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El Profeta y sus esposas
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El Profeta y sus esposas | El Profeta y sus esposas |
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| escrito por Fethullah Gülen | |
| 26.12.2005 | |
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El Profeta Muhammad personifica el papel de padre y marido perfecto. Él era tan amable y tolerante con sus mujeres que ellas no podÃan concebir sus vidas sin él y tampoco quisieron vivir apartadas de él.
Él se casó con Sawda, su segunda esposa, mientras estaba en La Meca. Al poco tiempo, quiso divorciarse de ella por ciertos motivos. Ella estuvo sumamente disgustada al enterarse de esta noticia y le imploró: “Oh Mensajero de Allah, no deseo ninguna cosa mundana de ti. Sacrificaré el tiempo que me tienes asignado, si tú no quieres visitarme. Pero por favor no me prives de ser tu esposa. Quiero ir al Más Allá como tu esposa. No me importa nada más”.[1] El Mensajero no se divorció de ella, tampoco dejó de visitarla.[2] Una vez notó que Hafsa estaba incómoda por su situación financiera. Entonces el Mensajero dijo: “Si ella lo desea, puedo dejarla libre,” o algo similar. Esta sugerencia le preocupó tanto a ella que solicitó mediadores para que lo convencieran de no lo hiciera. Y él mantuvo a la hija de su fiel amigo como esposa digna de confianza. Sus mujeres veÃan el hecho de divorciarse del Mensajero de Allah como una calamidad, asà de firme se habÃa establecido en sus corazones. Ellas compartieron su vida bendita, suave y natural. Si él las hubiera abandonado, ellas habrÃan muerto de la desesperación. Si él se hubiera divorciado de una de ellas, ésta le habrÃa esperado en el peldaño de su puerta hasta el DÃa del Juicio Final. Después de su muerte, hubo mucha pena y profundo dolor. Abu Bakr y Omar encontraban llorando a las mujeres del Mensajero siempre que las visitaban. Su llanto parecÃa continuar por el resto de sus vidas. Muhammad dejó una profunda huella en cada una de ellas. Él tenÃa nueve mujeres y las trató con igualdad a todas y no tuvo ningún problema serio. Era un marido amable y tierno, nunca se comportó severa o groseramente con ellas. En resumen era el marido perfecto. Unos dÃas antes de su muerte, dijo: “A un siervo le ha sido permitido elegir este mundo o a su Señor. Él prefirió a su Señor”.[3] Abu Bakr, un hombre de gran inteligencia, comenzó a llorar, entendiendo que el Profeta hablaba de si mismo. Su enfermedad empeoraba diariamente y su severo dolor de cabeza hizo que se retorciera de dolor. Pero incluso durante este perÃodo difÃcil, él siguió tratando a sus mujeres con bondad y ternura. Él les pidió quedarse en una habitación, ya que no tenÃa ninguna fuerza para visitarlas una por una. Sus mujeres estuvieron de acuerdo y el Mensajero paso sus últimos dÃas en la habitación de Aisha. Cada esposa, debido a su generosidad y bondad, pensaba que ella era la más querida por él. La idea de que cualquier hombre muestre tal igualdad e imparcialidad en sus relaciones con nueve mujeres parece imposible. Por eso, el Mensajero pidió el perdón de Allah por cualquier inclinación involuntaria. Él rezaba: “Puedo haber mostrado involuntariamente más amor a una de ellas que a las demás y esto serÃa injusticia. De este modo, Oh Señor, tomo refugio en Tu gracia para las cosas que están más allá de mi poder”.[4] ¡Qué gentileza y ternura! Me pregunto si alguien más puede mostrar tal bondad a sus hijos o a sus esposas. Cuando la gente logra ocultar sus instintos más bajos, es como si hubieran hecho algo muy inteligente y mostrado tremenda fuerza de voluntad. Pero ellos a veces exponen estos mismos defectos inconscientemente jactándose de su inteligencia. El Mensajero, a pesar de no haber demostrado ninguna falta, buscaba solamente el perdón de Allah. Su suavidad penetró en las almas de sus mujeres tan profundamente, que su despedida condujo a un sufrimiento insuperable. No se suicidaron, ya que el Islam lo prohÃbe, pero sus vidas se llenaron de una pena interminable y de lágrimas incesantes. El Mensajero era amable y tierno con todas las mujeres y aconsejó que todos los otros hombres siguieran su comportamiento. Sad ibn Abi Waqqas describió su bondad de esta manera: Omar dijo: “Un dÃa fui a ver al Profeta y lo vi sonreÃr. ¡Que Allah te haga sonreÃr siempre Oh Mensajero de Allah!”, dije y pregunté por qué sonreÃa. “SonrÃo por aquellas mujeres. Charlaban delante de mà antes de que tú llegaras. Cuando oyeron tu voz, todas desaparecieron” contestó él aún sonriendo. Oyendo esta respuesta, levanté mi voz y les dije: “Oh enemigos de vosotros mismos, se asustan de mÃ, pero no se asustan del Mensajero de Allah y no le muestran respeto”. “Tú eres duro de corazón y estricto” contestaron ellas.[5] Omar también era sensible con las mujeres. Sin embargo, el hombre más hermoso parece feo cuando se compara con la belleza de José. De la misma manera, la delicadeza y la sensibilidad de Omar parecen violencia y severidad cuando se comparan con las del Profeta. Las mujeres habÃan visto la delicadeza, la sensibilidad y la bondad del Mensajero, y consideraron a Omar como estricto y severo. Pero Omar cargó con el califato perfectamente y se hizo uno de los mejores ejemplos después del Profeta. Él era un gobernante justo y se esforzó por distinguir lo bueno de lo malo. Sus cualidades le permitieron ser el califa. Algunas de sus cualidades podrÃan parecer bastante rigurosas; sin embargo; aquellas mismas cualidades le permitieron llevar sobre los hombros responsabilidades muy exigentes. La consulta del Profeta con sus mujeres. El Mensajero hablaba de los asuntos con sus mujeres como si fueran sus colaboradores y amigos. Seguramente él no necesitaba su consejo, ya que él fue conducido por la Revelación. Sin embargo, querÃa enseñar a su nación que los hombres musulmanes debÃan consultar a sus mujeres. Eso era una idea bastante radical en su tiempo, que incluso hoy en dÃa lo es en muchas partes del mundo. Comenzó a enseñar a su gente a través de su propia relación con sus mujeres. Por ejemplo, las condiciones establecidas en el Tratado de Hudaybiya decepcionaron y enfurecieron a muchos musulmanes, ya que por una condición estipulada no iban a poder hacer la peregrinación aquel año. Ellos quisieron rechazar el tratado, ir a La Meca y enfrentarse con las posibles consecuencias. Pero el Mensajero les ordenó matar a sus animales de sacrificio y quitarse su atuendo de peregrino. Algunos Compañeros vacilaron esperando que él cambiara de opinión. Él repitió su orden, pero ellos siguieron vacilando. Ellos no se opusieron al Profeta; más bien, todavÃa esperaban que él cambiara de opinión, ya que habÃan salido con la intención de peregrinar y no querÃan parar en mitad del camino. Al darse cuenta de esta renuncia, el Profeta volvió a su tienda y preguntó a Umm Salama, su esposa que le acompañaba entonces, acerca de lo que ella pensaba sobre la situación. Entonces ella se lo dijo, totalmente consciente de que él no necesitaba su consejo. Al hacerlo, el Profeta les dio a los hombres musulmanes una importante lección social: en absoluto no hay nada incorrecto en el intercambio de ideas con las mujeres sobre los asuntos importantes o sobre cualquier otro tema. Ella dijo: ¡Oh Mensajero de Allah! No repitas tu orden. Ellos pueden oponerse y asà fallecer. Mata a tu animal de sacrificio y quÃtate tu atuendo de peregrino. Ellos obedecerán, por voluntad propia, cuando ellos ven que tu orden es definitiva.[6] Él inmediatamente tomó un cuchillo en su mano, salió y sacrificó a su oveja. Los Compañeros comenzaron a hacer lo mismo, ya que ahora estaba claro que su orden no cambiarÃa. El consejo y la consulta, como cada buena acción, fueron practicados por el Mensajero de Allah primero dentro de su propia familia y luego en una comunidad más amplia. Incluso hoy, entendemos tan poco acerca de la relación con las mujeres que es como si vagáramos sin rumbo fijo alrededor de una parcela de tierra, inconscientes del enorme tesoro sepultado bajo nuestros pies. Las mujeres son seres secundarios en las mentes de muchos, incluso de aquellos autoproclamados defensores de los derechos de la mujer asà como de muchos hombres autoproclamados musulmanes. Para nosotros, una mujer es la parte que forma un todo, una parte que hace útil las otras partes. Creemos que cuando las dos mitades se unen, la unidad verdadera de un ser humano aparece. Cuando esta unidad no existe, la humanidad no existe-ni el hecho profético ni la santidad ni el Islam. Nuestro maestro nos animó con sus iluminadas palabras a comportarse tiernamente con las mujeres. Él declaró: “Los creyentes más perfectos son los mejores de carácter y el mejor de vosotros es aquel que es más amable con su familia”.[7] Está claro que las mujeres han recibido el honor verdadero y el respeto que merecÃan, no solamente en teorÃa, sino en la práctica actual, sólo una vez en la historia-durante el perÃodo del Profeta Muhammad. El Mensajero de Allah dejaba decidir a sus mujeres. Ellas podÃan decidir si quedarse con él o marcharse: ¡Profeta! Di a tus esposas: “Si queréis la vida del mundo y sus apariencias, venid que os dé algún provecho y os deje ir con toda delicadeza. Pero si queréis a Allah y a Su mensajero y la morada del Más Allá, es verdad que Allah ha preparado una inmensa recompensa para aquellas de vosotras que actúen con rectitud” (33:28-29). Algunas de sus mujeres que deseaban una vida más próspera preguntaron: “¿No podrÃamos vivir con un poco más de lujo como los otros musulmanes? ¿No podrÃamos tener al menos un tazón de sopa diaria o algunas ropas más bonitas?” A primera vista, tales deseos podrÃan ser considerados justos. Sin embargo, ellas eran miembros de la familia que debÃa ser un ejemplo para todas las familias musulmanas hasta el DÃa del Juicio Final. El Mensajero entró en un perÃodo de decadencia fÃsica ya que se aproximaba su fin. La noticia se divulgó y todos se precipitaron hacia la mezquita y comenzaron a llorar. La pena más pequeña sentida por su querido Mensajero era suficiente para llevarlos a las lágrimas y hasta el incidente más pequeño en su vida los molestarÃa. Abu Bakr y Omar, viendo en el acontecimiento con una luz diferente ya que sus hijas estaban directamente implicadas, marcharon apresuradamente a la mezquita. Quisieron verlo, pero él no los dejó entrar. Finalmente, en su tercer intento, consiguieron entrar y comenzaron a reprender a sus hijas. El Mensajero vio lo que pasaba, pero sólo dijo: “No puedo permitir lo que ellas quieren”.[8] El Corán declara: ¡Mujeres del profeta! Vosotras no sois como cualquier otra mujer (33:32). Las otras podrÃan salvarse simplemente realizando sus obligaciones, pero ellas que estaban en el mismo centro del Islam tenÃan que dedicarse totalmente, de modo que ninguna debilidad apareciera en el centro. HabÃa ventajas en ser la esposa del Profeta, pero estas ventajas traÃan responsabilidades y riesgos potenciales. El Mensajero las preparaba como ejemplos para todas las mujeres musulmanas del presente y del futuro. Él estaba especialmente preocupado de que ellas disfrutaran de la recompensa por sus buenas acciones en este mundo y asà estar incluidas en: Habéis consumido las cosas buenas que tuvisteis en vuestra vida terrenal (46:20). La vida en la casa del Profeta era incómoda. Por eso, sea de manera explÃcita o implÃcita, sus mujeres hicieron algunas modestas peticiones. Como su posición era única, no esperaban de ellas divertirse en un sentido terrenal. Algunas personas piadosas se rÃen sólo unas veces durante sus vidas; las otras nunca llenan sus estómagos. Por ejemplo, Fudayl ibn Iyad nunca se rió en toda su vida. Sólo una vez sonrió y aquellos que vieron hacerlo le preguntaron por qué habÃa sonreÃdo, ya que estaban enormemente sorprendidos. Él les dijo: “Hoy me he enterado de que mi hijo Ali murió. Me puse feliz al oÃr que Allah lo amaba y entonces sonreÔ.[9] Si habÃa tal gente fuera de la casa del Profeta, sus mujeres, que eran aún más piadosas y respetuosas a Allah y consideradas como “las madres de los creyentes” deberÃan estar seguramente en el más alto grado. No es fácil merecer estar junto con el Mensajero en este mundo y en el Más Allá. AsÃ, estas mujeres especiales fueron sometidas a una gran prueba. El Mensajero permitió que ellas eligieran su pobre casa o los lujos de este mundo. Si ellas elegÃan el mundo, él les darÃa todo lo que quisieran a ellas y luego anularÃa su matrimonio con ellas. Si elegÃan a Allah y a Su Mensajero, tenÃan que ser felices con sus vidas. Eso era una peculiaridad de su familia. Ya que esta familia era única, sus miembros tenÃan que ser únicos. El cabeza de la familia fue elegido, como las mujeres y los niños. El Mensajero primero llamó a Aisha y le dijo: “Quiero hablar de algo contigo. Debes hablar con tus padres antes de tomar una decisión”. Después recitó los versos mencionados anteriormente. Su decisión fue exactamente lo esperado de la hija sincera de un padre sincero: “Oh Mensajero de Allah, ¿necesito hablar con mis padres? Juro por Allah que elijo a Él y a Su Mensajero”.[10] Aisha nos cuenta lo que pasó después: “El Mensajero recibió la misma respuesta de todas sus mujeres. Nadie expresó alguna opinión diferente. Todas ellas dijeron lo que yo habÃa dicho”. Ellas hicieron esto porque todas ellas le apoyaban. Si el Mensajero les hubiera dicho que ayunaran toda su vida sin romper dicha promesa, lo habrÃan hecho y lo habrÃan soportado con placer. Algunas de sus mujeres habÃan disfrutado de un modo de vida extravagante antes de su matrimonio. Una de ellas era Safiyya, quién habÃa perdido a su padre y marido, y habÃa sido tomado prisionera, durante la Batalla de Jaybar. Ella debÃa estar muy enojada con el Mensajero, pero cuando lo vio, sus sentimientos cambiaron completamente. Soportó el mismo destino que las otras mujeres. Lo soportaron porque el amor del Mensajero habÃa penetrado sus corazones. Safiyya era judÃa. Una vez, se quedó consternada cuando le mencionaron esa realidad con ironÃa. Ella le informó al Mensajero sobre este asunto expresando su tristeza. Él la consoló diciéndole: Si lo repiten diles: Mi padre es el Profeta Aarón, mi tÃo es el Profeta Moisés y mi marido es, como ya sabéis, el Profeta Muhammad, el Elegido. ¿Tenéis algo más que yo para estar orgullosos?[11] El Corán declara que sus mujeres son las madres de los creyentes (33:6). Aunque han pasado catorce siglos, aún disfrutamos de decir “mi madre” cuando nos referimos a Jadiya, Aisha, Umm Salama, Hafsa y sus otras mujeres. Sentimos esto por el amor a él. Algunos las quieren más que a sus madres reales. Ciertamente, este sentimiento debió ser muy profundo y fuerte en los tiempos del Profeta. El Mensajero fue un perfecto cabeza de familia. Tratándolas por igual, siendo un amante de sus corazones, un instructor de sus mentes, un educador de sus almas. El Mensajero sobresalió en cada campo de la vida. La gente no deberÃa compararlo consigo mismo ni con las supuestas grandes personalidades de su tiempo. Los investigadores deben considerarlo como alguien a quien los ángeles están agradecidos, siempre recordando que él sobresalió en todos los aspectos. Si ellos quieren saber sobre Muhammad deben buscarlo en sus propias dimensiones. Nuestra imaginación no puede alcanzarle, ya que ni siquiera sabemos imaginar correctamente. ¡Que la paz sea con él! [1] La razón no estaba especificada en las fuentes. Sin embargo, a veces habÃa discusiones entre sus mujeres debido a los celos, que podrÃan haber causado que ellas le hablaran incorrectamente. Otra razón puede ser que resultára raro para ellas pedirle al Profeta algo que él no podÃa conseguir. No hay ni un solo registro de que algo pasó entre el Profeta y sus mujeres debido a razones meramente sexuales. La visita no se restringÃa a las relaciones carnales. Él pudo haber sido ofendido por el comportamiento de ellas en su habitación. [2] Muslim, “Rada” 47. [3] Bujari, “Salat” 80. [4] Tirmizi, “nikah” 41:4; Bujari, “Adab,”68 [5] Bujari, “Adab” 68. [6] Bujari, “Shurut” 15. [7] Abu David, “Sunna”, 15; Tirmizi, “Rada” 11. [8] Muslim, “Talaq” 34,35. [9] Abu Nuaym, Hilyat al-Awliya, 8:100. [10] Muslim, “Talaq” 35. [11] Tirmizi, “Manaqib” 64. |
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