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Últimos añadidos | La declaración de fe |
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| escrito por Süleyman Eris | |
| miércoles, 16 de mayo de 2007 | |
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La shahada, la palabra árabe para profesar el Islam o realizar la confesión de fe, literalmente significa «dar testimonio ». La declaración de fe es el pilar más destacado al abrazar el Islam, porque los otros cuatro pilares son, en un sentido, una «confesión aplicada», o «la fe puesta en práctica». La shahada es el credo básico del Islam, el cual consta de un testimonio de que «no hay deidad salvo Dios, y Muhammad es Su mensajero». La condición para ser un musulmán es simplemente determinada por una declaración sincera de este testimonio a través del cual uno «atestigua» la existencia de Dios, que no hay ningún otro digno de devoción salvo Él, y la Misión Profética de Muhammad, y como resultado abraza el Islam como verdad y como estilo de vida. A pesar de su brevedad y simplicidad, esta profesión de fe clama por un cambio en la manera en que uno concibe el cosmos y a sà mismo. En vez de asociar todas las cosas a la naturaleza, la casualidad, y a sà mismo, al convertirse en musulmán, se somete a la Voluntad de Dios, en plena conciencia de nuestro libre albedrÃo y del de recho a elegir, de modo que somos responsables de entregarnos por voluntad propia a Dios. Una persona es considerada musulmana una vez que efectúa dicha declaración. Sin embargo, «dar testimonio», esencialmente, no es una confesión verbal que se hace una sola vez. De toda la gente, incluyendo a los musulmanes, se espera que mantengan su fe fresca al recordar constantemente su profesión de fe durante el curso de sus vidas. El Corán hace un llamamiento a los musulmanes que han proclamado ya su creencia y la llevan a la práctica para que nunca cesen en su afán de «creer». «Â¡Vosotros que creéis! Creed en Dios y en Su Mensajero asà como en el Libro que se le ha hecho descender a Su Mensajero y en los Libros (Divinos) que se hizo descender con anterioridad. Quien niegue la creencia en Dios, en Sus ángeles, en Sus Libros, en Sus mensajeros y en el Último DÃa, se habrá perdido en un gran extravÃo» (Sura an-Nisa, 4:136). Verdaderamente, la fe no consiste en una aceptación, confesión o testimonio sencillo. Tal y como existen incontables grados y rangos en las manifestaciones del Sol, manifestaciones que abarcan desde sus emisiones de luz y calor en todos los objetos inertes y los seres vivos sobre la Tierra, hasta sus reflejos sobre la Luna para luego volver de regreso hacia sà mismo, también la fe posee incontables grados y rangos, desde un conocimiento simple de la razón y la confirmación del corazón hasta los grados de agudeza en todas las partes y facultades del cuerpo que controla y los grados que rigen la vida entera de una persona —desde la fe de una persona sencilla hasta aquella perteneciente al más grande de los mensajeros—. El primer grado o rango de fe es simplemente creer en los fundamentos esenciales que se mencionan en este versÃculo; después viene la profundización gradual en la creencia, y el acto de permanecer firme en ella. Esta es la razón por la cual el Corán generalmente hace uso de instrucciones o prohÃbe algunas cosas después del discurso, «Â¡vosotros que creéis!»; una confesión de fe exige obedecer estos mandamientos, los cuales a cambio la permiten hacerse siempre más fuerte y más profunda dentro de nosotros. La fe es, esencialmente, una convicción del corazón; sin embargo, para una integración ideal en la comunidad musulmana, es recomendable profesar la fe ante testigos. De esta manera, un musulmán recibe el apoyo y la asistencia de la comunidad para ayudar a que su fe crezca y se estabilice. El Mensajero de Dios dijo, «Quienquiera que da testimonio de que nada es digno de devoción salvo Dios, y que Muhammad es Su siervo y mensajero, y que Jesús es el siervo de Dios y el hijo de una mujer que era Su servidora, y era Su palabra la que Él proyectó sobre MarÃa, asà como un alma de Él, y que el ParaÃso es real y que el Infierno es real, Dios lo traerá al ParaÃso por una de sus ocho puertas, la que él desee [de acuerdo a sus acciones]».[36] En una ocasión el Profeta estaba sentado en un jardÃn. Él señaló a uno de sus compañeros, «… Cuando conoces a alguien fuera de este jardÃn que atestigua que no hay deidad salvo Dios, cerciorándose de que se halla en su corazón, dale las buenas nuevas del ParaÃso».[37] En otra ocasión el Mensajero de Dios dijo, «Dios ha prohibido el Fuego del Infierno a cualquiera que indica, “No hay ninguno digno de devoción salvo Dios”, buscando de ese modo la complacencia de Dios».[38] [36] Bujari, Anbiya, 47; Muslim, Iman, 46; Tirmizi, Iman, 17. |
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