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Un breve compendio del Islam creencia y práctica
El Islam: La Fe Universal
La Civilización Islámica | La Civilización Islámica |
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| escrito por Süleyman Eris | |
| 16.05.2007 | |
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Durante la Edad Media (conocida como la Edad Oscura en la Historia Europea, a excepcion de Al-Andalus) una magnifica civilización florecía en el Oriente musulmán. Cumpliendo con los preceptos coránicos, los musulmanes de la época estudiaban el Libro de la Revelación Divina (el Corán) y el Libro de la Creación (el Universo) y establecían la más magnífica civilización de la historia de la humanidad. Eruditos y estudiosos a lo largo y ancho del Viejo Mundo se beneficiaron de los inconmensurables centros de aprendizaje de Damasco, Bujara, Bagdad, El Cairo, Fez, Kairuán, Zeitouna, Córdoba, Sicilia, Esfahan y Delhi, así como los lugares de estudio ubicados en el amplio territorio del mundo musulmán. Los historiadores comparan al mundo musulmán con una colmena, ya que los caminos entre dichas ciudades y lugares del saber siempre se hallaban llenos de estudiantes, científicos y eruditos viajando de un centro de aprendizaje a otro. Célebres figuras mundiales del conocimiento tales como al-Kindi, al-Juarizmi, al-Farabi, Ibn Sina, al-Mas‘udi, Ibn al-Jayzam, al-Biruni, al-Ghazali, Nasir al-din al-Tusi, al-Zahrawi y otras muchas brillaron como estrellas en el firmamento de las ciencias. En su obra de varios volúmenes Introduction to the History of Science («Introducción a la Historia de la Ciencia» 1927-48), George Sarton dividió su estudio en períodos de 50 años, titulando cada capítulo con el nombre del científico más eminente de dicho período. Desde mediados del S. VIII hasta el S. XII d.C., cada uno de los siete períodos de 50 años lleva por nombre el de un científico musulmán: «la Época de al-Juarizmi», «la Época de al-Biruni», y así sucesivamente. Integrados en dichos capítulos, Sarton cita a 100 científicos musulmanes importantes y sus obras principales. Asimismo, John Davenport, un científico destacado, observó: Debe reconocerse y ser admitido que todo el conocimiento científico, ya sea en relación con la Física, la Astronomía, la Filosofía o las Matemáticas, el cual floreció en Europa desde el S. X, provino originalmente de las escuelas del conocimiento árabes, y que los hispanomusulmanes de Al-Andalus han de ser considerados como los padre de la filosofía europea.[27] Bertrand Russell, célebre filósofo británico, escribió: La supremacía de Oriente no sólo fue militar. La ciencia, la filosofía, la poesía y las artes, todas por igual florecieron en el mundo «muhammadiano», en una época en la que Europa se encontraba inmersa en el barbarismo. Los europeos, con una imperdonable estrechez de miras, llaman a este período «La Edad Oscura»: pero era sólo en Europa donde tal oscuridad estaba presente —de hecho tan sólo la Europa cristiana, puesto que España, que era «muhamadiana », albergaba una cultura brillante—[28] Robert Briffault, el renombrado historiador, reconoce en su The Making of Humanity («La Creación de la Humanidad»): Es sumamente probable que de no ser por el pueblo árabe, la moderna civilización europea nunca habría asumi do esa naturaleza característica que le ha permitido superar todas las fases previas de la evolución. Puesto que, si bien no existe ni un solo aspecto del desarrollo humano en el cual la decisiva influencia de la cultura islámica no se pueda apreciar, en ningún lugar es tan clara y trascendental como en el génesis de ese poder que constituye la fuerza distintiva primordial del mundo moderno y el rumbo supremo de su victoria —las ciencias naturales y el espíritu científico—. Lo que denominamos «ciencias» surgieron en Europa como resultado de un nuevo espíritu de exploración e indagación, de nuevos procedimientos de investigación, del método del experimento, la observación, la medición, y del desarrollo de las Matemáticas en una forma desconocida por los griegos. Ese espíritu y tales métodos fueron introducidos en el mundo europeo por los árabes.[29] L. Stoddard reconoce que en sus cinco primeros siglos, los dominios del Islam eran la parte más civilizada y progresista del Mundo. Jalonado de espléndidas ciudades, bellas mezquitas y circunspectas universidades dedicadas al estudio, el Oriente musulmán ofrecía un imponente contraste con el Occidente, el cual se encontraba sumido en la noche de la Edad Oscura.[30] Esta brillante civilización prosperó hasta que sufrió desastres terribles que acontecieron como enormes olas superpuestas la una sobre la otra: las Cruzadas Europeas (1097-1270) y la Invasión Mongol (1216-58). Las repercusiones de dichos desastres continuaron durante bastante tiempo, hasta la caída del régimen musulmán de Bagdad (1258) y la historia del Islam entró en una nueva fase en el S. XIII con la aparición en escena de los turcos otomanos. La civilización islámica era aún vigorosa y permanecía alejada del resto del Mundo en cuanto al aspecto económico y militar se refiere hasta el S. XVIII, aunque (a partir del S. XVI) perdiendo terreno en las ciencias. En el S. X, la Córdoba musulmana era la ciudad más civilizada de Europa, maravilla y objeto de admiración del Mundo entero. Viajeros del norte de Europa oyeron hablar que la ciudad albergaba setenta bibliotecas dotadas con cientos de miles de volúmenes, y novecientos baños públicos. Cada vez que los gobernantes cristianos de los reinos y condados ibericos León, Navarra o Barcelona precisaban los servicios de un cirujano, un arquitecto, un sastre o un músico, siempre enviaban sus emisarios a Córdoba para contactar con los mejores, que habitaban en dicha ciudad.[31] El prestigio de la literatura musulmana era tan grande en Al-Andalus que no había más remedio que traducir la Biblia y la liturgia al árabe por parte de la comunidad cristiana autóctona. El informe dado por Álvaro de Córdoba, un entusiasta escritor cristiano, describe gráficamente cómo incluso los habitantes no musulmanes de Al-Andalus se vieron atraídos por la literatura árabe/musulmana: «Muchos de mis correligionarios leen las poesías y los cuentos de los árabes y estudian los escritos de los teólogos y filósofos mahometanos, no para refutarlos, sino para aprender cómo han de expresarse en lengua arábiga con más corrección y elegancia. ¿En dónde puede ser encontrado un seglar capaz de leer los comentarios latinos de las Escrituras Sagradas? ¿Quién es aquél que lee los Evangelios, a los Profetas, a los Apóstoles? ¡Ah! todos los jóvenes cristianos que se hacen notables por su talento, sólo saben la lengua y literatura de los árabes, leen y estudian celosamente libros arábigos, a costa de enormes sumas forman con ellos grandes bibliotecas y por dondequiera proclaman en alta voz que es digna de admiración esta literatura».[32] Si el propósito de la educación y la civilización es elevar el orgullo, la dignidad y el honor de la gente, para que así puedan perfeccionar su estado y consecuentemente el estado de la sociedad, la civilización islámica ha demostrado su valor. Muchos escritores han hablado de la habilidad del Islam para transformar a las sociedades con las cuales está en contacto. Como muestra, en su discurso sobre los efectos del Islam y su influencia sobre las poblaciones, pronunciado en el Church Congress of England («Congreso de la Iglesia Anglicana»), Isaac Taylor señaló: En el momento en el que se abraza el Islam, el paganismo, el fetichismo, el infanticidio y la hechicería desaparecen. La suciedad es reemplazada por limpieza y los nuevos conversos adquieren dignidad personal y respeto por sí mismos. Los bailes indecorosos y las relaciones sexuales promiscuas cesan; la castidad femenina es recompensada como una virtud; la industria reemplaza a la pereza; el libertinaje da paso a la ley; el orden y la sobriedad prevalecen; las disputas familiares sangrientas así como la crueldad con los animales y los esclavos son erradicados. El Islam se llevó por delante la corrupción y las supersticiones. El Islam fue una rebelión en contra de las polémicas vacías. Le dio esperanza al esclavo, hermandad a la humanidad y reconocimiento a los hechos fundamentales de la naturaleza humana. Las virtudes que el Islam inculca son la templanza, la limpieza, la castidad, la justicia, la fortaleza, el valor, la benevolencia, la hospitalidad, la veracidad y la resignación... El Islam predica una hermandad de facto, la igualdad social de todos los musulmanes. La esclavitud no forma parte del credo del Islam. La poligamia es una cuestión algo más ardua. Moisés no la prohibió, fue practicada por David y no se prohíbe de manera directa en el Nuevo Testamento. Muhammad limitó el consentimiento sin límites de la poligamia. Es la excepción en contrapósicion de la regla... En cuanto a la resignación ante la Voluntad de Dios, la mesura, la castidad, la veracidad y la hermandad de los creyentes, ellos (los musulmanes) nos proporcionan unas pautas que haríamos bien en seguir. El Islam ha abolido la embriaguez, los juegos de azar y la prostitución, las tres maldiciones de las tierras cristianas. El Islam ha hecho más por la civilización que el Cristianismo. La conquista de una tercera parte de la Tierra para y por su credo (la fe propagada por Muhammad) fue un milagro.[33] [27] Citado por A. Karim en Islam’s Contribution to Science y Civilization («La Contribución del Islam a la Civilización y la Ciencia»). |
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