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La peregrinación PDF Imprimir E-Mail
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escrito por Süleyman Eris   
16.05.2007
«La peregrinación a la Casa (de Dios) es un deber impuesto por Dios a todos aquellos que puedan realizarla. Y quienquiera que rechaza (la obligación de la peregrinación) o es ingrato con Dios (por no realizar esta orden). Dios es absolutamente independiente de todas las criaturas» (Sura Al-Imran, 3:97).
El quinto y último de los cinco pilares del Islam, el hayy, es contemplado como un viaje hacia La Meca con la intención de participar en la más grande asamblea humana sobre la Tierra. El hayy es un viaje sagrado desde lo terrenal hacia lo espiritual y es un recordatorio de que nos hallamos en un periplo en este mundo. La Peregrinación a La Meca, el hayy, es la sumisión completa de un creyente y una oración universal, donde los creyentes abandonan sus indumentarias normales y visten ropas sencillas, hasta que todos aquellos que están presentes se parezcan entre sí en piedad y humildad. Se halla descrito excelentemente en las palabras que recitan los peregrinos (talbiya) mientras dan vueltas alrededor de la Kaba:

Labbayk, Allahumma labbayk; labbayka la sharika laka labbayk; inna’l-hamda wa’nni’mata laka wa’l-mulk, la sharika lak. («Aquí estoy, Dios mío, aquí estoy a Tu servicio. Aquí estoy a Tu servicio. Tú no tienes copartícipe. Seguramente, todas las alabanzas y la gratitud son para Ti, así como todo el dominio. Tú no tienes copartícipe»).

«Â¡Oh Señor nuestro! ¡Danos lo bueno en esta vida y lo bueno en el Más Allá, y líbranos del castigo del fuego!» (Sura al-Baqara, 2:201)

Cuando la Kaba fue construida por segunda vez, después de Adán, por el profeta Abraham y su hijo Ismael, la paz sea con ellos, Dios ordenó a Abraham llamar a la humanidad a glorificarlo visitando Su Casa (Baytullah). Esta convocatoria incumbe a todos los musulmanes que pueden hacerlo al menos una vez en la vida.

Recuerda cuando asignamos a Abraham el lugar de la Casa (Kaba) como un lugar de oración, (le dijimos): “No asocies a ningún copartícipe Conmigo de ningún modo, y mantén Mi Casa pura (de cualquier suciedad material y espiritual) para los que la circunvalan en la devoción, y los que estarán de pie en la oración, y los que se inclinarán abajo y se postran con la intención de venerar. Públicamente proclama el orden de peregrinación a todo el mundo, que vienen a ti a pie y montados en camellos flacos, que provienen de cada punto remoto”...» (Sura al-Hayy, 22:26-27)

El hayy es un punto de inflexión en el desarrollo espiritual de los creyentes. Visitando la Kaba, el primer lugar de devoción que se construyó por orden de Dios, un peregrino conoce a Adán, el padre de la humanidad; siente el regocijo que siente un viajero cuando regresa a su hogar; atestigua que cualidades terrenales como la raza, la nobleza, la riqueza, el estatus, la belleza, la juventud no son más que títulos temporales que desaparecen. Él observará a la humanidad ensayando momentáneamente un episodio del Día de la Resurrección, cuando tendremos que responder a nuestro Señor por todo lo que hemos hecho en esta vida. Esta es la razón por la cual la Kaba se convierte en «un elemento fijo y de mantenimiento» para la humanidad, la mayor parte de la cual adopta una vida aún más virtuosa después del hayy.

«Dios ha instituido la Kaba, la Casa Sagrada, como un pilar para los hombres…» (Sura al-Maida, 5:97)

Bediüzzaman Said Nursi describe el hayy de la siguiente manera:

El hayy es un acto de devoción a un nivel más integral. Es la llave que abre numerosos grados de la manifestación del Señorío universal Divino a los peregrinos. Revela horizontes de la Grandeza Divina que ellos, de otra manera, no podrían ver. El temor reverencial y el asombro resultante, sentimientos de la majestuosidad frente al Señorío Divino (ocasionados por las esferas de la veneración y el servicio), y los niveles de lo jamás desplegado antes manifiestos en sus corazones e imaginación (como consecuencia de observar los ritos del hayy) pueden ser tranquilizados sólo repitiendo: «Dios es el Más Grande». Sólo esta frase puede anunciar tales grados de manifestaciones a la humanidad. («La Decimosexta Palabra», 4o Destello)

Una corta descripción de los rituales

Definido concisamente, el hayy es un repertorio de los rituales que se realizan en La Meca y en ciertos precintos sagrados alrededor de ella, en las primeras dos semanas de Dhul-Hiyya (el decimosegundo mes del calendario musulmán). Los peregrinos entran en el área sagrada en un estado de ihram, con la intención de llevar a cabo la visita mientras está observando ciertas reglas. Los rituales que se realizan durante el hayy, de hecho, datan del S.VII d.C. cuando la religión había adoptado su forma final. Durante el hayy, los peregrinos conmemoran la reunión del profeta Adán y de Eva y su perdón en la llanura de Arafat y sobre el Monte de la Misericordia, mientras transitan por el mismo camino entre las colinas de Safa y Marwa como Hagar, la esposa del profeta Abraham, cuando desesperadamente buscó agua para su hijo Ismael.

A grandes rasgos, el hayy incluye los siguientes rituales:

Ihram: Entrar al estado de ihram y no hacer nada que está prohibido durante el tiempo del hayy (relaciones sexuales, discutir, vestirse con cualquier ropa que haya sido cosida, matar a cualquier animal, cortar cualquier cantidad de pasto verde o árboles). Los hombres se visten con una prenda ritual confeccionada con dos piezas de tela blanca sin costuras.

Waqfa: Quedarse en Arafat hasta la puesta de sol del día 9 de Dhul-Hiyya, la víspera del Eid al-Adha (la Festividad del Sacrificio). Permanecer en Muzdalifa entre el alba y el amanecer del Eid al Adha al menos una hora. Muzdalifa está ubicada a alrededor de 20 kilómetros de La Meca y 10 kilómetros de Arafat.

Tawaf: Las siete vueltas alrededor de la Kaba.

Say: Una caminata rápida entre las colinas de Safa y Marwa cerca de la Kaba.

Yamarat: Lanzar siete guijarros en cada una de las columnas de piedra (yamarat) en Mina donde el profeta Abraham rechazó a Satanás.

Sacrificar a una oveja en cualquier momento de los tres días siguientes al acto de arrojar guijarros en el primer día del Eid al-Adha, y rasurar o cortar algo de su cabello dentro de los sagrados precintos de La Meca. Las mujeres tan sólo se cortan un poco de su cabello.

 
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