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escrito por Bediüzzaman Said Nursi   
26.04.2007

En el Nombre de Dios, el Compasivo y Misericordioso

«Dios, no hay más deidad que Él, Eterno, Subsistente». (2: 255)
«La religión verdadera que complace a Dios —la creencia en Su Unicidad, y el sometimiento a Él con sinceridad— es el Islam». (3:19)

La siguiente alegoría explica este mundo y cuál es el papel que desempeña el espíritu humano circun scrito en el mismo, además de la naturaleza y el valorde la religión. Asimismo narra que si no hubiese sido por la verdadera religión este mundo se habría convertido en una mazmorra espantosa y la persona atea en la más desesperada de las criaturas. Y no es sino la creencia en la existencia y la Unicidad de Dios la que salva a este mundo y soluciona sus problemas y enigmas, rescatando al espíritu de las tinieblas. Así pues, si quieres realmente entenderlo todo, entonces escucha atentamente este corto relato y medita acerca del mismo.

Hace muchos años, dos hermanos viajaban juntos. Ambos caminaron hasta llegar a un punto en el que el camino se bifurcaba. Al encontrarse con un hombre respetable y sabio le preguntaron: «Â¿Cuál de los dos caminos era mejor?» a lo que les respondió: «En el camino de la derecha hay que aplicar la ley al pie de la letra y en estas rígidas reglas se en cuentra la salvación ante cualquier imprevisto. El caminode la izquierda no se halla bajo regla alguna, la libertad es absoluta, pero en ello subyace el peligro y la perdición. Ahora podéis elegir cuál de los dos tomar».

Tras haber escuchado atentamente, el hermano de buen carácter tomó el camino de la derecha diciendo: «Confío en Dios». Prosiguió su viaje satisfecho, complacido y dispuesto a obedecer a la ley. El otro hermano, que era más bien caprichoso, prefirió el camino de la izquierda, no debido a una firme razón, sino por ser éste más acorde con su carácter libre. Ahora imaginemos la situación del hermano que atravesó el camino de la izquierda, aparentemente fácil y llano, pero que en realidad esconde tras de sí la pesadilla y la extenuación. Apenas si había pasado los valles profundos y las mesetas elevadas, se encontró, a sí mismo, en un amplio e inhóspito desierto. Escuchó una voz que le atemorizó, vio un enorme y furioso león salir desde los arbustos hacia él. El hombre escapó asustadísimo y vio un pozo en desuso cuya profundidad era de casi cuarenta y un metros10 y se arrojó a él con el ánimo de salvarse. En el trayecto de la caída, dentro del pozo, el hombre halló un árbol al que se aferró. El árbol se sostenía sobre dos troncos en las paredes del pozo y en cada uno de los troncos había un ratón, uno blanco y el otro negro. Ambos no dejaban de perseverar en su intento de cortar los troncos con sus afilados dientes. El hombre, en tal situación, miró hacia arriba y observó al león esperándole en la boca del pozo. Miró hacia abajo y contempló asimismo a una enorme serpiente, con sus fauces abiertas de par en par que trataba de acercarse. En las paredes del pozo observó a innumerables insectos dañinos que intentaban rodearle. Miró hacia lo más alto del árbol y observó que era una higuera, aunque de manera increíble, estaba repleta de numerosas clases de frutas, desde nueces a granadas.

Este hombre, totalmente inconsciente de lo que acontecía a su alrededor, no comprendió la naturaleza anormal del asunto y que todos estos hechos no acontecían sin una razón fija. Tampoco entendía que detrás de todo esto se hallaba Aquél que gobierna con suma maestría.

Mientras el corazón del hombre lloraba amargamente, su espíritu gritaba sin cesar y su mente se mostraba perpleja ante las situaciones dolorosas: él mismo, seducido por su mal carácter, pretendió aparentar que nada pasaba, tapando sus oídos, ocultando los gritos del corazón y los gemidos del alma, y comenzó a comer de todas las frutas del árbol, algunas de las cuales eran venenosas, ignorando todo lo que se hallaba a su alrededor.

Así observamos que este hombre que cayó bajo ha sido tratado de la misma manera que una vez fue indicado en un hadiz qudsi: «Yo —Dios— trataré a Mi siervo del mismo modo en que piensa sobre Mi»[11]. Es decir que Dios trata a cada uno de Sus siervos del mismo modo que dicho siervo se relaciona con Dios. Uno de los hermanos fue tratado del modo que hemos leído antes, en castigo por su apreciación tan normal de las cosas, como si todo lo que acontecía no tuviera importancia alguna así como sin meditar y reconocer a Quién se halla detrás de todos estos hechos. Por ello, vivió en interminable tortura, no podía morir para salvarse del horror en que vivía ni tampoco podía vivir tranquilo en medio de tal vorágine de dolor. Pero dejemos a este hombre para ver qué ocurrió con su hermano.

Por su parte, el hermano caracterizado por su bondad y su juicio claro atravesó el camino sin sufrir la angustia de su hermano ya que él pensaba en nada más que bellas cosas —gracias a su buen carácter— todo lo imaginaba de la mejor de las maneras, y por ello nunca se sintió mal ni experimentó dificultad alguna, pues él conocía las órdenes y observaba la disciplina, sabía obedecer y recibir órdenes y veía en esto la facilidad para sí mismo. Por esta razón, caminaba libre rodeado de seguridad y bienestar. Transitó hasta llegar a un jardín lleno de bellas flores y deliciosas frutas. Vio asimismo restos de animales muertos y otras cosas malolientes esparcidas por aquí y por allá debido a la falta de limpieza. Su hermano —de carácter pecaminoso— había ingresado anteriormente en este mismo lugar y se preocupó al contemplar solamente estas escenas de restos de animales y cosas de la misma índole, algo que le provocó mareos y ganas de vomitar. Por eso se alejó de allí sin descansar ni un instante. Pero este hombre —el de buen carácter y juicio claro— aplicó la regla que dice «Contempla tan sólo lo bueno en todas las cosas». Y así, ni le prestó atención a los restos de animales muertos ni a la suciedad, sino que se fijó en las flores del jardín y se quedó descansando hasta marchar de nuevo hacia su destino.

También le aconteció exactamente lo mismo que a su hermano. Se internó en el vasto desierto y de repente contempló a un león que tenía la intención de atacarle. Sintió miedo pero no como el que sintió su hermano, ya que estaba dotado de una mente clara y buen juicio dijo: «Este desierto debe tener a alguien que lo controle y seguramente el león debe ser una de las criaturas que están bajo el dominio de este alguien », y se sintió tranquilo. De igual manera y más por precaución que por miedo, se escapó del león hasta llegar al mismo pozo en el que cayó el hermano, se arrojó por él y se agarró al árbol que crecía en su interior encontrándose igualmente a dos roedores tratando de seccionar el tronco y las ramas del árbol. Miró hacia arriba y allí estaba el león y abajo a su vez se hallaba la serpiente así como el hermano que estaba en apuros. Se sorprendió mucho pero de un modo totalmente diferente pensó: «Estos extraños sucesos tienen relación entre sí, como si existiera alguien superior que los ordena y les da movimiento. Debe ser un gran secreto».

Y siguió diciendo: «No estoy solo, sino que Quien gobierna todo esto y concede movimiento a todo lo que veo quiere probarme, y de todas maneras me concederá protección y una sana curiosidad por saber Quién es». Sintió amor hacia el Todopoderoso que todo lo mueve y debido a dicho amor ansió descifrar todos los enigmas que le rodeaban. Por eso quiso que este Poderoso lo contemplase en buen estado.

Miró hacia lo más alto del árbol, supo que era una higuera, pero lo más sorprendente es que este árbol portaba todas las clases de frutas. Mas se tranquilizó definitivamente al saber que el árbol no era sino una simple imagen de lo que Dios posee en abundancia, que se asemeja al índice de un libro, el cual leemos aunque sea Dios quien posee todo el contenido de dicho libro. De lo contrario, sería inconcebible que un solo árbol llevara toda especie de frutas. En ese momento imploró a Dios para ayudarle a solucionar dichos enigmas, y proclamó diciendo: «Â¡Oh Soberano de Todo, de los acontecimientos y de todo lo que me rodea! Me aferro a Ti y me refugio en Ti. Soy Tu servidor, anhelo Tu complacencia y Te necesito».

Súbitamente las paredes del pozo se hundieron y apareció una puerta que conducía a un jardín bellísimo. La puerta que se abrió era —anteriormente— la boca de la serpiente y tanto el león como este animal horrendo se convirtieron en sus servidores, invitándole a entrar. Lo condujeron hacia el jardín, adoptando el león la forma de una mansa cabalgadura, a su plena disposición como corcel.

¡Oh alma indolente, oh amigo imaginario! Examinemos esta situación para tener certeza de que las buenas acciones traen consigo buenas consecuencias y los actos pecaminosos no traen sino el mal. El hermano que decidió tomar el camino de la izquierda, el de la obstinada libertad y el exceso de confianza, se expuso a ser presa fácil de la serpiente en cualquier momento, y por ello estaba asustadísimo. El otro hermano —dotado de un recto y juicioso carácter y una persona sumamente responsable— es sin embargo invitado a entrar a un hermoso jardín lleno de toda clase de frutas. El corazón del hermano pecador sufre horriblemente, pues siempre se hallaba atemorizado, mientras que el hermano de excelso carácter en todo lo que contemplaba apreciaba la belleza y la hermosura. El mal hermano se sentía desesperado y solo, cual un huérfano, realmente sufría. El buen hermano disfrutaba de todo con placer inimaginable. El pecador se consideraba como un prisionero en una celda en donde un enorme número de insectos le picaban y le ocasionaban un dolor insoportable. El bienhechor, sin embargo, se asemejaba a un buen invitado y un respetable huésped. Y como no, si él realmente es un buen invitado, entonces su anfitrión se muestra generoso. El hermano pecador se torturaba en el fuego que el mismo buscó puesto que comió alimentos que aparentemente estaban en buen estado pero que en realidad se encontraban llenos de veneno. Sabed que dichas frutas no eran sino ejemplos de las frutas del Más Allá. El buen hermano entendió esta paradoja y prefirió esperar para deleitarse más adelante. El hermano pecador cometió una gran injusticia consigo mismo por ello y vivió de tal modo que parecía estar en el infierno. Todo esto por su propia culpa ya que carecía de una visión de futuro y a consecuencia de ello, no es merecedor de piedad alguna ni de compasión de ningún tipo. Se parece a un hombre que se hallaba junto a sus seres queridos durante el verano, sentados todos en un hermoso jardín deleitando sus paladares con un banquete. Pero comenzó a consumir alcohol —la madre de todo los males— y se embriagó. Comenzó a gritar y llorar, y creyó que se hallaba en pleno invierno, imaginándose a sí mismo desnudo y hambriento y rodeado de fieras feroces. Es pues, el mismo caso del hermano pecador que co-protagoniza nuestro relato. El buen hermano conocía la realidad de las cosas y respetaba al Verdadero Dueño de las cosas, de todos los seres vivos. Debéis conocer, pues, uno de los importantes secretos que demuestra esta ley: «Todo lo que te acontece en relación a la prosperidad, la vitalidad y la salvación es una gracia de Dios, que te otorga generosamente. Y todo lo que te sucede debido a la adversidad, la dificultad y los hechos detestables proviene de ti, como consecuencia de una negligencia o pecado cometido». (4:79)

Si analizas lo anteriormente expuesto acerca de los hermanos sabrás que el alma en el caso del mal hombre, sufría en un infierno figurado y simbólico y el alma del buen hombre disfrutaba de la dicha y la felicidad, gracias a sus buenas intenciones y su buena conducta.

¡Alma! Si realmente no quieres ser un mal hombre, escucha pues atentamente las aleyas del sagrado Corán y obedece las órdenes de Dios. Si has comprendido este relato y has meditado sobre las realidades tanto mundanas como religiosas implícitas en él y deseas aplicarlo a ti mismo, yo te indicaré los principios básicos y las claves, que tú mismo obtendrás las conclusiones.

Los dos hermanos de la alegoría representan lo siguiente: Uno representa el espíritu del creyente y el corazón del virtuoso, mientras que el otro, el espíritu del incrédulo y el corazón del perverso. El camino de la derecha es la senda del Corán y de la Fe. El camino de la izquierda es el camino de la desobediencia y la incredulidad. El jardín representa la vida social momentánea, tanto para los humanos como para la civilización humana en general en la cual se da el bien y el mal, lo bueno y lo malo así como lo puro e impuro. El hombre prudente es aquel que obra tomando como base esta frase: «Toma lo puro y deja lo impuro». De esta manera, su corazón se tranquiliza así como también su mente. El desierto representa el mundo terrenal y toda la Tierra. El león es la muerte y el final de la vida. El pozo es el cuerpo humano y su vida en el mundo terrenal. La profundidad de cuarenta y un metros[12] son los años de vida del hombre.

El árbol es la materia misma de la vida. Los dos roedores que intentan cortar el árbol representan el día y la noche. La serpiente es la boca de la tumba que está abierta para llevar a la gente al Más Allá. Esta entrada es para el creyente una puerta que se abre desde una especie de cárcel para conducirlo al Jardín del Paraíso. Los insectos dañinos son los problemas mundanos, los cuales son para el creyente como un aviso divino para no distraerse. Los frutos del árbol son las mercedes mundanas que Dios, Merecedor de toda gloria, las hizo como modelo de las que hallaremos en el Más Allá[13]. Que un solo árbol dé diferentes frutas es la prueba de la eternidad divina, pues crearlo todo a partir de una única materia, es decir, que todas las plantas y sus frutos enraízan en el mismo polvo y en la misma tierra así como la creación de todos los animales a partir del agua... Todo esto es indicio de la característica propia del Eterno, Uno y Único, y que nadie es capaz de hacer algo semejante aparte de Él.

Crear todo lo que existe a partir de una sola cosa es peculiaridad propia del Creador de todas las cosas y es una señal de que es Todopoderoso. Es el secreto de la vida.

Es la llave que abre cuando uno posee fe. Esta llave es: «Dios, no existe otra deidad sino Él, el Viviente, Subsistente».

Que la boca de la serpiente se convierta en la puerta del jardín, representa lo siguiente: La tumba es la cárcel del abandono, el olvido y la estrechez. Es como el vientre de la serpiente en cuanto a los que se alejaron y se extraviaron. Pero para aquellos dotados de fe y los fieles seguidores del Corán la tumba es una puerta abierta de par en par desde la cárcel mundana a la eternidad en el Paraíso, desde el lugar de pruebas a la morada de la felicidad, desde la vida con todos sus problemas asociados a la clemencia del Dios.

Que el león feroz se convierta en una mansa cabalgadura dispuesta a servir a quien la monte es un indicio de que la muerte, en relación con los pecadores y extraviados, es una despedida dolorosa y eterna. Asimismo es la salida desde el paraíso terrenal fugaz a la angustia en la cárcel individual de la tumba además de perderse por completo en laberintos sin fin. Por el contrario, para las personas de buen corazón y los devotos del Corán es un viaje al Más Allá, es un medio a través del cual se encontrarán con los seres queridos y viejos amigos, es una intercesión para ingresar a la verdadera patria y obtener la verdadera felicidad, es una gentil invitación para salir de la cárcel mundana y alcanzar jardines maravillosos, es una espera para recibir el pago por lo que se ha realizado, es el retiro de todo lo mundano y es el epílogo definitivo de toda responsabilidad relacionada con la veneración, las pruebas o exámenes.

En suma, todo aquel que considera la vida mundana como un fin en sí mismo se verá abocado, en verdad, al infierno, aún cuando aparentemente disfruta de una excelente vida mundana. Y todo aquel que se esfuerza en pos de obtener la complacencia y la Vida en el Más Allá, ganará en este mundo y en el Siguiente, aún cuando sufra en la vida terrestre.

¡Dios nuestro! Haz que seamos de los de la verdadera felicidad, la gente del Corán y de la Fe. Amén. ¡Dios nuestro! ruega por Muhammad, sus familiares, sus compañeros tanto como son las letras que compones todas las palabras existentes.

Apiádate de nosotros, de nuestros padres, de los creyentes. Amén. Alabado sea Dios, Señor de los Mundos.


[10] En el original, 60 arþýn, una unidad de medida otomana. Un arþýn equivale a 68’58 cm. (Nota del editor)

[11] Hadiz Qudsi: es una categoría específica de dichos y tradiciones del Profeta. La expresión oral o escrita es del Profeta, pero el significado, el sentido que encierra dicho hadiz, pertenece a Dios. (Nota de los editores)

[12] En este punto Said Nursi hacía referencia a una antigua unidad de medida otomana, como hemos citado anteriormente, ya que cuarenta y un metros son sesenta arþýn, lo que representa la esperanza de vida de la época. (Nota del Editor)

[13] El árbol con varias frutas muestra el sello de Divinidad, Cuya virtud única debe «crear todo a partir de una cosa» y «modificar todo en una cosa»; hacer crecer varias plantas y frutas del mismo suelo; crear todas las criaturas a partir de una gota del agua; y alimentar y mantener todas las criaturas de la misma manera pero mediante comidas y sustentos diferentes. (Nota de los editores)

Modificado el ( 08.05.2007 )
 
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