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Creencia y Devoción | Tercera Palabra |
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| escrito por Bediüzzaman Said Nursi | |
| jueves, 26 de abril de 2007 | |
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En el Nombre de Dios, el Compasivo y Misericordioso «Â¡Humanos! Venerad a vuestro Señor que os generó y dio vida y desarrollo, como creó a quienes os antecedieron». (2:21) Si quieres entender cómo la veneración a Dios es sinónimo de un gran beneficio y una gran felicidad asà como comprender que la perversidad es un gran detrimento y causa la perdición, entonces permaneced atentos a este relato: Un dÃa dos soldados recibieron la orden de viajar a una lejana ciudad. Ambos viajaron juntos hasta llegar a una zona en la que el camino se bifurcaba. Un hombre que se encontraba allà les dijo: «El camino de la derecha se halla libre de todo riesgo, no entraña peligro alguno, nueve de cada diez viajeros encuentran en él la quietud, la tranquilidad y el beneficio garantizados. En cuanto al de la izquierda, no ofrece ningún beneficio, a nueve de cada diez viajeros que optan por tomarlo les alcanza algún perjuicio. Es sabido que ambos caminos son de la misma longitud y tan sólo existe una diferencia entre ambos la cual es que quien quiera tomar el camino de la izquierda —que no lo rige orden ni gobernabilidad— caminará por el mismo sin equipaje ni armas, y por ello se sentirá aparentemente cómodo. El hombre que quiera tomar el camino de la derecha —el cual es un hombre que ha recibido instrucción militar— tiene que llevar consigo una carga completa llena de alimentos y debe llevar un arma pesada consigo en caso de ataque». Al escuchar atentamente las palabras de este hombre, uno de los soldados decidió seguir por el camino de la derecha, cargado de peso sobre sus hombros y espalda, aunque su corazón y su alma permanecÃan tranquilos y libres de cualquier miedo. El otro soldado, que prefirió avanzar libre de cualquier carga y sin cumplir con la disciplina establecida, tomó el camino de la izquierda. Pese a que su cuerpo se habÃa liberado de un tremendo peso, su corazón se sentÃa abrumado por el miedo y su alma se hallaba inmersa en una considerable desazón. Escogió su camino temeroso de todo, asustado por cualquier accidente que pudiera ocurrirle hasta llegar a su destino y sufrió, de esta manera, por su rebeldÃa. Aquel que cumplió con la disciplina militar y acarreaba su carga y armamento caminó tranquilo, con un corazón sereno, sin preocupación o miedo algunos y avanzando asà hasta llegar a su destino en la ciudad, en donde encontró la recompensa. ¡Presta atención mi indisciplinada y carnal alma! Aquellos viajeros de los que hemos hablado representan a los seres humanos que obedecen la ley divina por un lado (camino de la derecha) y a los caprichosos y rebeldes por otro (camino de la izquierda). El camino no es sino la vida, que comienza con el nacimiento y discurre por la tumba que lleva al Más Allá. La carga y el arma que porta el soldado son la devoción y el cuidado de la ley de Dios. Pese a ser aparentemente pesados, en el fondo son un alivio y un descanso indescriptibles. Aquellos que rezan, recitan cada vez: ashhadu an la ilaha illa Allah, que significa «Atestiguo que no hay más deidad sino Dios»[4], y afirman que Él es el Creador, Quien proporciona el sustento, el beneficio y todo lo demás, siempre a partir de Él. Es Omnisapiente y nada lo hace al azar, asà como ClementÃsimo y Bondadoso. El creyente cree en Él, y es por ello que encuentra en todo una puerta que se abre a los tesoros de la misericordia de Dios, por eso Le suplica. Percibe que todo se halla establecido para obedecer a Dios y por tal motivo se refugia en Él y se protege frente a cualquier problema confiando en Dios. Asà es como su fe le concede una tranquilidad completa. La verdadera fuente de la valentÃa reside en la fe asà como la sumisión y la cobardÃa se encuentran en el extravÃo. Si en la Tierra aconteciera una situación inminente de explosión en la que serÃa destruida por completo, esto no amedrentarÃa al corazón iluminado de todo aquél que venere a Dios, sino que lo considerarÃa como uno más entre los numerosos milagros del eterno poder de Dios mientras que el retorcido individuo, aquel de corazón inerte —aunque fuese un filósofo de mente lúcida— en caso de ver en el cielo una estrella fugaz, le invadirÃa el pánico y el temor y se preguntará asustadÃsimo: «Â¿Acaso chocará contra la Tierra?» Y sucumbe en una espiral de imaginaciones, en una vorágine de irrealidades. (Cierta noche de principios de siglo, por cierto, parte de la población norteamericana se asustó y estremeció debido la visión de una estrella fugaz o un cometa que apareció en el cielo y abandonaron sus hogares durante toda la noche, prueba de que no es tan descabellado lo que afirmo). Las necesidades del ser son abrumadoras, y por lo tanto, todo capital que el hombre pueda poseer no significa nada. El hombre se encuentra permanentemente expuesto a los desastres, por eso su autoridad o poder es, de igual modo, nulo. Nuestra fortaleza está limitada por aquello que podemos alcanzar mientras que nuestros deseos, esperanzas, penas y problemas se hallan mucho más allá de nuestra imaginación. Por eso los pobres hombres precisan con urgencia comprender la verdadera realidad de la veneración y la fe en Dios. Necesitan la Unidad y la sumisión. Al poseer lo anteriormente citado, la tranquilidad y la dicha nos rodean. Aquél que todavÃa no permanece ciego ante la verdad, le es muy fácil contemplar y presenciar lo que planteamos. Se sabe que elegir el camino llano es una clara evidencia[5] aunque este camino conlleve un beneficio menor aparente. El camino de la veneración a Dios junto con su beneficio mayor no causa perjuicio, es un tesoro de la eterna felicidad. El camino de la perversidad, junto con su inutilidad es la razón de la perdición y la desesperación eterna. Esto es pues, algo evidente y lo acreditan unánimemente los más sabios. La felicidad de la vida mundana y la del Más Allá reside en la veneración a Dios y en ser un buen siervo Suyo. Debemos, pues, repetir constantemente en nuestras alabanzas a Dios: «Gracias a Dios por otorgarnos la obediencia y el éxito en Su camino» y agradecer al Todopoderoso por ser musulmanes. [4] La profesión islámica de fe. Cualquiera que la recite es considerado un musulmán, y desde ese momento tiene derecho a todos los derechos y beneficios del Islam, asà como se halla sujeto a sus regulaciones y deberes. (Nota de los editores) [5] El autor emplea la expresión «clara evidencia», en lugar de «absoluta evidencia», motivado por el respeto a Su libre albedrÃo incondicional. No se puede considerar que Dios esté obligado a promover o destinar a los creyentes al ParaÃso y a los incrédulos al Infierno, ya que Él realiza y efectúa lo que asà estime oportuno. Pero ya que Él prometió que recompensarÃa con la felicidad eterna en el ParaÃso a aquellos que creen y realizan buenas acciones, y que castigarÃa a aquellos que no creen enviándolos al Infierno, asà cumplirá Su promesa. (Nota de los editores). |
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| Modificado el ( martes, 08 de mayo de 2007 ) |
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