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Sura 8 Al-Anfal (Los botines de guerra) PDF Imprimir E-Mail
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escrito por Ali Ünal   
14.08.2009

Período de Medina

Esta sura fue revelada durante el período de Medina, justo después de la Batalla de Badr, la primera confrontación entre los musulmanes de Medina y los politeístas de La Meca. Toma su nombre de la palabra al-anfal, que aparece en el primer versículo. Al-Anfal posee el significado de «extra» o «adición», pero en este punto hace referencia a los botines tomados durante la guerra. La sura, de 75 versículos, trata en gran parte sobre la Batalla de Badr y de las lecciones que han de extraerse de la misma, instruye a los creyentes en asuntos tales como la yihad, la hégira (la emigración en pos de la causa de Dios), las leyes de la guerra, los tratados, los botines de guerra, la paciencia, la ayuda y la solidaridad mutuas así como la confianza en Dios.

En el Nombre de Dios, el Misericordioso, el Compasivo.

1. Ellos (los creyentes) Te preguntan sobre los botines de guerra. Di: «Los botines de guerra pertenecen a Dios y al Mensajero (y ellos lo distribuyen como quieran)». Por lo tanto, apartaos de la desobediencia a Dios con veneración a Él y piedad, poned orden entre vosotros para que no haya discordia alguna y obedeced a Dios y al Mensajero si sois verdaderos creyentes[1].

2. Los verdaderos creyentes son tan sólo aquellos que, cuando Dios es mencionado, sus corazones se estremecen con temor reverencial y cuando se les recitan Sus Revelaciones aumentan su creencia y confían en su Señor.

3. Establecen la Oración conforme a sus condiciones y a partir de la provisión que les hemos concedido (ya sea riqueza, conocimiento, poder, etc.) gastan (para proveer sustento a los necesitados y en la causa de Dios, meramente por la complacencia de Dios y sin poner a otros en ningún compromiso u obligación).

4. Aquellos (ilustres) son los verdaderos creyentes. Para ellos hay destinados grados junto a su Señor (que serán concedidos uno tras otro) y el perdón (que aportará bendiciones imprevistas) y una provisión generosa y digna.

5. Así pues, tu Señor te hizo salir de tu hogar en pos de una causa verdadera (que Él ya había determinado que ibas a realizar); mas una parte de los creyentes era reacia (a la dirección que tomaron los acontecimientos).

6. Discutieron contigo sobre la verdad (respecto a los asuntos que Dios ha decidido que van a ocurrir) incluso después de que ello (la dirección que van a tomar los acontecimientos) ha sido puesta de manifiesto, como si les llevaran a la muerte con sus ojos abiertos de par en par.

7. Incluso cuando Dios prometió que una de las dos huestes (la caravana de mercancías y el ejército de La Meca que se acercaba) caería en vuestro poder, aún así pretendíais que fuera el menos poderoso y armado el que cayese en vuestras manos; pero Dios quería hacer prevalecer la verdad por Sus decretos, haceros triunfar y aniquilar a los incrédulos (haciendo que sus líderes mueran).

8. (Dios así lo dispuso) para hacer prevalecer la verdad y hacerla triunfar y probar la falsedad como falsa, no importa cuán odioso les puede resultar a los incrédulos criminales[2].

9. Cuando estabais implorando a vuestro Señor ayuda (como una Misericordia especial) y os respondió: «Os auxiliaré con mil ángeles que vendrán en huestes sucesivas».

10. Dios tan sólo llevó a cabo esto como una buena nueva (de vuestra inminente victoria) y para que con ello se tranquilizaran vuestros corazones, pues la ayuda y la victoria tan sólo provienen de Dios. En verdad Dios es Glorioso poseedor de irresistible poder y Omnisapiente.

11. Cuando (en el momento en que más precisabais el coraje), hizo que un sueño os envolviese como una serenidad proveniente de Él e hizo descender sobre vosotros agua del cielo, para que de este modo Él pueda purificaros (de todas las impurezas reales o rituales, permitiéndoos hacer la ablución mayor y menor), eliminando de vosotros los corruptos susurros de Satanás y a través de ello, fortalecer vuestros corazones y afianzar vuestros pasos.

12. Cuando (mientras tanto) tu Señor reveló a los ángeles: «Sin duda Me hallo con vosotros. Conceded, pues, firmeza a los que creen. Infundiré terror en los corazones de los que no creen. Golpeadles, pues, en el cuello y golpead en todos sus dedos (que esgrimen espadas o arcos).

13. Obrad así, porque han desafiado a Dios y a Su Mensajero». Quien desafía a Dios y a Su Mensajero (que todo el mundo sepa que) Dios es severo castigando.

14. Así pues (por merecerlo, Oh enemigos de Dios), probadlo y (que todo el mundo sepa) que para los incrédulos también se da el castigo del Fuego.

15. ¡Oh vosotros que creéis! Cuando os encontréis en la batalla con los que no creen no les deis la espalda huyendo.

16. Ya que quien les dé la espalda el día de tal combate, a no ser que sea para llevar a cabo una maniobra táctica para volver a luchar o para unirse a otra tropa de creyentes (o tomando posiciones contra otro ataque enemigo) habrá incurrido sin duda en la condena de Dios y su refugio final será el Fuego. ¡Cuán funesto destino de llegada!

17. Vosotros (Oh Creyentes) no los matasteis (con vuestras propias manos en la batalla), sino que Dios les mató[3]. Y cuando tú (Oh Mensajero), arrojabas (polvo hacia ellos al inicio de la batalla), no fuiste tú quien arrojó, sino que fue Dios Aquel Quien lo hizo[4]. (Llevó a cabo todo esto) para así poder poner a prueba a los creyentes con una justa prueba procedente de Él (para que así pudiesen alcanzar su objetivo y supiesen que la victoria proviene de Dios). Sin duda alguna, Dios es Quien todo lo Oye y Omnisciente.

18. Así es (cómo Él os trata) y (que todo el mundo sepa que) Dios es Aquel Quien socava las artimañas de los incrédulos.

19. Si vosotros (Oh incrédulos) buscabais un juicio (a través de la batalla para comprobar qué parte tenía razón), ya os ha llegado un juicio. Si cesáis (las hostilidades, contra los creyentes) será por vuestro bien. Sin embargo, si reanudáis (las hostilidades) reanudaremos (lo mismo que os hemos hecho en la batalla). Y de nada os servirá constituir un gran ejército por muy numerosos que seáis y (que todo el mundo sepa que) Dios está con los creyentes[5].

20. ¡Oh vosotros que creéis! Obedeced a Dios y a Su Mensajero y no os apartéis de él cuando estáis oyendo (las Revelaciones de Dios).

21. Y no seáis como aquellos que dicen: «Hemos oído», mas en verdad no oyen.

22. No cabe duda que la peor clase de todas las criaturas vivas ante Dios son los mudos y los sordos (ante la verdad de la Revelación) que no razonan ni comprenden.

23. Y si Dios hubiese apreciado algún bien en ellos, les hubiese hecho oír; pero (siendo como son) aunque les hubiese hecho oír, seguramente, se habrían apartado en aversión.

24. ¡Oh vosotros que creéis! Responded a Dios y al Mensajero cuando el Mensajero os llame (en el Nombre de Dios) a lo que os da vida, y sabed que Dios «interviene» entre la persona y su corazón (haciendo que su corazón se desvié); y que seréis reunidos ante Él.

25. Y tened cuidado y guardaos de una prueba que sin duda no sólo afligirá exclusivamente a aquellos de entre vosotros que se hallan inmersos en la consecución del mal; y sabed que Dios es severo castigando.

26. Y recordad (con gratitud) cuando erais pocos y considerados débiles en la Tierra (y oprimidos), temiendo que la gente os desarraigase, cómo Él os proporcionó refugio y os fortaleció con Su ayuda y os proveyó sustento a partir de las cosas puras y sanas para que fueseis agradecidos (con Él, con el corazón y verbalmente y en acción cumpliendo Sus mandamientos).

27. ¡Oh vosotros que creéis! No traicionéis a Dios y al Mensajero y no traicionéis lo que se os ha confiado a sabiendas (de lo que significa hacerlo)[6].

28. Y sabed que vuestros bienes y vuestros hijos son una prueba y una tentación, y que Dios es Aquel con Quien se halla una tremenda recompensa.

29. ¡Oh vosotros que creéis! Si os apartáis de la desobediencia a Dios con veneración a Él y piedad para merecer Su protección, os elaborará un criterio (en vuestros corazones para distinguir entre la verdad y la falsedad, lo correcto y lo incorrecto), borrará de vosotros vuestros actos malvados y os perdonará. Dios es de una gracia y una munificencia formidables.

30. Y (recuerda Oh Mensajero) cómo los incrédulos conspiraron contra ti para hacerte prisionero, matarte o expulsarte (de La Meca). De este modo urdieron, mas Dios puso Su voluntad en vigor (y desbarató lo que habían maquinado). La voluntad de Dios dispone lo que es mejor (para Sus siervos creyentes) y hace que Su voluntad prevalezca[7].

31. Cuando Nuestras Revelaciones les son recitadas, dicen: «Ya hemos oído (algo parecido con anterioridad en numerosas ocasiones); si quisiésemos, podríamos componer algo semejante a eso; no son más que fábulas de los antiguos».

32. Y cuando dijeron (incluso esto): «¡Oh Dios! ¡Si no hay duda alguna de que ésta es la verdad que viene de Ti haz que lluevan piedras del cielo o inflígenos otro doloroso castigo!».

33. Pero Dios no les castigará mientras tú estés entre ellos, ni tampoco se verá obligado a castigarlos (o a otra gente) mientras Le pidieran perdón por sus pecados[8].

34. ¿Qué pretexto argumentan para que Dios no les castigara, en vista de que prohíben (a los creyentes) entrar en la Mezquita Sagrada, aunque no estén cualificados para poseerla o protegerla? Sus legítimos y cualificados guardianes son únicamente los piadosos que se apartan de la desobediencia a Dios con veneración a Él; pero la mayoría de ellos (estos incrédulos) no lo saben.

35. Sus Oraciones en la Casa (en la Mezquita Sagrada) no son sino silbidos y palmadas. ¡Probad, pues, el castigo por no creer persistentemente![9].

36. Aquellos que se obstinan en la incredulidad gastan su riqueza con el fin de poder apartar a la gente del camino de Dios. Seguirán gastando hasta que sea para ellos una fuente de suspiros y agonía, y luego serán vencidos. Aquellos que se obstinan en la incredulidad serán finalmente reunidos en el Infierno.

37. Y así Dios separa lo corrupto de lo puro y apila a los corruptos unos sobre otros y los ubica en el Infierno. Aquellos son en verdad los perdedores.

38. Di a aquellos que se obstinan en la incredulidad que si cesan (de descreer por su parte e impedir que otros entren en el Islam), les será perdonado lo pasado; pero si reanudan (sus hostilidades), queda manifiesto lo que les ocurrió a los pueblos de los tiempos antiguos (y cuál va a ser su destino).

39. Y (si aún persisten en la incredulidad y en las hostilidades) combátelos hasta que no haya más desorden y opresión enraizada en la rebelión contra Dios y toda la religión (la plena autoridad para ordenar el modo de vida se reconoce que) es exclusivamente de Dios. Si cesan (de persistir en la incredulidad y de continuar con hostilidades hacia los creyentes), en verdad todo aquello que hacen Dios sin duda lo contempla[10].

40. Si aún así siguen su propio camino, sabed que Dios es vuestro Dueño y Protector. ¡Cuán excelente Protector y Dueño es, y cuán excelente Auxiliador!

41. Y sabed que de lo que toméis como botines de guerra, una quinta parte pertenece a Dios y a Su Mensajero, a parientes próximos, a los huérfanos, a los pobres y a los viajeros (que carecen de medios suficientes para viajar)[11]. (Esto es lo que tenéis que cumplir) si verdaderamente creéis en Dios y en lo que hemos hecho descender sobre nuestro Siervo el día en que la verdad y la falsedad fueron distinguidas entre sí, el día en que se encontraron las dos huestes en la batalla. Dios posee pleno poder sobre todas las cosas.

42. (Recordad el día) cuando os encontrabais en la vertiente más próxima del valle (de Badr, en la parte de Medina) y ellos en la más alejada, quedando la caravana debajo de vosotros (en la llanura costera). Si hubierais querido acordar una cita para encontraros bajo dichas circunstancias, en verdad no os hubieseis puesto de acuerdo para realizarla. Mas (Dios hizo que os encontraseis en dichas circunstancias) para que Dios llevara a término algo que Él ya había decretado, con la intención de que aquel que pereciese lo hiciese con una clara evidencia (de que merecía perecer por seguir lo falso) y que aquel que sobreviviese lo hiciese con una clara evidencia (de que merecía sobrevivir por su devoción a la verdad). Sin duda alguna Dios es Quien todo lo Oye y Omnisapiente.

43. (Y recuerda, Oh Mensajero) cuando Dios te los mostró poco numerosos en tu sueño (antes de que la batalla comenzara). Si te los hubiera mostrado numerosos (tal y como lo eran), vosotros (Oh creyentes) habríais perdido sin lugar a dudas el valor y habríais discutido mutuamente sobre el asunto. Pero Dios os salvó (de ello). En verdad posee pleno conocimiento de lo que reposa oculto en los pechos.

44. Y cuando Él hizo que parecieran pocos ante vuestros ojos en el momento en que les hicisteis frente en la batalla, tal y como hizo que parecierais insignificantes ante sus ojos, para que Dios llevase a cabo lo que ya había decretado. Y a Dios se remiten todos los asuntos (y todo lo que Él dispone, ocurre).

45. ¡Oh vosotros que creéis! Cuando os enfrentéis a un ejército en el campo de batalla, permaneced firmes y mencionad mucho a Dios para que así podáis triunfar.

46. Y obedeced a Dios y a Su Mensajero y no discutáis entre vosotros porque entonces os desanimaríais y vuestra energía y poder os abandonarán; y manteneos firmes. Con toda certeza, Dios se encuentra con los que se mantienen firmes.

47. No seáis como aquellos (incrédulos) que salieron de sus casas presumiendo con arrogancia y haciendo ostentación ante la gente mientras apartaban (a los demás) del camino de Dios. Dios abarca totalmente (con Su Conocimiento y Poder) todo lo que hacen.

48. Satanás embelleció sus acciones para que les pareciesen atractivas y dijo: «Hoy ningún poder entre los hombres podrá venceros y, en verdad, que estoy de vuestro lado». Pero cuando las dos huestes se avistaron, se dio media vuelta y salió huyendo diciendo: «En verdad, me desentiendo de vosotros, porque veo lo que no veis. No cabe duda que temo a Dios»[12]. Y Dios es severo castigando.

49. Y (recordad) cuando los hipócritas y aquellos que albergan una enfermedad en sus corazones (que seca la fuente de su vida espiritual) dijeron (sobre los creyentes): «Su religión les ha engañado (a dichas personas)». Pero quien se encomienda a Dios, en verdad Dios es Glorioso poseedor de irresistible poder, Omnisapiente.

50. Y si tan sólo pudieses ver cómo será cuando los ángeles arrebaten sus almas a aquellos que no creen, golpeándoles en el rostro y en la espalda y (diciendo): «¡Probad el castigo del Fuego abrasador!

51. Eso es por (los actos malvados) que habéis anticipado con vuestras propias manos, porque Dios nunca es injusto ni lo más mínimo con los siervos».

52. Es como lo que le aconteció al clan (la corte y la aristocracia militar) del Faraón, y a aquellos que le precedieron. Negaron las Revelaciones de Dios y así Dios les agarró por sus pecados. Sin lugar a dudas Dios es Sumamente Poderoso y severo castigando.

53. Eso (ocurrió de tal manera) porque Dios nunca cambia un favor que ha conferido a un pueblo a no ser que ellos cambien lo que hay en sí mismos (su creencia, su modo de vida, su cosmovisión y su devoción a las leyes de Dios contenidas en la Religión, en la creación, en la vida y en el funcionamiento del Universo). Y Dios es Quien todo lo Oye y Omnisapiente.

54. Es como lo que le aconteció al clan (la corte y la aristocracia militar) del Faraón y a aquellos que le precedieron. Tildaron de falsas las Revelaciones de su Señor y así les destruimos por sus pecados e hicimos que la corte y la aristocracia militar del Faraón se ahogase. Todos esos pueblos (destruidos en el pasado) eran injustos (pues se rebelaron contra su Señor, oprimieron a la gente y fueron injustos consigo mismos).

55. No cabe duda que la peor clase de todas las criaturas vivas ante Dios son las que se hallan tan arraigadas en la incredulidad que no pueden creer.

56. Aquellos con los que has establecido un tratado y, a cada momento, lo quebrantan sin temer a Dios.

57. Si te encuentras con ellos en la guerra, trátales de manera que sirvan de escarmiento a los que vengan detrás (los que les siguen y los que vendrán tras ellos), para que así recapaciten y sean considerados.

58. Si tienes poderosas razones para temer una traición por parte de alguna gente (con los que estableciste un tratado), restitúyeselo (es decir declara públicamente, antes de llevar a cabo ninguna acción contra ellos, que has disuelto el tratado) para que ambas partes estén informadas de su finalización. Sin duda alguna Dios no ama a los traidores[13].

59. Y que los que no creen no lleguen nunca a pensar que pueden tener ventaja sobre los creyentes o escapar de Nuestro castigo. Nunca podrán frustrar Nuestra voluntad.

60. (Oh creyentes:) Preparad contra ellos todas las fuerzas y caballos destinados (para la guerra), para que así podáis desanimar a los enemigos de Dios y a vuestros enemigos así como a otros aparte de ellos, los cuales (además de la naturaleza de su enemistad) no conocéis. Dios los conoce (y conoce la naturaleza de su enemistad). Lo que gastéis en la causa de Dios, se os pagará con creces y no sufriréis ninguna injusticia[14].

61. Y si (los enemigos) se inclinan por la paz, inclínate tú también y encomiéndate a Dios. En verdad, Él es Quien todo lo Oye y Omnisapiente.

62. Y si buscan (únicamente) engañarte (Oh Mensajero) en verdad que Dios es suficiente para ti. Él es Aquél Quien te fortaleció con Su auxilio y con los creyentes.

63. Él ha armonizado sus corazones (los de los creyentes). Si hubieses gastado todo lo que hay en la Tierra, no habrías armonizado todos sus corazones, pero Dios los ha armonizado. En verdad Él es Glorioso poseedor de irresistible poder, Omnisapiente.

64. ¡Oh (Ilustrísimo) Profeta! Dios es suficiente para ti y para los creyentes que te siguen.

65. ¡Oh (Ilustrísimo) Profeta! Anima a los creyentes a que luchen. Si hay veinte de vosotros que son firmes, vencerán a doscientos. Y si hay de vosotros cien, vencerán a mil incrédulos, ya que (los incrédulos) son gente que no reflexiona ni busca penetrar la esencia de los asuntos para alcanzar la verdad.

66. De momento (mientras carecéis del equipamiento y el preparamiento necesario), Dios ha aliviado vuestra carga, ya que sabe que en vosotros se da debilidad. De manera que si hay cien de vosotros resueltos y firmes, vencerán a doscientos; y si hay doscientos de vosotros, vencerán a dos mil con el permiso de Dios. Dios se encuentra con los que se mantienen firmes[15].

67. No es propio de un Profeta tomar cautivos hasta haber acabado por completo con los enemigos en la tierra. Vosotros (Oh Creyentes) ambicionáis los efímeros bienes de esta vida mundana, pero Dios dispone que el Más Allá sea vuestro. Dios es Glorioso poseedor de irresistible poder, Omnisapiente.

68. Si no hubiese sido por un decreto previo de Dios (respecto a que los botines de guerra son lícitos y que los cautivos pueden ser liberados a cambio de un rescate), un terrible castigo os habría acaecido por lo que habíais tomado (de los botines de guerra y de los cautivos esperando un rescate antes de que el poder de los enemigos hubiese sido suficientemente reprimido y agotado).

69. (Pero como dicho decreto ya se encuentra vigente) ahora, disfrutad como lícito, puro y sano todo lo que habéis obtenido (como botín de guerra y como rescate); y apartaos de la desobediencia a Dios en todos vuestros actos. Sin duda alguna Dios es Indulgente y Compasivo (especialmente hacia Sus siervos creyentes y piadosos).

70. ¡Oh (Ilustrísimo) Profeta! Di a los cautivos que tengáis en vuestras manos: «Si Dios conoce algún bien en vuestros corazones (cualquier disposición a creer y a someterse a Dios), os concederá algo mejor que lo que se os ha quitado y os perdonará». Dios es Indulgente y Compasivo (especialmente hacia los siervos que se vuelven a Él en arrepentimiento).

71. Mas si ambicionan traicionarte (Oh Mensajero), pues ya traicionaron antes a Dios (y el resultado de ello está claro): Dios te ha dado poder sobre ellos. Dios es Omnisciente y Omnisapiente.

72. Aquellos que hayan creído y hayan emigrado (al hogar del Islam) y se hayan esforzado con ahínco con sus bienes y sus personas en la causa de Dios y aquellos que dieron refugio (a ellos) y les ayudaron (a ellos), —esos (ilustres) son amigos y protectores unos de otros y pueden heredar unos de otros—[16]. Pero aquellos que creen y no han emigrado: no tenéis ningún deber de protegerles hasta que emigren[17] (y la herencia no está permitida entre ellos y vosotros). Sin embargo, si os piden ayuda en materia de Religión, es vuestro deber proporcionarles ayuda excepto contra gente con la que hayáis establecido un tratado. Todo aquello que hacéis Dios sin duda lo contempla.

73. Aquellos que no creen son amigos y protectores unos de otros (especialmente contra vosotros). A no ser que lo llevéis a cabo a su vez (es decir, establecer relaciones de solidaridad entre los creyentes) habrán disturbios en la Tierra y una gran corrupción.

74. Aquellos que hayan creído y hayan emigrado (al hogar del Islam) y se hayan esforzado con sus bienes y sus personas en la causa de Dios y aquellos que dieron refugio (a ellos) y les ayudaron (a ellos) —esos (ilustres) son verdaderamente creyentes. Para ellos hay perdón (que aportará bendiciones imprevistas) y una honorable y generosa provisión.

75. Y aquellos que creyeron después (de la emigración del Profeta) y emigraron y se esforzaron con ahínco junto a vosotros, esos también son de los vuestros. Y los que tienen lazos de consanguinidad están más cerca unos de otros según la orden de Dios (respecto a la herencia). Con toda certeza, Dios posee pleno conocimiento de todas las cosas.


[1] La palabra original anfal, traducida como «botines de guerra», es la forma plural de nafl. Esta palabra significa servicio voluntario adicional cuando se emplea en relación a un siervo o recompensa adicional cuando se usa en relación a Dios. Es una opinión razonable, entonces, inferir que cualquier recompensa mundana como resultado de los servicios prestados en la causa de Dios está incluida en este significado. La mayor parte de los eruditos ratifica que el significado de la palabra es botines de guerra. Sin embargo, la palabra ghana’im (plural de ghanimah) se usa para los botines de guerra en el versículo 41, por lo que anfal tiene un significado mucho más amplio. También incluye la idea de fay (botín de guerra obtenido sin presentar combate, 59:6).

Los creyentes tienen como único fin obtener la aprobación y la complacencia de Dios en los servicios que prestan en Su camino y carecen de otras expectativas. Incluso cuando tienen que luchar contra los enemigos de Dios, sólo ansían obtener la complacencia de Dios y ensalzar Su Palabra, sin esperar nada mundano. Ningún propósito mundano, tal y como el botín, la fama o la posición puede ocupar lugar alguno en el corazón del creyente. Los botines de guerra son recompensas adicionales producto de esforzarse en Su camino, por lo cual, pertenecen a Dios y al Mensajero. Ellos pueden distribuirlo tal y como quieran, y los creyentes han de aceptar dicha distribución. Es por ello que la sura empieza orientando el corazón de los creyentes según este principio general. Hace hincapié en que el creyente no debe esforzarse en pos de la obtención de botines de guerra y enseña que si durante el transcurso de una guerra un creyente ha hecho presa o se ha apoderado de cualquier objeto aunque sea una aguja, ha de retornarlo al comandante o al estado antes de que lo obtenido sea distribuido.

[2] Estos versículos guardan relación con los acontecimientos que condujeron a la Batalla de Badr. Después de la emigración a Medina, el profeta Muhammad —la paz y las bendiciones sean con él— estableció un tratado con las tribus judías que dio a la ciudad estatus de ciudad-estado poblada por múltiples comunidades diversas. Tras ello, organizó e impulsó nuevas relaciones comerciales que ayudarían a establecer la independencia económica de los musulmanes. En Medina habitaban poderosas tribus judías y vigorosos clanes árabes politeístas e hipócritas. Cada una constituía una amenaza para la nueva comunidad musulmana además de que en el desierto circundante moraban tribus politeístas que reconocían a los quraishíes como sus dirigentes. Los habitantes de La Meca advirtieron a Abdullah ibn Ubayy ibn Salul, el jefe hipócrita de Medina, que si no expulsaba al profeta Muhammad —la paz y las bendiciones sean con él— de Medina iban a atacar la ciudad; organizarían ataques repentinos contra los suburbios de la ciudad y la saquearían derramando sangre por doquier. Bajo dichas adversas condiciones, el profeta Muhammad —la paz y las bendiciones sean con él— se vio obligado a proporcionar seguridad con el fin de conservar la existencia del Islam y poder continuar trasmitiendo el Mensaje Divino. Para este propósito, organizó campañas militares en el desierto, a veces dirigidas por sus comandantes y en ocasiones comandadas por él mismo. Nunca permitió que hubiese derramamiento de sangre. Durante dichas campañas, tuvo también como objetivo hacer saber a las tribus vecinas de la existencia de los musulmanes y evitar que se aliasen con los politeístas quraishíes.

Los habitantes de La Meca usurparon todo lo que dejaban tras de sí los musulmanes que emigraban. Consignaron una caravana comercial que iba hacia Siria, cuyas mercancías consistían principalmente de propiedades arrebatadas a los musulmanes. El Mensajero de Dios, pues, decidió tomar posesión de lo que era de su propiedad mientras la caravana se hallaba en ruta hacia La Meca. Tal y como puede entenderse en dichos versículos, Dios Todopoderoso dispuso que los habitantes de La Meca, que se sentían extremadamente inquietos respecto al desarrollo del Islam, resolviesen proteger la caravana y que tuviesen un encuentro militar con los musulmanes. Los acontecimientos se desarrollaron según la Voluntad de Dios. Habiendo percibido la Voluntad de Dios, el Mensajero consultó a su ejército sobre el asunto. Su ejército estaba constituido única y exclusivamente por 310 hombres, casi todos soldados de infantería, a excepción de dos o tres combatientes que montaban caballos, y alrededor de 50 jinetes que iban a lomos de camellos. Algunos insistieron en marchar contra la caravana, ya que el ejército de La Meca era más poderoso, constituido por 1000 hombres, 600 de los cuales portaban cota de malla, así como más de 100 jinetes. Sin embargo, los discursos de Miqdad ibn ‘Amr y Sa‘d ibn Mu‘az, en los que manifestaron que seguirían al Mensajero allá donde les llevase, agradaron al Mensajero y alentaron a los creyentes. Al final, los dos ejércitos se encontraron frente a frente en Badr, lugar emplazado entre Medina y La Meca, el día 17 de Ramadán (y según otras autoridades el 19 o el 21) el segundo año de la Hégira (624 d. de C.).

[3] Es decir «si no hubiese sido por el plan de Dios y Su ayuda no habríais podido matarles ni resultar victoriosos en la guerra». Esto es una advertencia para aquellos que con orgullo creyeron que se habían hecho con la victoria en la guerra por su valor y su habilidad.

[4] Esta frase se refiere a la ocasión en la cual el ejército musulmán y el de La Meca permanecieron frente a frente en la Batalla de Badr. En ese momento, el Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones sean con él) lanzó un puñado de tierra hacia el enemigo diciendo: «Que sus rostros sean secados» y todos los soldados enemigos sintieron como si se hubiesen quedado ciegos (Ibn Hisham, 1:668).

[5] Los musulmanes eran muy pocos y estaban siendo perseguidos de distintas maneras en La Meca. Dios Todopoderoso les salvó y les proporcionó un refugio en Medina. Sin embargo, puesto que tuvieron que dejar sus propiedades en La Meca, sufrieron grandes privaciones en Medina durante los primeros años, a pesar de los incomparables sacrificios de los Ansar, los musulmanes de Medina. Asimismo se hallaban envueltos por un cúmulo de condiciones desfavorables. En dichas circunstancias, la caravana que se encontraba de camino hacia La Meca procedente de Siria —que portaba las pertenencias que tuvieron que dejar abandonadas en La Meca—, fue una oportunidad única para poder recuperar así algunas de sus propiedades que habían sido usurpadas. Sin embargo, Dios quiso que se encontrasen ante un ejército fuertemente armado, en cuyas filas se encontraban todos los líderes politeístas a excepción de Abu Lahab, y que les superaba en número tres veces. Si consideramos que 600 combatientes del ejército de La Meca portaban cotas de malla y que su caballería constaba de 100 jinetes, mientras que el número de guerreros musulmanes no superaba los 310 hombres, con únicamente dos o tres jinetes, y sin cotas de malla así como que las batallas de dicha época se llevaban a cabo cuerpo a cuerpo, podemos comprender pues con facilidad la terrible situación en la que los musulmanes se vieron envueltos. Precisaban desesperadamente el auxilio de Dios. El Corán, de modo explícito, afirma que no hubiesen obtenido la victoria en dicha batalla si no hubiese sido por la ayuda de Dios. De hecho, Dios se atribuye a Sí mismo la matanza de los soldados enemigos, la mayoría de los cuales eran los líderes de los politeístas. También menciona la eficacia de la tierra que fue lanzada hacia ellos por el Mensajero. Dios también envió ángeles para animar a los musulmanes, los cuales golpearon los cuellos y los dedos de los soldados enemigos para hacerles difícil mantenerse en pie y hacer uso de sus propias armas, flechas y lanzas. Además de todo lo indicado anteriormente, Dios ayudó a los musulmanes de muchas otras maneras, que mencionaremos más adelante cuando la ocasión así lo precise.

[6] Traicionar a Dios o a Su Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, desobedeciéndoles significa traicionarse a sí mismo y tiene como consecuencia traicionar lo que se nos ha encomendado tal y como la confianza, las vidas, las propiedades, la castidad de los demás, los asuntos públicos, los deberes y los puestos y posiciones que se encuentran a nuestro cuidado.

[7] Los versículos comprendidos entre el vigésimo y el trigésimo contienen sensatos consejos y avisos para la nueva comunidad musulmana de Medina y para todos los musulmanes de todas las épocas y lugares. El versículo 30 aborda el favor concedido al Mensajero —la paz y las bendiciones sean con él— y a la comunidad musulmana a través de él.

La Batalla de Badr demostró ser un punto de inflexión y una de las mayores victorias de los musulmanes, sino la mayor. Dicha victoria fue conseguida exclusivamente con el auxilio de Dios. Ya que los musulmanes habían vencido tras haber estado en una situación nada envidiable, es muy posible que los héroes victoriosos de Badr sintiesen algún tipo de orgullo por su logro. Además, algunos de ellos no estaban muy dispuestos a luchar. Algunos incluso empezaron a tomar el botín sin haber derrotado previamente al enemigo por completo o sin ni siquiera preguntar si estaba permitido hacerse cargo de dicho botín (M. Asım Köksal, 2:146, 171-73). Por lo tanto, los versículos comprendidos entre el vigésimo y el trigésimo contienen sensatos consejos y avisos para dicha gente y para todos los musulmanes hasta el Día del Juicio Final. Estas advertencias y recomendaciones pueden resumirse de la siguiente manera:

  • La victoria y la derrota se hallan única y exclusivamente en manos de Dios. Para merecer la victoria, los individuos han de realizar todo aquello que sea necesario para su consecución.
  • Aunque los seres humanos lleven a cabo todo lo que está en sus manos para merecer la victoria, Dios no se halla obligado a concedérsela. Al igual que cualquier cosa buena que le ocurra a la gente, la victoria también es una bendición de Dios. Por lo tanto, siempre debemos estarle agradecidos.
  • En todos Sus mandamientos, la gente ha de obedecer a Dios y a Su Mensajero. Han de obedecer dichos mandamientos y no deben actuar como si no hubiesen oído nada. Deben obedecer lo que Dios y Su Mensajero han ordenado y llevarlo a cabo sinceramente.
  • Aquellos en cuyos oídos los mandamientos de Dios y Su Mensajero no han penetrado o actúan como si no les hubiesen dicho nada, se hallan espiritualmente muertos. Dicha gente, por lo tanto, no son sino como objetos inertes, sordos y mudos que no pueden entender ni hacer uso de su raciocinio.
  • Hay ciertos elementos que ensordecen y enmudecen a la gente y les hacen insensibles ante la Revelación Divina, tal y como desarrollar prejuicios, abandonarse a la vanagloria y a la arrogancia, sostener puntos de vista erróneos, ser controlados por sus deseos carnales y ambiciones mundanas, y la injusticia. Debido a ello, la gente pierde todos sus sentidos, sus facultades espirituales y su capacidad para creer.
  • Los creyentes siempre deben responder positivamente a la llamada de Dios y de Su Mensajero. El Mensajero les transmite la llamada de Dios a la verdad, la cual les hace estar espiritualmente vivos. Si no proporcionan una respuesta positiva a dicha llamada, Dios «interviene» entre ellos y sus corazones, y hace que sus corazones se desvíen, llevándoles hacia la perdición y la fatalidad en el Más Allá.
  • Si los creyentes fracasan en relación a responder positivamente a la llamada de Dios y Su Mensajero, esto no sólo significa la fatalidad en el Más Allá, sino que también da lugar a un conflicto interno en la sociedad. Esto es una prueba decisiva, que les capacita para distinguir quién es sincero y quién no lo es. Pueden perder sus vidas, sus propiedades y sus seres queridos en este conflicto y, lo que es peor, habiendo sido una vez hermanos y hermanas sinceros, empiezan a matarse los unos a los otros como enemigos declarados. La seguridad interna y la confianza mutua ya no existen, y los asuntos y puestos públicos son entregados a aquellos que no están capacitados para ello. Todo ello tiene como resultado caer bajo el control de un gobierno despótico o el dominio extranjero o ser objeto de otro tipo de calamidades.
  • Los creyentes siempre tienen que buscar la complacencia y la aprobación de Dios e intentar obtenerlas con sus palabras y acciones. Nunca deben pensar en obtener ganancias y ventajas mundanas, particularmente a través de actos religiosos o servicios.
  • Sea lo que sea que una persona posea en este mundo, ya sea una posición social, un puesto laboral o cargo, hijos inteligentes y afortunados o riquezas, ello no es más que un medio para probarle y determinar la valía de una persona. Y así nuestras posesiones, aquello de lo que nos enorgullecemos, no son sino una prueba para nosotros. Dios nos provee con todos nuestros presentes, y así pues tenemos que atribuírselos a Él y darle gracias constantemente desde el corazón, verbalmente y a través de nuestro modo de vida. Si actuamos de esta manera, Dios nos recompensará abundantemente en el Mas Allá y aumentará lo que nos ha proporcionado en este mundo. Sin embargo, lo que una persona posee puede ser un medio para llevarla a la autodestrucción en el otro mundo y en éste.
  • Los creyentes siempre han de ser conscientes de Dios y actuar con piedad y con suma reverencia a Dios, temiendo cometer deslices y pecados. Si lo hacen con sinceridad, Dios les dotará de un discernimiento que podrán sentir en sus corazones. Con dicho criterio, podrán distinguir entre lo que es correcto e incorrecto, falso y verdadero, sin necesidad de acudir a ningún muftí o cualquier erudito islámico. Mientras lleven a cabo lo que han de hacer para obtener la protección de Dios, Dios les protegerá contra los actos malvados, los malos pensamientos, los conflictos internos y contra la derrota ante otras potencias enemigas.

También cabe señalar aquí que, mientras que los versículos revelados después de la Batalla de Uhud estaban destinados a consolar a los creyentes con motivo del revés que sufrieron en la segunda fase de la batalla, e incluso contienen halagos para ellos con el fin de elevar sus heridos espíritus, estos versículos, revelados tras la victoria de Badr, no albergan ninguna palabra de felicitación. Más bien encontramos advertencias y consejos. Esto es importante, en particular respecto a lo que a la guía y a la educación se refiere.

[8] Este versículo da a entender que mientras la Religión —Islam— transmitida por el Mensajero de Dios, —la paz y las bendiciones sean con él— continúe siendo practicada ordenando la vida de la comunidad de un modo que complace a Dios Todopoderoso, mientras la gente siga viviendo consciente de Dios e implorándole por Su perdón siempre que cometan incorrecciones, Dios no les infligirá ningún doloroso sufrimiento.

[9] El castigo mencionado aquí no es del tipo mencionado en el anterior versículo trigésimo segundo que generalmente sucede a un desastre «natural». Se refiere o bien a su derrota a manos de los musulmanes, a ciertas catástrofes sociales o al castigo de Dios en el Más Allá. Y de hecho, tal vez se refiera a todo ello.

[10] El Corán menciona la fitna como una de las razones más importantes para declarar la guerra. También cita en el versículo 2:191 y explica en la nota número 138 de dicha sura (al-Baqara) que fitna significa incredulidad, atribuirle copartícipes a Dios, hipocresía, injusticia, maldad así como el entorno caótico y el desorden que da lugar a lo anteriormente mencionado o que es la causa de ello. Tal vez sea más preciso definir la fitna como la corrupción que abarca todos los males anteriormente citados.

Dios Todopoderoso quiere que la paz, la justicia, la seguridad, la creencia y la sumisión a Él prevalezcan en la Tierra. Estas son las condiciones esenciales para la humanidad. Lo que los creyentes han de procurar es poner fin a la fitna o al dominio de la incredulidad, que es atribuir copartícipes a Dios y la maldad. Esta es una razón para declarar la guerra. La otra razón es en caso de defensa propia. Una vez que la fitna haya sido erradicada, la gente puede adoptar diferentes cosmovisiones, y los seguidores de otras creencias, como el Cristianismo, el Judaísmo, el Zoroastrismo y el Sabeísmo son libres de vivir de acuerdo a sus propias religiones. Pero el orden público no debe de ser dañado por ninguna de dichas creencias. (Véanse asimismo los versículos 2:190-93, 256, notas número 138 y 39).

[11] Esta sura comienza haciendo hincapié en el principio básico de que los botines de guerra pertenecen a Dios y a Su Mensajero y ha preparado los corazones de los creyentes para aceptar de buen grado la distribución que Dios va a hacer. Este versículo describe cómo han de ser distribuidos los botines de guerra, asignando primero una quinta parte a Dios, a saber, el botín destinado a sufragar los servicios públicos. Luego indica a la gente que representa dicho servicio: el Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, su familia, los huérfanos, los pobres, el viajero que no tiene suficientes medios para completar su viaje. Lo que queda se distribuye entre los combatientes.

El Mensajero —la paz y las bendiciones sean con él— dedicó toda su vida a transmitir el Islam a los demás y a servir a la gente. No estaba en situación de proveer a los pobres de entre sus familiares. Además, había muchas situaciones en las que el Mensajero debía gastar en su condición de Mensajero y Jefe de Estado. La parte asignada a él, en muchos aspectos, es comparable a los fondos asignados para los gastos especiales propios de los Jefes de Estado.

Es un hecho histórico que el Mensajero —la paz y las bendiciones sean con él— hizo uso de la riqueza de su primera esposa Jadiya en pos de la causa de la comunicación del Islam, mientras que él, su familia y sus parientes vivían como los más pobres de entre los musulmanes. También emplearon toda la parte proveniente de los botines de guerra que les fue asignada proporcionando servicios islámicos y sirviendo a los necesitados.

[12] Cuando Satanás percibió que el ejército musulmán estaba apoyado por ángeles y que podrían derrotar a los politeístas, eligió escapar, ya que temía recibir golpes. Sus palabras: «En verdad me desentiendo de vosotros» y «No cabe duda que temo a Dios» no son más que excusas para su huida.

[13] El Islam es un sistema de valores y todos sus principios tienen como propósito preservar dichos valores y gobernar la vida con justicia de acuerdo con los mismos. Este versículo establece una regla básica islámica con relación a las leyes internacionales: Cuando dos naciones conciertan un pacto entre ellas que se extenderá durante un período de tiempo determinado, ambas partes han de cumplir dicho pacto hasta su finalización. Si una de las partes contraviene el pacto, la parte agraviada ha de anunciarle que el pacto ha sido disuelto antes de empezar acciones hostiles, para que ambas sepan cuál es la situación. El Mensajero —la paz y las bendiciones sean con él— dijo: «Todo aquel que se halle comprometido ineludiblemente por un tratado con una determinada gente no puede disolver dicho tratado hasta que finalice el término o hasta que públicamente declare que ha sido anulado» (Abu Dawud, «Yihad», 2:75). En otra expresión, declara: «No seáis traidores, incluso con aquél que os traiciona» (Abu Dawud, «Kitab al-Buyu», 2:75). Ni siquiera las supuestamente «civilizadas» naciones de hoy en día cumplen con este principio establecido 14 siglos atrás por el Islam. Más bien actúan sobre el siguiente principio: «Quien primero emprenda el ataque sorpresa, ese ganará».

[14] Este versículo contiene importantes consejos y advertencias para los musulmanes:

  • Hasta el Día del Juicio Final habrá siempre enemigos de la creencia y del Islam. Por esa razón, los musulmanes han de estar alerta ante cualquier enemistad y ser suficientemente poderosos para disuadirla.
  • El siguiente versículo (61) es especialmente importante, ya que precede a los versículos que abordan la guerra y versículos que señalan que el estado musulmán siempre ha de estar preparado para la guerra, ya que dicha disposición actúa como un elemento disuasorio. Mientras tanto, el versículo 61 dice que los musulmanes son pacíficos, que han de vivir pacíficamente y ser representantes de la paz mundial. Por lo tanto, su actuación como elemento disuasorio en el equilibrio de poderes es uno de los factores importantes para brindar la paz al mundo y preservar dicha paz. Por esa razón, si los musulmanes no son lo suficientemente poderosos para hacerlo, otros derramarán sangre inocente en el mundo y los musulmanes serán responsables por el derramamiento de dicha sangre ante Dios.
  • Existe un gran número de enemigos diversos de la fe y el Islam. Algunos son enemigos declarados de Dios y de la religión, muestran su enemistad y son conocidos. Otros mantienen su animadversión contra el Islam y los musulmanes por otras razones aparte de la condición de musulmanes de estos últimos. Hay algunos enemigos de los cuales no son conscientes los fieles musulmanes, ya que generalmente se encuentran entre ellos y encubren su enemistad. Tal gente son hipócritas, viven en las sociedades musulmanas porque consideran que sus intereses residen en dichos lugares. Algunas de estas personas carecen de una creencia arraigada en su corazón y pueden cambiar de bando fácilmente, incluso por una razón insignificante. Dios conoce bien a dicha gente. Los musulmanes a su vez han de tenerles en cuenta y se encuentran en la obligación de tratar de acumular el poder necesario para doblegarles.
  • Los musulmanes han de ser poderosos. El Islam hace responsables a los individuos y a las sociedades de su propio destino, por lo tanto, la gente ha de asumir la responsabilidad de autogobernarse. El Corán se dirige a la sociedad con frases como «¡Oh pueblo! y ¡Oh creyentes!». Los deberes encomendados a los estados modernos son aquellos que el Islam remite a la sociedad y los clasifica, en orden de importancia, como «absolutamente necesario, relativamente necesario y recomendables de llevar a cabo». Dicho sistema hace que los musulmanes establezcan las instituciones necesarias para cumplir dichos deberes. Una de las maneras para llegar a ser poderoso es que todos y cada uno han de desembolsar y sufragar en la causa de Dios a partir de aquello que poseamos. Esto generalmente ocurre por medio del Zakah (Limosna Prescrita Purificadora); si es necesario, imponiendo nuevos impuestos además del Zakah; y, si es preciso otra vez, mediante una movilización general.

[15] Estos dos últimos versículos no deben ser malinterpretados. Cuando todo es igual, es decir, las dotaciones, los recursos, etc., los creyentes pueden ser diez veces más poderosos que los incrédulos, como consecuencia de sus fuentes de poder: la creencia en Dios y en la vida eterna, su falta de temor a la muerte, la fuerza de voluntad que hayan adquirido a través de la veneración regular, su resistencia frente a las tentaciones de sus almas carnales, su dependencia de Dios, su paciencia y el hecho de que esperan la dicha eterna del Paraíso y que Dios esté complacido con ellos. Estos son cosas que los incrédulos no poseen. Pero los musulmanes de aquella época —esta sura fue revelada justo antes de la Batalla de Badr— no tenían poder material suficiente ni entrenamiento militar. Pero pudieron vencer a un enemigo que era tres veces más poderoso que ellos en la Batalla de Badr por haber sido reforzados con la ayuda de Dios. Cuando luego tuvieron la misma dotación y entrenamiento militar que sus enemigos fueron capaces de resistir y vencerles en situaciones en las que sus enemigos fueron en ocasiones hasta 30 veces más poderosos que ellos en batallas posteriores, tal y como las de Mu’tah, Yarmuk, Qadisiyah y otras más. Estos versículos mencionan el límite mínimo de combatientes.

Estos dos versículos presentan asimismo algunas normas militares. Es preferible que la unidad militar más pequeña esté compuesta por veinte soldados si los creyentes son poderosos y que conste de cien soldados cuando éstos son inexpertos. Tener firmeza y fuerza de voluntad es una de los fundamentos de superioridad en la guerra, mientras que la perspicacia y el discernimiento de la esencia de los asuntos son otro fundamento de la superioridad.

[16] Cuando el Mensajero de Dios emigró a Medina con los musulmanes de La Meca, estableció relaciones de hermandad entre la gente de Medina y los emigrantes de La Meca. Podían heredar unos de otros aunque no tenían lazos de consanguinidad. Siguieron haciendo eso hasta que los musulmanes que habían emigrado adquirieron ciertos medios para ganarse la vida. El versículo 75, que apareció más tarde, abroga dicha institución de hermandad formal y restringe la herencia a las relaciones de sangre.

[17] Este juicio guarda relación, más que con todas las épocas, con un momento en el que la emigración y el establecimiento de un centro para el Islam era obligatorio para todos los musulmanes.

 
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