Menu Principal
Inicio
El Profeta Muhammad (2)
Una Evaluación General
El Profeta Muhammad (2)
Una Evaluación General | La Batalla de Uhud |
|
|
| escrito por Fethullah Gülen | |
| lunes, 26 de diciembre de 2005 | |
|
La victoria de Badr alertó a las fuerzas hostiles de la penÃnsula. Los musulmanes estaban en un estado de inquietud y soportaron la ira de muchas sociedades vecinas. Las tribus judÃas de Medina no tenÃan intención de cumplir con su tratado con el Mensajero después de su Hégira. Durante la Batalla de Badr apoyaron a los politeÃstas de La Meca; después alentaron abiertamente al Coraich y a las otras tribus árabes a unirse contra los musulmanes. También colaboraron con los Hipócritas quienes en apariencia eran una parte integrada del cuerpo polÃtico musulmán. Para sabotear la divulgación del Islam empezaron a avivar las llamas de la antigua animosidad entre Aws y Jazray, dos tribus musulmanas de Medina. Kab ibn Ashraf, el jefe de Banu Nadir, fue a La Meca y recitó elegÃas conmovedoras en memoria de los hombres asesinados de La Meca en Badr para provocar al Coraich a nuevas hostilidades. Él también calumnió a los musulmanes y satirizó al Profeta en sus poemas. La violación de la tribu judÃa para con las obligaciones del acuerdo rebasó todos los lÃmites razonables. Unos meses después del Badr, una mujer musulmana fue tratada indecentemente por unos judÃos de Banu Qaynuqa, la tribu judÃa con mayor sentimiento anti-musulmán. Durante la pelea que tuvo lugar a continuación, un musulmán fue martirizado y un judÃo fue asesinado. Cuando el Mensajero les reprochó por esa conducta vergonzosa y les recordó las obligaciones de su trato, los judÃos lo amenazaron diciéndole: “No os engañe haberos encontrado con unos hombres que no tienen conocimiento de guerra. Tuviste suerte. Por Allah, si os combatimos, vais a saber que somos hombres de guerra”. Al final, el Mensajero atacó al Banu Qaynuqa, los derrotó y los desterró a los alrededores de Medina. Además, bajo orden del Mensajero, Muhammad ibn Maslama mató a Kab ibn Ashraf y acabó con sus actividades sediciosas.[1] Las razones de la guerra. El Coraich todavÃa estaba resentido de su derrota en Badr. Sus mujeres lloraban casi todos los dÃas la muerte de sus guerreros y alentaban a los supervivientes a vengarse de ellos. Además, los esfuerzos de los judÃos por alentar el sentimiento de venganza eran como echar leña al fuego en este conflicto. En el perÃodo de un año, el Coraich atacó a Medina con un ejército de tres mil soldados, incluyendo setecientos con cotas de malla y doscientos soldados de caballerÃa. Informado de la marcha de los de La Meca hacia Medina, el Mensajero consultó a sus Compañeros sobre cómo afrontar esta amenaza.[2] HabÃa soñado que estaba con su cota de malla y su espada dentada y que algunos bueyes habÃan sido sacrificados. Según su interpretación este sueño significaba que ellos deberÃan defenderse dentro de los lÃmites de Medina y un miembro destacado de sus parientes serÃa martirizado junto con algunos Compañeros.[3] Él también sabÃa que el ejército de La Meca venÃa a luchar a campo abierto. AsÃ, si los musulmanes se defendÃan dentro de Medina, el ejército de La Meca no podÃa sitiarlos por mucho tiempo. Volvió a recalcar que los musulmanes representaban la paz y la seguridad y que debÃan recurrir a la fuerza sólo para eliminar un obstáculo en el camino de la predicación del Islam o para defenderse a si mismos, su fe o su paÃs. Sin embargo, varios jóvenes anhelaban el martirio. Tristes por no haber combatido en el Badr, querÃan luchar con el enemigo en las afueras de Medina. El Mensajero cedió frente a la demanda de la mayorÃa en última instancia. Estos jóvenes se arrepintieron, después de la advertencia sobre su insistencia de los mayores, y cuando éstos le informaron de eso al Mensajero, él les contestó: “No es apropiado de un Profeta despojarse de la cota de malla una vez que se la haya puesto”.[4] Habiendo decidido seguir a la mayorÃa, el Mensajero y mil guerreros salieron de Medina hacia Uhud, una montaña volcánica sólo a unas millas en las afueras hacia el oeste. Su principal caracterÃstica era una llanura que se extendÃa ante ella. Sin embargo, cuando estaban sólo a mitad de camino Abdallah ibn Ubayy ibn Salul regresó junto con sus trescientos hombres.[5] Este acontecimiento, que tuvo lugar justo antes del comienzo de la batalla, causó tanta perplejidad y confusión entre la gente que las tribus Banu Salama y Banu Hariza también quisieron volver pero finalmente fueron persuadidas de que se quedaran. El ejército musulmán estaba formado por setecientos soldados mal equipados. El Mensajero los alineó a los pies del Monte Uhud de modo que la montaña quedara atrás y el ejército del Coraich delante de ellos. El enemigo podrÃa lanzar un ataque sorpresa sólo pasando por un paso de montaña. Por eso El Mensajero dejó cincuenta arqueros ahà bajo las órdenes de Abdallah ibn Yubayr. Les dijo que no dejara a nadie acercarse a este punto ni moverse de ahà añadiendo: “Aunque veáis que los buitres llevan nuestra carne, no os mováis de aquÔ.[6] Musab ibn Umayr era el portaestandarte, Zubayr ibn Awwam dirigÃa la caballerÃa y Hamza la infanterÃa. El ejército estaba listo para combatir. Para alertar a sus Compañeros, el Profeta preguntó señalando la espada que tenÃa en la mano: “¿Quién querÃa tener esta espada a cambio de dar su precio debido?” Abu Duyana preguntó: “¿Cuál es su precio?” “Luchar con ella hasta que quede rota”, dijo el Profeta. Abu Duyana la tomó y luchó.[7] Sad ibn Abi Waqqas y Abdallah ibn Yash pidieron a Allah que les dejara encontrarse con los soldados enemigos más fuertes. Hamza, el tÃo del Profeta y el “León de Allah” llevaba una pluma de avestruz en el pecho. El versÃculo revelado para describir a las personas devotas alrededor del Profeta da ejemplos de los Profetas anteriores: ¡Cuántos profetas ha habido a cuyo lado lucharon multitud de seguidores y no se desanimaron por lo que les afligÃa en el camino de Allah ni flaquearon ni buscaron descanso! Allah ama a los pacientes. Tan sólo dijeron: ¡Señor nuestro, perdónanos las faltas y que hayamos ido más allá de los lÃmites en aquello que es de nuestra incumbencia; afirma nuestros pasos y auxÃlianos contra el pueblo incrédulo! Y Allah les dio la recompensa de esta vida y la hermosa recompensa de la Otra. Allah ama a los que hacen el bien (3:146-48). En la primera etapa, los musulmanes derrotaron al enemigo tan fácilmente que Abu Duyana, con la espada que el Profeta le habÃa dado, se internó por el centro del ejército coraichÃ. Allà se encontró con Hind, la mujer de Abu Sufyan (el comandante de los CoraichÃes). Pensó en matarla pero después “para no mancillar la espada recibida del Profeta con la sangre de una mujer” la perdonó.[8] Ali mató a Talha ibn Abu Talha, el portaestandarte del enemigo. Todos los abanderados del Coraich fueron matados por Ali, Asim ibn Zabit o Zubayr ibn Awwam. Después de eso, los abnegados héroes del ejército musulmán como Hamza, Ali, Abu Duyana, Zubayr y Miqdad ibn Amr se lanzaron a si mismos contra el enemigo y lo derrotaron. Cuando el enemigo empezó a huir, los musulmanes juntaron el botÃn de guerra. Los arqueros en el paso de montaña vieron eso y se dijeron: “Allah derrotó al enemigo, y nuestros hermanos están reuniendo el botÃn. Vamos, unámonos a ellos”. Abdallah ibn Yubayr les recordó la orden del Profeta pero ellos replicaron: “Él nos lo ordenó sin saber el resultado de la batalla”. Todos salvo unos pocos abandonaron su puesto y empezaron a reunir trofeos de guerra. Jalid ibn Walid, aún un infiel y comandante de la caballerÃa del Coraich, aprovechó esta oportunidad para llevar a sus hombres alrededor del Monte Uhud y atacó a los flancos musulmanes a través del paso. Las fuerzas reducidas de Abdallah ibn Yubayr no pudieron repelerlos. Los soldados enemigos que se habÃan retirado volvieron de nuevo y participaron en el ataque desde el frente. Ahora, la batalla se volvió en contra de los musulmanes. Ambos ataques repentinos realizados por las fuerzas superiores causaron una gran confusión entre los musulmanes. El enemigo quiso agarrar vivo al Profeta o matarlo, y por eso lo atacaron por todos los lados con espadas, lanzas, arcos y piedras. Los que le defendieron lucharon heroicamente. Hind, habiendo perdido a su padre y a sus hermanos en el Badr, instó a Wahshi, un esclavo negro, a que matara a Hamza. Cuando las escalas volvieron, Hamza luchó como un león furioso. HabÃa matado casi treinta hombres cuando la lanza de Wahshi le traspasó justo arriba del muslo. Hind se presentó ahà y le ordenó a Hamza que se le abriera el estómago. Y después ella mutiló su cuerpo y mordisqueó su hÃgado.[9] Ibn Kamia martirizó a Musab ibn Umayr, el portaestandarte de los musulmanes quien habÃa luchado delante de él. Musab se parecÃa al Mensajero tanto en el fÃsico como en el carácter y eso hizo que Ibn Kamia pensara y anunciara que habÃa matado al Mensajero. Mientras tanto, el Mensajero habÃa sido herido por una espada y por algunas piedras. Se cayó en un pozo y estando sangrando profusamente levantó las manos y rezó: “Oh Allah, perdona a mi gente, porque ellos no saben (la verdad).”[10] El rumor sobre el martirio del Profeta hizo que muchos Compañeros perdieran el coraje. Además de los hombres como Ali, Abu Duyana, Sahl ibn Hunayf, Talha ibn Ubaydullah, Anas ibn Nadr y Abdallah ibn Yash, que lucharon abnegadamente, algunas mujeres musulmanas oyeron el rumor y corrieron al campo de batalla. Sumayra, de la tribu Banu Nadir, habÃa perdido a su marido, a su padre y a su hermano. Ella sólo preguntaba por el Mensajero. Cuando lo vio dijo: “¡No son nada las desgracias para mi mientras tú estés vivo Oh Mensajero!”[11] Umm Omara luchó ante el Mensajero tan heroicamente que él le preguntó: “¿Quién más podrÃa aguantar eso que tú aguantas?” La gran mujer aprovechó esa oportunidad para pedirle que rezara por ella: “¡Oh Mensajero de Allah, reza a Allah para que pueda estar en tu compañÃa en el ParaÃso!” El Mensajero lo hizo y después ella respondió: “Desde ahora ya no importa lo que me vaya a pasar”.[12] Anas ibn Nadr escuchó que el Mensajero habÃa sido martirizado. Entonces luchó tan valerosamente que sufrió ochenta heridas.[13] Y cuando encontraron a Sad ibn Rabi, éste habÃa sufrido setenta heridas en su cuerpo. Sus últimas palabras fueron: “Dadle mis recuerdos al Mensajero. Me llega la fragancia del ParaÃso desde más allá del Uhud”.[14] Además de Abu Duyana y Sahl ibn Hunayf, Ali también estaba delante del Mensajero y lo defendÃa. El Mensajero señaló tres veces al enemigo que se estaba acercando a ellos; una y otra vez los atacó Ali y los venció.[15] A pesar de la resistencia indescriptible de los guerreros musulmanes, la derrota parecÃa inevitable hasta que Kab ibn Malik gritó al ver al Mensajero: “¡Oh musulmanes! ¡Hay buenas nuevas para vosotros! ¡Aquà está el Mensajero!” Los Compañeros dispersos avanzaron hacia él desde todas partes, se reorganizaron a su alrededor y lo llevaron a un lugar seguro en la montaña. Las razones del revés en Uhud. Antes de explicar las razones de este revés, hay que señalar que los Compañeros, después de los Profetas, son superiores a todo el mundo en virtud. Ellos se honran de ser compañeros y reclutas del Profeta Muhammad, el más grande de la creación, el único por el cual el universo fue creado y el que fue enviado como misericordia para toda la humanidad. Por eso, según la norma “Cuanta más grande sea la bendición, mayor será la responsabilidad” ellos tenÃan que rendir más obediencia a Allah y a Su Mensajero. Por ejemplo, el Corán dice, si cualquiera de las mujeres del Profeta cometiera algún acto manifiesto de indecencia, les será doblado el castigo...vosotras no sois como cualquier otra mujer (33:30-32). Asimismo, hasta un pecado sin importancia cometido por un Compañero merece un severo castigo. Todos ellos figuran como personas eminentes por su creencia a Allah y su devota fe en él y su comportamiento es un ejemplo a seguir para las generaciones siguientes. Por eso, ellos han de ser puros en creencia e intención, sinceros en adoración y devoción, rectos en conducta y sumamente cautos al abstenerse del pecado y de la desobediencia. Allah nos revela en el Corán acerca de la comunidad del Profeta Muhammad: “Sois la mejor comunidad que ha surgido por el bien de los hombres, perseveráis en lo correcto, impedÃs lo reprobable y creéis en Allah” (3:110) y los nombra como una comunidad intermediaria para que dieran testimonio a la humanidad y para que el Mensajero lo diera a ellos (2:143). A comienzos de la época de Medina, los Compañeros estaban compuestos por verdaderos creyentes y por hipócritas. Por eso, Allah quiso seleccionar a Sus testigos auténticos de entre aquellos que estaban en contra de toda la humanidad, y saber quién se esforzaba más en seguir Su Camino y permanecÃa firme en su fe (3:141-42). Por consiguiente, La Batalla de Uhud fue una prueba decisiva para discernir a los sinceros y diligentes de entre las filas de los hipócritas y también sirvió para hacer de la comunidad islámica la más estable y formidable de entre todas. Después de estas notas preliminares, podemos resumir por qué los musulmanes sufrieron un revés con lo que sigue: • El Mensajero, comandante en jefe, pensó que deberÃan permanecer dentro de Medina. Los Compañeros jóvenes, entusiasmados e inexpertos, le instaron a que se marchara de la ciudad. Esto fue un error, incluso pensando en aras de un martirio ante Allah, porque el Mensajero tenÃa tendencia a aplicar diferentes tácticas en las batallas y conocÃa con antelación que el ejército del Coraich venÃa para luchar a campo abierto. • Los arqueros apostados para que defendieran al ejército abandonaron sus posiciones. Ellos malinterpretaron la orden del Mensajero de no desertar de su puesto bajo ningún concepto y marcharon a dar cuenta del botÃn. • Los trescientos hipócritas, un tercio del ejército, desertaron a mitad del camino y regresaron a Medina. Este acontecimiento socavó la moral de las tribus Banu Salama y Banu Hariza las cuales fueron persuadidas con gran dificultad para que se quedaran. Por otra parte, un pequeño grupo de hipócritas desmoralizó a los musulmanes durante la batalla. • Varios Compañeros perdieron la paciencia y se comportaron, en cierto sentido, de manera inconsecuente para con los dictados de la devoción y fueron atraÃdos hacia la riqueza material. • Algunos creyentes pensaron que siempre que el Mensajero estuviera con ellos, y siempre que tuvieran el apoyo y la ayuda de Allah, los incrédulos nunca los podrÃan vencer. Aunque eso era cierto, el revés les enseñó que merecer la ayuda de Allah requiere, además de creencia y devoción, deliberación, estrategia y firmeza. También se dieron cuenta de que el mundo es un lugar de prueba: Antes que vosotros ya se siguieron otras veces un mismo modo de actuar; asà pues, recorred la tierra y mirad cómo acabaron los que negaron la verdad. Esto es una aclaración para los hombres y una guÃa y advertencia para los que temen (a Allah). No desfallezcáis ni os apenéis, porque, si sois creyentes, seréis superiores. Si sufrÃs una herida, ellos también sufrirán una herida similar. Asà es como alternamos estos dÃas entre los hombres para que Allah sepa quiénes son los que creen y tome a algunos de entre vosotros para morir dando testimonio. Allah no ama a los injustos; y que Allah limpiara las malas acciones de los que creen y aniquilara a los que se niegan a creer (3:137-41). • Los que no participaron en Badr imploraron a Allah sinceramente el martirio. Ellos estaban profundamente dedicados al Islam y anhelaban conocer a Allah. Algunos como Abdallah ibn Yash, Anas ibn Nadr, Sad ibn Rabi, Amr ibn Yamuh y Abu Sad Haysama saborearon las mieles del martirio; el martirio de los otros se retrasó. El Corán canta las alabanzas de ellos como sigue: Entre los creyentes hay hombres que han sido fieles a su pacto con Allah, algunos han cumplido ya su promesa y otros esperan todavÃa sin haber variado en absoluto (33:23). • Cualquier éxito o triunfo radica en Allah, Quien hace lo que Él desea y no puede ser cuestionado. Creer en la Unidad de Allah significa que los creyentes deben atribuirle los logros siempre a Allah y nunca apropiarse de ellos. Si la decisiva victoria del Badr les hizo enorgullecerse un poco a algunos musulmanes, y si ellos atribuyeron la victoria a su propia prudencia, su juicio preparativo o a algunas causas materiales, esto podrÃa haber sido parte del motivo de su revés. • En el ejército del Coraich habÃa varios soldados y comandantes ilustres (Jalid ibn Walid, Ikrima ibn Abi Yahl, Amr ibn al-As e Ibn Hisham) quienes fueron destinados por Allah para ser grandes servidores del Islam en el futuro. Ellos eran los más estimados y respetados entre la gente. Por el bien de su servicio futuro, Allah no deseó dañar sus sentimientos de honor del todo. Y como expresó Bediüzzaman Said Nursi, los Compañeros del futuro derrotaron a los Compañeros del presente.[16] • Los siguientes versÃculos explican la razón del contratiempo junto con sus secuelas y las lecciones que se pueden tomar de ello: ¿O contáis acaso con entrar en el JardÃn sin que Allah sepa quiénes de vosotros han luchado y quiénes son los pacientes? (3:142). La última etapa de la Batalla de Uhud y la campaña de Hamra al-Asad. Después de que terminara esa confusión, sus Compañeros se reunieron alrededor del Profeta, quien estaba herido y se habÃa desmayado. Muchos Compañeros también estaban heridos. Se retiraron a lugares seguros en la montaña. El ejército del Coraich empezó a abandonar el campo de batalla pensando que habÃan vengado la derrota en Badr. Al ver que no podÃan aplastar la resistencia de los musulmanes, montaron en sus camellos y se dirigieron a La Meca. Al Mensajero le preocupaba que los de La Meca retornaran y lanzaran otro ataque contra Medina. Por lo tanto, en el segundo dÃa de Uhud, ordenó que los que habÃan luchado el dÃa anterior se agruparan y convencieran a los no creyentes. Algunos de los hombres Banu Abdal Qays, nombrados por Abu Sufyan, trataron de desanimarlos diciéndoles: “La gente se puso en vuestra contra, por eso temedlos”. Pero esto solamente fortaleció la fe de los creyentes que contestaron: Allah es más que suficiente para nosotros; ¡Qué excelente Guardián! (3:173)[17] La mayorÃa estaba gravemente herida; algunos no podÃan mantenerse en pie y tenÃan que ser llevados por sus amigos.[18] En este momento tan crÃtico, se ciñeron sus espadas y se prepararon dar sus vidas a instancias del Mensajero. Lo acompañaron a Hamra al-Asad, a trece kilómetros desde Medina. Los politeÃstas de La Meca se habÃan detenido y estaban hablando sobre un segundo ataque contra Medina. Sin embargo, cuando vieron a los creyentes, supuestamente casi derrotados, marchando hacia ellos, no pudieron armarse de suficiente valor y continuaron hacia La Meca. La prudencia y el genio militar del Profeta hicieron convertir la derrota en victoria. El enemigo no tuvo el valor suficiente para enfrentarse con la determinación de los musulmanes otra vez más marchando a Medina y regresaron a La Meca. Allah reveló los versÃculos siguientes alabando a los héroes musulmanes: Aquellos que respondieron a Allah y al Mensajero, a pesar de las heridas que sufrieron, si hicieron el bien y mostraron suma devoción a Allah, tendrán una enorme recompensa. Aquellos a los que la gente les dijo: Los hombres se han reunido contra vosotros, tenedles miedo, esto no hizo sino darles más fe y dijeron: ¡Allah es Suficiente para nosotros, qué excelente Guardián! Y regresaron con una gracia de Allah y Su favor, ningún mal les habÃa tocado. Siguieron lo que complace a Allah y Allah es Dueño de un favor inmenso (3:172-74). Hacia la Batalla de la Trinchera. La tribu judÃa Banu Nadir era, en principio, el aliado declarado de los musulmanes en Medina. Sin embargo, sus miembros intrigaron en secreto con los paganos de La Meca y con los hipócritas de Medina. Hasta intentaron matar al Profeta mientras él los visitaba, rompiendo toda norma de hospitalidad y de trato. El Mensajero les pidió que cambiaran su posición estratégica, unas cinco kilómetros al sur de Medina, y estuvieron de acuerdo en hacerlo asÃ. Pero cuando Abdallah ibn Ubayy, el jefe de los hipócritas, les prometió ayuda en caso de batalla, los Banu Nadir se mostraron reacios. El ejército musulmán los sitió en sus fortalezas. Los Banu Nadir, al ver que ni los politeÃstas de La Meca ni los hipócritas de Medina se molestaron en ayudarles, abandonaron la ciudad. Estaban consternados pero se les perdonó la vida. TenÃan diez dÃas para abandonar la ciudad, la mayorÃa, junto con sus familias y todo lo que podÃan llevar, y muchos de ellos se unieron a sus hermanos en Siria y los otros en Jaibar. Mientras volvÃan de Uhud, Abu Sufyan habÃa desafiado a los musulmanes con una revancha en Badr para el año siguiente.[19] Pero cuando llegó la hora designada, le falló el valor. En un ardid para salvar las apariencias, envió a Nuaym ibn Masud (entonces un no creyente) a Medina para que hiciera correr el rumor de que los Coraich estaban haciendo grandes preparativos de guerra y juntaba un ejército enorme e invencible. Sin embargo, cuando el Profeta llegó a Badr con un ejército de mil quinientos guerreros, no habÃa ningún enemigo. Permanecieron durante ocho dÃas allÃ, esperando el temible encuentro; pero como no hubo ninguna señal de que apareciera el ejército Coraich, volvieron a Medina. Esta campaña se llamaba Badr al-Sughra (el pequeño Badr). En 627, se le comunicó al Mensajero que las tribus del desierto, Anmar y Salaba, habÃan decidido atacar Medina. Él fue a Zat al-Riqa con cuatrocientos guerreros y al escuchar que las tribus enemigas habÃan huido, regresó a Medina.[20] Después de eso, marchó en busca de la tribu pagana Banu Mustaliq que se habÃa preparado para luchar con los musulmanes. Los atacó y los derrotó con setecientos guerreros.[21] En el camino de vuelta a Medina, los hipócritas intentaron crear un clima de disensión entre los Emigrantes y los Ayudantes pero fracasaron. Los versÃculos enviados revelaban todos sus secretos y demostraban que contaminado era su mundo interior (63:1-11). [1] Ibn Hisham, 3:58. [2] Un sistema consultivo de gobierno es un artÃculo imprescindible de la constitución islámica. Aquà se buscan los piadosos y los que tienen juicio sano y conocimientos expertos, y que se ganan la confianza de la gente. Se considera que expresen sus opiniones según los dictados de su conciencia con precisión e integridad. Este sistema consultivo es tan importante que Allah elogia a la primera comunidad musulmana ejemplar cuyos asuntos se resuelven mediante un consejo entre todos. Cuando se considera el liderazgo del Profeta esa importancia se hace más explÃcita. Él nunca habló movido por capricho y sostenido en su mera autoridad, tan sólo reprodujo lo que Allah le habÃa revelado (53:3-4). AsÃ, él prefirió la opinión de la mayorÃa a la suya. Pero desde el momento en que tuvo que ejecutar sus decisiones en total sumisión y confianza hacia a Allah, no pudo cambiar éstas por diversas razones: la primera, que podrÃa causar cierta presión a otros para aceptar sus opiniones; segunda, los lÃderes que cambian sus decisiones según sus inquietudes e intereses personales pueden perder su autoridad y seriedad; tercera, cualquier vacilación o duda transmite sensaciones de miedo, ansiedad y confusión a los seguidores; cuarta, si el Mensajero hubiera cambiado su decisión y defendiera a los musulmanes de los que estaban en La Meca, un sentimiento de derrota, invadirÃa a sus oponentes y les llevarÃa a estos últimos a criticarle a él y a los Compañeros destacados. En cada una de sus palabras y obras, el Mensajero da ejemplo a ser seguido. Todas las reflexiones anteriormente citadas se refieren a su comportamiento previo para con Uhud y sus palabras: “No es apropiado de un Profeta despojarse de la cota de malla después de habérsela puesto”. [3] Ibid. 3:664-67. [4] Bujari, “Itisam” 28; Ibn Hisham, sira, 3:68. [5] Ibn Hisham, 3:68. [6] Bujari, “Yihad” 164; Abu Dawud, “Yihad” 6. [7] Muslim, “Fadail al-Sahaba” 128; Ibn Hanbal, 3:123. [8] Hayzami, Majma al-Zawaid, 6:109. [9] Ibn Sad, Tabaqaat, 3:12; Waqidi, Maghazi, 221. [10] Qadi, Iyad, Shifa, 1:78-9; Hindi, Kanz al-Ummal, 4:93. [11] Ibn Hisham, 3:99. [12] Ibn Sad, Tabaqat, 8:413-15. [13] Ibn Hanbal, 3:201; Bayhaqi, Sunan, 9:44. [14] Ibn Kazir, Al-Bidaya, 4:35-6. [15] Tabari, Tariqh, 3:17; Ibn Azir, Al-Kamil, 2:74; Ibn Hisham, Sira, 3; 100. [16] Said Nursi, Lemalar (Istanbul: 28). [17] Ibn Hisham, 3:120; Ibn Kazir, Al-Bidaya, 4:43. [18] Ibn Hisham, 3:101. [19] Ibn Hisham, 3:94; Ibn Sad, 2:59. [20] Ibn Hisham, 3:213. [21] Ibn Kazir, 4:178-79. |
| < Anterior | Siguiente > |
|---|




