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El matrimonio en el Islam
Una amarga experiencia: Mut’a, el matrimonio temporal, y su realidad | Una amarga experiencia: Mut’a, el matrimonio temporal, y su realidad |
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| escrito por Osman Simsek | |
| sábado, 28 de abril de 2007 | |
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En este relato, aunque no haya presentado mis investigaciones al completo, he intentado compartir una breve información acerca de mut’a. Es el objetivo de ciertos individuos utilizar como pretexto el matrimonio mut’a para engañar a jóvenes carentes de experiencia en la vida y de suficiente información sobre la religión. Las convencen para que sigan sus dictados y crean así una gran confusión en sus mentes. Le ruego a cada hermana, a cada hermano, padre, madre o amigo que presten más atención a las personas que aman y no permitan que caigan en las redes del equivocado concepto del matrimonio mut’a. Tenía catorce años y mi relación con mis padres era algo tensa, como la de cualquier otra adolescente. Comencé a interesarme en los muchachos. Sentía que nadie me entendía, incluso mis amigos. Sobre todo me sentía fea por la prótesis dental. Todo cambió cuando lo conocí. Era fascinante saber que un estudiante universitario se preocupaba tanto por mí. Lo consideraba la persona más maravillosa. Me trataba como si fuera una reina, y pronto nos hicimos mejores amigos. Sentía que podía contarle todo. Cuando nuestra amistad avanzó, empezamos a hablar de diferentes temas, incluida la religión. Su creencia era diferente que la mía. Siempre discutíamos sobre la diversidad de nuestras opiniones. Sin embargo, él siempre encontraba la manera de hacerme ver las cosas mejor de lo que eran en realidad. Empezaba a encontrarme muy aturdida... Un día mencionó el concepto de mut’a diciéndome que era un tipo de matrimonio temporal, que era lícito (halal) incluso en algunos libros de hadiz. Al principio no le creí, pero cuando utilizó como prueba las fuentes fidedignas de los hadices tales como las de Bujari y Muslim acepté sus palabras y su propuesta. Hasta que me di cuenta de en qué tipo de problema estaba involucrada y entender qué era lo que estaba pasando en realidad, pasé cuatro años de mi vida como una persona casada por el rito mut’a. Con el tiempo vi que había perdido mi honor y dignidad con alguien que había cometido el mismo acto mut’a con varias mujeres. Dios me ayudó a abrir los ojos y ver en qué tipo de desastrosa situación me encontraba. Hasta entonces, estaba a punto de cambiar mi creencia, haciéndola acorde con la suya. En este punto, decidí buscar realmente la verdad. En este relato, aunque no haya presentado mis investigaciones al completo, he intentado compartir una breve información acerca de mut’a. Es el objetivo de ciertos individuos utilizar como pretexto el matrimonio mut’a para engañar a jóvenes carentes de experiencia en la vida y de suficiente información sobre la religión. Las convencen para que sigan sus dictados y crean así una gran confusión en sus mentes. Le ruego a cada hermana, a cada hermano, padre, madre o amigo que presten más atención a las personas que aman y no permitan que caigan en las redes del equivocado concepto del matrimonio mut’a. Las palabras mencionadas anteriormente pertenecen a una carta publicada por vez primera el 24 de noviembre de 1997 en la página Web del Centro Islámico de Belfast, en Irlanda del Norte (Gran Bretaña). Una señora que sufrió una triste experiencia relacionada con mut’a, narró brevemente lo que le había ocurrido para advertir de ello a las demás mujeres, y en el resto de su carta nos informa acerca de mut’a con un breve análisis, mencionando especialmente las fuentes chiítas. En este ensayo intentaremos exponer la verdad sobre el matrimonio temporal o mut’a con claridad absoluta, basándonos en el artículo anteriormente mencionado Mut’a: Su significado y los hadices competentes Mut’a posee los significados de algo de lo que se saca provecho, también significa combinar la peregrinación menor o umra con la peregrinación mayor o hayy, así como los bienes que le conceden a la mujer divorciada o casarse con una mujer temporalmente. Como término de la Jurisprudencia Islámica, mut’a simboliza un tipo de matrimonio temporal contraído por un hombre y una mujer en base a una cantidad de dinero y a un periodo determinado de tiempo. En esta práctica de matrimonio el hombre no es responsable de la mujer económicamente; pero si la mujer da a luz a un niño, entonces el hombre tiene que cubrir los gastos del niño. Además, en cuanto finalice el periodo de tiempo, se anula el matrimonio de mut’a. En este tipo de matrimonios no se puede hablar de herencia ni tampoco existe durante la duración del matrimonio de mut’a algún límite para contraer este tipo de casamiento. Un hombre que esté casado mediante mut’a o bien haya contraído matrimonio por la vía normal, puede contraer tantos matrimonios mut’a como quiera pagando el precio, aunque sea sólo por un periodo de media hora. Según el consenso general de los eruditos chiítas, para esta forma de matrimonio no son precisos los testigos ni la aprobación del tutor (aunque el padre de la chica sea un hombre sunnita que no acepte mut’a). Con todos estos atributos mut’a se asemeja a la prostitución que se practica aprovechándose del buen nombre de la religión. Mut’a se solía practicar durante la Época de la Ignorancia (Yahiliyya). Se relata que durante los tiempos del Profeta también fue consentida durante unas veces. Estos consentimientos tuvieron lugar antes de que el sistema jurídico del Islam fuese establecido. Si lo estudiamos con detenimiento podremos apreciar que estas afirmaciones se ciñen a ciertas expediciones y batallas. Por lo tanto, no tienen consistencia y podemos afirmar que mut’a fue totalmente prohibido y establecido como haram (canónicamente ilícito) para siempre. A lo largo de la historia del Islam, el Mensajero de Dios consintió mut’a en dos ocasiones. Según los relatos el profeta Muhammad lo permitió por primera vez durante la guerra de Jaybar por un periodo de tres días, y al cabo de estos tres días lo prohibió. Una vez Ali discutió con un hombre que profesaba el matrimonio vía mut’a y le dijo que el Profeta había prohibido mut’a y la carne de burro durante el día de Jaybar (Bujari, Nikah, 31; Muslim, Nikah, 29-32; Ibn Maya, Nikah, 44). Este hadiz también se encuentra en los libros chiítas de hadiz, que mencionaremos más adelante. La segunda vez que el Profeta lo consintió fue en la conquista de La Meca, durante tres días, y después lo prohibió una vez más pero esta vez lo hizo hasta el Día del Juicio Final (Muslim, Nikah, 22). Sabra ibn Mab’ad al-Yuhani indica en un hadiz relatado de diferentes maneras que mut’a fue prohibido canónicamente eternamente. Sabra, que había participado en la conquista de La Meca junto al Mensajero de Dios, relató que el Profeta, estando situado entre Hayar al-Aswad y la puerta de la Kaba dijo: «¡Oh Pueblo! Yo os había permitido que practicarais mut’a con las mujeres. Desde luego Dios lo ha prohibido hasta el Día del Juicio Final. Quienquiera que tenga una mujer con la que haya contraído matrimonio mut’a, que la deje marchar. No recibid devuelto nada de lo que les entregasteis» (Muslim, Nikah, 19, 22, 24). Según algunas narraciones diferentes la prohibición tuvo lugar durante la Peregrinación de Despedida (Abu Dawud, Nikah, 13; Ibn Maya, Nikah, 44). Eso significa que el Mensajero de Dios repitió la orden de prohibición declarada en el día de la conquista de La Meca durante la Peregrinación de Despedida, ya que en este acto habían participado muchos musulmanes. En tal día, el Profeta repitió muchas ordenes declaradas anteriormente, como la relativa a mut’a, para que se enteraran aquellos que no las habían oído antes. De esta manera, fue declarado el hecho de que mut’a había sido prohibido hasta el Día del Juicio Final (Ibn Hayar, Fath’ul Bari, 11/74; Nawavi, Sharhu Muslim, 9/180). Mut’a fue establecido haram (ilícito canónicamente) hasta el Día del Juicio Final. Esto está confirmado también en los siguientes libros de hadices: Muslim, Nikah, 19, 22, 24; Ibn Maya, Nikah, 44; Darimi, Nikah, 16; Musnad, 3, 406. A causa de que durante todo el proceso de abolición mut’a no hubiese sido abolido de manera definitiva, es posible encontrar expresiones en los hadices relativos que declaren su legalidad. Sin embargo, lo importante es el resultado final. El Profeta no prohibió súbitamente mut’a, cuya concepción del casamiento se oponía en muchos aspectos al matrimonio sunnita aprobado por el Islam. Por lo tanto, sería una difamación contra el Islam tomar como base los hadices que permitían mut’a temporalmente, ignorando el decreto final según el cual está prohibido dicho matrimonio y entonces proclamar que es «lícito». Aquí hay otro punto importante que no se debe olvidar. En realidad, ni el Corán ni el Mensajero de Dios permitieron mut’a; ya que mut’a era una de las costumbres más practicadas de la Época de la Ignorancia (Yahiliyya). Se puede apreciar claramente que como el Islam siguió un camino pausado en la transmisión y en la puesta en práctica de muchos decretos, también lo hizo con la abolición de mut’a, y un ejemplo fue la prohibición paulatina de las bebidas alcohólicas (Ibrahim Canan, Namus Fitnesi Mut’a, págs. 25-29). Así que mut’a fue prohibido gradualmente. Durante este proceso de prohibición paulatina surgió el concepto de nash (abrogación) que significa invalidar un decreto por otro hasta que se establezca completamente la nueva religión. El Profeta expresó este punto que es muy importante para el proceso de la prohibición de mut’a con las siguientes palabras: «Los que prohibieron mut’a son los mandamientos revelados acerca del matrimonio, el divorcio, idda —periodo de tiempo en el que una mujer no puede volver a casarse, un tiempo de espera después del divorcio o la muerte del marido— y la herencia» (Abu Ya’la, Musnad, 11/503; Darakutni, 3/259; Hayzami, Majmau’z Zawaid, 4/267). Muchos Compañeros del Profeta relataron el hecho de la prohibición de mut’a. Estos Compañeros son los siguientes: Ali, Omar, Salama ibn Akwa, Sabra ibn Mab’ad, Abu Hurayra, Yabir, Salaba ibn Haram, Abdullah ibn Omar, Abu Zarr, Ibn Abbas, Haris ibn Gaziyya, Sahl ibn Sad, Kab ibn Malik, Abdullah ibn Masud, Anas ibn Malik, Huzayfa y Aisha (Kasani, Badaiu’s Sanai, Ali Muhammad Muavvaz, Adil Ahmad Abdulmecit, 3/473-477). Sobre la prohibición de mut’a hay una iyma, un consenso y acuerdo de las autoridades jurídico-religiosas del Islam (Tahanawi, I’laus Sunan, 11/58-59); Kasani, Badaiu’s Sanai, 3/476-478). Sin embargo, se narran diversas opiniones de algunos Compañeros. Esta gente no sabía que mut’a fue prohibido definitivamente por el Mensajero de Dios y creían que todavía estaba permitido. Asimismo, Omar dijo en presencia de los Compañeros que el Mensajero de Dios había prohibido mut’a y ellos lo aceptaron sin oponerse. El hecho de que algunos Compañeros se enteraran un poco más tarde de algunos asuntos no concierne a la cuestión de mut’a. Por ejemplo, una vez cuando le preguntaron a Abu Bakr, que era uno de los Compañeros más cercanos al Profeta, acerca de la cantidad de cedde, la herencia que recibe la abuela del nieto, el respondió que no había oído nada del Mensajero de Dios sobre este asunto y un día, después de la oración del mediodía les preguntó a los que estaban presentes: «¿Alguno de vosotros ha escuchado algo acerca de la cantidad establecida de cedde por el Mensajero de Dios?». Entonces, uno de los Compañeros llamado Mugira ibn Shuba se levantó diciendo que había escuchado del Mensajero de Dios asignarlo a un sexto. Otro compañero, Muhammad Ibn Maslama confirmó este informe, por lo tanto Abu Bakr emitió su veredicto de aprobación en consecuencia.[131] Ha sido relatado que Ibn Abbas había permitido mut’a en caso de circunstancias severas y extrema necesidad (tal y como comer la carne de animales muertos en caso de estar al borde de hambre), pero más tarde cambió de opinión. De hecho, Ibn Abbas dijo: «Mut’a se solía practicar en los inicios del Islam. Cuando un hombre viajaba a un lugar desconocido, se casaba con una mujer la cual le proporcionaría servicios domésticos, y protegería su propiedad durante el período de su permanencia. En la interpretación del versículo «y aquellos que guardan castidad (es decir las partes pudendas de actos sexuales ilícitas), excepto de sus mujeres y las esclavas que poseen; entonces se hacen libres de cualquier acusación por motivo de sus relaciones sexuales» (23:5-6) Ibn Abbas añadió: «Cualquier otra forma de acto sexual excepto aquellas dos mencionadas en el versículo está prohibida» (Tirmizi, Nikah, 29). También hay narraciones según las cuales Ibn Abbas, antes de su muerte, estaba arrepentido por sus opiniones anteriores y rogó el perdón a Dios (Kasani, 3/469). Mut’a, Omar y Ali Durante el Califato de Omar vino una mujer que se quejaba acerca de su marido, con quien se había casado vía mut’a. Este hombre estaba casado al mismo tiempo con otra mujer y no asumía la responsabilidad del hijo nacido del matrimonio mut’a. En este caso, Omar aclaró la situación declarando que mut’a era ilegal: «El Mensajero de Dios nos permitió practicar mut’a tres veces, y después lo declaró haram (lo prohibió definitivamente). Juro por Dios que si me entero de que alguien se casa de nuevo vía mut’a, lo condeno a ser lapidado (es decir, raym) hasta que me demuestre con cuatro testigos que el Mensajero de Dios después de haber prohibido mut’a, volvió a reconocerlo».[132] Si se reflexiona un poco sobre lo que dijo Omar, se puede ver claramente que no es Omar quien prohibió mut’a, sino que, al contrario, él sólo proclamaba el veredicto que aprendió del Mensajero de Dios. Hay también otra narración respecto a la reclamación de que fue Omar quien prohibió mut’a, que dice: «Había dos tipos de mut’a du- rante la época del Mensajero de Dios: unir las dos peregrinaciones, la menor y la mayor (al hayy al-tamattu) y el matrimonio de mut’a; y yo prohíbo ambos». Los chiítas adoptan la última narración sobre este asunto. Sin embargo, no es posible que Omar haya prohibido por sí mismo un acto permitido durante los tiempos del Mensajero de Dios; y además está muy claro que los Compañeros del Profeta que siempre ponían inmediatamente sus objeciones en caso de una leve desviación en la práctica de alguna orden del Islam no se quedarían callados. Los chiítas explican su reacción de la siguiente manera; según ellos ninguno de los compañeros podría ser capaz de oponerse o contravenir a Omar porque le temían. Dicen que Omar amenazó a la gente con matarlos mediante lapidación y como los Compañeros bien conocían su «temperamento violento» y su «legendaria violencia» no se atrevían a expresar una idea contraria a la suya. Desgraciadamente, también acusan a Ali, un verdadero héroe del Islam que había arriesgado su vida varias veces en pos del Islam, de tenerle miedo, hacer taqiyya —el permiso chiíta de mentir para poder salvar la vida— y guardar silencio hasta que llegara su turno.[133] Lamentablemente, acusan a casi todos los Compañeros de haberse convertido en murtadin (apostatas) y munafiqin (hipócritas); y según ellos Abu Bakr y Omar también eran apostatas e hipócritas —o de manera más leve, clasificados como musulmanes ordinarios—, de este modo acusaron seriamente a Ali de cometer «taqiyya» al realizar sus oraciones detrás de aquellos apostatas e hipócritas (es decir estar en la línea situada tras ellos al realizar las oraciones con los fieles), de no oponerse a su gobierno sobre los musulmanes y de casar a su hija con Omar. Por otra parte, sus reclamaciones acerca de Omar son completamente falsas. Omar no era un hombre violento, pero tampoco hacía ningún tipo de concesión a la hora de justicia. Por su sumisión incondicional ante la justicia, lo llamaban al waqqaf inda’l haqq, «el que para permanece del lado de la justicia». Se le podía oponer hasta una señora mayor en la mezquita durante su sermón en la presencia de todos los creyentes y el podía reconocer fácilmente su equivocación y admitir que ella tenía la razón diciendo: «Omar se equivocó, y la mujer tenía razón». Y se decía a si mismo: «¡Oh Omar! No conoces tu religión tanto como una anciana». Por otra parte, la misma gente que acusa Ali de hacer taqiyya por la «dureza legendaria» de Omar, a la hora de comparar a Ali con Omar en términos de conocimiento, proporcionan muchos informes y narraciones importantes en los que se detalla que Omar cambió su opinión en favor de Ali y que Omar a veces asignaba algunos asuntos directamente a Ali y hasta confesó que «Si no fuera por Abu’l-Hasan (es decir, Ali) Omar habría fallecido» y rezó: «Oh Señor mío, no me dejes estar en una reunión donde no esté presente Abu’l-Hasan». Además, durante su califato, Ali adoptó sus propias normas opuestas a las de Omar sobre algunas cuestiones, como la distribución del botín de guerra, pero por el contrario no existe ningún informe en las fuentes chiítas que demuestre cualquier práctica alternativa sobre el asunto de mut’a contraria a la de Omar.[134] Mut’a y las fuentes chiítas A lo largo de la historia en las polémicas cuestiones entre los chiítas y los sunnitas, los eruditos chiítas utilizaron las fuentes sunnitas —muchas veces malinterpretándolas de acuerdo con sus opiniones— para probar su argumento. Pero los sunnitas, para evitar entrar en polémica y ser capaces de concentrar su energía en los campos más positivos —tal y como divulgar el Islam—, prefirieron no hablar ampliamente de estos asuntos controvertidos entre los musulmanes, ya que esto servía sólo a empeorar los conflictos. Por lo tanto evitaron las especulaciones y optaron por no utilizar las fuentes chiítas. Y hay otra realidad que debemos destacar y es que las fuentes chiítas, como en muchos otros casos, nunca llegan a un acuerdo entre sí sobre el asunto de mut’a. El hadiz relatado por Ali que declara que el Mensajero de Dios prohibió mut’a durante el día de Jaybar también se encuentra en los libros chiítas.[135] Pero el autor reclama que Ali cometió taqiyya respecto a este hadiz. Además de esto, existe también otro hadiz en el cual el mismo Ali explica que mut’a es ilegal. Pero de nuevo, los chiítas acusan a Ali de hacer taqiyya aquí. Sin embargo, no es preciso inventar un hadiz para realizar taqiyya. Además, no es posible pensar que un musulmán, y mucho menos Ali, haya inventado un hadiz sobre el Mensajero de Dios tan sólo para hacer taqiyya. La advertencia profética sobre este hecho, es sabida por todo el mundo y más que nadie, por Ali. La cuestión de taqiyya causó la aceptación de una regla absurda y ridícula como una parte de la metodología de la jurisprudencia chiíta. Según los chiítas, si hay dos opiniones irreconciliables de los eruditos y las autoridades de hadiz chiítas sobre un tópico, la regla prevé considerar como taqiyya la opinión cercana a los sunnitas y aceptar la otra. En todo caso, no será posible encontrar una regla de la metodología así en ningún otro sistema judicial. Desde luego, no hace falta decir que esta clase de gente, que es capaz de inventar tal sistema, puede cambiar fácilmente los decretos y las normas del Islam. En la jurisprudencia chiíta hay muchas contradicciones respecto a las personas con quienes se puede realizar mut’a. Según una narración, mut’a sólo se puede contraer con una persona creyente, en la otra se declara que no se puede hacer mut’a con las mujeres musulmanas; sino que sólo se permite hacerlo con mujeres judías o cristianas. En una de las colecciones más auténticas de hadiz chiítas, Kafi, en el Volumen quinto, página 462, la primera narración declara que no se le recomienda mut’a a una chica virgen porque esto les trae vergüenza a sus padres. Además, el Imán Abu Abdullah (Yafar as-Sadiq) dice: «No contraigas mut’a con una mujer musulmana, ya que hacerlo, la humilla».[136] En otra fidedigna colección de hadiz chiíta, Biharu’l-Anwar, en el tercer volumen, página 340, narración 10:3, se declara que es ilegal hacer mut’a con una persona casada o una persona que cumpla las condiciones para contraer matrimonio. ¿No debería pensarlo bien una persona que pretende casarse vía mut’a al ver las contradicciones que se encuentran en los libros chiítas respecto a este tema y el hecho de que sea prohibido entre los sunnitas? ¿No debería obligarle a reflexionar antes de creer que van a contraer un matrimonio válido para la religión? Si mut’a no es una excusa para satisfacer los deseos sensuales ¿qué es entonces? Si mut’a es permitido solamente en casos de extrema necesidad, entonces ¿cómo se le puede permitir a una persona casada hacer mut’a? Y si una persona no puede casarse por motivos económicos entonces ¿cómo puede ser responsable de mantener a un niño nacido de un matrimonio de mut’a, pero al mismo tiempo no ser responsable de mantener a su esposa? El Sagrado Corán y mut’a Los chiítas utilizan el vigésimo cuarto versículo de la Sura de las Mujeres como referencia para apoyar su opinión sobre mut’a pero sin considerar el contexto del mismo y sin interpretar los versículos que vienen antes o después de dicho versículo. Además, describen a los comentaristas del Corán sunnitas, que mencionan la versión chiíta de la interpretación del versículo, como si compartieran la misma opinión con ellos sobre su interpretación. Veamos el vigésimo cuarto versículo que viene después del vigésimo tercer versículo en el cual se habla de las mujeres con las cuales está prohibido casarse; y después el siguiente (vigésimo quinto versículo) que lo complementa. «Y las mujeres casadas, a excepción de aquellas (las cautivas y esclavas cuya relación con su marido ya está rota) que posee vuestra diestra. Es una prescripción de Dios para vosotros. Aparte de esto se os permite que busquéis (esposas) con vuestros bienes como hombres honrados, no fornicar. Y puesto que gozáis de ellas, dadles la dote como está mandado; y después de que la dote fuera prescrita no hay ningún mal en que lleguéis a un acuerdo mutuamente sobre la variación de la dote. Es cierto que Dios es Conocedor, Sabio. Y el que de vosotros no tenga medios suficientes para casarse con mujeres libres creyentes, que lo haga con esclavas creyentes que poseáis. Dios conoce mejor vuestra creencia. Unos procedáis de otros. Casaos pues con ellas con el permiso de sus familias y dadles lo que les corresponde tal y como está establecido, como a mujeres decentes, no como si fueran adúlteros o de las que toman amantes. Y una vez estén en la protección del matrimonio, si cometen un acto indecente, tendrán la mitad del castigo que las mujeres libres. Esto es válido para quien de vosotros tema caer en la fornicación. Pero es mejor para vosotros tener paciencia. Dios es Perdonador y Compasivo». (4:24-25) Los chiítas interpretan las palabras «istimta» (beneficio) y «uyur» (pago) como mut’a y el desembolso relacionado con ello. Y además interpretan la frase que lo sigue «y después de que la dote fuera prescrita no hay ningún mal en que lleguéis a un acuerdo mutuamente sobre la variación de la dote» como que no es inconveniente prolongar el proceso de mut’a a condición de un nuevo acuerdo sobre el precio.[137] En primer lugar, aunque la palabra «istimta» surja de la misma raíz que la palabra mut’a, y literalmente signifique «aprovecharse», es absolutamente incorrecto atribuirla a mut’a como un concepto; ya que la misma palabra aparece tal cual en el Sagrado Corán junto a diferentes modos verbales y diversos contextos, como «beneficiar», «proporcionar beneficio», «sustento mundano» (Sura at-Tawba, 9:69); «Y vosotros estáis gozando de la suerte que os ha tocado como los que os antecedieron gozaron de la suya»; ver también la Sura al-Anam 6:128; y al-Hiyr 15:3). Y de nuevo en el Corán, el acto de un hombre, que se divorcia de una mujer antes de la consumación del matrimonio (pasar juntos una noche), y da cierta cantidad de su propiedad como dote es también llamado «istimta» —obtener un beneficio, por parte de la mujer en este caso— (Sura al-Bakara 2:236). En segundo lugar, la palabra «uyur» (pago) indica lo que se paga a cambio de un servicio proporcionado; y en cada versículo donde es empleado, en referencia al matrimonio, representa la propiedad que se debe dar a la mujer, llamada la dote (mahr). De hecho, en los versículos mencionados anteriormente se puede entender eso claramente. En el vigésimo quinto versículo, se recomienda a aquellos que no son capaces económicamente de casarse con las mujeres libres, tener paciencia y si no pueden, que contraigan matrimonio con concubinas creyentes y en dicho caso concederles la dote con deferencia. Y es una forma muy arbitraria interpretar la frase «y después de que la dote fuera prescrita no hay ningún mal en que lleguéis a un acuerdo mutuamente sobre la variación de la dote» como «alargar el proceso de mut’a con un plan de pago renovado, si se llega a un acuerdo mutuamente para cambiarlo no conlleva pecado alguno»; ya que esta frase «y después de que la dote fuera prescrita no hay ningún mal en que lleguéis a un acuerdo mutuamente sobre la variación de la dote» declara claramente que el versículo no habla sobre una dote nueva ni mut’a, sino la dote ya descrita anteriormente. Si los versículos arriba mencionados se leen en su totalidad, obviamente se aprecia que todos describen un matrimonio reconocido y permanente. Los versículos hablan de buscar un matrimonio con mujeres, con la condición de mantener su castidad y no cometer adulterio. La palabra que se interpreta como «adulterio» es sifah. Las explicaciones de Elmalili Hamdi Yazir sobre este asunto son suficientemente aclaratorias. La palabra «sifah» indica la mera satisfacción de los deseos sexuales de los hombres y las mujeres sin ningún afán de reproducción; es por tal motivo que el adulterio es llamado «sifah». Esto significa que el verdadero propósito de que sea legal el hecho de casarse con mujeres libres y con esclavas, es robustecer el ego o nafs —como si de una fortaleza se tratara— y por motivos de reproducción. Y la satisfacción de los deseos carnales es parte de ello (que es propio de un pago adelantado, como dice Bediüzzaman Said Nursi de manera sucinta). Por lo tanto, el hecho de casarse solamente para satisfacer los deseos sensuales no está permitido, y de este modo realizar mut’a —en otras palabras, tener amantes— no es legal, sino que se considera como fornicación. La sabiduría en la creación de la relación innata entre los hombres y las mujeres no es malgastar el agua de la vida por un placer infecundo, sino que es una demostración de la orden divina que dice «Os creó de un único ser, creando de él a su pareja y generando a partir de ambos muchos hombres y mujeres» (4:1). En la Sura al-Baqara (2:223) se expone que «vuestras mujeres son vuestras tierras (cultivables); no se dice que «vuestras mujeres son vuestros placeres». El ego y la castidad de los seres humanos son intocables. Y por eso en los versículos se menciona en primer lugar a las mujeres con las que está prohibido casarse, después advierte contra la fornicación y el adulterio, explica los motivos del matrimonio y declara que se hizo legal establecer el matrimonio con las mujeres otorgándolas una dote. En resumen, el matrimonio es lo opuesto a la fornicación que es algo injustificable; una tentativa que pretende cambiar el motivo de la creación. El contrato de matrimonio teine que ser elaborado con buenas intenciones y pensando en su duración permanente, no temporal. Y la dote es una de las exigencias del contrato de matrimonio. Ha sido ordenado que «Por eso, bajo estas condiciones si queréis uniros a una de esas mujeres, darles la dote prescrita» como una obligación religiosa. Con la consumación del matrimonio, el marido se hace responsable de pagar completamente la dote.[138] En el vigésimo quinto versículo que sigue al vigésimo cuarto y que lo complementa, se clarifica una vez más que la forma descrita de matrimonio en estos versículos no pueden ser mut’a. Ya que este versículo aconseja tener paciencia en el caso de no poder casarse por motivos económicos con las libres mujeres creyentes; si no pueden tener paciencia entonces casarse con las esclavas musulmanas pero con la aprobación de los tutores o los dueños de la esclava. Además, la hermandad en la fe está enfatizada contra cualquier mala acción posible. Como se ha mencionado antes, los eruditos chiítas ni siquiera llegan a un acuerdo acerca de con qué clase de mujeres se puede establecer mut’a y mientras que el Sagrado Corán recomienda con insistencia casarse con mujeres creyentes, ellos relatan narraciones en las que el hecho de hacer mut’a con mujeres creyentes las humilla. Los chiítas aseveran que el único motivo del matrimonio no es la reproducción basándose en los versículos que supuestamente apoyan su idea, tal y como «Ellas son un vestido para vosotros, y vosotros sois un vestido para ellas» (2:187); «Una de las pruebas de Su existencia y omnipotencia es el hecho de que os ha creado esposas entre vosotros y ha instalado amor y compasión mutuos (en vuestro corazón)» (30:21). Sin embargo, en la cuestión relativa a la verdad que encierra un veredicto religioso hay una diferencia entre la causa y la sabiduría de dicho veredicto. La «causa» es la razón por la cual la ley es prescrita y así la sabiduría es el beneficio que se deriva de esto. De este modo, en el matrimonio, la reproducción, fortalecer el ego como un baluarte y mantenerse lejos de los pecados, todo es la causa; pero estas causas no quieren decir que no exista otra sabiduría ni ventajas en ello. Además dichos versículos llaman la atención acerca del amor, la compasión y la protección mutuas en una relación entre el hombre y la mujer, y no acerca de una relación sexual. El énfasis que estos versículos marca es suficiente para impedir mut’a. Además de lo que ha sido explicado anteriormente, hay muchos más dilemas y contradicciones en la aceptación de mut’a. Por ejemplo, los versículos quinto y séptimo de la Sura al-Muminun se pueden considerar desde este punto de vista: «Y aquellos que guardan su castidad. Solamente tienen relaciones íntimas con sus mujeres y concubinas; ya que no son reprobados por estos actos. Pero quien busque algo más allá de eso… esos son las transgresores». Dios Omnipotente aquí nos enseña que hay dos formas de una relación legal entre los hombres y las mujeres; una es el matrimonio normal y la otra es poseer concubinas. Con este versículo, se establece la forma legal de una relación con las mujeres y se prohíben el resto. Por otro lado, mut’a no pertenece a ninguna de estas dos formas.[139] Dios llama a aquellos que traspasan los límites de estos dos tipos de relación «adún» (los pecadores que se exceden). Puede que algunos eruditos aleguen que este versículo es revelado en el período de La Meca mientras que la práctica de mut’a tuvo lugar después de la emigración a Medina. Tenemos que recordar que mut’a no es algo inventado por el Islam sino que era un fenómeno comúnmente practicado en la Época de Yahiliyya. Mut’a, desde otro punto de vista Si un hombre se casa con una mujer y después se divorcia de ella, es posible que surjan cuatro tipos diferentes de situaciones relacionadas con la dote. Son las siguientes:
El decreto relacionado con la primera situación se explica en el versículo 236 de la Sura al-Baqara: «No hay ningún mal en el hecho de divorciaros de las mujeres a las que no habéis tocado ni asignado dote. Pero gratificadles con algún bien de forma honorable; los ricos según su poder y los pobres cuánto puedan (gratificarlas con algún bien); un regalo de una cantidad razonable es un deber de los que siempre buscan el bien». También en un hadiz se relata que el Profeta se divorció de una mujer antes de tocarla y asignarle una dote. Le concedió algunos regalos tal y como dos pares de vestidos, y después la dejó marchar. El segundo decreto acerca de la dote se explica en el versículo 237º de la Sura al-Baqara: «Y si os divorciáis de ellas antes de haberlas tocado, pero cuando ya les habéis asignado una dote, entonces dadles la mitad de lo que les habéis asignado». El decreto relativo a la tercera situación se explica en el verso cuarto de la Sura an-Nisa: «Dad a las mujeres con buena voluntad la dote correspondiente; pero si ellas mismas os dejan una parte de la dote, disfrutadla con provecho». Hay eruditos que interpretan la palabra «nihlah» — que traducimos como «con buena voluntad»—, como «de acuerdo con las tradiciones y el ambiente social, y como una responsabilidad ». Eso significa que por lo menos les aconseja a los hombres que otorguen a las mujeres con las que se casan una cantidad de dote apropiada según los niveles socioeconómicos de la sociedad en la que vive. El último decreto sobre este tema es el principio siguiente: «Si asignasteis una cantidad de dote y tuvisteis relaciones íntimas con vuestras mujeres después de casaros, debéis darles la dote; ya que el término “istimta” (obtener beneficio) tuvo lugar, aunque haya divorcio o no». Este veredicto se basa en el versículo vigésimo cuarto de la Sura aNNisa mencionado antes que dice: «Y puesto que gozáis de ellas, dadles la dote como está mandado; y después de que la dote fuera prescrita no hay ningún mal en que lleguéis a un acuerdo mutuamente sobre la variación de la dote. Es cierto que Dios es Conocedor, Sabio». Según los chiítas, esta regla explica la necesidad de conceder dote a la mujer, ya que es su derecho, antes de tener relaciones íntimas con ella, pues en caso contrario, aprovecharse de ella antes de otorgarle la dote prescrita no puede ser incluido dentro del marco de mut’a. Ellos defienden la idea de que en este versículo se hace énfasis en el hecho de que después de que termine el tiempo determinado por mut’a, pueden prolongar el proceso de mut’a, aumentando el precio —el hombre— y el tiempo —la mujer—. Sin embargo, lo que explica este versículo es que no hay ningún mal en disminuir o aumentar la cantidad de la dote llegando a un acuerdo mutuamente incluso después de haber prescrito la dote.[140] En otras palabras la orden divina antes mencionada habla de la necesidad de llegar a un acuerdo sobre la cantidad de la dote, y que la cantidad y el método de pago se pueden negociar después de que todo haya acabado y la dote se puede pagar después de «istimta». Por eso, su opinión sobre mut’a desde esta perspectiva tampoco coincide con este versículo. Mut’a y el divorcio También en el Corán, Dios nos enseña acerca del divorcio en los versículos que menciona al matrimonio. Cuando un hombre se casa con una mujer casta, y después quiere separarse de ella, primero tiene que divorciarse de ella. Esto se puede apreciar en los siguientes versículos: al-Baqara 2:231-232-236-237, al-Ahzab 33:49, al-Talaq 66:5 y al-Tahrim 65:5. Por otro lado, en la práctica de mut’a no existe el divorcio; una vez que se haya pagado el precio prescrito y acabado el tiempo asignado, ya no se puede hablar de los derechos, ni deberes, ni de la ley de herencia ni el proceso del divorcio. Hay tan sólo una regla, la mujer está obligada a esperar cuarenta y cinco días (sesenta días según algunos) antes de contraer mut’a con otra persona. En cuanto al hombre, él no tiene la obligación de esperar aunque esté casado o haya hecho mut’a con una mujer, puede hacer mut’a inmediatamente con otra mujer. Esta práctica de mut’a va a en contra de lo Dios asignó como matrimonio en el Corán. En la Sura al-Baqara 2:228 Dios ordena que «Las mujeres divorciadas deberán esperar tres menstruaciones para estar en disposición de volverse a casar y no es lícito que oculten lo que Dios haya creado en sus matrices si creen en Dios y en el Último Día del Juicio Final». Pero en el Corán se ordena esperar tres períodos mensuales (tres períodos de impureza y pureza) en el caso del divorcio. Y no hay otro decreto respecto a este período ni en el Corán ni en la Sunna. Por eso, las puertas están cerradas para mut’a en este punto también. Por otro lado, según el libro de Mustadrak al-Wasail, que es uno de los auténticos libros de hadiz chiítas, en la página tres del volumen siete, en la narración 506:8762, el Profeta dijo: «Aquellos que no pueden casarse (por motivos económicos) de mi Umma que ayunen; ya que el refugio de mi Umma (contra los pecados) es el ayuno». Y otra vez, en Biharul Anwar, otra fuente chiíta, en la página 327 del volumen 14, narración 50:2, Ali dijo: «Refugiaros en el ayuno de vuestros deseos carnales (sensuales)». Por lo tanto, si mut’a es legal y de este modo los deseos se pueden satisfacer fácilmente entonces, ¿para qué se necesita el ayuno? ¿Esto no es una contradicción bastante elocuente? Terminemos nuestro artículo con la señora que lo inició al principio, cuyas palabras están tan llenas de lecciones de las que aprender que las escribimos palabra por palabra, sin cambiar nada: «Cada día, muchas más chicas jóvenes caen en la trampa de mut’a convirtiéndose en víctimas de esta idea presentada por individuos chiítas. La mayoría de las víctimas de estos malentendidos son estudiantes de colegios y universidades. Lamentablemente, estas jóvenes, que carecen de conocimientos religiosos y de experiencia en la vida, no pueden pedir la ayuda de nadie, y muchos menos a sus padres. Por favor, informémonos mutuamente el uno al otro para protegernos contra los ideales equivocados y la corrupción en la practica religiosa, como la idea del matrimonio temporal o mut’a; aprendamos las ideas de Ahl al-Sunna sobre ello y enseñémosla a los demás. ¡Hagámoslo, al menos por salvaguardar el honor y la dignidad de nuestra religión y para ganar el amor y el consentimiento de Dios!» [131] Tirmizi, Faraiz, 10; Ibn Maya, Faraiz, 4; Abu Dawud, Faraiz, 5. |
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| Modificado el ( miércoles, 18 de julio de 2007 ) |
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