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Rumi pervive a lo largo de las eras PDF Imprimir E-Mail
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escrito por Michaela M. Özelsel   
04.09.2009

La tumba de Mevlana Yalal al-Din Rumi no es simplemente un monumento espléndido; asimismo está dotada de una atmósfera que nos conduce y escolta hacia nuestro mundo interno, hacia el corazón, hacia Dios, Quien indica en el Corán: «…pues estamos más cerca de él que su vena yugular» (Sura al-Qaf, 50:16). Esta tumba es un lugar de paz, un lugar de una santidad intemporal que flota alrededor de los visitantes como una brisa de una esfera más allá del tiempo.

Todo ello es real; sin embargo Rumi en persona nos rogó que no intentáramos hallarlo en su sepulcro. Él todavía se halla presente entre nosotros, una presencia viva, y su ser trasciende su sepulcro. Se dirige a las personas de toda clase y condición, de todas las edades, etnias, naciones, y estilos de vida, y señala: «Ven, ven, otra vez ven, quienquiera que seas…». Su mensaje es un mensaje de Dios a la humanidad, alcanzándonos de manera pura y clara a través de la «flauta vacía» en la que Rumi se ha convertido. Cuando describe los diversos niveles de la comprensión del Sagrado Corán, no hace sino describir su propia obra al mismo tiempo. A la vez que nos desarrollamos mentalmente podemos entender mejor los mensajes de Rumi, que nos han sido enviados a través de las fronteras del espacio y el tiempo.

Sus parábolas son extraídas a partir de la vida diaria; no importa cuán triviales pueden resultar, abordan aspectos cotidianos muy cercanos, como por ejemplo legumbres como los garbanzos, así como la helva[1], el viento, el océano, o incluso el anillo en el hocico de un oso bailarín… son distintos símbolos que señalan aquellos aspectos que son incomprensibles y trascendentales. Rumi es, pues, un «traductor» del Mensaje Divino.

Las obras de Rumi, en particular la que lleva concisamente por título Fihi ma Fihi («El libro interior»), siempre me han concedido acceso a niveles más y más profundos del Corán. El Sagrado Corán es, con toda seguridad, infinitamente complejo, pero para mí las obras de Rumi son infinitamente complicadas a su vez. Durante diez años he llevado a cabo la lectura del Fihi ma Fihi, y sin embargo todavía no he conseguido vislumbrar el final. Todas y cada una de las ocasiones en las que consigo adquirir nuevos y más profundos niveles de entendimiento, y cada uno de los descubrimientos que realizo gracias a los mismos me permiten a su vez alcanzar un nuevo nivel de entendimiento del Corán.

Pero todo esto, estoy segura, se encuentra más allá de mi «propia experiencia personal». A este respecto pienso que puedo hablar como portavoz de todos los musulmanes que comprenden el camino sufí mevlevi del pensamiento. Pero, si asumimos que Rumi se dirige a cada hombre y mujer, entonces, ¿qué ocurre acerca del resto de humanidad? ¿Dónde encontramos su mensaje para aquellos que no profesan el Islam, el Cristianismo, el Judaísmo o aquellos individuos que no creen en la existencia del Más Allá? ¿Cuales son esos regalos «condensados» que Dios ha proporcionado a Su creación? Tal «condensación» es, pues, psicoterapia.

La puerta de la esperanza

Soy una licenciada en Psicología, ejerzo mi profesión como psicoterapeuta y recibido mi educación en los EE.UU. y Alemania, adquiriendo conocimientos en los métodos más avanzados que las naciones industrializadas occidentales han desarrollado.

En lo que se refiere a los desórdenes mentales relativamente simples, como las fobias, los métodos que me enseñaron en la universidad son absolutamente eficaces y de provecho para mis pacientes. ¿Pero qué tipo de terapia es eficaz para tratar graves crisis existenciales? ¿Qué puedo hacer si un paciente se encuentra tan desesperado que piensa que no puede vivir por más tiempo? ¿Qué pasaría si alguien perdiera todo aquello que significaba algo para él por causa de las «vicisitudes del destino? ¿Y si alguien ha perdido su estructura más íntima, su autoestima, o incluso su «hombría» debido a que ha sido humillado o torturado? Incidentes como éstos delimitan los límites de los métodos occidentales clásicos. (En décadas recientes, además de estos métodos «clásicos», algunos nuevos métodos han sido presentados a la opinión pública, por ejemplo algunos acercamientos de la terapia existencial o transpersonal. Estos métodos se basan en gran parte en el conocimiento espiritual milenario que se da en el Próximo y Lejano Oriente. Nos ayudan y pueden también servir como marco para las obras de Rumi). Rumi nos anima a que crucemos los límites de la desesperación y nos muestra la puerta de la esperanza. En realidad, nos manifiesta nuevas formas para hacer uso de virtudes islámicas, como la confianza, la esperanza, la firmeza y la paciencia, y de este modo encontrar una curación. Él nos ayuda a crecernos ante nuestro dolor y a alcanzar niveles más elevados dentro de nosotros mismos. Nos ayuda a transformar nuestro profundo dolor en desarrollo mental, pues él mismo ha seguido idéntica senda antes que nosotros. Cuán severo sufrimiento tuvo que experimentar cuando perdió a su querido maestro Shamsaddin, no sólo una vez, sino en dos ocasiones.

De un día para otro, personas que sufren a causa de un dolor y precisan asistencia médica acuden a nuestras consultas, solicitando ayuda de los psicoterapeutas. Rumi nos manifiesta que el dolor puede conducirnos a un desarrollo mental y a un elevado grado de madurez mientras este dolor sea tratado apropiadamente. Es decir, no debemos quejarnos en momentos de dolor (porque éste procede de Dios, asimismo), sino que hemos de aceptarlo de una manera muy consciente. De lo contrario, puede que seamos atrapados en una de esas trampas que impiden el desarrollo mental: la autocompasión («¿Por qué yo?»), el odio a los demás («Si él no hubiera actuado de tal manera, las cosas habrían ido mejor…»), o la racionalización del zorro que se desprende de la famosa fábula de Esopo, La Zorra y las Uvas. De esta manera, subestimamos lo que no se puede poseer, algo que realmente quisieran haber tenido y así engañan a su propia alma.

Dirigirse sin perdida de tiempo a una trampa como ésta es una característica eminentemente humana. Es un engaño muy tentador, ya que reduce el dolor en un corto plazo. Pero al mismo tiempo también evita que maduremos espiritualmente. Rumi trató de evitar estas trampas en su gran pena ante la perdida de Shams. En lugar de sucumbir al engaño se transformó. Señalando, «estaba crudo, fui cocinado, fui quemado» resume su aniquilación en Dios (fana) y de la subsistencia con Dios (baqa). El se encaminó en esta senda antes que nosotros y dejó atrás infinidad de consejos que nos permite seguir sus pasos. Él indicó, por ejemplo:

Los dolores son una gracia divina. Mientras se sienten bien las personas se olvida del Creador. Pero cuando se ven inmersos en épocas de pena y dolor piensan en Él. Cuando acontece el dolor, el velo del olvido se rasga en dos y la víctima acepta a Dios, lamentándose: «¡Oh Dios, Oh Tú que eres Misericordioso!». Está siendo curado, pero pronto el velo del olvido lo cubrirá otra vez, y dirá: «¿Dónde está Dios? No puedo encontrarlo. No le veo. ¿Qué es lo que debería buscar?» ¿Por qué podías encontrarlo cuando te azotaban las penas y sufrías por el dolor pero no puedes ahora encontrarlo? Entonces contempla pues que cuando sufres, Dios no hace sino que pienses en Él enviándote pena y dolor.[2]

«Consumir preocupaciones» significa relajarse. Después de tal relajación aparece una alegría, una clase de alegría que no conoce pena alguna, una rosa sin espinas, un vino que no provoca dolores de cabeza.[3]

Es el dolor que nos dirige. Mientras no haya dolor, pasión, o amor ardiente alguno en un trabajo no nos esforzaremos en pos del mismo. Sin el dolor permanece fuera de nuestro alcance.[4]

Pero, de todos modos, ¿quiénes somos nosotros? Sigmund Freud, el «padre» de la psicología occidental, nos proporciona una imagen algo negativa, dotada de una gran resignación en los seres humanos. No así Rumi. Él señala todas las oportunidades que poseemos y que pueden ser activadas bajo ciertas circunstancias —si tan solo superamos nuestro ego (nafs)—. Él nos muestra el significado de los versículos siguientes por medio de su maravillosa metáfora sucinta, las «alas del ángel» y la «cola del burro»: ¡Por el ser del hombre, y por Aquel que le ha formado con arreglo a su función y lo ha hecho imbuido de flaquezas morales y también de conciencia! Dichoso será, en verdad, quien purifique este [ser], y realmente perdido estará quien lo cubra (El Sagrado Corán, Sura ash-Shams, 91:7-10) Los seres humanos son criaturas dotadas de las alas de los ángeles amarradas por el rabo de un burro. Las alas nos empujan hacia arriba, pero la cola tira de nosotros hacia abajo. Los pobres seres humanos son desgarrados entre los dos[5].

Este panorama ha ayudado a muchos de mis pacientes que se han visto atrapados entre la perspicacia (las alas del ángel) y los deseos (la cola del burro), pacientes que sufren debido a varias de sus adicciones. Las alas del ángel, por ejemplo, les dicen: «¡No fumes, no bebas, no comas demasiado!» mientras que la cola del burro susurra: «Una bebida más no te hará ningún daño, los cigarrillos no son tan peligrosos..., come tan sólo un poco más de helva…». Si les explico esta metáfora, comienzan a reír. Inmediatamente dejan de sentirse humillados por su propia conducta. Surgen en ellos nuevas esperanzas y valores. Entonces les animo a que realicen dibujos de las alas del ángel y de la cola del burro, y los ubiquen en aquellos lugares tentadores de su hogar, como la puerta del frigorífico, la botella de licor, o los dulces. Si la tentación les invade, tan sólo han de mirar estos dibujos y preguntarse a sí mismos: «¿Realmente a qué dirección debo ir? ¿Quiero ser más bajo que el ganado?» (El Sagrado Corán, Sura al-A’raf , 7:177) o asimismo «¿Acaso no deseo culminar la mayor parte de mi potencial como ser humano?» De esta manera la metáfora ha ayudado a mucha gente y no sólo ha traído esperanza, sino también humor y una nueva energía a una situación que fue una vez desesperada.

Otro punto importante en relación a estos pacientes es la vergüenza y el sentido de culpabilidad acerca de no haberse comportado del modo correcto (hasta lo que su conocimiento les permitió) durante un período de tiempo largo. Esta vergüenza da lugar a menudo a sucumbir ante la resignación: «Estoy tan hundido que no tiene sentido esforzarme más en salvarme. Nunca me libraré de esta miseria». Pero las parábolas de Rumi pueden cambiar esta actitud fatal: «Es con frecuencia lo malo lo que causa lo bueno». (Véase: «…pero puede ser que os desagrade algo y sea bueno para vosotros» [El Sagrado Corán, Sura al-Baqara, 2:216] así como «Excepto aquellos que se arrepientan, lleguen a creer y hagan buenas obras; pues a esos Dios les transformará sus malas obras en buenas» [El Sagrado Corán, Sura al-Furqan, 25:70]). Todo aquello que una mala persona llevó a cabo una vez a causa de la depravación del pensamiento ahora pasa a ser una fuerza poderosa que hace florecer su pensamiento. Por lo tanto, si un taimado ladrón se arrepiente de lo que ha hecho en el pasado y se convierte en un policía, será un policía mejor que otros que no han sido ladrones anteriormente.[6]

Mientras que el psicoanálisis tradicional se ocupa del pasado y de la pregunta «¿por qué?», el planteamiento de Rumi es precursor de los métodos occidentales más recientes, que tienen como objetivo alteraciones en el presente y se esfuerzan en cambiar la época contemporánea —y a su vez, explorar del futuro— sin indagar en un «¿porqué?». «No digas: “He seguido caminos tortuosos†sino que has de elegir el camino recto, y de este modo nada perdurará sinuoso… Si eres honesto toda la sinuosidad desaparecerá. ¡Ãndate con cuidado, no pierdas la esperanza!â€Â»[7] Éstos son exactamente los mensajes que se hallan tras los métodos terapéuticos más avanzados de hoy en día.

Sin embargo, habrán siempre cosas en la vida que no podamos modificar no importa el empeño que pongamos en ello. Si el destino no es esquivo en ocasiones no podemos ver ninguna salida ante el problema. Si somos musulmanes, entonces sabemos que: «Si el ego (nafs) nos insta a quejarnos, no lo hagas; todo lo contrario, muestra agradecimiento en su lugar». Pero, ¿cómo podemos transmitir esta nueva percepción a aquellos individuos que no sean musulmanes? En una nueva ocasión Rumi nos dirige de nuevo al camino recto:

Ésta es la senda de los derviches. Cuando la mente desea quejarse, haz lo opuesto —da las gracias—. Dramatiza la cuestión que te atañe hasta tal punto que halles dentro de ti un amor por aquello que rechazas. Aparentar el agradecimiento es un modo de buscar el amor de Dios[8].

Mi trabajo con los pacientes ha demostrado que el concepto de «aparentar el agradecimiento», el cuál puede resultar algo extraño en un principio, en la práctica lleva consigo resultados muy interesantes. Gracias a este concepto, los pacientes que han tenido que hacer frente a duros sufrimientos se dan cuenta donde todavía existe el cariño y en qué medida realmente se encuentran preparados para dejar las cosas marchar y de este modo aceptar la nueva situación, la cual es el resultado de sus pérdidas. Dios está con los que tienen paciencia. (El Sagrado Corán, Sura al-Baqara, 2:153). Soportar el sufrimiento pacientemente puede fomentar el desarrollo mental y la pureza interna. Rumi ilustra este hecho con un ejemplo que suena extraño en épocas post-feministas: Él nos sugiere una vida matrimonial en el «camino de Muhammad» a diferencia de la vida matrimonial en el «camino de Jesús»: «(Uno de los caminos) es casarse y resistir la tiranía de las mujeres, escuchar sus discusiones y seguir siendo pacientes, tolerarlas, sin llegar a enojarnos con ellas, y perfeccionarnos… Su rabia y agresividad purgarán tu carácter si las toleras, pero corrompen su propio carácter… Si has entendido esto, entonces purifícate. …Después de ello, anhelaras sin pensártelo dos veces ser paciente, luchar, y sufrir, porque lo apreciarás como una fuente de beneficio».[9]

Pienso que podemos sustituir fácilmente la palabra «mujeres» por «hombres». Aquí Rumi nos está demostrando el proceso de purificación mediante aguantar dolor y pena conscientemente aplicando el ejemplo (drástico) que el público de su tiempo (probablemente en su mayoría hombres) podría entender. El mismo proceso y método siguen siendo hoy válidos, tan sólo que en la actualidad puede que hubiese elegido otra metáfora. (El hecho de que estas palabras provocaron ofensas indica hoy en día que Rumi solía «embelesar» verdades eternas: Él se dirigió a la gente de una manera que les permitía entenderle, e instó a los demás a hacer lo mismo: «Elijo las palabras que satisfacen la comprensión y las habilidades de la gente. Ten en cuenta la inteligencia de las personas cuando te dirijas a ellos.»[10]

En la costumbre occidental existen pacientes religiosos o pacientes de fe cuyo entendimiento de la creencia se halla bastante distorsionado. Piensan que cada golpe del destino es un castigo de Dios. Sus sentimientos consecuentes de vergüenza y culpabilidad evitan que afronten la situación de un modo constructivo. Rumi, una y otra vez halla útiles ejemplos terapéuticos para demostrarnos que Dios nos prueba con lo bueno y lo malo, ya que Él mismo nos asegura: «Y a éstos los probamos con bendiciones y también con aflicciones, para que llegaran a enmendarse» (El Sagrado Corán, Sura al-A’raf, 7:168). Por lo tanto, las cosas que nos parecen negativas pueden ser, por el contrario, consideradas como una prueba o un desafío y ser, a largo plazo, buenas para nosotros. Este campo visual permite ocuparse de las vicisitudes del destino de una forma provechosa. Considera la historia de Rumi en relación a las crías de chacal: En esta historia piden a Jesús que salga de un lugar seguro porque dichos cachorros precisan silencio y seguridad. Jesús se queja de que incluso las crías de chacal son tratadas mejor que a él y recibe la respuesta siguiente: «Los cachorros chacal tienen un hogar, pero no tienen un amado que les expulse de la casa. El favor de Aquél que es Uno de echarlos fuera y un elegante vestido de honor que no todos pueden llevar puesto tan sólo te lo concede a ti. Por lo tanto Él hace del lugar anónimo tu lugar y te hace figurar entre sus confidentes. Y esto posee un valor tan inestimable…»[11]

Rumi nos ha enseñado no sólo con sus palabras sino también con sus hechos, como por ejemplo la ceremonia giratoria (sama) y el retiro espiritual (chila o halvat); éstos también se pueden utilizar como medio curativo. Recientes exámenes fisiológicos del cerebro han demostrado que durante la sama la rotación alrededor del eje del cuerpo combinada con una ligera inclinación de la cabeza a la derecha induce a lo que es denominado por los científicos un «trance cinético». Esto es una excelente base para «suprimir» viejos patrones condicionados en el cerebro y así adquirir un nuevo conocimiento más apropiado.[12] Además, este estado de consciencia permite que ajustemos nuestros biorritmos, los denominados ciclos circadianos, que pueden declinar debido a la tensión. Quizás sea este proceso de ajuste el que también integra la base de las ceremonias curativas chamanísticas.[13] Es por esta razón que la sama puede influenciar la curación del cuerpo de una manera positiva por medio de la curan mental y espiritual.

Mientras que no existe ningún problema a la hora de intentar comprender los fundamentos de la sama en Occidente, el entendimiento del retiro espiritual mevlevi (matbah chilasi) es muy difícil. Su ejecución lleva tanto tiempo que no es un método de tratamiento realista. Por otra parte un retiro espiritual de 40 días (halvat) es posible para algunos pacientes (Lo he llevado a cabo en dos ocasiones, así como he estudiado las experiencias de otros occidentales, incluyendo a personas de otra religión que no sea el Islam).[14] Este método nos presenta un potencial terapéutico enorme que necesita ser examinado más a fondo en Occidente.

He tenido la oportunidad de hablar con psicólogos y psiquiatras en Turquía ya que algunas universidades turcas me invitan con frecuencia a sus conferencias y convenciones. Cada invitación me proporciona gran satisfacción pero a veces, cuando hablo con mis compañeros psicólogos y siquiatras allí yo también siento un poco de tristeza. Muchos de ellos tan sólo imitan un conocimiento occidental que ha quedado obsoleto incluso en el mismísimo occidente. En mi opinión éste es el aspecto más triste, puesto que Turquía y la cultura islámica son herederos de los más avanzados métodos. El legado de grandes médicos de la época de prosperidad islámica, como Ibn Sina (Avicena), Ibn Rushd (Averroes), Abu Bakr Razi, al-Farabi, Hassan Suuri, y de tantos otros todavía vive en cada una de las escrituras de los maestros sufíes. No sólo mi estimado Rumi, sino también Yunus Emre, Hoca Ahmet Yesevi y otros nos proveen con mensajes que siguen siendo muy importantes hoy en día. Asimismo la «terapia musical oriental» que Oruç Güvenç ha reintroducido en nuestro ámbito es hoy más apreciada y se encuentra más extendida en occidente que en sus países de origen.

En repetidas ocasiones he recibido invitaciones para asistir a diversas convenciones estadounidenses; en EE.UU. la gente está muy interesada en integrar las terapias de antiguas culturas en la cultura occidental contemporánea, ya sea mediante las metáforas de Rumi (esta clase de terapia se denomina «reestructuración cognitiva»), sama, dhikr, halvat, o a través de la terapia musical. Deseo que igualmente acontezca esto en mi segundo hogar, Turquía, adonde Rumi emigró a una edad temprana y produjo todas sus obras.

¿Quién sabe, en general, cuán lejos llegaremos en lo que se refiere a nuestros avances médicos o nuestro esfuerzo en pos de beneficiar a la humanidad? No podemos saberlo si antes no lo intentamos. La confianza y la esperanza son nuestras alas, y Rumi es un maestro en el arte de desplegarlas. Quisiera tan sólo terminar en este punto con sus concisas palabras: «Un pájaro que intenta con todas sus fuerzas volar más y más arriba nunca alcanzará los Cielos, pero todas y cada una de las veces que se elevará desde la Tierra y volará más alto que todos los demás pájaros»[15].

Obras de Referencia

  • Hz. Mevlana (1988); Von Allem und Vom Einen, Fihi ma Fihi; Munich, Diederichs Verlag.
  • Özelsel, M., (1993); 40 Tage-Erfahrungsbericht einer traditionellen Derwischklausur; Munich. Diederichs.
  • Rossi, E.; Die Psychobiologie der Seele-Körper Heilung; Essen, Synthesis Verlag.
  • Winkelmann, M. (1990); Shamans, Priests and Witches, Universidad del Estado de Arizona, Documentos de investigación antropológicos, Nº 44.

[1] Un postre turco que es elaborado en una infinidad de variedades con ingredientes básicos como el aceite del sésamo, diversos cereales, y jarabe o miel.

[2] Fihi ma Fihi, 58, pág.342.

[3] Ibíd., 27, pág.200.

[4] Ibíd., 5, pág.75.

[5] Ibíd., 18, pág.150.

[6] Ibíd., 32, pág.225.

[7] Ibíd., 1, pág.60.

[8] Ibíd., 64, pág.366.

[9] Ibíd., 21, pág.162.

[10] Hadiz citado en Fihi ma Fihi, 24, pág.183.

[11] Fihi ma Fihi, 11, pág. 103.

[12] Winkelmann, 1990.

[13] Rossi, 1993.

[14] Özelsel, 1993.

[15] Fihi ma Fihi, 44, pág.284.

 
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