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La perspectiva islámica en relación con la humanidad PDF Imprimir E-Mail
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escrito por Süleyman Eris   
miércoles, 16 de mayo de 2007

El vicegerente de Dios sobre la Tierra

Y cuando tu Señor dijo a los ángeles: «Voy a crear a un ser que guíe en la Tierra», éstos dijeron: «Â¿Quieres crear a alguien que siembre el mal y derrame sangre, mientras nosotros Te alabamos, celebramos Tu grandeza y proclamamos Tu santidad?». A lo que señaló: «Yo sé aquello que no sabéis». Y (Dios) enseñó a Adán todos los nombres (de los seres) y (para hacer clara la supremacía de la humanidad y la sabiduría detrás de su creación y de hacerlo vicegerente en la Tierra) mostró éstos (las cosas y los seres, cuyos nombres habían sido enseñados a Adán, con sus nombres) a los ángeles diciéndoles: «Â¡Decidme sus nombres si sois veraces!» (Los ángeles). A lo que contestaron: «Â¡Gloria a Ti! No tenemos más conocimiento que el que Tú nos has enseñado». (Dios) respondió: «Â¡Adán! Infórmales de los nombres de estas (cosas)».Y cuando (Adán) lo hubo hecho, dijo (a los ángeles): «Â¿No os dije que conocía lo desconocido de los Cielos y de la Tierra, así como lo que ponéis de manifiesto y lo que ocultáis?» Y cuando dijimos a los ángeles: «Â¡Postraos ante Adán!» (Sura al-Baqara, 2:30-34).

La humanidad es superior al resto de la creación en cuanto en tanto Dios eligió a los seres humanos como Su vicegerente en la Tierra. Adán fue el hombre original y el primer profeta, y era superior a los ángeles porque se le confirió el conocimiento de los nombres de todas las cosas, así como la característica de ser el reflejo de todos los Nombres y Atributos Divinos. La superioridad de la humanidad no sólo está indicada por Adán, sino también por otro versículo del Corán, Que en verdad creamos al hombre en la más perfecta proporción (Sura at-Tin, 95:4). Así que, en el Islam la gente no nace en este mundo con algún error que deba ser redimido. Todo lo contrario, los humanos encarnan numerosas cualidades excelsas como la piedad, la generosidad y la compasión, y de la gente se espera que viva de acuerdo con esta noble idea de humanidad.

Las cualidades del ser humano provienen de nuestros aspectos inmateriales y espirituales, no de nuestros aspectos materiales y naturales. El espíritu y el intelecto no se originan en el cuerpo físico sino que el espíritu emplea al cuerpo y sólo la vida le da al cuerpo algún significado.

Poseemos tres motivaciones principales: el deseo, el enojo y el intelecto. Deseamos o codiciamos al sexo opuesto, y amamos a nuestros hijos y posesiones terrenales. Dirigimos nuestro enojo hacia lo que se interponga en nuestro camino, y usándolo podemos defendernos. Nuestro intelecto nos permite tomar las decisiones correctas. El Creador no restringe estas motivaciones, por lo que nos insta a buscar la perfección a través de la auto-disciplina para que no abusemos de ellas. Si permanecen sin ser disciplinadas, la inmoralidad, las relaciones sexuales ilícitas, y los sustentos prohibidos, la tiranía, la injusticia, la decepción, la falsedad y otros vicios aparecerán en los individuos y por toda la sociedad. El versículo arriba mencionado, Que en verdad creamos al hombre en más perfecta proporción, está seguido de, y luego lo convertimos en uno de los más bajos. Excepto los que creen y hacen buenas obras, porque ellos tendrán una recompensa incesante. Este versículo expresa la necesidad de una disciplina divina para salvarnos de los más bajos que, a pesar de su mejor armonía en la creación, la humanidad se halla siempre cara a cara con el peligro de fallar en esta prueba de la vida terrenal.

Todos los seres humanos son iguales

¡Oh gentes! Os hemos creado a partir de un varón y de una hembra y os hemos hecho pueblos y tribus distintos, para que os reconocierais unos a otros (y así construir relaciones mutuas y cooperativas, no para que podáis haceros arrogante en vuestras diferencias de raza o rango social, ni engendrar enemistades). Y en verdad que el más noble de vosotros ante Dios es el que más Le teme. Dios es Omnisciente y es perfectamente consciente de todo (Sura al-Huyurat, 49:13).

Como se puede comprobar de manera precisa en el versículo anterior, la perspectiva islámica sobre la humanidad es igualitaria y no justifica discriminación alguna basada en género, raza, color, familia, posición socio-económica, cultura o nación. El único criterio para la superioridad es «la piedad, la rectitud y la reverencia a Dios», y esto puede ser conocido sólo por Dios. Todos los humanos son descendientes de Adán y Eva, y en este sentido, todos somos hermanos y hermanas.

El racismo es uno de los problemas más severos de nuestra época. Cuando el Mensajero de Dios, la paz y las bendiciones sean sobre él, fue designado como Profeta, las actitudes racistas prevalecían en La Meca con el pretexto de un modo de vida tribal. Los coraichíes se consideraron a sí mismos (en particular) y a los árabes (en general) como superiores al resto de la gente. El Mensajero de Dios vino con este mensaje Divino y proclamó: «Ningún árabe es superior a alguien que no lo sea, y ninguna persona blanca es superior a una persona de color»[14]; y «Si un musulmán abisinio de color va a gobernar a los musulmanes, debe ser obedecido».[15]

El Mensajero de Dios erradicó con tanto éxito el racismo basado en el color de piel y la discriminación étnica que, por ejemplo, Omar una vez comentó lo siguiente acerca de Bilal, que era un musulmán de color: «Bilal es nuestro maestro, y fue emancipado por nuestro maestro Abu Bakr».[16] Una vez Abu Dharr se molestó tanto con Bilal que lo insultó: «Â¡Hijo de mujer negra!» Bilal se dirigió hacia el Mensajero de Dios y le informó acerca del incidente con su rostro bañado en lágrimas. El Mensajero reprochó a Abu Dharr: «Â¿Aún tienes señales de la Época de la Ignorancia?». Lleno de arrepentimiento, Abu Dharr se colocó sobre el suelo y dijo: «No alzaré mi cabeza (queriendo decir que no se levantaría) a menos que Bilal ponga su pie en ella para pasar sobre la misma». Bilal lo perdonó, y ambos se reconciliaron.[17] Zayd ibn Hariza, un esclavo de color liberado por el Mensajero de Dios, era su hijo adoptivo antes de que la Revelación prohibiera tales adopciones. El Profeta lo casó con Zaynab bint Yahsh, una de las mujeres árabes. Además, eligió a Zayd como el comandante del ejercito musulmán que fue enviado a luchar ante el Imperio Bizantino, aunque éste incluía a destacados Compañeros tales como Abu Bakr, Omar, Ya‘far ibn Abu Talib (el primo del Mensajero de Dios), y Jalid ibn Walid (afamado, aún entonces, por sus dotes como comandante militar).[18] El Profeta señaló al hijo de Zayd, Usama, para co mandar el ejército que constituyó justo antes de su muerte. Incluidos en dichas tropas se hallaban destacados Compañeros tales como Abu Bakr, Omar, Jalid, Abu Ubaydah, Talha, y Zubayr. Esto inculcó en el corazón y en la mente de los musulmanes que la superioridad no se alcanza ni por nacimiento, color, o sangre, sino por la rectitud y la devoción a Dios.

En el Islam, a todos los seres humanos les es concedido igual acceso a Dios. No existe una clase específica de clero, ni privilegio alguno le ha sido prometido a ningún grupo de gente. Todos los creyentes son siervos iguales de Dios, y por eso, no necesitan mediador alguno.

El Islam no está para una familia o nación; ni es un convenio realizado con un grupo elegido. El Islam abarca a toda la humanidad e incluso a la más pequeña de las criaturas.


[14] Ibn Hanbal, 5:441
[15] Muslim, Imara, 37
[16] Ibn Hajar, 1:165
[17] Bujari, Iman, 22
[18] Muslim, Fada’il as-Sahaba, 63

 
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