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escrito por Süleyman Eris   
miércoles, 16 de mayo de 2007

«Hemos enviado un Mensajero a cada comunidad» (16:36)

De manera similar al Judaísmo y al Cristianismo, la Misión Profética, en el Islam, es un concepto importante. Si la unidad de Dios constituye la fundación ideológica del Islam, el concepto de administración de la humanidad sobre la Tierra provee el marco operacional para entender el punto de vista islámico acerca de la creación de los seres humanos y su propósito.

Aunque el Corán nombra tan sólo a 25 profetas por su nombre, Dios manifiesta claramente que Él ha enviado un gran número de profetas a la humanidad. No existe tribu, nación ni pueblo al cual Dios no le haya enviado Su consejo y orientación divinos. Un número de «124.000 profetas» es citado en uno de los dichos del profeta Muhammad (las historias de Zulkarnayn, Luqman, y Uzayr también son mencionadas en el Corán, sin embargo, su Misión Profética no se reveló de forma manifiesta).

Los más grandes Profetas (ulul azm, «Maestros de la Determinación») son Nuh (Noé), Ibrahim (Abraham), Musa (Moisés), Isa (Jesús), y Muhammad, la paz y las bendiciones sean sobre todos ellos.

Un aspecto excepcional de la fe islámica acerca de la Misión Profética es que los musulmanes creen en todos los mensajeros de Dios, sin excepciones, respetándolos a todos por igual. Debido a que todos los Profetas provinieron del mismo Dios Único, en pos del mismo propósito —conducir a la humanidad hacia Dios— la creencia en todos ellos es esencial y lógica. La creencia en todos los Profetas de Dios es un artículo de fe en el Islam. Aunque los judíos no reconocen a Jesús ni a Muhammad, y los cristianos no reconocen a Muhammad, los musulmanes los aceptan a todos ellos como mensajeros de Dios, quienes trajeron la orientación y la guía a la humanidad. Rechazar la Misión Profética de una personalidad del pasado invalidaría la creencia de un musulmán y nunca más sería considerado como un musulmán.

La historia de Adán y Eva se puede encontrar en las más importantes tradiciones culturales y religioses. La manera en que el Corán narra este evento es crucial para la comprensión del punto de vista mundial islámico. El perfil principal de la narración coránica es del modo siguiente: Dios declaró Su intención de enviar un vicegerente a la Tierra. Él creó a Adán y a Eva de la misma sustancia. Fueron destinados a desempeñar este papel de vicegerencia y fueron dotados del «conocimiento de las cosas» con el fin de realizar bien su trabajo. En aquel entonces fueron puestos a prueba y se les pidió no aproximarse a cierto árbol. Cayeron víctimas de las persuasiones malvadas de Satán y se acercaron a dicho árbol. Pero inmediatamente después de este desliz, se arrepintieron de su error y buscaron el perdón de Dios.

Es importante señalar que antes de que fueran perdonados y redimidos se los envió a la Tierra para desempeñar su papel de vicegerentes de Dios. Les fue prometido el consejo y la orientación divinos y se les aseguró que aquellos que siguieran tal guía alcanzarían el éxito. Por lo tanto, Adán fue el primer hombre en recibir este consejo y dirección y lo transmitió a esta progenie, convirtiéndose así en el primer Profeta de Dios.

Algunas deducciones importantes que se pueden extraer de todo esto son las siguientes: el Islam no contribuye con ninguna teoría de la «caída de Adán» simbolizando la caída de la humanidad. La humanidad fue creada con el propósito de actuar como un ayudante en la Tierra y vino al mundo con el propósito de cumplir esta misión. La historia de Adán y Eva representa la elevación de la humanidad hacia una nueva misión, y no un fallo.

No obstante, los conceptos de vicegerencia y Misión Profética no han de ser confundidos. El papel a desempeñar en la vicegerencia y su rango son conferidos sobre el ser humano como tal, y es compartido por el hombre y la mujer por igual.

El Islam subscribe y comparte el punto de vista de que la naturaleza humana es similar al alabastro de la mejor calidad, esperando ser tallado. La humanidad ha sido creada de un modo imposible de mejorar y todo el mundo nace en un estado de pureza e inocencia. Es más, a los humanos les ha sido otorgada la libertad de elección. Son capaces de aceptar o negar la verdad. Cada persona es responsable de sus propios actos, así que no se le priva de dicha libertad, incluso si abusara de ella, ya que de otro modo estaríamos limitando esta libertad. Los riesgos por el abuso de la libertad continúan enfrontándose a los humanos ya que el desafío de Satán no tiene fin. La prueba de Adán y Eva revela, por una parte, la bondad esencial de su naturaleza y por la otra, su susceptibilidad al error. Por consiguiente, Dios ha proporcionado orientación y consejo divinos a través de Sus profetas y mensajeros para salvaguardar a los seres humanos de dicho error.

Los Profetas, sin distinción alguna, eran seres humanos. Estaban dotados con las mismas características que todos los seres humanos, como alimentarse, dormir, encontrar una pareja para contraer matrimonio, y caer enfermo. No obstante, compartieron los siguientes rasgos en común: veracidad (sidq), carácter fidedigno (amana), intelecto (fatana), comunicación del mensaje (tablig), infalibilidad (isma). Los Profetas representaron esos atributos al más alto nivel en sus respectivas épocas. Los milagros apoyaron sus misiones para que todos se cercioraran de que no eran impostores. Esos milagros fueron concedidos por el poder y el permiso de Dios y tenían lugar, generalmente, para que los profetas sobresalieran entre los seres humanos y fueran reconocidos como superiores en el campo predominante (medicina, arte, etc.) de la sociedad a la que fueron enviados. Cada Profeta declaró abiertamente que lo que él recibió provenía de Dios para y por el bienestar de la humanidad. Confirmaron lo que fue revelado antes y lo que sería revelado después de ellos. Así, el mensaje fue uno y el mismo en esencia, y con el mismo propósito.

El contenido primordial del mensaje de los Profetas fue venerar al Único Dios como Él lo ha ordenado y realizar buenas acciones en esta vida. Varios detalles sobre la naturaleza y las leyes de Dios serían también revelados a partir de Él Mismo, dependiendo de cada caso individual en relación a un profeta en particular. El Islam rechaza categóricamente el concepto de «divinidad» para cualquiera de los profetas. Ellos son, en esencia, seres humanos y, aunque protegidos para no cometer pecados, los Profetas pueden haber cometido errores sin importancia (zalla: error o lapso).

No es posible instaurar por completo la religión tan sólo con la escritura divina; también es necesario un mensajero, quien es un canal para llevar la revelación a la humanidad. La labor de acarrear el mensaje no es llevada a cabo tan sólo expresando el mensaje divino en palabras sino que también ha de hacerse con hechos, por lo que el mensajero se convierte en el mejor modelo de lo que se predica, alguien en quien los creyentes tendrán un gran ejemplo de cómo debe ser entendido y practicado el mensaje de Dios. Un ejemplo muy simple de esto son las oraciones diarias prescritas en el Islam, un pilar central de la vida y la práctica islámicas, que es requerido en el Corán. Los musulmanes, no obstante, aprenden cómo desempeñarlas gracias a la práctica del Profeta, ya que dichas oraciones no están descritas por completo en el Corán.

Los Profetas mencionados en ambos libros sagrados, el Corán y la Biblia, son los que citamos a continuación, con su correspondiente nombre equivalente en la tradición judeocristiana: Adán (Adán), Idris (Enoch), Nuh (Noé), Ibrahim (Abraham), Ismail (Ismael), Ishaq (Isaac), Yaqub (Jacob), Yusuf (José), Ayyub (Job), Musa (Moisés), Harun (Aarón), Dhulfikl (Ezequiel), Dawud (David), Sulayman (Salomón), Ilyas (Elías), Al-Yasa (Elisha), Yunus (Jonás), Zakariyya (Zacarías), Yahya (Juan «el Bautista») e Isa (Jesús).

 
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