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El Profeta Muhammad (2)
La Dimensión Militar
El Profeta Muhammad (2)
La Dimensión Militar | Las tempranas expediciones militares |
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| escrito por Fethullah Gülen | |
| lunes, 26 de diciembre de 2005 | |
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Con la llegada del Profeta a Medina, la lucha entre el Islam y la incredulidad entró en una nueva fase. En La Meca el Profeta se dedicó casi en exclusiva a exponer los principios básicos del Islam y a la educación moral y espiritual de sus Compañeros. Sin embargo, después de la Hégira (622), nuevos musulmanes que pertenecÃan a diferentes tribus y regiones empezaron a reunirse en Medina. Aunque los musulmanes sólo poseÃan un pequeño pedazo de tierra, los CoraichÃes se aliaron con el mayor número de tribus posibles para exterminarlos.
En estas circunstancias, el éxito de la pequeña comunidad musulmana sin mencionar su supervivencia futura dependÃa de varios factores. Eran los siguientes según su orden importancia: • Difundir el Islam de manera eficiente y efectiva para convertir a los otros. • Demostrar la falsedad de los no creyentes de un modo tan convincente que nadie pueda dudar de la verdad del Islam. • Enfrentarse con paciencia y fortaleza al exilio, la hostilidad y la oposición penetrante, las dificultades económicas, el hambre, la inseguridad y los peligros. • Recuperar sus bienes usurpados por los habitantes de La Meca después de la Hégira. • Resistir, con coraje y armas, cualquier ataque lanzado para frustrar su movimiento. Y al resistir, ignorar a la superioridad numérica o material del enemigo. Además de las amenazas de La Meca y sus aliadas, la joven comunidad tenÃa que enfrentarse a tres tribus judÃas de Medina que controlaban su vida económica. Aunque ellos esperaban a un Profeta, se opusieron al Mensajero porque él no era judÃo. Una de las primeras cosas que hizo el Mensajero en Medina fue firmar un pacto con los judÃos.[1] A pesar de ello, los judÃos siguieron guardándole rencor al Mensajero y conspiraron contra él y el Islam. Por ejemplo, el famoso poeta judÃo Kab ibn Ashraf escribió poemas satirizando al Mensajero e instigando a sus enemigos. En Medina, empezó a surgir otro problema: la hipocresÃa. Los hipócritas se pueden dividir en cuatro amplios grupos como los siguientes: • Aquellos que no creen en el Islam pero entran en la comunidad musulmana para causar problemas entre ellos. • Aquellos que comprendieron la realidad polÃtica de ese momento histórico se convirtieron porque vieron mucha ventaja en ello. Sin embargo, mantuvieron el contacto con las fuerzas anti islámicas con la esperanza de beneficiarse de los contactos con ambas partes y asà no ser dañados. • Aquellos que todavÃa no habÃan cambiado su mentalidad pero parecÃan haber sido convertidos porque los que estaban a su alrededor lo hacÃan. • Aquellos que aceptaron el Islam como la verdadera religión pero encontraron difÃcil abandonar su modo de vida heredado, sus supersticiones y costumbres, además de practicar la auto disciplina exigida por el Islam. Las expediciones militares. En estas circunstancias severas, el Mensajero decidió enviar expediciones militares al corazón del desierto. TenÃa varios objetivos en mente, algunos de ellos eran los siguientes: • Los no creyentes intentaron apagar la luz de Allah con lo que sale de sus bocas, pero Allah siempre hace culminar Su luz por mucho que les pese a los incrédulos (61:8). El Mensajero querÃa demostrar que los incrédulos no podrÃan exterminar el Islam, y demostrar que el Islam no podrÃa ser ignorado. • La Meca disfrutaba de una posición central en Arabia. Como el más formidable poder de la penÃnsula, el resto de las tribus sentÃan algún tipo de apetencia por ella. Enviando expediciones militares a las zonas vecinas, el Mensajero quiso demostrar el Poder del Islam y romper el dominio de los CoraichÃes. A lo largo de la historia, el concepto de “el poder es razón” siempre ha sido una norma, porque “la razón es poder” está considerado un concepto muy débil para gobernar. En Arabia, el Coraich tenÃa poder y riqueza y por eso las tribus vecinas le obedecÃan. El Islam vino para hacer prevalecer la justicia y por eso el Mensajero tuvo que romper la adhesión con La Meca. • Su misión no estaba limitada a un perÃodo fijo o a una nación, porque él fue enviado como misericordia para todos. Asà que estaba encargado de transmitir el Islam lo máximo posible. Para conseguirlo tenÃa que saber qué estaba pasando en la penÃnsula. Estas expediciones les sirvieron de vanguardias que le suministraban la información necesaria para pavimentar la manera de predicar el Islam. • Una de las formas más efectivas de aplastar a tus enemigos es llevarles a realizar acciones prematuras, no premeditadas porque esto te permite llevar la iniciativa. El Mensajero seguramente estaba informado de los contactos de los CoraichÃes con Abdallah ibn Ubayy ibn Salul, el lÃder de los hipócritas de Medina. Y también estaba atento a sus posibles ataques sobre Medina. Después de la entrada de una fuerza militar de los CoraichÃes en Medina y su vuelta a La Meca con su botÃn, el Mensajero envió expediciones militares para alentar al Coraich a actuar sin pensar. Entonces podrÃa frustrar sus complots. • El Coraich vivÃa del comercio con los mercados internacionales en Siria y Yemen, y por eso tenÃa que proteger sus rutas comerciales. Pero como ahora los musulmanes estaban en Medina, estas rutas podrÃan estar amenazadas. Mientras fortalecÃa su posición, el Profeta también mandaba expediciones militares para paralizar las esperanzas del Coraich y los planes de derrotarlo. • Los preceptos del Islam tratan garantizar la seguridad de la vida y la propiedad, la castidad y la creencia, además de la salud mental, espiritual y fÃsica. De acuerdo a estos preceptos están prohibidos el asesinato y el robo, el asalto y el saqueo, la usurpación y el interés (o usura), juegos de azar, alcohol, ilÃcitas relaciones sexuales, anarquÃa y propagación de ateÃsmo. La palabra árabe iman que se usa para creencia significa ofrecer seguridad. AsÃ, un mumin (creyente) nunca engaña, no miente, no rompe su promesa ni defrauda la confianza. Los creyentes no se ganan la vida mediante el robo, la usurpación o las transacciones basadas en el interés. Además, intentan no hacerle daño a nadie, porque ellos creen que matar a una persona es como matar a toda la humanidad. Cuando el Mensajero fue elevado a Profeta, en Arabia no habÃa seguridad ciudadana, ni de la propiedad, ni de la castidad, ni siquiera de la salud y de la creencia. Uno de sus deberes era establecer una seguridad absoluta en todos los aspectos de la vida. Una vez le dijo a Adiy ibn Jatam: “Llegará un dÃa en el que una mujer viajará montada en una litera, desde Hira hasta La Meca y no temerá nada más excepto que a Allah y a los lobos”.[2] Enviando expediciones militares, el Mensajero pretendÃa establecer seguridad allà donde se la necesitaba y demostrar a todo el mundo que sólo el Islam podrÃa ofrecerles seguridad. Las expediciones. La primera expedición, dirigida por Hamza, después de la Hégira fue enviada hacia Sif al-Bahr. Llegó justo cuando una caravana comercial de los CoraichÃes estaba regresando de Damasco. El Coraich habÃa usurpado todos los bienes de los Emigrantes e hicieron comercio con ellos en Damasco. El Mensajero hizo uso de esta situación para demostrar el poder musulmán y amenazar directamente al bienestar de la economÃa de los CoraichÃes. No hubo ningún conflicto en este primer enfrentamiento pero las tribus del desierto que presenciaron este incidente se predispusieron a reconocer otra fuente de poder en la penÃnsula. A esta expedición la siguió otra dirigida por Ubayda ibn Hariz. Con el mismo motivo en mente, Ubayda fue hasta Rabigh, un valle situado en el camino hacia La Meca. Los sesenta soldados de caballerÃa musulmanes se encontraron con una fuerza Coraichà de doscientos hombres armados. Hubo un intercambio de flechas y al final las fuerzas de La Meca se retiraron hacia su ciudad.[3] Las expediciones militares, algunas dirigidas por el mismo Profeta, eran continuas unas a otras. En las dos expediciones dirigidas por él, el Mensajero fue a Abwa y Buwat con la intención de amenazar las caravanas comerciales de los CoraichÃes e intimidarlos.[4] En Abwa, hizo un tratado con la tribu Banu Damra: ninguno de los dos bandos podrÃan atacarse el uno al otro, y Banu Damra no podrÃa ayudar a los enemigos de los musulmanes. Poco antes de la Batalla de Badr (624), el Mensajero envió una expedición formada por diez personas, dirigida por Abdallah ibn Yash, a Najla, ubicada cerca de La Meca en el camino hacia Taif. El Mensajero les dijo que siguieran los movimientos de los CoraichÃes y reunieran información sobre sus planes. Mientras ellos estaban en Najla, una caravana de comercio de los CoraichÃes que venÃa de Taif se detuvo allÃ. Sucedió algo de forma inesperada y los musulmanes mataron a un hombre de La Meca y capturaron al resto (salvo uno) y sus pertenencias. Estos fueron llevados a Medina. Esto ocurrió hacia el final de Rayab y el principio de Shaban. Por eso, no se sabÃa con certeza si se habÃa violado la santidad del Rayab, uno de los cuatro meses sagrados. Los CoraichÃes, los judÃos con los cuales se aliaron en secreto y los Hipócritas, aprovecharon muy bien esta posible trasgresión en su campaña de propaganda anti-musulmana. Dijeron que los musulmanes derramaron sangre en un mes sagrado cuando hacerlo estaba prohibido. Como el suceso habÃa tenido lugar sin su permiso, el Mensajero les explicó a los participantes de este que él no les habÃa ordenado luchar. Los otros musulmanes también los reprocharon. Sin embargo, una Revelación les consoló teniendo en cuenta su pura intención con la esperanza de ganar la misericordia de Allah: Te preguntan si se puede combatir durante los meses inviolables. Di: Hacerlo es grave, pero es aún más grave para Allah, que se aparte a la gente de Su camino, que no se crea en Él, (que se impida el acceso a) la Mezquita Inviolable y que se expulse a los que están en ella. La oposición a la creencia es más grave que matar. Si pueden, no dejarán de haceros la guerra hasta conseguir que reneguéis de vuestra Práctica de Adoración. Pero quien de vosotros reniegue de su Práctica de Adoración y muera siendo incrédulo... Esos habrán hecho inútiles sus acciones en esta vida y en la otra, y serán los compañeros del Fuego en el que serán inmortales. Los que creen, emigran y luchan en el camino de Allah, esperan la misericordia de Allah. Allah es Perdonador y Compasivo[5] (2:217-18). Estos versÃculos contestaron las objeciones de las fuerzas anti-musulmanas. En resumen, combatir durante los meses sagrados es un acto perverso. Sin embargo, aquellos que habÃan sometido a los musulmanes a un continuo e indescriptible mal durante trece años sólo por el mero hecho de que ellos creÃan en un único Allah no tenÃan derecho o justificación alguna para reprochar de esta manera a los musulmanes. No sólo alejaron a los musulmanes de sus casas sino también ubicaron la Mezquita Sagrada más allá de su alcance, un castigo nunca visto en los dos mil años la historia conocida de la Kaba. Con tales antecedentes, ¿quiénes fueron aquellos que levantaron fuertes protestas por un pequeño incidente, concretamente uno que tuvo lugar sin la autorización del Profeta? [1] Los historiadores modernos como Muhammad Hamidullah tienden a considerarlo como la primera constitución en la historia del Islam. [2] Bujari, “Manaqib,” 25. [3] Ibn Hisham, Sira, 2:241; Ibn Sad, Tabaqat, 2:7. [4] Ibn Hisham, 2:241,248. [5] Ibn Hisham, 2:252. |
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