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El Islam como un modo de vida
La Vida Diaria de un Musulmán | El Estatus de la Mujer en el Islam |
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| escrito por Ismail Büyükçelebi | |
| viernes, 11 de mayo de 2007 | |
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El estatus de la mujer en el Islam no conlleva relacionado ningún problema. La actitud del Corán y la de los primeros musulmanes es testigo del hecho de que la mujer es, al menos, tan esencial para la vida como lo es el mismo hombre, y que ella no es ni inferior a él ni a las especies más bajas. El estatus de la mujer fue establecido para garantizar ser igual al hombre. Este fue establecido como una norma y un hecho, por lo que nadie lo considera un problema. ¿Equidad, Igualdad o Identidad? Para entender lo que el Islam ha establecido para la mujer, no hay necesidad de deplorar el lamentable estado que tenÃa en la era preislámica o el que tiene en la época moderna. El Islam le ha otorgado a la mujer derechos y privilegios que ella nunca ha tenido en otras religiones o sistemas constitucionales. Esto puede ser entendido cuando el asunto es estudiado como un todo y comparativamente, en lugar de hacerlo de una manera parcial. Los derechos y responsabilidades de una mujer son iguales a los de un hombre, pero no son necesariamente idénticos a los de él, ya que la igualdad y la identidad son dos cosas completamente diferentes. La diferencia es entendible, porque el hombre y la mujer no son idénticos pero son creados como iguales. Teniendo esta distinción en mente, no existe ningún problema. De hecho, es casi imposible incluso encontrar dos hombres o dos mujeres idénticos entre sÃ. Esta distinción entre la igualdad y la identidad es de una primordial importancia. La igualdad es conveniente, justa e imparcial pero la identidad no lo es. Las personas son creadas como iguales, y no idénticas entre sÃ, asà que no existen bases para considerar que una mujer es inferior a un hombre. No existe razón alguna para asumir que ella es menos importante que él sólo porque sus derechos no son idénticos a los del hombre. Si su estatus hubiera sido idéntico al suyo, ella hubiera sido no más que una copia de este, lo cual ella no es. El hecho de que el Islam le diera a ella derechos iguales—pero no idénticos— muestra que la toma en consideración, la reconoce, y tiene en cuenta su personalidad independiente. La Visión del Islam hacia la Mujer y el Pecado Original El Islam no considera que la mujer sea el producto del demonio, la semilla del mal, o que el hombre sea su señor dominante, al cual ella debe someterse sin tener ninguna otra opción. Además, el Islam nunca se preguntó si la mujer tenÃa un alma o no. En la historia del Islam ningún musulmán jamás ha dudado de la condición humana de la mujer y de la posesión de un alma asà como de otras cualidades espirituales. A diferencia de otras creencias populares, el Islam no culpa sólo a Eva de ser responsable de acercarse al Ãrbol Prohibido. El Corán declara que ambos, Adán y Eva fueron tentados, que ambos cometieron un fallo y que fueron perdonados por Dios después de que se arrepintieran, y que Dios se dirigió a los dos (2:35-36; 7:19; 20:117-23). Incluso, el Corán da la impresión y sugiere que Adán tuvo más culpa en el pecado original, contrario pues a todo prejuicio y sospecha en contra de la mujer. El Islam no justifica tal prejuicio o sospecha porque Adán y Eva tuvieron la misma culpa. Aún si culpáramos a Eva, deberÃamos culpar a Adán en el mismo grado o incluso más. El Estatus de la Mujer Moderna El estatus de la mujer en el Islam es algo único, algo original, algo que no tiene semejanza en ningún otro sistema. Si observamos a las naciones democráticas, encontraremos que ella no está realmente en una posición feliz. Su estatus no es envidiable. Ella tiene que trabajar demasiado para poder vivir, y algunas veces puede estar desempeñando el mismo trabajo que un hombre puede desempeñar, pero con la diferencia que a ella se le paga un salario menor. Disfruta de un cierto tipo de libertad que, en algunos casos, desdemboca en libertinaje. Para llegar a la posición social en la que se halla en nuestros dÃas, la mujer ha peleado mucho durante siglos. Para ganarse el derecho a aprender y a la libertad para trabajar y ganarse la vida, tuvo que ofrecer dolorosos sacrificios y renunciar a muchos de sus derechos naturales. Para establecer su estatus como un ser humano que posee alma, ha pagado mucho. E incluso a pesar de todos estos costosos sacrificios y peleas dolorosas, no ha adquirido lo que el Islam ha establecido por Decreto Divino para la mujer musulmana. Los derechos de la mujer en los tiempos modernos no fueron otorgados de manera voluntaria ni por amabilidad a la mujer, sino que ella ha alcanzado su posición actual a la fuerza, y no a través de un proceso natural, por consentimiento mutuo o por las enseñanzas Divinas. Tuvo que imponer su camino, y varias circunstancias vinieron a contribuir a ello. Una disminución de la mano de obra durante las guerras, las presiones económicas y los requerimientos de la industrialización la forzaron a salir de su casa para trabajar, aprender, luchar por su sustento, tratar de ser como el hombre y enzarzarse en una carrera en el transcurso de su vida, hombro con hombro junto a él. Ella fue forzada por las circunstancias y, en respuesta, se exigió a sà misma en pos de vencerlas y adquirió su nuevo estatus. Si todas las mujeres estuvieran complacidas con esas circunstancias estando de su lado, y si ellas son felices y están satisfechas con los resultados de este intervalo o proceso, es asunto aparte. Pero la verdad es que cualesquiera que sean los derechos que goza la mujer moderna, se quedan cortos en comparación a los que le han sido otorgados a su condiscÃpula musulmana. Lo que el Islam ha establecido para la mujer es lo que va de acuerdo con su naturaleza, le da una seguridad total y la protege contra las circunstancias vergonzosas y de los caminos indecisos de la vida. Aquà no necesitamos explicar en detalle el estatus de la mujer moderna ni los riesgos que ella corre por dirigir su vida de tal o cual modo o por establecerse a sà misma. No necesitamos ni siquiera explorar las miserias y los retrasos que la rodean como resultado de los asà llamados «derechos de la mujer». Ni tenemos la intención de manipular la situación de muchos hogares tristes que se rompen por el exceso de «libertad» y «derechos» de los cuales la mujer moderna está orgullosa. Hoy en dÃa la mayorÃa de las mujeres ejercen el derecho a la libertad para salir a la calle de manera independiente, para trabajar y para ganarse la vida, para pretender ser iguales al hombre. Pero muy tristemente, esto es a expensas de sus familias. Esto es bastante obvio y conocido. Lo que no es conocido es el estatus de la mujer en el Islam. En los siguientes pasajes se hará un tratado para resumir la actitud del Islam con respecto a la mujer. Entendiendo la Visión Moderna de la Mujer El Corán llama nuestra atención hacia un punto importante al declarar que aquellas comunidades que están alejadas de la guÃa Divina, frecuentemente crean deidades femeninas. Esto es, que aquellos quienes niegan la creencia en el Único Dios adoptan deidades masculinas y femeninas. Desde que ellos normalmente han elegido que su deidad suprema sea masculina, sus otras deidades han sido femeninas. Esto es porque ellos se adoran a sà mismos y consideran, antes que todo, la satisfacción de sus intereses y de sus deseos carnales. Y ya que el deseo primario del hombre se dirige a las mujeres, y que tienden a explotar a sus deidades para satisfacer sus necesidades, eligen a muchas deidades de entre las mujeres. Desean ver mujeres fÃsicamente hermosas donde quiera que ellos miren, y tienden a inmortalizarlas haciendo estatuas y pinturas de ellas. Este es el modo más abominable de degradar el significado de la mujer, y significa concebirlas tan sólo como objetos fÃsicos. Las mujeres, según su punto de vista, no son más que simples objetos para satisfacer los deseos e intereses del hombre. AsÃ, nunca más reciben respeto y afecto alguno cuando ellas más lo necesitan. Las personas se amedrentan con facilidad, sienten temor ante cualquier cosa, y eso hace concebir a su deidad suprema (al cual temen) como un hombre. Al considerarlo por encima de todas las demás deidades, ellos lo adulan. Incluso si tales personas fueran tiranos como el Faraón, se degradan a sà mismos de tal modo que besan los pies de cualquier poder que esté por encima de ellos y en cuya mano ven la satisfacción de sus necesidades y deseos. El Estatus de la Mujer en el Islam El Islam reconoce a la mujer como copartÃcipe en igualdad en el proceso de la procreación. Él es el padre, ella es la madre, y ambos son esenciales para la vida. El papel de ella no es ni mucho menos de menor vital importancia que el de él. Es justo que posea los mismos derechos, que asuma responsabilidades por igual y que tenga tantas cualidades y tanta humanidad como su pareja. En relación a esta igualdad de la relación de pareja en la reproducción humana, Dios dice: ¡Hombres! Os hemos creado a partir de un varón y de una hembra y os hemos hecho pueblos y tribus distintos para que os reconocierais unos a otros (49:13; cf. 4:1). La mujer es igual al hombre para cumplir con responsabilidades comunes y personales y en recibir reconocimientos por sus actos. Ella es reconocida como una personalidad independiente con cualidades humanas y digna de tener aspiraciones espirituales. Su naturaleza humana no es ni inferior ni distinta a la de un hombre. Ambos son miembros que proceden uno del otro. Como leemos en el Corán:
Ella es igual que el hombre en la búsqueda del conocimiento y la sabidurÃa. Como el Islam exige a los musulmanes la búsqueda del conocimiento, no hace distinción alguna entre hombre y mujer. Catorce siglos antes, el Profeta Muhammed, que Dios le bendiga y le dé la paz, declaró que la adquisición del conocimiento le incumbe a cada musulmán. Esta declaración fue muy clara y ha sido realizada por los musulmanes a lo largo de la historia. Ella tiene derecho a la libertad de expresión tanto como el hombre la tiene. Sus opiniones son tomadas en consideración y no pueden ser rechazadas sólo porque ella pertenece a este género. Ambos, el Corán y la historia, registran que las mujeres no sólo expresaron libremente sus opiniones sino que también discutieron y participaron en discusiones muy serias con el Profeta y con otros lÃderes musulmanes (58:1-4; 60:10-12). Además de esto, hubo ocasiones en que las mujeres musulmanas expresaron sus opiniones en asuntos legislativos de interés público e incluso se opusieron a los califas, que aceptaron sus válidos argumentos. Un ejemplo especÃfico de esto tuvo lugar durante el califato de Umar. Los registros históricos demuestran que las mujeres participaron en la vida pública de la primera comunidad musulmana, especialmente durante los tiempos más difÃciles. Las mujeres musulmanas acompañaron a los ejércitos musulmanes para curar a los heridos, preparar provisiones, servir a los guerreros y asà sucesivamente. Ellas nunca fueron encerradas detrás de unos barrotes de acero, consideradas indignas o privadas de almas. El Islam le garantiza a la mujer los mismos derechos para firmar un contrato, tener una empresa, ganarse la vida y tener posesiones de manera independiente. Su vida, su propiedad y su honor son tan sagrados como los del hombre. Si comete un fallo, su penalización no es mayor ni menor que la de un hombre que se encuentra en el mismo caso. Si es agraviada o perjudicada, recibe la debida compensación de igual manera que un hombre en la misma posición recibirÃa (2:178; 4:92-93). El Islam no establece esos derechos de forma estadÃstica y entonces los reduce sino que en lugar de esto, ha tomado todas las medidas necesarias para salvaguardarlos y llevarlos a la práctica como artÃculos integrales de la fe. El Islam no tolera a aquellos que tienden a perjudicar a la mujer o a la discriminación basada en el género. Una vez más, el Corán reprocha a aquellos que se empeñaron en creer que la mujer es inferior al hombre (16:57-59, 62; 42:47-49; 43:15-19; 53:21-23). Además de reconocer a la mujer como un ser humano independiente e igualmente esencial para la supervivencia de la humanidad, el Islam le ha otorgado una parte de la herencia de una persona. Antes del Islam no podÃa heredar nada ya que esta herencia era considerada como una propiedad que debÃa ser entregada al hombre. El Islam hizo de esta una «propiedad transferible» a un heredero, reconociendo de este modo las cualidades humanas inherentes de la mujer. Si es una esposa o una madre, una hermana o una hija, recibe una cierta parte de la propiedad de un familiar cercano que fallece. Esta parte depende de su grado de relación con el fallecido y del número de herederos. Esta parte le corresponde a ella y nadie puede tomarla ni quitársela. Si el fallecido desea privarla de ella por voluntad propia para otorgársela a otros familiares o por alguna otra causa, la ley no respeta este deseo. Cualquier persona puede usar un testamento para disponer de solo una tercera parte de su propiedad, para que asÃ, ningún heredero o heredera sea tratado o tratada injustamente. Este asunto será discutido más adelante en el marco de la ley islámica de la herencia. Ser Testigo A las mujeres no les estaba permitido declararse como testigos en los principios de la sociedad judÃa. Los rabinos catalogaban a una mujer de no tener permitido ser testigo debido a las nueve maldiciones infligidas a todas las mujeres debido a «La CaÃda». En Israel, hoy en dÃa las mujeres judÃas no tienen permitido atestiguar en las cortes rabÃnicas. Los rabinos justifican esta prohibición citando Génesis 18:9-16, donde se expresa que Sara, la esposa de Abraham, habÃa mentido. Los rabinos utilizan este incidente como prueba de que las mujeres no están cualificadas para participar como testigos. El Corán también menciona este incidente en más de una ocasión, en 11:69-74, 51:24-30, sin ningún indicio de que Sara haya mentido. En el Occidente cristiano, ambas leyes, la eclesiástica y la civil excluyeron a las mujeres de dar testimonio incluso hasta finales del siglo XVIII. Si un hombre acusaba a su mujer de falta de castidad, la Biblia dice que el testimonio de ella no es admitido. Más aún, ella tuvo que rebajarse a una prueba pasando por una terrible experiencia, un complejo y humillante ritual que supuestamente probarÃa su culpabilidad o su inocencia (Números 5:11-31). Si ella era encontrada culpable después de esta horrible experiencia, debÃa ser sentenciada a muerte. Si era encontrada inocente, su esposo era considerado inocente de cualquier cargo. Si un hombre se casaba con una mujer y entonces la acusaba de no ser virgen, el testimonio de ella no contaba. Los padres de la mujer tenÃan que probar la virginidad de ésta ante las personas respetadas por el pueblo. Si no podÃan probar su inocencia, debÃa ser lapidada hasta la muerte en presencia de su padre. Si los padres eran capaces de probar su inocencia, el esposo era multado con tan sólo 100 shekel de plata y no podÃa divorciarse de su esposa mientras él viviera. Para otorgarle a la mujer el derecho a testificar, el Corán llevó a cabo una gran revolución. En algunas instancias para atestiguar ciertos contratos civiles, se requiere de dos hombres o de un hombre y dos mujeres. Sin embargo, esto no indica que una mujer es inferior a un hombre. Mejor dicho, esto es un medio para asegurar los derechos de las partes contratantes porque, generalmente, una mujer no es tan experimentada en la vida diaria como el hombre. Como esta falta de experiencia puede causar una pérdida a cualquiera de las partes contratantes, la ley requiere que al menos dos mujeres sean testigos junto con un hombre. Si una testigo olvida algo, la otra podrÃa recordárselo; si ella comete un error debido a la falta de experiencia, la otra podrÃa ayudar a corregirla. La razón por la cual el Corán requiere la presencia de dos mujeres en el lugar de un hombre en las transacciones comerciales es bastante clara. El Corán no contempla a una mujer como la mitad de un hombre; sino que, lo que es en este aspecto importante no es el estatus del hombre o de la mujer, sino la precisión, la justicia y la equidad en los negocios. Habitualmente, se supone que los hombres están más implicados en los negocios que las mujeres, lo cual sucede hoy en dÃa, y son responsables del sustento de la familia. Y aún más, las mujeres son más emocionales que los hombres y más susceptibles a olvidar. Sin embargo, siempre existen mujeres que tienen mejor memoria que algunos hombres, y hombres que son más emocionales que las mujeres. Pero en lugar de algunas excepciones, la ley considera las caracterÃsticas de mayorÃa de la gente en todos los asuntos relacionados con la comunidad. De las mujeres también se supone que son más susceptibles a cometer errores y al olvido en un asunto en el cual ellas no están tan involucradas como los hombres. Esta medida de precaución garantiza las transacciones honestas y los acuerdos correctos entre la gente. De hecho, esto da a la mujer el derecho a participar en la vida civil y ayuda a establecer la justicia. Tal falta de experiencia no denota inferioridad, ya que en cada persona hay una falta de una cosa o de otra. Asà que nadie cuestiona su estatus humano. El Islam no requiere dos mujeres en lugar de un hombre en todos los casos. Por ejemplo, cuando un cónyuge acusa al otro de adulterio, debe jurarlo por Dios cuatro veces. En esta instancia, el testimonio de una mujer puede incluso invalidar al del hombre. Por ejemplo, si un hombre acusa a su esposa de no ser casta, debe jurarlo cinco veces por el Corán como evidencia de la culpabilidad de la esposa. Si ella niega el cargo y jura esto, de manera similar, cinco veces ella es considerada inocente. En cualquiera de los dos casos, el matrimonio es disuelto (24:6-11). De igual forma, ambos hombre y mujer, pueden buscar la Luna creciente en el cielo para determinar si un mes Lunar ha comenzado o ha terminado. Además, el testimonio de dos mujeres puede ser requerido exclusivamente en asuntos en los cuales las mujeres tienen mayor conocimiento o experiencia que los hombres. Privilegios Una mujer goza de ciertos privilegios que el hombre no posee. Por ejemplo, ella está exenta de algunos deberes religiosos (es decir, de las oraciones y de ayunar cuando está menstruando o si tiene sangrado posparto) y todas las facilidades financieras. Como madre, disfruta de un mayor reconocimiento y honor ante los ojos de Dios (31:14-15; 46:15). El Profeta reconoció este honor cuando declaró que el ParaÃso está bajo los pies de la madre. Una madre tiene derecho a tres cuartos del amor y amabilidad de su hijo, la cuarta parte restante es para el padre. Como esposa, puede demandar, de parte de su futuro esposo, una dote apropiada, la cual le pertenece sólo a ella. Tiene derecho a una provisión completa y mantenimiento por parte del esposo, no tiene que trabajar ni hacerse cargo de ninguno de los gastos de la familia y puede quedarse con todo aquello que ella poseÃa antes de su matrimonio. Como hija o hermana, tiene derecho a la seguridad y a la provisión por parte de su padre y hermano(s), respectivamente. Si ella desea trabajar, ser autosuficiente y participar en la repartición de las responsabilidades de la familia, es totalmente libre de hacerlo, siempre que su integridad y su honor estén a salvo. El hecho de que las mujeres deban permanecer detrás de los hombres durante las oraciones no indica inferioridad. Las mujeres, como ya ha sido mencionado, están exentas de asistir a las oraciones en congregación, las cuales son necesarias para los hombres. Si ellas asisten, deben permanecer en filas separadas hechas exclusivamente de mujeres. Esta es una regulación de la disciplina en las oraciones, no una clasificación por orden de importancia. En las filas de los hombres, un Presidente de Estado se encuentra hombro a hombro con el pobre. Los hombres pertenecientes a rangos sociales más altos están rezando codo con codo con los hombres de los rangos más bajos. El orden de las filas en la oración fue establecido de manera intencionada para ayudar a cada persona a concentrarse durante la oración. Tal pauta es muy importante porque las oraciones no son simples cantos o canciones, sino que involucran una serie de acciones y emociones (es decir, ponerse de pie, inclinarse, postrarse). Si los hombres y las mujeres rezaran en la misma lÃnea, los primeros podrÃan verse distraÃdos por algo y perder su concentración. De modo que el propósito de la oración no serÃa cumplido. Además, ningún hombre puede tocar el cuerpo de la mujer mientras está rezando y viceversa. Si ellos se encontrasen codo con codo mientras estuvieran rezando, ni uno ni otro podrÃan evitar tocarse entre ellos. Además, si una mujer reza enfrente de un hombre o al lado de este, lo más probable es que parte de su cuerpo se muestre cuando ella se está inclinando o postrando. Él podrÃa mirar a dicha parte descubierta, lo cual a ella le avergonzarÃa y a él lo distraerÃa y lo expondrÃa a tener malos pensamientos. Para poder concentrarse en la oración, prevenir cualquier accidente imprevisto, mantener la armonÃa y el orden entre los fieles y cumplir con los verdaderos propósitos de las oraciones, el Islam ordena rezar en filas: los hombres enfrente, luego siguen los niños y luego, las mujeres. Cualquiera que entienda el significado que tiene la oración para un musulmán puede deducir fácilmente la sabidurÃa de organizar las lÃneas de fieles de esta manera. El Velo A la mujer musulmana siempre se la vincula con una vieja tradición en la vestimenta conocida como el «velo». Ella debe embellecerse a sà misma con el velo del honor, la dignidad, la castidad, la pureza y la integridad, y para abstenerse de todas las acciones y gestos que puedan despertar las pasiones de otros más allá de su esposo u ocasionar que la gente sospeche de su moralidad. Está avisada de no exponer sus encantos y de no exponer sus atractivos fÃsicos ante los extraños. El velo es un medio para salvar su alma de la debilidad, su mente de la indulgencia, sus ojos de las miradas lujuriosas y su personalidad de la desmoralización. El Islam se preocupa en sumo grado por la integridad de la mujer, por proteger su moralidad, su moral y su carácter y personalidad (El Corán, 24:30-31). Conclusión Por ahora está claro que el estatus de la mujer en el Islam es elevado sin precedentes y de manera realista de acuerdo con su naturaleza. Sus derechos y sus deberes son iguales a aquellos del hombre, pero no idénticos necesariamente o en términos absolutos. Si es privada de alguna cosa en algún aspecto, es completamente compensada por ello con más beneficios en muchos otros aspectos. El hecho de que ella sea una mujer no afecta en nada su estatus de ser humano o su personalidad independiente, y no es ninguna base justificar algún prejuicio o injusticia hacia ella. El Islam le da tanto como es requerido por ella. Sus derechos son acordes en grado sumo a sus deberes. Este balance entre los derechos y los deberes está equilibrado, y ninguno de ellos sobrepasa al otro. Como leemos en el Corán:
Este grado o categorÃa no se refiere a un tÃtulo de supremacÃa o a una autorización de dominar a las mujeres, sino que corresponde a las responsabilidades adicionales que tiene el hombre y que lo compensa con sus facilidades ilimitadas. El versÃculo anteriormente mencionado siempre es interpretado bajo la luz de:
Estas responsabilidades adicionales les proporcionan a los hombres una categorÃa superior sobre las mujeres en algunos aspectos económicos, no en humanidad o carácter. Esto no significa el dominio del uno sobre el otro o una supresión del uno por el otro sino que es una distribución de la abundancia de Dios de acuerdo con las necesidades de la naturaleza de cada género, cuyo Creador es el Dios. Como sólo Él sabe lo que es mejor para los hombres y las mujeres, las siguientes palabras son absolutamente ciertas:
* Este apartado ha sido extraÃdo (y parcialmente editado) de Hammuda Abdul-Ati, Islam in Focus, Kuwait: IIFSO, 1990, 184-91. |
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| Modificado el ( martes, 15 de mayo de 2007 ) |
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