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Sura 63 Al-Munafiqun (Los hipócritas) PDF Imprimir E-Mail
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escrito por Ali Ünal   
24.08.2009

Período de Medina

Revelada en Medina, muy posiblemente en el año sexto después de la Hégira, esta sura posee 11 versículos, y toma su nombre de la palabra al-munafiqun (hipócritas) que aparece en el primer versículo. Revela el mundo interior de los hipócritas y sus intrigas contra el Islam. Ordena a los creyentes que no se aferren a los placeres pasajeros del mundo y permanecer libre de la hipocresía.

En el Nombre de Dios, el Misericordioso, el Compasivo.

1. Cuando los hipócritas llegan ante ti, dicen: «Damos testimonio que en verdad tú eres el Mensajero de Dios». Dios sabe que en verdad tú eres Su Mensajero, y Dios atestigua que los hipócritas están sin duda mintiendo (no creen en la verdad de lo que dicen)[1].

2. Hacen de sus juramentos un refugio (para ocultar su incredulidad interna y protegerse en la comunidad musulmana), y así se desvían (y procuran apartar a los demás) del camino de Dios. Malvado es, en verdad, lo que llevan a cabo por costumbre.

3. Esto es porque declaran la fe pero no creen (interiormente), por lo que un sello ha sido colocado en sus corazones para que no entiendan la verdad (y no puedan recuperar la habilidad para alcanzarla).

4. Cuando les ves, su forma externa te agrada, y (su actitud y forma de hablar son atrayentes y efectivas, por lo que) prestas atención a sus palabras cuando hablan. (En realidad) son como bloques de madera apuntalados y (cubiertos por) capas a rayas[2]. Creen que (siendo ellos mismos traidores) cada grito (que oyen) es contra ellos. Son por sí mismos los enemigos, tened cuidado pues con ellos. ¡Que Dios los destruya (están sujetos a la destrucción de Dios)! ¡Cómo se han apartado de la verdad (y persiguen propósitos malvados)!

5. Cuando se les dice: «Venid, y dejad que el Mensajero de Dios pida perdón por vosotros (a Dios)», miran a otro lado, y los ves retirarse con arrogancia[3].

6. Les es igual tanto si pides perdón por ellos como si no pides perdón por ellos: Dios nunca los perdonará (para que puedan volver a la guía y esperar la felicidad en ambos mundos). Dios sin duda no guía a los transgresores (cuyos corazones están infectados de la hipocresía irremediable).

7. Son ellos quienes indican (a sus camaradas): «No gastéis en aquellos (musulmanes empobrecidos) que se encuentran con el Mensajero de Dios, para que puedan dispersarse (más allá de su alrededor)». Pero los tesoros de los Cielos y la Tierra pertenecen a Dios (Quien provee a aquellos que Él quiere tal y como Su Voluntad dicta, así que los hipócritas no tienen poder para retener nada de aquellos musulmanes empobrecidos). Mas los hipócritas no comprenden esto (al ser incapaces en la verdad).

8. Dicen: «Sin duda alguna, si regresamos a Medina, aquellos de mayor estatus y poder expulsarán a los más débiles y humildes». Pero toda la gloria y poder pertenecen a Dios, y (con Su venia) a Su Mensajero y los creyentes. Pero (al ser incapaces en el conocimiento de la verdad) los hipócritas no saben esto[4].

9. ¡Oh vosotros que creéis! No dejéis que vuestra riqueza ni vuestros hijos os (distraigan y) alejen de la remembranza de Dios. Aquellos que así obran, no son sino los perdedores.

10. Y gastad (en la causa de Dios y por los necesitados) de aquello que os proveemos antes de que os llegue la muerte a alguno de vosotros y diga: «¡Mi Señor! ¡Si al menos me concedieras un aplazamiento por un instante, para poder dar limosna, y ser uno de los rectos!».

11. Pero nunca concederá Dios un aplazamiento a un alma cuando su plazo señalado haya llegado. Dios se halla perfectamente informado de todo lo que hacéis.


[1] Los hipócritas que categóricamente daban testimonio de la Misión Profética del Mensajero de Dios, la paz y las bendiciones sean con él, en su presencia, estaban mintiendo, diciendo aquello que no creían o lo que era contrario a lo que dictaba sus corazones. Lo hicieron con la intención de ocultar su hipocresía e incredulidad en sus corazones. Alguien que declara de manera frecuente y enérgica que algo verdadero es verdadero sin razón aparente incurre en la duda y se debería dudar de él.

[2] Esta descripción da a entender a su vez la manera de sentarse de los hipócritas. Debido al complejo de inferioridad que han desarrollado a través de la constante hipocresía, se sentaban reclinados en almohadones de una manera tal como si fueran personas muy importantes. El versículo también llama la atención a su manera de vestirse, e insinúa las organizaciones secretas hipócritas. La hipocresía siempre es la misma, y los hipócritas tienen el mismo carácter en diferentes épocas.

[3] En realidad, se esperaba que los hipócritas se dirigieran ante el Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, para rogar su perdón y pedir el de Dios por sus continuas intrigas, y sus conjuras que eran reveladas a cada momento. No sólo se negaron a hacer esto sino que incluso rechazaron arrogantemente la convocatoria realizada con el fin de acercarse al Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, para que pudiera rezarle a Dios por su perdón.

[4] Cuando el Mensajero de Dios, la paz y las bendiciones sean con él, emigró a Medina, los pueblos árabes de al-Aws y al-Jazray de Medina se estaban preparando para coronar a ‘Abdullah ibn Ubayy ibn Salul como su rey. Así que Ibn Ubayy nunca perdonó al Mensajero y, aunque aceptó el Islam en apariencia, siempre fue un enemigo acérrimo del Profeta y el Islam. Colaboró con los politeístas de La Meca y los judíos de Medina, y trató de traer la disensión entre los musulmanes. Los acontecimientos descritos en estos versículos sucedieron durante el regreso de la expedición militar contra la Banu Mustaliq en el año quinto de la Hégira. Aprovechándose de una pelea que había acontecido entre dos musulmanes, uno de Medina y el otro de La Meca (un emigrante), cuando el ejército se había detenido a medio camino para descansar, trató de instigar a los Ansar («Ayudantes») contra los Muhayirun («Emigrantes»). Pero la sagacidad del Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, quien ordenó que el ejército marchara sin detenerse hasta llegar a Medina, fue suficiente para extinguir el fuego de la disensión antes de que se encendiera.

El versículo octavo subraya que toda la gloria y el poder real se hallan con Dios y luego en el Mensajero y los creyentes por su fe en la sumisión ante Dios. Así que los creyentes siempre deben buscar estas cosas con Dios y siendo musulmanes buenos y sinceros.

 
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