Inicio arrow Últimos añadidos
La Herencia y la Mujer PDF Imprimir E-Mail
Calificación del usuario: / 3
MaloBueno 
escrito por Ismail Büyükçelebi   
jueves, 10 de mayo de 2007

Desde los tiempos bíblicos, el Judaísmo no le ha otorgado a los miembros femeninos de la familia, incluyendo a la esposa y a las hijas, el derecho a heredar ninguna parte de los bienes de la familia. En el proceso más arcaico para heredar, las mujeres de la familia eran consideradas parte de los bienes y tan remotas de tener cualquier personalidad legal de herederas como lo era un esclavo. Bajo la ley rabínica, las hijas podían heredar si no existían herederos hombres. No obstante, aún bajo tales condiciones la esposa no podía heredar nada. ¿Por qué las mujeres eran consideradas como parte de los bienes? Debido a la actitud: «Ellas forman parte de la posesión del padre antes del matrimonio y del esposo después del matrimonio».

El Cristianismo hizo lo mismo durante un largo periodo. Las leyes eclesiásticas y las civiles de la Cristiandad excluían a las hijas de la repartición del patrimonio del padre con sus hermanos. Las esposas tampoco tenían derechos por herencia. Esas leyes se mantuvieron hasta finales del S.XX.

Entre los árabes preislámicos, los derechos de la herencia fueron destinados exclusivamente a los familiares masculinos. El Islam también concibió una gran revolución en este aspecto, ya que el Corán declaró:

A los hombres les pertenece una parte de lo que dejen los padres y los parientes, y a las mujeres les pertenece una parte de lo que dejen los padres y los parientes sea poco o mucho. Es una parte preceptiva (4:7).

Este corto versículo contiene los principios básicos de la ley islámica respecto a la herencia y una observación significativa:[1]

  • A ambos, hombre y mujer, corresponde una parte de la herencia.
  • La propiedad de una persona fallecida debe ser heredada, sea ésta pequeña o grande.
  • No hay diferencia entre si la propiedad heredada es un bien inmueble o bienes muebles.
  • Los familiares de la persona fallecida (por ejemplo, los padres, los abuelos y los parientes cercanos) pueden heredar. Si existe algún «familiar cercano» o una «relación colateral» éste o ésta no puede heredar.
  • Los herederos no pueden ser privados de su parte de la herencia.

Así, el Corán define las leyes de la herencia (4:11-12). Los principios básicos y estándares además de los detalles precisos para ésta fueron establecidos en la práctica del Profeta y en la de sus Compañeros.

A excepción de los padres, y de los hermanos en algunos casos, un hijo recibe dos veces de lo que le corresponde a una hija, un hermano dos veces de lo que le corresponde a una hermana y un esposo dos veces de lo que le corresponde a una esposa. Esto ha sido el blanco de críticas injustas. Sin embargo:

  • Primero, debe ser recordado que el Islam no es una religión que responde a las críticas, porque cualquier cosa que declara es correcta y justa. Por lo tanto, todas las demás religiones, los sistemas y las ideologías deben diseñarse a sí mismas de acuerdo con los preceptos islámicos. Así que cuando se explica la posición del Islam en asuntos de los cuales dichas críticas se han levantado, tenemos la intención de iluminar a las mentes sinceras.
  • Segundo, los versículos presentan las leyes de la herencia en el Islam como una orden absoluta de Dios, y sus declaraciones concluyentes expresan que están basadas en el Conocimiento y Sabiduría de Dios. Así que debemos tratar de encontrar los ejemplos de la Divina Sabiduría en ellos. Contravenirlas significa desobedecer a Dios y a Su Mensajero, y negarlos equivale a la falta de fe.
  • Tercero, el Islam es universal así que considera y dirige a las condiciones de todas las épocas y de todas las comunidades. Su punto de vista mundial es holístico y trata con los asuntos particulares dentro de su marco universal.Así que observando su ley de la herencia, debemos considerar tales factores psicológicos y sociológicos como la psicología de los hombres y de las mujeres; sus posiciones y sus responsabilidades financieras, familiares y sociales así como sus contribuciones a la economía. Como el asunto nunca es un asunto de igualdad entre el hombre y la mujer, debemos evaluar cada asunto con respecto a su propia naturaleza y contexto.

Para poder entender la razón del Islam en cuanto a darle a la mujer la mitad de la parte que le corresponde al hombre, uno debe recordar que las obligaciones financieras del hombre sobrepasan en demasía a las de la mujer. Un esposo debe proveer a su esposa con una dote, la cual pasa a ser propiedad exclusiva de ella y permanece así incluso si se divorcia. La novia no está bajo la obligación de dar ningún obsequio al novio.

Además, el esposo debe mantener a su esposa e hijos. La esposa, por otra parte, no está obligada a ayudarlo a hacer esto. Su propiedad y sus ganancias son para su propio uso, excepto por lo que ella pueda ofrecer a su esposo de manera voluntaria. Además de esto, uno debe de darse cuenta de que el Islam aboga fuertemente por la vida familiar, incita a la gente joven a casarse y desalienta el divorcio. Por lo tanto, en una sociedad verdaderamente islámica, la vida familiar es la norma y la vida solitaria es una rara excepción porque casi todos los hombres y mujeres en edad de casarse, así lo hacen. A la luz de estos hechos, deberíamos apreciar que los hombres, generalmente, tienen cargas financieras más grandes que las mujeres, y que las leyes de la herencia fueron hechas para contrarrestar este desequilibrio.

Cuando una mujer recibe menos que un hombre, ella no es privada de nada por lo cual ha trabajado. La propiedad que ella hereda no es el resultado de su ganancia o de su esfuerzo, sino algo que proviene de una fuente neutral, algo adicional o de más. Por eso este es un tipo de apoyo, y ningún apoyo tiene que ser distribuido de acuerdo con las necesidades y las responsabilidades, especialmente cuando la distribución es regulada por la ley de Dios.

El mandamiento coránico de la herencia es una perfecta misericordia para las mujeres, además de ser perfectamente justa, ya que una niña es delicada, vulnerable, y por eso, acreedora de gran cariño por parte de su padre. Así que su padre, gracias al Corán, no la ve como a una niña que le provocará alguna pérdida al donar parte de su riqueza a otros. Además, sus hermanos sienten compasión por ella y la protegen sin sentir envidia, porque ellos no la consideran como un rival en la división de las posesiones de la familia. De modo que, el afecto y la compasión que la chica goza entre su familia la compensa por la pérdida aparente en la repartición de la herencia.

Algunos todavía objetan que la parte de la herencia que corresponda a la mujer debería ser igual a la del hombre para que no hubiera necesidad de compensarla por medio de la dote y de la pensión alimenticia por parte de su esposo.

Aquellos que hacen esta objeción piensan que la dote y la pensión alimenticia son producto de la posición peculiar de las mujeres con respecto a la herencia, mientras que la posición real es justo lo opuesto. Además, parecen estar bajo la impresión de que el aspecto económico es el único factor tenido en cuenta. Si fuera así, no habría necesidad de dar una dote o la pensión alimenticia ni habría disparidad alguna en la repartición entre hombres y mujeres. Como en cualquier otro caso, el Islam ha considerado todos los aspectos relacionados con la naturaleza humana y la psicología. Este ha las ha considerado como necesidades únicas de las mujeres que se han elevado por encima de su función de procrear. Por otra parte, la capacidad de una mujer de ganar dinero es menor que la del hombre, y su consumo de riqueza generalmente es mayor. En la mayoría de los casos, en la casa de sus padres, su contribución en el ingreso familiar es bastante menor a la que hacen los hermanos. Incluso existen otros muchos aspectos más delicados relacionados con sus respectivas compensaciones mentales. Por ejemplo, un hombre siempre quiere gastar su dinero en la mujer que eligió. También deben ser considerados otros aspectos psicológicos y sociales que ayudan a consolidar las relaciones familiares. Tomando todos estos puntos en consideración, el Islam ha establecido la dote y la pensión alimenticia obligatorias.

De este modo es una severa injusticia, pero no una amabilidad, darle a una niña o a una mujer más de la parte que le corresponda debido a los sentimientos no realistas de compasión—no realistas porque nadie puede ser más compasivo que Dios. En su lugar, si los límites coránicos fueran excedidos, las mujeres serían vulnerables a la explotación y a la tiranía por en la familia. Respecto a los mandamientos coránicos, todos ellos, como aquellos relacionados con la herencia, prueban la verdad expresada en: «No te hemos enviado (Oh Muhammad), sino como una misericordia para todos».

La civilización moderna juzga mal a las niñas más que a las madres privándolas de sus derechos. Siendo el más puro y exquisito reflejo de la Compasión Divina, el afecto de una madre es la realidad más reverenciada en la creación. Una madre es tan compasiva, abnegada y una amiga íntima que sacrifica todo lo que ella tiene, incluso su propia vida, por sus hijos. Por ejemplo, una tímida gallina, cuyo instinto maternal es el que le corresponde a una especia más baja, ha sido observada atacando a un perro para proteger a sus pollitos.

El Islam no aprueba la circulación de la riqueza sólo entre unas cuantas personas sino que la riqueza sea distribuida entre tantas personas como sea posible. En el asunto de la herencia, considerando que la gracia y la bondad de Dios forman una parte de esta, el Islam recomienda firmemente e incluso ordena que los familiares lejanos, los huérfanos y los pobres también se beneficien de dicha riqueza.


[1] Prof. Suat Yildirim, Kur’an-i Hakim ve Açiklamali Meali (La Traducción y la Interpretación del Sagrado Corán), el periódico Zaman, Estambul, 1998, pág. 77.

 
< Anterior   Siguiente >