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El Corán y el Mes de Ramadán PDF Imprimir E-Mail
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escrito por Ayhan Tekines   
03.05.2007

El sagrado mes de Ramadán, al mismo tiempo que el mes del ayuno, es el mes del Corán.

El Corán es tan valioso e importante que incrementa el valor de cualquier cosa que está asociada con el mismo. Ha incrementado el valor del tiempo y el espacio, ha honrado el papel en que está escrito y la tinta con la que se escribió; ha convertido en personas virtuosas a aquellos que lo leen y escuchan. La Noche del Destino y el mes de Ramadán, el mes en que fue revelado el Corán, obtienen su valor precisamente del Corán. El Ramadán es indudablemente el tiempo más precioso con respecto al Corán. El mes de Ramadán y la lectura del Corán están estrechamente vinculados. La razón del incremento de la cantidad de oraciones durante el Ramadán reside en la necesidad de leer el Corán. Así pues, el sagrado mes de Ramadán es el mes del Corán tanto como puede ser el mes del ayuno. Las revelaciones comenzaron y terminaron en el mes de Ramadán. Cuando se retiraba para rezar en los últimos diez días del Ramadán, el Profeta recitaba todo el Corán al unísono con el Arcángel Gabriel. Abu Juraira nos habla acerca del Profeta, de sus retiros espirituales y su recitación del Corán a continuación:

«Gabriel solía repetir la recitación del Corán con el Profeta una vez al año; él la repitió dos veces el año en que el Profeta murió. El Profeta solía retirarse para rezar diez días al año; el año en que murió pasó veinte días en su retiro espiritual». (Bujari, Fadail al-Quran, 7)

La lectura del Corán suaviza los corazones de aquellos que lo leen y hace que su misericordia hacia las demás personas se incremente. Éste es también el resultado de las acciones caritativas, como dar limosnas a los necesitados durante Ramadán. En los días en que el Profeta recitaba el Corán con el ángel Gabriel, el Mensajero era muy generoso y daba cualquier cosa que se le pedía. Ibn Abbas describe su estado de la manera siguiente:

«El Profeta fue el más generoso de todos los seres humanos. Él era aún más generoso cuando se encontraba con Gabriel en Ramadán. Gabriel se encontraba con él cada noche durante el Ramadán y le enseñaba el Corán. El Profeta fue más generoso que un viento bendito en lo que se refiere a las buenas acciones». (Bujari, Saum, 7)

 
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