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La orientación memética del Masnavi: El arte natural de Rumi PDF Imprimir E-Mail
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escrito por Seema Arif   
01.09.2009

La vida en el mundo postmoderno no ha sido un desafío fácil para la humanidad, donde los ositos de peluche entre los brazos de los niños pequeños substituyen a los animales domésticos, y las manos agarran firmemente las palancas de control del ordenador en lugar de los dedos de un joven hermano. Se ha desmoronado el vínculo que une al ser humano con la vida y la naturaleza, y lo que se ha consolidado ha sido el contacto con los objetos materiales. Es un mundo automatizado surgido desde la idea de nuestra propia satisfacción y desarrollo prácticamente a costa de todo. Sin embargo, la pregunta que el mundo de la alta tecnología nos plantea no es fácil de contestar. Mientras que, por una parte, desafía el sistema de creencia tradicional, también nos pregunta la verdadera naturaleza del Universo; nos incita a saciar el espíritu de investigación y describir de dónde realmente vinimos; nos impulsa a definir el noble propósito de la vida, a liberarnos de los absurdos mecanismos de culpabilidad, nos conmina a enseñar, con el fin de dar un nuevo ímpetu a nuestros mundos internos y mecanismos de fuerza externa; y nos apremia para que nos equipemos con los instrumentos de última generación para llevar a cabo nuestros más íntimos deseos y la felicidad.

Al mismo tiempo que el conocimiento humano progresa, el intelecto humano está cambiando rápidamente hacia ideas ateas acerca de la existencia, la moralidad y el humanismo, mientras que se hace referencia a la religión como «un virus de la mente», un concepto de la antigüedad, o una creación de la mente prehistórica que requiere una nueva revisión y evaluación. El concepto de la evolución del pensamiento es una herramienta clave por la cual tales defensores alcanzan su objetivo. Consideran el pensamiento humano como un proceso gradualmente desarrollado por el cual ciertas capacidades de conceptualización y resolución de problemas surgieron como resultado de la adaptación consciente de los seres humanos al enfrentarse a nuevos desafíos de la vida. Enmarcado en dicha situación, no hay lugar para la creación del hombre como un ser inteligente con conocimiento que le es concedido para permitirle que sobreviva como vicegerente de Dios en la Tierra. En lugar de ello, los modelos de pensamiento y de comportamiento exitosos se supone que son transmitidos de modo autónomo no sólo a la futura generación, sino que también son rápidamente propagados e infundidos en las mentes y los comportamientos de la generación actual.

Esta manera de replicación de ideas se llama «memética», y la metodología de la replicación es básicamente «imitación». Un «meme» trata de explicar de manera total, lógica y científica el Universo a nuestro alrededor, y definir un propósito para nosotros. Puede ser cualquier idea, estilo, moda, o cierta teoría científica que llama la atención de la mente humana en un momento dado, como queda reflejado en la música contemporánea, de la cual sería un ejemplo el álbum de Bon Jovi, Have A Nice Day («¡Que tengas un buen día!»), el cual ilustra patentemente cuán fácilmente caemos en la trampa de la imitación ciega sin pensar seriamente en nuestros comportamientos o actitudes.

Por lo tanto, la pregunta fundamental con respecto a esta noción de la transferencia memética sería, si acaso una promesa temporal o la solución permanente de un enigma humano. Reconocemos que la gente tiende a seleccionar soluciones rápidas en lugar de encontrar rectificaciones permanentes a los dilemas éticos, lo cual conduce a la corrupción de la sociedad y a la distribución del dolor en lugar de la felicidad entre los individuos, aislando a estos en lugar de unirlos. ¿Por qué? ¿Por qué cada día que pasa nos sentimos más y más enfermos, depresivos o agresivos? ¿Qué nos falta? ¿Qué hemos dejado atrás para que esto ocurra?

Una voz del pasado nos lo recuerda. Todavía en este mundo estimulado por el deísmo y el teísmo egocéntricos, el lamento por la vida no es oído por nadie, o es acallado. Existen guitarras salvajes y redobles sensuales que hacen bailar la vida más allá de nosotros, pero no así el dulce ney, que te armoniza con la melodía de la «vida». Nos señalan que tales épocas oscuras han acontecido antes, cuando el terror mongol reinó por todo el mundo. La humanidad estaba sufriendo, era escéptica, sin confianza, celosa, envidiosa e hipócrita, pues los corazones humanos ennegrecieron e incontables almas fueron vendidas rápidamente al diablo. En dicha época, un hombre surgió con la sabiduría de las épocas que susurraba al oído de la humanidad la canción de la vida, la causa de la eternidad y la prueba de la existencia. Este excelso ser humano no fue ni más ni menos que nuestro querido Mevlana Yalal al-din Rumi, el supremo sabio, consejero, y el curador de los corazones que sufrían y de las almas heridas.

Un consejero es un guía que proporciona una mediación y nos conmina a buscar soluciones a nuestros problemas. Estas soluciones puede que no sean proporcionadas dentro del paradigma de los comportamientos estereotípicos seguidos en la sociedad, ni abordadas en libros de textos de manera clásica o ejemplar. Sin embargo, al tratarse de una cuestión caracterizada por ser críticamente importante en la determinación de la salud intelectual y la supervivencia de una sociedad, Rumi mencionó en su Masnavi el asunto especial que conminaba a seguir cuidadosamente una tradición frente a la imitación sin propósito alguno de ciertos comportamientos y conductas estereotípicos.

La vida no se halla simplemente enferma, más aún, se encuentra en su lecho de muerte. ¿Existe alguna curación? ¿Alguna pócima puede reanimar y rejuvenecer el espíritu de la vida? Mevlana Yalal al-din Rumi nos lo asegura. Sí, sí que existe. Es el amor, el contacto con la verdad. ¿Cómo puede ser tal contacto realmente posible algún día? ¿Podemos «vernos» a nosotros mismos en la más verdadera de las luces, sin cortina alguna del deseo carnal? Y aquí viene el regalo más grandioso de Rumi: el espejo.

El mandato de Rumi es poner el espejo del amor delante de la humanidad y contemplar si el reflejo es el de una belleza o una bestia. ¿Qué nos contará el espejo? Mostrará los alargados rostros empolvados con cosméticos, o los dudosos y escépticos corazones, atiborrados de la miseria de nuestros tiempos, corazones débiles e inseguros, sufriendo bajo el peso de vida. Se da la perdición y oscuridad. ¿Existe alguna luz o algún conocimiento? ¿Podemos hallar algún corazón libre de aflicción en nuestro derredor?

Si hay un espejo para este mundo, éste se ha oxidado en demasía, hasta tal punto que impide reflejar correctamente el dolor y el sufrimiento de los pobres, los indefensos y los oprimidos. Refleja una cosa y manifiesta otra. La llamada en pos de la paz y la unidad es el eslogan de la globalización, pero su estandarte se halla teñido por las impurezas a causa de la matanza y masacre de almas inocentes. ¿Por qué existe tal velo? ¿Qué trata de esconder? Rumi responde: El velo es la ignorancia humana arraigada en la inseguridad profunda que desafía la autoestima y la confianza en uno mismo, y de este modo, la existencia de la vida individual. La ignorancia es una máscara que, engañada por el egoísmo del «yo inferior», se lamenta de su propia ineficacia. Es nuestra incapacidad para ver.

¿Cómo nos contemplamos a nosotros mismos?

El gran poeta sufí Syed Buleh Shah, originario del Panjab, exclama desbordado en un frenesí:

¡Buleha![1] ¡Me pregunto quién soy yo!

Él busca incontables explicaciones relativas a su pertenencia a un credo o religión —si él es un hindú, un musulmán, un cristiano o un sij— así como si es bueno o malo, si se halla dotado de un alma piadosa o una diabólica. Muchos de nosotros nos hacemos tales preguntas, y llegamos a diversas respuestas. El profesor Deepak Chopra escribe sobre las creencias antiguas de las distintas religiones que culminan en un solo entendimiento:

Se da la semejanza aparentemente entre todos los hombres…

Se da la semejanza entre el yo interno del hombre y Dios…

Un hadiz que es citado a menudo en los textos musulmanes sufíes, especialmente el que es mencionado por Ibn Arabi:

Men ‘arafa nafsahu faqad ‘arafa Rabbahu.

El cual puede ser traducido así:

«Una mejor comprensión del ser humano nos conduce a un conocimiento adecuado de Dios»

Sin duda alguna el pensamiento humano moderno sobre el «yo» ha sido influenciado enormemente por las ideas de Karl Marx acerca del hombre como el «zoon politikon», o sea, animal político, un animal ciudadano, un animal cívico y social. Fue Karl Marx quien expuso que «no es la consciencia del ser humano la que determina su existencia, sino que es su existencia social la que determina su conciencia». Pero es Rumi quien nos orienta, ya que como él indica, cuando la realidad social domina la realidad individual, la conformidad y la imitación se encontraran al alza y esta cuestión memética prosperará, puesto que al ojo interno se le sugerirá que duerma, la brújula se hallará ensombrecida, y «el espejo estará oxidado»:

¿Sabes acaso por qué el espejo (de tu alma) no refleja nada?
Es porque la herrumbre de su rostro no ha sido retirada.

Desafortunadamente, el pensamiento materialista postmoderno tuvo un carácter más «platónico», se interesó en estudiar la perspectiva estática del «ser» en lugar de desarrollar el sentido aristotélico de «la existencia» o la noción de «sama» de Rumi, que no sólo implica girar sino también desarrollar una tentativa de alcanzar la «supraconsciencia».

Sin embargo, dejando la realidad consciente a un lado, la sociología moderna no considera la «Evolución Darvinista» como la realidad subjetiva de la materia, mencionando sólo su valor material. Es un movimiento en el sentido contrario al de las agujas del reloj que ubica a la conciencia en un foso de oscuridad y maldad en vez de alzarlo a la bendita ascensión. En la oscuridad, todas las realidades espantosas y arrastradas emigran a la superficie de la vida y comienzan su gobierno despiadado y rigen sobre nuestra existencia. Es dicha visión monocular la que impide «ver» o sentir la belleza natural; y así, solamente un sentido embellecedor de la belleza cuidadosamente enmascarado y elaborado a mano es cultivado. La pérdida más grande es la del sentido de la belleza, porque con ella, la humanidad pierde su sentido de pureza, y su armonía con la naturaleza. Y como la recompensa material corrompe la moralidad, la riqueza social la compromete aún más ya que el acto de compartir es substituido por la posesión; y la competencia amistosa se torna en envidia insana, transformándose en enemistad y sangrienta rivalidad.

La incapacidad de abordar la diversidad y la perspectiva cambiante de la realidad crea ilusiones y falsas percepciones, del mismo modo que portar una antorcha y hacerla mover rápidamente dentro de un espacio en forma de círculo da la impresión de que exista realmente un círculo de fuego. Abordando en cierta ocasión la visión estrábica en el cuento «El comerciante y el loro»[2], Rumi advierte que la visión defectuosa crea dudas, tal y como si una persona contemplara muchas en lugar de la única que hay.

El develamiento

Es una tendencia humana básica contemplar las cosas por partes, y por ello los individuos caen en pozos sin fondo, y finalmente sucumben en el eterno peligro de la ignorancia. Percibimos varios fenómenos que ocurren en la naturaleza empleando un monóculo con el cual podemos observar solamente un indicio de la causa y el efecto, mientras que en realidad, las cosas se hallan moviéndose en múltiples trayectorias. Siempre existe una trayectoria inversa con la que encarrilar el equilibrio en la naturaleza, del mismo modo que se da una fuerza centrípeta para hacer frente a la fuerza centrífuga.

Ha dado libertad a las dos grandes masas de agua, para que puedan mezclarse: [pero]hay entre ellas una barrera que no pueden traspasar. (El Sagrado Corán, 55:19-20)

Mientras explica el decimonoveno versículo de la Sura ar-Rahman del Corán, Rumi extrapola claramente cómo, en el mismo flujo de la vida, varios elementos tienen ciertos efectos distintos y contradictorios, y estos disímiles patentes todavía determinan una cualidad de la unidad, la cual es difícil de identificar el punto de aislamiento que existe entre ellos. Él lo explica con mayor profusión empleando la analogía de una picadura de serpiente: en varias situaciones, la utilidad y asimismo la percepción de su efecto pueden ser absolutamente opuestas.

Lo que hemos aprendido aquí es simplemente que Dios ha creado la causa y el efecto: dar valores a estos fenómenos es el dominio de la «axiología» mientras que definir la cualidad de la existencia pertenece al ámbito de la «ontología». De esta manera, mientras que éstas son percepciones humanas esenciales que influyen en los procesos del conocimiento y el pensamiento humanos, no pueden influir en el proceso de las Leyes Divinas. Esta frustración lleva al fatalismo, puesto que el hombre intenta aislarse de la realidad y la verdad universales. Ésta es la mayor injusticia que un hombre puede hacerse a sí mismo. Y Rumi se pregunta qué es aquello tan ilusorio y engañoso:

¿El Ser (Absoluto)… o todas estas percepciones humanas sobre el «yo»?

Con semejantes palabras, Rumi actúa como el salvador de la humanidad, quitando el velo que cubre los actos imperceptibles de la cognición y despejando la visión. Él libera la consciencia humana de todas las dudas adquiriendo el verdadero conocimiento y transformando nuestras percepciones en pos del óptimo paradigma para la construcción y la reconstrucción del fenómeno observado. Es el equilibrio de la visión, centrándose en los puntos concluyentes del continuum de la realidad externa, la verdad objetiva y la realidad interna, así como la verdad subjetiva, que conduce al conocimiento de la verdad principal. Él declara abiertamente:

Solamente el conocimiento de la verdad, del amor y de la belleza, que no sea superficialmente elaborado sino reflejado por el arte de la naturaleza embellecido mediante la sinceridad, la confianza, la pertenencia, y el sacrificio enseña la lección aprendida paulatinamente por las almas enfermas para transformarse en el maestro de los corazones.

Mientras obra de este modo, Rumi no actúa por mero escepticismo sino que profundiza en el moralismo que da forma a la ética de la sociedad mediante la disyuntiva de su utilidad y uso. Sus cuidadosas impresiones, desarrolladas a través de detallados análisis y síntesis, no sólo nos informan sobre los peligros de ciertos patrones de pensamiento y de las conductas defectuosas que surgen como resultado, sino que también nos proporcionan el remedio y la orientación para corregir lo incorrecto con el fin de adaptarnos a aquello que es correcto. De esta manera, él no nos amonesta, en realidad, sino que simplemente relata los enigmas y las paradojas de la vida, para consolidar nuestras almas de modo que puedan resistir y repeler todo lo que sea artificial, impuro, y por lo tanto, inhumano.

El «espejo» de Mevlana Yalal al-din Rumi es un instrumento conferido a la humanidad no sólo para acicalarnos sino también para embellecer nuestras almas en armonía con los principios Divinos, según lo enseñado por el Corán y llevado a la practica de forma perfecta por el profeta Muhammad —la paz y las bendiciones estén con él—. Somos testigos del nacimiento de un corazón bondadoso y un alma contemplativa —un corazón que se preocupa por las miserias de los demás y un alma que da vueltas a los errores personales más que las miserias infligidas a uno mismo, un corazón que no limosnea la misericordia o el afecto de los demás, sino que es un corazón lo bastante generoso como para compartir la mínima «felicidad de la vida» con toda la humanidad y así repartir la alegría principal—. En definitiva, la vida precisa la educación y ésta exige atenciones y cuidados. Necesitamos el conocimiento del «bien», es decir, ser conscientes de qué es lo «bueno» en la vida. Poco a poco, Rumi nos dirige y nos enseña a descubrir y revelar la hipocresía, para así evitar la adulación, tener más cuidado con nuestras lenguas, derrotar la envidia, y finalmente, liberarnos de la esclavitud de nuestros egos más bajos.

El resultado es un cambio de paradigma en el propósito de la vida ya que se transforma desde el concepto de «gobernar la vida» al de «servir a la vida de alguien». Es el «nuevo conocimiento» del corazón, el cual reconstruye la experiencia de la existencia. No está limitando la consciencia a una fuente del conocimiento u otra. Más bien, implica la ruptura de los límites y la liberación de la conciencia de las trabas del ego inferior para encontrar nuevas maneras y medios de adaptarse a los principios universales de la vida. No consiste en quebrantar los límites sino en ampliar el horizonte que sentimos cuando sobre nosotros no ejerce la fuerza de atracción de la gravedad, ya que la magia terrestre atrae e ingresa en el Mesmerismo[3] de volar por el aire y la dicha y la tranquilidad finales que gozamos al ser evacuados en las fronteras ilimitadas del espacio. En relación a ello, Rumi se convierte en el libertador encantado, divinamente bendecido, puesto que su guía nos ayuda a aprender a progresar gradualmente en el ciclo de la consciencia, surgiendo naturalmente durante los «mega-memes» o «memes complejos» —(del inglés meme complexes)— del «yo» y de la «vida». Así, la obra cumbre de Rumi, el Masnavi, se convierte en la experiencia hermenéutica del Corán ya que nos enseña todo sobre la vida y también nos conduce a determinar la posición relativa del «yo» en el contexto de la «vida».

¿Qué es la psicología? ¿Y qué aborda la orientación psicológica? Es simplemente la reconstrucción de la experiencia humana. El mismo Rumi trata dicha cuestión, pero lenta y gradualmente, liberando un alma humana de los límites de la ignorancia tan dócilmente como la eclosión del capullo de una rosa con todo su brillante color y su fragancia. Así que, al adoptar el carácter de un experto sociólogo, Rumi maneja hábilmente los problemas enfrentados en todas los ámbitos sociales.

La sociología moderna intenta determinar la historia del «yo» o de la «sociedad», como el caballo de madera que nunca puede experimentar la ascensión o el «Vuelo con Buraq», alcanzando la tercera dimensión y anhelando hablar del alma y de las percepciones de la metafísica. Muy pocos pueden contar esta historia como Rumi así hace, el cual ha codificado la historia de la civilización musulmana, su pensamiento y creencias, y la evolución y la transferencia de su cultura en el Masnavi. Todas las analogías usadas por él son los memes cuidadosamente construidos, cuyo desciframiento atento nos dirige al descubrimiento primoroso de una gran verdad. A través de este análisis y síntesis sistemáticos, Rumi maneja con éxito las técnicas modernas del discurso. El uso de la dialéctica con el fin de alcanzar la base de un problema, revelándolo parte por parte hasta que sea obvio a simple vista y luego gradualmente reconstruirlo dándole un nuevo valor con significado y propósito es el arte natural de Rumi. La verdad es la misma vida, en la que no se dan prejuicios de ninguna clase ni barrera religiosa o cultural alguna. Por lo tanto, Rumi alcanza una lengua universal con la que es capaz de comunicarse a personas de todas las épocas a lo largo del tiempo.


[1] Buleha es el nombre del poeta, que se dirige a sí mismo en esta ocasión.

[2] Masnavi, Vol. I, 2º relato.

[3] Teoría del magnetismo animal, expuesta por Mesmer, médico alemán de la segunda mitad del siglo XVIII.

 
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