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La protección de la unidad familiar y el divorcio en el Islam PDF Imprimir E-Mail
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escrito por Dr. Ahmet Günes   
28.04.2007

Las estadísticas muestran que uno de los motivos principales en el Mundo de los crecientes casos de divorcio es la incapacidad de llevarse bien por parte de las parejas. Realmente es preocupante observar que esta razón se haga más común cada año que pasa. Según dichas estadísticas, el porcentaje de divorcios, sobre todo los primeros años después del matrimonio, es claramente alto. El motivo de ello probablemente es la tendencia de los recién casados a separarse antes de haber tenido realmente la oportunidad de conocer y entender la personalidad de su cónyuge. Estas parejas inmediatamente eligen lo que les parece más fácil. En esta etapa no piensan en las bellezas potenciales y las bendiciones de su vida de matrimonio futuro. No sería exagerado decir que es muy común encontrarse con casos en los que los recién casados hacen una montaña de un grano de arena por una nimiedad. Como motivo principal de estas discusiones se puede citar la falta de respeto mutuo en la pareja. Al final estas parejas pueden ser víctimas de la inexperiencia y la mala orientación.

La familia, una de las instituciones sociales más antiguas del mundo es, de hecho, un microcosmos de la vida social. Además de la prolongación de una línea de descendientes y ocuparse de la psicología y la seguridad social de los miembros de familia, la unidad familiar desempeña un papel importante en la transmisión de valores culturales a las futuras generaciones. Las innegables funciones de la familia en el establecimiento de la estructura social afectan hasta a la formación del estado.

Esta es la razón por la cual la Ley Islámica interpreta y dilucida el contrato de matrimonio, que determina detalladamente el marco social y legal de la vida en pareja de un hombre y de una mujer. Se mencionan muchas prescripciones y reglas organizativas relacionadas con este tema. Básicamente, la Ley Islámica considera el contrato de matrimonio tanto un procedimiento jurídico como un acuerdo, así como una forma de veneración.[147]Desde un enfoque natural de esta perspectiva, los asuntos concernientes al matrimonio y el divorcio pueden ser encontrados al final de algunos libros clásicos de la ley del Islam — fiqh— y secciones de algunas colecciones de hadiz sobre la devoción. Además, el hecho de que el matrimonio y el divorcio se consideren entre las leyes divinas —huquq’ullah— indica las dimensiones religiosas y sociales de la institución de matrimonio.

Se puede decir que en la ley Islámica el contrato de matrimonio se diferencia de otros contratos.[148]Ibn Arabi se refiere a otros contratos como «ukud u’l-amval» (contratos comerciales); mientras que él llama el contrato de matrimonio «ukud u’l-abdan» (contratos corpóreos).[149]Aunque en el Corán, desde el punto de vista de las características del delito, se califican igual lian (juramento condenatorio) y kazf (acusación de la deshonestidad sexual, distintos tratamientos de ambos en el código penal apoya esta opinión.

Como se sabe, el matrimonio es la unión de dos culturas diferentes. Ya que cada individuo aporta diferentes experiencias vitales a la unión, ocasionalmente pequeños argumentos entre las parejas casadas son casi inevitables. Así que no es ninguna coincidencia el hecho de que estas peleas ocurran durante los primeros años del matrimonio. Estas discusiones reflejan las diferencias en la educación que han recibido, el estatus educacional y los ambientes socioculturales de los individuos. Un antiguo refrán turco expresa esta verdad: «No hay ninguna chimenea que no ha visto el humo y ninguna pareja casada que no haya discutido».

Aparte de esto existen crisis de familia. La incompatibilidad intelectual, las carencias físicas, los problemas económicos, la desilusión sufrida por los individuos a la hora de descubrir que en realidad no existe la pareja perfecta que creían en un principio, el descubrimiento de faltas que fueron hábilmente escondidas antes del matrimonio y las oposiciones innecesarias son solamente algunos motivos por los qué la pareja casada no puede vivir en armonía. De hecho, como las experiencias vitales son tan variadas, es imposible determinar y colocar con anticipación todos estos motivos en una lista.[150]

Las estadísticas muestran que uno de los motivos principales en todo el Mundo en relación al número creciente de casos de divorcio es la incapacidad de llevarse bien por parte de las parejas. Realmente es preocupante observar que esta razón se haga más común cada año que pasa. Según dichas estadísticas, el porcentaje de divorcios, sobre todo los primeros años después del matrimonio, es claramente alto. El motivo de ello probablemente es la tendencia de los recién casados a separarse antes de haber tenido realmente la oportunidad de conocer y entender la personalidad de su cónyuge. Estas parejas inmediatamente eligen lo que les parece más fácil. En esta etapa no piensan en las bellezas potenciales y las bendiciones de su vida de matrimonio futuro. No sería exagerado decir que es muy común encontrarse con casos en los que los recién casados hacen una montaña de un grano de arena por una nimiedad. Como motivo principal de estas discusiones se puede citar la falta de respeto mutuo en la pareja. Al final estas parejas pueden ser víctimas de la inexperiencia y la mala orientación.

El divorcio es el final de una unión matrimonial que no alcanza su objetivo. Sin embargo, la mayoría de las veces, el divorcio no termina con la separación de la pareja. Ya que el divorcio provoca heridas que no son fácilmente curadas, es un acontecimiento que afecta en primer lugar al marido y su esposa, y luego, en un grado aún mayor, a los niños. El divorcio es un acontecimiento indeseable que afecta en particular a las familias implicadas y en general a toda la sociedad. Se sabe muy bien que hay una relación cercana entre la proporción del número de divorcios de una sociedad y sus enfermedades sociales, como por ejemplo los delitos juveniles y la drogadicción. Se conoce también que un gran porcentaje de los casi cien mil niños que viven en la calle hoy en día de Turquía proceden de familias rotas y tienen problemas con sus madrastras o padrastros. Así que, aunque el divorcio de vez en cuando proporcione la salvación y la paz, casi siempre causa problemas psicológicos y sociales.

Uno de los medios empleados por los sociólogos para medir la fortaleza de la familia es, sin ninguna duda, la proporción numérica de divorcios. Si un porcentaje alto de los matrimonios en cierta sociedad termina en divorcio o separación dentro de un período de tiempo corto, se puede concluir que la institución de la familia de dicha sociedad es débil, con fallos, ineficaz y enferma. No hay ningún beneficio por parte de la pareja ni por la sociedad en la prolongación de un matrimonio acabado, pero tampoco sería incorrecto decir que hay un desventaja en la estructura de una sociedad donde es muy elevado el porcentaje de casos de divorcio.[151]

Es por tal motivo que no existe ninguna sociedad que no se haya organizado en torno a la institución del matrimonio. En la actualidad, en muchos países en los que se toman en serio los principios fundamentales del gobierno social, se establecen medidas que procuran la protección de la familia por medio de leyes efectivas bajo la garantía constitucional. De hecho, el creciente fortalecimiento de la protección política de las familias no es sólo reflejada en la ley nacional, sino ahora también posee una perspectiva internacional.[152]

De todos modos, está claro que los problemas de familia no pueden ser remediados solamente con dichas leyes, ya que lo importante es la felicidad de dicha institución. La felicidad familiar es realmente un arte, y lo es porque ninguna regla o ningún libro pueden garantizarla. Esta es la razón por la cual la felicidad está relacionada con el mundo espiritual de la gente. Pero, desde luego, hay una dimensión ética en todas las relaciones humanas. Esta ética adjudica ciertas responsabilidades a la gente. La responsabilidad tampoco es unilateral, es recíproca. Cada uno es responsable de sus propias relaciones. Esta interpretación es la base de la fundación organizativa sobre la cual la vida social está basada.[153]Las reglas y las pautas que reflejan este entendimiento y que a su vez el comportamiento social debería cumplir son llamadas «normas sociales».[154]Es por eso que no sólo la legislación, sino también la religión, las enseñanzas morales, las costumbres y las tradiciones locales, así como las reglas del protocolo —todas las cuales conforman las normas sociales— entran en la categoría de ley.[155]

Durante las nupcias la gente piensa hasta en los más mínimos detalles del mobiliario, utensilios de cocina, las joyas, las ceremonias de compromiso y boda, y otras cosas por el estilo; ¿pero se piensa suficientemente acerca de la felicidad y la tranquilidad en el matrimonio? Es a partir de este punto de vista desde donde analizaremos en este artículo varios principios religiosos, morales y legales que tutelan la prevención de divorcios caprichosos y volubles, ya que dichos principios jurídicos se encuentran en el Corán, el Sunna y la Jurisprudencia Islámica.

I. La protección de la unidad familiar en el Corán

El Islam es un sistema de obligaciones que incluye la creencia, la devoción, la moralidad y los deberes legales como pilares de la misma institución establecida por la autoridad del precepto religioso. Por encima de todo, el Corán y su Mensajero, el profeta Muhammad, tratan de ayudar a la gente para que sean capaces de defenderse positivamente en el Día del Juicio Final, o sea, pretenden establecer el conocimiento acerca de la Vida en el Más Allá y la adhesión a las reglas morales. El código coránico de las leyes comienza por orden cronológico con la defensa de las conductas morales y sólo más tarde especifica los principios legales.[156]Sobre todo en la Ley Familiar Islámica, la creencia en Dios y la Vida en el Más Allá es la base sobre cual los valores religiosos y morales ganan importancia; y los decretos jurídicos son elaborados sobre estos dos niveles.

En el Corán, la vida familiar es considerada como una institución humana que debe ser manejada con entendimiento y madurez mutua. Sobre la vida familiar, como en muchos otros asuntos, el Corán aconseja la paciencia, la madurez moral, el comportamiento justo, la confianza en Dios y proceder con cautela ante Él (veáse Nisa, 4:3, 19, 128; Talaq, 65:1). Este es el motivo por el cual la intervención formal y legal en los particulares asuntos humanos del matrimonio, los cuales son diferentes que otros contratos, por lo general llega demasiado tarde. Lo importante no es solucionar el problema después de que se haya desarrollado, sino buscar la manera de evitar el problema desde el principio. Y esto es un asunto directamente relacionado con el nivel de madurez de las virtudes, tanto morales como humanas, de los individuos. Por consiguiente, la aproximación del Corán y la Suna a estos asuntos no se centra en los aspectos legales del acontecimiento sino en los individuos que se hayan involucrados en éste. Los juicios que tienen lugar con el Corán y la Sunna como referencias en el campo del derecho de la familia islámico no son solamente decretos legales, sino que constituyen y pretenden solidificar una base religiosa y moral.[157]

II. Las mujeres y la familia en el Corán

El versículo coránico «¡Vosotros que creéis! Es verdad que entre vuestras esposas e hijos hay enemigos para vosotros» (64:14) advierte que en tiempos y situaciones inesperados, el cónyuge y los hijos de una persona pueden provocarle que cometa un pecado y le dificultan su preparación en pos de la Vida en el Más Allá. En el Corán, se ofrecen como ejemplo de incredulidad a las mujeres del profeta Noé y el profeta Lot. Se menciona que las mujeres de estos profetas traicionan a sus maridos (66:10). Pero esta «traición» no se refiere al adulterio, sino más bien a una traición en la confianza entre ambos. Como se sabe, las mujeres del profeta Noé y el profeta Lot, en vez de mostrar las virtudes requeridas por su posición honorable, como creencia, obediencia y comportamiento ejemplar hacia sus maridos, dejaron de reconocer el valor de este honor y se inclinaron en pos de la blasfemia. De hecho, en vez de facilitar el éxito a sus maridos, los cuales luchaban para reformar la sociedad, se opusieron a ellos. Además, actuaron como espías participando en las intrigas de los enemigos de Dios. Debido a esto, conocieron la ira de Dios y merecieron ser recordadas como negativos ejemplos hasta el Día del Juicio Final.[158]

El siguiente versículo coránico ofrece a los creyentes una alternativa a estos ejemplos negativos, juzgando a dos mujeres dignas de elogio: la esposa del Faraón, Asiya, que fue martirizada con motivo de su creencia en el profeta Moisés, y la hija de Imran, la Virgen María, que se estremeció a exclamando: «¡Me refugio de ti en el Misericordioso!» (19:18) y «¡Señor Mío! ¿Cómo voy a tener un hijo si ningún hombre me ha tocado?» (3:47), cuando el Ángel Gabriel la informó que iba a dar a luz a un hijo (66:11). El profeta Muhammad también confirmó la superioridad de María y Asiya, y añadió a Jadiya, Fatima y Aisha a este grupo de mujeres benditas.[159]Es notable que el Corán destaque la castidad del profeta José (12:32) y la manera de caminar tímida y fantástica de la hija del profeta Suayb (Jethro) así como sus gestos hermosos (28:25). Además, el Corán llama la atención acerca de algunas intrigas de ciertas mujeres cuando define las artimañas y trampas del Diablo como débiles (4:76) y con la exclamación del profeta José: «Es cierto que vuestra astucia es enorme» (12:28). Lo que se trata en estos versículos es, por encima de todo, la creencia; sin embargo, podemos decir que también las cualidades de estas mujeres elogiadas por el Corán y el Profeta comunican mensajes importantes a las creyentes sobre la unidad de la familia. Está claro que siempre ha habido mujeres que hacen las vidas de sus maridos más miserables que los tormentos de la tumba, así como hombres que ejecutan en sus mujeres formas insondables de tortura. Los refranes siguientes, que no son específicos de la cultura turca, enfatizan el mismo punto: «Una mujer puede hacer que su marido alcance el éxito y también causarle su destrucción» y «Detrás de cada gran hombre siempre hay una gran mujer».

La continuidad de una sociedad depende de la perseverancia de las generaciones humanas. Particularmente, desde un punto de vista biológico y social, la familia es el medio principal para asegurarse la constancia en las generaciones que han de florecer. Es por tal motivo que el Corán alienta el matrimonio (4:3, 24; 24:32; 60:10). Según el Corán, el hogar construido sobre el matrimonio es también una fuente de «paz y tranquilidad» (16:80). El Corán describe en una Sura la paz y la tranquilidad que el profeta Adán encontró en Eva (7:189) y en otro, la paz y tranquilidad que toda la gente debería hallar en sus cónyuges. Describe ambos en términos similares como también declara que en el descubrimiento de esta paz y tranquilidad existe un signo para la gente que reflexiona. Es también significativo que en este versículo, la palabra «signo » aparece en dos ocasiones, una vez al principio y otra al final. (30:21)

Además, la familia es la cuna del amor y la compasión (30:21). Este ambiente íntimo es una institución sagrada, en el cual Dios concede niños, nietos y sustento legal (16:72). Los maridos y las mujeres también protegen su castidad mutuamente (2:187). En cuanto a mantener la familia recién establecida, las menciones del Corán conceden a los maridos y mujeres «una firme y sólida garantía» (4:19). Según Ibn Abbas y los comentarios coránicos de Muyahid, la firme garantía deseada es el contrato de matrimonio (nikah).[160]Dios da importancia a la protección de este contrato y advierte y aconseja acerca del mantenimiento de la unidad matrimonial.

El característico acercamiento dual del Corán a la mayor parte de los asuntos es en particular evidente en la ley islámica de la familia. En varios versículos, y a veces hasta en el mismo versículo, Dios se dirige tanto a los hombres como las mujeres y solicita que ambos actúen desinteresadamente por el mantenimiento de la unión.

III. Las responsabilidades del hombre según el Corán

En la Ley Islámica, como en muchos otros sistemas legales, el hombre es generalmente considerado el cabeza de familia. Los motivos psicológicos y sociales de ello pueden ser debatidos; sin embargo, en general, las mujeres son formadas en los hogares de sus maridos. Sin ser conscientes de ello, el discurso y el comportamiento de sus maridos hacen efecto en ellas. Debido a esto, y como cabeza de familia, dan al hombre más responsabilidad en el hogar. El Corán ordena a los hombres: «Tratadlas (a las mujeres) amablemente, ya que si os disgustan, tal vez os esté disgustando algo en lo que Dios ha ubicado mucho bien» (4:19). Según este versículo, un marido no debería divorciarse de su esposa sin haber algún motivo razonable. Al contrario, debe ser justo en cuanto a los asuntos más íntimos y al mantenimiento de su mujer además de hablar con delicadeza y consideración. Debe mostrar paciencia ante acontecimientos que pueden causar resentimiento y debería esperar la recompensa de Dios, ya que es posible que Dios les conceda muchas bendiciones en el futuro. La manifestación de tal bendición podría ser un niño recto y justo que es el fruto de la unión o una renovación de la amistad y el amor entre el marido y su mujer Por consiguiente, el Corán siempre anima a las parejas a no divorciarse y a tratar de llevarse bien, aunque se identificaran varios defectos morales o físicos en uno u otro cónyuge.[161]

El Corán reconoce una realidad acerca de la unidad familiar y menciona «una segunda fase». Dios elogia a las mujeres piadosas que obedecen a sus maridos y que protegen su castidad siempre que no estén sus maridos en casa. Inmediatamente a partir de entonces, menciona a las mujeres pendencieras que se rebelan contra sus maridos y aconseja a los maridos, en cuyas casas la carencia de armonía ha alcanzado a niveles extremos, hacer lo siguiente: «Aquellas cuya rebeldía temáis, amonestadlas, no os acostéis con ellas, pegadles ligeramente (sin humillarlas); pero si os obedecen, no busquéis ningún medio contra ellas» (4:34). Desde luego, esta autoridad otorgada al hombre no es por mero placer sino que es requerida debido a ciertas condiciones. La palabra «nushúz » en este versículo —que hace referencia al sentimiento de odio, la enemistad profundamente arraigada, su desobediencia así como la actitud obstinada y rebelde de una mujer hacia su marido— nos da alguna idea de la gravedad de la situación.[162]

El marido ante esta situación da a su esposa algunos amables consejos y ofrece sugerencias positivas y le recuerda sus responsabilidades como esposa. El hombre identifica la fuente del problema y busca soluciones a éste. El abandono de la cama —auto-abstinencia en las relaciones sexuales— es el segundo paso. En cuanto al tercer paso, Ibn Arabi comenta: «Según mi opinión, el método depende del individuo. Para unos, ser convincentes en sus argumentos es suficiente; mientras que otros sólo enderezan la situación después de emplear un medio de castigo».[163]El Califa Ali consideró estos pasos como fundamentales y pidió la intervención de los jueces sólo cuando no tuvieran éxito al obtener los resultados deseados.[164]Es significativo que se les haya concedido esta autoridad a los maridos y que no se les permita a terceras personas o a los tribunales intervenir inmediatamente en asuntos de familia. El objetivo es permitir que las pequeñas ofensas dentro de la familia permanezcan en secreto, y no violar innecesariamente la privacidad familiar. También, la orden del versículo: «Pero, si os obedecen, no busquéis ningún medio contra ellos» en esencia amenaza a cualquier marido que no actúe según los principios de la justicia y la equidad con un castigo en el Más Allá.[165]Por encima de todo, el amor y el entendimiento mutuo son importantes para la integridad de la familia. Las alegrías y las penas son compartidas. De este modo, este último paso es requerido sólo en situaciones excepcionales y nunca se permite que el hombre lo ponga en práctica tan solo para sofocar su cólera. Si lo hace así, debe soportar eternamente las consecuencias de su injusticia, por haber transgredido los derechos de un servidor de Dios.

IV. Las responsabilidades de la mujer según el Corán

Antes que nada, las mujeres son las madres, las responsables de educar a sus hijos. La educación de los niños es una inversión de futuro. De este modo, las mujeres se asemejan a las vigas que sostienen una casa. Esta realidad es expresada en el siguiente refrán turco: «La hembra del pájaro construye el nido». Sin duda alguna, las mujeres deben hacer a veces sacrificios para mantener la unidad de su matrimonio. Las mujeres no deberían olvidar que deben ayudar y apoyar a sus maridos tanto en los días buenos como en los malos, en la enfermedad y en la salud, y por lo tanto, no deben adoptar el divorcio como primera opción en la resolución de problemas. En la sociedad turca, como en muchas otras sociedades, las mujeres divorciadas están expuestas a más peligros que los hombres divorciados.

El Corán requiere que aquellas mujeres que están viviendo algún problema con sus maridos actúen desinteresadamente para mantener la unidad de la familia. El Corán aconseja que las mujeres busquen maneras para seguir juntos, ordenando: «Y si una mujer teme que su marido incumpla el deber conyugal o la rehuya, no hay falta para ambos si llegan a un acuerdo de reconciliación. La reconciliación es lo mejor. La codicia está presente en las almas, pero si hacéis el bien y sois temerosos… es cierto que Dios conoce hasta lo más recóndito de lo que hacéis » (4:128). Sin embargo, la última oración de este versículo se dirige a los maridos y les advierte con cortesía acerca de asumir una postura irreconciliable.[166]Además, la gente tiene que darse cuenta de que la desobediencia de las mujeres a sus maridos es considerada uno de los mayores pecados.[167]

V. Las responsabilidades de las familias según el Corán

El Corán declara que el intento de mejorar las relaciones entre la gente es una buena acción (4:114). De hecho, considera solucionar los problemas surgidos entre los musulmanes como un deber social (49:10-8:1). Y en el campo de la ley de la familia, el Corán siempre aconseja a las parejas buscar la manera de llegar a un acuerdo y ser pacientes ante los acontecimientos que forman parte de la vida corriente. Siempre que surja la incompatibilidad extrema tanto por el hombre (4:128) como la mujer (4:34), el Corán espera de ambos miembros de la pareja que muestren algún signo de sacrificio. Si los dos se comportan mal y son incapaces de llevarse bien, y si esta incompatibilidad no se sabía en el inicio del matrimonio, el Corán adjudica la responsabilidad a los parientes cercanos de la pareja y a la sociedad. Ordena que personas justas y con experiencia de las familias de los cónyuges intervengan y hagan esfuerzos para reconciliar a la pareja intentando eliminar las causas de la incompatibilidad. Un versículo coránico relacionado con esta cuestión de los asuntos internos de la familia enfatiza el papel de «pacificador» en los miembros de la familia cercana: «Y si teméis una ruptura entre ambos, nombras un mediador de la familia de él y otro de la familia de ella. Y si ambos quieren reconciliarse, Dios propiciará su reconciliación » (4:35).

Según este versículo, si algún miembro de la pareja se queja ante un tribunal de la incompatibilidad que causa la violencia, el juez debe enviar a dos mediadores, uno por parte de la familia de la esposa y otro por parte de la familia del marido.[168]Estos mediadores, elegidos entre los miembros de las familias, deben tener buenas intenciones y han de hacer un esfuerzo concertado para prevenir el desmoronamiento de la familia. Como mediador, su deber es tratar de identificar los motivos más importantes de la discordia y la persona que lo causa. Recuerdan al marido y la esposa sus papeles respectivos y responsabilidades y aconsejan no deshacer el hogar que han formado, hablándoles de los posibles perjuicios que puede causar el divorcio.

Y si los niños están implicados, los mediadores advierten a la pareja detalladamente que el divorcio influirá negativamente en el futuro de los niños, que serán considerados «extraños» en su comunidad, y que ellos mismos habrán hecho llegar al corazón de su hogar las habladurías acerca de sus familias. Les comunican a la pareja que a la luz de los versículos coránicos y los hadices, el divorcio, sin ningún motivo razonable, no puede ser visto positivamente ni en el sentido moral ni en el religioso, en esta vida ni en el Más Allá. Si el conflicto no es provocado por nada serio, le recuerdan a la pareja que esta clases de rencillas son parte de la vida, algo temporal, y que un día, quizá sean buenos recuerdos agridulces para ellos.

Esta táctica de emplear a mediadores que pertenezcan a la familia de los cónyuges sólo pertenece al Islam. Desde luego que conocerán mejor la personalidad y el carácter del marido y de la esposa además de los aspectos ocultos de su angustia matrimonial. Como son parientes, procederán también más con intimidad y más compasivamente que otras terceras personas, y adjudicarán una mayor importancia a la reconciliación de la pareja casada. Además, el marido y la esposa prestarán atención con mayor probabilidad el consejo de aquellos que son sus parientes. Finalmente, estos mediadores respetarán el hecho de que este es un asunto privado de la familia y no permitirán que las habladurías se extiendan o perjudiquen a las familias.[169]El Islam adjudica tanta importancia a la intimidad de la familia que en un hadiz se narra que, aquellos que traicionan los secretos de la familia son mencionados como «la gente más perversa en el Día del Juicio Final».[170]

VI. Algunas características de la ley sobre el divorcio en el Islam

En general, los versículos coránicos que contienen leyes son sucintos; sin embargo, si se trata de leyes acerca de la herencia y la familia, el Corán contiene decretos detallados. Por lo tanto, hay más de cien versículos en el Corán que versan sobre la ley familiar y de las mujeres. Un número significativo de estos versículos se ocupan del matrimonio y el final de éste. En el Corán son mencionados cuatro tipos de divorcios que eran populares y estaban ampliamente practicados durante la época del paganismo árabe —antes de la llegada del Islam—: lian, ila, zihar y talaq. El versículo coránico sobre lian, que se refiere al hecho de que un marido maldiga a su esposa cuando tiene noticias de que ésta ha cometido el adulterio, muestra que aunque lian implique el mismo delito que kazf, concretamente adulterio, es considerado diferente desde un punto de vista legal. Como se ha declarado anteriormente, una acusación de adulterio por parte de un marido y la misma acusación realizada por otra persona —kazf— son abordadas de manera diferente en la ley Islámica, y un castigo distinto es dictado en consecuencia. El decreto coránico sobre ila reforma la costumbre pre-islámica árabe; mientras que el de zihar completamente abolió la costumbre de aquella comunidad y su tiempo. Todos estos decretos nos clarifican aún más la doctrina general del Corán acerca del divorcio.

El Corán castiga con severidad cualquier acusación falsa sobre la castidad y el honor de los maridos y las esposas. En contraste con otros procedimientos jurídicos, se requieren cuatro testigos oculares para probar el delito del adulterio. En aquellas circunstancias en las que no pueda ser probado de esta manera, obligan a los testigos presenciales a permanecer en silencio para siempre, aunque hubiese sido consumado en realidad. Si ellos no guardan silencio, serán culpables de la difamación, y se les aplica un determinado castigo, porque la revelación de un acto de adulterio tiene efectos más negativos sobre la sociedad que el mismo acto de adulterio. Estos asuntos sobre las acusaciones de adulterio (kazf), que son mencionados en el Corán, constituyen una ley general. Sin embargo, a diferencia de esta ley general, si un esposo atestigua que su propia esposa cometió adulterio, su caso es evaluado de manera diferente. Si se le aplicara la misma ley al marido que a los otros testigos, sería injusto para él y amenazaría la unidad de la familia. En consecuencia, un versículo coránico especifica que los maridos que han acusado a sus mujeres de haber cometido adulterio, pero que no pueden demostrarlo con cuatro testigos, y los que insisten en su acusación aunque sus mujeres lo nieguen, pueden pedir el divorcio en el tribunal. Pero estos maridos no serán castigados por difamación. En estos dos decretos diferentes, los elementos del delito son de la misma índole. Sin embargo, cuando se trata de aplicar una condena legal, existen diferencias entre el marido y las personas ajenas al círculo familiar.[171]

El sentido literal de la palabra ila es jurar. Sin embargo, cuando se emplea como término en la Ley Islámica expresa el juramento de un marido diciendo que no se acercará a su esposa durante cuatro meses. Según una costumbre árabe pre-islámica, ila podría durar indefinidamente y era un decreto paralelo al divorcio. El Corán limita esta práctica a cuatro meses (2:226). Por eso, la Ley Islámica considera ila como un divorcio pospuesto —talaq-i muayyal—.[172]Zihar era otro tipo común de divorcio entre los árabes paganos (pre-islámicos). En la terminología de la Ley Islámica hace referencia al hecho de que el hombre compare a su esposa con una mujer de su misma familia con la cual está prohibido canónicamente casarse con ella.

En cuanto a zihar, un acontecimiento originado a raíz del golpe de un hombre y al cual se hace mención en los dos primeros versículos de la Sura al-Mujadila, éste contiene un mensaje importante sobre el mantenimiento de la unidad familiar. Según un relato, Aws bin Samit, el marido de Jawla binti Salaba se hace mayor y demasiado sensible. Un día, durante una discusión con su esposa, se enfadó mucho y gritó: «Tú eres para mí como la espalda de mi madre». Pero enseguida se lamentó por haberlo dicho. Llamó a su esposa. Sin embargo, su esposa se comportó con cautela y le dijo que contara al Mensajero de Dios lo que pasó. Él contestó que le daba vergüenza decírselo y que no podría pronunciar palabra. «Entonces voy yo misma a contárselo» dijo la mujer y fue a la casa bendita del Profeta y se inclinó ante él. Con lágrimas en sus ojos, comenzó a quejarse y contarle al Profeta lo que había pasado y todas las maldades que su marido le había hecho. El Profeta la interrumpió y trató de disminuir su cólera diciendo: «¡Oh Jawla!, tu marido además de ser el hijo de tu tío es una persona mayor. ¡Sé prudente ante Dios!». Pero, Jawla siguió contando a gritos: «¡Oh Mensajero de Dios!, cuando Aws se casó conmigo yo era joven. Me hice más vieja después de otorgarle muchos hijos. Pero ahora, me ha comparado con su madre y me ha abandonado». En efecto, según la costumbre árabe anterior al Islam, cuando un hombre le dirigiese estas palabras a su esposa, esto significaba el divorcio de inmediato; entonces su esposa se hacía ilícita para él, y no se le permitía casarse con ella de nuevo. Sin embargo, en el Islam, tal caso ocurría por primera vez. De ahí que el Mensajero de Dios, empleando como base la costumbre local y las tradiciones establecidas en la sociedad árabe de aquel entonces, decretara: «No he recibido ningún mandamiento divino sobre este asunto. Según mi opinión, has pasado a ser ilícita para él». Jawla le pidió permiso para seguir con su marido diciendo: «Por el amor de Dios, él no mencionó el divorcio». El Profeta repitió su orden: «Has pasado a ser ilícita para él». La mujer repitió su petición; pero, cuando vio que no conseguía nada, se dirigió a Dios. Allí en la casa bendita del Profeta, miró fijamente con ojos llorosos al cielo, y exclamó: «¡Oh Dios mío!, te presento el dolor que sufriré seguramente después de esta separación difícil y de la soledad extrema. Tengo hijos pequeños. Si los dejo con mi marido, fallecerán. Si los llevo conmigo, pasarán hambre a la muerte. ¡Oh Señor mío!, te presento mi situación. ¡Oh Dios mío!, envíale una revelación al Profeta». Antes de que Jawla abandonara la casa bendita del Profeta, se revelaron algunos versículos coránicos. Después de recibir este mensaje divino, el Profeta exclamó: «Jawla, estas son buenas nuevas» y recitó los versículos recién revelados[173]: «Dios ha escuchado las palabras de la que recurrió a ti para defenderse de su esposo y en su queja suplicaba a Dios; y Dios escuchaba vuestra discusión. Realmente Dios es Quien oye y Quien ve. Aquellos de vosotros que repudien a sus mujeres (diciéndoles: tú eres para mí como la espalda de mi madre…) Nadie más que las que los parieron pueden ser sus madres. Y de verdad lo que dicen es digno de repulsa y es una falsedad. Es cierto que Dios es Indulgente, Perdonador» (58:1-2). De este modo, el Corán hace obsoleto zihar, la forma más cruel de rechazo practicado durante la época del paganismo árabe antes del Islam, meras palabras feas e infundadas. Esta costumbre pre-islámica es abolida por estos versículos; además, pronunciar tales palabras se consideraba un pecado que debe ser expiado, y se declaró temporalmente ilegal (muvaqqat haram).

Según el Corán, un hombre tiene derecho a divorciarse tres veces de su mujer, con quien ha contraído sagrados votos matrimoniales. En cuanto a esto, Dios limitó las repeticiones interminables de divorcio de la época del paganismo árabe a tres. El versículo coránico, «El divorcio se puede pronunciar dos veces» (2:229), expresa que no se pueden acabar con los procedimientos del divorcio en sólo una sesión.[174]Los eruditos de la Ley Islámica, basándose en los libros y la Sunna, no vacilan en verificar la prohibición de los divorcios inmediatos, en los cuales se repudia en dos o tres ocasiones pronunciándolo en voz alta inmediatamente. De hecho, declaran que sus predecesores estuvieron de acuerdo unánimemente sobre este asunto.[175]Por ende, la Ley Islámica considera un procedimiento de divorcio que dura tres meses —es decir un rechazo al mes— apropiado (hasan), y una duración de nueve meses —repudiar cada tres meses— mucho más apropiado (ahsan). Además, durante este período de tiempo, los cónyuges no deben tener ninguna relación (sexual); si los procedimientos del divorcio no se ajustan a los objetivos y los periodos de tiempo establecidos según la Ley Islámica son decretados injustos y crueles (bida). De hecho, el versículo coránico que declara ilícito el hecho de divorciarse durante la menstruación o los primeros cuarenta días después del parto ilegal (Talaq, 65:1) también indica un marco temporal limitado para el divorcio.

El Islam reconoce el derecho de un marido, aunque éste haya rechazado a su esposa un par de veces, de volver con ella (riy’at) durante «el período de arrepentimiento» después del primer o segundo rechazo. Según la narración de Ibn Taymiyya, Ahmed b. Hanbal lo confirmó declarando: «Lo examiné con cuidado. Todos los versículos coránicos sobre el divorcio se refieren al rechazo que se puede invertir».[176]

El Corán también ordena: «Sus esposos tienen más derecho a volver con ellas dentro de este plazo, si quieren rectificar» (2:228). De hecho, el Corán les exige a los parientes no poner dificultades a los maridos que desean volver a sus mujeres después de que pasar el período de espera (de aproximadamente tres meses) (2:232). Permanecer en la casa de su marido durante este período de espera es tanto el derecho como la responsabilidad de la mujer divorciada. Además, como así lo era durante la época del paganismo árabe, se puede reestablecer la unidad familiar durante el período de espera, ya sea mediante el anuncio del marido que volverá con su esposa como por las acciones que muestren su vuelta. Si el primer o segundo rechazo ha causado el divorcio definitivo, la decisión sobre la continuación del matrimonio está basada en la declaración de intenciones de la esposa. Aquí el motivo es prevenir el maltrato de la esposa, ya que ella también es libre de continuar o terminar con el matrimonio. Si la mujer, por su propia voluntad, demuestra el deseo de continuar el matrimonio, la pareja debe convenir en una nueva asignación para el mantenimiento (mahr) y firmar un nuevo contrato de matrimonio (nikah).[177]En resumen, la capacidad de reestablecer la unidad familiar después de uno o dos divorcios quizás es el aspecto más privilegiado de la ley de divorcio islámica.

Si, después de la realización de estos pasos, no hay ningún resultado positivo, y la separación es la única solución viable, entonces el Islam no condena a los cónyuges, encerrándolos en una casa sin salidas. El hecho de que una pareja haya experimentado tres divorcios separados se considera suficiente para probar que su matrimonio no se puede mantener sin que haya un cambio significativo en las condiciones de vida.[178]Según esto, el divorcio es la única solución ante la discordia matrimonial que ha pasado a ser permanente. Porque no son nada lógicos los intentos repetidos de mantener una unidad de familia discordante les impiden tanto al hombre como a la mujer la posibilidad de volver a casarse e instituir una unidad de familia mejor. En otras palabras, considerar a los cónyuges de un matrimonio en el que están en realidad separados el uno del otro, como una unidad legal no es beneficioso para la sociedad, al contrario, es peligroso. El jurista y pensador alemán Kohler declara con razón: «La vida matrimonial de las parejas que no pueden llevarse bien no es sólo una fuente de sufrimiento y tortura, sino que también establece un obstáculo para la maduración espiritual y puede hacer descender a la gente con grandes aptitudes a los niveles mas bajos».[179]Esta es la razón por la cual el divorcio, en algunos casos, se puede describir como una forma de la «misericordia».[180]Sin embargo, hay que destacar una cosa; la «clemencia» no se refiere al divorcio en general, sino más bien a los casos especiales de divorcio.

Dios «consuela» a las parejas que a pesar de todos los esfuerzos no pudieron evitar las tormentas desatadas en el seno de su hogar, animándoles a aceptar las consecuencias del divorcio y no ser víctimas del pesimismo diciendo:[181]«Y Dios preparará una salida para los que le teman y les asegura el sustento por un medio que nunca podrían imaginarse; y para los que confían en Él, Dios es suficiente» (65:2-3). Y asimismo: «Si las parejas se divorcian y se separan, Dios compensará a cada uno con Su Abundancia: ya que Dios es Generoso, Sabio» (4:130).

Otro decreto adicional a los anteriores en el Corán es lo siguiente: «Si un hombre divorcia de su esposa (por tercera vez), no es lícito para él volver a casarse con ella hasta que se case con otro hombre». (2:230) es decir, no se le permite a un hombre volver a casarse con la misma mujer sin cumplir dos condiciones: debe existir el consentimiento de la mujer y ella debe haberse casado y divorciado de otro hombre. De este modo, este versículo enfatiza que el divorcio no es un acto irreversible y alude a la inclinación de la gente a verse atrapada en los celos.

En el Corán, los decretos relacionados con el divorcio son más tarde definidos como leyes de Dios y se les ordena a los humanos no quebrantar estas leyes ni sobrepasar sus límites. La gente que actúa en contra de estas leyes es descrita como injusta y cruel (Ver 2:229; 65:1). La inclusión de las palabras tales como «maruf» (aquello que es aprobado según la ley canónica islámica), «ihsan» (virtud, obrar de la mejor de las maneras), y «yemil» (digno de elogio, admirable) en los versículos coránicos sobre el divorcio indica que los procedimientos de divorcio deberían ser realizados de una manera civilizada, evitando los pugnas verbales, la exposición de las faltas de cada uno en la pareja y las difamaciones (Ver 2:229, 231; 33:28, 49; 65:2). Además, después del divorcio, se le debe dar a la ex-esposa una cantidad de dinero (mut’a) aparte del mahr y la nafaqa. Este hecho se puede considerar como un gesto de buena voluntad para remediar las heridas causadas a la mujer por el divorcio.

VII. La protección de la unidad familiar según los hadices

El profeta Muhammad llamó la atención al alma femenina y a la psicología de la mujer en el empleo de algunos símbolos. Una vez, en un viaje, mientras le recordaba a Anjasha, el responsable de los camellos, que los condujera despacio y de manera agradable, señaló la delicada naturaleza de las mujeres y la necesidad de tratarlas comedidamente comparando a las mujeres puras con frágiles bolas de cristal.[182]También decretó: «La mujer fue creada de la costilla. Ella no puede proceder en una línea absolutamente recta que te complacerá. Si quieres, puedes aprovecharte de esta situación. Pero, si tratas de enderezarla completamente para satisfacer tus deseos, la romperás. Y romperla significa el divorcio ».[183]Desde luego, la creación de la mujer de una costilla, que se menciona en este hadiz, no es una información anatómica. Más bien, es una expresión figurativa que describe cómo una mujer permanecería imperfecta, dejándola sola consigo misma, y cómo se puede llegar al divorcio con algunos intentos desmedidos para corregirla. El hecho de que empiece con «Advertirles aquello que es bueno a vuestras mujeres» y acabe con «Romperla significa el divorcio» indican que lo más importante de dicho decreto es la mejora de la educación y las asuntos de índole domestica.[184]

El Profeta puso énfasis en la santidad del matrimonio diciendo: «Ser prudentes ante Dios respecto a los derechos de las mujeres. Dios las ha confiado a vosotros. Habéis ganado el derecho de vivir junto a ellas (tan sólo) por la orden de Dios y Su permiso».[185]En general, les aconsejó a los hombres: «Lo que es bueno para vosotros es tratar con amabilidad a vuestras mujeres».[186]Como llevarse bien requiere de principios tales como ser tolerante, no buscar defectos y mostrar agradecimiento por los buenos actos, él advirtió: «Que ningún hombre guarde rencor a su esposa. Aunque encuentre en ella costumbres que no le gusten, también tendrá costumbres que lo complazcan».[187]El Mensajero de Dios llamó la atención especialmente a los huérfanos y las mujeres, con la siguiente declaración: «¡Oh Dios mío! Yo considero un pecado el hecho de despreciar los derechos de dos grupos débiles, o sea los huérfanos y las mujeres».[188]

En los hadices se elogia a la mujer que es «amable, cariñosa y da a luz a muchos hijos»[189]y que «hace feliz a su marido cuando éste la mira, obedece sus ordenes y protege su castidad cuando éste se encuentra lejos».[190]El Profeta revela el principio de felicidad del matrimonio diciendo: «Se casa con una mujer por cuatro motivos: su riqueza, su familia, su belleza y su religiosidad. Elige aquella de profunda devoción y religiosidad a Dios para que tu vida sea fecunda y bendita».[191]Mientras el Profeta declaró «una mujer piadosa»[192]como la mejor de las bendiciones del mundo, una mujer piadosa es descrita en el Corán como obediente y virtuosa.

En los hadices, se trata con detalle el asunto de la lealtad y la obediencia de una mujer hacia su marido. El Profeta una vez dijo: «Si fuera lícito para un ser humano postrarse en devoción ante otro humano, les ordenaría a las mujeres que se postraran ante sus maridos».[193]Según otra versión de este hadiz, el Profeta añadió: «Juro por Dios, quien tiene la vida de Muhammad en Sus manos, que una mujer que no respeta los derechos de su marido, no se la considera haber cumplido con los derechos de Dios».[194]También dio las buenas nuevas de que aquella mujer, con la cual esté complacido su marido, en el momento que muera ingresará en el Paraíso.[195]

El Profeta también mencionó algunos malos hábitos que llevan a una persona al infierno. Entre estas costumbres incorrectas están la ingratitud de una mujer hacia su marido, el hecho de que le maldiga e insulte, y no apreciar los favores que él hace. De hecho, él abiertamente criticó esta ignorancia fingida de la bondad con las siguientes palabras: «Si tratas muy bien a una de tus mujeres durante toda su vida, y después, un día haces algo nimio que no le gustara, ella diría que no vio ninguna bondad de ti».[196]El Profeta les aconseja a las mujeres dar limosnas —sadaqa— y pedir perdón a Dios para expiar sus pecados causados por tales costumbres negativas.[197]

Se menciona algunos acontecimientos relacionados con el hogar del Profeta en el Corán. Uno de ellos es el asunto de ila. Según la narración, algunas de las mujeres expresaron, de manera paralela a los cambios de la época, su deseo de una vida más cómoda. Cuando el Profeta se enteró de ello, se sintió ofendido y se retiró en soledad durante un mes. Compartió sólo una frase sobre este asunto con Abu Bakr y Omar: «Ellas piden cosas que yo no puedo darles».[198]En poco tiempo, un versículo coránico relacionado con este asunto fue revelado: «¡Profeta! Di a tus mujeres: “Si queréis la vida del mundo y sus apariencias, venid que os dé algún provecho y os deje ir con toda delicadeza. Pero si queréis a Dios y a Su Mensajero y la morada del Más Allá, entonces es cierto que Dios ha preparado para aquellas de vosotras que actúen con rectitud una inmensa recompensa”» (33:28-29); por lo tanto, este versículo demuestra claramente cómo fue el Profeta informado por Dios Mismo de que sus mujeres eran libres de decidir si irse o quedarse (33:28). Otro versículo también expresa con diplomacia que habrá mujeres más piadosas (66:5).

Justo después de recibir el versículo coránico, el Profeta cumplió con la orden empezando con Aisha. La informó que era libre de elegir la vida mundana o la morada del Más Allá y también le aconsejó que no decidiera rápidamente y consultara primero a sus padres. Pero, Aisha no tardó en responderle: «¿Qué es lo que podría consultar a mis padres acerca de esto? Juro que elijo a Dios, a Su Mensajero y la vida en el Más Allá». La respuesta del resto de mujeres no fue diferente. Todas respondieron de la misma manera y aprobaron con éxito esta prueba relativa a su libre albedrío. Esto fue así debido a que ellas sabían que una vida separada del Mensajero de Dios sería una calamidad peor que la muerte. Al final de este acontecimiento famoso, vemos que el Profeta quedó muy satisfecho por la elección de sus mujeres.[199]

En otro versículo coránico, se le concede al Profeta el derecho a elegir entre divorciarse de sus mujeres o quedarse con ellas. El Mensajero de Dios también decide no divorciarse de ellas. Al ver que ambas partes han decidido no divorciarse, Dios, que Su Nombre sea exaltado, decreta: «Esto es más conveniente para que sus ojos se refresquen (se consuelen) y no se entristezcan, estén satisfechas con lo que les des. Dios conoce lo que hay en vuestros corazones. Dios es Conocedor, Indulgente» (33:51-52). De ahí que ambas partes fueran elogiadas por la manera con la que fue solucionado el acontecimiento; y estas mujeres, conocidas como las madres de todos los creyentes, recibieron los elogios de Dios. La siguiente reprimenda también nos ayuda a entender la sensibilidad del Profeta en consentir a sus mujeres y tratar de complacerlas: «¡Profeta! ¿Por qué te prohíbes lo que Dios ha hecho lícito para ti, buscando el agrado de tus esposas? Dios es Perdonador, Compasivo». (66:1)

También, como se aprecia en dos acontecimientos relacionados con la vida familiar del Profeta, no existía sacrificio alguno que Sevda, al sentir que el Profeta pensaba divorciarse de ella, no realizaría para obtener el honor de ser su esposa en el Más Allá.[200]El hecho de que el Ángel Gabriel le recuerde al Profeta la piedad y la devoción de Hafsa diciendo que «Ella será tu esposa en el Paraíso»[201], nos revela la naturaleza eterna del contrato de matrimonio, que es un sagrado enlace no ligado a esta vida.

En realidad, no se puede decir que el Profeta pasará mucho tiempo con sus mujeres durante los intensos períodos en los cuales recibía el Mensaje de Dios. Sus mujeres estaban contentas con sus bienes mundanos y con un pequeño cuarto compartido por todas. Incluso sin estos bienes, estas mujeres afortunadas eran felices y vivían en paz, porque en su vida familiar, el Profeta se había convertido en el amado de sus corazones, el maestro de sus mentes y el educador de sus almas. Asimismo, ellas eran diferentes de otras mujeres (33:32), porque residieron en la bendita casa del Profeta y estaban casadas con él.

Además de eso, con la excepción de sus matrimonios con Jadiya y Aisha, todos los matrimonios del Profeta fueron acontecimientos históricos resultantes de varias necesidades sociales. Sin embargo, es cierto que su misión no abstrajo completamente al Profeta de su identidad humana. Según mi opinión, los acontecimientos anteriormente mencionados deberían ser considerados de esta manera.

¿Cómo es considerado el divorcio en los hadices?

El número de hadices en los cuales el Profeta hace énfasis sobre el comportamiento amable de los maridos hacia sus mujeres, además de los deberes y las responsabilidades compartidas de las parejas, no se puede considerar como una cantidad insignificante. Un grupo de hadices que subraya el rechazo al divorcio en la medida de lo posible es especialmente digno de atención. En el siguiente hadiz, los decretos del Profeta nos recuerdan nuestra responsabilidad eterna sobre el divorcio: «De los actos lícitos que menos agradan a Dios el divorcio es el primero ».[202]«Si una mujer desea innecesariamente divorciarse de su marido, el olor del Paraíso se hará prohibido para ella».[203]«Las mujeres que desean divorciarse de sus maridos dándoles dinero o propiedad son hipócritas ».[204]«A Dios no le agradan los hombres que a menudo cambian sus esposas, ni las mujeres que a menudo realizan lo mismo con sus maridos por mero placer».[205]

Además, en otro hadiz, servir como catalizador para reconciliar a dos personas se considera como una forma alterna de limosna (sadaqa) y un crucial deber social.[206]En otro hadiz, en algunas situaciones excepcionales, se da el permiso de decir una mentira moderada. El hecho de que sea permitido mentir para arreglar las relaciones entre un marido y una esposa, indica la importancia del asunto.[207]El Profeta nos informó de las dimensiones espirituales y sociales del divorcio cuando decretó: «Casaos, pero no destrozar (las familias que habéis establecido) por el divorcio, ya que esto hace temblar el Trono Divino».[208]

El Corán menciona los grupos de intriga formados para separar a las parejas durante el tiempo del Profeta Salomón (2:102). El Profeta relata como ejemplo cómo afecta la manipulación psicológica la continuidad de la unidad familiar: «El Diablo establece su trono sobre el agua, y después envía su banda de rebeldes. El más importante (según el rango) entre ellos es el que causa más problemas. Un rebelde viene y dice: “Hice esto y aquello”. Pero, después de escuchar su historia, el Diablo contesta: “No realizaste nada” y desprecia sus hazañas. Al rato, viene otro rebelde y cuenta lo que hizo, presumido: “No dejé de perseguir a una pareja hasta romper su relación”. Al escuchar eso, el Diablo le sube el rango y lo aplaude por su habilidad, exclamando: “¡Qué fantástico eres!”».[209]

La actitud del Profeta hacia algunos casos de divorcio

Varias narraciones nos informan sobre los esfuerzos del Profeta como mediador, para mantener intactas las familias de algunos de sus Compañeros, cómo intervino en los divorcios, y cómo condenó los divorcios que eran contrarios a las reglas establecidas. Por ejemplo el matrimonio de Zayd y Zaynab; realmente, el Profeta era personalmente responsable del matrimonio de Zayd y Zaynab. A causa de su nobleza, Zaynab al principio no recibió bien la proposición del Profeta. Sin embargo, tampoco quiso ir en contra de sus deseos y al final, estuvo de acuerdo con la proposición. La insistencia del Profeta pretendía establecer un precedente legal para demostrar que en el verdadero Islam todas las personas son iguales, como los dientes de un peine, rompiendo la pagana costumbre árabe que considera el matrimonio de un hombre manumitido con una mujer noble como un hecho extraño. Pero el matrimonio es un asunto relacionado con el corazón, y sus corazones no iban a obedecer esta orden. Cuando finalmente se hizo claro que no eran capaces de seguir juntos, que sucedió aproximadamente un año después de que se hubiesen casado, Zayd fue a consultarle al Profeta sobre el divorcio.[210]Pero, el Profeta, que no quería ver destruida la familia, insistió en que no se divorciara de Zaynab; y su consejo se hizo eterno en el Corán: «Quédate con tu esposa y teme a Dios» (33:37).[211]Sin embargo, la Voluntad Divina fue manifestada de diferente manera.

Cuando Abu Ayyub fue a consultarle acerca de la posibilidad de divorciarse de su esposa, a pesar de que ella fuera una mujer piadosa,[212]el Profeta describió tal divorcio como una injusticia de la cual Abu Ayyub sería eternamente responsable. Y decretó: «Oh Abu Ayyub, divorciarse de Ummu Ayyub sería un pecado grave».[213]Otro acontecimiento es el siguiente. Barira era una mujer que había obtenido su libertad gracias a Aisha. Cuando fue liberada, también ganó el derecho (opcional) de divorciarse de su marido. Como ella no amaba a su marido Mugis, decidió divorciarse de él. Sin embargo, su marido no quería separarse en absoluto de ella y no podía aceptar la situación; así que fue llorando a ver al Profeta y le contó lo que había pasado. Entonces, ocurrió algo dramático. El Profeta le aconsejó a Barira que volviera con su marido diciendo: «Teme a Dios. Él es tu marido y el padre de tus hijos». Pero Barira, debido al respeto que sentía por la religión, le preguntó al Profeta si su deseo era una orden o no. Cuando él contestó que le había aconsejado como un mediador, ella exclamó: «No lo necesito»[214]y de este modo hizo uso del derecho (a divorciarse) que la ley le había concedido.

Las colecciones de hadiz relatan detalladamente el divorcio del hijo de Omar de su esposa. Si examinamos la actitud del Profeta hacia el divorcio, vemos que él fue ofendido y reprochó a Omar cuando él le dijo que su hijo Abdullah se había divorciado de su esposa durante su período de menstruación (hayiz), un período durante el cual está prohibido el divorcio.[215]En otro ejemplo del divorcio contrario a las reglas, el Profeta usó palabras graves y ofensivas para criticar a un hombre que se había divorciado de su esposa (por tres veces), después volvió con ella y se divorció de ella una vez más: ¿Por qué algunas personas se burlan de las ordenes de Dios?».[216]Entonces, levantándose de una manera sobrecogedora e irascible, reprochó al hombre de nuevo: «¿Se burla del Libro de Dios mientras estoy yo aquí entre vosotros?». Y el hecho de que uno de los Compañeros preguntara: «¡Oh Mensajero de Dios!, ¿quieres que lo mate?»[217]muestra el estado de ánimo en que se encontraba el Profeta.

Conclusión

En el Derecho Canónico Católico, el matrimonio se considera como un vínculo realizado en virtud de la Voluntad Divina, y por lo tanto, es algo que no puede ser roto por ninguno de los seres creados por Dios. Esta es la idea general expresada en un versículo del Nuevo Testamento: «Lo que Dios juntó, que no lo separe el hombre».[218]Es decir, los principios aceptados son aquellos que resaltan que el matrimonio no fracase y que cuya duración lo sea hasta la muerte. Sin embargo, esta regla teórica que pretende la duración eterna de los matrimonios, en la práctica no es nada más que utopía.

En la Ley Islámica, los matrimonios temporales con un contrato temporal como mut’a o el matrimonio transitorio e interino necesario antes de que una pareja divorciada pueda volver a casarse, son inválidos y abolidos.[219]Por lo tanto, el contrato de matrimonio islámico es un acuerdo duradero. Sin embargo, la naturaleza continua del contrato de matrimonio no significa que sea eterno. Esto es así ya que la prohibición del divorcio, o forzar a las parejas que no pueden vivir juntas a que permanezcan en una casa ligándolos a condiciones imposibles, no ha sido una buena solución. Por lo tanto, si se compara al divorcio con un procedimiento quirúrgico realizado para amputar una extremidad afectada, el matrimonio es un asunto higiénico y sensible que debe seguir una línea razonable y lógica, y también esta ligado a condiciones «saludables ». Por eso, antes de que la familia se disuelva por medio del divorcio, se debe tener cuidado a la hora de suscitar la armonía entre los cónyuges y no se deben hacer concesiones acerca de las condiciones que van a alcanzar esta armonía. Pero sobre todo, asegurar la educación religiosa de los niños, además de la igualdad tanto material como espiritual de los individuos que quieren formar un matrimonio, son los deberes fundamentales tanto social como legalmente que no se pueden rechazar.

La familia es el pan de la vida y la levadura de este pan es el amor. La continuidad del matrimonio en general, depende del respeto, el amor y la tolerancia. Desde luego, a veces puede haber conflictos entre los miembros de familia; pero estos se deben solucionar antes de que aumenten. Como los otomanos solían decir, en tales ocasiones hasta un capullo de rosa puede ayudar a curar. Por encima de todo, para mantener intacta su familia, las parejas deben comportarse desinteresadamente.

Como segundo paso, el Corán declara que si es necesario el marido puede tomar algunas precauciones temporales, es decir, en una crisis familiar que va a desembocar en un divorcio con consecuencias indeseables se le da el permiso al marido de pegarle a su mujer (ligeramente). Cuando se consideran los probables problemas y las consecuencias negativas, se ve que esto es mil veces preferible que el divorcio. Como tercer paso, el siguiente versículo coránico ordena que se envíen mediadores para mantener la unidad familiar y que los parientes cercanos asuman un papel activo en la prevención del divorcio. La declaración del profeta Suayb (Jethro) «no quiero hacerte la vida difícil» (28:27) debe ser la filosofía vital de las parejas.

En los hadices, los maridos y las mujeres son definidos como regalos concedidos el uno para el otro por parte de Dios y se les aconseja tratarse bien mutuamente. Además, es muy evidente la insatisfacción del Profeta sobre los divorcios contrarios a las reglas. Los hombres que se divorciaron de sus mujeres de una manera contraria a los procedimientos coránicos fueron acusados por el Profeta de burlarse del Libro y los mandamientos de Dios. No obstante, Dios no prohibió el divorcio. A pesar de que el divorcio es canónicamente permisible, no se considera un acto agradable. El divorcio no solamente sobrepasa la dimensión individual afectando la vida social de una persona, sino que también es un hecho que llega hasta los Cielos y hace temblar el Trono Divino.

Aunque la Ley Islámica, bajo ciertas condiciones, provea a las mujeres tres procedimientos de divorcio —(muhalaa, divorciarse de una mujer por propio deseo de la misma, tafwid-i talaq, y tafriq, la separación mutua)— la forma más común de divorcio es unilateral, ya que sólo el marido tiene la autoridad de pronunciar oficialmente su voluntad. Pero, como los principios de moralidad tanto religiosos como sociales —los cuales conforman las relaciones de familia de manera más poderosa que las leyes— consideran vergonzoso y pecador el divorcio de un hombre de su esposa sin tener algún motivo razonable, los decretos establecidos por la Ley Islámica eran muy pocas veces abusados.[220]Además de las precauciones tomadas para prevenir el divorcio, como ciertas obligaciones financieras (por ejemplo, el pago para el mantenimiento y pensión alimenticia de la ex-esposa) por el marido después del divorcio, en la sociedad turca, los factores morales han desempeñado un papel más importante en el mantenimiento de bajos niveles en el divorcio. Estos factores morales incluyen la existencia de las comunidades religiosas, el hecho de que se les conceda a los hombres menos libertad para divorciarse por su religión (Islam) que la ley secular otorga, y la presión positiva del pueblo ejercida entre los musulmanes practicantes sobre los individuos para prevenir divorcios caprichosos y prácticamente limitar el derecho de divorciarse del marido.

Sin embargo, según los datos estadísticos, el número de crisis familiares que terminan en divorcio está aumentando en todo el Mundo. Se deben tomar medidas de emergencia para remediar esta herida social, que ha comenzado a hacerse más profunda. En efecto, las medidas deben ser tomadas pero, si los individuos que forman las comunidades no actúan como es deseado, las soluciones buscadas en la mera modificación del sistema de divorcio no serán duraderas. Lo que no debe ser descuidado no es el sistema, sino más bien, la gente que participa en el. En mi opinión, el secreto de reducir el número de divorcios reside en educar a individuos conscientes de los objetivos sublimes del matrimonio, además de proveerles la mejor educación religiosa y moral posible (dentro del marco de la creencia, la moral y la ley). De lo contrario, la vida familiar no se asemejará a una porción del Cielo, sino más bien, las torturas del Infierno. Los miembros familiares estarían sujetos a una vida de sufrimiento; y como un inevitable resultado, muchas de las instituciones de la sociedad no funcionarán correctamente.

Sin embargo, no se debe olvidar que algunas cualidades negativas, sean debidas a causas psicológicas o sociológicas, pueden cambiarse con el tiempo. Las ideas y las condiciones pueden cambiar. Las diferencias en las opiniones y las incompatibilidades que son experimentadas con frecuencia en los primeros años del matrimonio, se reducen con el tiempo. De hecho, el porcentaje de las familias que experimentan conflictos al principio, pero felicidad al final, no se puede considerar insignificante. Además, no hay nada que garantice una vida mejor después del divorcio.

La vida es una estructura realmente dinámica. Los cambios en las sociedades que se pueden observar a veces, son una reflexión de esta naturaleza dinámica. Los factores sociales, culturales y económicos afectan la vida. Desde luego, la ley es también una parte de la vida. Como resultado de la revolución industrial especialmente la institución social de la «familia» ha refrendado muchos cambios y desarrollos. Las familias patriarcales ahora están modificando su papel en la sociedad, y «la familia numerosa» ha pasado a la historia. Por consiguiente, la guía paternal en relación con las parejas jóvenes casadas ha sufrido cambios. Pero, esta tendencia no se puede parar. Una de las características de «la familia nuclear» es el abandono de los individuos en la soledad. Estas parejas recién casadas, que son privadas de la orientación necesaria, son abandonadas a que solucionen sus problemas por sí mismos. La mayor desgracia es que las antiguas instituciones de solidaridad no han sido sustituidas por otras nuevas y modernas.

Evidentemente, no es suficiente con permitir que la institución del matrimonio se apoye únicamente en una base legal y solucione dilemas matrimoniales exclusivamente por reglas y sanciones, ya que cada matrimonio, con sus numerosas cualidades especiales y sus asuntos de índole personal, consiste en la voluntad de unión de un hombre y una mujer para mantener una vida juntos. Sobre todo al principio, los asuntos privados y dualistas en la relación pesan mucho. Por eso, ningún hogar ha sido fundado (y, en mi opinión, no es posible) dentro de las frías paredes de un tribunal. En otras palabras, podemos decir que la felicidad familiar se sustenta al adjudicarle importancia a los valores religiosos y morales, no a los principios legales. Pero este acercamiento no niega los principios legales. Desde luego, tampoco se puede descuidar la fuente del problema.

Esta es la razón por la cual el Corán y la Sunna, con sus principios morales y legales, generalmente establecen sanciones duales que pertenecen tanto a la conciencia como a la ley. Esta diferencia entre los asuntos que atañen a la conciencia y los asuntos relativos a la ley, que se pueden encontrar en el Corán y la Sunna, también es reflejada en los libros de la Ley Islámica (fiqh). Uno de los rasgos más importantes de los libros de leyes islámicas es su división de decretos relacionados con el divorcio en categorías religiosas y jurídicas. Como se sabe, los decretos jurídicos están sujetos a las decisiones (de un tribunal) basadas en las pruebas; y las decisiones tomadas son realizadas por las autoridades apropiadas. Sin embargo, cuando esto es tratado por la parte religiosa de los decretos de fiqh, los asuntos se evalúan según los testamentos subjetivos (las intenciones) de los individuos. Aceptando que tales asuntos son privados entre Dios y Sus siervos, las decisiones se remiten a la consciencia de los individuos. Estos tipos de decretos no tienen ningún modo legal de ser puestos en práctica. En otras palabras, la ley calla ante estos asuntos. La única sanción es el sentido de religión y la responsabilidad de la conciencia de los individuos.[221]Si se trata de abusar los derechos de otro siervo de Dios, entonces la parte culpable tendrá que soportar, desde luego, el castigo eterno de su injusticia.

* Profesor Dr. Ahmet Günes de la Facultad de Teología en la Universidad de Atatürk, Erzurum, Turquía.


[147] Cassas, Ahkamu’l-Kur’an, Beirut, 1985, 2/137.
[148] Ibn Arabi, Ahkamu’l-Kur’an, Beirut, 1985, 1/425.
[149] Véase Hifzi, Veldet, Imtizacsizlik Sebebiyle Bosanmada Kusur Mefhumu, Estambul 1943, págs. 10,13; y Belgesay, Mustafa Rashid, Türk Kanunu Medenisi Serhi, II Aile Hukuku, Estambul, 1948, pág. 72.
[150] Véase Hifzi, Veldet, Imtizacsizlik Sebebiyle Bosanmada Kusur Mefhumu, Estambul 1943, págs. 10, 13; y Belgesay, Mustafa Rashid, Türk Kanunu Medenisi Serhi, II Aile Hukuku, Estambul 1948, pág. 72.
[151] Dönmezer, Sulhi, Toplumbilim, Estambul, 1994, pág. 205-206.
[152] Mumcu, Ahmet, Insan Haklari Kamu Özgürlükleri, Ankara, 1992, pág. 5.
[153] Çeçen, Anil, Insan Haklari, Ankara, 1995, pág. 31.
[154] Dönmezer, Ibíd, pág. 229.
[155] Güriz, Adnan, Hukuk Baslangici, Ankara, 1996, págs. 1-2.
[156] Véase Joseph Schacht, Islam Hukukuna Giris, Trad. Mehmet Dag-Abdulkadir Sener, Ankara, 1986, pág. 22; Basgil, A. Fuat, Esas Teskilat Hukuku, Estambul, pág. 72.
[157] Véase Bardakoðlu, Ali, Aile Hukukumuzun Tarihi Gelisimi, «Tarihi Akisi Içerisinde Türklerde Aile Yapisi Sempozyumu Bildirileri», 17 de mayo 1990, Kayseri, págs. 14-15.
[158] Véase Elmalili, M. Hamdi, Hak Dini Kur’an Dili, Estambul, 1971, 7/5130-5131.
[159] Véase Tirmizi, Manaqib, 62; Buhari, Anbiya, 32; Muslim, Fadailü’s-Sahaba, 70.
[160] Ibn Kazir, Tafsiru’l-Kur’ani’l-Azim, Estambul, 1992, 2/214.
[161] Véase Ebussuud, Irsadu Akli’s-Selim, El Cairo, 2/158; Kurtubi, el-Cami li Ahkami’l-Kur’an, El Cairo, 1994, 5/104; Zamahshari, Kassaf, Beirut, 1995, 1/480; Elmalili, 2/1320. 162 Ragib al-Isfahani, al-Mufredat fi Garibi’l-Kur’an, Estambul, 1986, pág. 751; Elmalili, 2/1351.
[163] Ibn Arabi, 1/420-421.
[164] Razi, Mafatihu’l-Gayb, Beirut 1990, 10/73.
[165] Razi, 10/76.
[166] Ebussuud, 2/236.
[167] Razi, 10/74.
[168] Ibn Rusd, Bidayetü’l-Müctehid ve Nihayetü’l-Muktesid, Estambul, 1985, 2/81.
[169] Véase Zamahshari, 1/497-498; Kurtubi, 5/181; Elmalili, 2/1352.
[170] Muslim, Talaq, 13-14.
[171] Véase Aktan, Hamza, Ticaret Hukukunun Yeni Bazi Problemleri Üzerinde Islam Hukuku Açisindan Bir Degerlendirme, I. Uluslararasi Islam Ticaret Hukukunun Günümüzdeki Meseleleri Kongresi, Konya, 1997, pág. 210.
[172] En la Ley Islámica, el término ila se refiere al juramento del marido para no acercarse a su mujer durante cuatro meses. Véase Baqara, 2/226; Merginani, Hidaye, Estambul, 1986, 2/11.
[173] Véase Ibn Kazir, 8/60-67; Elmalili, 7/4775-4776.
[174] Ibn Arabi, 1/190; Zamahshari, 1/269.
[175] Cassas, 2/78.
[176] Ibn Taymiyya, al-Fatawa, «Matbaatu’l-Hukuma» 1386, 32/293.
[177] Al-Mavsili, al-Ihtiyar li Talili’l-Muhtar, Estambul, 1980, 3/147.
[178] Aktan, Hamza, Islam Aile Hukukunda Bosanma ve Yorumu, Erzurum, 1982, pág. 14.
[179] Hifzi Veldet, pág. 11.
[180] Ibnü’l-Hümam, Fathu’l-Kadir, Beirut, 3/326.
[181] Cassas, 3/271.
[182] Bujari, Adab, 90; Muslim, Fadail, 70-72.
[183] Muslim, Rada’, 59.
[184] Véase Bigi, Musa Carullah, Uzun Günlerde Oruç (Yusuf Uralgiray) Ankara, 1975, 48-53; Sahin, M. Abdulfettah, Asrin Getirdigi Tereddütler, Izmir, 1991, 2/154-162; Kitab-ý Mukaddes, Tekvin, Bab, 2/22-24.
[185] Abu Dawud, Manasiq, 56.
[186] Tirmizi, Rada’, 11.
[187] Muslim, Rada’, 61.
[188] Ibn Maya, Adab, número 3668.
[189] Abu Dawud, Nikah, 3; Nasai, Nikah, 11.
[190] Ibn Maya, Nikah, 5
[191] Abu Dawud, Nikah, 2.
[192] Muslim, Rada’ 64.
[193] Abu Dawud, Nikah, 40.
[194] Ibn Maya, Nikah, 4.
[195] Tirmizi, Rada’, 10; Ibn Maya, Nikah, 4.
[196] Bujari, Iman, 21.
[197] Müslim, Iman, 132.
[198] Ahmad ibn Hanbal, 3:328.
[199] Bujari, Tafsiru’l-Kur’an, 5; Muslim, Talaq, 30-35.
[200] Véase Abdurrazzaq, Musannaf, Beirut, 1972, 6/239.
[201] Hayzami, Majmau’z-Zawaid, Beirut 1967, 9/244; véase Abu Dawud, Talaq, 38; Ibn Maya, Talaq, 1.
[202] Abu Dawud, Talaq, 3; Ibn Maya, Talaq, 1.
[203] Abu Dawud, Talaq, 18; Ahmad b. Hanbal, 5/277.
[204] al-Muttaki, Kanzu’l-Ummal, Beirut, 1985, 9/661.
[205] Muttaki, 9/662.
[206] Bujari, Sulh, 11.
[207] Ahmad b. Hanbal, 6/403, 404.
[208] al-Muttaki, 9:661, para los hadices que aconsejan el divorcio véase al-Muttaki, 9:661-663, Acar, H. Ibrahim, Islam Hukukunda Evliligin Sonra Ermesi, Erzurum, 2000; pág. 13.
[209] Muslim, Sifatu’l-Munafikin, 67.
[210] Véase Ibn Kazir, 6/417.
[211] Tirmizi, Tafsiru’s-Sura (34), 15.
[212] Ibnu’l-Esir, an-Nihaya fi Garibi’l-Hadis wa’l-Eser, Beirut, 1/455.
[213] Abu Dawud, al-Marasil, Beirut 1988, pág.197.
[214] Bujari, Talaq, 16; Abu Davud, Talak, 18.
[215] Abu Davud, Talaq, 4.
[216] Ibn Maye, Talaq, 1.
[217] Nesai, Talaq, 6.
[218] La Biblia, Evangelio de Marcos, 10/9
[219] Meydani, el-Lübab fi Serhi’l-Kitab, Beirut 1985, 3/20.
[220] Belgesay, pág. 70.
[221] Por ejemplo, véase Merginani, 1/230-231; Meydani, 3/43. Para una información más detallada, véase: Yaylali, Davut, Islam Hukukunda Kazai-Diyani Hüküm Ayirimi, Dini Arastirmalar, vol: 5, Núm.: 15, pág. 29, Ankara, 2003.

 
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