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Rumi y el Sufismo PDF Imprimir E-Mail
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escrito por Selahattin Hidayetoğlu   
04.09.2009

El camino sufí de Rumi no es en modo alguno un sistema de conocimiento falto de inspiración o un idealismo imaginario; todo lo contrario, su entendimiento del sufismo es el acto de maduración en el mundo de la gnosis, del entendimiento, el universo del amor y el éxtasis.

Rumi contempla continuamente las realidades de la vida, aceptándolas indiscutiblemente sin renunciar a ellas. Se opone a la ociosidad y a la disociación total de la vida; y asimismo reintegra una vida circunscrita a la vida misma, atestiguado por su definición del mundo, que divulga su camino sufí:

¿Qué es el mundo? Es no hacer caso de Dios. Los tejidos, el dinero, el hecho de establecer relaciones comerciales mediante la medida y el peso, y las mujeres; no es el mundo.

La abundancia que obtienes para emplearla en el camino de la religión ha sido bendecida por el Profeta como una «¡Abundancia Magnífica!»

El agua dentro del navío significa la destrucción. El agua que discurre por debajo del barco, sin embargo, le asistirá en su movimiento.

Tan sólo la virtud que se halla implícita al extirpar el amor hacia las riquezas del corazón hizo que Salomón asumiera la etiqueta de «pobre».

El cántaro, con una tapa cerrada, navegó en el agua profunda e ilimitada, pues fue llenado de aire.

En efecto, siempre y cuando el hombre porte el aire de la pobreza, flotará en el mar de la Tierra, evitando el hundimiento.

Incluso si el mundo entero formara parte de su propiedad, esta abundancia, a sus ojos, es una mera nada.[1]

El propósito en el camino sufí de Rumi

En el sufismo, el propósito es sometimiento y aniquilar el yo en pos de la Voluntad Divina:

Es de hecho, Él, Dios, el Dueño de las riquezas y de la soberanía; a quien todo aquél que Le rinde homenaje, Él le concederá de hecho centenares de las riquezas y autoridad, dejando en paz este mundo creado del polvo.

Pero una postración en Su presencia se te antojará más dulce que doscientos estados y reinos.

«No deseo abundancia, ni propiedades, ni un estado ni tan siquiera autoridad. Tan sólo concédeme dicho estado de postración, y eso me saciará» rogaras, llorando y gimiendo.[2]

Lo que llamas trono no es sino una trampa de madera. Consideras tu posición como fundamental, no obstante quedas varado fuera de la puerta…

Concede ese reinado falaz a Dios, para que de este modo Él pueda concederte una autoridad verdadera que todos reconocerán.[3]

No hay ningún modo de llegar a la Divina Presencia que no sea mediante la extinción.[4]

Aquellos que rondan en la puerta, enfatizando «Yo» o «Nosotros», son exiliados, y así vagar para siempre en la estación de «La» (partícula negativa en lengua árabe que equivale a «no» o «inexistencia»).[5]

Todo aquél que se libera del ego obtendrá los egos completos; y como oponente de sí mismo, pasará a ser amigo de todos.[6]

Cuán excelente Buraq (cabalgadura del Profeta en la Ascensión) es la mula de la extinción. Si has pasado a estar extinto, te llevará a la estación de la existencia.[7]

El amor en el camino sufí de Rumi

El Amor Divino es la causa de la creación, es el médico de todas las enfermedades, la cura del desdén y del egoísmo así como de la loción de la agonía. Cuán maravillosamente Rumi enuncia con los siguientes versos el concepto sufí que indica que «el amor es el mismísimo significado de la creación y de la vida»:

El amor es esa llama que, cuando se inflama, todo lo quema excepto al Amado.[8]

El amor se halla entre las cualidades de Dios, Quien es independiente de necesidad y requerimientos. Enamorarse de los demás es, pues, un anhelo transitorio.[9]

¡Oh medicina de nuestra vanidad y orgullo, Oh nuestro Platón! ¡Nuestro Galeno!

El cuerpo proveniente del polvo ha ascendido a los cielos desde el amor; la montaña ha comenzado a moverse, briosamente.

¡Oh Amado! El amor se ha convertido en la vida del monte Sinaí; el Sinaí, embriagado mientras Moisés ha caído desmayado, inconsciente…

Quienquiera que no tienda a amar se asemeja a un pájaro sin alas; pobre de él.[10]

Ya que, de hecho, el principio subyacente es alcanzar al Dueño del corazón y convertiros en una esencia, Rumi indica con elegancia:

Permítele a él que desea entablar amistad con Dios sentarse en presencia de los gnósticos.

Considérate destruido, pues, si te ausentas de esta presencia, pues eres algo particular, desprovisto de lo universal.[11]

Distanciarse de la presencia de los gnósticos, es de hecho, distanciarse de Dios[12]

No te dirijas a la tierra de la desesperación, pues existen esperanzas.

Abstente de la oscuridad, pues se dan soles.

El corazón tirará de ti en pos de la tierra de sus compañeros; la carne te arrojará a las mazmorras de agua y fango ¡Permanece tranquilo! Obtén el sustento de tu corazón de una persona de corazón; convida tu corazón con ello. Prospera; aprende el triunfo de su maestro.[13]

La adhesión a los principios islámicos y al profeta Muhammad (la paz y las bendiciones sean con él) por parte de Rumi

Es asimismo importante procurar expresar el entendimiento de Rumi acerca del Islam. Siendo continuamente consciente del versículo coránico, «Realmente, el más noble de vosotros ante Dios es aquel que es más profundamente consciente de Él»[14], Rumi era una persona dotada de gran piedad, que siguió firmemente la ética legal inscrita en los veredictos coránicos, se abstuvo de todo aquello decretado como prohibido por Dios, abandonó los placeres de la carne, y desistió de los impedimentos para lograr una madurez espiritual; en suma, mantuvo ininterrumpidamente una distancia de las cosas que pudieran haberle alejado de Dios.[15]

Rumi jamás se apartó de los fundamentos del Islam

Incluso durante los extraordinarios momentos de arrobamiento y éxtasis que Rumi llevaba a cabo después de su entrada en un reino aparte a través de la conversación con Shams —una experiencia distante en demasía como para ser concebida o asimilada por su entorno más cercano— nunca ha dado siquiera un infinitesimal paso más allá de los fundamentos del Islam.[16]

La conciencia de veneración de Rumi

Rumi expresa en el Masnavi, «Nuestro Señor ha decretado “… póstrate (ante Dios) y busca proximidad (a Él)”[17] la postración de nuestros cuerpos es un motivo para que nuestros espíritus se hallen próximos a Dios»[18]; así, Rumi no abrazó el Amor Divino simplemente como una idea o un concepto. En realidad, ejerció sus obligaciones de la veneración con gran entusiasmo. El cronista Aflaqi narra lo siguiente al respecto: «Tras oír el adhan (la llamada a la oración), Rumi, presionando sus manos contra sus rodillas, se alzaba, con todo su esplendor, y repetía tres veces: “¡Oh con Quien se verifican nuestras vidas! Que Tu nombre perdure hasta la eternidad”[19], seguido por la aseveración final “Este rezo, ayuno, peregrinaje y esfuerzo por la causa de Dios son testigos de fe. Los presentes, regalos y todo aquello que es ofrecido son testigos de mi amor hacia Ti”[20]. “Sea el Divino Amor meras ideas o símbolos, entonces la representación exterior de tu rezo y el ayuno no constarían más; disminuirían”. Tras decir esto, se sumergiría en el rezo, colmado de humildad y de súplicas»[21].

Rumi, devoto del Corán y del profeta Muhammad (la paz y las bendiciones sean con él)

Por medio del cuarteto siguiente, Rumi proclama su inflexible adhesión al Corán y al profeta Muhammad (la paz sea con él):

Siempre y cuando perdure mi vida, soy siervo del Corán,
No soy más que polvo en la senda de Muhammad, el Elegido,
Si cualquier persona interpreta mis palabras de cualquier otra manera,
Me lamento por dicha persona y deploro sus palabras.
[22]

La identidad de Rumi

Una vez que la vida y las obras de Rumi sean escrutadas a fondo, lo que sigue puede ser afirmado sin problema alguno. Al erradicar su propio conocimiento en el conocimiento del profeta Muhammad, su propia gnosis en la gnosis del profeta Muhammad, y su personalidad en la personalidad del profeta Muhammad —en suma, su entera existencia en la existencia del profeta Muhammad— Rumi inflamó su identidad espiritual con la deslumbrante llama de la identidad espiritual del Profeta[23]. Rumi enunció dicha realidad a través de las líneas siguientes:

Nosotros, sombras de Dios, a partir de la luz de Mustafa,
Una perla inestimable dejada caer en ébano,
¿Cómo pueden vernos todos con un ojo corpóreo?
Somos la luz de la Majestad, surgida en agua y fango
[24].

El centro del círculo de la opinión humana de Rumi

Nos incumbe conocer que como guía perfecto, y en el marco del propósito de la creación, el compromiso de Rumi era esforzarse para conducir a la gente a alcanzar la dicha eterna. De este modo, aleccionado por este sagrado esfuerzo, y dando por supuesta la responsabilidad acorde con su importancia, Rumi expresó lo siguiente: «Somos como un compás; mientras una pierna se encuentra fijada firmemente en el Código Islámico de la ley, la otra permanece anclada en las setenta y dos naciones (hace referencia a todo el mundo)»[25].

El secreto, la luz, la conciencia y la paz tras su inmensa tolerancia

Circunscrito al contexto de la tolerancia ilimitada de Rumi, reside eternamente, perpetuamente el secreto de tawhid (Unidad, Unicidad de Dios), la iluminación del Corán, la conciencia de la fe, y la paz de la ética del profeta Muhammad.

Es evidente el hecho que Rumi exhibió de forma inteligente —por medio de su propio estilo de vida— la sublime tolerancia imbuida de la alegría del tawhid y el desbordamiento de la exuberancia del profeta Muhammad. Lo que, de hecho, constituye la madurez y la cualidad distintiva en la personalidad de Rumi es su práctica constante de lo que predicó, materializando sus opiniones con acciones. Es útil proporcionar un ejemplo de lo que hacemos referencia en este punto. Rumi llevaba a cabo en cierta ocasión la sama en congregación cuando de repente, un borracho de confesión cristiana se unió a la ceremonia junto a Rumi, aunque debido a su entusiasmo, continuamente se tropezaba con él, haciendo que los presentes comenzaran a vilipendiar al beodo. Rumi, dirigiéndose a los críticos, afirmó: «Es él quien ha bebido vino, pero sois vosotros los que estáis actuando como si estuvierais bebidos». Con la intención de dar a conocer al borracho, respondieron: «Él es un tersa (cristiano)», a lo que Rumi, insinuando la otra connotación del término tersa («temeroso», en la lengua persa), indicó: «Si él es un tersa, ¿por qué no lo sois vosotros?» De este modo, los presentes se disculparon finalmente por su comportamiento incorrecto[26].


[1] Rumi, Masnavi, vol. I, 983-989.

[2] Rumi, Ibíd., vol. IV, 664-666.

[3] Rumi, Ibíd., vol. IV, 661, 2778.

[4] Rumi, Ibíd., vol. VI, 232.

[5] Rumi, Ibíd., vol. I, 2665.

[6] Rumi, Ibíd., vol. IV.

[7] Rumi, Ibíd., vol. IV, 555.

[8] Rumi, Ibíd., vol. V, 588.

[9] Rumi, Ibíd., vol. VI, 972.

[10] Rumi, Ibíd., vol. I, 23-26.31.

[11] Rumi, Ibíd., vol. II, 2163-2165.

[12] Rumi, Ibíd., vol. II, 2214.

[13] Rumi, Ibíd., vol. I, 711-717.

[14] Rumi, Ibíd., vol. I, 724-726.

[15] El Sagrado Corán, 49:13.

[16] Sipahsalar, Faridun b. Ahmad, Risala-i Sipahsalar ve Manaqim-iHazrat-i Hudavandigar, Dar Saadat, 1331:59-60.

[17] Tarlan, Ali Nihat, Mevlana (Rumi), Hareket Yayınları, Estambul, 1974, pág. 26.

[18] El Sagrado Corán, 96:19.

[19] Rumi, Masnavi, vol. IV, 11.

[20] Aflaki, Ahmad, Ariflerin Menkıbeleri, Milli Eğitim Basımevi, Estambul, 1964, vol. I, 3/1 06.

[21] Rumi, Masnavi, vol. V, 183.185.

[22] Rumi, Ibíd., vol. I, 2625.

[23] Rumi, Divan-i Kabir, Rubaiyyat Nº 133

[24] Beytur, Midhat Bahari, Masnavi Gözüyle Mevlana Şiirleri, Aşk ve Felsefesi, Sulhi Garan Matbaası, Estambul, 1965, pág. 133.

[25] Beytur, Midhat Bahari, Ibíd., 1965, pág. 99.

[26] Beytur, Midhat Bahari, Ibíd., 1965, pág.103.

 
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