Inicio arrow Últimos añadidos arrow Apéndice 14 – La confianza que la humanidad ha emprendido
Apéndice 14 – La confianza que la humanidad ha emprendido PDF Imprimir E-Mail
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escrito por Ali Ünal   
03.07.2009

Aunque la Confianza mencionada en la sura 33:72 incluye la Religión Divina la cual el ser humano debe seguir en su vida, no se limita a ella. No sólo el ser humano, sino también los genios, son responsables de seguir la Religión Divina. Algunos comentaristas opinan que la Confianza es el libre albedrío del ser humano o la voluntad. Esto también está incluido en el significado de la Confianza, pero debemos tener en cuenta que los genios también están dotados con el libre albedrío. Entonces, lo que quiere decir con la Confianza es, antes que nada, el ego humano.

Dios es absolutamente Ilimitado. Así que, algo absoluto e ilimitado no puede ser determinado de tal manera que su naturaleza esencial puede ser comprendida. Por ejemplo, la luz indeterminada por la oscuridad no puede ser conocida o percibida. Sin embargo, la luz puede ser determinada si un límite verdadero o hipotético de la oscuridad se traza. De la misma manera, los Atributos y Nombres Divinos (por ejemplo, el Conocimiento, el Poder, la Sabiduría, y la Compasión) no pueden ser determinados, porque son abarcadores y no tienen ningún límite ni cualquier igual. Por lo tanto, esencialmente lo que son no puede ser conocido o percibido. Un límite hipotético es necesario para que sean conocidos.

Dios Todopoderoso, por decirlo así, ha trazado una línea hipotética ante Sus Nombres y Atributos y el ego creado, reflejando en él todos Sus Nombres y Atributos. Como la Independencia absoluta es la cualidad más esencial de la Divinidad, el ego encuentra en sí mismo la misma calidad. Imagina dentro de sí mismo un señorío ficticio, poder y conocimiento, y así postula un límite, plantea la hipótesis de un límite a los Atributos abarcadores de Dios, y dice: «Este es mío, y el resto es Suyo». Así el ego hace una división.

A través de este señorío imaginario, el ego puede y debe entender el Señorío del Creador del Universo. Por medio de su propia propiedad evidente, puede entender la verdadera Propiedad de su Creador, diciendo: «Como soy el dueño de esta casa, el Creador es el Dueño de esta creación». Por su conocimiento parcial, el ego llega a entender Su Absoluto Conocimiento. Por su arte defectuoso y adquirido, puede intuir el arte primario y originario de Aquel Exaltado Quien da forma. Por ejemplo, el ego dice: «Construí y arreglé esta casa, entonces debe haber alguien Quien hizo y arregló este Universo». Así que, el ego es la clave de los Nombres y Atributos Divinos y también para solucionar el enigma de la creación.

Sin embargo, el ego tiene dos aspectos o dimensiones. Una dimensión mira hacia su Creador y, por lo tanto, al bien. Con este aspecto, solo recibe lo que se da; no puede crear. No es el origen del bien y virtudes que Dios crea en él o a través del mismo. La otra dimensión mira hacia el mal. Aquí, el ego es activo y es la fuente y el hacedor de todos los males.

Básicamente, como se ha declarado anteriormente, el ego es como una medida, un espejo, o un instrumento para ver o descubrir. Su verdadera naturaleza es sólo indicativa —como una letra que no tiene ningún significado por sí misma— e indica el significado de las cosas aparte de sí mismo. Su señorío es totalmente hipotético, y su propia existencia es tan débil e insustancial que no puede cargar o sostener nada por sí mismo. Más bien, el ego es un tipo de escala o medida que demuestra los grados y las cantidades de lo que se mide. Los Atributos absolutos, abarcadores e ilimitados del Ser Necesariamente Existente pueden ser conocidos a través de él.

El ego debe darse cuenta de que es siervo de Dios y que tiene que servir a Aquel aparte de sí mismo, y que su naturaleza esencial tiene solamente una función indicativa. Debe entender que lleva el significado de Aquel aparte de sí mismo, y que puede ser significativo solamente cuando señala a Aquel de Quien depende su existencia. Su existencia y vida dependen de la creatividad y Existencia de Aquel. Su sensación de propiedad es ilusoria, porque goza solamente de una propiedad aparente y temporal por el permiso del verdadero Dueño, y sólo tiene una realidad parecida a la sombra. Es una entidad contingente, una sombra insignificante que manifiesta la Realidad verdadera y necesaria. Su función de servir como medida y equilibrio para los Atributos del Creador y las Cualidades esenciales es un servicio deliberado y voluntarioso.

Aquellos que saben y se dan cuenta de que ésta es la realidad de su naturaleza esencial o el ego humano actúan en consecuencia; éstos están incluidos en: En verdad él es próspero, aquél que lo ha hecho crecer en pureza (lejos de la rebelión envanecedora contra Dios) (91:9). Tal gente verdaderamente cumple la confianza y, a través de su ego, ve lo que es el Universo en realidad y los deberes que cumple. También ve que su ego confirma la información que ha recopilado sobre el Universo. Por consiguiente, esta información guardará la cualidad de luz y sabiduría para ellos, y no se transformará en oscuridad e inutilidad. Cuando el ego haya cumplido con su deber de esta manera, renuncia a su derecho al señorío y la propiedad hipotética (simples medios de la medida) y declara: «Suya es la soberanía y la propiedad de todos los seres, y para Él son toda la alabanza y la gratitud. Suyo es el Juicio y el reinado, y a Él retornamos». Así alcanza la verdadera veneración y logra el rango del mejor patrón de la creación.

Pero si el ego se olvida del propósito Divino de su creación, abandona la función de su naturaleza, y se ve como un ser autoexistente independiente del Creador, traiciona la Confianza. Así, se supone ser una realidad permanente que tiene, como deber, la búsqueda para la autosatisfacción. Falsamente supone que posee su ser y es el verdadero señor y el amo de su propio dominio. Aquellos que ven al ego de esta manera caen en la clase de esos que fueron advertidos y amenazados por: Y en verdad está perdido aquel que lo ha corrompido (en la rebelión envanecedora contra Dios) (91:10). Este desarrollo es responsable de todas las variedades del politeísmo, el mal, y la desviación que han aterrorizado los Cielos, la Tierra, y las montañas por asumir la Confianza, por miedo a que podría llevarlos a atribuir copartícipes a Dios, porque tal ego crece y aumenta hasta que penetre paulatinamente en todas las partes de un ser humano. Como algunos monstruos enormes, se traga totalmente a tal gente de modo que ellos y sus facultades no consistan en nada más que un ego. Finalmente, el ego del género humano refuerza al ego individual con puro individualismo y racismo nacional. Esto causa al ego, crecido por el apoyo del ego de la raza, objetar, como Satanás, las órdenes del Creador Majestuoso. Por último, tomándose como criterio, compara todo el mundo y todas las cosas consigo, divide la soberanía de Dios entre ellos y otras causas, y empieza a atribuir copartícipes a Dios de la manera más grave. Es tal gente a la que se están refiriendo en: En verdad que no; pero los malhechores (quienes niegan a Dios o atribuyen copartícipes a Él) están perdidos en un extravío evidente (31:13).

Esta traición hace al ego hundirse en la ignorancia absoluta. Aunque haya asimilado miles de ramas de la ciencia, su ignorancia está compuesta solamente por su conocimiento. Cualquier rayo del conocimiento de Dios que puede que haya obtenido del Universo a través de sus sentidos o poderes reflexivos fue destruido, pues ya no puede encontrar dentro de sí mismo cualquier cosa para confirmarlo, perfeccionarlo y mantenerlo. Lo que viene al ego se mancha con los colores dentro de él. Aunque la pura sabiduría venga, llega a ser absolutamente vana dentro de un ego manchado por el ateismo, el politeísmo, u otras formas de negación a Dios Todopoderoso. Si todo el Universo estuviera lleno de señales brillantes de Dios, un punto oscuro en este ego las ocultaría, como si fueran invisibles.

Ahora arrojaremos luz sobre la verdad de este tema. Considera lo siguiente: desde la época de Adán hasta el presente, dos grandes corrientes del pensamiento han extendido sus ramas en todas las direcciones y en cada clase de la humanidad, justo como dos árboles altos. Una es la línea de la Misión Profética y la Religión; la otra es la del puro pensamiento humano. Siempre que hayan concordado y se hayan unido (cuando el pensamiento humano se une con la Religión en obediencia y la sirve), el ser humano ha experimentado felicidad brillante en la vida individual y colectiva. Pero cuando hayan seguido caminos separados, la verdad y la bondad se han acumulado en el lado de la Misión Profética y la Religión, mientras que el error, el mal y la desviación han sido reunidos en el lado del pensamiento humano.

El pensamiento humano, cada vez que se haya escindido de la Religión, ha tomado la forma de un árbol de Zaqqum, que extiende sus velos oscuros de atribución de copartícipes a Dios y de todos los otros tipos innumerables de extravío. En la rama de la razón autorizada, la cual es una de las tres facultades primordiales con la cual los seres humanos están dotados, ha dado frutos de materialismo y naturalismo para el consumo del intelecto. En la rama de la ira y pasión autorizadas, ha producido tales tiranos como Nimrod y Faraón quienes tiranizaron a la gente. En la rama de los deseos y apetitos animales autorizados, ha producido los frutos de «diosas», ídolos y aquellos que han reivindicado el estatus divino para sí mismos. Esta línea ha demostrado «lo más bajo de los bajos» en lo cual el ser humano puede caerse.

Al contrario, la bendita línea de la Misión Profética, la cual toma la forma del árbol de Tuba de la veneración, ha dado el fruto de Profetas, Mensajeros, santos, y de la gente recta en el jardín de la Tierra y en la rama de la razón autorizada. En la rama de la ira autorizada, la rama de la defensa contra el mal y su rechazo, ha dado frutos de gobernadores virtuosos y justos. En la rama de los deseos o apetitos animales autorizados, la cual ha tomado la forma de lo atractivo autorizado, ha dado frutos de personas generosas, benévolas y de buen carácter y de comportamiento modesto a lo largo de la historia. Por consiguiente, esta línea ha demostrado cómo el ser humano es el fruto perfecto de la creación.

La Misión Profética considera que el objetivo y la función de los seres humanos tienen que ser moldeados por los valores Divinos y para alcanzar el buen carácter. Los Profetas creyeron que la gente debe percibir su debilidad, y buscar refugio en el Poder Divino y confiar en la Fuerza Divina, darse cuenta de su escasez y pobreza esencial, y confiar en la Misericordia Divina, conocer su necesidad y buscar la ayuda de la Riqueza Divina, ver sus defectos y pedir perdón de la Compasión Divina; y percibir su insuficiencia y glorificar la Perfección Divina.

Según el pensamiento humano que se ha desviado, el poder es autorizado. «La fuerza tiene derecho» es la norma. Sus máximas son: «El poder da la razón»; «Supervivencia del más fuerte»; «El ganador se lo lleva todo»; y «El poderoso tiene derecho». Se ha dado apoyo moral a la tiranía, ha alentado a los dictadores, y ha animado a los opresores para que reivindicaran Divinidad. Atribuyendo la belleza en «obras de arte» a sus trabajos, y no al Creador y a la pura y sagrada Belleza de Aquel Quien da forma, dice: «¡Qué hermoso es!» y no dice: «¡Qué hermoso es creado!» y así considera a cada uno como un ídolo digno de adoración.

 
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