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Sura 48 Al-Fath (La Victoria) PDF Imprimir E-Mail
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escrito por Ali Ünal   
22.08.2009

Período de Medina

Esta sura fue revelada en Medina en el sexto año posterior a la Hégira, en ocasión del Tratado de Judaybiya entre la ciudad-estado musulmana de Medina y los politeístas de La Meca. Posee 29 versículos y su título proviene de la palabra al-fath (victoria) que aparece en el primer versículo. Menciona esta victoria, después critica las actitudes de los hipócritas, continúa con otras promesas a los musulmanes, y finaliza mencionando ciertas virtudes importantes de la comunidad musulmana.

En el Nombre de Dios, el Misericordioso, el Compasivo.

1. No cabe duda de que te hemos concedido una victoria manifiesta (que es una puerta abierta a otras victorias),[1]

2. Para que Dios te perdone (Oh Mensajero) tus pecados del pasado y aquellos por venir[2], y complete Su favor sobre ti[3], y te dirija (a la constancia) en un camino recto (que conduce a la complacencia de Dios contigo y a la felicidad eterna)[4];

3. Y para que Dios te ayude a una gloriosa y poderosa victoria,

4. Él es Quien hizo descender Su (regalo de) paz interior y consuelo en los corazones de los creyentes, de modo que añadan fe sobre su fe. A Dios Le pertenecen los ejércitos de los Cielos y de la Tierra[5]; y Dios es Omnisciente, Omnisapiente.

5. Y para que Él admita a los hombres creyentes y las mujeres creyentes en los jardines a través de los cuales discurren ríos, donde morarán; y que borre sus actos malvados. Esto es un triunfo supremo ante Dios,

6. Y para que Él castigue a los hombres hipócritas y a las mujeres hipócritas, así como los hombres y las mujeres que asocian copartícipes a Dios, quienes abrigan siempre pensamientos malvados acerca de Dios[6]. Suya será la maligna rueda de destino. Dios los ha destinado a un castigo severo, los ha excluido eternamente de Su Misericordia, y ha preparado para ellos el Infierno. ¡Cuán funesto destino de llegada!

7. A Dios Le pertenecen los ejércitos de los Cielos y de la Tierra. Dios es el Glorioso poseedor de irresistible poder, Omnisapiente.

8. Te hemos enviado sin duda como Mensajero, como un testigo (de la verdad del Islam y a la falsedad de otros caminos, y como un testigo de los actos de la gente en ambos mundos); y como portador de buenas nuevas (de prosperidad a cambio de la fe y la rectitud); y como un advertidor (contra las consecuencias del extravío);

9. Y para que vosotros (Oh seres humanos y genios) creáis en Dios y en Su Mensajero (y apoyéis Su causa); y tengáis a Dios en la más alta estima; y glorificadlo a Él a primera hora de la mañana y por la tarde (es decir, día y noche).

10. Aquellos que te juran lealtad (Oh Mensajero), juran lealtad tan solo a Dios. La «Mano» de Dios se encuentra sobre sus manos[7]. Así pues, todo aquel que rompe su juramento, rompe su juramento tan solo en perjuicio de sí mismo; y todo aquel que cumple lo que ha jurado a Dios, Él le concederá una tremenda recompensa.

11. Aquellos de entre los beduinos que (no respondieron a tu llamada para participar en la campaña de la Peregrinación Menor) se rezagaron te dirán (como excusa): «Nuestras posesiones y familias nos mantuvieron ocupados, así que pide a Dios por nuestro perdón». Hablan con sus lenguas aquello que no se encuentra en sus corazones. Di (a ellos): «¿Quién puede interceder por vosotros con Dios si Él dispone un daño para vosotros o si Él dispone un beneficio para vosotros? (Cualquiera que sea la excusa que ofrezcáis, considerad que) Dios se halla perfectamente informado de todo lo que hacéis»[8].

12. En verdad, vosotros pensasteis que el Mensajero y los creyentes nunca regresarían con sus familias (desde la Campaña), y este pensamiento era embellecido para que os pareciera atrayente en vuestros corazones, y albergasteis un pensamiento malvado (que Dios no ayudaría a los creyentes y serían derrotados). Vosotros (al pensar de esta manera habéis demostrado ser y así pues) sois un pueblo despreciable y condenado a perecer.

13. Todo aquel que no cree (y no confía) en Dios y Su Mensajero: así pues hemos preparado sin duda un Fuego Llameante para los incrédulos.

14. A Dios Le pertenece la soberanía de los Cielos y de la Tierra; Él perdona, a quien Su Voluntad dicta y castiga a quien Su Voluntad dicta. Dios es Indulgente, Compasivo[9].

15. Cuando vosotros (Oh creyentes) partís para (la campaña militar durante la cual ellos piensan que seguramente vais a) tomar botines de guerra, aquellos que se rezagaron (antes) dirán: «Permítenos que vayamos con vosotros». Desean alterar el decreto de Dios. Di (a ellos): «De ningún modo vendréis con nosotros. Tal (decisión) con respecto a vosotros es lo que declaró Dios antes». Entonces dirán: «Más bien, tenéis envidia de nosotros». Pero el hecho es que carecen de discernimiento y comprensión, a excepción de muy poco[10].

16. Di a aquellos de los habitantes del desierto que se rezagaron: «Pronto seréis llamados (a luchar) contra un pueblo de gran poder militar; entonces o vais a combatir contra ellos o se someterán a Dios y se convertirán en musulmanes. Si obedecéis, Dios os concederá una hermosa recompensa; pero si os apartáis, tal y como antes os apartasteis, Él os castigará con un castigo doloroso»[11].

17. No incurre en falta el ciego, ni el cojo, ni el enfermo (por no ir a una guerra en la causa de Dios). Todo aquel que obedece a Dios y a Su Mensajero (en los deberes religiosos con los que es encargado y puede realizar), Dios lo admitirá en los Jardines a través de los cuales discurren ríos. Pero todo aquel que se aparta, Él lo castigará con un castigo doloroso.

18. Dios estuvo sin duda alguna complacido con los creyentes cuando te juraron lealtad debajo del árbol. Él sabía lo que había en sus corazones (la sincera intención y la lealtad a la causa de Dios) y, por lo tanto, Él hizo descender (el regalo de) paz interior y consuelo sobre ellos, y los recompensó con una victoria cercana,

19. Y muchos botines de guerra que tomarán[12]. Y Dios es el Glorioso poseedor de irresistible poder, Omnisapiente.

20. Dios os ha prometido abundantes botines de guerra que vosotros tomaréis más adelante[13], y estos os ha concedido Él como recompensa actual (por vuestra obediencia y pureza de intención)[14]. Y Él ha retirado de vosotros las manos de (otros hostiles) pueblos de modo que sea una señal para los creyentes (respecto a la verdad de su camino y de las promesas que Dios les ha hecho), y que Él os dirija (con firmeza) a un camino recto.

21. Y aún así existen otros (botines) los cuales no habéis tenido la posibilidad de adquirir y a pesar de ello Dios ha abarcado (en Su Conocimiento y Poder, y os los concederá). Dios posee sin lugar a dudas pleno poder sobre todas las cosas.

22. Si los incrédulos (de La Meca) hubieran combatido contra vosotros (en lugar de firmar el tratado con vosotros en Judaybiya), habrían dado la espalda huyendo; y entonces no habrían encontrado a ningún guardián protector o auxiliador (para rescatarlos).

23. Es el camino de Dios el que ha continuado (siempre) desde el pasado;[15] nunca encontrarás cambio alguno en el camino de Dios.

24. Y Él es Quien retiró sus manos de vosotros y vuestras manos de ellos en el valle de La Meca, después de que Él os hubiera concedido la victoria sobre ellos[16]. Sin duda alguna Él contempla bien todo lo que vosotros hacéis.

25. (Dios los derrotó ya que) son aquellos que no han creído y que os impidieron (visitar) la Mezquita Sagrada y (no permitieron que) las ofrendas alcanzaran su destino. Y si no hubiera habido (en La Meca) hombres y mujeres creyentes a los que vosotros no conocíais y, por lo tanto, podíais haberles arrollado, y así algo indeseado os podría afligir por su causa (por lo que vosotros hicisteis) sin saberlo, (Dios no habría retirado vuestras manos de la lucha. Sin embargo retiró vuestras manos) de modo que Él pueda admitir a Su Misericordia a quien Su Voluntad dispone (perdonando a los creyentes en La Meca, y permitiendo a muchos de entre los habitantes de La Meca que abrazaran el Islam con el tiempo). Si ellos (los creyentes y los incrédulos en La Meca) se hubieran separado claramente, habríamos castigado sin duda alguna a aquellos incrédulos que se hallaban entre ellos con un castigo doloroso.

26. Cuando aquellos incrédulos abrigaban en sus corazones un fiero fanatismo (proveniente de la egolatría, el tribalismo y la enemistad), el fanatismo específico de la Época de la Ignorancia, Dios hizo descender Su (regalo de) paz interior y consuelo en Su Mensajero y en los creyentes, y uniéndolos a la Palabra de fe, piedad y reverencia a Dios. Eran los más dignos de ella y se merecieron más la misma. Y Dios posee pleno conocimiento de todas las cosas.

27. Dios sin duda alguna ha confirmado la visión para Su Mensajero como verdad (y la cumplirá sin lugar a dudas) en realidad[17]: en verdad vosotros entrareis en la Mezquita Sagrada, si Dios quiere[18], en suma seguridad, con vuestras cabezas afeitadas o vuestro pelo recortado[19], y no tendréis nada que temer. Pero Él sabe siempre lo que vosotros no sabéis, y (por lo tanto, sin permitir que vosotros ingreséis en la Mezquita este año,) os ha concedido una victoria cercana antes de esto[20].

28. Él es Quien ha enviado a Su Mensajero con la guía Divina y la Religión de la verdad para que Él haga prevalecerla sobre todas las religiones[21]. Dios basta como testigo (para la verdad de Su promesa y la misión de Su Mensajero).

29. Muhammad es el Mensajero de Dios; y aquellos que se hallan en su compañía son firmes e inflexibles frente a los incrédulos, y compasivos entre sí. Vosotros los contempláis (constantes en la Oración) inclinándose y postrándose, buscando el favor de Dios y Su complacencia y aprobación. Sus señales se encuentran en sus rostros, marcados por la postración[22]. Esta es su descripción en la Tora; y su descripción en el Evangelio: como una semilla que ha echado su brote, después lo ha consolidado, y a continuación se ha levantado firmemente en su tallo, deleitando a los sembradores (con alegría y maravilla), que con ellos llena a los incrédulos de ira[23]. Dios ha prometido a todos aquellos de entre ellos que creen y hacen actos buenos y rectos el perdón (que traerá bendiciones imprevistas) y una tremenda recompensa.


[1] Este versículo aborda el Tratado de Judaybiya. Después de la Batalla del Foso (la sura 33:9-25; notas 7-12), el Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, comunicó a sus Compañeros que había tenido una visión (sueño) en la cual ellos entrarían dentro de poco en la Mezquita Sagrada de La Meca en seguridad. Sus Compañeros, especialmente los Emigrantes se mostraron encantados. Durante ese año, el año 627 d. de C., el Profeta, la paz y las bendiciones sean con él, partió hacia La Meca junto a 1.400/1.500 personas con sus atuendos de peregrinos.

Informados de este acontecimiento, los quraishíes se armaron a sí mismos y a las tribus vecinas para mantener a los musulmanes fuera de La Meca. Los musulmanes se detuvieron en Judaybiya, a 20 kilómetros de La Meca. Los intercambios de enviados tuvieron lugar.

Finalmente el Mensajero envió a ‘Uzman ibn al-Affan, el cual tenía poderosos familiares entre los quraishíes. Aunque ‘Uzman vino a negociar, los quraishíes lo capturaron. Al no llegar a la hora prevista, corrieron rumores de que le habían matado. En ese momento, el Profeta, sentado bajo un árbol, hizo jurar a sus Compañeros que se mantendrían unidos y que lucharían hasta la muerte.

En aquel momento de tensión, una nube de polvo apareció en la distancia. Resultó ser una delegación de los de La Meca dirigida por Suhayl ibn Amr. Finalmente, los quraishíes accedieron a hacer una tregua y se firmó el Tratado de Judaybiya.

Bajo dicho tratado, el Profeta y sus seguidores podrían hacer la peregrinación al año siguiente, no este año, para lo cual los habitantes de La Meca desalojarían la ciudad por tres días. El tratado también estipulaba una tregua de diez años; que la gente y las tribus podrían unirse o aliarse con quienes quisieran; y que los individuos o subordinados quraishíes que desertasen a Medina, serían devueltos. Esta última condición no era recíproca y, por lo tanto, había oposición a la misma en el campamento musulmán. Sin embargo, fue de poca importancia. Los musulmanes devueltos a La Meca no solían renunciar al Islam. Muy al contrario, serían elementos de cambio en La Meca.

El Corán llamó al Tratado de Judaybiya «victoria manifiesta»: No cabe duda de que te hemos concedido una victoria manifiesta (48:1). Se comprobó que era cierto por varias razones, entre ellas:

  • Al firmar este tratado tras varios años de conflicto, los quraishíes admitieron que los musulmanes eran sus iguales. Al ver a los de La Meca hacer tratos con el Profeta como su igual y como gobernante, una oleada de conversos fluyó hacia Medina desde toda Arabia.
  • Muchos quraishíes se beneficiaron de la paz resultante al reflexionar finalmente sobre lo que estaba pasando. Quraishíes destacados como Jalid ibn Walid, ‘Amr ibn al-‘As y ‘Uzman ibn Talha, famosos por sus habilidades militares y políticas, aceptaron el Islam.
  • Los quraishíes consideraban la Kaba como propiedad exclusiva de ellos, por lo que solicitaban de sus visitantes que les pagasen un tributo. Al no someter el peregrinaje de los musulmanes a dicho tributo, los quraishíes acabaron, sin darse cuenta, con dicho monopolio. Las tribus beduinas comprendieron que los quraishíes no tenían derecho alguno a alegar propiedad en exclusiva.
  • En aquel entonces había hombres y mujeres musulmanes viviendo en La Meca. No todos en Medina sabían quiénes eran. Si se hubiese entablado una batalla en La Meca, el ejército musulmán victorioso habría matado a alguno de ellos. Esto hubiese provocado una gran angustia personal, a la vez que el martirio o la identificación de los musulmanes quienes habían estado ocultando su fe en secreto. Este tratado previno tal desastre.
  • El Profeta, la paz y las bendiciones sean con él, realizó la peregrinación menor al siguiente año. La afirmación: «No hay más deidad que Dios y Muhammad es Su Mensajero», sonó por toda La Meca. Los quraishíes, acampados en la colina de Abu Qubays, oyeron este presagio de la próxima victoria del Islam. Esta fue, de hecho, la confirmación de Dios de la visión que dio a Su Mensajero.
  • El tratado le permitía al Mensajero establecer relaciones diplomáticas con otros. Sus vecinos, además de otras tribus árabes, estaban impresionados por la creciente fuerza del estado musulmán. El Mensajero asimismo envió cartas a los reyes y jefes de las tribus vecinas invitándoles a abrazar el Islam.
  • Los musulmanes se expandieron por toda Arabia y comunicaron el Mensaje del Islam. Mientras que durante los primeros 19 años, desde el comienzo de la misión del Profeta hasta el Tratado de Judaybiya, solamente unas miles de personas abrazaron el Islam, durante los dos años posteriores al Tratado más de 5.000 personas se convirtieron.
  • Durante el período de armisticio, los musulmanes obtuvieron nuevas victorias tales como la conquista de al-Jaybar.
  • Los musulmanes cumplieron fielmente las cláusulas del tratado. Sin embargo, una tribu aliada de los quraishíes no lo hizo así. La tribu Banu Bakr atacó a la tribu Banu Juda que se habían aliado al Profeta. Por lo tanto en diciembre de 629, el Mensajero marchó con un ejército de diez mil hombres contra La Meca, capturándola sin apenas resistencia el primer día del nuevo año. La Kaba fue purificada de ídolos y, en los dos días siguientes, los habitantes de La Meca abrazaron el Islam.

Así pues, este versículo demostró ser otro milagro manifiesto del Corán.

[2] Antes de proceder a explicar la infalibilidad de los Profetas, debemos precisar que, como será indicado en el versículo anterior, los pecados mencionados aquí son los pecados cometidos por los creyentes, no el Mensajero mismo, la paz y las bendiciones sean con él. Como en muchos otros versículos, Dios se dirige a los creyentes a través de la persona del Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él. Sin embargo, el Mensajero también tiene una parte en esta alocución. Debe ser entendido teniendo en cuenta la explicación siguiente:

La infalibilidad en el sentido de carecer de pecado es un atributo necesario de los Profetas. Su infalibilidad es un hecho basado en la razón y la tradición. Esta cualidad se requiere por varios motivos.

  • En primer lugar, los Profetas vinieron para transmitir el Mensaje de Dios. Si comparamos este Mensaje con el agua pura o con la luz (13:17, 24:35), el Arcángel Gabriel —quien lo trajo— y el Profeta —quien lo comunicó— también deben ser absolutamente puros. Si no fuera así, su impureza contaminaría el Mensaje. Cada error es una impureza, una mancha oscura en el corazón. Los corazones o las almas de Gabriel y del Profeta se parecen a espejos pulidos que reflejan la Revelación Divina a la gente, una fuente en la cual las personas sacian su sed con el agua pura y Divina.
  • Cualquier punto negro en el espejo absorbería un rayo de aquella luz; una sola gota de barro volvería el agua turbia. Por consiguiente, los Profetas no serían capaces de entregar el Mensaje al completo. Sin embargo, ellos lo transmitieron perfectamente, tal y como fue declarado en la sura 5:3, 67.
  • En segundo lugar, los Profetas enseñan a su gente todas las órdenes y los principios de la creencia y la conducta. Para que la gente aprenda su religión en su pureza y verdad prístina y tan perfectamente como sea posible para asegurar su felicidad y prosperidad en ambos mundos, los Profetas deben representar y luego presentar la Revelación sin falta o defecto. Esta es su función como guías y buenos ejemplos a seguir (33:21; 60:4,6). Un Profeta puede hacer o decir sólo aquello que ha sido autorizado por Dios. Si no pudiera, tendría que arrepentirse incluso más allá de su presente vida.
  • En tercer lugar, el Corán ordena que los creyentes obedezcan las órdenes y las prohibiciones del Profeta, sin ninguna excepción y enfatiza que cuando Dios y Su Mensajero han decretado un asunto, no le corresponde a un hombre creyente y una mujer creyente tener dudas respecto a ello (33:36). Además advierte a los creyentes que lo que les incumbe a los creyentes, cuando Dios y Su Mensajeroemite un juicio, es: «Hemos oído y obedecemos» (24:51). La obediencia absoluta a un Profeta significa que todas sus órdenes y prohibiciones son correctas e irreprochables.

Entonces, ¿cómo podemos evaluar algunos versículos que mencionan el perdón de los Profetas?

La Misión Profética es un favor tan grande que todos los Profetas soportaban todo tipo de dificultades, mientras realizaban el deber de dar las gracias a Dios y siempre se preocupaban por no haberle venerado lo suficientemente. El profeta Muhammad a menudo imploraba a Dios de la siguiente manera: «¡Gloria a Ti! Nosotros no hemos sido capaces de conocerte como requiere Tu conocimiento, Oh el Conocido. ¡Gloria a Ti! Nosotros no hemos sido capaces de venerarte como Tu veneración requiere, Oh el Venerado».

Los versículos coránicos que son a veces entendidos —equivocadamente— como reprimenda para ciertos Profetas por algunas faltas suyas o mostrar que ellos buscan el perdón de Dios por algún pecado que cometieron, deben ser considerados desde este punto de vista. Además, el perdón de Dios no siempre significa que un pecado haya sido cometido. Las palabras coránicas afw (indulgencia) y maghfira (perdón) también significan un favor y bondad especial, así como la bendición Divina, en el caso de haberse aliviado o pasado por alto un deber religioso, como reza en los versículos siguientes:

Por lo tanto, ante aquel que se vea compelido por una necesidad perentoria (y sea llevado a cometer lo prohibido) sin inclinarse a propósito hacia el pecado, no cabe duda de que Dios es Indulgente, Compasivo (5:3).

Pero si [...] no encontráis agua, recurrid a la tierra pura y pasárosla ligeramente por vuestra cara y manos (y brazos incluidos los codos). Es cierto que Dios es Aquel Quien concede remisión, Indulgente (4:43).

Además, los pecados (lapsos con respecto a los Profetas) y el perdón tienen diferentes tipos y grados. Estos son: desobedecer mandamientos religiosos y su perdón implícito; desobedecer las leyes de Dios sobre la creación y la vida y su perdón implícito; y desobedecer las reglas de los buenos modales o la cortesía y el perdón del mismo. Un cuarto tipo, que no es un pecado, implica no hacer algo tan perfectamente como sea posible lo que es requerido por el amor a Dios y la proximidad a Él. Algunos Profetas pueden haber hecho esto, pero estos actos no pueden ser considerados pecados según la definición común.

[3] Véase la sura 5:3, nota 1.

[4] Así como con la alocución en la primera parte del versículo relacionada con el perdón de los pecados, esta alocución también es, como se apreciará en el versículo 20, para los creyentes por medio de la persona del Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, aunque él también posee una parte en ella con respecto a su categoría como Mensajero y en su condición de persona más cercana a Dios, y por lo tanto, con respecto a su relación con Dios.

[5] Algunos de los ejércitos de los Cielos y la Tierra son ángeles así como todas las fuerzas y leyes en el Universo que la ciencia moderna incorrectamente denomina «fuerzas y leyes de la naturaleza».

[6] El versículo menciona a los hipócritas antes que a los politeístas. Esta es la razón por la cual el daño que los hipócritas provocan a los musulmanes es peor que el causado por los politeístas y, por lo tanto, se hallarán en la más baja categoría del Fuego (4:145). Albergar pensamientos malvados acerca de Dios no significa sino tener cualquier pensamiento malvado sobre Dios que es indecoroso acerca de Él. Aquí, en particular significa el pensamiento de que Dios no ayudará a los creyentes y no hará el Islam victorioso, y que, por lo tanto, lo que Él ha prometido es, —¡Dios no lo quiera!— una mentira.

[7] Esta declaración posee dos significados importantes. Ya que la obediencia al Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, significa lo mismo que obediencia a Dios (4:80), y su acto de arrojar al enemigo significa lo mismo que el acto de arrojar de Dios (8:17), la mano del Mensajero que está sobre la mano que él sujeta en lealtad representa la Mano de Dios. (En relación con Dios la «mano» o cualquier otro término semejante es metafórico). El otro significado es que Dios ayuda a aquellos que juran lealtad al Mensajero. Así pues, aquí «Mano» significa Poder.

[8] Este versículo y el siguiente hacen referencia a los árabes del desierto que no atendieron a la llamada del Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, para participar en la Campaña de ‘Umra (Peregrinación Menor) que efectuaron en el sexto año después de la Hégira, pensando que los quraishíes exterminarían a los musulmanes y no podrían regresar de nuevo a Medina.

[9] Este versículo es significativo para entender el perdón y el castigo de Dios. En primer lugar, Él lleva a cabo lo que Su Voluntad dispone y de este modo no puede ser cuestionado en relación con Su voluntad y Sus actos. Sin embargo, Él nunca lleva a cabo cualquier cosa que sea injusto; Él perdona muchos de los pecados de Sus siervos a menos que no crean y/o asocien copartícipes a Él; y muestra compasión especial hacia ellos. Así pues, la conclusión del versículo mencionándole a Él como Indulgente, Compasivo (Aquel Quien posee compasión particular hacia Sus siervos) es un gran consuelo y fuente de esperanza para los siervos que tiemblan ante Su Majestad. Esto se subraya en la primera parte del versículo.

[10] Después del Tratado de Judaybiya, los creyentes tomaron varias tribus bajo control, y conquistaron Jaybar. Una vez que los árabes hipócritas del desierto contemplaron a los musulmanes conquistar a todos sus enemigos, desearon participar en la Campaña de Jaybar con la esperanza de ganar botines de guerra. Sin embargo, Dios decretó que solamente aquellos que habían participado en la Campaña de la Peregrinación Menor podrían participar en esta campaña. Así pues fueron dejados desprovistos de los botines de guerra que tanto habían anhelado.

[11] Se dan numerosas predicciones en esta sura, como por ejemplo, que:

Dios ayudaría a los creyentes y los favorecería con grandes victorias;

Los que se rezagaron en la Campaña de la Peregrinación Menor intentarían disculparse con pretextos falsos;

Desearían participar en la campaña contra Jaybar que habría de tener lugar siguiendo el Tratado de Judaybiya, con la intención de tomar botines de guerra;

Los musulmanes tendrían que luchar contra tribus o estados poderosos en el futuro;

Los musulmanes habrían de tomar abundantes botines de guerra en batallas que acontecerían en el futuro;

El Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, y sus Compañeros, que Dios esté complacido de ellos, visitarían la Kaba en seguridad, terminando así la Peregrinación Menor un año después de que lo hubieran planificado;

Dios completaría su favor sobre el Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él;

El Islam continuaría prosperando de manera tan poderosa y rápida que maravillaría a los musulmanes y a otros.

Todas estas predicciones se hicieron realidad en un plazo de tiempo muy breve.

El pueblo mencionado en este versículo debe ser una de las tribus árabes politeístas que habitaban en Hiyaz o las regiones vecinas; algunas de estas tribus son mencionadas en Surat at-Tawba. Los musulmanes tuvieron que ofrecerles dos alternativas, o tendrían que resignarse a luchar o convertirse en musulmanes. Lo más probable es que haga referencia a las tribus Zaqif y Hawazin, contra las cuales el Mensajero de Dios, la paz y las bendiciones sean con él, tuvo que luchar tras la Conquista de La Meca para detener sus ataques.

[12] El versículo menciona la lealtad que los cerca de 1.400-1.500 creyentes juraron al Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, en Judaybiya. Cuando los rumores que afirmaban que ‘Uzman ibn Affan —quien había sido enviado a La Meca para negociar la intención de los musulmanes de efectuar la Peregrinación Menor— había sido asesinado empezaron a circular, el Mensajero de Dios instó a los creyentes en su compañía a que le juraran lealtad y juraran defenderse a sí mismos a pesar de la posibilidad de que puedan caer muertos. Habían venido con la intención de visitar la Kaba y efectuar la Peregrinación Menor. Sin embargo, cuando se encontraron con la reacción inesperada y sentían que su causa se hallaba bajo una gran amenaza, se unieron alrededor del Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, como si de un solo cuerpo se tratase. No tenían otra intención que no fuera la de servir a la causa de Dios para ganar Su aprobación y complacencia. Dios estuvo complacido con la pureza de intenciones y la fidelidad en sus corazones. Así pues, Él los favoreció con una victoria en un futuro próximo: es decir, la conquista de Jaybar y abundantes botines de guerra.

[13] Los abundantes botines de guerra prometidos son los botines que los musulmanes habrían de adquirir en las batallas que tuvieron que luchar después de la Batalla de Jaybar.

[14] La recompensa actual concedida a los musulmanes no es sino los botines de guerra que adquirieron en la Batalla de Jaybar.

[15] Este camino es el que se indica en (4:141): …y Dios nunca permitirá a los incrédulos encontrar un camino (de triunfo) sobre los (verdaderos) creyentes, y en (3:139):…seréis siempre superiores si sois (verdaderos) creyentes.

[16] Esta victoria es la que acaeció cuando los habitantes de La Meca no pudieron hacer nada a los musulmanes que habían venido para la Peregrinación Menor, y regresaron sanos y salvos junto a sus familias, a pesar de las expectativas de los hipócritas. Asimismo, los habitantes de La Meca tuvieron que reconocer a Medina como una ciudad-estado semejante a la suya, y los musulmanes aseguraron la Peregrinación Menor para el año siguiente. La tregua firmada también les preparó el terreno para comunicar el Islam en circunstancias de paz y, en consecuencia, numerosas personas se convirtieron. Todos estos progresos terminaron dos años más tarde, en la Conquista de La Meca, la decisiva victoria sin derramamiento de sangre del Islam.

[17] Para esta visión, véase la nota 1 en esta sura.

[18] Si Dios quiere, posee tres significados aquí:

Vuestra entrada en la Mezquita Sagrada, como el resto de los acontecimientos en el Universo y en vuestras vidas, ocurrirá por Voluntad de Dios, no por tu voluntad o la de los politeístas de La Meca. Así pues, no preguntéis al Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, por qué a vosotros no se os ha permitido entrar este año.

El versículo nos enseña que lo que pensamos o hemos decidido hacer en el futuro, debemos referirlo siempre a la Voluntad de Dios y decir: «Nosotros haremos o intentaremos hacerlo si es la Voluntad de Dios» (Véase la sura 18:23).

Algunos pueden morir antes de su momento para entrar en la Mezquita o no podrán unirse a los musulmanes que irán a visitarla.

[19] Durante la Peregrinación, los hombres afeitan sus cabezas totalmente o se cortan el pelo como señal del cumplimiento de la Peregrinación, ya sea la mayor o la menor. Tener las cabezas afeitadas es más gratificante. Las mujeres, por su parte, tienen solamente algo de su pelo cortado. Así pues esta declaración significa que los musulmanes cumplirán en suma seguridad la Peregrinación menor y la visión del Mensajero se hará realidad.

[20] Esta victoria debe ser el Tratado de Judaybiya, que demostró ser finalmente una victoria manifiesta. (Véase anteriormente, el versículo 1, nota 1.)

[21] Para una explicación más detallada, véase la sura 9:33, nota 9.

[22] Es decir, el hecho de que son creyentes se puede discernir en sus caras. Su fe se refleja en su estilo de vida y en su aspecto exterior, incluyendo especialmente sus rostros.

[23] Aunque es difícil encontrar estas descripciones en las versiones actuales de la Tora y del Evangelio, las citas siguientes demuestran que existieron definitivamente en sus originales:

Dijo: El Señor vino del Sinaí, brilló para ellos desde Seír; resplandeció desde el monte Parán. Con él las miríadas de Cadés, Ley de fuego en su diestra para ellos. Tú que amas a los antepasados, todos los santos están en tu mano. Y ellos, postrados a tus pies, cargados están de tus palabras (Deuteronomio, 33:2-3).

También decía: «El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. Y cuando el fruto lo admite, enseguida se le mete la hoz, porque ha llegado la siega». Decía también: «¿Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos? Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra en la tierra; pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra». Y les anunciaba la Palabra con muchas parábolas como éstas, según podían entenderle (Marcos, 4:26-33)

 
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