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Las virtudes del Sagrado Corán
La devoción al Corán | La devoción al Corán |
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| escrito por Ayhan Tekines | |
| 03.05.2007 | |
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«Estudiad el Libro de Dios y vivid de acuerdo a sus principios». La primera obligación para cualquier persona que está familiarizada con el Corán es seguir y obedecer sus mandatos. El Corán es un libro universal cuya convocatoria no se halla limitada por el tiempo ni el espacio. El secreto y milagro de continuar siendo flamante y actual está implÃcito en el mismo. El Corán, al aconsejar una vida equilibrada y adoptar principios permanentes e ideales se ha convertido en la fuente a través de la cual todas las civilizaciones islámicas han alcanzado sus riquezas. Los rayos de luz que emite en todas las direcciones han iluminado el mundo. Con su pureza y claridad, el Corán surge como una fuente de agua fresca, que invita a todas las personas y sociedades a venir y beber de su verdad, justicia, orden y paz. Tras declarar que morirÃa pronto, el Profeta dijo: «Voy a dejar entre vosotros dos cosas de gran importancia: una es el Libro de Dios en el que existe una guÃa recta y su luz, asà que aferraos al Libro de Dios. La segunda son los miembros de mi familia; os recuerdo cuáles son vuestras obligaciones hacia los miembros de mi familia». (Muslim, Fadail al-Sahaba, 36-37) Al dejar el Corán como una guÃa para la humanidad y recomendar a su familia como lÃder e imán de los creyentes, el Profeta declaró que sus seguidores nunca se apartarÃan del camino recto mientras se adhirieran a estos dos. Según otro hadiz, él recomendó a sus seguidores que se adhirieran al «Corán y a su sunna» subrayando asà la similitud que existe entre su sunna y el papel social de su familia. Asà pues, son necesarios dos principios con el fin de conseguir que una sociedad no fracase. El primero de ellos es el Libro Sagrado, que proporcionará una orientación a los pensamientos de los miembros de la sociedad; un libro que contenga los principios que permiten el establecimiento de una sociedad unida, y que sea unánimemente aceptado por todos los estratos de la sociedad. El segundo es la familia del Profeta, que constituye un ejemplo para la sociedad por su recto comportamiento, y la sunna del Profeta, que contiene los principios en que basó su vida. La vida encuentra su auténtico significado en el Corán. La prosperidad en la vida es proporcional a la aceptación por parte de una persona del Sagrado Corán como su principio de vida. Aquellos que obedecen sus principios mejoran sus vidas en este mundo y se salvarán en el Más Allá. «Ciertamente, este Corán muestra el camino hacia lo que es más recto, y anuncia a los creyentes la buena nueva de que les aguarda una gran recompensa» (17:9). El hecho de que los primeros musulmanes conquistaran tierras a un ritmo sin precedentes y que establecieran una magnÃfica civilización fue llevado a cabo gracias al Corán. El Profeta indicó: «Dios enaltecerá a algunas sociedades con el Corán y abatirá a otras». (Ibn Maya, Muqaddima, 16). Como se ha declarado en el hadiz, aquellos que observaron los principios coránicos durante la edad de oro islámica fueron ensalzados, mientras que los que lo ignoraron fueron privados de la luz de la civilización traÃda por el Corán. Otras naciones pueden ascender con principios diferentes, pero en este hadiz se señala que el ascenso de los musulmanes está Ãntimamente relacionado con el Corán. Esto es verdad hoy en dÃa, como asà lo fue ayer. El Profeta ordenó a la gente que se adhiriera con fuerza al Corán en el futuro, cuando la agitación y las disensiones aparecieran. En la propia raÃz de la disensión está el desprecio a ciertas reglas aceptadas. Si la gente se pusiera de acuerdo en seguir los principios de un solo libro, serÃa fácil resolver sus problemas. Los pequeños conflictos no llevarÃan a una ruptura de la unidad y la cooperación; por el contrario, servirÃan para expandir la vida social. El acto de unirnos bajo la sombra protectora del Corán es la única forma de evitar todo mal. Cuando Juzayfa preguntó al Profeta cómo podrÃa evitar el mal que pudiera aparecer en el futuro, el Profeta dijo: «Estudiad el Libro de Dios y vivid conforme a sus principios» (Nasa’i, Sunan al-Kubra, 5, 18), demostrando asà que ésta es la única forma de prevenir futuros males. El conocimiento debe ser puesto en práctica. Un conocimiento que no se aplica es inútil. Existe muy poca diferencia entre poseer y no poseer un conocimiento, en caso de que tal conocimiento es inútil. El Profeta dijo que en el futuro, el conocimiento desaparecerÃa. Cuando un compañero le preguntó: «Leemos el Corán y lo enseñamos a nuestros hijos. Ellos lo enseñarán a sus hijos. Asà pues. ¿Desaparecerá el conocimiento?», el Profeta respondió: «Â¿Es que no lo veis? ¿Acaso los judÃos y los cristianos se hallan practicando la Torá (Taurat) y el Evangelio (Inyil) a pesar de leerlos?» (Ibn Maya, Fitan, 26). Asà pues, a menos que las enseñanzas del Corán sean observadas y practicadas, el conocimiento sobre el Libro pasará a ser obsoleto. En los hadices vemos los esfuerzos y la sinceridad que mostraban los Compañeros a la hora de enseñar el Corán. Ellos tenÃan plena consciencia de la necesidad de transmitir el Corán a las siguientes generaciones con el fin de proteger el conocimiento religioso. El acto de otorgar al Corán un lugar central en nuestras vidas y comportarnos conforme a sus enseñanzas no es un compromiso fácil de mantener. Sin embargo, no serÃa correcto distanciarnos del Corán porque pensemos que no podemos practicarlo de forma adecuada. Uno de los Compañeros manifestó en una ocasión que no memorizaba la Sura Al Baqara porque no podÃa ponerla en práctica del todo. El Profeta le dijo: «Estudia y enseña el Corán. El estado de la persona que aprende, lee y practica el Corán es como una caja llena de almizcle cuyo aroma se extiende por todas partes. El estado de la persona que ha aprendido el Corán, pero no lo lee ni practica, es como una caja llena de almizcle cuya tapa está fuertemente asegurada». (Tirmidi, Fadail al-Quran, 2). Esta analogÃa nos muestra que no es correcto ser negligente en lo que se refiere al aprendizaje del Corán por temor a no ser capaz de aplicarlo correctamente. |
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