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escrito por Dr. Hayreddin Karaman   
27.04.2007

Nuestro profeta Muhammad alentó a los musulmanes a que se casaran e hizo que aquellos que renunciaban al matrimonio y a la vida familiar para ser más devotos de Dios abandonaran sus actos y contrajeran a su vez matrimonio. Por ejemplo, tres personas entre los Compañeros le preguntaron a una de las esposas del Profeta acerca de sus rezos diarios. Al enterarse de que el Profeta dedicaba más tiempo a la oración, les parecieron insuficientes sus propias oraciones y decidieron dedicarse completamente a la devoción a Dios a partir de entonces y juraron que incrementarían sus rezos: uno de ellos rezaba todas las noches enteras, el otro ayunaba diariamente y el último abandonó la vida familiar. Cuando el Profeta se enteró de lo que hacían, les dijo: «Juro por Dios, soy el que más Le teme y practica con más diligencia las reglas que Él estableció. Pero (al mismo tiempo), a veces realizo el ayuno supererogatorio y a veces no; por las noches hago oraciones pero también duermo; me caso y tengo una vida familiar; así que los que se apartan de mi camino no son de mí».

T al y como es tan importante la sociedad para los seres humanos y la familia para la sociedad, del mismo modo el profeta Muhammad, el Orgullo del Universo, el Mensajero y el Practicante de la Verdadera Religión, le dio tanta importancia a la familia, puesto que el Legislador de la religión, la cual Muhammad transmitió a la humanidad y practicó a su vez, y el Creador del Universo es el Mismo. Es normal que no haya ninguna contradicción entre estas dos obras (la religión y los seres humanos) de Dios, el Uno, el Único, el Omnisapiente y el Omnisciente, y que los dos sean compatibles el uno con el otro como lo son un vestido y el cuerpo al que viste.

La importancia dada a la familia por el Corán y el Profeta, a saber, por el Islam, se puede apreciar claramente en las siguientes pautas e instrucciones:

I. Nuestro amado Profeta, a quien Dios presentó como ejemplo a la humanidad, se había casado, formado una familia; y había establecido ejemplos sobre los comportamientos respecto a ser un miembro de la vida familiar, como desempeñar el papel de padre, abuelo, cónyuge, suegro o cuñado. Contrajo su primer matrimonio cuando tenía veinticinco años con una viuda quince años mayor que él (nuestra Madre Jadiya), y vivió con ella hasta los cincuenta sin casarse con otra mujer, lo cual era una práctica bastante común en aquella época. Sólo después de la muerte de su querida esposa, que era también la madre de sus hijos con quienes siguió su linaje de familia, se casó con otras mujeres, jóvenes y mayores, y pasó los últimos trece años de su vida otorgándoles prosperidad y felicidad espiritual. El hecho de que pasara su juventud con una viuda mayor demuestra que hay otras prioridades más importantes en los matrimonios que la sexualidad; y que el matrimonio debe ser monógamo sin que haya otras razones de peso. Sus matrimonios posteriores tienen motivos tanto políticos como sociales, morales, religiosos e históricos. Además, proveyó un precioso modelo de vida familiar organizada dentro de los límites de la sumisión a Dios para su Umma en la cual los matrimonios polígamos serían un fenómeno social en diferentes épocas y lugares.

II. Nuestro profeta Muhammad alentó a los musulmanes a que se casaran e hizo que aquellos que renunciaban al matrimonio y a la vida familiar para ser más devotos de Dios abandonaran sus actos y contrajeran a su vez matrimonio. Por ejemplo, tres personas entre los Compañeros le preguntaron a una de las esposas del Profeta acerca de sus rezos diarios. Al enterarse de que el Profeta dedicaba más tiempo a la oración, les parecieron insuficientes sus propias oraciones y decidieron dedicarse completamente a la devoción a Dios a partir de entonces y juraron que incrementarían sus rezos: uno de ellos rezaba todas las noches enteras, el otro ayunaba diariamente y el último abandonó la vida familiar. Cuando el Profeta se enteró de lo que hacían, les dijo: «Juro por Dios, soy el que más Le teme y practica con más diligencia las reglas que Él estableció. Pero (al mismo tiempo), a veces realizo el ayuno supererogatorio y a veces no; por las noches hago oraciones pero también duermo; me caso y tengo una vida familiar; así que los que se apartan de mi camino no son de mí».24

Se dirige a los jóvenes diciendo: «Que los que tengan oportunidad entre vosotros se casen; ya que lo que protege los ojos y la castidad es el matrimonio»25

El resultado de esta instrucción del Mensajero de Dios es que aquellos que tienen capacidad económica y los que son capaces de obedecer las reglas del matrimonio deben casarse.

III. El Islam facilitó el matrimonio, reduciendo las exigencias de formalidad y la carga económica al mínimo. Para contraer un matrimonio es suficiente que las parejas declaren adecuadamente sus intenciones (con palabras que expresan la afirmación definitiva según las tradiciones, tal y como «me caso contigo» o «te acepto como cónyuge») en presencia de los testigos y después anunciarlo públicamente. La propiedad que el hombre le debe dar a la mujer o la dote pueden ser simbólicos según las condiciones. En caso de la omisión del asunto de la dote durante el contrato, esto no invalida el derecho de dote. Pero en estos casos, también se tiene que conceder una dote de suficiente valor.

IV. Se exige ayudar a aquellos que desean casarse, pero que no pueden realizarlo debido a los obstáculos económicos o morales. Hubo muchas personas a las cuales el Profeta y sus mujeres ayudaron a casarse tanto criándolos como liberándolos, si eran esclavos, o ayudándoles si tenían dificultades.

V. En un matrimonio es muy importante haber elegido al esposo con un objetivo en mente. Los criterios que usa la gente para elegir marido o mujer varían y muchas veces se aprecia la influencia de los deseos y los placeres efímeros. Por lo tanto, el Profeta advirtió a su Umma sobre la elección conyugal y trajo rectos criterios. En un hadiz dice: «Una mujer es elegida como esposa de acuerdo a cuatro rasgos: su riqueza, su nobleza, su belleza o su religiosidad; para conseguir la prosperidad en vuestro matrimonio elegid aquella que es religiosa».

VI. Las medidas tanto legales como morales que son necesarias para una vida familiar estable, serena y productiva fueron tomadas, y la determinación del resto de aspectos de la vida familiar que están ağabeyertos a los cambios que fueron delegados a las tradiciones, las costumbres y los avances culturales. La Ley de la Familia Islámica (Munakahat y Mufaraqat), que se deriva del Libro (el Corán) y la Sunna es tan amplia que no se puede abordar en los libros. La determinación de los aspectos alterables tal y como el papel que desempeña la familia, la solidaridad, la cualidad y la cantidad de los medios de subsistencia y las relaciones sociales fueron delegadas a las tradiciones y las costumbres, y se exigió que fuera la sociedad musulmana (de acuerdo con lo que los musulmanes consideran bueno y apropiado), quien decidiera sobre estos temas. (Sura an-Nisa, 4:19).

VII. El Profeta se encargó de solucionar los conflictos y los problemas surgidos entre los miembros de las familias formadas e hizo todo lo que pudo para asegurar la supervivencia y la firmeza en la familia. También animó a su Umma a recuperar las relaciones dañadas de la familia, y hasta dio permiso para mentir con este fin.26 Otro ejemplo relacionado con esa sublime familia, Ahl al-Bayt (miembros de la casa del profeta Muhammad), ocurrió cuando Ali pretendió casarse con otra mujer mientras todavía estaba casado con Fatima. Reconociendo que esto entristecería a Fatima, que le podría hacer pecar (debido a los celos y discordia) y ensombrecería la felicidad de la familia, el Profeta tomó inmediatamente una precaución para extinguir el fuego en su primer fulgor y dijo: «Ali no puede casarse con otra mujer sin divorciarse de Fatima primero». Entonces su querido yerno, para no lastimar a su esposa ni a su suegro desistió de su intención.27

VIII. Las familias son responsables en grado sumo de la educación y el futuro de los niños. Para demostrar a su Umma cómo cumplir con el decreto de Dios el Profeta dice: «Â¡Oh creyentes! Guardaos a vosotros mismos y a vuestra familia de un fuego cuyo combustible serán los hombres y las piedras...»28 ilustrando ejemplos de prácticas en su familia, y también dio consejos cuyo valor supera las épocas: «Cada uno de vosotros es un pastor y responsable de su rebaño. El gobernador es pastor y responsable de un rebaño. El hombre, para con su familia, es pastor, y responsable de su rebaño. Y la mujer, en la casa de su esposo, es pastora y responsable de su rebaño. En resumen, todos vosotros sois pastores y responsables de vuestoros rebaños».29

IX. Es la obligación de todos los miembros de una familia tratarse con respeto. Esta orden se convierte en un estatuto obligatorio en el caso de proveer el sustento (como los medios de subsistencia o la pensión alimenticia) de los parientes que están en necesidad también: «Y concede al pariente lo que le es debido en materia de generosidad y en manifestación de parentesco, así como al menesteroso y al viandante que no dispone de su patrimonio. Hay que prodigarles lo debido de limonsa legítima y caridad; y no seas pródigo, dilapidando tu fortuna en lo vano » (El Corán, 17:26). «…Y tratad a vuestros padres con benevolencia y sin equivocaciones. Asimismo, tratad con benevolencia a vuestros allegados…». (El Corán, 4:36)

X. Para que una familia sea como una escuela, un lugar de devoción, un hogar cálido e iluminado, un refugio, una unidad de relación social, tiene que haber amor mutuo, respeto y afecto entre el marido y la esposa en un grado mayor que el de los otros miembros de la familia. Por eso, no tiene ningún sentido mantener una pareja que no se quiere, con quien no se puede llevar bien y que no se respetan mutuamente sus derechos. Desde este punto de vista, el Islam permite el divorcio en aquellos casos en los que no haya ninguna salida; pero instaura algunas restricciones como no revelar los secretos de familia o dañar la hermandad en el Islam. Por lo tanto, concede un lugar especial a «la asamblea familiar» y los procesos de los mediadores. (El Corán, 4:35)

La opinión del Profeta acerca de la cuestión del divorcio y el final del matrimonio se expresa con elocuencia en la siguiente frase: «Lo más detestable, de entre lo lícito, ante Dios es el divorcio».

Y en el Sagrado Corán se declara: «… tratad bien a las mujeres. Si hay algo que no os gusta en ellas considerad que tal vez os esté disgustando algo en lo que Dios ha proveído mucho bien». (4:19)

El matrimonio en secreto

Hay un consenso entre los eruditos musulmanes acerca de que un matrimonio basado sólo en la declaración de intenciones de la pareja, sin testigos y sin anunciarlo públicamente, no es un matrimonio verdadero ni es válido; y el acto de tener relaciones sexuales basadas en tal matrimonio se considera adulterio.

Según una de las más grandes escuelas de la Ley Islámica, los Shafíes, una chica, aunque alcance la pubertad, no puede casarse por sí sola; el que tiene derecho a declarar la intención de matrimonio en nombre de ella es su tutor legal. Según la Escuela Hanafi, una mujer, llegada la pubertad, puede decidir casarse por sí sola y puede realizar un contrato válido con su declaración de intención.

Según todas las escuelas de la Jurisprudencia Islámica, el anuncio público del matrimonio (el contrato matrimonial), o sea, el hecho de no guardarlo en secreto, es una sunna. Según el Imán Malik, un matrimonio que es reconocido por los testigos pero guardado en secreto por deseo expreso de la pareja es inválido; por eso este matrimonio debe ser anulado por las autoridades apropiadas y tiene que separarse la pareja.

El matrimonio tiene aspectos, impactos y consecuencias sociales, religiosas, morales y matrimoniales. El contrato de matrimonio no solamente hace permisible la relación sexual, sino también encarga muchos derechos y obligaciones sobre las partes. Los musulmanes también tienen deberes hacia otras personas además de su cónyuge, tal y como los padres, los ancianos, los hermanos y otros parientes políticos en esta esfera tanto legal como moral. Aquellos jóvenes que se casan sin informar a sus padres y que tampoco consiguen su consentimiento, dañan sus sentimientos y rompen sus corazones gravemente. Estas heridas, a veces, duran toda la vida y por lo tanto las relaciones familiares se sacuden profundamente. Algunas autoridades (maestros del Islam) consideran este asunto desde una perspectiva muy estrecha (desde el punto de vista de los componentes legales del contrato matrimonial) y dicen que es lícito. Sin embargo, hay que tratar el asunto también considerando los derechos y las obligaciones conyugales, las relaciones familiares y el aspecto moral. Deben pensar en el impacto que les causaría el hecho de que se casaran sus hijos o hijas sin haberles informado. Un matrimonio realizado sin el consentimiento de los padres, pidiendo a los testigos que lo guarden en secreto y sin registrarlo oficialmente, puede tildar de adulterio la relación sexual —como está mencionado arriba, hay eruditos que no están de acuerdo con ello—, lleva muchos inconvenientes con respecto a los términos de los derechos y las obligaciones matrimoniales, los derechos paternales y los aspectos éticos; y conduce a la pecaminosidad. Una de las importantes consecuencias negativas se puede apreciar en el caso de que la mujer quiere separarse y el hombre no lo acepta. En tal caso, hasta que el hombre sea persuadido por mediadores para conceder el divorcio, la mujer no puede casarse con otro hombre.

Nuestro consejo sobre este asunto es vencer las tradiciones que ponen obstáculos al matrimonio; hacer que el hecho de contraer matrimonio sea más fácil y menos costoso; bajar la edad matrimonial a una edad más temprana (no se debe esperar hasta los 25-30 años); tomarlo en serio y no pensar únicamente en la satisfacción de los deseos efímeros; actuar según la razón, no los sentimientos; establecer instituciones benéficas para apoyar a aquellos que se casan mientras estudian; y cuando todas estas facilidades son proporcionadas, tener el consentimiento de los padres y realizar el matrimonio. Y entonces la obligación de los padres es dar la iniciativa a sus hijos e hijas elegir sus parejas; y no rechazar su exigencia sin que haya alguna razón seria. No se debe olvidar que entre los motivos principales de los matrimonios en secreto están los problemas que también se contradicen con la tradición del Profeta, las dificultades económicas y el rechazo de los padres. Y además el Profeta les aconseja ayunar a aquellos que no tienen oportunidad de casarse.30

El matrimonio oficial y el matrimonio religioso

El matrimonio en el Islam, en la nomenclatura de los asuntos de la Jurisprudencia Islámica no es observado como un acto de veneración sino que lo es en el Código Civil que organiza la vida terrenal de las personas. De este modo, su relación con la religión es igual a la de una transacción de una venta o un contrato de arrendamiento. Por lo tanto, el contrato de matrimonio se realiza por las dos partes, no por otra persona, ante los testigos del consentimiento y las declaraciones de intenciones de un hombre y una mujer que no tienen ningún obstáculo para casarse. La presencia de un imán o secretarios de registro civil no es una condición para que el contrato sea válido; ya que lo único que hacen estas personas es administrar el acta de matrimonio. Como el matrimonio oficial es registrado, es más apropiado según el objetivo de la religión en términos de la protección de los derechos de matrimonio. En las actuales circunstancias en las que vivimos, la gente no debe conformarse con sólo una forma de matrimonio que es llamada «el matrimonio religioso»; para proteger los derechos del matrimonio a los cuales la religión da mucha importancia, hay que suscribir el contrato oficial a la vez.

La poligamia

La traducción del versículo que permite a los hombres casarse con más de una mujer, es como sigue: «Si teméis que no vais a ser capaces de tratar justamente a los huérfanas, casaos con otras dos, tres o cuatro mujeres que sean lícitas para vosotros; pero si teméis que no vais a ser capaces de tratarles con justicia entonces casaos con sólo una…; esto será más conveniente para impedir que cometáis injusticias». (4:3)

Para que los seres humanos encuentren la felicidad en esta vida y realicen el objetivo de su creación, tienen que dar prioridad a dos cosas entre las condiciones materiales: las saludables, estables y ordenadas relaciones humanas entre la familia y la sociedad; y una relación justa y razonable del humano y la riqueza. En la Sura an-Nisa (las mujeres), desde el segundo versículo hasta el final del sexto versículo, se menciona el derecho de los huérfanos en las familias numerosas, y las relaciones tanto personales como financieras entre el huérfano y su tutor legal son organizadas. En los dos versículos que se encuentran en la parte intermedia de la Sura se menciona los asuntos del matrimonio y la dote; sin embargo, dicha mención es indirecta por haber surgido dentro del contexto de las regulaciones y los consejos acerca de los derechos de los huérfanos. En otras palabras, la conocida «poligamia» (taaddud az-zawyat), no ha sido un asunto de una resolución directa; es mencionado como una forma de proteger los derechos de los huérfanos en dicho contexto. A partir del séptimo versículo, se menciona las reglas de la herencia que es uno de los aspectos más importantes de la asignación de la riqueza.

Los seres humanos, hasta ahora, no han podido encontrar solución alguna para evitar las guerras, los desastres naturales y la muerte. Aunque se pueda encontrar un remedio para evitar las guerras y que prevalezca un ambiente de paz, el mundo seguirá viviendo con los otros dos males. Las guerras, los desastres naturales y las muertes dejan niños sin padres. Aquellos niños (los huérfanos) necesitan a un protector, un educador y una persona que los represente a ellos y a sus propiedades. Estos protectores y representantes se llaman «tutores». La responsabilidad de estos tutores es cuidar al huérfano y proteger sus intereses tanto personales como monetarios. Hay nuevas del Profeta que dicen: «Aquellos que amparan a un huérfano, cuidan de él y lo educan estarán junto al Profeta en el Paraíso»31. Los tutores que desafían de sus responsabilidades; los que usurpan la propiedad del huérfano o tratan de cambiarla por la suya que es inferior a esa, son unos traidores de la confianza que abusan de sus deberes y responsabilidades.

En general, los huérfanos son casados por sus tutores y la elección del futuro novio y las condiciones se determinan según el deseo de éstos. Cuando un huérfano contrae matrimonio, el que debe buscar aquello beneficioso para el mismo es el tutor. La responsabilidad de la custodia, si no hay ningún otro pariente más cercano, puede pasar a los primos por parte de los tíos paternales, entre los cuales no hay prohibición de matrimonio. En tales casos, si el tutor (el primo) quiere casarse con la huérfana, eso quiere decir que no hay ningún tutor que proteja los derechos de dicha huérfana en tal contrato de matrimonio porque las condiciones son establecidas por alguien que a su vez es la otra parte del contrato. En caso de que exista algún riesgo de abuso y privación de los derechos de la huérfana, Dios advierte a los tutores contra las injusticias, a quienes no les está prohibido matrimonio con las parientes huérfanas y les aconseja que se casen con otras dos, tres o cuatro mujeres, en vez de casarse con las huérfanas que están bajo su protección. La expresión «…con dos, tres o cuatro…» debe indicar que hay muchas mujeres en este mundo con las que pueden casarse. Lo que Aisha, la madre de los creyentes, indicó sobre el motivo de la revelación del versículo: «Si teméis que no vais a ser capaces de tratar justamente a los huérfanas» evidencia que la explicación tratada anteriormente era un hecho histórico: según ello los tutores, o se casaban con las huérfanas bajo su protección sólo para obtener las propiedades de ella o se casaban con ellas por amor, pero dándoles menos dote.32

La cuestión mencionada indirectamente el versículo, o sea, la posibilidad y la tradición de poder casarse con más de una mujer, se extiende hasta épocas anteriores al Islam. En aquellos tiempos, los hombres, en lugares como Egipto, India, China y Persia, así como en las antiguas sociedades griegas, romanas, judías y árabes podían casarse con más de una mujer y vivir una vida de matrimonio o una vida similar a un matrimonio, e incluso como amantes en sus casas. En esos tiempos, existían muchos motivos para que se estableciera la poligamia según la sociedad y la razón más importante de la poligamia en las regiones donde surgió el Islam, sobre todo en los pueblos, en las regiones montañosas y en el desierto donde vivían los beduinos, fue que era vital una población numerosa tanto para defenderse contra el enemigo como para dominar su alrededor. Los otros motivos pueden ser las dificultades de la vida rural que requiere muchos trabajadores, el número en aumentos de la mortandad de los varones debido a las interminables guerras entre las tribus, los ataques, los saqueos etc., y la disminución en número de los hombres con respecto al de las mujeres.

Por lo tanto, la oportunidad y la práctica de la tradición de poligamia no fue establecido por el Islam, sino que el Islam sólo lo permitió bajo ciertas condiciones y reglas. Pero aquí pone énfasis en la diferencia de dos elementos:

1. En este versículo se aconseja a aquellos que todavía no están casados a conformarse casándose con sólo una mujer para evitar los riesgos de la existencia de alguna injusticia contra ellas.

2. En el versículo 129, aquellos que ya están casados con más de una mujer son recordados una vez más mencionando que es imposible ser absolutamente justos con todas ellas (un hombre quizá no pueda conseguir ser justo en respecto a sus sentimientos, pero tiene que serlo en términos legales), y se aconseja por lo menos no perder el sentido de la justicia.

El Islam, (en su totalidad, junto con la fe, los actos de devoción, la moralidad, la perspectiva mundana y los objetivos relacionados con el Más Allá, los principios sociales y económicos y un código penal) no se halla abierto a un cambio fundamental; hay reglas y principios inmutables en ello. Sin embargo, en el campo de la judicatura, siempre es posible cesar la práctica de una regla si tiene consecuencias negativas. Por lo tanto, la poligamia, que está basada en un solo permiso que procede de las circunstancias históricas y sociales puede ser prohibida según la decisión de los musulmanes o de sus representantes autorizados con la condición de que sea por motivos de abuso o que tenga consecuencias negativas.

Aquellos hombres, que se casan con una segunda mujer, sin motivos saludables (algunas necesidades o condiciones irresistibles), por el mero placer, deben tener en cuenta el impacto que puede crear este hecho en su primera mujer y en el ambiente familiar que viven, en una sociedad donde la mayoría de la gente practica la monogamia. Deben preguntarse si tienen derecho a dañar los sentimientos de la primera esposa —que son, por encima de todo, sus hermanas de religión—, a sus hijos o a los parientes sólo para satisfacer sus placeres; devastar y lamentarlos y arriesgar su religión y la fe. De hecho, como mencionamos antes, el profeta Muhammad no le permitió a Ali casarse con otra mujer mientras estaba casado con Fatima, aduciendo que este matrimonio podría crear un impacto negativo sobre Fatima y su familia.

* Profesor Dr. Hayreddin Karaman emérito de la Universidad de Marmara, Estambul (Turquía).


[24] Bujari, Nikah, 1.
[25] Bujari, Nikah, 2-3.
[26] Tirmizi, Birr, 26.
[27] Bujari, Nikah, 109; Abu Dawud, Nikah 13; ver Awn’ul Mabud, Volumen 6, págs. 76-81.
[28] El Corán, 66:6.
[29] Bujari, Talak, 3.
[30] Bujari, Nikah, 2; Muslim, Nikah, 1.
[31] Bujari, Talaq, 25; Adab, 24, Zuhd,42.
[32] Bujari, Tafsir, 4/1.

Modificado el ( 27.04.2007 )
 
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