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La educación religiosa del niño
La trascendencia de la lectura | La trascendencia de la lectura |
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| escrito por M. Fethullah Gülen | |
| 03.05.2007 | |
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Uno de los asuntos más importantes a la hora de educar a vuestros hijos es el que hace referencia a los libros y la lectura. Hay que ayudar a los niños a aprender a leer y escribir, señalando también que saber por qué se lee es tan importante como la propia lectura. Pensemos ahora en las siguientes cuestiones: «Â¿Qué es el conocimiento? » «Â¿Cuál es el propósito del conocimiento?» «Â¿Por qué la gente lee libros?» «Â¿Cuál es el objetivo que deseamos alcanzar al leer y comprender algo?» Si una persona aprende los complejos principios y las normas que rigen las matemáticas, pero ignora sus aplicaciones prácticas o nunca piensa en mejorar su conocimiento con nuevas teorÃas e hipótesis, entonces no podemos considerar que haya alcanzado su objetivo. Del mismo modo, si aprendemos los principios básicos de la medicina, pero no ponemos en práctica este conocimiento, ni siquiera mediante el examen clinico de un único paciente, es dudoso que podamos mejorar nuestro conocimiento, por no mencionar el hecho de que hemos desperdiciado nuestros esfuerzos. En resumen, el conocimiento en el que no encontramos nada que se refiera a otras personas o a nosotros mismos no resulta, obviamente, de utilidad para nadie. a) Leer y escribir Es un hecho aceptado que una de las principales prioridades que el Corán establece es la necesidad de aprender a leer y escribir. Sin embargo, me gustarÃa destacar que limitarse a colmar la memoria sin tratar de discernir cuál es el propósito divino no resulta, asimismo, recomendable. Debemos tomar a un niño de la mano, dejar que su alma disfrute con el Corán y despertar su interés por el Libro. De este modo, en el futuro, ese niño tratará de discernir lo que Dios nos pide. Desgraciadamente, pensamos que hemos hecho algo suficiente con sólo enseñar al niño a decir «Bismillah». De hecho, «Bismillah» es muy importante y consolida la fe. Sin embargo, y por otro lado, existe un tema más importante. Debemos enseñar el Propósito Divino —no importa la brevedad con que lo hagamos— , ya que éste debe ser aprendido por encima de cualquier otra cosa. En nuestra historia han acontecido varios perÃodos gloriosos. En cierto perÃodo hubo gobernadores, jueces y juristas en cada paÃs musulmán que sabÃan de memoria el Corán. Sin embargo, estas personas no conocÃan la esencia de lo que estaban estudiando, y más bien se limitaban a copiar a aquellos que les habÃan precedido al ser incapaces de escribir nuevos comentarios sobre temas cientÃficos o religiosos. CarecÃan de la capacidad para emitir juicios firmes y sensatos. Llegó un tiempo en el que personas de mentalidad cerrada, que se dejaban guiar por su insuficiente conocimiento del Islam, persistieron en cometer faltas al adoptar métodos y principios que contradicen nuestra religión. Naturalmente, estas personas no pudieron preservar la dignidad y honor del Islam. Sus esfuerzos perjudicaron, de hecho, a nuestra gente y nuestra religión. Su conocimiento no penetró en su interior ni guió a sus corazones. El versÃculo coránico «... y a quien Él extravÃa... Ésos son los perdedores» es explicado en un hadiz, narrado por Juzaifa bin al Yaman a Hafiz Abu Yala: «El Profeta dijo en una ocasión “Una de las cosas que me preocupan es que os suceda lo mismo que a algunas personas que solÃan leer el Corán tanto que reflejaban el brillo del Libro en su todo su comportamiento. El Islam se convertÃa asà en su ropaje, con el que se vestÃan hasta que llegara el momento determinado por Dios. Luego, de repente, —que Dios les proteja— se despojan de esta ropa y la abandonan. Ellos se aproximan entonces a sus hermanos blandiendo su espada y acusándoles de shirk (asociar algo o alguien a Dios). Judaifa preguntó: “¡Oh Mensajero de Dios! ¿Quién está más cerca del shirk, el que es acusado de shirk o el que acusa a otro de shirk?”. El Profeta respondió: “El que acusa a otro de shirk”». Incluso hoy en dÃa podemos encontrarnos con personas que ocupan cargos de importancia pero que viven en la más profunda ignorancia, que no conocen a Dios ni a su Mensajero. Sin embargo, los que no reflexionan sobre los miles de versÃculos y de pruebas que existen en el universo, los que son indiferentes a los hechos y acontecimientos que ocurren a su alrededor son absolutamente ignorantes, con independencia de los tÃtulos que posean. Dado que lo que nosotros reconocemos como «conocimiento» es el conocimiento que ilumina el mundo mental y espiritual de un individuo, los otros tipos de conocimiento son sólo cargas en nuestro cerebro. El primer precepto del Corán es Lee, en el nombre de tu Señor... Dios no dice «Lee el Corán»; tampoco dice «Lee lo que te ha sido revelado». El propio Corán explica el significado de la orden «Lee» y dirige nuestra atención hacia la creación diciendo Lee, en el nombre de tu Señor, Que ha creado (96:1). Aquà existe también una alusión hacia el reconocimiento de los signos de Dios dentro de la creación. ¡Lee, que tu Sustentador es el Más Generoso! Ha enseñado (al hombre) el uso de la pluma, enseñó al hombre lo que no sabÃa. (96:3-4). Como vemos, leer y escribir son mencionados sucesivamente. De este modo, los seres humanos leerán y escribirán. Sin embargo y sin importar todo aquello que lean, los musulmanes leerán con el fin de conocer sus facultades más Ãntimas, comprender la esencia del Corán y sentir el poder divino que se halla detrás de la creación y de las leyes del universo. De vez en cuando, analizarán su propia fisiologÃa y anatomÃa; en otras ocasiones observarán la creación. Finalmente, transmitirán el resultado espiritual de su reflexión a otros, comenzando por su propia familia. Los versÃculos siguientes sugieren que la orden «Lee» no se refiere sencillamente a los versÃculos del Corán. Al ordenarnos leer, el Corán nos aconseja que leamos las órdenes divinas, que comprendamos el propósito de la creación y que descubramos las leyes del universo. Asà pues, se supone que cuando leemos, reflejamos al mismo tiempo sobre la creación de los seres humanos las leyes del universo y la Revelación en el nombre de Dios. El Corán plantea la cuestión de «Â¿Cómo fuimos creados?» al mencionar la creación. Poco después, el Corán dirige nuestros pensamientos hacia el misterio de la creación al decir que fuimos creados de un «alaq» (célula embrionaria), que es descrita como una gota de agua en otro versÃculo. Dios, quien nos ordena leer el libro del universo junto con el Corán, exhibe a los seres humanos una lección tal que todo el mundo —desde la persona más humilde con el nivel más bajo de discernimiento hasta el pensador más cualificado— podrá aprender, hasta lo que su capacidad intelectual permita. El Corán también menciona «la pluma», que hace referencia implÃcitamente a la escritura: «Nun. ¡Por la pluma y todo lo que (con ella) escriben!» (68:21). Tras la letra inicial (muqatta’a), Dios comienza la sura jurando por la pluma, y poniendo claramente el énfasis en la escritura. Esta pluma puede ser la pluma de los ángeles que registran nuestros actos, la pluma que ha escrito nuestros destinos o la pluma que usas en la escuela o en cualquier otra parte; eso no supone ninguna diferencia. Es la persona que utiliza la pluma la que marca la diferencia, y el juramento de Dios bajo la pluma incluye todo lo que hemos mencionado. b) El conocimiento lleva al respeto reverencial hacia Dios En otro versÃculo, se declara que De todos Sus siervos, sólo quienes están dotados de conocimiento temen (realmente) a Dios (35:28). Ciertamente, sólo los instruidos sienten un auténtico respeto hacia Dios, ya que el sentido del respeto hacia la divinidad depende del conocimiento. Los que no conocen a Dios e ignoran el misterio de la divinidad carecen obviamente del debido temor y respeto. Partiendo desde este punto de vista, si queremos educar bien a nuestros hijos, una de las cosas más importantes que tenemos que hacer es inculcar en ellos una firme creencia. Los niños deben ser también informados, en la medida de lo posible, acerca de las pruebas de la existencia de Dios Todopoderoso. En algunas ocasiones, tales pruebas podrÃan servir para eliminar tus dudas, pero las mismas pueden ser difÃciles de comprender por un niño. Si éste es el caso, entonces hay que intentarlo por medio de otras aproximaciones. Otro punto importante es conquistar sus corazones con el amor al Profeta (la paz y las bendiciones sean con él). Para lograr esto, necesitamos hablarles acerca de su vida. c) La eliminación de las dudas Hoy en dÃa tenemos que afrontar preguntas tales como «Â¿Quién ha creado el universo?» o —Que Dios nos perdone— «Â¿Quién ha creado a Dios?». El hecho de que estas cuestiones se hayan convertido en algo corriente indica que no se ha proporcionado a los niños una explicación satisfactoria acerca de Dios. La razón subyacente que se halla detrás de la pregunta «Â¿Por qué el Profeta tuvo más de una esposa?» es la misma. El niño que realiza estas preguntas no dispone de información correcta acerca del Mensajero de Dios. Del mismo modo, algunas personas hacen comentarios como: «El Mensajero de Dios fue un hombre muy inteligente. Los cambios que realizó fueron como resultado de su inteligencia». Obviamente, estas personas carecen de una formación religiosa y no comprenden el significado real del concepto de «Misión Profética». Además, si existe una desinformación que procede de la sociedad, esto empeora las cosas. Debemos alimentar el mundo espiritual de nuestros hijos con ideas sanas, de tal forma que en el futuro, tengan una creencia firme. Si lo que le dices a un niño resulta apropiado para su edad, entonces será algo convincente para él. De este modo, habrás eliminado cualquier posible duda que aparezca en su mente. En una ocasión los seguidores del Zoroastrismo (Religión de origen persa iniciada por Zoroastro a partir del MazdeÃsmo) le hicieron algunas preguntas a Abu Janifa y pidieron respuestas satisfactorias. Le dijeron a Abu Janifa que no creÃan en Dios en un perÃodo en el que tanto el progreso cientÃfico como el pensamiento islámico se hallaban en una fase crecimiento. HabÃa muchos seguidores del Zoroastrismo en Kufa, la ciudad en la que Abu Janifa vivÃa. Abu Janifa se lo explicó todo de una forma sencilla. «Si vierais un barco que se dirigiera con facilidad hacia la orilla en medio de un mar tempestuoso, manteniendo un rumbo fijo a pesar de las olas, ¿dudarÃais de que hay alguien a bordo maniobrándolo con destreza?». Ellos contestaron a coro: «No, no lo harÃamos». Entonces el gran Imán preguntó: «Asà pues, pensad en estas estrellas, este vasto Universo y la Tierra que mantiene un rumbo fijo en él. ¿Cómo podéis pensar que todo esto existe o sucede por sà solo?». Al oÃr esto, los seguidores del Zoroastrismo dijeron: «La ilaha il-la Al-lah; Muhammadan rasul ul-lah». Lo que Abu Janifa concibió aquà fue dar una explicación que se adecuaba al nivel de la gente a la que se estaba dirigiendo. Para algunos, esto puede parecer demasiado simplista, mientras que para otros puede ser suficiente. Con independencia de lo lógica que resulte una explicación, después de que se alcance una determinada edad, ya no será suficiente. Cuando ese momento llegue, necesitamos revestir nuestro argumento con ideas que requieren un pensamiento más profundo. Podemos suministrar varios ejemplos utilizando el universo, la biologÃa humana, etc. El cuerpo humano, sus mecanismos internos, sus células, sus sistemas, su anatomÃa y fisiologÃa han sido creados con un asombroso grado de perfección. En mi opinión, introducir estos ejemplos dentro de un marco cientÃfico nos ayudarán a todos a lograr el efecto deseado. Podemos también hablar acerca de las variadas caracterÃsticas del aire, el agua, la luz, las vitaminas, las proteÃnas, los carbohidratos, los microorganismos etc. En realidad, sólo la presentación diferirá; se trata meramente de la continuación de la misma lección. La forma en la que Bediüzzaman Said Nursi* habló acerca de Dios es un excelente ejemplo de lo que hemos dicho: «Cada pueblo debe tener a su lÃder local. Cada aguja debe tener su fabricante y su artesano. Y, como sabéis, cada letra tiene que estar escrita por alguien. ¿Cómo entonces un mundo tan extremadamente bien organizado no tendrÃa a alguien para regirlo? ». Preguntarnos cómo el universo, tan vasto y magnÃfico, podrÃa estar desatendido y cómo las cosas podrÃan ocurrir por sà solas es un buen método para hacer que el niño comience a pensar. Si consultamos las publicaciones disponibles sobre este tema, podemos obtener numerosos materiales útiles. Todo lo que necesitamos es plantear los temas adecuados para los jóvenes a los que nos estamos dirigiendo. |
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| Modificado el ( 03.05.2007 ) |
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