

El primer grupo, que comprende a la gente bienhechora y de espiritualidad floreciente, escuchó el mensaje del maestro de claridad intelectual y bienestar espiritual, el camino de la prosperidad en ambos mundos. Este maestro es tanto un siervo como un Mensajero; por una parte es un devoto siervo respecto a su servicio, que describe a su Maestro Supremo y lo da a conocer a la gente; un enviado de su comunidad a la corte de Dios Todopoderoso; y por otra parte un Mensajero, respecto a su Mensaje, que comunica los mandatos de su Maestro para la humanidad por medio del Corán.

En respuesta a la declaración del Rey Eterno de Su reino y a la manifestación de Su Unicidad por todo el Universo, ellos creyeron y confirmaron Su Unidad, y mostraron su obediencia y sumisión diciendo: «Hemos escuchado y obedecido». A la manifestación de la Divinidad del Señor de los Mundos, ellos respondieron con devoción al declarar que su impotencia estaba incrustada en la debilidad, que su pobreza estaba clavada en la necesidad y en la oración prescrita (la esencia de la veneración).

Encontrándose en esa enorme mezquita del mundo, se consagraron a esos y otros deberes similares de devoción asumiendo así, el mejor patrón de la creación. Por encima de todas las demás criaturas, se convirtieron en los vicegerentes dignos de confianza de Dios, dotados con la bendición de la creencia y la confianza.[12] Después de esta prueba y juicio, y para recompensar su devoción al Islam, su Magnificente Señor recompensó su fe con la felicidad eterna y los invitó a la Morada de la Paz. En dicho emplazamiento, como resultado de Su Misericordia, les confirió deslumbrantes generosidades que van más allá de la descripción y la imaginación, de la eternidad y la vida eterna. Los amantes que observan y reflexionan sobre una belleza eterna y perdurable irán a la eternidad. Tal es el fin y la etapa final de aquellos quienes estudian el Corán. ¡Que Dios Todopoderoso nos incluya entre ellos! Amén.

Los miembros integrantes del segundo grupo, todos ellos gente pecadora y malvada, entraron al palacio de este mundo en su madurez.[13] No creyendo en la evidencia de la Unicidad Divina y siendo desagradecidos por las bondades, insultaron a todas las criaturas acusándolas de ser inútiles, y rechazaron y negaron las manifestaciones de los Nombres Divinos. En resumen, cometieron un grave error en un período corto de tiempo y se ganaron el castigo eterno.

Nos ha sido concedido este capital de vida y facultades humanas para ser empleado en los deberes mencionados anteriormente. Por lo tanto, nuestro deber no está restringido a vivir una vida fácil ni a gratificar nuestros deseos carnales. Ni tampoco retribuir a nuestros delicados sentidos y habilidades, nuestras facultades y órganos sensitivos, nuestros miembros y sistemas perfectamente establecidos, ni los sentidos y sentimientos inquisitivos incluidos en la «máquina» de nuestra vida (nuestro cuerpo) para satisfacer los viles y rastreros deseos del yo carnal, sino que todos ellos fueron incluidos en esta «máquina» e integrados como parte de nuestra naturaleza por dos razones: la primera, hacernos sentir todas las variedades de bondades conferidas por el Verdadero Dador de Bondades, y alentarnos a ser agradecidos. De este modo, percíbelas y sé agradecido con Él. La segunda razón fue para hacernos conocer e instarnos a experimentar todas las manifestaciones de cada Divino Nombre Sagrado observado en el Universo. Por lo tanto, experiméntalas y conócelas, así como cree. Si podemos realizar estos objetivos, podemos alcanzar la perfección humana y convertirnos en verdaderos seres humanos.

¡Por el Sol y su esplendor, y la Luna cuando lo sigue, y el día cuando lo descubre, y la noche cuando lo cubre, y el Cielo y Aquél que lo elevó, y la Tierra y Aquél que la dilató, y el alma y Aquél que la creó y formó, haciéndola conocer el bien y el mal para ella! El que purifique su alma será bienaventurado. Habrá triunfado aquel purifique y habrá perdido quien la lleve al extravío. (Sura ash-Shams, 91:110)


[1] Ismail Büyükçelebi, Living in the Shade of Islam («El Islam como un modo de vida»), The Light, Inc. Nueva Jersey: 2005, pág. 5-6.
[2] Roger Du Pasquier, Unveiling Islam («Descubriendo el Islam»), The Islamic Texts Society, Cambridge: 1994, pág. 7.
[3] Akbar S. Ahmed, Islam Today («Islam Hoy»), I.B.Tauris, Londres: 2001, pág. 24.
[4] Büyükçelebi, Ibíd. 2005, pág. 4.
[5] Seyyed Hossein Nasr, The Heart of Islam («El Corazón del Islam»), Harper San Francisco, Nueva York: 2002, págs. 9-11.
[6] Un hadiz qudsi es un dicho del Profeta que no forma parte del Corán, en el que Dios le inspira un concepto para que él lo explique con sus propias palabras.
[7] Rumi, Mayalis-i Sab’a, 29, citado en «Murada», 62.
[8] Bediüzzaman Said Nursi, The Words («Las Palabras»), 11thWord (11a Palabra), The Light, Inc. Nueva Jersey: 2005, págs. 133-141.
[9] Especialmente la belleza y perfección que es admirada por todos y que es beneficiosa para los demás.
[10] Del mismo modo que en la Biblia, el Corán menciona que Dios creó el Universo en seis días. No obstante, el Corán nunca menciona mañanas y tardes, y presenta el «día» como un periodo relativo cuya medida es desconocida. Véase 22:47, 32:5, y 70:4.
[11] La palabra original traducida como «Señor» es Rabb. Ésta manifiesta a Dios como Aquel que cría, guía, educa, sustenta y administra a Sus criaturas. (Nota: No debe ser confundida con el significado cristiano de «Señor», nombre empleado para referirse a Jesucristo como el «Hijo de Dios» según la fe cristiana.)
[12] La viceregencia de Dios es definida como la humanidad siendo empleada por Dios a modo de «medio» para ejecutar Sus prescripciones en la Tierra y administrar ésta última de acuerdo a Sus leyes.
[13] El Islam considera que una persona ha llegado a la «edad de la madurez» cuando se hace físicamente madura.

Modificado el ( 16.05.2007 )