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escrito por Bediüzzaman Said Nursi   
26.04.2007

En el Nombre de Dios, el Compasivo y Misericordioso

«Entonces, glorificad a Dios, ensalzadle, y veneradle por la mañana y por la tarde. Dios es el Único merecedor de alabanzas y agradecimiento por parte de los que están en el Cielo y en la Tierra. Agradecedle y veneradle por la noche y al mediodía» (30:17-18)

Me preguntáis, hermanos musulmanes, sobre la razón de realizar las cinco oraciones en sus tiempos predeterminados. Te hablaré de una sola razón, entre otras muchas.

Es sabido que el horario de cada oración constituye el inicio de un cambio trascendente en el tiempo y es el espejo de una acción divina que refleja las diferentes mercedes de Dios durante el horario específico de las oraciones.

Por ello, el mandato de Dios es realizar las oraciones en dichos horarios. Esto significa incrementar nuestras alabanzas al Majestuoso, al Merecedor de toda gloria; agradecerle por sus incalculables Mercedes que se contemplan entre un horario de salat y otro.

Para comprender cabalmente esta explicación minuciosa, presta atención al profundo y sutil significado de los siguientes cinco puntos.

PRIMER PUNTO: Cada rezo prescrito —As-salat— es una alabanza, un agradecimiento y una glorificación al Señor. El acto de decir: Subhana Allah — «Glorificado sea Dios»— constituye dignificar a Dios a través de la palabra y de la acción. El acto de decir: Allahu akbar —«Dios es el más Grande»— lo realizamos a través de la palabra, mientras que cuando el musulmán recita: Alhamdu li-llah —«Gracias a Dios»— está agradeciendo a Dios a través de su capacidad de expresión oral y corporal. En suma, y a partir de todo esto podemos concluir que las alabanzas y glorificaciones son el núcleo central de la oración y por ello encontramos dichas glorificaciones, agradecimientos, exaltaciones y alabanzas a Dios presentes en todos los actos y recitaciones que abarcan la oración. Por tal motivo, son repetidas treinta y tres veces tras cada oración. Todo lo mencionado ahora se realiza para enfatizar el significado de As-salat.

SEGUNDO PUNTO: El significado de Al-ibadah —llámese veneración— es la prosternación con humildad, admiración, amor y respeto ante la presencia divina, ante la plenitud de Dios, ante su eterno Poder y ante la misericordia de Dios. Al realizar la prosternación, reconocemos nuestra incapacidad, falta de cumplimiento y pobreza ante la riqueza divina.

Haciendo una simple comparación decimos: Al saber que Dios, gracias a Su Poderío, exige obediencia, debemos saber asimismo que la magnificencia del Creador hace que el siervo de Dios declare que su Señor está por encima de todo y la incapacidad no es propia de Él nunca jamás. Que Dios está muy lejos del pensamiento de los extraviados, que es Santo y la incapacidad característica de todo ser viviente no es pues, de ninguna manera, atribuible a Dios. En este momento debemos alabarle diciendo: Alhamdu li-llah — «Glorificado sea Dios»—. El Poder absoluto de Dios exige que Le demostremos nuestra necesidad, que nos refugiemos en Él y que confiemos en Él diciendo: Allahu akbar — «Dios es Grande»—. Expresarlo con admiración, respeto y gracia, pues la magnificencia de Dios y Sus signos eternos e infinitos presentes en el universo merecen que nos inclinemos, han de ser honrados con nuestra prosternación en suma devoción. Del mismo modo decimos que la ilimitada misericordia de Dios exige a Su siervo que Le manifieste sus necesidades y la de todas las criaturas. Por ello Le pide y Le alaba diciendo: Subhana Allah —«Alabado sea Dios»—.

En suma, todas las locuciones y actos de las oraciones albergan dentro de sí las connotaciones expresadas. Por eso y para hacer realidad todo lo anterior, As-salat ha sido prescrito.

TERCER PUNTO: Cada ser humano es como un copia en miniatura del Universo, y de la misma manera la sura Al Fatiha es una miniatura iluminada del magnífico Corán al completo y el rezo prescrito As-salat, no es sino un glosario lúcido así como el contenido de todas las devociones, integradas en un sublime mapa en el que se contempla todo tipo de veneración realizada por todas las criaturas hacia Dios.

CUARTO PUNTO: Los péndulos y manecillas del reloj, como los segunderos, los minuteros o los que marcan las horas, cada uno de ellos se asemeja por igual, se representan mutuamente y cumplen idénticas funciones. En el mundo terrenal, que se asemeja a un enorme reloj divino, la sucesión del día y la noche es como la manecilla que marca los segundos, los años de la vida de una persona representan la manecilla que marca los minutos y las etapas de la vida del hombre es la manecilla que marca las horas, así como las ciclos del universo no es más que la manecilla que marca los días. Cada uno de éstos se asemeja al otro y son imprescindibles de manera recíproca.

Ejemplos que aclaran lo anteriormente expuesto son:

La hora de fayr (anterior a la salida del sol) nos recuerda el inicio de la primavera y la salida del hombre del útero materno, o incluso el primer día de los seis en los que han sido creados los Cielos y la Tierra. Es un recuerdo para el hombre para que medite en estas horas de sabiduría divina sobre como Dios dispone maravillosamente de Su Poder.

La hora de zur (inmediatamente después del mediodía) se asemeja al punto medio del verano, a la consecución de la adolescencia o asimismo el periodo de la creación de la humanidad incluido en la historia del Mundo. Esto nos hace reflexionar sobre las incalculables mercedes de Dios. El horario del asr (tarde) es igual que el otoño y la vejez; representa asimismo la Época de la Felicidad, el tiempo en que vivió el Último Profeta, Muhammad, la paz sea con él. También nos recuerda la perfecta ejecución divina y las gracias otorgadas por el Misericordioso.

La hora de magrib (atardecer) no es sino como el ocaso de la mayoría de las criaturas y su fin. Es un recuerdo de la muerte del Ser y de la destrucción de la vida terrenal cuando llegue la Hora del Juicio Final; pese a ello, es un despertar para el ser de su largo letargo.

En cuanto a la hora de isha (anochecer) es un recuerdo de la llegada de la oscuridad, es cuando será cubierta la luz del día con una mortaja negra. Rememora la faz de la Tierra cubierta con el blanco velo del invierno. Y es además un recuerdo de las obras de los seres humanos fallecidos así como del olvido total de dichas obras. Representa cerrar para siempre las puertas del mundo terrenal que era la morada en la que somos probados. En todo ello se aprecia la intervención de Dios, el Todopoderoso y Majestuosísimo. La noche nos trae a la memoria el invierno, la tumba y la vida de ultratumba — Mundo Intermedio— y nos recuerda además la necesidad del espíritu del ser humano en relación a la clemencia del Misericordioso. Respecto a la hora de at-tajayud —el rezo nocturno—, este es de gran importancia pues será la luz que ilumina nuestra tumba y que disipará la oscuridad del mundo del Más Allá. Nos recuerda las dádivas infinitas del verdadero Otorgador y nos demuestra que el verdadero Otorgador es merecedor de todas las alabanzas.

En cuanto al despuntar del día representa el día de la resurrección. Puesto que es algo normal que la mañana deba acontecer para que la noche llegue a su fin y que la primavera acontece para dar término al invierno, también es obvio y normal que la mañana de la Resurrección o «Primavera» preceda a la vida de ultratumba —Mundo Intermedio—.

Cada uno de los cinco horarios de las oraciones es el inicio de un cambio radical y trae a la memoria otros tantos cambios. Nos recuerda los milagros que indican el Poder eterno de Dios. Conmemoran los dones divinos otorgados, sean estos anuales, temporales o eternos. Por lo tanto los rezos prescritos, As-salat, son la práctica innata, la base para llegar a ser verdaderos siervos de Dios y es muy apropiado que nuestros compromisos y obligaciones que debemos saldar con Dios los realicemos en dichos horarios mencionados.

QUINTO PUNTO: El ser humano, de por sí, es muy débil y son muchas las cosas que le causan tristeza y dolor. Él es incapaz mientras que sus enemigos y problemas son enormes. Es pobre y sus necesidades son abrumadoras. Es perezoso e indolente aunque no debería serlo, puesto que las cuestiones de la vida exigen la mayor de las actividades. Todo se halla en su contra. Le duele despedirse de sus seres queridos al morir éstos pese a que sea algo normal. Anhela obtener muchas cosas pero no puede. Su vida es corta, su poder limitado y también así lo es su paciencia.

De acuerdo con todo esto, algunos conceptos se clarifican bastante:

El espíritu del hombre durante el rezo de fayr se refugia en Dios, llamando a Sus puertas con oraciones y súplicas. Llama a las puertas del Majestuosísimo, del Magnánimo exponiendo su situación frente a Él. Le ruega para así obtener el éxito con el apoyo divino. ¡Cuánto necesita el espíritu para poder soportar y afrontar sus actos a lo largo de su vida!

La hora de zur, que es considerada la plenitud del día, y la satisfacción de haber cumplido con las tareas, es un descanso momentáneo de los quehaceres así como un tiempo de pausa para el alma que urgentemente necesita un respiro por el considerable tiempo dedicado a la vida mundana. Es en suma el momento de contemplar perpetuamente las Mercedes de Dios presentes.

Para que el espíritu realmente descanse, y así escapar de sus distracciones y de los asuntos que no sirven de mucho, debe refugiarse en Dios, debe lamlar a las puertas del Eterno, el Verdadero Otorgador. Ha de rogarle y suplicarle, agradeciéndole las Mercedes otorgadas. Para llevar a cabo esto, uno se arrodilla y demuestra humildad rezando al Majestuosísimo, se prosterna ante Dios, el Perfecto y el Bello sempiterno. Por todo ello, se realiza salat al zur — la oración del mediodía—; ¡Qué bella oración entonces! ¡Cuán importante es pues llevar a cabo este salat! El buen hombre que goza de inteligencia y juicio claro, debe comprender todo esto sin gran esfuerzo.

El horario del asr, representa y recuerda a la triste estación del otoño, así como a la vejez, los dolorosos días de los últimos tiempos. Es el momento exacto para ver los resultados de lo que se ha realizado a lo largo del día es el cúmulo de todas las Mercedes divinas, como por ejemplo la buena salud y la fuerza. Es el tiempo en el que nos damos cuenta que todo se desvanece, pues se contempla que el sol está a punto de desaparecer.

El espíritu del hombre que anhela la eternidad, que ha sido creado para no morir jamás, para aferrarse a todo lo bueno y sufrir por las despedidas estimula al musulmán a realizar la ablución (wudu) y cumplir con la oración salat al asr —la oración de la media tarde—. Se alza para detenerse ante las puertas del Eterno, para pedirle que derrame Su Misericordia sobre él y agradecerle y alabarle por las incalculables dádivas otorgadas. Se inclina pues frente al Majestuosísimo, se prosterna con humildad ante el Eterno y encuentra realmente la quietud y el sosiego cuanto esté frente al Grande, el Magnifico.

¡Qué bello es realizar salat al asr al tener presentes todas estas connotaciones! ¡Qué precioso horario en donde cumplimos nuestras obligaciones para con la religión y Dios! ¡Qué placer tan dichoso obtenemos tras haber cumplido con ello! Si uno es realmente un ser que razona, entenderá sin esfuerzo alguno el motivo por el cual realizamos dicho salat en este horario establecido.

El horario del magrib representa el tiempo en que desaparecen todos los seres bellos que existían en verano y otoño para esconderse durante el invierno. También nos trae a la memoria el ingreso del ser humano en la tumba y la eterna despedida de los seres queridos. Nos hace pensar en la desaparición de toda la vida terrenal y el traslado de todos los que la habitaban al Otro Mundo. Es un recuerdo de la interrupción de toda lámpara que iluminaba la vida terrenal. Es un tiempo de despertar. Por ello el hombre, dueño de un espíritu puro como un espléndido espejo, torna su rostro hacia el Creador, el Eterno elevando su voz diciendo: Allahu akbar —«Dios es el más Grande»—. Esta invocación la realiza sin importarle nada, sin darse cuenta de lo efímera que pueda llegar a ser, tan sólo pretende recitarla en honor a Dios y se pone al servicio del Todopoderoso. Estando en pie y erguidos recitamos: Alhamdu Lillah —«Alabado sea Dios»— para que así declaremos que Dios es Perfecto y es la perfección en Sí Mismo. Después recitamos la aleya, Iaaka Naabudu Wa iaaka Nastaiin — «No veneramos sino a Ti, y no pedimos el auxilio a nadie, excepto de Ti» (1:5)— donde pedimos por el socorro divino del Protector, del Todopoderoso, de nuestro Dios quien no teine asociados.

Al inclinarse, el hombre demuestra —como es el caso de todas las criaturas de Dios— su necesidad, su debilidad y su pobreza reales frente a la majestuosidad y el Poderío de Dios. Alabamos al Señor diciendo: Subhana Rabbiyal Al Azim— «Glorificado sea Dios, mi Señor el Magnífico»—.

De inmediato, realiza la prosternación en honor a Dios, confirmando que Dios es Bello y Su belleza nunca se agota y que Dios es Dueño de los más sagrados atributos. Uno declara con respeto y admiración su amor y esclavitud diciendo Subhana Rabbiyal A’la —«Glorificado sea Dios, el Superior». De este modo, el individuo santifica el nombre de Dios quien es Perfecto y ninguna cualidad negativa Le puede ser atribuida. Nos sentamos para recitar At-tahia —«Las Salutaciones»—. Saluda a Dios en nombre de todos los creados por Él, renueva su promesa hacia Él, consistente en la obediencia de Sus órdenes y de esta manera, la fe del musulmán se consolida. Permaneciendo en la misma posición sentada el musulmán da testimonio de que Muhammad es el Mensajero de Dios, quien transmitió el mensaje e interpretó las maravillas del Gran Universo. ¡Qué magnífica es esta oración! ¡Qué dulce esclavitud la del hombre! De este modo, vemos que se da una felicidad sin igual cuando se es invitado a venerar a Dios. El verdadero hombre, aquél que medita sobre lo analizado, comprenderá fácilmente nuestro planteamiento.

El horario de isha (anochecer) es el momento donde toda presencia de luz diurna desaparece y la noche cubre todo el mundo. En este momento, el hombre medita sobre las poderosas disposiciones divinas —la sucesión del día y de la noche—. Dios es Poderoso y Majestuoso puesto que en la sucesión de lo blanco y negro reside el Poderío y la Majestuosidad de Dios. Nos viene a la memoria la trayectoria del Sol y la Luna, el radical cambio del verdor propio del verano al blanco y frío del invierno mediante Su intervención. Nos recuerda Sus actos como el Creador de la Vida y de la Muerte, pues toda huella que dejaron los que ya han fallecido, con el correr del tiempo desaparece totalmente. Es un tiempo que recuerda toda ejecución divina y nos desvela el mundo del Más Allá que es amplio, infinito y magno. Nos recuerda, asimismo, la muerte del mundo terrenal que es un mundo efímero. Es un momento que acredita que el verdadero Dueño del universo es Dios, que el merecedor de ser Amado es Dios y que Él es el Único que alterna el día y la noche, el verano y el invierno así como la vida terrenal y la Vida Eterna. Lo hace de manera tan fácil pasa las páginas de un libro, o escribe, borra, anota o cambia alguna parte del mismo. Dios es el único que lo puede hacer. ¡Majestuosísimo es el Señor!

De este modo, el espíritu de todo el mundo, que es incapaz y sumamente pobre, invoca a la gente a realizar salat al isha, para así refugiarse en el único merecedor de devociones e invocando al Dios Eterno se escapa de las tinieblas de este mundo que pronto terminará para llevar la luz a su propia vida, para iluminar su propio mundo y su futuro. Para tener un verdadero consuelo cuando se despide de sus seres queridos y de sus amigos el hombre pide, a través de su salat, la luz divina que lo guié en su largo camino en el mundo terrenal. Al ser así, uno olvida su vida terrenal y la deja tras de sí como la misma lo dejó solo tras la oscuridad del día. Uno se dirige con el corazón despierto y la mente clara hacia las puertas del Clemente para que de este modo pueda cumplir con su verdadera tarea, ser siervo de Dios. Lo hace para concluir su día de manera favorable, y nada mejor que la oración. Por todo lo anteriormente expuesto cumplimos con as-salat. Uno se honra en pos de hallarse frente al Merecedor de ser venerado, al verdaderamente Querido y Amado. Se yergue ante el Poderoso y Generoso en vez de hacerlo ante los incapaces. Su espíritu trasciende cuando está en presencia del Misericordioso. A consecuencia de ello, no siente temor alguno de las criaturas dañinas de Dios.

Comienza su salat leyendo Al Fatiha, alabando y glorificando a Dios, al Señor del Universo, al Generoso, al Clemente y al Sumamente Perfecto en lugar de alabar a los creados por Él, los cuales no traen beneficio alguno, pues por sí mismos son pobres e incapaces. Se libera de la humillación ante los demás, ocupa el lugar del buen invitado en este mundo y asume uno de los mejores puestos, pese a ser un hombre débil y sin poder ni fuerza... este puesto es ser siervo de Dios. Uno lo declara al recitar; «A Ti sólo veneramos...» (1:5). Esto implica pertenecer al Soberano del Día del Juicio y al Poderoso eterno.

Al recitar: «No veneramos sino a Ti, y no pedimos el auxilio a nadie, excepto de Ti» (1:5) se declara la necesidad de todo el mundo de obtener el apoyo y el socorro divino. Le pide a continuación ser guiado hacia el camino recto, meditando en el poder de Dios y que el gigantesco Sol que se halla oculto por las noches, que se asemeja a las plantas y animales que reposan de igual modo por las noches y las estrellas despiertas, todos son soldados obedientes que acatan las órdenes de Dios. Cada uno de estos es una lámpara en la vida mundana y un fiel servidor. Al meditar sobre todo esto, expresamos con dicha: Allahu akbar —«Dios es el más Grande»— al realizar la rak’a, la prosternación completa del cuerpo.

Luego, medita sobre la gran prosternación de todo el Universo. Todo ser vivo, en cada año y en cada período —que son iguales a los seres que duermen por la noche— inclusive la Tierra misma se asemeja a un ejército disciplinado, son como el buen soldado que acata todo con solo recibir: Sea y es. Todos obedecen las órdenes de su Señor con humildad. Del mismo modo que todos los seres creados por Dios, el hombre se prosterna ante el Clemente, Merecedor de Todo diciendo: Allahu akbar —«Dios es el más Grande»—. Dice esto con admiración, enorme amor y con profunda humildad.

Sin duda ¡Hermano!, habrás comprendido el motivo de por qué realizar salat alisha, las oraciones prescritas no es sino un sinónimo de ascenso y superación. ¡Qué gran deber y que dulce tarea la del musulmán! Cada uno de los horarios de salat constituye indicios de cambios en el Tiempo y es indicio de señales divinas. Es una gran sabiduría divina.

«Â¡Gloria Dios! No poseemos saber alguno aparte del que nos enseñaste. Tú eres el Sabio y el Educador por excelencia».

¡Dios nuestro! Ora por quien nos enviaste como educador —Profeta Muhammad—, que nos enseñó cómo conocerte y cómo podemos ser siervos tuyos. Que nos enseñó los tesoros que esconden tus nombres y que nos interpretó las aleyas de Tu Libro. Y que la paz sea con sus familiares y todos sus compañeros.

Ten misericordia de nosotros y de los creyentes. Amén»

Modificado el ( 08.05.2007 )
 
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