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escrito por Ali Ünal   
14.08.2009
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Sura 4 An-Nisa’ (Las Mujeres)
Página 2

Período de Medina

Esta sura, que contiene 176 versículos, fue revelada hacia el sexto año de la Hégira. Es la primera de dos suras que empiezan con la frase «¡Oh seres humanos!». Si dividiéramos el Corán en dos partes iguales, Sura an-Nisa’ es la cuarta sura de la primera parte, mientras que la Sura Hayy, la segunda sura que comienza también con «¡Oh seres humanos!», es a su vez la cuarta sura de la segunda parte. Tras dirigirse a nosotros de esa manera, la sura hace referencia al origen o principio de la humanidad. La Sura Hayy, al contrario, hace hincapié en la vida del Más Allá. La mayoría de los principios que fueron revelados para regular y gobernar el derecho civil de los musulmanes se encuentran en esta sura.

En el Nombre de Dios, el Misericordioso, el Compasivo.

1. ¡Oh seres humanos! Con la debida devoción a vuestro Señor, apartaos de la desobediencia a Él, que os ha creado a partir de un único ser humano, creando a partir del mismo a su pareja y, a partir de ambos, diseminó a multitud de hombres y mujeres. Con la debida devoción a Dios, apartaos de la desobediencia a Él en Cuyo Nombre os suplicáis los unos a los otros y (observad debidamente) los derechos de los úteros (es decir, de parentesco, teniendo piedad en vuestras relaciones con Dios y con los seres humanos). Dios os observa siempre[1].

2. Restituid a los huérfanos sus propiedades (que se hallan bajo vuestra tutela, cuando éstos alcancen la mayoría de edad) y no intercambiéis lo corrupto por lo bueno (lo ilícito por lo lícito), ni consumáis sus propiedades mezclándolas con las vuestras. Porque hacer eso sería un gran crimen (ya que pondríais en riesgo la recompensa espiritual que esperáis por cuidarles).

3. Si teméis no poder observar sus derechos con correcta imparcialidad cuando os caséis con las chicas huérfanas (que estén bajo vuestra tutela), os podréis casar con otras mujeres (que os sean permitidas en matrimonio y) que os parezcan bien, dos, tres o cuatro[2]. Sin embargo, si teméis que (en vuestras obligaciones maritales) no podáis ser justos con ellas, entonces contentaros con una sola o con las cautivas que vuestra diestra posea[3]. Haciendo eso es más probable que no actuéis en rebeldía.

4. Conceded a las mujeres (con las que os hayáis casado) su dote (mahr) de buen grado y para siempre (es decir, sin esperar nada a cambio) sin embargo si voluntariamente renuncian a alguna parte de ella en vuestro favor, podréis disfrutarlo complacidos.

5. No proveáis a los mentalmente débiles la riqueza que Dios ha puesto a vuestro cargo (como sustento para vosotros y para los necesitados), sino alimentadles y vestidles a partir de ella (especialmente con el beneficio que hagáis aprovechándola) y habladles amablemente y con palabras de honesto consejo.

6. (Cuidad y) examinad a los huérfanos bien cuando hayan alcanzado la edad de matrimonio. Si encontráis que son sensatos, traspasadles sus bienes; y no los consumáis malgastándolos ni lo hagáis con prisa temiendo que se hagan mayores (y se apropien de los mismos). Si el tutor es rico (lo suficiente para mantenerse a sí mismo y a su familia), que se abstenga (de la propiedad de su tutelado); pero si es pobre, que gaste de ella de modo justo y razonable. Cuando les traspaséis (sus propiedades), que hayan testigos por parte de ellos. Dios basta como Aquel Quien ajusta cuentas (de Sus siervos).

7. A los herederos varones les corresponde una parte de lo que los padres y los parientes cercanos dejan atrás y a las mujeres herederas les corresponde una parte de lo que los padres y los parientes cercanos dejan atrás, ya sea (la herencia) abundante o escasa — es una parte prescrita por Dios[4].

8. Si algunos de los otros parientes (que no poseen una parte legítima definida), los huérfanos y los destituidos están presentes en la partición (de la herencia), concededles algo de ello (para su provisión) y habladles amable y agradablemente.

9. Que se preocupen (por los derechos de los huérfanos) aquellos que si (ellos mismos) dejasen tras de sí una descendencia débil, temerían por ella —y que se aparten de la desobediencia a Dios por temor a Su castigo y que digan la verdad con palabras apropiadas (respecto a la partición de la herencia y su trato a los huérfanos).

10. Sin duda aquellos que consumen los bienes de los huérfanos injustamente, están consumiendo un fuego en sus vientres; y pronto se abrasarán en un Fuego (que nunca habéis visto y cuyo grado de intensidad nadie conoce salvo Dios).

11. Dios os ordena acerca de (la partición de la herencia entre) vuestros hijos: al varón le corresponde la misma parte que a dos hembras. Si hay más de dos hembras (sin ningún varón con ellas), les corresponderán dos tercios de la herencia; si sólo hay una, entonces la mitad. En cuanto a los padres (del difunto): a cada uno le corresponderá una sexta parte de la herencia, en caso de que haya dejado un hijo; pero si no ha dejado hijos, sus padres son sus herederos, y entonces a su madre le corresponderá un tercio. Y si tiene (una madre con o sin hermanas) dos o más hermanos, para su madre habrá un sexto. — (Todas estas instrucciones han de ponerse en vigor) tras deducir los legados que haya hecho (siempre y cuando dichos legados estén de acuerdo con las enseñanzas relacionadas del Islam) y cualquier deuda (en que haya incurrido) (—primero se paga la deuda, luego el legado se cumple y luego la herencia se distribuye). Vuestros padres y vuestros hijos: no sabéis cuál de ellos os beneficia más de cerca. Esto (la ley sucesoria) es un precepto de Dios (que debéis obedecer a toda costa). Sin duda, Dios es Omnisciente (de vuestros asuntos y de lo que os beneficia y os daña) y Omnisapiente.

12. Y a vosotros os corresponde la mitad de lo que vuestras esposas dejen, si no tienen hijos; pero si tienen hijos, tendréis un cuarto de lo que dejen —tras deducir los legados que hayan hecho y las deudas (en que hayan incurrido)—. Y para ellas será un cuarto de lo que dejéis, si no tenéis hijos; pero si tenéis hijos, tendrán un octavo de lo que dejéis —tras deducir cualquier legado que hayáis hecho y cualquier deuda (en que hayáis incurrido)—. Y si un hombre o una mujer no tienen ningún heredero directo, pero tienen un hermano o una hermana (de madre), a cada uno les corresponderá un sexto; pero si tienen dos o más, habrán de compartir un tercio —tras deducir los legados que se hayan hecho o deudas; sin pretender (en los legados o en las deudas) perjudicar (los derechos de los herederos, como por ejemplo, declarando deudas ficticias o legando más de un tercio del patrimonio). (Es) Mandamiento de Dios. Dios es Omnisciente (de todas vuestras intenciones, acciones y resultados), Clemente (pues no se apresura en castigar los errores de Sus siervos)[5].

13. Estos son los límites fijados por Dios. Todo aquel que obedezca a Dios y a Su Mensajero (permaneciendo dentro de estos límites), Dios le admitirá en Jardines a través de los cuales discurren ríos, donde morará. Ese es el triunfo supremo.

14. Pero quien desobedezca a Dios y a Su Mensajero y traspase Sus límites, Dios le admitirá en un Fuego donde morará, y tendrá un vergonzoso y humillante castigo.

15. Respecto a aquellas de vuestras mujeres que cometan una indecencia (o sea, relaciones sexuales ilícitas) que cuatro varones testigos de entre vosotros (que las hayan visto cometiendo el acto) testifiquen contra ellas (en el plazo de un mes en las ciudades y seis meses en las zonas rurales). Si dan testimonio, confinad a dichas mujeres en sus casas hasta que la muerte se las lleve o Dios les provea una salida.

16. Cuando dos de entre vosotros lo hayan cometido, castigadles reprendiéndoles y pegándoles; pero si tienen cargo de conciencia, se arrepienten y se enmiendan, dejadles[6]. Indudablemente es Dios Quien acepta el arrepentimiento y lo corresponde con generoso perdón, el Compasivo.

17. Dios tan sólo acepta el arrepentimiento de aquellos que cometen un mal por ignorancia (al ser derrotados por el yo carnal que ordena el mal) y luego (se apartan y) se arrepienten acto seguido. Es el arrepentimiento de ellos el que Dios corresponde con perdón; Dios es Omnisciente (de lo que cada uno hace y de por qué lo hace) y Omnisapiente.

18. Pero no le servirá de nada el arrepentimiento a aquellos que cometen el mal (durante toda una vida) hasta que, cuando a uno de ellos le visita la muerte, expresa: «Ahora sí que me arrepiento». Ni (tampoco el arrepentimiento es de ningún provecho) a aquellos que (transcurren sus vidas en la incredulidad y ofrecen su arrepentimiento en el momento de la muerte y) mueren como incrédulos (ya que dicho arrepentimiento no es aceptado). Para ellos hemos preparado un doloroso castigo.

19. ¡Oh vosotros que creéis! No os es lícito convertiros en herederos, en contra de su voluntad, de las mujeres (de vuestros parientes fallecidos, casándoos con ellas contra su voluntad sin darles la dote debida o forzándolas a que se casen con otros a cambio de su dote como si fuesen parte del patrimonio heredable); ni debéis de obligar a vuestras esposas con la intención de llevaros algo de lo que les habéis concedido (tal y como la dote o un regalo nupcial), a no ser que sean culpables de haber cometido una indecencia de modo obvio (con la intención de justificar el divorcio). Convivid con ellas de buena manera, ya que aunque os disgusten, puede ser que os disguste algo en lo que Dios haya puesto mucho bien.

20. Pero si decidís exonerar el matrimonio con una esposa y casaros con otra y le habéis otorgado a la primera (bienes tan abundantes como) un tesoro, no toméis nada de ello. ¿Lo tomaréis con calumnias (ingeniándooslas para obtener el tipo de divorcio que os permita recuperar la dote) y cometiendo un pecado flagrante?

21. ¿Cómo podréis recuperar la dote cuando os habéis regalado mutuamente y ellas (las mujeres casadas) han tomado de vosotros un solemne compromiso (de honrar sus derechos)?

22. Y no os caséis con las mujeres con quienes vuestros padres se han casado —a excepción de lo que haya ocurrido (de ello) en el pasado (antes de vuestra conversión: esos casos son perdonados siempre y cuando rectifiquéis vuestra conducta y concluyáis dicho contrato de matrimonio). ¡Ciertamente fue un acto indecente, algo abominable y un mal camino!

23. Se os han prohibido (Oh hombres creyentes) vuestras madres (incluidas las madrastras y las abuelas), hijas (incluidas las nietas), hermanas (incluidas las hermanas de padre y madre y las medio hermanas) vuestras tías paternas y maternas, las hijas de vuestros hermanos, las hijas de vuestras hermanas, las madres que os han amamantado, vuestras hermanas de leche (todas las que están emparentadas con vosotros por la misma leche materna y por la descendencia[7]), las madres de vuestras esposas, vuestras hijastras —que habéis acogido y han nacido de vuestras esposas con las que habéis consumado el matrimonio; si no hubieseis consumado el matrimonio con ellas, no habría inconveniente en ello (si os casáis con sus hijas)—, las esposas de vuestros hijos consanguíneos y tomar en matrimonio a dos hermanas a la vez (incluyendo a la sobrina y a su tía materna o paterna) —excepto lo que haya ya ocurrido (de este tipo) en el pasado—. Sin duda Dios es Indulgente y Compasivo.

24. Y (también están prohibidas para vosotros) todas las mujeres casadas salvo aquellas (cautivas) que vuestra diestra posea (y cuyos lazos con sus maridos han sido prácticamente rotos). Éste es el decreto de Dios que os obliga. Os son lícitas todas las demás mujeres, aparte de las ya mencionadas, que busquéis, ofreciéndoles de vuestras riquezas y tomándolas en sana castidad (es decir, en matrimonio), no en indecencia. Y a cualquiera de ellas con las que queráis disfrutar en matrimonio (bajo dichas condiciones), concededles sus dotes como está prescrito. Mas no incurrís en pecado por todo aquello que hagáis de mutuo acuerdo después de la obligación (que ha sido cumplida). En verdad que, Dios es Omnisciente (de todo lo que hacéis y de por qué lo hacéis) y Omnisapiente.

25. Si alguno de vosotros carece de medios para casarse con una mujer libre y creyente (que se case con) doncellas creyentes de entre las que vuestra diestra posea. (No contempléis el matrimonio con dichas doncellas creyentes como una degradación. Más bien, la degradación es desviarse hacia la indecencia sin casarse). Dios conoce bien todo sobre vuestra fe (y os mide por ella); y (ya seáis libres o esclavos) unos procedéis de otros (perteneciendo como creyentes a la misma fe y comunidad). Casaos, pues, con ellas con el permiso de sus tutores y concededles la dote que les corresponde según lo acostumbrado y de acuerdo con la práctica religiosamente ratificada, como mujeres que se ofrecen en honesta castidad no en indecencia, ni tomando amantes secretos[8]. Luego, si cometen una indecencia después del matrimonio, se les impondrá la mitad de la pena que le corresponde a la mujer libre (soltera). Ello (el permiso de casarse con esclavas) es para los que temen incurrir en el pecado (permaneciendo solteros). Pero si perseveráis (en el dominio de uno mismo sin temer caer en el pecado) eso es mejor para vosotros. Dios es Indulgente, Compasivo.

26. Dios quiere explicaros (Sus mandamientos en los que radica vuestra felicidad) y guiaros hacia los (rectos) caminos de la vida de los que os precedieron y corresponderos a vosotros (con misericordia y favor). Dios es Omnisciente, Omnisapiente.

27. Dios quiere corresponderos a vosotros (con misericordia y favor explicándoos Sus mandamientos y guiándoos al Camino Recto), mientras que los que siguen (sus) deseos (mujeres, descendencia, riqueza, fama, estatus y posición) quieren que os desviéis en gran medida (respecto al Camino Recto).

28. Dios quiere aliviaros (vuestras cargas), ya que el ser humano ha sido creado débil (susceptible de errar)[9].

29. ¡Oh vosotros que creéis! No consumáis las riquezas mutuamente de un modo injusto (mediante el robo, la extorsión, el soborno, la usura y el juego), sino a través del mutuo acuerdo; y no os destruyáis a vosotros mismos (individual o colectivamente siguiendo los caminos indebidos, tales como el ascetismo extremo y la indolencia. Sed siempre conscientes de que) Dios ha sido Compasivo con vosotros (particularmente como creyentes que sois).

30. Quien actúe injustamente por enemistad (hacia los demás), y por medio de la consecución deliberada de un pecado y siendo injusto (consigo mismo y con los demás), le haremos entrar en un Fuego donde se abrasará (el cual nunca habéis visto con anterioridad y cuya intensidad nadie conoce salvo Dios); eso es fácil para Dios.

31. Si evitáis los pecados capitales[10] que se os han prohibido, borraremos de vosotros vuestros pecados menores y os haremos ingresar a través de una entrada ilustre (a una morada de gloria).

32. (La gente difiere unos con otros en su capacidad y medios de vida; tampoco se halla en vuestras manos ser varón o hembra. Por lo tanto) no codiciéis aquello con lo que Dios ha hecho que unos superen a otros (envidiando de los demás la posición, la riqueza o los encantos físicos y, por lo tanto, oponiéndoos a la distribución realizada por Dios). Los hombres tendrán una parte de lo que hayan logrado (tanto en términos materiales como espirituales) y las mujeres tendrán una parte de lo que hayan logrado (tanto en términos materiales como espirituales). (Por otro lado, no rehuséis el esfuerzo y la aspiración, en vez de envidiar a los otros,) pedid a Dios (que os dé más) de Su generosidad (a través del trabajo permitido y a través de la oración). Sin duda, Dios posee pleno conocimiento de todas las cosas.

33. Y para todos hemos establecido herederos de aquello que los padres y los parientes cercanos hayan dejado. (Ya que esos herederos tienen partes definidas en la herencia que han de serles entregadas) y a aquellos con los que establecisteis una solemne alianza, concededles su parte debida. En verdad que Dios es testigo de todas las cosas.

34. Los hombres (aquellos que pueden llevar a cabo sus responsabilidades) son los protectores y sustentadores de las mujeres en la medida en que Dios ha otorgado a algunos (en ciertos aspectos) una mayor capacidad que a otros y en la medida en que ellos (los hombres) gastan de su riqueza (para la manutención de la familia). Las buenas y rectas mujeres son verdaderas devotas (de Dios) y cumplidoras (de los derechos de sus maridos), guardan los secretos (del honor y la propiedad de la familia, su castidad y los derechos del marido, especialmente cuando no hay nadie para cuidarlos en ausencia de otros hombres) del mismo modo que Dios protege y guarda (lo que ha de ser protegido e íntimo). En cuanto a las mujeres cuya determinada desobediencia e incumplimiento de sus derechos maritales temáis, amonestadlas (diciéndoles que hagan lo que es correcto); luego (si eso no surte efecto), apartaos de ellas en los lechos; luego (si ello no surte efecto), golpeadlas (ligeramente y sin pegarles en el rostro). Si luego os obedecen (en vuestras instrucciones para que cumplan los derechos de Dios y sus obligaciones maritales), no busquéis ningún medio contra ellas (para perjudicarlas). (Sed siempre conscientes de que) Dios es Excelso, Grande[11].

35. Y si teméis que acontezca una ruptura en la pareja, nombrad un mediador de la familia de él y otro de la familia de ella. Si ambos quieren resolver el asunto, Dios hará que se reconcilien entre ellos. Sin duda, Dios es Omnisciente y Consciente.

36. Y (como base esencial para la satisfacción de la vida individual, familiar y social) venerad a Dios y no Le atribuyáis copartícipe alguno; y haced el bien a vuestros padres del mejor modo posible, a los familiares, huérfanos, indigentes, a los vecinos que se hallan cerca (en parentesco, ubicación, fe), a los vecinos que se encuentran distantes (en parentesco y fe), a los compañeros cercanos (en el camino, en la familia, en el lugar de trabajo, etc.), al viajero y a los que estén a vuestro servicio. (Tratadles bien y haced lo dicho, ya que) Dios no ama a aquellos que son engreídos y jactanciosos.

37. Los que obran con avaricia (al gastar lo que Dios les ha concedido) e incitan a los demás a la avaricia y ocultan lo que Dios les ha concedido de Su favor (tal y como la riqueza, el conocimiento y ciertas verdades contenidas en su Libro). Hemos preparado para (tales) incrédulos un castigo vergonzoso y humillante.

38. Y (del mismo modo) aquellos que gastan de sus riquezas (en caridad o en otras buenas causas) para aparentar ante la gente (y ser alabados por ellos), pero no creen ni en Dios ni en el Día del Juicio Final: Quien tenga a Satanás como compañero, ¡cuán maligno compañero es!

39. ¿Qué (mal) les sobrevendrá si creen en Dios y en el Día del Juicio Final y dan de lo que Dios les ha proveído (simplemente por la complacencia de Dios), mientras que Dios posee pleno conocimiento de ellos (de lo que creen y lo que gastan)?

40. Sin duda alguna, Dios no es injusto (con nadie) ni tan siquiera en la medida del peso de un átomo; mientras que cuando se da una buena acción, Él la multiplica (respecto a sus resultados y a la recompensa que conlleva) y concede (a su autor) una tremenda recompensa estrictamente desde Su Presencia (mucho más de lo que pueda merecer).

41. ¿Qué será, pues, (de la gente en el Día del Juicio Final) cuando traigamos un testigo de cada comunidad (para que preste testimonio contra ellos y que declare que la Religión de Dios les fue comunicada), y te traigamos a ti (Oh Mensajero) como testigo contra todos aquellos (a los que tu Mensaje ha llegado)?

42. En ese Día, aquellos que se negaron a creer (en esta vida y murieron en la incredulidad) y desobedecieron al Mensajero desearán que la Tierra se nivele con ellos (para que no quedase rastro o constancia de ellos); pero no podrán ocultarle a Dios ningún acontecimiento (de lo que dijeron o hicieron).

43. ¡Oh vosotros que creéis! No vengáis a (realizar) la Oración mientras os encontráis en (algún tipo de) estado de ebriedad, hasta que no sepáis lo que decís, ni en estado de impureza ritual (requiriendo la ablución completa) —con la excepción de que os encontréis de viaje (y no os podéis limpiar)— hasta que no os lavéis (efectuando la ablución completa). Pero si os encontráis enfermos o de viaje, venís de haber satisfecho vuestras necesidades o habéis tenido relaciones con (vuestras) mujeres y no encontráis agua, recurrid a la tierra pura y pasárosla ligeramente por vuestra cara y manos (y brazos incluidos los codos). Es cierto que Dios es Aquel Quien concede remisión, Indulgente.

44. ¿No ves y reflexionas sobre aquellos que recibieron una parte del Libro? Están ocupados en comprar el extravío y desean que tú también te extravíes del camino (recto).

45. (¡Oh vosotros que creéis!) Dios conoce mejor quiénes son vuestros enemigos; y Dios basta como Guardián y Amigo Protector y basta como Auxiliador.

46. Algunos de los que se han convertido en judíos (judaizados) cambian el contexto de las palabras para tergiversar su significado y dicen: «Oímos y desobedecemos», «Óyenos y así te quedes mudo» (cuando pretenden decir: «¿Nos atenderás, Oh respetado?») y «¡Escúchanos! ¡Así te quedes sordo, Oh pastor!» (cuando pretenden decir: «¡Atiéndenos!»), elaborando un juego malicioso de palabras con sus lenguas y buscando insultar la (Verdadera) Religión. Si hubiesen dicho: «Oímos y obedecemos», «¡Escúchanos!» y «¡Hónranos con tu atención!», sería mejor para ellos y más justo. Mas Dios les ha excluido de Su Misericordia por su (deliberada y persistente) incredulidad y, salvo unos pocos, apenas creen.

47. ¡Oh vosotros que habéis recibido el Libro (con anterioridad)! Creed (sinceramente) en (todo) lo que hemos hecho descender (sobre Muhammad), confirmando (la verdad de) lo que ya teníais, antes de que obliteremos los rostros privándoles de vista, oído, habla y olfato o les excluyamos de Nuestra misericordia como excluimos a los que incumplieron el Sabbat. (Tened en mente) que el mandato de Dios siempre se cumple.

48. En verdad, Dios no perdona que se Le atribuya copartícipes, mas perdona a quien quiere (a todo aquél que Él haya guiado al arrepentimiento y la rectitud, por Su gracia pura o como resultado de la elección por parte de la persona del arrepentimiento y la rectitud debido a su libre albedrío). Quien atribuya copartícipes a Dios habrá incurrido en un pecado atroz.

49. ¿No contemplas (Oh Mensajero) a los que se consideran puros y santos? ¡No! Es Dios Quien purifica y santifica a quien quiere (considerando el libre albedrío de cada uno), y a nadie se le inflige ni lo más mínimo de injusticia.

50. ¡Mira cómo inventan mentiras sobre Dios! Eso basta como flagrante delito (para llevarles a la perdición).

51. ¿Acaso no compruebas en aquellos a los que se les concedió parte del Libro cómo creen en cualquier deidad falsa y en todo tipo de fuerzas del mal (que instituyen pautas de creencia y gobiernan desafiando a Dios) y dicen de los (idólatras) incrédulos que se encuentran más rectamente guiados (en el camino que siguen) que los que creen?

52. Tales son los que Dios ha excluido de Su misericordia, y a quien Dios excluye de Su misericordia, no encontrarás quien le auxilie y salve.

53. ¿O es que acaso tienen parte de la soberanía (propiedad y dominio de los Cielos y la Tierra, por lo que alegan tener una posición elevada ante Dios y derecho a guiar, a la Misión Profética y al gobierno de la Tierra)? Si así fuese, no le darían a la gente ni siquiera (lo que cupiera en) la muesca de un hueso de dátil.

54. ¿O sienten envidia de los demás por lo que Dios les ha concedido de Su favor y generosidad? Sin embargo, concedimos a la familia de Abraham (incluida la descendencia de Ismael, que procede de él, y a la familia de Isaac) el Libro y la Sabiduría y les concedimos un enorme reino (en el reino material y espiritual).

55. Entre ellos (los descendientes de Abraham) hay quienes han creído y creen en él (y, por lo tanto, creen en Muhammad, el cual posee el más legítimo derecho de parentesco con Abraham, y creen en el Corán que le fue revelado) y quienes se apartan de él (como algunos a los que les fue otorgado el Libro antes). (Para éstos) el Infierno les bastará como fuego abrasador.

56. A aquellos que (a sabiendas) oculten y rechacen Nuestras Revelaciones, les arrojaremos a un Fuego para que se abrasen en él. Cada vez que sus pieles se quemen, se las cambiaremos por otras, para que prueben el castigo. Sin duda, Dios es Glorioso poseedor de irresistible poder y Omnisapiente.

57. Mas aquellos que creen y hacen actos buenos y rectos, a ellos les admitiremos en Jardines a través de los cuales discurren ríos, allí morarán para siempre. Allí tendrán cónyuges y les admitiremos bajo una sombra protectora (de facilidad y satisfacción).

58. Dios os ordena que devolváis lo que se os encomendó (incluido los deberes y cargos públicos y profesionales) a sus dueños por derecho propio; y que cuando juzguéis entre la gente, lo hagáis con justicia. ¡Cuán excelente es lo que Dios os exhorta a hacer! Indudablemente, Dios es Quien todo lo Oye y todo lo Ve.

59. ¡Oh vosotros que creéis! Obedeced a Dios, obedeced al Mensajero y a aquellos de vosotros que son investidos de autoridad. Y si reñís sobre algo, remitidlo a Dios y al Mensajero, si de hecho creéis en Dios y en el Día del Juicio Final. Esto es lo mejor (para vosotros) y lo más justo al final[12].

60. Acaso no consideras a aquellos que dicen que creen en lo que te ha hecho descender y lo que se hizo descender antes de ti, y aún así anhelan recurrir a la mediación (a las normas) de las fuerzas del mal (que instituyen pautas de creencia y gobiernan desafiando a Dios) mientras que se les decretó expresamente que los rechazasen[13]. Ciertamente, Satanás desea dirigirles hacia un irremediable extravío.

61. Cuando se les dice: «Venid a lo que Dios ha hecho descender y al Mensajero (y someteos al juicio de Dios)», ves a los hipócritas apartarse de ti con desdén.

62. Pero luego cuando les acontezca una desgracia debido a lo que sus propias manos han anticipado (para el futuro), como vienen a ti jurando por Dios y diciendo: «¡Sólo queríamos la buena voluntad y la conciliación!».

63. Aquellos son de los que Dios sabe lo que hay en sus corazones. Apártate, pues, de ellos (no te preocupes por lo que dicen y hacen), continúa amonestándoles y diles conmovedoras palabras que les lleguen al alma.

64. (Todo el mundo ha de saber bien) que nunca hemos enviado a ningún Mensajero sino para que fuera obedecido con el permiso de Dios. Si, después de haber sido injustos consigo mismos (cometiendo pecados), hubiesen venido a ti y hubiesen pedido perdón a Dios —con el Mensajero pidiéndole a Dios que les perdonase—, habrían encontrado que Dios es Quien corresponde el arrepentimiento de Sus siervos con generoso perdón y recompensa adicional y es Compasivo.


[1] Desde diferentes puntos de vista, este versículo es bastante significativo. Sin embargo, debido al ámbito de este estudio tan solo podemos tratar algunos puntos aquí:

La palabra en árabe que ha sido traducida por «una única alma humana» es nafs wahidah (literalmente una única alma o espíritu). Tal y como hemos mencionado con anterioridad, nafs tiene dos significados básicos: el yo de un ser y la facultad que es la fuente o el mecanismo de la vida mundana que tienen los seres humanos y los genios. Cuando ambos significados son tomados en consideración, la frase «una sola alma humana» es la mejor traducción de la palabra nafs wahidah.

Hay versículos similares en el Corán que apoyan esta elección. Por ejemplo: Y entre Sus signos están que ha creado para vosotros, de vosotros mismos, compañeras para que os inclinéis hacia ellas y encontréis descanso en ellas, y ha puesto amor y ternura entre vosotros (30:21); Dios ha hecho para vosotros, y vosotros mismos compañeras (esposas) y ha hecho para vosotros de vuestras compañeras hijos y nietos y os ha proveído de cosas buenas y saludables (16:72); El Originador de los Cielos y de la Tierra, cada uno con sus características particulares; ha hecho para vosotros, de vosotros mismos, a compañeros y al igual que del ganado parejas (de su propia especie)… (42:11). A lo que se refieren estos versículos con la expresión «vosotros mismos» es a la humanidad o al alma de naturaleza humana. Estos versículos indican el hecho de que todo lo que existe en el Universo está constituido en pares, tal y como queda claro en el versículo: Y todas las cosas las hemos creado por parejas, por lo que debéis reflexionar y ser considerados (51:49).

Algunos son de la opinión que este versículo se refiere con la expresión «una única alma humana» a Adán. Esto no se contradice con la preferencia establecida en este estudio, ya que el Corán presenta a Adán antes de su vida terrenal como representante de la humanidad o del alma humana, en vez de como ser individual. Sin embargo, el hecho de que Adán sea nombrado como representante del alma humana es un punto muy sutil. Es el varón quien insemina, desempeñando un factor primordial en la reproducción. La inseminación puede fructificar en un varón o hembra. Es decir, un individuo de sexo masculino puede engendrar una descendencia de sexo masculino o femenino por igual. Si la naturaleza estuviera dotada de poder creativo, tal y como los materialistas y los naturalistas pretenden, un macho de cualquier especie no podría engendrar una hembra; ya que la naturaleza es regular y constante. La hembra no es un producto «natural» o una continuación del macho o al revés. El macho y la hembra son dos mitades o dos parejas de un todo; estas dos mitades se completan la una a la otra y cada una de ellas posee características peculiares. La existencia de cada una depende únicamente de la Voluntad y del Poder del Creador, que son absolutos. La naturaleza no tiene poder originador o creativo; es una creación, un modelo, un sistema regular establecido por el Creador.

Teniendo en cuenta que el hombre se halla dotado con la función de la inseminación en la reproducción de la pareja así como el alma humana de la cual su pareja fue creada es representada en principio por Adán, la mujer es más una bendición para los hombres que los hombres para las mujeres. Tal y como ha sido señalado con anterioridad (Sura al-Baqara, nota número 21), es desde esta perspectiva que el Corán menciona a la mujer como una de las principales bendiciones del Paraíso para el hombre. Al hallarse dotado el hombre con la función de la inseminación en la reproducción de la pareja, los hombres tienen una posición más dominante y tienen sobre sí de modo natural más responsabilidades debido a dicha posición.

La Sura an-Nisa’ —además de abordar otros aspectos— es la fuente del derecho civil islámico. Por eso es importante el hecho de que empiece diciendo «¡Oh seres humanos!». De ese modo, el Corán hace una llamada a los sentimientos humanos y hace referencia a la necesidad de ser humano en las relaciones. Lo que significa es lo siguiente: «Cada uno de vosotros es un ser humano que comparte la misma naturaleza. Sois descendientes del mismo padre y madre, y por lo tanto, sois hermanos y hermanas. Esto exige que os tratéis mutuamente como hermanos y hermanas, sin hacer discriminación alguna en base al color, raza o lengua». Llamando la atención a los derechos del parentesco, este versículo hace hincapié en ese punto, y al mencionar dichos derechos junto al respeto a los derechos de Dios, pone el énfasis en su importancia.

[2] Algunas personas, de modo equivocado, critican el Islam porque permite la poligamia. Dicha crítica es injustificable desde muchas perspectivas; algunas son las siguientes:

La poligamia es una práctica muy antigua practicada por numerosas sociedades humanas. La Biblia no condena la poligamia. Al contrario, el Antiguo Testamento y los escritos rabínicos hacen frecuentemente referencia a la legitimidad de la poligamia. El rey Salomón y el rey David tuvieron muchas esposas y concubinas (Libro Segundo de Samuel, 5:13). Señala el padre Eugene Hillman en su sagaz libro, Polygamy Reconsidered («La Poligamia a Examen»): «No existe en ningún lugar del Nuevo Testamento una orden explícita que diga que el matrimonio debe ser monógamo o una orden que explícitamente prohíba la poligamia». Es más, Jesús no habló en contra de la poligamia, a pesar de que era practicada por los judíos en su sociedad. El padre Hillman hace hincapié en el hecho de que la Iglesia de Roma prohibiese la poligamia para adaptarse a la cultura grecorromana (la cual prescribía solo una esposa lícita y toleraba el concubinato y la prostitución). El Corán, al contrario que la Biblia, limita el número máximo de esposas a cuatro e impone la explícita condición de que todas las esposas deben ser tratadas con igualdad y justicia. Esto no significa que el Corán exhorte a los creyentes a practicar la poligamia, o que la poligamia es considerada como la situación ideal. En otras palabras, el Corán tolera y permite la poligamia, nada más. Pero, ¿por qué la poligamia es permitida? La respuesta es simple: hay lugares y momentos en que hay razones de peso social y moral para que se permita la poligamia. El Islam es una religión universal adecuada para todos los lugares y momentos, y no puede ignorar estas razones de peso.

En la mayoría de las sociedades humanas, las mujeres superan en número a los hombres. En los Estados Unidos, hoy por hoy, el número de ciudadanos norteamericanos de sexo femenino supera en ocho millones al de estadounidenses de sexo masculino. En países como la República de Guinea hay 122 mujeres por cada 100 hombres. En Tanzania, hay 95’1 hombres por cada 100 mujeres (Hillman, págs. 88-93). ¿Qué debe hacer una sociedad ante tal desproporción en el número entre mujeres y hombres? Existen distintas soluciones: hay quien sugiere el celibato, otros prefieren el infanticidio femenino (¡lo cual es sugerido en algunas sociedades «civilizadas» actuales!). Otros piensan que la única solución es que la sociedad debería tolerar todo tipo de permisividad sexual: prostitución, infidelidad, homosexualidad etc.

Dicha desproporción entre hombres y mujeres se convierte en un problema grave en períodos bélicos. Los indios nativos americanos solían sufrir una gran desproporción entre hombres y mujeres después de que muchos hombres muriesen durante las campañas militares. Las mujeres de esas tribus, las cuales de hecho disfrutaban de un gran estatus, aceptaron la poligamia como el mejor medio de protección contra las prácticas indecentes. Tras la Segunda Guerra Mundial, las ciudadanas alemanas superaban a los hombres con la considerable cifra de 7.300.000 mujeres en Alemania (3’3 millones de ellas teniendo la condición de viudas). Muchas de estas mujeres necesitaban un hombre, no sólo como compañero, sino como proveedor y sustentador del hogar en unos tiempos de miseria y dificultad sin precedentes. ¿Qué es más digno para una mujer? ¿Ser aceptada y respetada como segunda esposa, como hicieron los indios americanos, o no ser más que una prostituta? En 1987, una encuesta llevada a cabo por el periódico estudiantil de la Universidad de California, en Berkeley, preguntaba a los estudiantes si estaban de acuerdo con que la ley debía permitir a los hombres tener más de una esposa como solución a la evidente escasez de varones solteros en California. Casi todos los estudiantes estuvieron de acuerdo con la propuesta (J. Lang, Struggling to Surrender, pág. 172).

Hasta la actualidad, la poligamia ha continuado siendo una solución viable para algunas de las enfermedades sociales de la sociedad moderna. Philip Kilbride, un antropólogo americano de formación católica, propone la poligamia como solución de algunos de los problemas de la sociedad americana en su sugestivo libro Plural Marriage For Our Time Matrimonio Múltiple para Nuestra Época»). Argumenta que el matrimonio múltiple puede servir como potencial alternativa al divorcio en numerosos casos pudiendo evitar el pernicioso impacto que el divorcio ejerce sobre muchos de los hijos (Kilbride, pág. 118).

Cabe destacar que en muchas sociedades musulmanas de hoy en día, la práctica de la poligamia es poco frecuente, ya que se da un equilibrio mejor en cuanto a la proporción numérica de los diferentes sexos. Se podría decir con seguridad que la proporción de matrimonios polígamos en el mundo musulmán es menor que la proporción de aventuras extra-matrimoniales que existen en Occidente. En otras palabras, los hombres del mundo musulmán actual son más monógamos, en el sentido absoluto de la palabra, que los hombres del mundo occidental.

Billy Graham, un eminente cristiano evangelista, ha reconocido este hecho: «La Cristiandad no puede transigir en la cuestión de la poligamia. Si el Cristianismo actual no puede hacerlo, es en su propio detrimento. El Islam ha permitido la poligamia como una solución a las enfermedades sociales y ha permitido un cierto grado de libertad a la naturaleza humana, pero sólo dentro del marco estrictamente definido por la ley. Los países cristianos hacen un gran alarde de monogamia, pero en realidad practican la poligamia. Nadie ignora el papel que desempeñan las amantes en la sociedad occidental. En este sentido, el Islam es una religión fundamentalmente honesta, y permite a un musulmán casarse con una segunda esposa si puede, pero prohíbe estrictamente todas las relaciones amorosas clandestinas como medio de salvaguardar la integridad moral de la comunidad» (‘Abd ar-Rahman Doi, Woman in Shari’ah («La Mujer en la Shari’ah»), pág. 76).

Se dan incluso factores psicológicos que exigen la poligamia. Por ejemplo, un gran número de jóvenes novias africanas, sea cual sea su religión, prefieren casarse con un hombre que ya ha dejado constancia de ser un marido responsable. Muchas esposas africanas incitan a sus maridos a que tomen una segunda esposa para que no se sientan solas (Hillman, págs. 32-97). Una encuesta elaborada en la segunda ciudad más grande de Nigeria, en un rango de población de más de seis mil esposas, de edades comprendidas entre los 15 y 59 años, mostró que el sesenta por ciento de dichas mujeres estarían satisfechas si su marido se casase con otra mujer. En una encuesta llevada a cabo en Kenya, 25 de cada 27 mujeres consideran la poligamia mejor que la monogamia. Dichas mujeres consideran que la poligamia puede ser una experiencia feliz y beneficiosa si las dos esposas cooperan mutuamente (Kilbride, págs. 108–109).

La civilización moderna rechaza la poligamia como desaconsejable y desventajosa para la vida social. Tal y como se observa entre los animales y las plantas, el propósito y la sabiduría contenidos en las relaciones sexuales es la reproducción. El placer resultante es un pequeño pago determinado por la Misericordia Divina para que dicho deber se cumpla. El matrimonio es establecido para la reproducción y la perpetuación de la especie. La capacidad de dar a luz al menos una vez al año, quedar embarazada a lo largo de medio mes y alcanzar la menopausia alrededor de la cincuentena, hace de la mujer ser en su faceta reproductiva inferior al hombre, el cual puede, a veces, dejar embarazadas a mujeres incluso cuando han llegado a cumplir 70 años o más. Por eso, en la mayoría de los casos, la civilización moderna está obligada a encontrar nuevos modos de fecundación a gran costo. Incluso si el propósito del matrimonio fuese únicamente la gratificación sexual, la poligamia se consideraría como algo lícito. (Resumido de Sherif Muhammad).

[3] Los siguientes puntos han de ser tomados en consideración respecto al asunto de la esclavitud (femenina) dentro del ámbito del Islam:

El Islam no inventó ni estableció la institución de la esclavitud (femenina) sino que cuando surgió, la esclavitud (femenina) estaba siendo practicada largo tiempo a nivel mundial del modo más abominable. El Islam examinó el asunto como algo relativo a los tiempos de guerra y lo abordó como si estuviese relacionado con el modo en que los prisioneros de guerra debían de ser tratados. A pesar de que la esclavitud (femenina), en sus diversas formas, ha sido practicada hasta muy recientemente, el Islam adoptó un proceso de abolición a lo largo del tiempo, hace ya catorce siglos. No fue el Islam, sino los que se consideran a sí mismos musulmanes, los responsables de algunas prácticas inaceptables que han tenido lugar en las comunidades musulmanas siglos atrás.

A pesar de que las leyes internacionales en el mundo moderno se remonta a pocos siglos atrás, el Islam estableció principios y leyes en asuntos concernientes a las relaciones internacionales, tal y como la guerra y el trato de los prisioneros de guerra, hace catorce siglos. Imam Muhammad Al-Shaybani, que vivió hace doce siglos, fue el primero que escribió un libro acerca del derecho internacional, al-Siyar al-Kabir. Este libro está basado en las órdenes más importantes del Corán y en la práctica del Profeta, la paz y las bendiciones sean con él.

El Islam prohibió la ejecución sumaria de prisioneras de guerra, y en lugar de ello ordenó que fuesen distribuidas entre las familias musulmanas. Se otorgó gran importancia a su educación y se les aconsejó a sus «propietarios» que se casasen con ellas. A dichas «prisioneras de guerra» se les dio el estatus de mujeres libres cuando daban a luz un hijo. El Islam desea su final emancipación y la erradicación de la esclavitud (femenina). En recompensa por haber cometido un gran número de actos incorrectos, como por ejemplo romper el ayuno antes de su debido tiempo, el Islam exigía la emancipación de una esclava y exhortaba a los creyentes a emancipar a sus esclavas, estableciendo dicho acto como muy meritorio.

Sin hacer ninguna discriminación de género, el Islam otorga gran valor a la humanidad. Anhela el ascenso de todos los seres humanos hacia la verdadera categoría de la humanidad, ya que ese es el mejor modelo de la creación. Considera a la mujer que ha llegado a dicho rango a través de su educación, carácter y virtuosidad, como muhsan (mujer protegida). Una mujer desprovista de dicho valor espiritual y moral, la que se presenta a sí misma como un mero objeto sexual, no puede ser muhsan. Alcanzar dicha categoría exige una verdadera educación y el Islam ha establecido reglas para cada rango logrado. Por lo tanto, el asunto de la esclavitud femenina posee dimensiones educacionales y psicológicas, además de un alcance social e internacional.

Tal y como se mencionó con anterioridad (sura 2, nota 95) respecto a la legislación, el Islam ha seguido tres procedimientos principales: Mantiene los mandamientos que existían en los Libros anteriores o que existían en la comunidad en que apareció y que no eran contradictorios con sus principios esenciales. Corrigió o enmendó los mandamientos que no se conformaban con sus principios. Y, finalmente, estableció una nueva legislación. En cada uno de estos tres procedimientos, el Islam siguió un proceso gradual, especialmente en los asuntos que precisaban de gran tiempo para erradicar antiguos hábitos o para establecer nuevos enfoques. La esclavitud femenina es uno de estos asuntos, especialmente debido a su dimensión internacional.

[4] Este breve versículo contiene los principios básicos de la ley sucesoria islámica establecida por el Corán además de una importante advertencia:

Al igual que los hombres, las mujeres también tienen su parte en la herencia.

La propiedad dejada por el difunto es heredada, sea cual sea la cantidad.

No hay diferencia alguna ya sean los bienes muebles o inmuebles.

Otros hijos, padres, abuelos u otros familiares pueden heredar de otra persona. Si son familiares cercanos, aquellos emparentados por línea colateral no pueden heredar.

A los herederos no se les puede prohibir la herencia, excepto en casos excepcionales, como haber matado al testador (at-Tirmizi, «Fara’id», 17. (Suat Yildirim, pág. 77).

La importante advertencia contenida en este versículo es la siguiente: En los tiempos pre-islámicos, las mujeres tenían prohibido heredar. Al mencionar a las mujeres como herederas de modo separado, del mismo modo en que se menciona a los varones, por reiteración se enfatiza que, ya sea la herencia abundante o escasa, la mujer no puede estar privada de ella bajo ningún pretexto, como, por ejemplo, que la cantidad sea insignificante.

[5] En estos últimos dos versículos, quedan establecidos los principios básicos y las disposiciones de la ley sucesoria islámica; los detalles precisos son establecidos en base a estos parámetros y en base a la práctica del Profeta y Sus Compañeros. Antes de aclarar algunos puntos, debemos considerar el hecho de que estos dos versículos presentan la ley sucesoria islámica como una orden absoluta de Dios y su promulgación concluyente declara que están basadas en el conocimiento y la sabiduría de Dios. Por lo tanto, debemos intentar encontrar ejemplos de Su Sabiduría Divina en ellas. Transgredir dichas órdenes significa desobedecer a Dios y a Su Mensajero, y rechazarlas equivale a incredulidad. En segundo lugar, el Islam no es una religión que se dedica a responder a objeciones. Lo que decreta es correcto y justo. Por lo tanto, nuestra intención es explicar la posición del Islam en asuntos que han sido objeto de críticas en estos tiempos recientes e iluminar las mentes sinceras.

Según la ley sucesoria islámica, con excepción del padre y la madre, y en algunos casos los hermanos y hermanas, el hijo recibe el doble que la hija, el hermano el doble que la hermana y el marido el doble que la esposa.

El Islam es universal, y toma en consideración así como aborda las condiciones de todas las épocas y comunidades. Su visión es holística y trata los asuntos particulares en un marco universal. Por lo tanto, al contemplar su ley sucesoria, debemos considerar un gran número de factores sociológicos y psicológicos, tales como la psicología femenina y masculina, sus posiciones y responsabilidades financieras en la familia y en la sociedad y su contribución en la economía. Debemos evaluar cada asunto según su propia naturaleza y dentro de su marco y no debemos dejarnos engañar por las abstracciones teóricas desconectadas de la realidad de la vida, como la igualdad absoluta e ir en pos de algo que en la mayoría de los casos resultaría en una pérdida de equilibrio y de equidad.

Para entender los motivos por los cuales el Islam, en ciertos casos, concede a la mujer la mitad de la parte a heredar que da al hombre, se debe tener en cuenta el hecho de que las obligaciones financieras de los hombres en el Islam sobrepasan a las de las mujeres. El novio debe conceder a la novia un regalo nupcial. Este regalo se convierte en su propiedad exclusiva y sigue siendo de ella incluso si luego es divorciada. La novia no está obligada a dar ningún regalo a su marido. Es más, el marido musulmán tiene a su cargo la manutención de su mujer y la de sus hijos. La mujer, por otro lado, no está obligada a ayudarle en este menester. Su propiedad y sus ganancias son únicamente para ella, excepto lo que voluntariamente quiera ofrecer al marido. Además, hemos de apreciar y percatarnos que el Islam defiende con gran firmeza la vida familiar. Anima de modo positivo a la gente joven a que se case y desalienta el divorcio. Por lo tanto, en una sociedad islámica verdadera, la vida familiar es la norma, mientras que la vida de soltero es una rara excepción. Esto significa que casi todos los hombres y mujeres en edad de casarse se casan en una sociedad musulmana. A la luz de estos hechos, se puede apreciar que los hombres musulmanes, por lo general, tienen obligaciones financieras de mayor entidad que las mujeres. Es por dicha razón que las leyes que rigen la herencia toman esto en consideración (Véase Sherif Muhammad).

Aun cuando la mujer hereda menos que el hombre, a ella no se la despoja de nada de lo que haya obtenido fruto de su trabajo. Cualquier propiedad que herede no es el resultado de sus ganancias o esfuerzos sino que es algo que procede de un proveedor neutral, algo adicional o añadido. Es algo por el cual ni el hombre ni la mujer se han esforzado. Es un tipo de ayuda, y como cual ha de ser distribuida según las necesidades más urgentes y las responsabilidades, especialmente cuando la distribución es regulada por la ley de Dios (http://www.thewaytotruth.org/womaninislam/financial.html).

El mandamiento judicial coránico sobre la herencia es una misericordia perfecta para las mujeres, además de ser irreprochablemente justo. Al ser las hijas delicadas y vulnerables, éstas han de ser contempladas con afección por parte del padre. Gracias a la ley coránica relativa a la herencia, el padre no la contempla como una hija que provocará pérdidas haciendo que otros se lleven la mitad de su herencia. Además de ello, sus hermanos sienten compasión por ella y la protegen, sin sentir envidia. No la consideran como un rival en la partición de las posesiones familiares. Por lo tanto la afección y la compasión que la hija disfruta por parte de toda la familia la compensa por su aparente pérdida en la herencia.

Algunos objetan diciendo que la herencia de la mujer es preciso que sea, desde el principio, igual a la del hombre y, por lo tanto, el marido no debe sentirse forzado a concederle una dote ni a mantenerla. Aquellos que efectúan esta impugnación piensan que la dote y la manutención son el resultado de la peculiar posición de la mujer respecto a la herencia, mientras que la realidad es exactamente lo opuesto. Además, parecen tener la impresión de que el aspecto financiero es lo único que se toma en consideración. Si ello fuese el único aspecto a ser considerado, obviamente, no sería necesario un sistema de dote y manutención, ni tampoco habría diferencia alguna entre las partes que heredan los hombres y las mujeres. Tal y como hemos mencionado anteriormente, el Islam tiene en cuenta numerosos aspectos, algunos de ellos naturales y otros psicológicos. En muchos casos, en la casa de sus padres, la contribución de la mujer a los ingresos de la familia es bastante menor que la del hermano o hermanos. Asimismo, un hijo ha de cuidar de su madre si su padre fallece, la madre no tiene que mantenerse a sí misma en base a su parte de la herencia, ni ninguna hija soltera tiene que mantenerse a sí misma en base a su parte de la herencia en una sociedad islámica. Por lo tanto, sus partes correspondientes de la herencia son para su uso personal. Por otra parte, son tomados en consideración otros aspectos psicológicos y sociales que tienen que ver con la consolidación de las relaciones domésticas (M. Mutahhari).

Es por esta razón que sería una gran injusticia, y para nada un favor, instituir una parte de la herencia mayor para la hija o la mujer. Darles a éstas más sería una falta de compasión. Es irreal, ya que nadie puede ser más compasivo que Dios. Lo que ocurriría si los límites coránicos se traspasaran es que la mujer, por las razones citadas, se haría vulnerable y sería objeto de explotación y de tiranía por parte de la familia; especialmente desde el punto de vista del egoísmo barbárico de ciertas épocas. En cuanto a las reglas coránicas, todas ellas, además de las incluidas en la ley sucesoria islámica, prueban la verdad expresada en el versículo: No te hemos enviado (Oh Muhammad) sino como una misericordia sin igual para todos los mundos (21:107).

El Islam no apoya la idea de que la riqueza es una fortuna que debe circular entre una pequeña minoría. Desea que la riqueza sea distribuida entre el mayor número posible de gente. Respecto a la herencia, considerando que la Gracia y la Generosidad de Dios tienen parte en ella, se aconseja vehementemente, incluso se ordena, que a los familiares lejanos, a los huérfanos y a los pobres también se les beneficie con cualquier tipo de riqueza.

[6] El asesinato injusto, la fornicación y el adulterio, el robo y la usurpación, la anarquía y el terror, la clara y rebelde apostasía, la calumnia y la ingestión de sustancias estupefacientes, incluidas las drogas, son los crímenes más graves en el Islam. La Ley musulmana tiene como objetivo la protección de la fe, el intelecto, la vida, la propiedad y la reproducción saludable. Por ello, los castigos más severos son los que se aplican cuando se transgrede dichos puntos.

A pesar de que hay opiniones diferentes respecto a estos dos versículos, la visión que ha sido más ampliamente aceptada es que se complementan mutuamente. Mientras que el versículo quince trata únicamente de las mujeres musulmanas culpables de consumar relaciones sexuales ilícitas, el versículo dieciséis condena el acto enmarcado en las relaciones sexuales ilícitas, cuando la pareja es conocida. La razón por la cual el Corán ha establecido el asunto de esta manera y menciona a las mujeres de modo separado es porque, del mismo modo que hay burdeles y lugares similares en las sociedades modernas, las mujeres también practicaban la prostitución en los tiempos pre-islámicos de la Yahiliyya. Por lo tanto, como paso importante para erradicar de modo decisivo y prevenir la prostitución y otro tipo de relación sexual ilícita, el Corán menciona a las mujeres de modo separado. Luego, procede a enumerar casos individuales de relaciones sexuales ilícitas en que se sabe que la pareja ha cometido dicho acto.

Como en otras prescripciones, el Islam sigue un proceso gradual en el establecimiento de la pena definitiva para las relaciones sexuales ilícitas. Primero, en estos dos versículos se prescribe que los musulmanes que hayan cometido dicho acto han de ser regañados y golpeados y que las mujeres que lo hayan hecho sean confinadas en casas a fin de prevenir la prostitución. La expresión, Dios les de una salida, significa que un mandamiento nuevo y final será revelado, el cual resultará en la ejecución de las parejas adúlteras casadas según la práctica del Profeta y el castigo corporal de las parejas no casadas con un azote en cien ocasiones. (Véase el versículo 24:2)

En la nota 131 de la Sura al-Baqara, el principio básico en el que el código penal islámico se basa queda resumido. Tomando en consideración el castigo por adulterio, debemos añadir los siguientes puntos:

Durante el período de La Meca, les fue revelado a los creyentes (18:26, 31-35, 59) lo siguiente: dad a los familiares, a los necesitados y a los viajeros lo que se merecen; no matéis a nadie injustamente, incluyendo a los niños; abandonad el adulterio; no consumáis la propiedad de los huérfanos; y no engañéis en el peso y la medida. Esto consistía en principios de Sabiduría sin que se prescribiera castigo alguno para dichas violaciones. Sin embargo, en Medina, donde se estableció el gobierno islámico después de que los Compañeros emitiesen el juramento de fidelidad ante el Mensajero, dichos mandamientos se convirtieron en artículos de ley y su violación entrañó un castigo. Esto demuestra que el código penal islámico fue puesto en vigor en un sistema establecido sobre la base del credo, cosmovisión, veneración, comportamiento, principios morales, sociales y estructura económicas islámicas. Por lo tanto, el código penal ha de ser evaluado en el marco de un contexto islámico global.

El Islam siguió un proceso gradual en el establecimiento de los castigos definitivos para los crímenes, tales como el adulterio y el consumo de alcohol. Los castigos prescritos antes de los castigos definitivos no fueron eliminados del Corán a pesar de haber sido abrogados. Eso significa que la comunidad musulmana se perfecciona gradualmente a través del cumplimiento de las reglas islámicas. Se asemeja a un cuerpo sano. Cada crimen cometido en dicha comunidad es como una enfermedad que amenaza al cuerpo según su naturaleza y grado. La apostasía rebelde, el asesinato, la anarquía, el terror, el adulterio, la ingesta de sustancias estupefacientes, la calumnia, el robo y la usurpación no son sino las más mortales enfermedades. Del mismo modo que algunas enfermedades precisan de medicina para su cura, otras necesitan de radioterapia, e incluso para otras no hay más salida que una operación quirúrgica; las enfermedades que amenazan al sano cuerpo social precisan el mismo tipo de terapias, cada una de acuerdo con su naturaleza y grado de intensidad.

Por sus principios de creencia, veneración, buena conducta o comportamiento, moralidad y estructura social y económica, el Islam evita que la gente cometa crímenes. Puede decirse que el Islam hace un 95% más difícil cometer crímenes mortales y deja el 5% restante al libre albedrío humano. Por lo tanto, está claro que los que cometen los graves crímenes anteriormente mencionados son elementos enfermos en una sociedad verdaderamente islámica.

El Islam ha hecho considerablemente difícil establecer y probar el adulterio y aplicar la pena prescrita. El número de aquellos que ha sido comprobado que eran culpables de adulterio o robo y que han sido castigados a lo largo de los trece siglos del Islam hasta el S. XIV después de la Hégira, es extremadamente pequeño. Los incidentes de adulterio y robo que ocurren en un supuesto país moderno y civilizado y las complicaciones como el divorcio, la destrucción del núcleo familiar, el suicidio, el asesinato y la depresión causada por dichos acontecimientos, supera en mucho el número de dichos incidentes durante los trece siglos de historia musulmana a lo largo de todas las tierras del Islam. ¿Acaso todos aquellos que critican el Islam con motivo de las penas que prescribe frente a los crímenes capitales no pueden considerar el asunto desde esta perspectiva si es que no ignoran la verdad del asunto o no carecen de prejuicios contra el Islam?

En la Biblia, hay muchos ejemplos de adulterio, todos los cuales fueron castigados con la lapidación, con la hoguera o de otro modo. Es más, esos tipos de castigos no estaban restringidos únicamente al adulterio. Si un hombre se casaba con una mujer y con su hija a la vez, los tres eran quemados (Levítico, 20:10-21). No existen mandamientos en los Evangelios que abroguen dichas leyes. Solamente podemos encontrar un episodio en Juan (8:3-11) donde Jesús se niega a juzgar sobre la lapidación de una mujer adúltera traída ante su presencia. La razón por la que él lo hizo es bastante clara: Los maestros de la Ley y los fariseos trajeron una mujer que fue sorprendida cometiendo adulterio. La hicieron ponerse de pie delante del grupo e indicaron a Jesús: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida cometiendo el acto de adulterio. En la Ley, Moisés nos ordena lapidar a dichas mujeres. Ahora, ¿qué tienes que decir?». Estaban empleando dicha pregunta como trampa para tener una razón para acusarle. Si Jesús hubiese ordenado que se la lapidase se hubiesen opuesto diciendo: «¿No ordenas la misericordia?». Si no lo hubiese ordenado, habrían protestado diciendo: «¿No has declarado que aceptas la Ley de Moisés?». Jesús empezó a escribir en la arena con su dedo y dijo: «Aquel de vosotros que se halle libre de pecado que tire la primera piedra sobre ella». Obrando de esa manera les dio una lección. En aquella época, la comunidad judía se hallaba profundamente profanada de pecados. Aquellos que querían hacer que Jesús ejecutase un mandamiento eran las mismas personas que más desobedecían la Ley, en vista de que eran ellos los que tenían que preservarla y juzgar mediante la misma. No existía una tierra propicia para la aplicación de la Ley, ni Jesús estaba en posición de ejecutarla. Por lo tanto, este acontecimiento no muestra que no existiese una pena para el adulterio en los Evangelios, sino que demuestra el espíritu del código penal religioso —islámico—. Es más, el Profeta Jesús, la paz sea con él, trajo sanciones espirituales y morales más estrictas contra el adulterio: «Oísteis que fue dicho por parte de los de antaño: “No cometeréis adulterio; pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Por lo tanto, si tu ojo derecho te hace sucumbir, arráncatelo y expúlsalo de ti; pues mejor es que pierdas uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al Infierno”» (Mateo, 5:27-29).

El Islam no aspira a la satisfacción de los apetitos carnales a cualquier costo, al igual que las civilizaciones seculares y materialistas; más bien anima al espíritu a alcanzar la perfección humana y a desarrollar generaciones virtuosas, cuyas mentes están iluminadas con el conocimiento científico y cuyos corazones están iluminados por los puros valores espirituales.

[7] Casarse no sólo con las madres de leche y las hermanas de leche, sino con todas aquellas que tienen un parentesco cercano por la misma leche materna o por la descendencia (como, por ejemplo, las sobrinas y los sobrinos de leche) y casarse con la sobrina y su tía a la vez fue prohibido por el Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, ya sea basándose en la Revelación o infiriéndolo de este versículo.

[8] En estos últimos versículos, el Corán indica una importante realidad social y clarifica un aspecto de la esclavitud femenina. Mientras que el versículo anterior advierte a los hombres que se van a casar con mujeres creyentes libres de que no se desvíen hacia los caminos de la indecencia, este versículo amonesta a las esclavas para que se abstengan de sucumbir ante dichas desviaciones. También menciona el asunto de casarse con esclavas en relación de aquellos que teman consumar relaciones sexuales ilícitas si permanecen solteros. Lo que podemos entender de esto, es que los hombres son más susceptibles de incurrir en tal desviación que las mujeres. La mujer libre musulmana se encuentra tan lejos de caer en dicha desviación que tal posibilidad ni siquiera se contempla, pues es extremadamente cuidadosa con su castidad. Mientras que una esclava puede ser más susceptible de sucumbir en ello.

A partir de esto sacamos la conclusión que desde el punto de vista del Islam, la mujer libre musulmana y casta es el ideal de mujer respetable. Otras, a pesar de ser creyentes, pueden no ser igual de cuidadosas con su castidad, por lo tanto no disfrutan del mismo estatus y respeto. Una mujer pierde su derecho a ser respetada cuando cae en la indecencia o si se presenta a sí misma como objeto sexual, empleando sus encantos físicos para atraer. Esto significa que ya no pertenece a la categoría de la verdadera humanidad. Análogamente, los respetables miembros de una sociedad pura e islámica, no pueden percibir a las mujeres como objetos sexuales. El Islam contempla las indecencias, la fornicación, el adulterio y la prostitución como las cosas más abominables y lo considera la causa de que la gente se precipite a categorías más bajas que las de los animales. El impulso sexual en los animales está dirigido hacia la reproducción. No es únicamente un deseo que ha de ser satisfecho de cualquier manera y por cualquier medio. Por ejemplo, los camellos huelen la orina de las camellas para saber si ha sido fecundada o no; en caso positivo, no se aparean y desisten en su intento.

[9] La humanidad se encuentra, por así decirlo, repleta de numerosos puntos débiles. Por lo tanto, debemos educarnos y liberarnos de nuestros puntos débiles. Un aspecto importante de la educación es mantener un ámbito de permisividad lo suficientemente amplio como para satisfacer nuestras necesidades vitales y nuestros deseos humanos permitidos y para establecer las prohibiciones que evitarán que la gente llegue a los extremos. Las prohibiciones religiosas y otras responsabilidades no son una carga sobre la humanidad; más bien, sirven para aligerar la carga que, de otro modo, les doblegaría. El ámbito de permisividad en el Islam es suficientemente amplio para la humanidad como para que pueda llevar una vida humana perfecta y para evitar todos los posibles conflictos entre los espíritus humanos y los deseos corporales. Por lo tanto, cualquier tipo de satisfacción que se busque fuera de dicho ámbito es una gran carga para el corazón humano y para el espíritu, un tormento sobre tormento y un modo de sufrimiento y aflicción para la familia y la vida social.

[10] Los pecados capitales son aquellos originados por cometer lo que Dios y Su Mensajero han amenazado con un severo castigo en el Más Allá y para los cuales (también) existe una pena prescrita en esta vida. No creer en Dios y/o atribuirle copartícipes es el mayor de los pecados. Los otros pecados son: perder la esperanza de la Misericordia de Dios; creerse estar a salvo del castigo de Dios; no respetar a los padres y no cumplir sus derechos; asesinar injustamente; la fornicación y el adulterio; consumir las propiedades de los demás, especialmente las de los huérfanos; robar; dedicarse a la usura; desertar (como soldado) cuando el ejército avanza o huir del frente de batalla; calumniar la reputación de las mujeres castas, la brujería, beber alcohol, los juegos de azar, modificar las alianzas establecidas con Dios y los juramentos realizados en Su Nombre para obtener ventajas mundanas, malgastar los bienes públicos; proporcionar falso testimonio en un tribunal de justicia, no llevar a cabo los deberes religiosos obligatorios (tal y como incumplir la Oración Prescrita, no pagar Zakah (la Limosna Purificadora Prescrita), no ayunar durante el mes de Ramadán, no llevar a cabo la Peregrinación Mayor), e impedir a la gente el camino hacia Dios.

Se dice que ningún pecado del que uno se haya arrepentido sinceramente y haya pedido perdón a Dios es grande, y ningún pecado que se cometa continuamente y sin arrepentimiento puede considerarse pequeño.

[11] Este versículo es altamente significativo respecto a las relaciones masculino-femeninas y el derecho familiar. Hace referencia a los siguientes puntos esenciales:

Dios no ha creado a todas las personas iguales en todos los aspectos, sino que, más bien, ha concedido a cada persona un tipo de superioridad en algunos aspectos respecto a otros; esto es una exigencia de la vida social y es el origen de la división del trabajo y de la necesidad de que haya una variedad de ocupaciones. Aunque esto no es del todo correcto hasta cierto punto con todos los hombres y mujeres, Él ha creado al hombre superior a la mujer en ciertos aspectos, mientras que ha otorgado a la mujer superioridad sobre el hombre en otros.

Como regla general, Dios ha proporcionado al hombre una fuerza física mayor que a la mujer y le ha dotado de una mayor capacidad para la administración, de hecho incluso en el mundo moderno los administradores, en general, son hombres. Además dio al hombre la responsabilidad financiera de la familia. Ahora bien, esto no es así hasta cierto punto para todos los hombres y mujeres; existen, por supuesto, algunas mujeres que son mejores administradoras que algunos hombres. Esta es la razón por la cual ha hecho al hombre cabeza de familia. Sin embargo, esto no significa que los hombres tengan autoridad absoluta en la familia, sino que esta autoridad ha de ser ejercida de acuerdo con el principio profético: El señor de un pueblo es aquél que les sirve. La responsabilidad es proporcional a la autoridad y la autoridad es proporcional a la responsabilidad.

Generalmente los hombres son responsables del bienestar y la prosperidad de los miembros familiares así como la administración familiar. Por lo tanto, mientras el versículo instruye a los hombres en el modo en que han de tratar a las mujeres de mala conducta, les alecciona gradualmente hacia cómo se debe educar: advertirles (diciéndoles lo que es correcto); (si ello no surte efecto) apartarse de ellas en los lechos; (y si ello tampoco surte efecto) golpearlas (ligeramente sin abofetearlas). Todos los comentaristas coránicos de los primeros tiempos, las opiniones de los cuales Ibn Yarir at-Tabari mencionó en su obra Tafsir, interpretaron la palabra darb en el versículo como «golpear» o «pegar ligeramente».

Ha de tenerse en cuenta que estas medidas tienen como objetivo la educación y evitar que el matrimonio se venga abajo en caso de rebeldía por parte de la mujer. No se trata de mujeres siendo golpeadas por el hecho de ser mujeres, pues dicho castigo es únicamente aplicable a la persona verdaderamente rebelde y de mala conducta, persona que exhibe obstinación, no sólo en no llevar a cabo sus deberes en el hogar, sino también en descuidar su conducta moral. En resumen, dicha mujer no sólo perjudica a la familia, sino también a sí misma.

El Mensajero de Dios, la paz y las bendiciones sean con él, interpretó el versículo diciendo que el castigo corporal debería de ser liviano y empleado solamente como último recurso en casos extremos, como en caso de la lascivia cometida por la mujer. Advirtió a los hombres para que se abstuviesen de golpear en la medida de lo posible y de abofetear (at-Tirmizi, «Kitab at-Tafsir, Tawba», 1 [3087]; Abu Dawud, «Nikah», 42). La última parte del versículo es igualmente importante. Más aún, el Mensajero condenó cualquier tipo de castigo físico injustificado. Exhortó a los hombres a que sean buenos con sus familias: «El mejor de vosotros es el que es mejor con su familia, y yo soy el mejor de entre vosotros con mi familia» (Ibn Maya, «Nikah» 50). Aconsejó a una mujer musulmana, Fátima bint Qays, a que no se casase con un hombre que era conocido por golpear a las mujeres (Muslim, «Talaq», 36).

Por otra parte, el Islam nunca abandona a las mujeres sin protección ante el trato brusco de los hombres y ante la negligencia que puedan tener en sus obligaciones familiares. Primero, les insta a la reconciliación: Si una mujer teme que su marido la trate mal (incumpliendo con las obligaciones maritales) o que la rechace con inquina, no tendrán culpa alguna si llegan a un acuerdo pacíficamente; la reconciliación pacífica es mejor... (Oh maridos) si hacéis el bien en plena conciencia de Dios y actuáis con veneración a Él y piedad (cumpliendo con los derechos de la mujer), en verdad, Dios se halla perfectamente informado de lo que hacéis (4:128). Sin embargo, no insta a las mujeres a que recurran a las dos medidas de abandonar a sus maridos en la cama y golpearles. Esto debe ser así seguramente, para proteger a la mujer de una reacción física violenta por parte de un marido que, de hecho, está comportándose mal. Pero, el Islam reconoce el derecho de la mujer a acudir a los tribunales e, incluso, a exigir el divorcio. Los eruditos musulmanes sugieren que el tribunal puede aplicar las tres mismas medidas en cuestión contra el marido, a instancias de la mujer.

Ningún sistema o religión tiene derecho alguno de solicitar al Islam que se disculpe por cualquiera de sus mandamientos, incluyendo este precepto relativo a la mujer. Por el contrario, todos los estudios llevados a cabo demuestran que las mujeres han sido expuestas a abusos e injusticias en casi todas las «religiones» y sistemas, y todavía continúa aconteciendo en este mundo moderno y «civilizado» de nuestros días. En contraposición a ello, las épocas en las que el Islam era practicado a conciencia fueron edades de oro para las mujeres. Citando un solo ejemplo de ello, lo que escribieron los viajeros y observadores extranjeros durante el primer cuarto del siglo XVIII, época en la que el mundo musulmán, incluido el Estado Otomano, estaba en declive— es suficiente para aclarar este punto:

Nadie cierra con llave su casa en la ciudad (de Estambul) con cerca de un millón de almas, porque nunca se ha informado de que hayan habido robos. Nunca ves a un vagabundo, a un mendigo y nadie grita en las calles. Las mujeres son depositarias del más alto respeto en el hogar y disfrutan de cierta autoridad. No hay nada más abominable que mirar fijamente a una mujer que camina por la calle y mucho menos levantar la mano para golpearlas. Es imposible describir la belleza de las mujeres turcas (Djevad, 35-36 [Citado a partir del Sr. Porter, Embajador británico ante la Sublime Puerta]).

[12] Estos dos últimos versículos establecen los principios fundamentales para un sistema social islámico saludable:

Encomendar los deberes y los cargos públicos a aquellos que estén cualificados para ello.

Asegurar la justicia en los asuntos públicos y en los juicios.

Obedecer absolutamente a Dios y a Su Mensajero.

Asegurar que los puestos y cargos críticos son asignados a creyentes cualificados para ello y asegurar que sus órdenes son obedecidas, siempre y cuando estén en conformidad con el Corán y la Sunna del Mensajero.

Remitir los asuntos que generen controversia y las diferencias de opinión al Corán y a la Sunna.

Y como la sanción más influyente para mantener el sistema: tener una verdadera creencia en Dios y en el Día del Juicio Final.

La orden de obedecer, mencionada dos veces, en una ocasión en relación con Dios y en otra para el Mensajero, indica que el Mensajero es infalible y tiene el derecho de legislar junto al Corán. Ha de ser obedecido en sus órdenes, tanto como Gobernante como Profeta. Sus órdenes o prohibiciones y su modo de vida, tal y como consta en su Sunna, han de ser seguidas hasta el Día del Juicio Final, mientras que su gobierno finalizó con su muerte. La orden de obedecer no es mencionada específicamente para los demás gobernantes. Eso significa que la obediencia a sus personas es condicional. El Mensajero clarificó este punto diciendo que no se ha de obedecer en el pecado o en la rebelión cometidos contra Dios (al-Bujari, «Ahkam», 4; Muslim, «Imarah», 46). Sus órdenes han de ser obedecidas siempre y cuando no contradigan la Shari‘ah. Sin embargo, la desobediencia no significa sublevación. En los principales libros de derecho islámico figura lo que los musulmanes pueden hacer para protestar contra sus gobernantes.

Otro punto a tener en cuenta es que el Islam refiere todas las funciones llevadas a cabo por los modernos sistemas de gobierno democrático o no democrático a la comunidad misma. Eso significa que dichas funciones son deberes que han de ser compartidos y cumplidos por parte de la comunidad. La institución islámica del juramento de fidelidad también lo demuestra. El sistema de gobierno es un tipo de contrato social y de división de trabajo.

[13] El Sagrado Corán es un milagro de elocuencia y concisión desde el principio hasta el final. Uno de los aspectos de su elocuencia es que cuando informa de un incidente, lo emplea para promulgar una nueva regla o declarar una verdad universal sin apartarse de dicho incidente.

La palabra taghut (fuerzas del mal que instituyen pautas de creencia y gobiernan desafiando a Dios) se usa tanto en singular como en plural. En este versículo, en la oración cuando se les decretó expresamente que los rechazasen, el Corán se refiere a una persona en particular que puede ser incluida en el significado de taghut y que era conocida por sus primeros interlocutores en la época del Mensajero. Al mencionar este incidente, se presenta un aspecto importante de la hipocresía, que a pesar de que los hipócritas declaran creer en el Libro de Dios y que deben practicarlo a lo largo de sus vidas, continúan ignorando la justicia y lo que es correcto, buscando otras autoridades cuyo juicio esperan que sea a su favor. Al presentar un incidente que tuvo lugar durante la época del Mensajero, el Corán hace hincapié en este aspecto de la hipocresía y declara una verdad o requisito de la fe importante: Si creéis en el Libro de Dios, debéis de remitiros a sus juicios en todas vuestras disputas y someteros a él incondicionalmente. No podéis buscar otra autoridad que resuelva vuestros litigios.



 
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