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Sura 49 Al-Huyurat (Las habitaciones privadas) PDF Imprimir E-Mail
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escrito por Ali Ünal   
22.08.2009

Período de Medina

Revelada en Medina y constando de 18 versículos, esta sura adopta su nombre de la palabra huyurat (habitaciones privadas) la cual aparece en el versículo 4. Hace referencia a cómo los creyentes deben comportarse hacia el Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, y entre sí. Establece principios importantes acerca de cómo ocuparse de cualquier informe que recibamos, las luchas internas en una comunidad musulmana, los juicios a los individuos y el rechazo al racismo. A su vez se centra en la diferencia existente entre la fe verdadera y someterse a una autoridad musulmana (o ser musulmán externamente o ante la Ley).

En el Nombre de Dios, el Misericordioso, el Compasivo.

1. ¡Oh vosotros que creéis! No os adelantéis en presencia de Dios y de Su Mensajero[1]. Apartaos de la desobediencia a Dios en veneración a Él y piedad. No cabe duda de que Dios es Quien todo lo Oye, Omnisciente.

2. ¡Oh vosotros que creéis! No alcéis vuestras voces por encima de la voz del Profeta, ni habléis en voz alta al dirigiros a él, tal y como hablaríais en voz alta entre vosotros, para que vuestros buenos actos sean en vano sin daros cuenta de ello[2].

3. Aquellos que bajan el tono de sus voces en presencia del Mensajero de Dios, son aquellos cuyos corazones Dios ha puesto a prueba y examinado para la piedad y la veneración a Él. Para ellos se da perdón (que traerá recompensas imprevistas) y una tremenda recompensa.

4. Aquellos que te llaman en voz alta desde detrás de las habitaciones privadas (que compartes con tus esposas), la mayor parte de ellos no razona ni entiende (y, por lo tanto, carecen de buenas maneras).

5. Si (en vez de gritarte para que salgas a su encuentro) hubieran sido pacientes hasta que salierais a su encuentro, habría sido sin duda alguna mejor para ellos (por lo que se refiere a las maneras debidas a ti por su parte). Sin embargo, Dios es Indulgente, Compasivo (especialmente hacia Sus siervos creyentes, y puede perdonar la descortesía que emerge de la ignorancia)[3].

6. ¡Oh vosotros que creéis! Si algún transgresor os trae nuevas (que requieren tomar medidas), verificadlas cuidadosamente (antes de que creáis y actuéis con respecto a las mismas), no sea que en la ignorancia perjudiquéis un pueblo y después os arrepintáis de lo que habéis hecho[4].

7. Considerad siempre que el Mensajero de Dios se encuentra entre vosotros (de modo que tenéis el deber de referirle decisiones)[5]. Si él os siguiera en numerosos asuntos de interés público, os hallaríais sin duda en apuro (y sufriríais pérdida)[6]. Mas Dios os ha hecho amar la fe (Oh creyentes) y la ha embellecido para que os pareciera atrayente en vuestros corazones, y Él os ha hecho detestable a vosotros la incredulidad, la transgresión y la rebelión. Aquellos son los que se hallan rectamente guiados (en creencia, pensamiento y acción),

8. Como una gracia de Dios y como un favor. Dios es Omnisciente, Omnisapiente.

9. Si dos grupos de creyentes luchan entre sí, haced las paces entre ellos (y actuad inmediatamente). Pero si uno de ellos usurpa agresivamente los derechos del otro, entonces luchad todos contra el grupo agresor hasta que éste cumpla el decreto de Dios (respecto al asunto). Si cumplen, entonces haced las paces entre ellos con justicia y sed escrupulosamente ecuánimes. Dios ama sin duda a los escrupulosamente ecuánimes.

10. Los creyentes no son sino hermanos, así que haced las paces entre vuestros hermanos; y apartaos de la desobediencia a Dios en veneración a Él y piedad (particularmente en vuestros deberes entre vosotros como hermanos), para que así os sea mostrada misericordia (concediéndoos una vida buena, virtuosa en el mundo como individuos y como comunidad, y una felicidad eterna en el Más Allá)[7].

11. ¡Oh vosotros que creéis! No permitáis que cierta gente entre vosotros se burle de otra gente; puede ser que estos últimos sean mejores que los anteriores. Ni permitáis que algunas mujeres se burlen de otras mujeres; puede ser que estas últimas sean mejores que las anteriores. Ni tampoco os difaméis los unos a los otros (y provoquéis lo mismo para vosotros mismos en represalia); ni os insultéis mutuamente con apodos (que vuestros hermanos y vuestras hermanas detestan). Maléfico es llamar con nombres de soez significado después de (que aquellos que han sido llamados así hayan aceptado) la fe (obrar así no es sino sustituir una señal de fe por una señal de la transgresión). Todo aquel que (hace eso y después) no se torna a Dios en arrepentimiento (desistiendo de obrar así), ésos son en verdad malhechores.

12. ¡Oh vosotros que creéis! Evitad mucha sospecha, pues alguna sospecha es un grave pecado (propenso al castigo de Dios)[8]; y no os espiéis (mutuamente)[9], ni os difaméis (uno en contra del otro). ¿A alguno de vosotros le gustaría comer la carne de su hermano muerto?[10] ¡Lo aborreceríais! Apartaos de la desobediencia a Dios con veneración a Él y piedad. Sin duda Dios es Quien en verdad corresponde el arrepentimiento con un perdón generoso y una recompensa adicional, el Compasivo (especialmente hacia Sus siervos creyentes).

13. ¡Oh seres humanos! En verdad que os hemos creado de un varón y una hembra, os hemos convertido en tribus y familias para que os podáis conocer mutuamente (y así establecer relaciones mutuas y cooperativas, no para que os enorgullezcáis en vuestras diferencias de raza o categoría social, y hagáis enemigos). Sin duda el más noble, el más honorable de vosotros ante Dios es aquél que es el mejor en la piedad, la rectitud y la reverencia hacia Dios. Sin duda Dios es Omnisapiente, el Consciente de todo[11].

14. (Algunos de) los habitantes del desierto (beduinos) dicen: «Creemos». Di (les a ellos): «No habéis creído. Más bien, (deberíais) decir, “Nos hemos sometido (al gobierno del Islam)â€, pues la fe no ha entrado aún en vuestros corazones»[12]. Pero, si obedecéis a Dios y a Su Mensajero, Él no disminuirá nada de la recompensa de vuestros (buenos) actos[13]. Sin duda Dios es Indulgente, Compasivo.

15. Sólo aquellos son los creyentes que verdaderamente creyeron en Dios (como la Única Deidad, Señor y Soberano), y (creyeron en) Su Mensajero (incluyendo todo lo que ha traído de Dios), y luego nunca han dudado (de la verdad de lo que han atestiguado), y se esfuerzan con su riqueza y personas en la causa de Dios. Aquellos son los veraces y sinceros (en su profesión de fe).

16. (Si aquellos habitantes del desierto insisten todavía en creerse verdaderos creyentes), di: «¿Es que Le enseñaríais a Dios (cuán devotos sois verdaderamente) a vuestra Religión, mientras que Dios conoce todo lo que se halla en los Cielos y en la Tierra?». Dios posee pleno conocimiento de todas las cosas.

17. Intentan ponerte bajo una obligación para con ellos como si te hubiesen hecho un favor a ti de que se han sometido (al gobierno del Islam). Di: «No consideréis ser musulmanes como un favor hacia mí (ni tratéis de ponerme bajo una obligación. La Religión no me pertenece a mí, sino tan sólo a Dios.) Es en verdad Dios Quien os ha conferido un favor, dado que os ha mostrado el camino hacia la fe —si sois veraces (en vuestra profesión de ser musulmanes, aquellos que se han sometido a Dios)».

18. Sin duda Dios conoce lo oculto de los Cielos y de la Tierra (todo lo que está más allá de la percepción humana y el conocimiento en ellos). Y todo aquello que hacéis Dios sin duda lo contempla.


[1] Todo cuanto Dios y Su Mensajero desean y decretan en una cuestión, los creyentes deben aceptarlo y obedecerlo. Los creyentes deben adoptar siempre el Corán y la Sunna como el estándar al cual deben ajustarse en sus pensamientos y acciones. Asimismo, deben mostrar sumo respeto a Dios y Su Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él.

[2] La obediencia al Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, en todos sus veredictos significa obediencia a Dios, y la fe en Dios y su obediencia a Él requieren obediencia incondicional al Mensajero. Además, ya que cualquier decidida falta de respeto hacia él equivale a la incredulidad, puede causar que todos los buenos actos de un individuo sean en vano. Esto es así tanto durante la vida del Profeta como después de su muerte. Hay algunos actos que, a pesar de que no equivalen a la incredulidad en sí, llevan el riesgo de causar la incredulidad. Alzar nuestra voz o cualquier otra acción que no surja de una decidida falta de respeto no quiere decir o señalar la incredulidad, a pesar de que puede provocar que el buen acto realizado con la palabra o la acción se eche a perder. (Véase también la sura 24:62-63 y las notas correspondientes 33 y 34.)

[3] El tipo de tratamiento hacia el Mensajero de Dios, la paz y las bendiciones sean con él, que se menciona en los dos versículos anteriores es diferente del tipo de trato condenado en los primeros tres versículos. El primero se refiere a cualquier descortesía que surge de la ignorancia, mientras que el segundo hace referencia a la falta de respeto al Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, y tratarse a uno mismo como hallándose a la par con él, o considerando que las opiniones de uno poseen el mismo valor que las suyas. Mientras que el último puede provocar que los buenos actos de uno sean en vano y perezcan, el primero es perdonable. Sin embargo, tales acciones, condenadas tan manifiestamente por este versículo, no deben ser repetidas.

[4] El principio establecido en este versículo tras los mandatos relacionados con el comportamiento hacia el Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, requiere la atención en muchos aspectos, como por ejemplo los siguientes:

  • En otro versículo (17:36), Dios ordena: No sigáis aquello de lo que no tenéis conocimiento (de si es bueno o malo) y apartaros de las afirmaciones y conjeturas infundadas. Sin duda el oído, la vista y el corazón; cada uno de éstos está sujeto a ser cuestionado acerca de ello (eres responsable, rendirás cuentas de cada uno de ellos el Día del Juicio Final). Así pues, un musulmán no puede juzgar nada sin conocimiento verdadero o confirmado sobre ello. Especialmente en los asuntos que requieren responsabilidad y que tienen que ver con las relaciones sociales, los musulmanes deben tener extremo cuidado de que se hallan actuando en base a cierto conocimiento. Este conocimiento debe basarse en informes de testigos presenciales, o en informes verdaderos, verificados y nunca tener en cuenta conjeturas, opiniones individuales o informes falsos. Tal y como será decretado en el posterior versículo 12, un musulmán no puede albergar una mala opinión de otros musulmanes.
  • Un individuo que, a pesar de ser creyente, miente, se ha demostrado que es un difamador, o se ha atestiguado que ha cometido alguna de las acciones prohibidas de modo decisivo no puede ser escuchado en un tribunal de justicia; y la declaración de tal persona no es aceptable.
  • De acuerdo con este versículo, los eruditos del Hadiz desarrollaron una ciencia muy importante y significativa, denominada ciencia de yarh y de ta’dil, la ciencia de establecer si aquel que relata dichos, actos y confirmaciones del Profeta es digno de confianza o no. Esto debe ser aplicable a todos los asuntos y campos, especialmente los relacionados con las relaciones sociales y los procesos judiciales.
  • Todos y cada uno de nosotros somos considerados dignos de confianza hasta que una trasgresión tal como la mentira, la difamación o cometer cualquier acción decisivamente prohibida haya sido establecida por nuestra parte.

[5] A su vez, en concreto, véase la sura 4:59, 64-65, 83, nota 13.

[6] Esto no significa que el Mensajero de Dios, la paz y las bendiciones sean con él, no debe consultar con sus Compañeros en los asuntos de gobierno. Más bien, la consulta es esencial para el gobierno islámico y fue impuesta sobre el Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él (3:159). Si consideramos que este mandato fue reiterado inmediatamente después de la Batalla de Uhud, y que una de las razones del revés temporal en esa batalla surgió de la aceptación (a regañadientes) del Mensajero de la decisión para salir a hacer frente al enemigo, que se dio tras una consulta pero que se oponía a su opinión, entonces la importancia de la consulta se hace más patente (véase la sura 3:159, nota 31). Sin embargo, si existe algo contrario a los principios fundamentales de la fe y de la acción, no puede ser propuesta para discusión; y si el Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, ha decidido definitivamente sobre un tema, éste no debe ser discutido.

[7] Los últimos dos versículos significan que todos los creyentes son hermanos y hermanas, quienes son responsables unos de otros en esta relación. Insinúa que puede haber peleas, incluso luchas, entre los hermanos, que algunas veces pueden surgir de la rivalidad y la envidia. Aunque peleen y luchen unos con otros, todavía son hermanos y hermanas, y la hermandad requiere paz. Si, a pesar del hecho de que no puede haber enemistad entre ellos, dos grupos de creyentes discuten o luchan mutuamente, los otros creyentes, que son sus hermanos y hermanas, deben reconciliarlos inmediatamente y hacer las paces entre ellos según exige tal relación. Cuando se hayan reconciliado y hecho las paces, deben ser meticulosos al actuar según los preceptos de la justicia. Ya que las peleas entre los hermanos y las hermanas normalmente surgen de la rivalidad y; por lo tanto, dispensar justicia con gran cuidado es particularmente importante.

La hermandad es muy importante para la vida individual y social de los creyentes. En particular, su prosperidad en el mundo y la superioridad contra sus enemigos dependen de la fe y de esta relación. Si se enfrentan unos con otros y se dividen en grupos rivales, es inevitable que se debilitarán y serán derrotados por sus enemigos. Por esta razón, el Corán y el Mensajero de Dios, la paz y las bendiciones sean con él, han hecho mucho hincapié en la importancia de la hermandad. El Mensajero de Dios solía exigir la lealtad de los creyentes en base a las condiciones por las cuales tenían que realizar las Oraciones Prescritas, pagar la Limosna Prescrita Purificadora, y desearles el bien a los creyentes. También dijo: «Maldecir a un musulmán es una transgresión, y pelearse con él equivale a la incredulidad» (al-Bujari, «Iman», 36). En otra ocasión, dijo: «Un musulmán es un hermano de otro musulmán. Nunca es injusto con él ni lo desprovee de su apoyo. No hay una ofensa más grande para un musulmán que despreciar a su hermano musulmán» (al-Bujari, «Adab», 57-58; Muslim, «Birr», 28-34). También dijo: «Los creyentes son como un sólo cuerpo amándose y demostrándose misericordia mutuamente. (Precisamente como todo el cuerpo sufre algún sufrimiento en cualquier parte del mismo), así también, todos los creyentes sufrirán por el sufrimiento de un creyente» (al-Bujari, «Adab», 122; Muslim, «Birr», 66). [Para la importancia de la hermandad y cómo se puede realizar y preservar, véase Said Nursi, Lem’alar («Destellos»), «20. Lem’a» («20º Destello»)].

[8] La sura, que comienza y continúa con la mención de las cosas injuriosas para las relaciones sociales en una comunidad musulmana, ahora menciona a las más comunes entre ellas como la burla, la difamación, llamar a los demás con apodos ofensivos y ser malpensado o sospechar de una manera malvada de los musulmanes. Así que la sospecha que el versículo prohíbe y condena por ser un grave pecado es la sospecha malvada de los musulmanes. Si evitamos la sospecha tanto como sea posible, podemos preservarnos de tal sospecha que es pecaminosa. Ser malpensado o sospechar de una manera malvada de un hermano o una hermana musulmanes significa la sospecha malvada sobre sí mismo. Un musulmán es el espejo de otro musulmán, así que cualquiera que tenga una sospecha malvada sobre un musulmán está sencillamente reflejando su propio estado interior. El versículo 24:12 declara que la opinión de un musulmán acerca de otros musulmanes es, en realidad, la opinión de sí mismo.

El Islam ordena absolutamente que abriguemos la buena opinión acerca de Dios y Su Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él. Dios declara: «Hacia Mi siervo Yo soy como Mi siervo piensa de Mí» (al-Bujari, «Tawhid», 15; Muslim, «Tawba», 1).

[9] El Corán prohíbe con resolución espiar y revelar los secretos y las vidas privadas de las personas y ordena guardar secreto de cualquier defecto y acto pecaminoso que uno haya visto en un musulmán. Tampoco un gobierno musulmán puede espiar a las personas para ver si están cometiendo un pecado o un crimen, a menos que una prueba decisiva haya establecido que están cometiendo algo en contra de orden público y de los demás. Asimismo, espiar en las casas, abrir y leer cartas que pertenezcan a otros y escuchar las conversaciones de otras personas están prohibidos.

[10] Said Nursi escribe acerca de cómo esta declaración condena la difamación y reprime a los difamadores como sigue:

Esta declaración reprime a los difamadores con seis grados de reprimenda y los refrena de este pecado con seis grados de severidad:

El hamzah, que marca la forma interrogativa (y aquí se traduce como un condicional) al comienzo de la oración, está incluido por todas las palabras del versículo, para que cada una de ellas lleve un acento interrogativo.

Por lo tanto, al principio el hamzah pregunta en sí: «¿Acaso no tenéis inteligencia alguna, con la cual preguntáis y respondéis, de modo que no podéis percibir qué abominable es esta cosa?».

La segunda palabra, amor, pregunta a través de hamzah: «¿Acaso vuestro corazón, con el cual amáis u odiáis, está tan arruinado que os encanta algo tan repugnante como la difamación?».

La tercera frase, alguno de vosotros, pregunta: «¿Qué le ha sucedido a vuestro sentido de la naturaleza y la responsabilidad de la sociedad y la civilización que os atrevéis a aceptar algo tan pernicioso para la vida social?».

En cuarto lugar, la expresión, comer la carne, pregunta: «¿Qué le ha sucedido a vuestro sentido de humanidad que estáis haciendo pedazos con vuestros dientes a vuestro amigo como animales salvajes?».

En quinto lugar, la expresión, de vuestro hermano, pregunta: «¿Acaso no tenéis compasión humana, ningún lazo de parentesco, que hincáis vuestros dientes en alguna persona inocente a quien estáis ligados por numerosos lazos de hermandad? ¿Acaso no tenéis inteligencia que mordéis vuestros propios miembros con vuestros dientes, de una manera tan insensible?».

En sexto lugar, la palabra, muerto, pregunta: «¿Dónde está vuestra conciencia? ¿Acaso vuestra naturaleza es tan corrupta que cometéis un acto tan repugnante como comer la carne de vuestro hermano muerto que merece mucho respeto?».

De acuerdo, entonces, con el significado completo del versículo y las indicaciones de cada una de estas palabras, la calumnia y la difamación son repugnantes para la inteligencia, para el corazón, la humanidad, la conciencia, la naturaleza humana, la Religión, y la hermandad social. Como veis, entonces, el versículo condena la difamación en seis grados de una manera muy concisa y exacta y refrena a las personas de ésta por medio de seis maneras milagrosas.

La difamación es un arma vergonzosa y muy comúnmente usada por las personas enemistadas, envidiosas y obstinadas; ningún ser humano honorable y sin amor propio se degradaría al recurrir a un arma tan vil.

La difamación consiste en hablar sobre una persona ausente de una manera que la repugnaría y la enojaría si estuviera presente y lo oyera. Si las palabras dichas son ciertas, esa es la difamación; si no lo son, es difamación y calumnia y por lo tanto, es un pecado doblemente detestable.

La difamación se puede permitir en muy pocas circunstancias particulares:

  • Una persona que ha sido ultrajada puede presentar una queja formal ante algún oficial, para que con su ayuda se pueda reparar la injusticia y restaurar la justicia.
  • Si una persona que considera la colaboración o el matrimonio con otra llega para pediros consejo, y vosotros le decís, de manera desinteresada y únicamente por su beneficio, y para aconsejarle apropiadamente, sin ningún otro motivo: «No trates con esa persona; será una desventaja para ti».
  • Si una persona dice sólo de manera objetiva, y no para exponerse a la desgracia o la notoriedad, «Ese lisiado fue a tal o tal lugar».
  • Si la persona que ha sido criticada es un pecador obvio y desvergonzado; es decir, lejos de estar avergonzado por eso, se enorgullece por los pecados que comete; si se deleita en su mal y comete abiertamente los pecados.

En estos casos particulares, la difamación se puede permitir, ya que se hizo desinteresadamente y únicamente por la verdad y el interés colectivo. De otra manera, la difamación es como un fuego que consume los buenos actos del modo en que una llama consume la madera.

Si alguien ha difamado o la ha escuchado con gusto, debería buscar el perdón de Dios, diciendo: «Oh Dios, perdóname a mí y a aquel al que difamé» y cuando se encuentra con la persona de quien habló mal, debería decirle: «¡Perdóname!» (Las Cartas, «22ª Carta», 2:76-78).

[11] El racismo es uno de los problemas más graves de nuestra época. Cuando el Mensajero surgió como Profeta, dicho racismo era corriente en La Meca en forma de tribalismo. Los quraishíes se consideraban a sí mismos (en particular) y los árabes (en general) superiores al resto de la gente. El Mensajero vino con el Mensaje Divino y proclamó: «Ningún árabe es superior a un no árabe y nadie de la raza blanca es superior a alguien de la raza negra» (Ibn Hanbal, 5:441). Y dijo: «Incluso si fuese un musulmán abisinio de color el que gobernase a los musulmanes, éste debería ser obedecido» (Muslim, «Imarah», 37).

El Mensajero erradicó el racismo y la discriminación basada en la raza con tanto éxito que, por ejemplo, ‘Umar dijo una vez de Bilal, quien era de raza negra: «Bilal es nuestro amo y fue emancipado por nuestro amo Abu Bakr» (Ibn Hayar, 1:165). Una vez Abu Zarr se enfadó tanto con Bilal que le insultó y le dijo: «¡Hijo de negra!». Bilal fue al Mensajero y le contó llorando el incidente. El Mensajero le reprochó a Abu Zarr diciéndole: «¿Todavía tienes restos de la Yahiliyya?». Lleno de arrepentimiento, Abu Zarr se tiró al suelo y dijo: «No voy a levantar mi cabeza (queriendo decir que no se levantaría) hasta que no ponga Bilal su pie sobre la misma y pase por encima de ella». Bilal le perdonó y se reconciliaron (al-Bujari, «Iman», 22).

Zayd ibn Hariza, un esclavo de color liberado por el Mensajero, era el hijo adoptivo de éste antes de que la Revelación prohibiese dicha adopción. El Profeta le casó con Zaynab bint Yash, una de las más nobles musulmanas árabes. Además de eso, nombró a Zayd comandante del ejército enviado contra el Imperio Bizantino, aun figurando en el mismo Compañeros tan destacados como Abu Bakr, ‘Umar, Yafar ibn Abu Talib (el primo del Mensajero) y Jalid ibn Walid (el comandante invencible de la época) (Muslim, «Fada’il as-Sahabah», 63).

Nombró al hijo de Zayd, Usama, para dirigir el ejército que formó justo antes de morir. Figurando en el mismo Compañeros tan destacados como Abu Bakr, ‘Umar, Jalid, Abu Ubayda, Talha y Zubayr. Esto estableció en los corazones y mentes de los musulmanes que la superioridad no era por la raza o la sangre, sino por la rectitud y la devoción a Dios.

Durante su califato, ‘Umar pagó a Usama un salario más elevado que el de su propio hijo, Abdullah. Cuando su hijo preguntó el porqué, ‘Umar respondió: «Lo hago porque sé que el Mensajero amaba a su padre más que a mí y porque amaba a Usama más que a ti» (Ibn Sa’d, 4:70).

[12] Ser un musulmán tiene tres aspectos: Uno es creer en todos los fundamentos de la fe islámica y someterse a Dios y a Su Mensajero incondicionalmente llevando a cabo las órdenes del Islam. Esto es ser un musulmán sincero. El segundo es aceptar la soberanía del gobierno islámico o ser un musulmán según la ley. Esto requiere una declaración verbal de fe, uniéndose a la congregación musulmana en la Oración, y pagando la Limosna Prescrita Purificadora (az-Zakah), y no hacer nada abiertamente que invalide la declaración de fe. Una persona así puede ser un hipócrita, pero es tratada como un musulmán por la ley. El tercero sólo es la sumisión al gobierno islámico. Los Beduinos mencionados en el versículo eran musulmanes del tercer tipo.

[13] Esto tiene tres significados:

  • Si verdaderamente creéis y obedecéis a Dios y a Su Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, Él no disminuirá nada en la recompensa de vuestros actos en el mundo y, especialmente, en el Más Allá.
  • Si continuáis obedeciéndole a Dios y a Su Mensajero en sumisión al estado musulmán, nunca quedaréis sin recompensa por vuestros servicios en el mundo.
  • Si un incrédulo virtuoso que no tiene demasiados prejuicios o no es demasiado arrogante para creer lleva a cabo buenos actos complaciendo a Dios y no es injusto con los demás, Dios normalmente le recompensa o favorece con la fe. Un hombre le preguntó al Mensajero de Dios: «¿Nuestros actos en Yahiliyya serán recompensados?». El Mensajero respondió: «Dios os otorgó el Islam por aquellos actos vuestros» (al-Bujari, «Adab», 16; Muslim, «Iman», 194).
 
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