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escrito por Bediüzzaman Said Nursi   
jueves, 26 de abril de 2007

En el Nombre de Dios, el Compasivo y Misericordioso

«Las oraciones prescritas son los pilares de la religión»

Si quieres saber el valor de la oración, su importancia así como cuán fácil es obtener el beneficio anhelado a través de la misma entonces examina este relato corto:

Cierto día, un importante soberano envía a dos de sus sirvientes a su portentosa hacienda, después de haberles dado a cada uno de ellos 24 monedas de oro, para que dispongan de este modo de los medios materiales para así llegar a su destino, que se encuentra a dos meses de distancia. El regente ordena a sus sirvientes emplear las monedas en pasajes, alojamiento y otros gastos relacionados con el viaje... Hay una estación a un día de distancia y en ella se puede encontrar todo tipo de medios de transporte, cada uno de los cuales con un precio diferente.

Los dos sirvientes, tras recibir las órdenes salieron de viaje. Uno de los dos tenía un carácter sensato y prudente, y gastó tan sólo una pequeña cantidad de dineropara poder llegar a la estación, la cantidad restante la utilizó en un buen negocio y su capital ahorrado se multiplicó por mil, lo que devengó en ganancias a su amo.

En cuanto al otro sirviente, debido a su insensatez y falta de juicio, gastó 23 de las 24 monedas de oro en diversiones varias y juegos de azar. Su compañero le dijo: «Cómprate el pasaje y no malgastes la moneda que te queda, puesto que nuestro señor es generoso y piadoso, y quizás te perdone tus malas acciones. Aún puedes permitirte el lujo de emplear un medio de transporte y así juntos llegaremos el mismo día. Si no actúas tal y como te digo, tendrás que ir a la hacienda de nuestro señor caminando durante dos meses por el desierto y el hambre tal vez te mate, o quizás la soledad se apodere de ti en ese largo viaje». Si este hombre continuara en su actitud rebelde y derrochara la única moneda que le quedaba en la obtención de un placer pasajero en lugar de gastarla en la compra del billete de avión, todo el mundo puede adivinar su triste final.

Escucha pues, tú que no cumples con la oración

prescrita así como mi alma que no parece en ocasiones predispuesta para la oración la explicación de este relato. El gobernador representa a Dios, nuestro Creador, ¡Gloria sea a Dios!, y en cuanto a los dos sirvientes que se hallaban de viaje, el primero de ellos representa a aquellas personas que cumplen con la religión, realizan las oraciones prescritas con agrado y cumplen con las mismas cabalmente, mientras que el otro representa a aquellos que no rezan. Las 24 monedas de oro son las 24 horas del día y la hacienda no es sino el Paraíso. La estación de transito en la que se disponían a tomar un medio de transporte es la tumba y el largo viaje representa el viaje de la gente en dirección a las tumbas que conducen a la Resurrección y a la Vida Eterna en el Más Allá. Los viajeros en este largo camino cubren la distancia de acuerdo con sus obras y su piedad. Un conjunto de creyentes puede, en un solo día, caminar una distancia de mil años como si de un relámpago se tratase y otros en el mismo día pueden cubrir cincuenta mil años. El Corán abordó este asunto en concreto en dos de sus aleyas, la 32:5 y 70:4 respectivamente.[6]

En cuanto al billete para el medio de transporte, no es ni más ni menos que la oración prescrita. Realizar las cinco oraciones diarias no dura más de una hora. ¡Cuán perdido se halla aquél que dedica a la vida terrenal 23 horas de su tiempo y no dedica ni una sola hora a la Vida Eterna! ¡Qué injusto es consigo mismo! ¡Y cuán lerdo es!

Si consideramos normal que alguien participara en un juego de azar en el que la posibilidad de ganar es de uno entre mil. ¿Cómo una persona es incapaz de dedicar una hora de las 24 que dispone, sabiendo que la ganancia está garantizada y que de este modo obtiene la complacencia divina eterna? ¿Acaso esto no es algo tan evidente y lógico? La oración en sí es un gran descanso para el espíritu, el corazón y la mente, y además, no es ningún trabajo que cansa y por encima de todo, todas las obras mundanas lícitas de aquel que cumple con la oración son consideradas siempre devociones a Dios, siempre y cuando su intención al realizarlas sea tal —la veneración—. De este modo, la persona que reza puede convertir su vida mundana en una vida eterna después de muerto.


[6] «Dios decreta los asuntos de la gente desde el Cielo hasta la Tierra; luego lo que hubo en la Tierra asciende a Él, en un día equivalente a mil años mundanos que estáis acostumbrados a contar» (32:5) y «Los ángeles y Gabriel se elevan hacia donde desciendan sus órdenes en un día cuya duración es de cincuenta mil años, años terrenales». (70:4)

Modificado el ( martes, 08 de mayo de 2007 )
 
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