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El Significado y la Importancia de la Oración PDF Imprimir E-Mail
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escrito por Ismail Büyükçelebi   
martes, 08 de mayo de 2007

Las oraciones prescritas (salat) son los pilares del Islam. Para entender completamente su importancia, consideremos esta parábola: Un gobernante le da a cada uno de sus dos siervos, 24 monedas de oro y los envía a una hermosa granja que se encuentra a 2 meses de distancia de viaje. Él les dice: «Usen este dinero para comprar su pasaje para el viaje, sus provisiones y todo aquello que necesitarán después de llegar a su destino. Después de viajar durante un día, encontrarán una estación de tránsito. Elijan el medio de transporte que podáis permitiros».

Los siervos se fueron. Uno de ellos gastó sólo un poco de su dinero antes de llegar a la estación. Empleó su dinero tan sabiamente que su señor se lo incrementó mil veces. El otro sirviente perdió 23 de las 24 monedas antes de llegar a la estación. El primer sirviente le recomendó al segundo: «Usa este dinero para comprar tu boleto, sino tendrás que caminar y sufrir de hambre. Nuestro señor es generoso. Tal vez él te perdonará. Tal vez puedas utilizar un medio de transporte veloz, y así podemos llegar a la granja en un día. Si no, tendrás que ir a pie y soportar 2 meses de hambre mientras cruzas el desierto». Si él ignora la recomendación de su amigo, podemos suponer que pasará.

Aquellos de vosotros que no rezáis, así como tú, mi alma que aborrece la oración, escucha la explicación. El soberano es nuestro Creador. Un sirviente representa a la gente religiosa que reza con fervor; el otro representa a la gente a la que no le gusta rezar. Las 24 monedas son las 24 horas del día. La granja es el cielo, la estación de tránsito es la tumba y el viaje es el viaje desde la tumba hasta la vida eterna. La gente realiza ese viaje en periodos de tiempo diferentes de acuerdo a sus acciones y su conducta. Algunos de los verdaderos devotos avanzan en un día 1.000 años cual relámpagos, mientras que otros avanzan 50.000 años con la velocidad de la imaginación. El Corán alude a esta verdad en 22:47 y en 70:4.

El pasaje son las oraciones prescritas, de las cuales todas pueden ser rezadas en el espacio de tiempo total de una hora. Si tú empleas 23 horas de un día en asuntos terrenales y no reservas la hora sobrante para realizar tus oraciones prescritas, eres un insensato perdedor. Puedes estar tentado a utilizar la mitad de tu dinero en una lotería jugada por 1.000 personas. Tu posibilidad de ganar es de 1 entre 1000, mientras que aquellos que rezan tienen un 99 por ciento de posibilidades de ganar. Si no usas al menos una moneda para ganar un tesoro inagotable, obviamente algo va mal en ti.

La oración reconforta el alma y la mente y para el cuerpo es fácil de realizar. Más aún, la intención correcta transforma nuestras acciones y conducta en devoción. De modo que, nuestro corto periodo de vida es empleado para la vida eterna en el otro mundo, y nuestra vida efímera gana un cierto tipo de permanencia.

La oración prescrita es la base de la religión y la mejor de las buenas acciones. El que no la realiza no puede construir el edificio de la religión sobre la base de la fe. Cualquier base sobre la cual no fue construido un edificio, es fácilmente eliminada. El Mensajero, sobre él sean la paz y las bendiciones, enseñó que esto se asemeja a la corriente de un río que pasa al lado de nuestra casa. El que se baña en él cinco veces al día se limpia de toda suciedad. Él también enseñó que realizar las oraciones prescritas puede servir como enmienda para los pecados menores que sean cometidos entre ellas (Muslim, «Tahara», 16)

El Corán declara que la oración prescrita nos previene de cometer indecencias y otros tipos de malas acciones (29:45) También, sirve como arrepentimiento y para pedir perdón a Dios. Igualmente, cualquier buena acción realizada justo después de una mala puede hacer que esta última sea perdonada. Así que es notablemente recomendable que uno haga el bien inmediatamente después de que cometa un acto maligno. Así como la oración prescrita, esta manera de actuar puede también disuadirnos de que más adelante, cometamos el mal.

La oración parece ser una demanda extenuante, pero en realidad nos da una paz y un confort indescriptibles. Aquellos que rezan recitan ashhadu an la ilaha illallah (Atestiguo que no hay más deidad salvo Dios) Sólo él puede dañar y beneficiar. El es el Todo Sabio, Quien no hace nada sin ser útil; el Todo Compasivo, Cuya misericordia y bondad son abundantes. Teniendo fe, los creyentes ven en cada suceso una puerta a la riqueza de la Misericordia de Dios, y llaman a ella a través de la vía de la súplica. Se dan cuenta de que su Señor, Que los sustenta, todo lo controla y de este modo se refugian en Él. Depositando su confianza en Dios y sometiéndose completamente a Él, se resisten a hacer el mal. Su fe les proporciona una confianza absoluta.

Como con cualquier buena acción, el valor surge de la fe y la leal devoción hacia Dios. Como con cualquier mala acción, la cobardía surge de la falta de supervisión. Si la Tierra explotará, esos siervos de Dios que tienen el corazón verdaderamente iluminado, no tendrían miedo, lo que es más, considerarían esto como una maravilla del Poder Eternamente Suplicado. Sin embargo, un racionalista, filósofo irreligioso, tiembla ante la visión de un cometa, porque podría chocar contra la Tierra.

Nuestra habilidad para conocer nuestras ilimitadas demandas es insignificante. Somos amenazados por aflicciones que nuestra propia fortaleza no puede resistir. Nuestra fortaleza llega hasta donde podemos alcanzar, más nuestros deseos y demandas, sufrimiento y pena, son tan grandes como nuestra imaginación.

Cualquiera que no este totalmente ciego a la verdad, entiende que nuestra mejor opción es someternos a Dios, venerarle, creer y tener confianza en Él. Un camino seguro es preferible a uno peligroso, aunque tenga una pequeña probabilidad de ser seguro. El camino de la creencia nos dirige a un éxtasis sin fin con una probabilidad que se acerca a la certeza; el camino de la falta de creencia y de la trasgresión, mientras tanto, no es provechoso y casi seguro que nos lleva a una pérdida interminable. Incluso sus viajeros están de acuerdo en esta verdad, así como lo están una incontable cantidad de expertos y de gente de perspicacia y observación.

En conclusión, tal y como el placer del mundo por venir, la felicidad en este mundo depende de la sumisión a Dios y de ser Su devoto siervo. Así que siempre alábalo diciendo: «Las alabanzas sean con Dios, para que nos brinde la obediencia y el éxito en Su camino», y agradécele que somos Sus siervos creyentes y devotos.


* Este apartado ha sido extraído de Badiuzzaman Said Nursi, The Words, Kaynak, Izmir, 1997, The 4th Word

Modificado el ( martes, 08 de mayo de 2007 )
 
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