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El Islam como un modo de vida
La Vida Diaria de un Musulmán | Los Niños |
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| escrito por Ismail Büyükçelebi | |
| jueves, 10 de mayo de 2007 | |
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Las generaciones humanas se suceden. Los que han alcanzado altos niveles de logro espiritual merecen ser considerados seres humanos. Los que no han desarrollado sus facultades humanas, debido a un nivel de educación muy pobre, no pueden ser llamados seres humanos. No son más que criaturas extrañas, aunque desciendan de Adán. Y sus padres, para quienes ellos son una carga, tienen la mala fortuna de haberlos engendrado. Adán y Eva, las primeras personas, fueron creados juntos al comienzo de la existencia humana. Esto indica que el matrimonio es natural. La reproducción es el propósito más importante de este estado natural. Un matrimonio que se ha establecido por razones distintas de engendrar nuevas generaciones no es más que un entretenimiento y una aventura temporal. Los niños que llegan al mundo por medio de semejante matrimonio son los productos desafortunados de una emoción transitoria. Aquellos de vosotros que traen niños a este mundo deben elevarlos a los reinos más allá de los cielos. Asà como cuidan de su salud, igualmente deben cuidar sus vidas espirituales. Por el amor de Dios, apiádense de los inocentes desamparados y ayúdenlos. No dejen que desbaraten sus vidas. Si los padres dan aliento a sus niños, para que desarrollen sus habilidades y sean útiles a sà mismos y a sus comunidades, ellos le han dado a la nación un nuevo y fuerte sostén. Si, al contrario, no cultivan los sentimientos humanos de sus hijos, habrán soltado escorpiones dentro de la comunidad. Los padres tienen el derecho de reclamar a sus hijos mientras que los eduquen y los equipen con la virtud. Sin embargo, no pueden hacer tal reclamación si los desatienden. Pero, ¿cómo podrÃamos definir a esos padres que aleccionan a sus hijos a hacer el mal y a la indecencia y que causan que rompan sus lazos con la humanidad? Los Derechos de los Niños Un niño significa lo mismo para la continuidad de la humanidad como una semilla representa para el crecimiento continuo y la multiplicación de un bosque. La gente que descuida a sus hijos decae gradualmente y aquellos que los abandonan a una cultura extranjera se arriesgan a la pérdida de su propia identidad. Los niños representan la parte más activa y productiva de la comunidad después de cada treinta o cuarenta años. Los que ignoran a sus hijos pequeños deberÃan considerar cuán importante es el elemento de la vida de sus propias comunidades que ellos están descuidando y, entonces, ponerse a temblar. Los vicios que se pueden observar en la generación de hoy en dÃa, la incompetencia de algunos administradores y otros problemas sociales, son el resultado directo de las condiciones prevalecientes hace treinta años y de la elite dominante de aquel entonces. Igualmente, aquellos a quienes se les ha encargado la educación de los jóvenes de hoy en dÃa son responsables de los vicios y las virtudes que aparecerán treinta años más tarde. Aquellos que quieran asegurarse el futuro deberÃan aplicar igual energÃa a la crianza de los niños como la que le dedican a otros problemas. Mientras que la energÃa que se consume en muchos objetivos resulta ser en vano, la que se dirija a criar una joven generación los elevará al rango de «humanidad». Esa generación será como una fuente de recursos inagotables. Aquellos miserables y perdidos en nuestra comunidad, como los adictos a drogas y al alcohol y otra gente disoluta, fueron niños una vez. Fracasamos en educarlos apropiadamente. Me pregunto si somos lo suficientemente conscientes de la clase de gente que estamos preparando y que caminarán por nuestras calles en un mañana cercano. Las comunidades que le prestan detallada atención a la institución de la familia y a la educación de la gente joven, en contraste con aquellos que están más avanzados en las ciencias y la tecnologÃa, tendrán una ventaja en el futuro. Las comunidades que desatiendan la institución de la familia y la educación de los jóvenes serán aplastadas por las ruedas del paso inexorable del tiempo. * Este apartado ha sido extraÃdo de M. Fethullah Gülen, Perlas de la SabidurÃa, The Light, Inc., 2005, págs.44-5. |
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