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El matrimonio, la dote, el ajuar y la ceremonia de boda en la Sunna PDF Imprimir E-Mail
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escrito por Dr. M. Selim Arik   
27.04.2007

Habiéndose iniciado con el profeta Adán, el matrimonio continuará hasta el día del Juicio Final e incluso perdurará en el Paraíso. Si el matrimonio es una forma de veneración o no, este es un asunto que discutirán los eruditos religiosos. Mientras los shafíes lo consideran como una tarea ordinaria; muchos eruditos, entre quienes está el Imán Abu Hanifa —uno de los alfaquíes religiosos más importantes—, consideran el matrimonio como una forma de veneración por sí mismo; e incluso dijeron que es más beneficioso que un acto supererogatorio de devoción. Mientras los shafíes justifican su opinión indicando que «si el matrimonio fuera un acto de veneración, entonces los matrimonios de los no musulmanes no serían válidos» los Hanafíes lo objetan ya que los matrimonios de no los musulmanes son válidos para asegurar la continuidad de la vida en este mundo. Por lo tanto, hasta cierto punto, el matrimonio se puede considerar como un acto de veneración desde el punto de vista ya que proporciona un progreso adecuado para educar y encumbrar una generación excelente además de proteger nuestro nafs (ego).

En el Sagrado Corán, el versículo «Realmente en el Mensajero de Dios tenéis un hermoso ejemplo, para quien tenga esperanza en Dios y en el Último Día y recuerde mucho a Dios» (33:21) explica que el profeta Muhammad era un modelo viviente de perfección y el ejemplo más importante de virtud de aquellos que desean realizar buenas acciones para obtener el consentimiento de Dios.

El Profeta es un modelo a seguir en cada aspecto de la vida para todos nosotros. Y una de las cuestiones más importantes que atañen a los seres humanos es el matrimonio. De este modo, como miembros de una religión que anima a sus seguidores a que aumenten en número, analizaremos los testimonios y las pruebas de la vida del Profeta para poder deducir cómo el matrimonio, la dote, el ajuar y la ceremonia de boda han de ser y trataremos de explicar cómo se practican estas pautas y directrices en nuestra sociedad.

El matrimonio

Aunque la palabra «na-ka-ha» significa «añadir, unirse» o «establecer un contrato», se emplea como un término que simboliza el «contrato de matrimonio» en la Jurisprudencia Islámica. Para que este contrato sea válido, en primer lugar, las dos partes (ambas o su representante) tienen que estar presentes. El matrimonio es imprescindible para la continuidad de una generación sana. De este modo, el matrimonio, siendo reconocido como un contrato civil en la Ley Islámica, también se considera como un acto de veneración. Según algunos eruditos, contraer matrimonio, realizar los deberes de una vida de matrimonio, servir para la felicidad de la casa, evitar los actos prohibidos que conducen a una vida decente y criar los hijos dándoles una educación religiosa y moral se considera más digno de alabanza que realizar actos supererogatorios de devoción aislándose de la sociedad.[1]

Habiéndose iniciado con el profeta Adán, el matrimonio continuará hasta el Día del Juicio Final e incluso perdurará en el Paraíso. Si el matrimonio es una forma de adoración o no, este es un asunto que discutirán los eruditos religiosos. Mientras los Shafíes lo consideran como una tarea ordinaria; muchos eruditos, entre quienes está el Imán Abu Hanifa —uno de los alfaquíes más importantes—, consideran el matrimonio como una forma de veneración por sí mismo; e incluso señalaron que es más beneficioso que un acto supererogatorio de devoción. Mientras los Shafíes justifican su opinión indicando que «si el matrimonio fuera un acto de adoración, entonces los matrimonios de los no musulmanes no serían válidos» los Hanafíes lo objetan ya que los matrimonios de no los musulmanes son válidos para asegurar la continuidad de la vida en este mundo. Por lo tanto, hasta cierto punto, el matrimonio se puede considerar como un acto de veneración desde el punto de vista ya que proporciona un progreso adecuado para educar y encumbrar una generación excelente además de proteger nuestro nafs (ego).[2]

Cuando el Profeta comparó el acto de mantener a la mujer de forma legítima con dar limosna,[3] indicó que el matrimonio es equivalente a un acto de veneración.

Por supuesto hay asuntos importantes que deben ser considerados al establecer este hogar sagrado basado en el matrimonio. El siguiente consejo del Profeta, dirigido especialmente a los jóvenes, sobre la elección del cónyuge es el principio fundamental de los matrimonios establecidos por motivos religiosos: «Contraemos matrimonio con una mujer por cuatro motivos distintos: su riqueza, su nobleza, su belleza o su religiosidad; elige el religioso para que te traiga prosperidad»[4]. En otro hadiz el Profeta dijo: «Tener cuidado con jadra-i diman», a lo que sus compañeros preguntaron: «Â¿Qué es jadra-i diman, oh Mensajero de Dios?» y él respondió: «Es una hermosa mujer criada en el pantano (en un ambiente enrarecido y lejos de las virtudes islámicas)»[5]. Por lo tanto, no se puede negar la influencia del ambiente donde se crece, así que los jóvenes que piensen en casarse deben averiguar y escrutar bien la familia del futuro esposo o esposa y las condiciones en las que creció, si quieren establecer una vida mejor tanto en este mundo como en el Más Allá. No deben pensar solamente en la riqueza, ni en el linaje de familia, ni tan siquiera en la belleza sino que deben seguir el consejo del Profeta en la elección de una mujer, y dar prioridad a la devoción religiosa. De este modo deben ser capaces de transformar su matrimonio en la felicidad de este mundo y del Más Allá.

El Profeta también dijo: «La condición más importante que ha de ser honrada es aquella en la que debéis hacer de vuestras mujeres legitimas esposas».[6] Los eruditos islámicos consideraron estas condiciones como exigencias del matrimonio, tal y como tratar bien a las mujeres, proveer su subsistencia, su ropa y sus necesidades, y no privarla de ninguno de sus derechos. De la misma manera, los requisitos que debe cumplir la mujer y que también se encuentran dentro de estas condiciones son: tener el consentimiento del marido a la hora de salir de casa, no rechazar al marido cuando quiere estar con ella y no tener visitas las cuales no son aprobadas por el marido. Estas exigencias, aunque no sean mencionadas en el contrato de matrimonio se consideran aceptadas por ambas partes.

El Mensajero de Dios también animó a la gente a que se casara diciendo: «Â¡Oh jóvenes! aquellos de vosotros que alcanzáis la edad del matrimonio (que podéis permitiros contraer nupcias), casaros; ya que el matrimonio es el que protege los ojos de las cosas prohibidas y la decencia de la mejor manera».[7] Los eruditos explicaron que el estado de alcanzar el matrimonio significa ser capaz de solucionar las dificultades y realizar los deberes de una vida de matrimonio. En cuanto a importancia se refiere la dote prometida en el contrato de matrimonio y los medios de subsistencia que han de mantenerse de por vida ocupan los primeros lugares de esta lista de requisitos.

La dote

En la Jurisprudencia Islámica, la dote —mahr— también se denomina «sadaq» y «nijle». Las posesiones otorgadas como dote no son simplemente el precio de poder estar con la mujer y adquirir la oportunidad de obtener provecho de ella sino que también son una señal simbólica que muestra el deseo de vivir con ella para toda la vida y un tipo de benevolencia concedida como regalo. Si la dote se determina en el contrato de matrimonio se denomina «mahr al-musamma» (dote que es designada), si no es así entonces se llama «mahr al-misl» (dote tasada). La dote evaluada es la cantidad que por regla general se paga a las mujeres y los parientes de la misma clase social de la familia de la novia. Si la cantidad de la dote no es determinada en el contrato de matrimonio o la dote demuestra ser inválida, entonces entra en vigencia para la novia el «mahr al-misl».

La dote es una condición del contrato de matrimonio. Este asunto se explica en el Corán con las siguientes palabras: «Dad a las mujeres la dote correspondiente de buen grado; pero si ellas remiten cualquier parte de ello por su propia voluntad, aceptadlo y disfrutadlo con provecho» (4:4). No hay un límite máximo para la cantidad de la dote. En una ocasión, en la época del Profeta, se concedió una plantación de palmeras con dátiles como dote. Los eruditos tienen diferentes opiniones acerca de la cantidad mínima que puede ser otorgada como dote. Los Hanafies tomando en cuenta el siguiente hadiz dedujeron que la cantidad mínima tiene que ser al menos diez dirhams —treinta y dos gramos— de plata: «La dote no puede ser menos de diez dirhams».[8] Y se relata que diez dirhams de plata en la época del Profeta equivalían a dos ovejas. En otras palabras, esta cantidad es la que puede pedir la mujer y la cual el hombre está obligado a pagar. Como se ve claramente la dote es una practica establecida digna de tener en cuenta; una institución dirigida a proteger los derechos de las mujeres y garantizar su subsistencia futura. Sin embargo, como queda indicado en el versículo, la mujer puede donar la dote a su marido.

Sahl bint Sa’d nos narra: «Una mujer —puede que haya sido Jawlah el Haqim; Fatima Bint Shuraih o Zaynab bint Huzayma— visitó al Profeta y le dijo “¡Oh mensajero de Dios! he venido para dedicarte mi alma”. El Profeta miró a la mujer y bajó la cabeza sin decir nada. Al no haber recibido ninguna respuesta positiva del Profeta la mujer se entristeció. Pero, justo antes de que se marchara, un hombre se levantó y dijo: “¡Oh Mensajero de Dios! Si tú no la necesitas, cásala conmigo”. El Profeta le preguntó que si tenía algo para darle como dote. Y el hombre respondió: “No, Oh Mensajero de Dios, juro por Dios que no tengo”. Entonces, el Profeta le indicó: “Ve al lado de tu familia y mira si puedes encontrar algo”. El hombre se fue y poco después volvió y le informó al Profeta que no había podido encontrar nada. El Profeta lo volvió a enviar a su casa diciendo: “Mira otra vez y si no hay nada trae aunque sea solo un anillo de hierro”. Y al volver el hombre vuelve a jurar que no tiene ni siquiera un anillo de hierro, que solamente tenía el vestido que llevaba encima y si quería podría compartirlo con ella. El Profeta dijo: “¿Para qué sirve tu vestido? Si te lo pones tú, ella no va a tener nada que ponerse; si se lo pone ella entonces tú no tendrás nada para cubrirte”. Después el Profeta le preguntó al hombre qué versículos sabía del Corán. Y el hombre le dio el nombre de algunos versículos como respuesta. Entonces el mensajero de Dios expresó: “Te caso con ella con la condición de que le vas a enseñar como su dote lo que sabes del Corán”».[9]

En otra ocasión, una mujer de la Tribu Bani Fazara deseaba casarse, con una dote como obligación. El Mensajero de Dios le preguntó: «Â¿Siendo como eres una mujer adinerada, aceptas casarte por un par de zapatos como dote? ¿Te vas a conformar con un par de zapatos con respecto a tu ego y tu riqueza?» La mujer respondió «Sí» y el Profeta reconoció este matrimonio.

Umm Habiba relató que cuando ella y su marido Ubeydullah Ibn Yash emigraron a Abisinia, Ubaydullah murió allí. Entonces el Rey Negus la casó con el Mensajero de Dios y le dio cuatro mil dirhams como dote en nombre del Mensajero. Después la envió acompañada por Shurahbil Ibn Hasana al Profeta y el Mensajero aceptó completamente todo esto.[10]

Una vez el Califa Omar, considerando las condiciones sociales de la época en la que estaban, con la intención de poner un límite máximo a la dote concedida a las mujeres dijo en un sermón del viernes: «No llegar al exceso de otorgar inmensas dotes a las mujeres». Entonces, una mujer del público se levantó y dijo: «Â¡Oh Omar!, tú no tienes ningún derecho de intervenir en esto; ya que Dios dice en uno de los versículos que “incluso si hubierais dado un tesoro entero por dote, no retomar ni la más mínima parte de lo que había sido otorgado”» (4:20). Omar, reconoció entonces que la mujer tenía razón y no insistió en su opinión. Sin embargo, no guarda relación ser más religioso con otorgar una dote muy elevada.

Los Compañeros del Profeta consideraron las cosas que tienen tanto valor moral como material como dote. Por ejemplo, cuando Abu Talha y Umm Sulaym, la madre de Anas ibn Malik se casaron, la dote entre ellos fue que Abu Talha se hiciera musulmán, ya que Umm Suleym había aceptado ya el Islam antes de él. Cuando Abu Talha le propuso matrimonio a Umm Sulaym, ella dijo: «Me hice musulmana y abandoné a mi marido porque era un infiel. Si te conviertes al Islam, me caso contigo ». Entonces abrazó el Islam. Como se aprecia, lo que Umm Sulaym pidió a su marido no era algo concreto, sino una condición inmaterial.[11] En el Corán se hace referencia a la dote como una posesión:«… os está permitido casaros gastando de vuestra propiedad con la condición de que viváis con castidad, lejos de la fornicación» (4:24). Además la frase «gastar de su propiedad» demuestra que la dote es una de las condiciones del matrimonio y también ilustra que si se lleva a cabo un matrimonio establecido sin citar la dote, en cualquier caso habrá una dote ligada a dicho matrimonio.[12]

Según la Escuela Hanafi, la dote tiene que ser algo material. Y como ha sido mencionado antes, el límite mínimo es de diez dirhams de plata. En otras palabras, la mujer puede pedir al menos esta cantidad, no menos. Aunque está determinado el límite mínimo no hay ningún límite para la cantidad máxima. Según la Escuela Shafi, enseñar el Corán también es aceptado como dote.

Por ende, las partes implicados en la consecución de dicho matrimonio tienen que solucionar la cuestión de la dote considerando las condiciones actuales. De este modo, se evita la posibilidad de cualquier sufrimiento futuro y una norma del Islam será salvaguardada de convertirse en una práctica simbólica.

El ajuar

El ajuar consiste en el mobiliario de la casa, la tapicería, y otros elementos necesarios de una casa tal y como los utensilios para el hogar. Según la Escuela Maliki, el ajuar le incumbe a la mujer y ha de ser en concordancia con la cantidad que ella toma como dote. Si no ha tomado nada entonces no tiene obligación alguna de entregar un ajuar. Pero, si el marido pone la condición de que la mujer carga con laresponsabilidad del ajuar, o si la costumbre lo requiere de la mujer, entonces el ajuar es obligación de la mujer. Por otra parte, según la Escuela Hanafi es responsabilidad del hombre preparar el ajuar. La mayoría de los eruditos está de acuerdo en que ya que el hombre tiene que asegurar los medios de subsistencia y la ropa a la mujer, el ajuar también es responsabilidad del hombre. Y la dote no es la recompensa por el ajuar, sino que es un regalo. La dote es un derecho de la mujer sobre su marido.[13]

Lo que el Profeta dio como ajuar cuando se casó su hija Fatima fue un colchón tapizado en terciopelo, una almohada y un odre de agua elaborado con pieles.[14] Este comportamiento del Mensajero de Dios no sólo fue una consecuencia de las condiciones económicas de aquel día, sino que también fue una demostración para no ser excesivo en la concesión ajuar.

El Profeta animó a la gente a que facilitaran la concesión de la dote en función de ciertas condiciones económicas. Él mismo pagó una dote de diez dirhams a algunas de sus mujeres y compró artículos de primera necesidad para la casa, como por ejemplo un molino manual, un jarro y un colchón de cuero relleno de fibra. Ali concedió a una de las mujeres con las que se casó, después del fallecimiento de Fatima, dos almudes (que es igual a medio sa, o lo que es lo mismo, alrededor de 1750 gramos) de cebada; a la otra esposa dos almudes de dátiles y a la tercera dos almudes de trigo tostado como dote. Algunos Compañeros del Profeta, cuando se casaron, concedieron como dote una cantidad de oro que pesaba lo mismo que una semilla de dátil (cinco dirhams), y algunos otros un par de zapatos.[15]

Por otro lado, el Profeta exigió que se facilitaran las condiciones para contraer matrimonio señalando: «El matrimonio más bendito es aquel que es el más fácil de contraer».[16] También nos aconsejó evitar los derroches y la ostentación en el casamiento y en la ceremonia de boda diciendo: «El más próspero y hermoso matrimonio es el que cuesta menos».[17]

El Profeta dijo: «Las mujeres más benditas son las que complacen a su marido cuando él le mira a la cara, las que obedecen a su marido cuando este le pide algo, y las que protegen sus posesiones y su castidad en la ausencia de su marido». El Profeta también advirtió contra los derroches y la enfermedad de «no ser menos que el vecino» que son la fuente de los problemas económicos actuales, indicando que: «Llegará un día en el que la desaparición de un hombre será a manos de su propia esposa, sus padres o sus hijos. Ellos lo culparán por ser pobre y le pedirán cosas que no puede conseguir. Entonces el hombre empezará a entablar negocios peligrosos; de este modo perderá su religión y desaparecerá ».[18] ¡Que advertencia más elocuente y aleccionadora!

Uno de los asuntos más importantes es no llegar al exceso y el derroche en el ajuar, que se ha convertido en una tradición profundamente arraigada en las sociedades musulmanas de hoy en día. Considerando que en casos extremos de necesidad nuestra religión acepta un anillo de hierro como dote y requiere que los gastos la dote y el ajuar no sean un problema para el matrimonio, está claro que el Islam no aprueba llegar al exceso en la concesión del ajuar.

La ceremonia de boda

Representa el banquete y la reunión con el afán del reconocimiento convencional del matrimonio. Según la mayoría de los eruditos, los banquetes de las ceremonias de boda, que se denominan walimah en árabe, son sunna al-muakkada (las costumbres del Profeta que indudablemente él practicó y que pidió a sus seguidores para que hicieran lo mismo). Anas Ibn Malik dijo: «El Profeta nunca había dado un banquete tan grande para sus otras mujeres como lo hizo para la boda de Zaynab Bint Yash. Sólo en su boda, hizo sacrificar una oveja para el banquete ».[19] Cuando Abdurrahman Ibn Awf se casó en Medina, el consejo del Profeta sobre dar un banquete aunque fuera tan sólo con una oveja[20] muestra que las celebraciones de las ceremonias de boda tienen que ser dentro del límite de la disponibilidad financiera. Otra advertencia del Profeta es que «La ceremonia de la boda en el primer día es un deber, en el segundo día es un acuerdo y en el tercero es ostentación», y de nuevo constituye una base para quenos alejemos del exceso.

En cuanto al entretenimiento permitido en las ceremonias de boda, hay evidencias en la sunna sobre este asunto: el Profeta permitió a las mujeres tocar un instrumento musical, la pandereta, y que asimismo ellas y las esclavas canten vistiéndose según las normas islámicas en las bodas y las festividades religiosas. Una vez Abu Bakr reprendió a Aisha (fallecida en el año 58 después de la Hégira, 677 d.C), en un día festivo, por entretenerse con las esclavas que tocaban la pandereta y cantaban, diciendole: «Â¡Como te atreves a tocar las melodías de Satán en la casa del Mensajero de Dios!». El Profeta le dijo al respecto: «Cada sociedad tiene una festividad y esta es la nuestra». De este modo declaró que no habría que interferir con el entretenimiento legalmente establecido. Sin embargo, este entretenimiento se daba entre mujeres.

En el Islam se permite la diversión en las bodas, que es parte de la vida social, pero sin excesos. Por ejemplo, en una ocasión, el Profeta participó en una ceremonia de boda donde las esclavas leían poesías líricas tocando panderetas, y una de las que cantaban al ver al Profeta cambió las letras del poema diciendo: «Entre nosotros hay un Profeta que sabe lo que pasará mañana». El Profeta le advirtió que no usara tales frases y siguiera cantando como antes.[21] Aquí debemos enfatizar que este acontecimiento tiene que ser considerado tomando en cuenta el estatus de las esclavas. Por otra parte, es obvio que las mujeres no pueden cantar en presencia de los hombres con los que no tienen obstáculo alguno de casarse y los hombres a su vez no pueden escuchar su música. Nuestra religión da permiso para divertirse en las bodas dentro de ciertos límites. Sin embargo, estos límites legales son de gran importancia. Las prácticas actuales de las ceremonias de boda, como divertirse frenéticamente, llegar al exceso en el derroche de comidas y bebidas, el consumo de bebidas alcohólicas y perpetrar otros actos indecentes están prohibidos por el Islam.

Los eruditos declararon que aceptar la invitación de una ceremonia de boda realizada dentro de los límites legales es casi obligatorio; y aprobaron los entretenimientos en las bodas como juegos y concursos que no son contradictorios a la moralidad islámica y a las reglas generales de la ética. Sin embargo, no es correcto aceptar una invitación donde se cometen actos prohibidos como el consumo de las bebidas alcohólicas, juegos de azar o la prostitución. Así que declararon ilícito cualquier tipo de diversión, que puede ser considerado obsceno según los criterios del Islam, o que pueda directa o indirectamente, falsificar y denigrar el Islam, o sus principios de creencia, veneración y moralidad.

En resumen, hay que tomar precauciones para evitar los entretenimientos prohibidos a la hora de realizar las ceremonias de la boda o la circuncisión, prácticas que heredamos del Profeta. Para cumplir con un acto Sunna (siguiendo la práctica del Profeta) no hay que descuidar los actos obligatorios (farz) y no practicar las innovaciones perniciosas (bid’at); porque bid’at significa dejar de practicar un acto Sunna.[22] Por eso, tenemos que aprender bien la vida y los actos del Mensajero de Dios y evitar la ostentación. Sólo de este modo nuestros comportamientos llegan al nivel de veneración y podemos ser bendecidos con las buenas nuevas del siguiente hadiz: «A aquellos que no se apartan de mi camino cuando llegue un día en el que mi umma (los creyentes que siguen al Profeta) se halle defectuosa y haya caído en intrigas, se les dará una recompensa de cien martirios».[23]

* Profesor Dr. M. Selim Arik Funcionario del Directorio de Asuntos Religiosos de la República de Turquía, que desempeña su labor como predicador en la ciudad de Bursa, noroeste de Turquía.

Obras de referencia

  • Ayluni, Kashful-Hafa
  • Daylami, Musnad
  • Haysami, Maymau’z-Zawaid
  • Ibn Abidin, Raddu’l-Muhtar
  • Ibn al-Humam, Fath al-Kadir
  • Imán Gazali, Ihyau Ulumid-Din
  • Karaman, Hayrettin, Mukayeseli Islam Hukuku
  • Yazir, Elmalili Hamdi, Hak Dini Kuran Dili
  • Zuhayli, Vehbe, Islam Fikhi Ansiklopedisi

[1] Ibn Abidin, 3:3.
[2] Zuhayli, 9:32.
[3] Bujari, Nikah, 15.
[4] Bujari, Nikah, 15.
[5] Ayluni, Nikah, 1:319-320.
[6] Bujari, Nikah, 52.
[7] Bujari, Nikah, 3.
[8] Tahanawi, I’lau’s-Sunan, 11:79-86.
[9] Ibíd.
[10] Abu Dawud, Nikah, 29.
[11] Nesai, Nikah, 29.
[12] Yazir, 2:1328.
[13] Zuhayli, 9:246.
[14] Ibn Maya, Zuhd, 11.
[15] Tahanawi, 11:82-83, Gazali, 2:40.
[16] Abu Dawud, Nikah, 32.
[17] Musnad, 6:82.
[18] Bayhaki, Zuhd, 2/183.
[19] Bujari, Nikah, 68.
[20] Ibíd.
[21] Bujari, Iydayn, 48.
[22] Ibn Hanbal, 4:105.
[23] Daylami, 4:198; Haysami, 1:172.

Modificado el ( 27.04.2007 )
 
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