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El Sagrado Corán y Su Interpretación Comentada
Sura 33 Al-Ahzab (Los confederados) | Sura 33 Al-Ahzab (Los confederados) |
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| escrito por Ali Ünal | |
| 20.08.2009 | |
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Período de Medina Esta sura de 73 versículos fue revelada en el quinto año del período de Medina, y adquiere su nombre del versículo 20, donde la palabra ahzab (los confederados) se da, refiriéndose a las fuerzas aliadas enemigas que asediaron Medina. La sura se centra en la Batalla del Foso, que resultó de ese asedio, y la campaña contra el Banu Qurayzah que siguió a la batalla. Además, la sura introduce leyes relacionadas con el matrimonio y el divorcio; describe nuevas regulaciones con respecto a la ley sucesoria, la vida familiar islámica y habla de la relación entre el Profeta, la paz y las bendiciones sean con él, y sus esposas y la comunidad islámica. También suprime una forma de adopción que había sido una costumbre establecida en el período pre-islámico. En el Nombre de Dios, el Misericordioso, el Compasivo. 1. ¡Oh Profeta (más ilustre)! Cumple tu deber hacia Dios en suma veneración a Él y la piedad, y no hagas caso (a las propuestas) de los incrédulos e hipócritas. Con toda seguridad Dios es Omnisciente, Omnisapiente[1]. 2. Sigue lo que es revelado a ti de tu Señor. Dios es sin duda se halla perfectamente informado de todo lo que hacéis. 3. Y deposita tu confianza en Dios. Dios es suficiente como Aquel en Quien confiar (y a Quien remitir todos los asuntos). 4. Dios no ha hecho para ningún hombre dos corazones dentro de su cuerpo (uno que sea asignado a creer en Él y Su veneración, y el otro a creer en otros y su veneración). Ni ha hecho a vuestras esposas a quienes declaráis ilícitas para vosotros empleando contra ellas la expresión «Sé para mí como la espalda de mi madre» (queriendo decir que os divorciáis de ellas[2]), vuestras madres (en realidad). Tampoco ha hecho a vuestros hijos adoptados vuestros hijos (en realidad)[3]. Aquellas son solamente expresiones que pronunciáis con vuestras bocas, mientras que Dios dice la verdad y guía al camino recto. 5. Llamadles (a los niños que habéis adoptado) por sus (verdaderos) padres: hacerlo así es más justo ante Dios. Si no sabéis quiénes son sus padres, entonces (son) vuestros hermanos de religión y vuestros protegidos (así que observad los deberes de fraternidad entre vosotros y ellos). Sin embargo, no tenéis culpa debido a los errores que podéis cometer involuntariamente (al nombrarlos), pero lo que vuestros corazones han premeditado (es muy importante). Dios es Indulgente y Compasivo. 6. El Profeta tiene más derecho sobre los creyentes que lo que tienen sobre sí mismos, y (viendo que él es como un padre para ellos) sus esposas son (como) sus madres[4]. Aquellos que son parientes de sangre tienen mayor derecho (en herencia y caridad) uno sobre el otro según el Libro de Dios que otros creyentes y los Emigrantes, salvo que debéis (no obstante) actuar amablemente hacia vuestros amigos (y legarles algo de vuestros bienes)[5]. Es lo que está escrito en el Libro (del Decreto de Dios). 7. Y (recuerda) cuando tomamos de los Profetas su palabra, y de ti (Oh Muhammad), y de Noé, de Abraham, de Moisés, y de Jesús, hijo de María, tomamos de ellos una palabra solemne, 8. De modo que Él pueda preguntar a los veraces sobre su veracidad (y todo lo que fue confiado a ellos)[6]; y Él ha preparado un castigo doloroso para los incrédulos. 9. ¡Oh vosotros que creéis! Recordad el favor de Dios sobre vosotros cuando las huestes (del enemigo) vinieron sobre vosotros, y Nosotros enviamos contra ellos un viento violento (que congela) y huestes (celestiales) que no pudisteis ver. Y Dios vio todo lo que hicisteis[7]. 10. (Recordad) cuando vinieron sobre vosotros desde encima vuestro (desde el este), y desde debajo de vosotros (desde el oeste), y cuando (vuestros) ojos estaban sin brillo, y (vuestros) corazones llegaron a la garganta, y (aquellos de débil fe entre) vosotros abrigabais pensamientos inútiles sobre Dios[8]. 11. Allí (en medio de esas circunstancias) los creyentes fueron puestos a prueba, y fueron sacudidos con un golpe tremendo. 12. Y (recordad) cuando los hipócritas y aquellos en cuyos corazones había una enfermedad (justo en ese momento en la situación en la que estaban,) decían: «Dios y Su Mensajero no nos prometieron sino el engaño[9]». 13. Y cuando un grupo entre ellos dijo: «¡Oh gente de Yazrib![10] No podéis resistir al enemigo (aquí); por lo tanto, regresad (a vuestras casas)». Y otro grupo entre ellos pidió el permiso del Profeta diciendo, «Sin duda nuestras casas están expuestas (al ataque)», aunque (en realidad) no lo estaban. No desearon nada más que huir. 14. Ahora si ellos (y sus casas) hubieran sido invadidos desde todos los lados (de la ciudad), y se les hubiera pedido abandonar (su fe), con toda seguridad habrían hecho así sino con poca vacilación. 15. Sin embargo antes de eso (jurando lealtad al Mensajero de Dios) habían hecho una alianza con Dios, que nunca darían la espalda (frente al enemigo). Por las alianzas hechas con Dios ciertamente se pedirá cuentas. 16. Di: «La huida no os servirá de nada si huís de la muerte o de ser matado (en la batalla). Da igual cuánto viváis, no está permitido disfrutar de la vida más que un poco tiempo (solo hasta vuestra hora señalada)». 17. Di: «¿Quién puede impedir a Dios de ello, si Él quiere un mal para vosotros, o si Él quiere una misericordia para vosotros?». No encontrarán para sí mismos, aparte de Dios, ni guardián ni ayudante. 18. Con toda certeza Dios conoce a aquellos de vosotros que están empeñados en desviar (a otros de luchar), así como a aquellos (siendo hipócritas) que dicen a sus hermanos, «(Dejad de arriesgar vuestra vida, así que) venid y uniros a nosotros», y no entran en lucha (de la batalla)salvo un poco, 19. Siendo muy mezquinos (al unirse a vosotros, y renuentes en ayudaros en la causa de Dios). Así que cuando (el peligro amenaza en la batalla y) viene el miedo, los ves (Oh Mensajero) mirándote (por ayuda), sus ojos poniéndose en blanco (por terror) como los ojos de alguien que está en trance de muerte. Pero una vez que (la batalla disminuye y) el miedo se aparta, os atacan con sus lenguas afiladas, siendo avaros para (una parte de) los bienes de ello (los botines de la victoria). Aquellos nunca (verdaderamente) han creído; y, por lo tanto, Dios ha hecho reducirse sus actos a la nada. Esto es muy fácil para Dios. 20. (Tienen tanto miedo que) piensan que los Confederados (realmente) no se han retirado. Si los Confederados vinieran una vez más, preferirían estar entre los beduinos en los desiertos y preguntar por las noticias de vosotros (que permanecer en Medina y enfrentarse a la batalla). Aunque estuvieran entre vosotros, lucharían poco. 21. Sin duda tenéis en el Mensajero de Dios un ejemplo excelente a seguir para quien anhela a Dios y el Día del Juicio Final, y recuerda y menciona a Dios en gran medida[11]. 22. Cuando los (verdaderos) creyentes vieron a los Confederados ante ellos, dijeron: «Esto es lo que nos prometieron Dios y Su Mensajero, y Dios y Su Mensajero dicen la verdad». Esto tan solo ha incrementado su fe y sumisión[12]. 23. Entre los creyentes se dan hombres (de gran valor) que han sido fieles a su alianza con Dios: entre ellos se dan aquellos que han cumplido con su promesa (permaneciendo firmes hasta la muerte), y aquellos que están esperando (su cumplimiento). Nunca han cambiado en modo alguno. 24. Por lo tanto, Dios recompensará a los veraces por haber sido fieles a su alianza, y castigará a los hipócritas si Él quiere, o dirigirse a ellos de manera indulgente y aceptar su arrepentimiento (si se arrepienten). En verdad que Dios es Indulgente y Compasivo[13]. 25. Dios repelió a aquellos que no creían aún furiosos sin ganar ningún bien. Dios fue suficiente para los creyentes en los enfrentamientos. En verdad que Dios es Todopoderoso, Glorioso poseedor de irresistible poder. 26. Y derribó de sus fortalezas a aquellos de la Gente del Libro que les habían apoyado (los Confederados en su ataque contra Medina), e infundió terror en sus corazones: algunos de ellos matasteis, y a otros tomasteis como prisioneros de guerra. 27. Y os hizo herederos de sus tierras, sus moradas, y sus posesiones, y una tierra (Jaybar) donde nunca habéis puesto el pie. Sin duda, Dios posee pleno poder sobre todas las cosas[14]. 28. ¡Oh Profeta (más ilustre)! Di a tus esposas: «Si deseáis la vida mundana y presente y sus encantos, entonces venid y dejadme hacer provisión necesaria para vosotras (a cambio del divorcio)[15], y os dejo libres con una esplendida liberación. 29. Pero si deseáis a Dios y a Su Mensajero, y la morada del Más Allá, entonces es un hecho que Dios ha preparado una tremenda recompensa para aquellas de entre vosotras que actúan de una buena manera, conscientes de que Dios las está contemplando[16]». 30. ¡Oh esposas del Profeta! Si alguna de vosotras cometiera un acto manifiestamente pecaminoso, el castigo sería el doble para ella. Esto es fácil para Dios. 31. Pero si cualquiera de vosotras obedece fervientemente a Dios y a Su Mensajero y hace actos buenos y rectos, le daremos a ella el doble de la recompensa; y hemos preparado para ella una provisión honorable y espléndida (en el Paraíso). 32. ¡Oh esposas del Profeta! Vosotras no sois como las otras mujeres, a condición de que os apartéis de la desobediencia a Dios con veneración a Él y piedad (y, por lo tanto, actuéis conscientes de vuestro estatus especial). Así que (aún más que otras mujeres creyentes) no seáis tan consentidas en vuestro discurso (cuando os dirigís a los hombres), para que no sea provocado el deseo de aquel que en su corazón haya una enfermedad, sino hablad de una manera honorable. 33. Y (preferid) permanecer en vuestros hogares (a menos que haya una necesidad. Si salís por alguna necesidad,) no salgáis ostentando vuestros encantos como (las mujeres solían hacer) en los tiempos antiguos de la Ignorancia. Y estableced la Oración conforme a sus condiciones, y pagad la Limosna Purificadora Prescrita, y obedeced a Dios y a Su Mensajero (en lo que ordenan). Dios solo quiere eliminar de vosotras, Oh miembros de la casa (del Profeta)[17], todo lo que sea detestable, y purificaros hasta la suma pureza. 34. Tened en cuenta y estudiad lo que se recita en vuestros hogares de las Revelaciones y de la Sabiduría (la cual especialmente incluye la Sunna de Su Mensajero). Sin duda Dios es Sutil (que penetra la parte más recóndita del corazón y la mente de los seres humanos), Consciente de todo. 35. Sin duda alguna todos los hombres y todas las mujeres que se someten a Dios (la sumisión de los cuales es atestiguada por sus palabras y actos), y todos los hombres verdaderamente creyentes y todas las mujeres verdaderamente creyentes, y todos los hombres sumamente obedientes y todas las mujeres sumamente obedientes, y todos los hombres y todas las mujeres honestos y veraces en su discurso (y fieles a sus promesas en sus actos), y todos los hombres y todas mujeres que perseveran (en obediencia a Dios en tiempos difíciles), y todos los hombres y todas las mujeres humildes (en la mente y en el corazón ante Dios), y todos los hombres y todas las mujeres que dan en limosna (y en la causa de Dios), y todos los hombres y todas las mujeres que ayunan (como un acto de devoción obligatorio o recomendado), y todos los hombres y todas las mujeres que guardan su castidad (y evitan exponer sus partes pudendas), y todos los hombres y todas las mujeres que recuerdan y mencionan a Dios en gran medida; para (todos) ellos, Dios ha preparado el perdón (para otorgar bendiciones imprevistas) y una tremenda recompensa. 36. Cuando Dios y Su Mensajero han decretado un asunto, no le corresponde a un hombre creyente y una mujer creyente tener una opción en la medida en que ellos mismos se hallan implicados[18]. Quien desobedece a Dios y a Su Mensajero está perdido en un extravío evidente. 37. (Recuerda) cuando tú (Oh Mensajero) dijiste a aquel a quien Dios ha favorecido (guiándole al Islam y con compañía cercana al Profeta), y a quien has favorecido (con amable tratamiento, consideración especial y liberación): «Mantén a tu esposa junto a ti y ten miedo de Dios (con respecto a tu tratamiento hacia ella)». Ocultabas dentro de ti lo que Dios (ya había decretado y) sin duda alguna sacaría a la luz: te preocupabas de que la gente (pudiera reaccionar de una manera dañina a su fe), mientras que Dios tiene más derecho a que Le temas (para que no yerres en el cumplimiento de Sus órdenes). Así pues, cuando Zayd había llegado al fin de su unión con ella (y ella había terminado su período de espera después del divorcio), te unimos con ella en matrimonio, para que no haya culpa (o impedimento legal) para los creyentes por lo que se refiere a (su casamiento con) las esposas de aquellos que llamaron sus hijos (aunque no lo eran en realidad), cuando los últimos hayan llegado al fin de su unión con ellas. Y la orden de Dios debe ser cumplida[19]. 38. No hay impedimento para el Profeta con respecto a lo que Dios ha ordenado y hecho legítimo para él. Esta era la manera de Dios con aquellos (Profetas) anteriores. La orden de Dios es un decreto determinado (en las medidas debidas para cada cosa, acontecimiento e individuo). 39. (Los Profetas son aquellos) quienes transmiten los Mensajes de Dios y tienen temor reverencial a Él; y no tienen temor reverencial sino tan solo a Él. Dios basta como Aquel Quien ajusta y establece las cuentas (de Sus siervos). 40. (Oh creyentes, sabed que) Muhammad no es el padre de ningún hombre entre vosotros, sino él es el Mensajero de Dios y el Sello de los Profetas[20]. Dios posee pleno conocimiento de todas las cosas. 41. ¡Oh vosotros que creéis! Recordad e invocad a Dios en gran medida, 42. Y glorificadle a Él (puesto que Él se halla por encima de todos los defectos y de tener copartícipes) por la mañana y por la tarde (día y noche)![21] 43. Él es Quien (a cambio de vuestra remembranza de Él) confiere Sus bendiciones especiales sobre vosotros, con Sus ángeles (que ruegan y piden Su perdón para vosotros), para llevaros fuera de la oscuridad (de todas sus clases, intelectual, espiritual, social, económica y política) a la luz (y manteneros firmes en esto). Él es Compasivo hacia los creyentes. 44. El Día cuando se encuentran con Él, su saludo (de aquellos que les dará la bienvenida será), «¡Paz!» (la promesa de seguridad eterna del castigo). Y Él ha preparado para ellos una recompensa honorable y espléndida. 45. ¡Oh Profeta (más ilustre)! Sin duda te hemos enviado (con la Misión Profética) como un testigo (de la verdad durante toda tu vida, y durante tu testimonio el Día del Juicio Final para tu comunidad acerca de sus actos), y como un portador de buenas nuevas (de la prosperidad a cambio de la fe y la rectitud) y advertidor (contra las consecuencias del extravío); 46. Y como alguien quien llama (a toda la humanidad y los genios) a Dios con Su permiso, y una lámpara que difunde luz (iluminando las mentes y los corazones, y mostrando el camino a aquellos que siguen esa luz)[22]. 47. Y (así que) da a los creyentes las buenas nuevas de que, sin duda alguna, para ellos se da una gran munificencia de Dios (además de lo que hayan merecido por su fe y buenas acciones). 48. Y haz caso omiso de (las propuestas de) los incrédulos y los hipócritas, y no te preocupes por los sufrimientos que te causan, y deposita tu confianza en Dios. Dios es suficiente como Aquel en Quien confiar y a Quien remitir todos los asuntos. 49. ¡Oh vosotros que creéis! Cuando habéis hecho un contrato matrimonial con alguna de las mujeres creyentes (incluyendo a aquellas que son de la Gente del Libro), y después las divorciéis antes de que las hayáis tocado, no tenéis ningún motivo para pedir que observen algún período de espera para vosotros. Haced una cierta provisión para ellas y dejadlas de buena manera[23]. 50. ¡Oh Profeta (más ilustre)! Hemos hecho legítimo para ti a tus esposas a quienes has pagado ya su dote nupcial, así como las que tu diestra posee de entre las cautivas de guerra que Dios te ha concedido, y las hijas de tus tíos paternos y tías paternas, y las hijas de tus tíos maternos y tías maternas, que han emigrado (a Medina) por la causa de Dios como tú hiciste; y cualquier mujer creyente que se ofrezca al Profeta (de buen grado, sin exigir ninguna dote nupcial), si el Profeta desea casarse con ella —una regla (de privilegio) para ti exclusivamente, no para los creyentes (en general)[24]— (ya hemos decretado e) hicimos conocido lo que hemos impuesto sobre ellos con respecto a sus esposas y las que sus diestras poseen[25]. (Este privilegio excepcional[26] es) para que no haya ningún obstáculo para ti (en cumplir tu misión debido a las relaciones matrimoniales)[27]. Dios es Indulgente, Compasivo. 51. Puedes rechazar a cualquiera entre ellas (las que se ofrecen a ti de buen grado) que quieras, y aceptar a quien quieras, así como puedes diferir el turno de visita a alguna de ellas (tus esposas) que quieras, y tomar a quien quieras[28]. No tienes culpa si das prioridad a una a quien diferiste antes. Esto será mejor para que estén contentas, y no se aflijan (cuando están diferidas), y que todas estarán contentas con tu tratamiento hacia ellas. Dios sabe (Oh gente) lo que se da en vuestros corazones. Dios es de hecho Omnisciente, Clemente. 52. Otras mujeres (que aquellas recientemente mencionadas, y aquellas que ya están casadas contigo[29]) no serán lícitas para ti tomarlas; ni (viendo que ellas —tus esposas— han preferido a Dios y a Su Mensajero a los encantos del mundo,) está permitido para ti cambiarlas por otras esposas, aunque su belleza te agradaría, excepto aquellas que tu diestra posea. Dios siempre observa todas las cosas. 53. ¡Oh vosotros que creéis! No entréis en los cuartos del Profeta (en su casa) a menos que os haya dado permiso, (y cuando estéis invitados) a comer, sin esperar el momento oportuno (cuando se servirá la comida). Más bien, cuando estéis invitados, entrad (en sus cuartos privados) en el momento oportuno; y cuando terminéis de comer, marcharos. No os quedéis por mera charla. Esto le causa molestia al Profeta, y es cohibido (para pedir) de vosotros (que os vayáis). Pero Dios no tiene miedo a (enseñaros) la verdad. Cuando preguntéis algo de ellas (sus esposas), preguntadles detrás de una cortina. Hacer así es más puro para vuestros corazones y para sus corazones. No es para vosotros causar daño al Mensajero de Dios, así como es ilícito para vosotros para siempre casarse con sus viudas después de él. Esto (casamiento con sus viudas) sería una gravedad ante Dios. 54. Reveléis algo o lo ocultéis en secreto, (sabed) que sin duda Dios posee pleno conocimiento de todas las cosas. 55. No tienen culpa (las esposas del Profeta, si hablan sin una cortina) con sus padres (incluso abuelos y tíos, paternos y maternos), o sus hijos (incluso nietos), o sus hermanos, o hijos de sus hermanos, o hijos de sus hermanas, o las mujeres musulmanas y las mujeres de la buena conducta con quien tienen relación, o las (doncellas) de quienes poseen sus diestras. Apartaros (Oh esposas del Profeta) de la desobediencia a Dios con veneración a Él y piedad (observando esta orden así como todas Sus otras órdenes). En verdad que Dios es testigo de todas las cosas. 56. No cabe duda de que Dios y Sus ángeles bendicen al Profeta (siempre Él le trata con Su misericordia especial, con los ángeles rogando a Él para que le conceda la estación más sublime de alabanza con Él, y para la victoria decisiva de su Religión). O vosotros que creéis, invocad las bendiciones de Dios sobre él, y rogad a Dios para que le conceda Su paz, saludándole con el mejor saludo. (Amadle y seguidle con suma sinceridad y fidelidad, y dedicaros a su camino con sumisión perfecta)[30]. 57. Los que afrentan a Dios y a Su Mensajero (por desacato para Él en palabras y actos y para Su Mensajero y valores islámicos), ciertamente Dios los maldice (los excluye de Su misericordia) en este mundo y en el Más Allá, y Él ha preparado para ellos un vergonzoso y humillante castigo[31]. 58. Y aquellos que afrentan a los creyentes y a las creyentes sin que hayan hecho algo malo para merecerlo, sin duda se han cargado con una calumnia y un flagrante pecado[32]. 59. ¡Oh Profeta (más ilustre)! Di a Tus esposas y tus hijas, así como a las mujeres (las esposas y las hijas) de los creyentes, que se pongan sobre sí mismas alguna parte de su ropa externa (cuando estén fuera de sus hogares y cuando estén ante los hombres con los cuales no está prohibido casarse por ser consanguíneos)[33]. Esto es mejor y más conveniente para que sean reconocidas (y respetadas por su dignidad y decoro) y que no sean acosadas[34]. En verdad que Dios es Indulgente y Compasivo[35]. 60. Sin lugar a duda, si los hipócritas y aquellos que tienen una enfermedad en sus corazones, y aquellos alarmistas en la Ciudad (dados a difundir falsos rumores para armar alboroto en el corazón de la Comunidad Islámica) no desisten, con toda seguridad te incitaremos contra ellos, y entonces no podrán permanecer en ello como tus vecinos sino tan solo poco tiempo, 61. Excluidos de la Misericordia de Dios para siempre; y dondequiera que sean encontrados, serán agarrados, y matados todos sin excepción[36]. 62. (Esta era) la manera de Dios con todos aquellos que precedieron. Nunca encontrarás cambio alguno en la manera de Dios. 63. La gente te pregunta acerca de la Última Hora (cuándo acontecerá). Di: «El conocimiento de ello se halla solo con Dios». A pesar de que sabéis, la Última Hora puede que se acerque. 64. Sin duda alguna Dios ha maldecido (eternamente ha excluido de Su Misericordia) a los incrédulos, y ha preparado para ellos el Fuego, 65. En el que morarán para siempre. No encontrarán ni a guardián ni ayudante. 66. El Día cuando sus caras se darán la vuelta una y otra vez en el Fuego, exclamarán, «¡Ay de nosotros! ¡Ojala hubiéramos obedecido a Dios y hubiéramos obedecido al Mensajero!». 67. Y dirán: «¡Señor nuestro! Sin duda obedecimos a nuestros jefes y a nuestros mayores, y nos hicieron seguir un camino engañoso. 68. ¡Señor nuestro! Hazlos sufrir el castigo doble, y maldícelos con una maldición tremenda (para que sean totalmente excluidos, absolutamente y eternamente, de Tu Misericordia)!». 69. ¡Oh vosotros que creéis! No seáis como aquellos (entre los Hijos de Israel) que afrentaron a Moisés, y (que seáis considerados que) Dios demostró su inocencia de todo lo que alegaron contra él. Él era de gran honor ante Dios[37]. 70. ¡Oh vosotros que creéis! Actuad con veneración a Dios y piedad, sin hacer cualquier cosa que provoque Su castigo, y siempre decid palabras verdaderas, apropiadas y acertadas, 71. Que Él haga vuestros actos buenos y rectos y os perdone vuestros pecados. Quien obedece a Dios y a Su Mensajero sin duda ha logrado un triunfo formidable. 72. Ofrecimos la Confianza a los Cielos, y a la Tierra, y las montañas, pero no se atrevieron a cargar con ella, y tenían miedo de ella (tenían miedo de no poder cumplir su responsabilidad), pero el ser humano la ha emprendido; él es de hecho propenso a hacer gran mal y juzgar mal, y actuar por pura ignorancia[38]. 73. (Como consecuencia de la elección de cada individuo) Dios castigará a los hipócritas, hombres y mujeres, y aquellos hombres y aquellas mujeres que atribuyen copartícipes a Dios, y se dirigirá a los creyentes, hombres y mujeres, con perdón (y compasión, a cambio de su arrepentimiento por cualquier mal que hacen). En verdad que Dios es Indulgente y Compasivo[39]. [1] Los musulmanes tuvieron que sufrir muchas dificultades después de la Batalla de Uhud. Un grupo de las tribus de Adal y al-Qarah, que eran aparentemente de la misma ascendencia ancestral que la tribu Quraish y que vivieron cerca de La Meca, llegó ante el Mensajero de Dios, la paz y las bendiciones sean con él, y, declarando que habían aceptado el Islam, pidieron que les diera algunos profesores. El Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, eligió a seis Compañeros para que fueran con ellos. Al llegar a la tierra de la tribu de Huzail, el grupo se paró y los Compañeros se pusieron a descansar. De repente, un grupo de los miembros de la tribu de Huzail les atacó y martirizó a cuatro de ellos, entregando a Hubaib ibn ‘Adiyy y Zaid ibn Dasinna al Quraish para que les ejecutaran. El mismo año, 40 (según otro informe, 70) profesores musulmanes fueron pedidos por el jefe de Banu Amir para que enseñara el Corán a una tribu de Nayd y fueron martirizados cerca del Pozo de Ma‘unah. El año siguiente, al Mensajero de Dios, la paz y las bendiciones sean con él, informaron que la tribu de Banu Asad hacía preparaciones para luchar contra Medina, y envió un ejército de 150 soldados para combatirlos, bajo el mando de Abu Salamah. La tribu judía Banu Nadir era, en principio, el aliado declarado de los musulmanes en Medina. Sin embargo, sus miembros intrigaron en secreto con los paganos de La Meca y con los hipócritas de Medina. Hasta intentaron matar al Profeta mientras él los visitaba, quebrantando toda norma de hospitalidad así como su tratado. El Mensajero les pidió que cambiaran su posición estratégica, unos cinco kilómetros al sur de Medina, y estuvieron de acuerdo en hacerlo así. Pero cuando Abdullah ibn Ubayy, el jefe de los hipócritas, les prometió ayuda en caso de batalla, los Banu Nadir se mostraron reacios. El ejército musulmán los sitió en sus fortalezas. Los Banu Nadir, al ver que ni los politeístas de La Meca ni los hipócritas de Medina se molestaron en ayudarles, abandonaron la ciudad. Estaban consternados pero se les perdonó la vida. Tenían diez días para abandonar la ciudad, la mayoría, junto con sus familias y todo lo que podían llevar, y muchos de ellos se unieron a sus hermanos en Siria y los otros en Jaybar (Ibn Hisham, 3:47-49, 190-192). Mientras volvían de Uhud, Abu Sufyan había desafiado a los musulmanes con una revancha en Badr para el año siguiente. Pero cuando llegó la hora designada, le falló el valor. En un ardid para salvar las apariencias, envió a Nuaym ibn Masud (entonces un incrédulo) a Medina para que hiciera correr el rumor de que los quraishíes estaban haciendo grandes preparativos de guerra y juntaban un ejército enorme e invencible. Sin embargo, cuando el Profeta llegó a Badr con un ejército de mil quinientos guerreros, no había ningún enemigo. Permanecieron durante ocho días allí, esperando el temible encuentro; pero como no hubo ninguna señal de que apareciera el ejército quraishí, volvieron a Medina. Esta campaña se llamaba Badr al-Sughra (la pequeña Badr). En 627, se le comunicó al Mensajero que las tribus del desierto, Anmar y Sa’laba, habían decidido atacar Medina. Él fue a Zat al-Riqa’ con cuatrocientos guerreros y al escuchar que las tribus enemigas habían huido, regresó a Medina. (Ibíd., 3:213). El mismo año, el Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, marchó sobre la gente de Duwmat al-Yandal, la cual vivió en la frontera entre Arabia y Siria. Esta gente había atacado a los comerciantes musulmanes y los había robado anteriormente. Cuando el ejército musulmán se encontró con ellos, huyeron y el territorio se quedó bajo el control musulmán. Era durante estos días difíciles que un grupo de los líderes de Quraish, bajo la dirección de Abu Sufyan vino a Medina y, junto con Abdullah ibn Ubayy ibn Salul, el líder de los hipócritas, ofreció al Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, su ayuda si él no se opondría su adoración de sus ídolos y que declarase que estos ídolos tuvieran un derecho de intercesión con Dios. El Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, rotundamente rechazó esta propuesta. Este versículo fue revelado con respecto a este acontecimiento (az-Zamajshari). [2] Esto se refiere a una costumbre pre-islámica entre los árabes paganos. Un marido diría a su esposa, «De aquí en adelante eres para mí como la espalda de mi madre», y así se prohibiría a sí mismo las relaciones conyugales con su esposa. Esto equivalía a un divorcio irrevocable, pero una mujer divorciada de esta manera no podría casarse otra vez. La desaprobación contundente del Corán aquí fue el primer paso para abolir esta costumbre, pronto seguida por su abolición categórica en Surat al-Muyadilah. [3] En el período pre-islámico, se consideraba que los hijos adoptivos y acogidos tenían la misma personalidad jurídica que hijos biológicos. Esta costumbre tenía otras implicaciones, particularmente el hijo adoptivo tenía el mismo estatus dentro de los grados prohibidos del matrimonio como niño biológico. El Islam abolió esta práctica y declaró que la adopción no tiene ningún efecto legal. (Un padre no podría casarse con la ex-esposa de su hijo biológico, ni un hijo adoptivo podría casarse con la ex-esposa de su padre biológico. La ampliación de esa prohibición a los hijos adoptivos es la ocasión específica de la abolición de la costumbre.) [4] La relación descrita en el versículo es por supuesto que una relación espiritual sin implicaciones legales, con la excepción de que las esposas del Profeta fueron eternamente prohibidas a otros creyentes. Según lo relatado por al-Bujari («Iman», 8) y Muslim («Iman», 70), el Profeta, la paz y las bendiciones sean con él, dijo: «Ninguno de vosotros es un verdadero creyente a menos que yo sea más estimado para él que su padre, y sus hijos, y toda la humanidad». Un creyente debe preferir al Profeta a su propia persona y al resto de la gente en todos los asuntos, incluyendo el amor y la protección; y deben considerar las decisiones del Profeta, la paz y las bendiciones sean con él, superiores a las suyas. [5] Después de la Hégira, el Mensajero de Dios, la paz y las bendiciones sean con él, había unido a los creyentes en la fraternidad, declarando a uno entre los Emigrantes como hermano de otro entre los Ayudantes (los musulmanes de Medina), hasta un punto que podrían incluso heredar uno del otro. Este versículo abolió esta práctica, pero reiteró la fraternidad de fe entre los creyentes. Sin embargo, permitió que los creyentes legaran una cierta proporción (a un máximo, según lo estipulado por el Profeta, la paz y las bendiciones sean con él, un tercio de la totalidad) de su riqueza de maneras legales, incluyendo, por supuesto, ayudaran a sus hermanos y hermanas de fe. [6] El compromiso que Dios hizo con los Profetas, a excepción de los Mensajeros, fue que se halla en el versículo: Y cuando Dios concertó un pacto con los Profetas: «Os he dado el Libro y la Sabiduría. A continuación, vendrá a vosotros un Mensajero que confirmará lo que ya poseéis (de las Revelaciones Divinas). Vais a creer en él y ayudarle» (3:81). Pero este versículo menciona otra alianza que fue hecha particularmente con los cinco Profetas y Mensajeros más grandes de todos, concretamente el profeta Muhammad, la paz y las bendiciones sean con él, y los profetas Noé, Abraham, Moisés y Jesús, la paz sea con ellos. Cuando se considera que estos cinco Mensajeros eran también aquellos a quienes Dios concedió la Shari‘ah —la colección de todas las leyes Divinas para gobernar la vida humana en el mundo— que permitió que la Religión de Dios sea aplicada completamente y permitió que sea observada sin dar lugar a cualquier desviación (42:13), esta alianza debe ser entendida como su misión de comunicar y establecer el Mensaje de Dios completamente y realizar la eterna unidad de todos los creyentes, según lo declarado en el versículo: Por lo tanto, esta comunidad vuestra (que todos los Mensajeros y sus seguidores han formado) es una sola comunidad de la misma fe, y Yo soy vuestro Señor (Quien os crea, sustenta y protege); así que veneradme a Mí solamente (21: 92). En cuanto a preguntar a los veraces sobre (lo que fue confiado a) su veracidad, hay dos aspectos, como se da en los versículos: Y (recuerda) cuando Dios dirá: «¿Jesús, hijo de María, eres tú aquel que le ha dicho a la gente: “Tomadme a mí y a mi madre como deidades aparte de Dios?”, y él responderá: “¡Gloria a Ti! (Pues Tú estás por encima de tener copartícipe alguno o tener necesidad o deficiencia alguna). ¡A mí no me pertenece decir aquello a lo que no tengo derecho! Si lo hubiera dicho, Tú ya lo sabrías. Tú sabes lo que hay en mí pero yo no sé lo que hay en Ti. Con toda certeza, Tú y sólo Tú tienes conocimiento de Lo Oculto (de todo lo que se halla más allá de la percepción de los seres creados) (5:116); y, Preguntaremos a aquellos a quienes se les enviaron Mensajeros (sobre cómo les respondieron) y, sin duda, preguntaremos a aquellos que fueron enviados con Nuestro Mensaje (respecto al deber de transmitirlo y cómo su pueblo reaccionó ante el mismo) (7:6). Así que «los veraces» aquí se refiere a los Profetas y a los creyentes que les juraron lealtad y permanecieron fieles a su lealtad. [7] En 627, un grupo de los judíos expulsados de Banu Nadir fueron a La Meca. Ahí se encontraron con los quraishíes, les instaron a que continuaran la lucha, y les prometieron su ayuda y apoyo. Después estos judíos fueron a las tribus Ghafatan y Qays Aylan y prometiéndoles ayuda, también los alentaron a luchar contra el Mensajero. Estas intrigas resultaron en una gran confederación contra los musulmanes por parte de los politeístas de La Meca, las tribus del desierto de Arabia Central, los judíos (tanto los expulsados como los que aún eran residentes) en Medina y los hipócritas. Los dos últimos constituyeron una quinta columna en Medina. Cuando el Mensajero fue informado de este encuentro de la confederación de tropas contra los musulmanes a través de sus servicios de inteligencia, consultó a sus Compañeros. La opinión unánime de todos era quedarse en Medina y luchar desde allí. Salman al-Farisi sugirió cavar un foso alrededor de la ciudad. Llevó seis días de febril trabajo construir este foso. El Mensajero dividió a los musulmanes en grupos de diez y les ordenó competir entre ellos. Era una tarea difícil, no había mucho tiempo, y la hambruna se extendía por todas partes. Pero aún así todos los Compañeros trabajaron con entusiasmo. Para no sentir el hambre, cada uno sujetó una piedra alrededor de su estómago. El Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, excavó junto con ellos y sujetó dos piedras alrededor de su estómago. Mantuvo el control de la ciudad muy estricto de modo que ninguna noticia de los preparativos debería llegar al enemigo. Los aliados avanzaron hacia Medina con la esperanza de aniquilar a los musulmanes en una batalla a campo abierto. Sin embargo, enfrentarse con esta nueva estrategia fue el primer golpe para ellos. Con unos veinte mil soldados acamparon cerca del foso. Los habitantes de Medina no tenían más de tres mil soldados. Además, los quintacolumnistas de la tribu judía Banu Qurayza y los infiltrados de los hipócritas ya habían contactado con el enemigo. El Mensajero, una vez más, demostró su sagacidad y su genio militar: Posicionó a los soldados dentro de la ciudad de modo que pudieran proteger sus casas frente los posibles ataques de Banu Qurayza. Mientras la guerra continuaba con intercambios de saetas y proyectiles de piedra, el Mensajero emprendía tentativas diplomáticas con la intención de dividir a los Aliados. Esta estratagema tuvo éxito y la disensión creció entonces entre ellos (Ibn Hisham, 3:240-242). El Mensajero, gracias al monte Sal que se encontraba detrás de la ciudad y protegía a ésta en su retaguardia, había ordenado que un paso estrecho sea abierto en el foso defensivo pues Él contaba con que los jinetes de Quraish más adelantados intentarían cruzar por allí. Y esto es lo que sucedió, que algunos de los más renombrados guerreros quraishíes intentaron cruzar este punto para entablar combate individual. ‘Ali, que Dios esté complacido con él, el yerno y el primo del Mensajero, mató a tres de ellos, que desalentó al enemigo de cualquier nueva tentativa. El sitio se prolongó durante veintisiete días. Los musulmanes soportaron con gran sufrimiento la hambruna, el frío, la lluvia interminable de flechas y proyectiles de piedra, las tentativas de cruzar el foso mediante ataques concentrados y traiciones e intrigas dentro de Medina. El Corán describe esta situación en los siguientes versículos. Casi cuatro semanas más tarde, durante las cuales el enemigo estuvo desmoralizado a causa de su fracaso y los creyentes demostraban su paciencia y lealtad, vino del este una ráfaga penetrante de aire helado. Dios asimismo envió huestes de ángeles. (Sobre los ángeles enviados por parte de Dios y su propósito, véanse las suras 3:124-127; 8:9-10,12) Las tiendas de los enemigos fueron arrancadas de cuajo, sus fuegos fueron apagados, y la arena y la lluvia azotaba sus rostros. Aterrorizados por los portentos en contra de ellos, y ya divididos por la discordia, se retiraron pronto. La Batalla del Foso fue la última tentativa quraishí para destruir el Islam y los musulmanes. [8] Algunos pensaban que los incrédulos serían victoriosos e invadirían Medina; otros pensaban que el Islam sería derrotado de forma aplastante; y aún otros pensaban que la incredulidad pre-islámica volvería, o abrigaron otros pensamientos negativos. [9] Como el Corán prometió en varios de sus versículos que el Islam sería victorioso y prevalecería sobre todas las demás creencias, el Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, también hizo promesas similares a partir del primer día de su mensaje. Incluso durante la excavación del foso, dijo: «Me han sido dadas las llaves de Persia. Dios es el Más Grande. Me han sido dadas las llaves de Bizancio» (Ibn Hisham, 3:235-236; al-Bidayah, 4:123). [10] El Mensajero de Dios, la paz y las bendiciones sean con él, cambió el nombre de Yazrib en Medina después de la Hégira. Al continuar llamando a Medina como Yazrib, los hipócritas mostraban su incredulidad interior y esperanza del fracaso de la misión del Mensajero. [11] El Islam es la religión universal la cual abarca la vida humana en su totalidad, y el Mensajero de Dios, la paz y las bendiciones sean con él, da un ejemplo perfecto para seguir en todos los aspectos de la vida. Él dio este ejemplo como un guía espiritual, un profesor de mentes, un modelo perfecto de la moralidad, un educador, un presidente, un comandante, un diplomático, y un marido, padre, amigo, vecino, y como un ser humano individual entre otros seres humanos. El historiador francés, Lamartine, dice: Nunca un hombre ha establecido para sí mismo, voluntaria o involuntariamente, un objetivo más sublime, puesto que el objetivo era sobrehumano: Socavar las supersticiones que se han interpuesto entre el ser humano y su Creador, hacer a los seres humanos conocer a Dios e interceder con Dios por los seres humanos; restaurar la idea racional y sagrada de la divinidad en medio del caos de dioses materiales y desfigurados de la idolatría entonces existente. Nunca un hombre ha acometido un trabajo tan fuera del alcance del poder humano con medios tan débiles, pues en la concepción y la ejecución de semejante empresa no tenía otro instrumento que a sí mismo y la única ayuda que un puñado de hombres que vivían en los confines de un desierto. Por último, nunca un hombre ha logrado una revolución de semejante envergadura y duración en el mundo. Pues en menos de dos siglos tras haber aparecido, el Islam reinó religiosa y militarmente sobre toda Arabia, y conquistó en Nombre de Dios Persia, Jorasán, el Oeste de la India, Siria, Abisinia, todas las tierras conocidas del Norte de África, numerosas islas del Mediterráneo, España y parte de la Galia. Si la grandeza del propósito, los pocos medios e increíbles resultados son los tres criterios del genio humano, ¿quién se atreve a comparar cualquier gran hombre con Muhammad? Los hombres más famosos solamente desarrollaron armas, leyes e imperios. Si algo fundaron, no eran más que poderes materiales que frecuentemente se desmoronaron ante sus ojos. Este hombre no sólo cambió ejércitos, legislaciones, imperios, gentes y dinastías, sino millones de seres humanos en un tercio del entonces mundo conocido. Más incluso que eso, cambió altares, dioses, religiones, ideas, creencias y almas. Sobre la base de un Libro, cuyas letras se han convertido en ley, formó una nacionalidad espiritual que ha mezclado a gente de todas las lenguas y razas. Ha dejado en nosotros la imborrable característica de la nacionalidad musulmana, el odio a los falsos dioses y la pasión por el Único Dios inmaterial. Este patriotismo vengador contra la profanación del Cielo formó la virtud de los seguidores de Muhammad: la conquista de un tercio de la Tierra por parte de su credo fue su milagro. La idea de la Unidad de Dios proclamada en medio de las ya agotadas fabulosas teogonías era en sí un milagro de tal envergadura que, su sola declaración hecha por sus labios destruyó todos los antiguos templos de ídolos e iluminó con su luz un tercio del mundo. Su vida, sus meditaciones, su heroica revolución contra las supersticiones de su país, y su valor en la lucha contra la furia de la idolatría; su determinación al resistir durante trece años en La Meca… Su predicación incesante, sus guerras contra la incertidumbre, la fe en su propósito y su confianza sobrehumana en Dios en momentos de desgracia, su paciencia para conseguir la victoria, su ambición completamente dedicada a una idea y de ninguna manera orientada a ensalzar un determinado imperio; su rezo incesante, su conversación mística con Dios, su muerte y su triunfo después de la muerte; todo esto no atestigua más que una convicción firme… Y fue esta convicción la que le dio el poder de restaurar un credo. Este credo era dual, la Unidad de Dios y Su inmaterialidad; lo primero dice lo que Dios es; y lo segundo lo que no es. Filósofo, orador, apóstol, legislador, guerrero, conquistador de ideas, restaurador de dogmas racionales, de un culto sin imágenes; fundador de veinte estados terrenales y un estado espiritual, ese es Muhammad. Respecto a los criterios por los cuales la grandeza humana puede ser medida, podemos preguntarnos: ¿Existe algún hombre más eminente que él? (Histoire de la Turquie, 2:276-277) [12] Puesto que los hipócritas se dedicaron solamente a los beneficios mundanos y juzgaron todo según las circunstancias aparentes, cuando se encontraron sitiados en el centro del Islam, pensaron que las promesas de Dios y Su Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, acerca de los éxitos futuros del Islam eran un engaño. Sin embargo, los verdaderos creyentes eran bien conscientes de la manera en la cual actúa Dios y del hecho de que Dios no les prometió éxito a menos que deberían hacer algo a cambio. Sabían que Dios no les dejaría tranquilos solamente porque han profesado, «Hemos creído», sin ponerles a prueba. Sin duda alguna puso a prueba a aquellos que les habían precedido. Esta era su manera inalterable; esto fue hecho de modo que pudiera distinguir con certeza a los que resultaron ser fieles en su profesión de fe, y de modo que pudiera distinguir con certeza a los mentirosos (29:2-3). Ciertamente les pondría a prueba con algo de miedo y de hambre, y la pérdida de riqueza, vidas y beneficios. Las buenas nuevas eran para aquellos que, cuando les aconteció una calamidad, dijeron: «Sin duda pertenecemos a Dios (como criaturas y siervos Suyos) y en verdad a Él hemos de retornar» (2:155-157) y actuaron consecuentemente. Con toda certeza recompensaría a aquellos que tuvieron éxito en la prueba y les hizo victoriosos. La Batalla del Foso una vez más demostró que Dios y Su Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, cumplen con sus promesas. [13] El versículo sutilmente insinúa que el castigo de Dios depende de Su Voluntad: si Él quiere, castiga a los que lo merecen, pero puede perdonarles también. Pero si cualquiera de Sus siervos retorna a Él con verdadero arrepentimiento, Él lo acepta. La conclusión del versículo mencionando a Dios como Indulgente, Compasivo enfatiza Su perdón y, por lo tanto, anima a Sus siervos pecadores e incluso a los hipócritas a retornar a Él en la fe y el arrepentimiento verdaderos y enmendarse con la esperanza de ser perdonados. [14] Después de que los Confederados que sitiaron Medina durante cuatro semanas fueran vencidos y volvieran a su casa, el Mensajero centró su atención en Banu Qurayza, que había traicionado su acuerdo con el Mensajero y se alió con los quraishíes. Según el tratado, deberían haber defendido la ciudad contra cualquier ataque extranjero, junto con los musulmanes. Y también concedieron asilo a los líderes de Banu Nadir como Huyay ibn Ajtab quien había sido expulsado de Medina y siguió conspirando contra los musulmanes. Apenas el Mensajero había regresado de esta batalla, entonces ordenó a sus Compañeros marchar sobre la tribu Banu Qurayza bajo la orden de Dios (al-Bujari, «Maghazi», 30). Asimismo ordenó que montaran su tienda de batalla frente a su fortaleza. Si le hubieran solicitado el perdón él se lo habría concedido pero prefirieron resistirse. El Mensajero los asedió durante veinticinco días. Al final preguntaron por los términos de rendición (Ibn Hisham, 3:101, 249-251). [15] Cuando un marido decide separarse de su esposa, no puede tomar nada de lo que haya otorgado a su mujer como dote nupcial durante el matrimonio (4:20), también debe haber una provisión para ella según su nivel de vida durante el período de espera —de tres menstruaciones— señalado por Dios (2:228, 241). [16] El profeta Muhammad personifica el papel de padre y marido perfecto. Él era tan amable y tolerante con sus mujeres que ellas no podían concebir sus vidas sin él y tampoco quisieron vivir apartadas de él. El Mensajero hablaba de los asuntos con sus mujeres. Seguramente él no necesitaba su consejo, ya que fue conducido por la Revelación. Sin embargo, quería enseñar a su nación que los hombres musulmanes debían consultar a sus mujeres. Eso era una idea bastante radical en su tiempo, que incluso hoy en día lo es en muchas partes del mundo. Comenzó a enseñar a su gente a través de su propia relación con sus mujeres (al-Bujari, «Shurut», 15). Cuando la gente musulmana de Medina lograron salir de la pobreza total, la cual sufrieron durante años, algunas de sus mujeres (que eran cuatro en aquel entonces) le preguntaron: «¿No podríamos vivir un poco mejor como los otros musulmanes?». El Mensajero de Dios, la paz y las bendiciones sean con él, entró en un período de decadencia física. El Mensajero vio lo que pasaba, pero sólo dijo: «No puedo permitirme lo que ellas quieren» (Muslim, «Talaq», 34-35). No es fácil merecer estar junto con el Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, en este mundo y en el Más Allá. Las otras podrían salvarse simplemente realizando sus obligaciones, pero aquellas que estaban en el mismo centro del Islam tenían que tener más dedicación, de modo que ninguna debilidad apareciera en el centro. Había ventajas en ser la esposa del Profeta, pero estas ventajas traían responsabilidades y riesgos potenciales. El Mensajero las preparaba como ejemplos para todas las mujeres musulmanas del presente y del futuro. Él estaba especialmente preocupado de que ellas disfrutaran de la recompensa por sus buenas acciones en este mundo y así estar incluidas en: «Consumisteis en vuestra vida mundana vuestra (parte de) cosas puras, sanas, y gozasteis de ellas completamente (sin considerar el Más Allá, y de este modo habéis tomado en el mundo la recompensa de todos vuestros buenos actos)» (46:20). Así, estas mujeres especiales fueron sometidas a una gran prueba. El Mensajero permitió que ellas eligieran su pobre casa o los lujos de este mundo. Si ellas elegían el mundo, él les daría todo lo que quisieran a ellas y luego anularía su matrimonio con ellas. Si elegían a Dios y a Su Mensajero, tenían que ser felices con sus vidas. Eso era una peculiaridad de su familia. Ya que esta familia era única, sus miembros tenían que ser únicos. El cabeza de familia fue elegido, como lo fueron las mujeres y los niños. El Mensajero primero llamó a ‘Aisha y le dijo: «Quiero hablar de algo contigo. Debes hablar con tus padres antes de tomar una decisión». Después recitó los versículos mencionados anteriormente. Su decisión fue exactamente lo esperado de la hija sincera de un padre sincero: «Oh Mensajero de Dios, ¿necesito hablarlo con mis padres? Juro por Dios que elijo a Dios y a Su Mensajero» (Muslim, «Talaq», 35). ‘Aisha nos cuenta lo que pasó después: «El Mensajero recibió la misma respuesta de todas sus mujeres. Nadie expresó alguna opinión diferente. Todas ellas dijeron lo que yo había dicho». [17] Según lo declarado en un hadiz, Fátima, la hija del Mensajero, y su marido ‘Ali ibn Abi Talib (el cuarto Califa), y sus hijos Hasan y Husayn también son incluidos en la familia del Profeta (Muslim, «Fadail as-Sahaba», 37, 61). [18] Esto significa la sumisión absoluta a la Ley Islámica, y la regla de la Ley. Puesto que la Ley Islámica se basa principalmente en las reglas establecidas por Dios en el Corán y la Sunna del Mensajero, cada individuo es igual ante ella, y nadie puede imponer sus propias decisiones o ideas a otros. Así que el Islam ha traído la igualdad y libertad absolutas al ser humano y nos ha salvado de la sumisión o esclavitud a las elecciones y decisiones de otros. Es Dios Quien crea a los seres humanos y Él es, por lo tanto, nuestro dueño. Los seres humanos no pueden incluso reivindicar propiedad sobre sí mismos, pues no son ellos quienes se han creado a sí mismos o quienes se mantienen o suministran a sí mismos. La servidumbre, o la sumisión a Dios, significa estar libre de todas las clases de esclavitud a los poderes creados, incluyendo el alma carnal humana, el cual invita siempre al ser humano al mal que está en contra de nuestro deber. [19] Las acciones y las normas de conducta del Mensajero constituyen, como sus dichos, la segunda fuente de la Ley o la constitución islámica. Sus Compañeros heredaron y transmitieron lo que observaron mientras que él vivía entre ellos, mientras que sus esposas narraron y transmitieron las reglas y normas de la vida personal y familiar islámicas. Esta pesada responsabilidad requirió que tuviera esposas de diversos temperamentos, educación y carácter. Muchos de los asuntos religiosos y las reglas fueron narrados por estas mujeres, conocidas como las Esposas Puras. Zayd ibn Hariza era el esclavo emancipado y criado del Mensajero, a quien llamó «mi hijo», según las costumbres de la época antes de que la adopción fuera suprimida legalmente. El Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, había pedido que Zaynab bint Yahsh, una señora «noble» de la tribu del Mensajero, se casara con este antiguo esclavo para demostrar en acción que la gente no debe juzgar a otros por su color o estatus social. Sin embargo, su matrimonio no duró mucho. Zayd, dándose cuenta del carácter sublime de su mujer, admitió que era espiritual e intelectualmente inferior a ella. Así pues, al final se separó de ella. Según lo indicado en: Te unimos con ella en matrimonio, Dios ordenó a Su Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, casarse con Zaynab. Esto era sumamente difícil para el Mensajero porque según las costumbres entonces existentes, los hijos «adoptivos» se consideraban como si fueran verdaderos hijos, y Zayd, como se ha mencionado arriba, era su esclavo emancipado y criado. Pero Dios quiso que esta costumbre fuera suprimida y primero lo puso en práctica a través de Su Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él. El Mensajero se preocupaba de que la gente pudiera sacar conclusiones incorrectas y pensar cosas impropias de él si realizara tal acción, y esto, por lo tanto, dañaría su fe. Pero una ficción «legal» establecida debía eternamente ser suprimida, y Dios quiso que una costumbre tan establecida fuera suprimida por las acciones de Su Mensajero, porque solamente entonces podría tener el efecto deseado sobre la gente. Así que, el Mensajero no tenía otra alternativa que obedecer el decreto de Dios, como lo hizo siempre. [20] El versículo insinúa que aquellos del rango superior y de la responsabilidad sienten un afecto paternal hacia los subordinados. Si son líderes espirituales, Profetas, o santos, por ejemplo, su compasión y afecto excederán mucho más que los de un padre. Como la gente los verá como un padre, pueden considerarlo incorrecto para tal gente casarse con una de sus mujeres. Para eliminar esta ilusión, el Corán nos dice que: «La Misericordia Divina hace al Profeta tener mucho afecto por vosotros. Debido a su posición como vuestro líder, sois como sus hijos. Pero como él no es vuestro padre biológico, él puede casarse con una de vuestras mujeres. Su llamada a vosotros “mis hijos” no significa que legalmente sois sus hijos». El versículo también contiene una predicción implícita, la cual, por supuesto, resultó ser verdadera. Es que el Mensajero de Dios, la paz y las bendiciones sean con él, no tendría un hijo varón que sobreviviera y que lo sucediera. Sería sucedido por una hija, y su descendencia continuaría a través de ella. Como se sabe, el linaje del Mensajero continuó por Fátima, su querida hija, quien solo le sobrevivió de entre sus hijos. [21] Todas las palabras de la alabanza y glorificación de Dios —alabarle con Sus Atributos Perfectos de Poder y Majestad, Belleza y Sublimidad, y declarar que Él absolutamente se halla por encima de tener cualquier defecto o atributo negativo compartido por la creación, o por encima de hacer cosas inútiles, si alguien pronuncia estas palabras verbalmente o las dice silenciosamente en su corazón— se conocen como zikr (remembranza de Dios). Así pues, la glorificación de Él también se incluye en el significado de zikr. Además de esto, leer, reflexionar, estudiar para aumentar el conocimiento de Dios, y conversar sobre Él con otros, también se incluyen en el concepto de zikr. En un hadiz qudsi (una Tradición que el significado de la cual Dios inspiró directamente en el corazón del Mensajero), el Mensajero narró: «Dios dice: “Yo soy para Mi siervo lo que él espera de Mí, Yo estoy con él cuando Me recuerda. Si él Me recuerda en su corazón, Yo Lo recuerdo a él; si él Me recuerda en una reunión, Yo lo menciono en una reunión que es mejor que la suya; si él se acerca a Mí un palmo, Yo Me acerco a él la distancia de un brazo, si él se acerca a Mí la distancia de un brazo, Yo Me acerco a él una braza; y si él viene a Mí caminando, Yo corro hacia él con (gran) velocidad”» (Bujari, «Tawhid,» 50; Muslim, «Zikr,» 2). Dios ha conferido una distinción especial a aquellos que Lo recuerdan. El Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, dijo: «Los devotos han superado todo». Ellos preguntaron: «¿Quiénes son esas excepcionales personas, Oh Mensajero de Dios?». Él respondió: «Aquellos hombres y aquellas mujeres quienes recuerdan a Dios incesantemente» (Muslim, «Zikr,» 2). Esa es la gente quien está realmente viva. Abu Musa relató que el Mensajero dijo: «La semejanza entre una casa donde Dios es mencionado y en la que no lo es, es como la semejanza entre una persona viva y una persona muerta». (Bujari, «Da‘awat,» 66) Muyahid, uno de los primeros intérpretes del Corán, explicó: «Una persona no puede ser llamada uno de “aquellos hombres y aquellas mujeres quienes recuerdan a Dios incesantemente” a menos que él o ella recuerde a Dios en todas las ocasiones, de pie, sentado, o acostado» (como se ha declarado en 3:191). Asistir a las reuniones o círculos de zikr es loable, como es señalado por el siguiente hadiz: Ibn ‘Umar relató: «El Profeta, la paz sea con él, dijo: “Cuando pasen por un jardín del Paraíso, obtengan provecho de él”. Los Compañeros preguntaron: “¿Qué son los jardines del Paraíso, Oh Mensajero de Dios?”. El Profeta respondió: “Las reuniones o los círculos de zikr. Hay algunos ángeles de Dios que van en búsqueda de tales reuniones de zikr, y cuando las encuentran se mantienen alrededor de ellas”» (Muslim, «Zikr,» 39). [22] El Corán describe el Sol como una lámpara y la Luna como un objeto brillante (que refleja luz) situado en los Cielos (sobre esta descripción y su significado, véase la sura 25:61, nota 15). Este versículo presenta al Mensajero de Dios, la paz y las bendiciones sean con él, mediante la comparación de una lámpara (brillante) que difunde luz. Esto insinúa que el profeta Muhammad, la paz y las bendiciones sean con él, es un sol en el cielo de la humanidad y los genios, que iluminan sus mundos y por medio del cual pueden encontrar su camino. El hecho de que el Corán emplea para el Mensajero la palabra (lámpara) usada para el Sol, así como la frase que difunde luz o brillante la cual utiliza para la Luna, sugiere que el Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, tiene una luz muy brillante; y aunque él ha absorbido esta luz, es de hecho de Dios, Quien es la fuente de todas las luces. Como se sabe, la Luna obtiene su luz del Sol. El Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, es como el Sol con respecto a su resplandor, y como la Luna con respecto a la fuente de su luz. [23] Si ocurre el divorcio mencionado en el versículo antes de que se haya determinado cualquier dote nupcial, el marido debe hacer provisión según sus posibilidades. Si ocurre después de que una dote nupcial ya se haya designado, la mitad de lo que se haya designado se debe dar a la mujer divorciada. Sin embargo, la mujer puede establecer una exoneración y renunciar a la dote nupcial, o el hombre puede remitir y pagar la cantidad total. (Véase la sura 2:236-237.) [24] Sobre los mandamientos judiciales con respecto a las mujeres con quienes los hombres musulmanes pueden casarse legalmente, véase la sura 4:22-25, notas 7-9. [25] Sobre estos mandamientos judiciales, véanse la sura 2:221; la sura 4:3-4, notas 2-3. [26] Debido a su misión, hay algunas reglas excepcionales para el Profeta, la paz y las bendiciones sean con él. A diferencia de otros hombres creyentes, le era permitido casarse con una mujer creyente que le vendría sin exigir ninguna dote nupcial. Mientras que el resto de los hombres musulmanes podrían casarse con las hijas de sus tíos y tías, hayan emigrado o no, al Profeta, la paz y las bendiciones sean con él, le fue permitido casarse con cualquiera de entre ellas a condición de que hubieran emigrado. Había otras excepciones que eran solo pertinentes al Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él: por ejemplo, la Oración de Tahayyud (en el último tercio o la última parte de la noche) fue prescrita para el Profeta, la paz y las bendiciones sean con él, hasta su muerte; esta es solamente supererogatoria para los demás musulmanes. Como otros Profetas, su herencia no se podía compartir por sus «herederos» sino fue utilizada como limosna para la comunidad musulmana. Comer de Zakah fue prohibido para él y para su familia, mientras que todos otros musulmanes necesitados podrían comer de ella. El permiso para él de casarse hasta con nueve mujeres era también excepcional para él, mientras que otros musulmanes pueden tener solo cuatro mujeres juntas en el matrimonio. Mientras que el resto de los hombres musulmanes pueden casarse hasta su muerte, al Mensajero de Dios, la paz y las bendiciones sean con él, le fue prohibido casarse después de un cierto momento en su vida, según es indicado en el versículo 52 de esta sura. [27] Estas condiciones especiales no fueron introducidas debido a una necesidad de mujeres, sino solamente debido al papel que desempeñaron las mujeres en el cumplimiento de la misión del Mensajero. El Islam tiene reglas específicas para las mujeres, y muchas de esas reglas pueden ser aprendidas solamente de las profesoras y que se podrían preguntar al Mensajero sólo por las mujeres que tenían relaciones estrechas con él. Así que las razones de sus matrimonios múltiples son varias. Sin embargo, todas ellas están relacionadas con su papel como líder de la comunidad musulmana y su responsabilidad para guiar a los nuevos musulmanes hacia las normas y los valores del Islam. Cuando Muhammad, la paz y las bendiciones sean con él, tenía 25 años, —15 años antes de que haya empezado su Misión Profética—, se casó con Jadiya, su primera esposa. Vivió con ella aproximadamente 25 años, y después de su muerte, vivió cerca de seis años sin una esposa. Considerando el ambiente cultural, el clima y otras circunstancias más, como su juventud, es muy sorprendente que fuese conocido por su castidad perfecta, por su integridad y por su honradez. Después de recibir la Misión Profética, sus enemigos no dudaron en levantar calumnias contra él, pero ninguno de ellos se atrevió a inventar algo sobre él relacionado con este asunto. Aunque a sus enemigos les sea muy difícil aceptar esto, durante estos años, no pueden encontrar ningún defecto en su carácter moral. Cuando empezó a casarse con otras mujeres cumpliendo la orden de Dios, ya tenía 53 años, edad en la que el interés y el deseo por el matrimonio disminuyen en gran medida especialmente en Arabia donde la gente envejece relativamente antes, y cuando, especialmente en esos días, la esperanza media de vida de la gente era inferior. Algunos matrimonios fueron contraídos por razones específicas, por ejemplo: Entre sus esposas había mujeres jóvenes, de mediana edad y mayores, las necesidades y las normas de la ley islámica se podían demostrar en relación con las diferentes etapas y experiencias de su vida. Y estas normas primero se aplicaban en la casa del Profeta, la paz y las bendiciones sean con él, y después pasaban a los demás musulmanes a través de sus mujeres. Cada mujer era de un clan o de una tribu diferente y esto le permitía al Profeta, la paz y las bendiciones sean con él, establecer una relación de parentesco y afinidad a lo largo de la rápida expansión de la comunidad musulmana. Esto también le permitía establecer una fidelidad muy profunda entre los musulmanes, de ese modo se creaba un ambiente de igualdad y fraternidad de la manera más práctica y en base a la Religión. Cada mujer, tanto en vida del Profeta, la paz y las bendiciones sean con él, como después de su fallecimiento, demostró ser un gran beneficio en pro del Islam. Ellas transmitieron su mensaje y lo explicaron a los miembros de su clan. De esa manera todos los musulmanes aprendían el Corán, las Tradiciones, tafsir (las interpretaciones y los comentarios coránicos), fiqh (la jurisprudencia islámica), y así se hacían conscientes de toda la esencia y el espíritu del Islam. A través de sus matrimonios el Profeta, la paz y las bendiciones sean con él, estableció lazos de parentesco por toda Arabia. Esto le dio la libertad de moverse y de ser aceptado por todos los miembros de cada familia. Como le consideraban alguien de su familia, no dudaban en ir a verlo en persona y preguntarle cosas, tanto sobre esta vida como sobre la otra. Las tribus también se beneficiaron mucho de su proximidad a él: se consideraban afortunadas y estaban orgullosas de esta relación, los Omeyas —a través de Umm Habiba—, los Hachemitas —a través de Zaynab bint Yahsh—, y los Bani Majzum —a través de Umm Salama—. Es también un hecho muy de notar de que todas las esposas del Profeta (excepto ‘A’isha y Mariya) eran viudas o divorciadas, así subrayando la importancia y el cuidado que necesita ser dado a las mujeres solitarias en la sociedad islámica, en contraste con la norma entonces común de repudiarlas a una vida de indigencia. [28] Es posible que este versículo tenga los dos significados dados (es decir, está relacionado con el tratamiento del Profeta hacia las mujeres quienes se ofrecerían a él, y el turno de las atenciones conyugales para sus esposas). El Islam ordena a un marido que tenga más de una esposa ser justo en sus relaciones con ellas y observar un turno estricto en las atenciones conyugales para sus esposas. Como esto es difícil, le sugiere estar satisfecho con una esposa (4:3). Sin embargo, ya que el Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, tenía muchos propósitos sabios para sus matrimonios, algunos de los cuales se han mencionado en la nota anterior, no estaba obligado a observar esta responsabilidad. Pero, según lo relatado por ‘A’isha en los libros de hadices (Abu Dawud, «Nikah», 39; at-Tirmizi, «Nikah», 42), él no mostró ninguna negligencia en observarla durante su vida. Aunque el versículo le permite la libertad de preferir o diferir de visitar a alguna de sus esposas, también le ofrece una manera de no afligirlas y hacer a todas felices. Si había pospuesto visitar a alguna de ellas, podría darle prioridad la próxima vez. [29] Esta prohibición está relacionada con otras mujeres que aquellas mencionadas en el versículo 50. Sin embargo, ya que el versículo fue revelado cuando el Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, ya había tenido nueve esposas, también le prohíbe casarse otra vez. Esto insinúa que los propósitos de sus matrimonios ya se han cumplido. [30] Invocar las bendiciones de Dios y la paz para el Mensajero de Dios, por lo menos una vez en la vida es un deber para cada musulmán. Y hacerlo cada vez que se mencione su nombre es un acto muy recomendable. Según las escuelas Shafi‘i y Hanbali, es obligatorio en la última sentada de cada Oración (Salah) después de tashahhud, sin el cual la Oración no es aceptable. Según otras escuelas, es sunna. Invocar las bendiciones de Dios y la paz para el Mensajero de Dios es un vínculo entre él y los creyentes. Su responsabilidad era sumamente seria, y siempre él está preocupado por los musulmanes individualmente y colectivamente, incluso después de su muerte. Así que invocar las bendiciones de Dios y la paz para él como un deber religioso no estaba restringido a su vida. Realizando este acto, rezamos por nosotros mismos también, porque estamos estableciendo una conexión importante con él y rogando a Dios a través de él para que nos ayude con nuestras responsabilidades religiosas. Por la prescripción del Mensajero debemos incluir a su familia e incluso a su descendencia a la hora de invocar las bendiciones de Dios y la paz sobre él. Esta prescripción de invocar las bendiciones de Dios y la paz sobre él está vigente incluso después de su muerte, hasta el Día del Juicio Final, significa que rezar por los muertos es un acto religioso válido y puede ayudarles. [31] La palabra original (que hemos traducido como «afrentar») es adha. Se utiliza principalmente para expresar cualquier palabra que ofende a otra persona. Así que el versículo nos advierte sobre cualquier palabra impropia que podemos pronunciar sobre Dios y Su Mensajero, y los valores islámicos. El versículo también prohíbe cualquier acto irrespetuoso hacia Dios y Su Mensajero, y los valores islámicos. [32] Si alguien dice algo sobre un creyente con el cual el creyente no estará contento, esto es hablar mal de dicha persona, el cual el Corán prohíbe decisivamente. Si alguien dice algo sobre un creyente que sea falso, esto es una calumnia. Además de prohibir tal acto de hablar sobre los creyentes, el versículo también prohíbe cualquier habla o acto impropio que ofendan a un creyente. Antes de la prescripción de la flagelación con cien azotes (24:2), el Corán había ordenado el castigo de los fornicadores reprendiéndoles y pegándoles (4:16). Sin embargo, esto fue abrogado por la prescripción de la flagelación. Por lo tanto, ofender a un creyente con palabras impropias está prohibido en todo caso. Y, de este modo, el permiso de ofenderles o afrentarles que este versículo da en caso de que hayan hecho algún mal se refiere a cualquier acto que la ley lo castigaría de esta manera; tal castigo solo puede ser aplicado por las autoridades legales. Mientras que el Corán prohíbe afrentar a cualquier creyente sin que haya hecho algún mal para merecerlo, de manera decisiva prohíbe ofender al Mensajero de Dios, la paz y las bendiciones sean con él, sin especificar ninguna excepción, y considera ofenderlo como si alguien haya ofendido a Dios Todopoderoso. Esto demuestra que el Mensajero era infalible y que está libre de cualquier imperfección. [33] El versículo significa que las mujeres deben cubrir sus cabezas y partes superiores de sus cuerpos. Algunos eruditos concluyen que deben también cubrir sus caras excepto los ojos. [34] Hay dos ejemplos importantes de la sabiduría en la orden de cubrirse para las mujeres musulmanas. Las mujeres musulmanas son las mujeres que merecen respeto y que deben ser protegidas de cualquier ofensa o acoso. El velo demuestra que son musulmanas, decentes, y libres (no doncellas), y exige la protección contra cualquier acoso. Aunque nadie puede afirmar que una mujer que no utiliza algún velo desea llamar la atención de hombres a sí misma, es una realidad indudable y frecuentemente atestiguada que una mujer que muestra sus encantos se expone a sí misma a la atención indeseada. [35] A pesar de todas las aseveraciones contrarias en el mundo moderno, Dios, Quien relaciona la prescripción de cubrirse para las mujeres con Su perdón y compasión infinitos, está declarado explícitamente que es de compasión hacia las mujeres. [36] Esto es, como se señalará en el versículo siguiente, el fin al que los hipócritas se enfrentarán, como consecuencia de la sedición que causan en la sociedad. [37] Esta advertencia vino con respecto al matrimonio del Mensajero con Zaynab, la Madre de los Creyentes. Los hipócritas y algunos de fe débil hablaron de manera impropia sobre este acontecimiento y sobre el Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, en relación con ello. Las mismas clases de palabras ofensivas fueron pronunciadas sobre el profeta Moisés, la paz sea con él. Como el profeta Moisés estaba absolutamente libre de cualquier ofensa aseverada contra él, el Mensajero de Dios, la paz y las bendiciones sean con él, está también absolutamente libre de cualquier alegación similar. Según se ha indicado en los versículos 57 y 58, y las notas 31 y 32 anteriores, cualquier palabra ofensiva pronunciada contra el Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, es como si esté pronunciada contra Dios, porque él es infalible y libre de cualquier imperfección. [38] Para el significado de la Confianza, véase el Apéndice 14. [39] Concluyendo con el énfasis en el hecho de que Dios es Indulgente y Compasivo, este versículo indica que de Su Perdón y Compasión, Dios apoyará a los creyentes y les posibilitará seguir el camino recto porque han elegido ese camino e intentan seguirlo. También aceptará su arrepentimiento cuando se arrepientan de sus pecados, y les perdonará sus defectos siguiendo Su camino. El versículo también anima a los hipócritas y a aquellos que atribuyen copartícipes a Dios a no hundirse en la desesperación y a enmendarse, retornando a Dios en su lugar. |
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