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El Divorcio PDF Imprimir E-Mail
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escrito por Ismail Büyükçelebi   
jueves, 10 de mayo de 2007

El Cristianismo abomina el divorcio, y el Nuevo Testamento inequívocamente aboga por la indisolubilidad del matrimonio. El Judaísmo, por otra parte, permite el divorcio sin ninguna justificación. El Antiguo Testamento le da al esposo el derecho de divorciarse de su esposa tan sólo si a él le disgusta (Deuteronomio 24:1-4).

El Islam, libre de todos los extremos, ocupa el punto intermedio entre el Cristianismo y el Judaísmo en lo que se refiere al divorcio. El Islam considera al matrimonio como un vínculo sagrado que no debe ser roto excepto por válidas razones. Las parejas son instadas a perseguir todos los remedios posibles en cualquier momento en el que sus matrimonios estén en peligro. No se debe recurrir al divorcio excepto cuando ya no exista ninguna otra solución. En pocas palabras, el Islam reconoce el divorcio y lo desalienta por todos los medios al mismo tiempo. Por ejemplo, el Corán advierte: Convivid con ellas según lo reconocido y si os disgustan, tal vez os esté disgustando algo en lo que Dios ha puesto mucho bien (4:19).

El Mensajero de Dios enfatiza: « Ningún musulmán debe enfadarse con su mujer. Si alguna de sus cualidades os disgustan, habrán muchas otras cualidades que merecen vuestro aprecio»; «De entre todos los actos lícitos, el divorcio es el más odiado por Dios» y: «Los más píos de entre los creyentes son aquellos que tienen mejor carácter y los mejores de entre ellos son los que tratan mejor a sus esposas» (Tirmizi, «Rada», 11; Abu Dawud, «Sunna», 15; Darimi, «al-Riqaq», 74.).

No obstante, el Islam reconoce que puede haber circunstancias en las cuales el matrimonio se encuentre al borde del colapso. En tales casos, un mero aviso de amabilidad o un autocontrol ya no es una solución viable.

Así que, ¿qué debería hacerse para salvar el matrimonio en tales casos? El Corán ofrece algunos avisos prácticos para los cónyuges, toma algunas medidas y le da a estos la posibilidad de reconsiderar su decisión.

No Divorciarse durante la Menstruación

Un hombre no puede divorciarse de su esposa en cualquier momento, sino que debe esperar el adecuado. Según la ley, el momento apropiado es cuando la esposa se ha purificado a sí misma después del periodo de su menstruación o del sangrado del posparto y antes de reanudar las relaciones sexuales, o cuando ella no esté embarazada.

La razón de prohibir el divorcio durante la menstruación o el sangrado del posparto es que las relaciones sexuales están prohibidas durante dichos periodos, le da al esposo el tiempo y la oportunidad de retractarse de su decisión mientras espera que su esposa esté limpia y ahí podrá existir una nueva atmósfera de amor, entendimiento y reconciliación entre ambos. El divorcio también está prohibido entre los periodos menstruales (a saber, «el periodo de pureza») si el esposo ha tenido relaciones sexuales con su esposa después del final de su periodo previo.

El Divorcio Refrendado

Un hombre tiene tres ocasiones, en tres etapas diferentes, para divorciarse de su esposa, siempre que cada divorcio sea pronunciado durante el tiempo en que su esposa se halle en «el periodo de pureza» y él no haya tenido relaciones sexuales con ella.

Debe divorciarse de su esposa una vez y dejar que el periodo de Idda pase. Durante este periodo, la esposa divorciada debe permanecer en su hogar. Ella no puede marchar a ningún otro lugar y su esposo no puede desalojarla sin una causa justa. Durante la Idda, él debe proveerla de sustento. Este requisito deja el camino abierto a la reconciliación. Ellos tienen la opción de reconciliarse sin tener que volver a casarse. Sin embargo, si este periodo de espera expira sin haber lugar a una reconciliación, se considera que están divorciados y, por lo tanto, cada ex-esposo puede casarse con otra persona o volver a casarse de nuevo. Si deciden volver a casarse, se requiere un nuevo contrato de matrimonio.

Si se vuelven a casar, el esposo tiene una ocasión más para divorciarse de su esposa, tal como explicamos en un primer momento. Pero si él se divorcia de su esposa por tercera vez, no pueden volver a casarse nunca más a no ser que la mujer se case con otro hombre y se divorcie de él o si él se divorcia de ella en las condiciones normales.

Designando Mediadores

El Corán recomienda que se designen dos mediadores en caso de que ocurra algún desacuerdo entre los dos cónyuges y que su fuente no pueda ser determinada. Un mediador debe ser parte de la familia del esposo y el otro parte de la familia de la esposa. Si esto no es posible, debe designarse a otra persona, basándose en que esta debe tener el mejor interés en aquellos a quienes concierne. También se está de acuerdo en que tan pronto como se encuentre una solución, esta debe ser aplicada. No obstante, si las partes están en desacuerdo, sus opiniones no deben ser aplicadas. Imán Shafi registró en su libro Kitab al-Umm por parte Ubayda al-Salmani, que este último dijo:

Un hombre y una mujer fueron a Ali ibn Abi Talib, cada uno de ellos acompañado por un grupo de gente. Ali les dijo que eligieran a un mediador masculino de parte de la familia de él y otro por parte de la familia de ella. Entonces les dijo a los mediadores: «Sabéis ¿cuáles son vuestras responsabilidades? Si pensáis que podéis hacerlos regresar, entonces hacedlo. Si pensáis que ellos deben estar separados, entonces hacedlo».

Reconciliarse Honorablemente o Separándose con Amabilidad

Si no se llega a una reconciliación después de que el periodo de Idda termina, tienen dos alternativas, si sólo uno o dos de los casos del divorcio han ocurrido: ya sea reconciliarse honorablemente (volver a casarse con la intención de vivir en paz y armonía), o dejar libre a la mujer y apartarse de ella con amabilidad, sin argumentos ni palabras severas, y sin dejar a un lado ninguno de los derechos mutuos.

La Libertad de la Mujer Divorciada de Volver a Casarse

Después de que el periodo de Idda de una mujer divorciada termine, su ex-esposo, su tutor o quienquiera que sea no puede evitar que ella se case de nuevo con la persona que elija. Siempre que ella y el hombre que la pretenda sigan los trámites requeridos por la ley, nadie más tiene el derecho de interferir.

El Derecho de la Mujer a Exigir el Divorcio

Si es la esposa la que elige terminar con el matrimonio, puede retornar a su esposo la dote. Esta es una compensación justa para el esposo que quiere mantenerse junto a su esposa, mientras que ella elige abandonarlo. El Corán insta al esposo a no tomar ninguno de la dote que él le ha dado a su esposa, a menos que ella elija terminar con el matrimonio (2:229).

Una vez una mujer fue a ver al Profeta, que Dios le bendiga y le dé la paz, con la intención de disolver su matrimonio. Ella dijo que no tenía queja alguna sobre el carácter o comportamiento de su esposo, pero la verdad es que a ella le desagradaba tanto que ya no podía seguir viviendo con él. El Profeta le respondió: « ¿Le devolverías a él su jardín (la dote del hombre concedida a la mujer)?» ella dijo: «Sí». Entonces el Profeta ordenó al hombre que tomara su jardín de vuelta y que aceptara la disolución del matrimonio (Tajrid al-Sarih, HN: 1836).

En algunos casos, puede ser que la esposa quiera mantener su matrimonio pero que se encuentre forzada a buscar el divorcio por una razón convincente (por ejemplo, crueldad, abandono sin razón alguna, incumplimiento de las responsabilidades conyugales). En tales casos, la Justicia islámica debe disolver el matrimonio.

En otro caso, un esposo puede conferir a la esposa el poder para divorciarse. Esta delegación de poder puede ser general o limitada a ciertas circunstancias específicas. Para hacerlo irrevocable, este debe ser incluido en el contrato de matrimonio como una cláusula que hay que cumplir y que le atribuye poderes a la esposa para disolver el matrimonio basándose en las circunstancias específicas antes acordadas.

La Adopción

El Islam ha abolido el tipo de adopción que hace de un niño o niña adoptados un miembro de la familia, lo cual le dará todos los derechos para heredar y para interactuar libremente con otros miembros de la familia, y que le permita casarse con ciertos hombres y mujeres, y así sucesivamente.

Pero la palabra adopción también es empleada con otro sentido, uno que no está prohibido por el Islam. En este contexto, la adopción significa traer a casa a un huérfano o a un niño abandonado para criarlo, educarlo y tratarlo como a su propio hijo en lo que corresponde a protección, alimentación, vestido, enseñanza y amor. No obstante, no se debe considerar a este niño como el suyo propio y no se le dan ninguno de los derechos que la ley Islámica reserva para los hijos naturales.

 
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