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Sura 60 Al-Mumtahanah (La mujer que ha de ser puesta a prueba) | Sura 60 Al-Mumtahanah (La mujer que ha de ser puesta a prueba) |
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| escrito por Ali Ünal | |
| 24.08.2009 | |
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PerÃodo de Medina Revelada en Medina en un perÃodo de tiempo comprendido entre el Tratado de Judaybiya y la conquista de La Meca, esta sura contiene 13 versÃculos. Su nombre deriva del versÃculo décimo, que ordena que las mujeres que han proclamado su conversión al Islam y emigrado a Medina, deben ser puestas a prueba y evaluar de este modo si son sinceras. La sura también aborda cómo deberÃan ser las relaciones de los musulmanes con sus enemigos incrédulos. En el Nombre de Dios, el Misericordioso, el Compasivo. 1. ¡Oh vosotros que creéis! No adoptéis a Mis enemigos y vuestros enemigos como amigos, ofreciéndoles amor y afecto, ya que no han creÃdo en la verdad que ha venido a vosotros y han expulsado al Mensajero y a vosotros mismos (de vuestros hogares) sólo porque creéis en Dios, vuestro Señor (Quien os ha creado y os sustenta. Si vosotros (ahora) os habéis partido (de vuestros hogares) para luchar en Mi camino y buscar Mi aprobación y complacencia, (entonces no los adoptéis como amigos). Les reveláis vuestro secreto a escondidas por vuestro amor y amistad, mas Yo soy más consciente (que vosotros) acerca de lo que hacéis en secreto asà como también sobre lo que reveláis. Todo aquel de entre vosotros que obre asà indudablemente se ha extraviado del camino recto[1]. 2. Si ejercieran la supremacÃa sobre vosotros, serÃan como enemigos para vosotros (y no asà amigos), y extenderán sus manos y lenguas en contra de vosotros con malicia, y desean que seáis incrédulos. 3. Vuestros parientes, ni asimismo vuestros propios hijos, os serán de provecho alguno para vosotros en el DÃa de la Resurrección. Dios os distinguirá y os separará unos de otros (según cómo habéis creÃdo y actuado en el mundo)[2]. Todo aquello que hacéis Dios sin duda lo contempla. 4. En verdad tenéis un excelente ejemplo a seguir en Abraham y en aquellos en su compañÃa, cuando le dijeron a su (idólatra) pueblo (quienes eran sus parientes): «Nos desentendemos de vosotros y de cualquier cosa que adoráis además de Dios. Os hemos rechazado (en vuestro politeÃsmo), y ha surgido la enemistad y el odio entre nosotros y vosotros para siempre hasta que creáis únicamente en Dios (como el Único a ser venerado)». (Asà fue) salvo por lo que ha dicho Abraham a su padre: «Sin duda alguna rogaré el perdón de Dios para ti, aunque no tengo poder para hacer nada por ti frente a Dios»[3]. (Y su plegaria fue): «¡Oh Señor nuestro! Es en Ti en quien depositamos nuestra confianza, y es hacia Ti a donde nos dirigimos con la mayor sinceridad y devoción, y a Ti es el retorno. 5. ¡Oh Señor nuestro! No nos hagas presa de aquellos incrédulos (para que, al vencernos, no crean que su incredulidad es verdadera y aumenten en ella). Y perdónanos, Señor nuestro (especialmente aquellos de nuestros pecados que puedan hacernos presa de los incrédulos). Tú eres el Glorioso poseedor de irresistible poder, el Omnisapiente». 6. Vosotros tenéis en ellos, sin duda, un excelente ejemplo a seguir para todos aquellos que esperan con anhelo a Dios y el DÃa del Juicio Final. Todo aquél que se aleje, luego (que sepa que) Dios es Aquel Quien es Acaudalado y Autosuficiente (absolutamente más allá de toda necesidad), el Digno de Alabanza. 7. (Cuando obedecéis a Dios en Sus órdenes y prohibiciones), puede ser que Dios haga aparecer amor y amistad entre vosotros y aquellos con quienes estáis enemistados[4]. Dios es Todopoderoso, y Dios es Indulgente, Compasivo. 8. Dios no os prohÃbe, por lo que se refiere a aquellos que no os hacen la guerra por motivo de vuestra Religión, ni os expulsan de vuestros hogares, que seáis amables con ellos, y actuéis con ellos con equidad. Dios sin duda ama lo escrupulosamente equitativo. 9. Dios tan sólo os prohÃbe, por lo que se refiere a aquellos que os hacen la guerra por motivo de vuestra Religión y os expulsan de vuestros hogares, o apoyan a otros para que os expulsen, que los adoptéis como amigos y protectores. Todos aquellos que los adopten como amigos o protectores, esos son los malhechores. 10. ¡Oh vosotros que creéis! Cuando las mujeres creyentes llegan ante vosotros como emigrantes, ponedlas a prueba[5], (aunque tan sólo) Dios conoce mejor su fe. A continuación, si habéis determinado que son creyentes[6], no las entreguéis a los incrédulos. No son (siendo creyentes) lÃcitas (como esposas) para los incrédulos ni son lÃcitos los incrédulos (como maridos) para ellas. Pero devolvedles a ellos (los incrédulos) todo lo que hayan gastado (con motivo de la dote cuando se hayan casado con esas mujeres)[7]. Y no incurrÃs en falta (Oh creyentes) si os casáis con ellas cuando les hayáis concedido su dote. Asimismo, (por otro lado) no sigáis reteniendo en el matrimonio a las mujeres incrédulas, y pedidles que devuelvan lo que hayáis gastado como su dote (si permanecen entre los incrédulos o se unen a ellos), precisamente como los hombres incrédulos (cuyas esposas han emigrado hacia vosotros después de abrazar el Islam) tienen el derecho de exigir el retorno de lo que gastaron. Este es el juicio de Dios y Su ley; Él establece la ley y juzga entre vosotros. Dios es Omnisciente, Omnisapiente. 11. Si parte de la dote de vuestras (anteriores) esposas incrédulas (que permanecen entre los incrédulos o se han unido a ellos) ha pasado a los incrédulos, y más tarde habéis obtenido (la victoria) sobre ellos, entonces pagad a aquellos cuyas esposas se han marchado con el equivalente de lo que gastaron (como dote)[8]. Y apartaros de la desobediencia a Dios con la veneración a Él y piedad, en Quien vosotros sois creyentes. 12. ¡Oh Profeta! Cuando las mujeres creyentes (que han profesado el Islam) llegan a ti para jurarte lealtad —de que nunca atribuirán copartÃcipes a Dios de ninguna de las maneras, y no robarán, no cometerán ninguna relación sexual ilÃcita, no matarán a sus hijos, no sucumbirán a la difamación (como por ejemplo atribuirle a cualquiera de sus hijos a otro que no sea su propio padre) que han concebido voluntariamente, y no te desobedecerán en nada que sea correcto[9]— entonces acepta su juramento de lealtad y ruega el perdón a Dios. Sin duda alguna Dios es Indulgente, Compasivo. 13. ¡Oh vosotros que creéis! No adoptéis como amigos y protectores a un pueblo que ha incurrido en la condena y el castigo de Dios: (pueblo) que está privado de cualquier esperanza en el Más Allá (por la maldad que se han ganado), precisamente como los incrédulos que están privados de cualquier esperanza (de verse otra vez más) a los que se hallan en las tumbas. [1] Cuando el Tratado de Judaybiya fue quebrantado con motivo del ataque de la tribu Banu Bakr —aliada de los politeÃstas de La Meca—, sobre la Banu Juda’ah, tribu aliada de los musulmanes, y siendo asesinados algunos miembros de esta última tribu, el Mensajero de Dios, la paz y las bendiciones sean con él, comenzó a prepararse para la guerra. Como siempre, mantuvo el asunto en secreto y nadie supo, incluyendo sus mujeres y amigos más Ãntimos, donde tendrÃa lugar la campaña. Sin embargo, un Emigrante llamado Jatib ibn Abi Balta’ah supuso las intenciones del Mensajero de Dios. Envió una carta a los quraishÃes, informándoles sobre los preparativos del Mensajero. El Mensajero fue informado de todo esto a través de una Revelación, y ordenó a ‘Ali, Zubayr ibn al-‘Awwam y Miqdad ibn ‘Amr que le confiscaran la carta a la mujer a quien Jatib se la habÃa confiado. Llevaron a cabo esto con éxito. Cuando le preguntaron la razón por la cual habÃa escrito esta carta, Jatib se excusó diciendo que tenÃa miembros de la familia en La Meca y deseaba su protección. Ya que esto no fue una traición malintencionada y Jatib era alguien que demostró ser un musulmán sincero participando en la Batalla de Badr, el Mensajero lo perdonó (Ibn Hashim, 2:39-42). El versÃculo trata sobre este incidente para advertir a los musulmanes sobre acontecimientos similares. [2] Véase 2:166; 6:94; 80:37. [3] Lo que ha dicho Abraham, la paz sea con él, debe ser considerado y evaluado junto con el versÃculo 9:114: «La plegaria de Abraham por el perdón de su padre fue solo una promesa que le habÃa hecho, pero cuando vio con claridad que era enemigo de Dios, (Abraham) se apartó de él. Abraham era sumamente tierno de corazón, sumamente clemente». Para la identidad del padre de Abraham, véase el versÃculo 9:114, nota 25. [4] Los acontecimientos que son descritos aquà comenzaron tras el Tratado de Judaybiya. Los musulmanes obedecÃan estrictamente las órdenes de Dios, transmitidas a ellos por el Mensajero de Dios, la paz y las bendiciones sean con él, hasta que quedó claro que eran invencibles. En la atmósfera de paz creada por el Tratado, muchos de entre los politeÃstas encontraron la oportunidad de considerar con claridad el Islam. Finalmente abrieron sus ojos a la verdad y el Islam se dispersó ampliamente entre las tribus árabes. Después de la conquista de La Meca en particular, casi todas las tribus abrazaron el Islam. [5] Bajo los términos del Tratado de Judaybiya, la gente o las tribus podÃan unirse o aliarse con todo aquél que desearan, los quraishÃes paganos o los musulmanes en Medina; todos aquellos de entre los hombres de La Meca que abandonaba Medina se les hacÃa regresar. Los quraishÃes acataron esta estipulación para incluir a su vez a las mujeres casadas. Asà que cuando varias mujeres de La Meca abrazaron el Islam tras el Tratado y emigraron a Medina, fue exigido su regreso a La Meca. Sin embargo, ya que la palabra «hombres» se usaba en la estipulación mencionada, el Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, respondÃa que la estipulación sólo incluÃa a los hombres, no a las mujeres, y rechazó la demanda. Este versÃculo trata acerca de estas mujeres, y por supuesto incluye a todas las mujeres que se refugian en un territorio musulmán proclamando que han pasado a ser musulmanas y dejado a sus maridos por motivo de su religión. [6] Para establecer si eran creyentes, se les preguntaba que juraran por Dios. Está claro que este es un procedimiento de forma y efecto legal. Esa es la razón por la cual Dios nos recuerda que sólo es Él Aquel Quien puede determinar si son verdaderas creyentes. [7] Puesto que un marido anterior que no es musulmán no es responsable del incumplimiento del contrato matrimonial y es la mujer (recién convertida al Islam) la que se considera responsable, tiene que reembolsar la dote que recibió en el momento del contrato matrimonial. Si la mujer es incapaz de hacer esto, la comunidad musulmana (o el estado a nombre de la comunidad) está obligada a indemnizar al ex-marido. [8] Si los incrédulos no devolvÃan lo que los maridos musulmanes han desembolsado como dote para sus anteriores mujeres incrédulas, los musulmanes tenÃan que compensar esto con lo que los anteriores maridos incrédulos habÃan gastado en sus mujeres que se habÃan convertido al Islam. En otro caso, a su vez, si los musulmanes se hacÃan con un botÃn de guerra obtenido de los incrédulos, los maridos musulmanes iban a ser compensados con el mismo. [9] Las estipulaciones son importantes para entender la posición de las mujeres en la Época de la Ignorancia y para qué propósitos se empleaban en ese tiempo, es decir, antes del Islam. Se puede decir que esto mismo es cierto en casi cada época de la ignorancia. |
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