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El Encuentro con Rumi | El Encuentro con Rumi |
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| escrito por Abdullah Öztürk | |
| 04.09.2009 | |
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Eva de Vitray Meyerovitch y sus contribuciones en la promoción de Rumi Tal y como los ríos que desembocan en el océano después de atravesar diversos continentes y seguir distintos cursos fluviales, Eva de Vitray Meyerovitch —que halló a Rumi tras haber descubierto numerosas religiones e idiomas— incesantemente se esforzó en entender el pensamiento de Rumi para a continuación, dilucidarlo y respaldarlo. Esta característica, propia de dicha académica francesa, es la qué la hace diferente de los demás. Meyerovitch, que dedicó su tesis doctoral al estudio de la obra de Rumi y tradujo asimismo, por vez primera, muchas de sus obras al francés, atrajo la atención de Occidente con su texto de la introducción La quète de l’absolu («La búsqueda de lo Absoluto»), aparecido en su traducción del Masnavi. En dicha introducción, Meyerovitch mantiene que el Masnavi incluyó información relativa a modernas teorías de física nuclear, teorías que no han sido hecha publicas hasta bien entrada la década de los cuarenta del siglo XX, y que costaría gran esfuerzo intentar vislumbrar la relación de Rumi con las fuerzas físicas nuclear, pues no existe relación alguna, ni influencia, con lo expuesto por Demócrito, ni con la filosofía islámica, ni asimismo esto era conocido en la época de Rumi o los siglos que le sucedieron[1]. La Sra. Meyerovitch —que adoptó el nombre de Hawwa tras abrazar el Islam— presentó el entendimiento de Rumi con respecto al Islam y el sufismo con la intención de rebatir los argumentos de aquellos que se esforzaban en tergiversar la religión en Occidente, así como prestar su preciado apoyo al establecimiento de numerosas instituciones en París, como por ejemplo Islam et Occident o asimismo la organización Soufisme d’Orient et d’Occident, participando en las actividades y programas llevados a cabo por las mismas. Investigadora especialista y directora de departamento en el Centro Nacional de Investigaciones científicas francés (CNRS, Centre National de Recherche Scientifique), y profesora visitante de filosofía en la Universidad de al-Azhar y otras universidades de Egipto, la Sra. Meyerovitch recibió además el título «Doctor Honoris Causa» por la Universidad de Seljuk en 1987, por sus inestimables servicios prestados a la difusión de la cultura turca y el legado de Rumi. Habiéndose adherido al camino de Rumi, quien en sus palabras era definido como «el más grande genio místico de todos los tiempos, mi líder espiritual», y debido a su humilde aunque elevado estatus intelectual en el pensamiento de Rumi, Eva de Vitray allanó el camino a muchos occidentales y orientales por igual en pos de aceptar el Islam, tal y como ella misma había hecho. El encuentro de Eva de Vitray con Rumi Se dan, en la vida, mensajes y señales que a veces contemplamos, en ocasiones vivimos, y en otras experimentamos —mientras que de vez en cuando nada de lo anteriormente citado nos acontece—. Existen asimismo mensajes de otra clase, ceñidos en carne y hueso, visibles en forma de hombre, o alineados en páginas como perlas. Nuestro conocimiento de estos mensajes surge en horas y lugares inesperados y puede comenzar inicialmente en forma de una coincidencia aparente, a continuación prosigue con temor, y finalmente concluye con una comprensión de la sabiduría y de la verdad. El encuentro entre Rumi y Eva de Vitray Meyerovitch, investigadora, escritora de temas filosóficos y traductora, nacida en una familia de aristócratas franceses de antiguo abolengo en 1909, en la región de Boulogne, Francia, fue llevado a cabo con un tipo mensaje antes citado. Eva de Vitray describió más tarde este encuentro interesante, asombroso y —en vista de lo que concierne a sus consecuencias— que hace reflexionar, en su residencia en París, en el número 75 de la calle Claude Bernard, en 1975, en un escenario que también incluyó la presencia de un equipo de televisión francés[2]. «Cierto día, buscando en la biblioteca de la Universidad de Sorbona, dio la casualidad que me encontré con un ensayo de media página sobre el pensamiento de Rumi escrito por el Dr. Muhammad Iqbal. Después de leer este texto, que abordaba un breve mensaje de Rumi, quede confundida, inmersa en medio de un dilema, el cual versaba en si era Rumi quien señalaba la verdad, o por el contrario lo era la filosofía griega, en la que me había visto inmersa en mis investigaciones y estudios hasta ese tiempo. Así que mi primera tarea fue hallar las obras sobre Rumi, ardua tarea que resultó ser inútil, pues no pude encontrar, en toda la colección de la biblioteca, otra ficha que hiciera referencia a Rumi. Lo único que podía hacer con el fin de aumentar mis conocimientos sobre el tema era conocer a Rumi a través de los estudios del Dr. Muhammad Iqbal, cosa que en efecto llevé a cabo».[3] En lo que concierne al motivo tras la enorme impresión experimentada por Eva al conocer la obra de Rumi, una experiencia que ella explicaba a sus amigos cada vez con sumo entusiasmo, la respuesta es doble, teniendo que ver una de las respuestas con sus últimos años educativos y laborales en Occidente, mientras que la otra es la predominante noción de la metafísica amparada en el mundo moderno y la crisis vinculada con la misma. Tras terminar su educación primaria en una escuela católica, Meyerovitch continuó su educación terminado sus estudios en el liceo con diplomas que destacan sus conocimientos en latín y griego, seguido del acceso y la posterior obtención del título universitario en la Facultad de Derecho. Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, tomó cargo de su puesto como investigadora especialista en el Centro Nacional de Investigaciones Científicas en París. Durante esos años, se dedicó a estudiar ciertas cuestiones espinosas del Catolicismo, una investigación que la condujo, a su debido tiempo, a investigaciones religiosas y filosóficas de gran envergadura[4]. Del mismo modo que Collette-Nour Brahy da testimonio de ello, en los años iniciales de su carrera como investigadora científica, Eva de Vitray fue una excepcional estudiosa que abarcaba áreas del estudio científico tan amplias como la Historia, el Derecho, la Teología, la Psicología, y la Filosofía —así como dominaba el idioma griego, el latín, el inglés y el francés— que estaba además altamente capacitada en contrastar científicamente datos acumulados producto de las interacciones entre un gran número de disciplinas[5]. Por aquel entonces Eva, que fue asimismo una experta en la obra filosófica de Platón, era inflexible, tal y como su coetáneo, Roger Garaudy, en la medida que concierne a los valores humanos, vivía en un mundo moderno que se encaminaba hacia una crisis ominosa. Si atendemos a lo señalado por Garaudy, con la cruda aceptación de la razón como guía única en la desventurada tentativa de establecer la soberanía del hombre sobre Dios, los filósofos post-renacentistas se embriagaron con un afán insaciable en pos de explotar el resto de continentes y pueblos, y con el poder procedente de la ciencia y la tecnología, anhelaron convertirse en los amos de la naturaleza. Lo que quedaba de esperanza correspondiente a la realización de este anhelo, sin embargo, disminuyó completamente con el estallido de ambas guerras mundiales. Para determinar la causa oculta tras la tendencia de Eva de Vitray Meyerovitch en pos de búsquedas y rectificaciones religiosas después de la Segunda Guerra Mundial, sería de gran valor recordar algunas declaraciones relevantes atribuidas a algunos filósofos y pensadores franceses, comenzando por el mismo Garaudy: «La desesperación del hombre moderno, que primero asesinó la deidad y después purgó todas las sensaciones de lo divino en su interior, lo forzó en pos de la literatura rebelde de maestros como Heidegger, Sartre y Foucault».[6] A continuación, Jean Paul Sartre, que se encontró inmerso en la misma depresión durante 1942, indicó lo siguiente en su obra, L’être et el le néant («El ser y la nada»): «El hombre es un ser con pretensiones de ser Dios. (...) Pero la idea de Dios es contradictoria. Estamos perdiendo el tiempo para nada, “El hombre es una pasión sin sentido”»[7] En la misma línea, el escritor existencialista Albert Camus afirmó que, «La vida es absurda; no tiene ningún sentido»[8] en su L’homme révolté («El hombre rebelde»). Asimismo, otro escritor francés, André Malraux, confesó que «Nuestra civilización fue la primera en hacerse la pregunta “¿Tiene la vida sentido?” a lo cuál, se contestó a sí misma “no lo sé”».[9] Plenamente consciente de esta perspectiva, que a causa del recurso de rebatir la «mente universal» la humanidad ha cavado su propia tumba, si se puede expresar de esta manera, mientras buscaba una solución a dicha crisis del hombre moderno en los primeros textos cristianos, Eva de Vitray Meyerovitch halló un breve texto de Rumi, un encuentro inesperado que, de acuerdo a sus palabras, alteró el devenir y el curso de su vida. Enfrascada en la búsqueda de las fuentes del pensamiento de Rumi, la Sra. Meyerovitch siguió la pista del académico Dr. Iqbal —un estudioso musulmán que fue decisivo en la articulación del establecimiento del estado moderno de Pakistán— en un principio con su obra en lengua inglesa, La Reconstrucción del pensamiento religioso en Islam, un libro que dio respuesta a la mayor parte de sus interrogantes mientras que a su vez le presentaba la universalidad del Islam. Por lo tanto, habiendo adquirido una exposición preliminar al Islam mediante la interpretación de Rumi, pasó a familiarizarse con dicho asunto mediante la erudición de Iqbal, a la vez que contemplaba el hecho de abrazar el Islam. La Sra. Meyerovitch aclara de nuevo su proceso decisorio, que en lo que respecta a su entorno, posición, y estatus familiar no fue, de ninguna manera, una tarea fácil: «Esto habría sido algo sencillo y maravilloso, si hubiese sido como un discípulo más al lado de Rumi. (...) Pero mis primeros pasos en pos del Islam, tras haber leído a Iqbal, no fueron fáciles, teniendo en cuenta que fui criada por una abuela católica y que me había casado con un judío. Sufriendo la carencia de una guía, perdía a veces el control, sintiendo, cual enajenada, si algún día llevaría a cabo tal decisión. Un día rogué, implorando, «¡Oh Dios mío! Por favor señálame lo que debo hacer. ¡Envíame una señal!» Esa señal vino con un sueño, en el cual me habían enterrado en un sepulcro con una lapida en la que aparecía inscrito el nombre de «Hawwa», en caracteres arábigos. Esto me pareció bastante peculiar, por cuanto que, en mi sueño, me preguntaba cómo podía ser enterrada y al mismo tiempo contemplar mi propia lápida. Cuando desperté, recordé la elocución en mi sueño de estas palabras, «De acuerdo querida, insistías en una señal, y esa señal es ésta: Te enterrarán siendo musulmana». Por lo tanto, continué mi trayectoria vital como musulmana. Quince años más tarde, llevé a cabo mi primera visita a Estambul. Un derviche, al que había conocido con anterioridad en la UNESCO, me invitó a visitar el Mevlevihane, que en aquel entonces se encontraba restaurándose. Durante la visita, quedé inmóvil durante un momento, paralizada por la absoluta sorpresa, ya que contemplé un sepulcro que se asemejaba con gran precisión de detalles al sepulcro que había visto hace años en mi sueño. Cuando pregunté a mi cicerone Halil Can que quién yacía en dicha tumba, me informó que era todo un cementerio en el que reposaban los restos de mujeres mevlevi, un mensaje que despertó paralelamente en mí la necesidad de convertirme en una mevlevi.»[10] Mientras explicaba a sus amigos el sueño, citado además en su libro Islam, l’autre visage («La otra cara del Islam»), la Sra. Meyerovitch insertaba de vez en cuando alguna broma, afirmando que, «expresé un deseo en francés y he recibido una contestación en francés y árabe, de lo cual saco la conclusión que Dios domina el idioma francés asimismo». De este modo, tras su encuentro con Rumi y habiendo llegado a conocer el Islam, el mayor deseo y afán de la Sra. Meyerovitch pasó a ser divulgar y promover la obra y el legado de Rumi al mundo para iluminar el camino a la verdad. Su paso por la Universidad egipcia de al-Azhar como profesora de filosofía visitante durante seis años, en condición de miembro del Centro Nacional de Investigaciones Científicas francés, le fue de gran ayuda para comprender tanto el Occidente como el mundo islámico, y profundamente le convenció de que el auténtico Islam tan sólo se podría presentar al Occidente a través de las enseñanzas y el pensamiento filosófico de Rumi. En consonancia con este propósito, ella declaró explícitamente en un congreso internacional, que «Lo que deseo realizar es identificar los mensajes de Rumi, que han preservado su predominio, y presentarlos a la juventud occidental que se halla necesitada de espiritualidad y sedienta de una visión interior»[11]. Decidiéndose por esta trayectoria, la Sra. Meyerovitch se comprometió a aprender persa, a la postre estudiándolo durante tres años, permaneciendo por un tiempo en Irán. Casualmente, durante este tiempo, ella se relacionó con el antiguo decano de la universidad de Tabriz, Jamshid Mortazavi, del cual recibió la promesa de traducir conjuntamente el Masnavi al idioma francés, proyecto que muy pronto llevarían a cabo. La contribución de la Sra. Meyerovitch en pos de la divulgación del legado de Rumi Eva de Vitray Meyerovitch ha escrito o editado cerca de treinta trabajos, y su contribución al estudio y a la promoción de Rumi puede ser resumida en cinco puntos.
Sus obras más destacadas en relación a la traducción del persa al francés concernientes a Rumi y al sufismo mevlevi son las siguientes:
Asimismo, citamos aquí sus propias obras elaboradas acerca de Rumi y el sufismo:
Como salta a la vista tras una lectura de la lista antes proporcionada, Eva de Vitray Meyerovitch con eficacia concentró su atención exclusivamente en Rumi tras aprender persa, y especialmente después de 1970, con lo cual emprendió un vasto compromiso mediante la publicación de obras que tienen la misión de divulgar a Rumi en Occidente, incluyendo traducciones de las obras de Rumi desde el persa al francés, una investigación específica y proyectos escritos que enuncian los principios del sufismo y el legado de Rumi. En realidad, las traducciones y las investigaciones publicadas entre 1972 y 1990 son trabajos que se complementan recíprocamente en el proceso de desarrollar y exponer el pensamiento de Rumi. Particularmente, Mystique et poésie en Islam, Djalal-ud-din Rumi et l’ordre de derviches tourneurs («Misticismo y Poesía en el Islam, Mevlana Yalal al-Din Rumi y los Derviches Giróvagos»), publicada en 1972, suscitó una reacción enorme en la escena literaria y poética, ya que los lectores occidentales, cautivados por los textos, de este modo comenzaron a profundizar aún más en el Masnavi y otras obras de Rumi, ya que las publicaciones de esta académica se hallaban repletas de extractos procedentes del legado existente de Rumi. Por lo tanto, los lectores occidentales tienen finalmente conocimiento del hecho de que Rumi no era únicamente el sheij de los derviches giróvagos, sino también un hombre de cuya pluma surgía una literatura elegante, y uno de los narradores principales del pensamiento y el simbolismo universales. En Rumi et le soufisme («Rumi y el sufismo»), obra disponible a partir de 1977 en francés y traducida posteriormente a un gran número de lenguas occidentales, Eva de Vitray Meyerovitch presenta una breve biografía de la familia de Rumi, sus vicisitudes y tribulaciones, su viaje a Anatolia, la época y el motivo de su establecimiento en Konya, el nacimiento del sufismo mevlevi, y su histórica expansión en los Balcanes. Siguiendo esta serie de obras relacionadas con el pensamiento, la Sra. Meyerovitch describe en su libro, Konya, ou la danse cosmique («Konya, o la Danza Cósmica)[12], publicado en 1989, que la tumba de Rumi se sitúa en Konya, conocida en la antigüedad como Iconium, una ciudad de gran importancia para civilizaciones y pueblos como los romanos, bizantinos y turcos selyúcidas, una población situada tan sólo a 40 kilómetros del más antiguo emplazamiento urbano conocido del mundo, Çatalhöyük, con una antigüedad de alrededor de 9.000 años; además, recuerda acertadamente a los lectores que en esta mismísima región de la Anatolia San Pablo comenzó a predicar el Evangelio, y entonces emplea toda esta información para convencer a sus amistades occidentales a que participen en la ceremonia de Shab-i Arus llevada a cabo anualmente en Konya. El libro, que también aborda figuras literarias como Yunus Emre y su poesía, es esencialmente una historia cultural de Konya. En suma, tal y como los ríos que desembocan en el océano después de atravesar diversos continentes y seguir distintos cursos fluviales, Eva de Vitray Meyerovitch —que halló a Rumi tras haber descubierto numerosas religiones e idiomas— incesantemente se esforzó en entender el pensamiento de Rumi para a continuación, dilucidarlo y respaldarlo. Gracias a su humilde aunque elevado estatus intelectual en el pensamiento de Rumi, Eva de Vitray allanó el camino a muchos occidentales y orientales por igual en pos de aceptar el Islam, tal y como ella misma había hecho. Habiéndose adherido al camino de Rumi, quien en sus palabras era definido como «el más grande genio místico de todos los tiempos, mi líder espiritual», expresó su deseo final en la lección magistral de su investidura doctoral por parte de la Universidad de Selçuk, Turquía, en 1987. El deseo de esta alma altruista, que había dedicado la mayor parte de su vida a Rumi a este empeño, era ser sepultada en un cementerio existente tras la tumba de Rumi, a quien ella apreció con tanta intensidad. Debido a su edad y su delicada salud, así como la inexistencia de un testamento puesto por escrito en el que apareciera su última voluntad, desafortunadamente nunca fue observado. Podría ser que, quizás, sus dos hijos nunca dieron su consentimiento al cumplimiento del deseo, pero en esta materia, no poseemos ningún conocimiento concluyente. Lo qué si sabemos con certeza, sin embargo, es que sus restos descansan en un cementerio musulmán cerca de París, sin ni siquiera una lapida en la que aparezca su nombre. Fervorosamente esperamos la compasión ilimitada de Dios en el alma de Eva de Vitray Meyerovitch, que, a través de su trabajo incansable, nunca dejará de permanecer entre nosotros y ser una esperanza para las incontables almas a las cuales dedicó su vida en pos de su guía. [1] Traducción de la obra Masnavi, págs.11 VI/4580, 38, 2900;II/1706, 1611; VI/3850. [2] Eva de Vitray Meyerovitch, L’islam, l’autre visage. [3] Eva de Vitray, Konya ou la danse cosmique. Traducido a la lengua turca por: Abdullah y Melek Öztürk, Konya ve Sema, Delegación del Ministerio de Cultura de la República de Turquía en la provincia de Konya, 2000, pág.13. [4] Ibíd, pág. 13. [5] Colette-Nour Brahy: A l’écoute de l’essentiel, conferencia internacional organizada por la «Association Terres d’Europe» bajo el patrocinio de la UNESCO; París, del 12 al 13 de enero de 2000. [6] Roger Garaudy, Avons-nous besoin de Dieu?, Declée Brouwer, 1993, págs. 16-39. [7] J. Paul Sartre, L’être et le néant, págs. 653-708. [8] Albert Camus, L’homme revolté. [9] Roger Garaudy, Ibíd., pág. 6. [10] Eva de Vitray Meyerovitch, L’islam, l’autre visage, Le seuil, 1995,págs. 55-56 y 77. [11] Eva de Vitray Meyerovitch, «I Congreso Internacional Rumi»,celebrado del 3 al 5 de mayo de 1987 en Konya, págs.27 [12] Eva de Vitray, Konya ou la danse cosmique. Traducido a la lengua turca por: Abdullah y Melek Öztürk, Konya ve Sema, Delegación del Ministerio de Cultura de la República de Turquía en la provincia de Konya, 2000, pág.13. |
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| Modificado el ( 04.09.2009 ) |
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