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La Razón tras los Acontecimientos en el Universo PDF Imprimir E-Mail
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escrito por Ismail Büyükçelebi   
martes, 08 de mayo de 2007

Si alguien realiza con entusiasmo un deber natural o social, un observador puede deducir dos motivos para hacer lo mismo: la causa última (lo que puede ser obtenido al hacerlo así) y el motivo o causa necesaria (de alguien ansioso por realizar dicha obligación y el placer subsiguiente en hacerlo). Por ejemplo, la comida cuando se tiene hambre da un poco de satisfacción [la causa necesaria], mientras la comida alimenta el cuerpo [la causa última].

De la misma manera, la existencia del Universo y su actividad incesante, asombrosa es causada por dos clases de Nombres Divinos y para dos amplios propósitos o resultados. El primer propósito y la causa es que los Hermosos Nombres de Dios se manifiestan a si mismo en innumerables maneras y clases. Esto causa la multiplicidad en la creación. Más aún, los Nombres Divinos se manifiestan sin cesar y procuran mostrar sus trabajos continuamente. Esto provoca que el Libro del Universo, con todas sus «oraciones, palabras, y cartas» sea renovado constantemente. Cada parte de este Libro, que es la manifestación de los Nombres Divinos, es un signo o la indicación de la Esencia Sagrada Divina de modo que las criaturas conscientes puedan conocerlo.

La segunda causa u objetivo es que cada criatura es activa porque anhela y encuentra el placer en la actividad. La actividad en sí misma es un placer. De la misma manera Dios, el Ser Necesariamente Existente y en la conformidad con Su independencia esencial de creación y su perfección absoluta, siente el afecto infinito sagrado y el amor. Tal afecto y amor causan un entusiasmo infinito sagrado, que engendra una alegría ilimitada sagrada que, por su parte, es la fuente de la súplica infinita sagrada. Debido a este placer especial de Su «Esencia» Divina, Dios tiene la compasión infinita. Por su parte, esta compasión hace que Sus criaturas alcancen su relativa perfección, la que les concierne, permitiéndolos cumplir su pleno potencial. La perfección de sus criaturas y el placer que ellos encuentran en el logro de ello complacen a Dios tanto que Su placer infinito sagrado requiere el giro de la creación.

Sin embargo, los seguidores de la filosofía materialista y ciencias naturales seculares, inconscientes de esta Sabiduría Divina delicada, atribuyen tal actividad, que muestra el conocimiento perfecto, la sabiduría, y la perspicacia, a la naturaleza inconsciente, a la coincidencia ciega, y a la causalidad. Esto provoca que se precipiten en los profundos precipicios del error y la equivocación.

 
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