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Últimos añadidos | Las virtudes de leer el Corán |
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| escrito por Ayhan Tekines | |
| jueves, 03 de mayo de 2007 | |
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«Aquel que lea cien versículos cada noche no será inscrito como negligente». De todas las criaturas que habitan la faz de la Tierra, tan sólo los seres humanos tienen la capacidad de leer y escribir. Al Profeta se le ordenó leer en la primera revelación: «Recita, ¡Muhammad!, lo que se te revela, comenzando con el nombre de tu Señor, al que pertenece el poder de crear. Que dio existencia al hombre, quien posee físico e intelecto completos, a partir de un insignificante coágulo, lo que no justifica que el hombre se enorgullezca de ello. Continúa leyendo, que tu Señor es el más Noble, Quien te considera y no te frustra». (96:1-3). El acto de leer es el primer paso para obtener información y conocimiento. Dado que la lectura es la primera fuente que proporciona una información fundamental con respecto al conocimiento, la moralidad, la educación y el comportamiento, el Corán merece ser leído mucho más que cualquier otro tipo de libro. De este modo, el Profeta no sólo pasó gran parte de su tiempo leyendo el Corán, sino que también animó a sus seguidores a que así lo hicieran, como viene recogido en muchos de sus hadices. Él comparó a los que leen el Corán con los frutos: «El ejemplo de un creyente que recita el Corán es como el de un limón que posee un buen sabor y aroma. Y el creyente que no recita el Corán es como un dátil que tiene buen sabor, pero no aroma. Y el ejemplo de una persona incrédula que recita el Corán es como el de la rihana (palabra en árabe que designa a la albahaca), que huele bien, pero que tiene un sabor amargo». (Bujari, Fadail al-Quran, 17). Tanto el sabor como el aroma del creyente que lee el Corán son buenos. Él ha aprendido las verdades en el Corán y ha probado los placeres espirituales que se producen al leerlo. El Corán encuentra su verdadero significado en el alma, el corazón y la boca del creyente. De este modo, su buen comportamiento extiende la fragancia en su entorno; aquellos que se encuentran a su alrededor pasan a estar radiantes y entusiasmados. El creyente que no lee el Corán no puede influir a los demás, a pesar de haber saboreado la fe y probado la dulzura del Corán. Aquellos que se encuentran a su lado no pueden disfrutar con su fragancia. El hadiz compara a los creyentes que leen el Corán con un limón. El interior del fruto tiene un buen sabor y huele bien cuando es pelado. La fe embellece el interior, mientras que leer el Corán refleja la belleza interior y permite que exista una unidad entre el interior y el exterior. Aquellos que aprenden el Corán encontrarán inevitablemente algunas dificultades al principio y cometerán algunos errores. Algunos podrían pensar que el acto de leer el Corán de esta forma es algo irrespetuoso. Para impedir que aparezcan estos temores, el Profeta dice: «El que recita el Corán está con ángeles honorables. El que lee el Corán y encuentre dificultades al hacerlo, obtiene dos recompensas». (Bujari, Tafsir, 80). Un hadiz similar dice: «Una persona que sea hábil en la lectura del Corán está acompañada por Ángeles muníficos y obedientes llamados sarafah. En lo que respecta al que lee el Corán, aunque encuentre muchas dificultades al hacerlo, el mérito será doble». (Abu Dawud, Witr, 14). El primer mérito es la recompensa por leer el Corán; el segundo es por hacer frente a una dificultad al leerlo. En estos hadices se indica que las tentativas para leer el Corán y escuchar los temas a los que hace referencia cuando existan dificultades son estimados por Dios. La gente quiere imitar a los demás y tener las mismas posesiones materiales que otros tienen. Algunas veces quieren ser los únicos propietarios de estas posesiones; esto no es sino envidia. En ocasiones quieren adquirir la belleza que otros tienen; esto es pura envidia. El Islam prohíbe la codicia, pero no hay nada malo en envidiar las virtudes de otros. Desgraciadamente las personas envidian en su mayoría cosas incorrectas y aspiran sólo a tener riquezas y propiedades. De hecho, hay dos tipos de personas que deben ser envidiadas. El Profeta describe estos dos tipos de personas de la manera siguiente: «No desees ser como otra persona, excepto en dos casos: Un hombre a quien Dios ha enseñado el Corán y que lo recita durante las horas de la noche y durante las horas del día, y su vecino lo escucha y dice: “Ojalá se me hubiera otorgado lo que se ha otorgado a tal y cual persona para que pudiera hacer lo que él hace”; y un hombre a quien Dios ha dado riqueza y que la gasta en lo que es justo y correcto, de tal forma que otro hombre pueda decir: “Ojalá se me hubiera concedido lo que ha sido otorgado a tal y cual persona, ya que entonces haría lo que él hace”». (Bujari, Fadail al-Quran, 20). Este hadiz indica que nadie más merece ser envidiado excepto estos dos tipos de personas. Algunas personas no tienen los medios para dar limosnas. Sin embargo, estas personas pueden obtener la misma recompensa que el rico que gasta su riqueza. El hadiz enseña cuál es el modelo de persona en todos los ámbitos de la sociedad, ya sea rica o pobre. Leer el Corán es una de las oraciones más virtuosas. Las oraciones supererogatorias, el dikr (el recuerdo de Dios) o las oraciones realizadas para pedir por alguna urgente necesidad no deben impedirnos leer el Corán. Además de proporcionarnos méritos y virtudes únicas, la lectura del Corán también nos suministra recompensas que pueden ser obtenidas a través de otras actividades virtuosas. Así, los que leen el Corán no deben preocuparse cuando no pueden rezar o pierden la oportunidad de recitar algunos virtuosos dikr. La lectura del Corán es una forma de oración también. El Profeta nos describe esta situación en uno de sus hadices: «Dios ha expresado: “Si en alguna ocasión el leer el Corán y el recitar Mis nombres impide a alguien pedir lo que necesita de Mí, le daré más de lo que concedo a aquellos que lo hacen”». (Darimi, Fadail al-Quran, 20). Escuchar la recitación del Corán es asimismo una acción virtuosa. Un hadiz señala: «A aquellos que escuchan un versículo del Corán, les serán concedidas muchas recompensas. Para el que está recitando, el versículo se convertirá en una luz en el Día del Juicio». (Ahmad ibn Hanbal, 2, 341). Se ha relatado que los ángeles vienen a escuchar cuando el Corán es leído por la noche, y que algunos de los Compañeros fueron testigos de esto durante el tiempo de la vida del Profeta (Bujari, Fadail al-Quran, 15). El Profeta hizo que algunos de sus Compañeros leyeran el Corán y él escuchó su recitación, debido a la virtud que existe en este hecho. Cuando algunos dudaban diciendo: «¡Oh Profeta de Dios! ¿Acaso te voy yo a recitar (el Corán) a ti, cuando el mismo te ha sido revelado a ti?». El Profeta contestó: «Me gutsa oírlo (recitar) por parte de otra persona». (Bujari, Fadail al-Quran, 32-35). El Corán debe ser leído día y noche sin que exista ningún tiempo especial designado para su lectura. Un hadiz dice: «La persona que lee el Corán públicamente es la persona que da limosna públicamente. La persona que lee el Corán en secreto es como la persona que da limosna en secreto». (Tirmidi, Sawab al-Quran, 20). Del mismo modo que dar limosna en público anima a otros a hacer lo mismo, así sucede con el hecho de leer el Corán en público. Estar a solas con el Corán en la oscuridad de la noche es como dar limosna secretamente. En privado, una persona buscará un lugar en el Corán, porque es importante para cada creyente buscar un lugar en el Corán y actuar de acuerdo a lo establecido en este lugar. El Corán no es sólo un libro del que emanan normas religiosas; es también un libro de sabiduría, contemplación, obediencia, comunicación, invitación, dikr y oraciones. Y todo esto requiere de una regular repetición, por lo que el Corán debe ser leído frecuentemente. Aunque existen diferentes puntos de vista acerca de la frecuencia en que debe realizarse la lectura, el hadiz aconseja que todo el Corán sea leído una vez al mes. El Profeta dice en un hadiz: «Quien lea cien versículos del Corán en una noche no será inscrito como negligente » y en otro: «A quien lea cien versículos del Corán por la noche le será otorgada una recompensa equivalente a toda una noche completa de oración». (Darimi, Fadail al-Quran, 28). Así pues, este hadiz recoge las virtudes que existen en la lectura del Corán. No existe en este hadiz un mandato fijado acerca del número de versículos que deberían leerse y, en lugar de ello, se anima simplemente a leer el Corán; en otros hadices, sin embargo, se mencionan algunas cifras. Si uno planea leer el Corán en ciertos períodos, siguiendo los consejos y las órdenes del Profeta, es una sunna el habituarse a leerlo desde el principio al final una vez al mes; esta norma se ha extraído de los consejos dados por el Profeta a sus Compañeros. (Abu Dawud, Salat, 325). La lectura del Corán debe ser hecha con seriedad. Uno debe leerlo con su mejor voz y estilo. Dios ordenó al Profeta «venerar al Señor» y «transmitir el Corán» (27:91-92) y le aconsejó: «recita el Corán pausada y claramente, con tu mente atenta a su significado». (73:4). El Profeta ordenó que el Corán fuera recitado de una forma bella, y escogía a los Compañeros que podían recitarlo bien para que lo hicieran, y luego les escuchaba. Tras haber pedido a Abdullah ibn Masud que recitara el Corán por él, el Profeta se deshizo en lágrimas después de que los versículos fueran leídos. (Fadail al-Quran). El Profeta aconsejó que fuera recitado de una forma triste, ya que había sido revelado con dolor. Él alabó las recitaciones del Corán que incrementaban los sentimientos de temor y respeto hacia Dios. (Mayma al-Zawa'id, 7, 170). El Profeta amaba leer el Corán hasta tal punto que cuando acababa de leerlo, volvía al principio y comenzaba a leerlo de nuevo. Él señaló que «la más virtuosa de las buenas acciones» es leer el Corán sin hacer pausas. Comparando este hecho con el comportamiento de un nómada, el Profeta dijo: «El amigo del Corán va desde su principio hasta su final y desde su final hasta su principio; cuando se detiene (al haberlo leído entero) continúa hacia delante (comenzando de nuevo a leerlo)». (Darimi, Fadail al-Quran, 33). Cuando el Corán ha sido recitado de principio a fin, es como si el viaje del Corán en el universo terminara; cuando comenzamos a leerlo de nuevo con la Sura Al Fatiha se trata ya de un nuevo viaje en el que nos embarcamos en el mismo universo. El Profeta describe aquí tal situación utilizando las palabras «detenerse» y «continuar hacia delante». Ésta es la razón por la que algunas personas que acaban de leer el Libro desde el principio al final leen la Sura al Fatiha y los primeros cinco versículos de la Sura al Baqara antes de dejar el libro. De este modo, el Corán no es dejado con la intención de tomar una pausa tras haberlo leído, sino que, por el contrario, la persona que lee demuestra que ha hecho de la lectura del Corán un hábito. Existen muchas virtudes inherentes a la lectura completa del Corán. Desde el momento en que el Corán fue revelado, la gente comenzó a memorizarlo. Como resultado de esta práctica, que fue adoptada como una tradición en la sociedad islámica, el Corán se difundió en todos los ámbitos de la sociedad. Además de memorizar el Corán, leerlo de principio a fin es un acto virtuoso. El Profeta dijo: «Quien realiza su oración verá su petición aceptada. Quien lee el Corán desde el principio hasta el final verá también su petición aceptada». (Mayma al-Zawa'id, 7, 172). Al escuchar este hadiz, Anas ibn Malik, uno de los Compañeros del Profeta, reunió a su familia y rezó por ellos tras haber realizado una lectura completa del Corán. Cuando se lee el Corán de manera sincera, se revitalizan nuestra alma, nuestro corazón y nuestras emociones. Escuchar su recitación como si de la propia palabra del Profeta se tratase proporciona a uno una bendición eterna. Subiendo un grado más arriba podemos decir que escuchar la recitación, como si estuviera siendo realizada por el Arcángel Gabriel, hace que el alma alcance un estado de indescriptible felicidad. Y escuchar la recitación, como si procediera directamente de Dios, eleva a la persona al mundo empíreo. Es en busca de esta felicidad que la gente pasó sus vidas en el pasado y continúa pasando sus vidas en el presente dedicándose a la recitación del Corán. Ellos consiguen placeres indescriptibles al leerlo. |
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