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Creencia y Devoción | Séptima Palabra |
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| escrito por Bediüzzaman Said Nursi | |
| jueves, 26 de abril de 2007 | |
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«Creo en Dios y en el DÃa del Juicio Final» Si deseas comprender cómo la creencia en Dios, el Creador Todopoderoso, y en el DÃa del Juicio Final y el Más Allá son dos valiosas llaves que revelan al espÃritu del hombre los enigmas del universo y le abren las puertas de la felicidad y la dicha, tan sólo sigue leyendo. La confianza en Dios envuelta en la paciencia del hombre y el anhelo de obtener refugio en el Otorgador por excelencia son dos remedios sin igual. Prestar atención al Corán de manera atenta, obedecer sus prescripciones, cumplir con las oraciones prescritas y no sucumbir ante los pecados capitales, todo esto es en suma la provisión para la Otra Vida, es luz en tu tumba y es, asimismo, tu pasaporte y salvoconducto que te permite alcanzar la eternidad.[9] Si realmente quieres entender esto pon toda tu atención en esta corta historia: En el transcurso de una batalla, un soldado se encontraba en una difÃcil situación. HabÃa sido herido en ambos costados, a su espalda se hallaba acechándole un león feroz, frente a él sus amigos y compañeros estaban siendo ajusticiados en una horca. Y para complicar aún más la situación, le esperaba un largo viaje de destierro pese a su precario estado. Mientras el soldado meditaba desesperadamente acerca del estado en que se hallaba, un piadoso hombre lleno de bondad cuyo rostro se hallaba iluminado de luz se le apareció por el lado derecho y le dijo: «No desesperes, ni te entristezcas. Yo te transmitiré dos recomendaciones que si las sigues al pie de la letra, este horrible león se convertirá en un manso caballo a tu servicio, y la horca que contemplas, se convertirá en un columpio en el que sentirás gran comodidad. También te daré dos remedios para curar tus heridas y te proporcionaré un billete de viaje que podrás utilizar para viajar la distancia de varios años en un solo dÃa, tal y como si de un ave se tratase. Si no me crees, comprueba lo que te digo una sola vez para verificar su veracidad. El soldado asà lo hizo y comprobó realmente su veracidad. (Es cierto. Yo asimismo creo a este hombre ya que lo comprobé por mi mismo y lo consideré correcto). De repente, por su lado izquierdo se le acercó una persona traidora —como el demonio— con la intención de ofrecerle toda clase de tentaciones, y comenzó a decirle lo siguiente: «Ven conmigo y nos divertiremos juntos, nos alegraremos escuchando canciones y comeremos y beberemos de estas bebidas y alimentos tan deliciosos...¿pero qué es lo que estas murmurando?», le pregunto al soldado «Es una oración, una invocación sagrada que aprendû, le respondió éste, a lo que el hombre de malas intenciones respondió: «Abandona esos asuntos complicados, no amargues nuestro momento y la embriaguez que nos envuelve... ¿Qué es lo que tienes en tus manos? », «Es un remedio, una medicina», le contestó. «Arrójala lo más lejos posible. Te encuentras en perfecto estado y no sufres de ningún mal. Además, es nuestra hora de júbilo. ¿Y qué es este papel lacrado con cinco sellos?» preguntó el hombre a lo que el soldado replicó: «Es mi salvoconducto», y el malvado personaje le instó a que lo rompiera, pues no habÃa necesidad alguna de viajar en esta brillante primavera. Y de este modo el soldado fue sometido a una campaña de engaño por parte de este hombre de pérfidas intenciones, hasta que el pobre estuvo a punto de creerle por completo. (Al ser humano es muy fácil engañarle. Yo mismo caà en algunas trampas tal y como estaba a punto de acontecerle a este militar). De repente, por su derecha, escuchó una voz poderosa como el trueno advirtiéndole: «Ten cuidado de ser engañado. Dile a este diabólico personaje: “Si puedes matar al león que se halla tras de mÃ, retirar la horca de mi camino, sanar mis profundas heridas en ambos costados e impedir mi partida de este lugar, si puedes solucionarme todos estos problemas, entonces házmelo ver, pues deseo verificarlo. Y en caso de ser cierto, acepto tu invitación para divertirnos. Pero si no puedes, ¡entonces permanece en silencio! ¡Alma que llora ahora, después de haber reÃdo en abundancia en la juventud! Has de saber que el soldado que se encuentra en problemas representa a cada uno de nosotros, el león es la hora asignada de nuestra muerte y la horca señala la separación de nuestros amigos y seres queridos. En cuanto a las dos heridas: una representa la incapacidad humana y la otra, la dolorosa pobreza del ser que no tiene fin. El destierro y el viaje son la vida misma, que es en realidad un largo viaje y una prueba para el hombre. Este viaje comienza a partir del Reino de los espÃritus, pasa por el útero materno, la niñez, la adolescencia, la juventud y la vejez. Atraviesa la vida para llegar a la tumba, a la vida que nos espera en el DÃa de la Resurrección, cruzando el Puente Sirat para comenzar la vida eterna en el Más Allá. En cuanto a los talismanes —remedios y medicinas— éstos no son ni más ni menos que creer en Dios y en el DÃa Final. Al morir creyendo en el Sumo Creador, la misma muerte adquiere la forma de un cabalgadura mansa en lugar de un león feroz. No sólo eso, sino que este caballo pasa a ser el bendito animal Buraq que rescata al hombre piadoso de la cárcel mundana y lo traslada al ParaÃso junto a Dios! ¡La Gloria sea con el Señor! A partir de ello observamos que la gente que cree en Dios y busca la perfección, ama y desea la muerte, pues sabe la realidad implÃcita de la misma. Además, el paso del tiempo, la muerte y la despedida despiertan en el creyente la ansiedad de obtener la recompensa en el Más Allá, de meditar acerca de los milagros de Dios, merecedor de toda devoción. En cuanto a los dos remedios o talismanes: El primero es la confianza en Dios y poseer un carácter en el que prime la paciencia. Es decir refugiarse en el poderÃo de Dios, Creador y Magnánimo asà como tener confianza en Su sabidurÃa. ¿Qué puede temer el hombre que declara su propia impotencia y se refugia en Dios, Creador de los mundos, y que todo aquello cuanto existe se halla en Sus manos — ...Sé y es... (36.82)—? No teme a nada, puesto que ante la más espantosa de las situaciones recita: ...Somos posesión de Dios AltÃsimo y a Él retornaremos y no decidimos nada de nosotros mismos... (2:156) y deposita su confianza en el Sumo Compasivo con gran serenidad. Aquél que conoce realmente a Dios siente placer cuando le teme. Para entender esto, la mejor manera de ejemplificarlo es con lo siguiente: Supongamos que podrÃamos hacer hablar a un bebé que ha cumplido el año de vida y le preguntamos: «Â¿Cuál es tu momento más agradable?» Tal vez dirá: «Cuando me refugio en el pecho de mi tierna madre al tener miedo y sentirme incapaz en lugar de ser castigado como cabrÃa esperar a veces». La clemencia de una madre no es sino un pequeño destello de lo que es en suma la Clemencia Divina. Por ello, aquellos piadosos de fe completa, encuentran el verdadero placer cuando aceptan su debilidad e impotencia y se refugian en Dios. Ellos no poseen fuerza ni poder, tan sólo pueden aspirar a poseer dichas caracterÃsticas a través de lo que es otorgado por Dios, al no poseerlo, por tanto, no dudan en solicitarlo a Dios. El segundo remedio no son sino los ruegos y súplicas a Dios, la satisfacción de recibir algo de Él, asà como nuestro agradecimiento y nuestra confianza en el Único sin par... ¿cómo entonces puede sentirse una persona indefensa y afligida cuando es invitado de Dios en la Tierra, la cual se halla repleta de Sus mercedes, en un planeta en el cual Dios hizo que la primavera sea un ramo de flores esparcido? No pueden hacerlo. Esta aparente pobreza no es tal porque se trata de una pobreza diferente. Es como un aperitivo que prepara a nuestro apetito para alcanzar la riqueza de Dios. Por tal motivo, el ser humano ansiará seguir siendo pobre para que Dios le conceda un número aún mayor de Sus mercedes. Por eso los pobres de esta manera son felices y se sienten orgullosos de serlo. (Mucho cuidado con este concepto pues puede ser malinterpretado. Se halla totalmente relacionado con mostrar nuestra pobreza a Dios no a la gente. Humillémonos ante Él, pero no asà ante la gente). El salvoconducto o pasaporte a la Eternidad representa las obligaciones que Dios nos ordenó realizar, en especial las cinco oraciones diarias asà como abstenernos de los pecados. Todos los sabios de gran discernimiento, aquellos más próximos a Dios y toda persona que comprueba lo que decimos, todos saben bien que obedecer los mandamientos del Corán es la luz, las provisiones, el vehÃculo que nos permitirá llegar con suma felicidad a la eternidad. Tan sólo has de saber que la filosofÃa, el conocimiento terrenal y la habilidad en asuntos de la vida mundana, no sirven de nada en este viaje, sino que tan sólo iluminan el camino hasta la tumba. ¡Oh alma indolente! ¡Que fácil entonces es cumplircon las cinco oraciones y abstenerse de los siete pecados capitales! ¡Que grandes ventajas nos conceden! Si eres realmente inteligente di a aquel que incita al pecado, transmite al demonio tramposo y astuto lo siguiente: «Si eres capaz de vencer a la muerte, si puedes decretar que el mundo terrenal no desaparezca, si posees el remedio para eliminar la pobreza y la incapacidad de la raza humana, yo entonces te obedeceré sin dudarlo. Pero si no eres capaz o fracasas en el intento, entonces cállate, puesto que el Sagrado Corán nos concede aleyas de toda la creación recitadas elocuentemente en esta gran mezquita que es el mundo. Y escuchémoslo pues, sigamos su luz y apliquemos sus leyes para que asà nuestra lengua, de tanto recitarlo, esté siempre en compañÃa de Dios. Por cierto, las palabras del Corán son la verdad en estado puro ya que es el Corán la verdad transmitida por Dios, el Sagrado Libro es el que nos concede la evidencia y propaga la luz de la sabidurÃa. ¡Dios nuestro! Ilumina nuestros corazones con la luz del Corán y con la luminiscencia de la fe. Haz que permanezcamos pobres para buscarte y marchar en pos Tuyo. No poseemos ni poder ni fuerza, si no es a través Tuyo. Haz que seamos de los que confÃan en Ti, no nos dejes ser presa fácil de nuestro ego. CuÃdanos y apiádate de nosotros y de todos los creyentes y fieles. Otórgale la Paz y las Bendiciones a nuestro Mensajero Muhammad, Tu siervo, Tu Profeta, Tu elegido y amigo, la belleza de tu reinado, la luz que guÃa, ejemplo de Tu misericordia, luz de Tus creaciones, noble y ensalzado entre todo lo existente, educador de Tus siervos, interpretador de Tus signos, espejo de Tu belleza, enviado a toda la humanidad...y concede las bendiciones a sus familiares y compañeros, a sus hermanos los profetas y mensajeros anteriores y a Tus ángeles mas cercanos asà como a Tus siervos mas devotos. Amen. [9] Los pecados principales consisten en asociar compañeros a Dios; la falta de respeto a nuestros padres; hacer uso de la propiedad de otros, en especial de los huérfanos; involucrarse en asuntos comerciales en los que predomina la usura; desertar o retirarse cuando el ejército avanza; calumniar a mujeres castas; cometer delitos con un castigo prescrito (por ejemplo, el robo, la fornicación, el adulterio, el asesinato); verse envuelto en actos prohibidos a pesar de que el Sagrado Corán o las Tradiciones advierten de un castigo severo si se comete dichos actos prohibidos en la siguiente vida; y realizar actos criticados por el Profeta. (Nota de los editores) |
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| Modificado el ( martes, 08 de mayo de 2007 ) |
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