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La mujer desde una perspectiva limitada | La mujer desde una perspectiva limitada |
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| escrito por M. Fethullah Gülen | |
| 25.04.2007 | |
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Ella quiere ver cosas hermosas y estar rodeada de la belleza; a veces consigue lo que desea, y otras no. A veces el viento sigue soplando tan severamente alrededor de ella para sacudir todo lo que posee. Es en ese momento cuando vaga con dolor enfurecido por el agotamiento, y respira con sus lágrimas. Y a veces se pone tan alegre como una niña con las bellezas que aparecen en su horizonte, y proporciona la alegrÃa a manos llenas a todo el mundo. Una mujer que encuentra a su compañero espiritual y que sacia su sed con sus hijos no se diferencia de las hurÃes (hermosas doncellas) del ParaÃso; y el hogar establecido alrededor de esa persona no es diferente que el JardÃn de Firdaws en el ParaÃso. Y tampoco es sorprendente que los niños, que crecen saboreando el cariño a la sombra de este ParaÃso sean parecidos a los ángeles. En efecto, una persona afortunada que crece en tal ambiente vivirá en un estado de alegrÃa más allá de este mundo como si hubiera alcanzado los Jardines de Firdaws en el ParaÃso; y riega sonrisas a los que están a su alrededor. En tal hogar, las formas y los cuerpos podrÃan parecer diferentes, pero el alma que gobierna cada uno es única. Y, esta alma, que emana de la mujer en todo momento y rodea la casa por completo, como una magia, o un espÃritu, se hace sentir por todo el mundo como si los condujera a ciertas direcciones. Una mujer bendita cuyo espÃritu no está encadenado, ni ha mancillado el horizonte de su corazón se asemeja a la Estrella Polar en el sistema familiar; ella se queda donde está y gira en torno a sà misma, y todos los otros miembros del sistema estructuran sus existencias alrededor de ella, y se marchan hacia sus destinos fieles a ella. De hecho, nuestra relación con el hogar es temporal, limitada y relativa. Pero la mujer, aunque tenga otras tareas o no, siempre se mantiene erguida en medio de su cocina donde el caramelo de afecto, piedad y amor hierve a fuego lento. ¡Cuántas cosas prepara y sirve para alimentar nuestros sentimientos! Una mujer que está totalmente orientada hacia la eternidad en términos de sentimientos y pensamientos, hace que nuestras almas perciban los sentidos que ningún maestro o profesor logran; y ornamentan nuestros corazones con las caligrafÃas más hermosas de los sentimientos más profundos, que no se pierden en la noche de los tiempos ni son borrados por nadie. Entonces, al equipar nuestro subconsciente, nos hace alcanzar un potencial tan rico en la vida futura que podemos reclamar el mundo entero con ello. Nosotros, en la presencia de esta «señora perfecta» (insan al-kamila), siempre tenemos el sentimiento de que la piedad, el afecto y los poemas del Más Allá fluyen sobre nuestras almas, y temblamos con la alegrÃa de lo divino. Para nosotros, la mujer, sobre todo en su dimensión maternal, es tan inmensurable como el cielo y es una profusión de sentidos y afectos que rebosan en su corazón como las numerosas estrellas de los cielos. Ella siempre se encuentra cómoda con su destino agridulce, permanece en paz con su felicidad y su dolor, se entremezclan en ella la alegrÃa y las inquietudes, y protege su alma frente al rencor y el odio. Ella, en persecución de la búsqueda del renacimiento y el desarrollo en todas sus acciones, es la fuente más pura del Califato Divino, asà como el corazón y la esencia de la ternura humana. Sobre todo, la mujer afortunada, que ha abierto la puerta de su corazón entornado hacia la eternidad en virtud de su creencia y su fe en la vida después de la muerte, ocupa una posición tan prodigiosa en un punto maravilloso —una posición que puede ser llamada la unión del mundo de lo material y los sentimientos o cuerpo y alma—, que cualquier otro tÃtulo o posición se asemejarÃan a una débil llama de vela ante su verdadero mérito que luce como un Sol refulgente, ya que su lugar, posición y atributos están tan acentuados que quedan ocultos bajo la sombra de su valor real. La mujer, en nuestro mundo de pensamientos y valores, es el color más importante del fenómeno de la creación, el pilar más próspero y mágico de la humanidad, la proyección intachable de las bellezas del ParaÃso en nuestros hogares, y el sostén más seguro de nuestra existencia y continuidad. Antes de su creación, el Profeta Adán estaba solo, la naturaleza no tenÃa vida, la especie humana estaba destinada al colapso, el hogar no era diferente al hueco de un árbol como si fuera la guarida del animal, y el ser humano era el preso de la tapa de cristal de su propia vida. Con ella, se formó un segundo polo y los dos polos se juntaron. La existencia se animó con una voz y visión nuevas y diferentes; la creación entró en la fase de la finalización y el solitario humano fue transformado en una especie, pasando a ser el factor más importante del Universo. Ella llegó y le hizo ganar a su cónyuge valores más allá que todos los demás. Aunque la mujer, tanto fisiológica como psicológicamente, sea de una naturaleza y caracterÃsticas diferentes, eso no denota ninguna superioridad al hombre sobre la mujer o viceversa. Imaginad a la mujer y el hombre como el nitrógeno y el oxÃgeno en el aire; ambos son sumamente importantes en términos moleculares, con respecto a combinaciones y posiciones especiales, además de necesitarse el uno al otro en un mismo grado. Hacer una comparación entre los hombres y las mujeres es tan absurdo como comparar las sustancias que forman el aire, como por ejemplo decir que el nitrógeno es más valioso o que el oxÃgeno es más beneficioso. De hecho, el hombre y la mujer son idénticos en cuanto a su creación y su misión en el mundo, y se necesitan mutuamente como la flor y la abeja. La mujer necesita al hombre, los jóvenes a los mayores, y el violÃn al arco Sin embargo, ¿se le dio alguna vez tanta importancia a la mujer en otras partes del mundo? No lo creo asÃ; he aquà algunos ejemplos extraÃdos de breves citas del estimado Þefik Can: En una parte del mundo, la mujer nunca ha tenido derecho al matrimonio, a la herencia ni siquiera a algún otro derecho que cualquier humano posee. Fue considerada como una criatura más dañina que un ciclón, la muerte, las serpientes o el veneno, dejando a un lado el que tuviera o no algún derecho (Siempre según los Vedas, escrituras sagradas del hinduismo). Desde otra perspectiva en la misma región, fue considerada como una criatura sumisa a sus sentidos que por lo tanto debÃa ser ignorada. Y si era inevitable hablarle, no deberÃan dirigirse a ella, si una conversación ineludible tenÃa que tener lugar, entonces mantener la distancia se tomaban como base (Esto es lo que extrajimos de la conversación entre Buda y Amanda). En otro punto geográfico, el hombre es el absoluto soberano en la familia, mientras que las mujeres son pobres criaturas, semejantes a criadas del hogar; e incluso a veces, parecen esclavas que podrÃan ser puestas en venta por su propio padre. Se creÃa que, en efecto, merecÃan tal tratamiento porque la mujer habÃa seducido a Adán y lo habÃa conducido al mal. Y desde este punto de vista, deberÃa ser absolutamente considerada como maldecida. En otra zona, no se la consideraba ni siquiera como un ser humano, no se le daba nombre; se dirigÃan a ella con números tales como el 1, el 2 e incluso era vista como un cerdo (Antigua China). En otro universo, la mujer se consideraba como una máquina que producÃa hijos, como una propiedad común. (Hay otras consideraciones en la época de la Antigua Grecia y Roma que fueron eliminadas, siendo filtradas por la censura de nuestra decencia). Las citas siguientes pertenecen a grandes pensadores de la cultura clásica: «La mujer es la puerta del Infierno y es una propiedad...» (Platón). «La mujer, en la naturaleza, es un hombre medio terminado» (Esto pertenece a Aristóteles). «La mujer fue creada para que los hombres no tuvieran grandes éxitos: si ella no hubiese sido creada, los hombres podrÃan ser deificados» (Cicerón). Comentarios similares que insultan a las mujeres han continuado después. Hasta el reinado de Enrique VIII (1509-1547) no se permitió a las mujeres tocar la Biblia porque ella era el motivo del pecado original en el ParaÃso. En aquel ambiente, comentarios como el siguiente eran muy comunes: «La mujer —que Dios me perdone— es un error de la Creación (Milton, autor de «El ParaÃso Perdido»). Difamar a las mujeres ha sido una constante durante los tiempos modernos también. Nietzsche indicó que: «Cuando debas dirigirte a una mujer, no se te olvide tener la fusta en la mano»; con estas palabras expresó la opinión de un mundo entero. León Tolstói expresa lo que piensa sobre el matrimonio en sus memorias: «Estoy muy contento por haberme casado. La felicidad de la vida de familia enardece mi espÃritu como un Sol». Estos eran comentarios apropiados y legÃtimos. Sin embargo, al cabo de un tiempo en una de sus novelas estableció una conversación entre los protagonistas de la misma: «Ah, no te cases nunca; tu esposa te impedirá producir cualquier gran obra, suprimirá tus intereses y te convertirá en una criatura degradada y ordinaria. Como ella misma es una criatura ordinaria, quiere degradar el espÃritu de su marido». Estas palabras explican lo que realmente pensaba sobre las mujeres. En la PenÃnsula Arábiga durante la Época de Yahiliyya (la época de a ignorancia antes del profeta Muhammad), cuando por primera vez legó el Islam, la situación no era diferente; dar a luz a una niña, criarla más tarde su casamiento, todo eran desgracias. Las muchachas se onsideraban como una carga sobre las familias. Y lo peor era que su xistencia fue considerada como una desgracia, y por ello eran enterradas ivas en algunas regiones. El Islam, que llegó con mensajes de salvación eterna para toda la humanidad (pasamos sucintamente este asunto prometiendo que los discursos sobre este tema serán recopilados en otro libro) es la primera religión que restituyo los derechos usurpados por la comunidad de la mujer; se los restituyó; la tomó bajo su protección y puso estrictas reglas sobre este asunto. El Corán subraya este hecho declarando: «Los derechos de ellas sobre sus esposos son iguales a los derechos de éstos sobre ellas» (2:228), y la eleva hasta su correcto lugar en el plano de la creación. En su Último Sermón el Orgullo de la Humanidad, el profeta Muhammad, ordenó: «Os recomiendo que observéis los derechos de las mujeres, y tenerle miedo a Dios sobre este asunto. Ya que ellas os fueron consignadas por parte de Dios». Es un acontecimiento histórico para el género femenino el hecho de que fueran elevadas hasta un punto respetable en aquellos tiempos tan malignos, cuando en casi todas las partes del mundo las mujeres fueron compradas y vendidas como cualquier otra propiedad. La posición de la mujer es enfatizada tan explÃcitamente tanto en el Corán como en la Sunna (la tradición del profeta Muhammad) que si decimos que la mujer fue savlada de la esclavitud con el Islam no serÃa una exageración. En efecto, toda la gente de razón piensa de esta manera acerca del asunto de las mujeres. Por ejemplo, G. Demombyne, célebre estudioso mencionado por muchos autores en el mundo musulmán, dijo: «Las reglas establecidas por el Corán sobre el asunto de los derechos de la mujer son más adecuadas que las leyes contemporáneas europeas». Otro investigador renombrado, Stanley Lane-Poole hace una confesión importante diciendo: «Ningún legislador fue capaz de hacer los cambios necesarios sobre los derechos de las mujeres que hizo el Islam». L. E. Obbald añade su punto de vista a la misma lÃnea de pensamiento diciendo: «El acto de liberar a las mujeres de la esclavitud asà como el hecho de otorgarles los derechos que les habÃan sido usurpados, se realizó tan sólo a través del Islam». De hecho, Dios creó a la mujer como compañera del hombre, nada más. Adán no podÃa existir sin Eva, y Eva no podÃa existir sin Adán. Esta primera pareja tenÃa una misión muy importante, ser el espejo y el intérprete tanto del Creador como de la creación. Ellos eran como dos cuerpos y un alma, y representaban dos caras de una sola realidad. Con el tiempo, los entendimientos vulgares y los pensamientos arrogantes han arruinado esta unión. Y con ello, tanto la armonÃa de la familia como la orden social están arruinadas también. En realidad, como dijo Ibn-i Farid la belleza tanto de la mujer como la del hombre es un brillo de la belleza del Creador, la más hermosa de todas las Bellezas. Y que estas dos maravillas de la creación deben aceptarse el uno al otro tal y como son además de apoyarse mutuamente, siempre ir de la mano, y trasladarse a otra dimensión de la belleza desde la que en ese momento se encuentran. Y cualquier otro acercamiento y el método fuera del marco determinado por el plan de creación los hace grotescos y agresivos, en especial, ya que la parte más significativa de la belleza y elegancia es el sentimiento puro, cuando la mujer que es considerada como el espejo multidimensional de la belleza de la Verdad Eterna (Dios) pasa a ser opaco con los densos tintes de su naturaleza mundana, y reduce su deber, convirtiéndola en un instrumento perjudicial; el motivo de que la llamen supuestamente fitna (maligna) podrÃa ser este comportamiento especial por su parte. De hecho, mientras la mujer es consciente de su profundidad interior y permanezca dentro de los lÃmites de su naturaleza, se hace un espejo tan brillante que refleja las bellezas esenciales de la creación que aquellos que —dentro de lÃmites legales—, la miran con justicia y piensan con justicia, se liberan de su oscuridad corporal inmediatamente y suben al horizonte de placer de las bellezas de la Verdad Eterna (Dios) y hacen que su corazón cante: Afitâb-i husn-u hûbân akibet eyler uful, «Sol de la belleza de las bonitas caras que se desvanecen al final; Pero soy el amante del Interminable; “la uhibbu-l âfilîn” (No amo lo que se desvanece)».[1] * M. Fethullah Gülen, Erudito del Islam y prolÃfico pensador, asà como un destacado activista del diálogo interreligioso y la promoción de la educación. [1] «Yo no amo las bellezas mortales, sino la Belleza interminable, que nunca se desvanece». Una parte del versÃculo (6:76) del Corán, en el cual la historia del profeta Abraham es relatada; «No amo lo que se desvanece». |
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| Modificado el ( 19.06.2007 ) |
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La mujer es un monumento de afecto respecto a su dotación interna, y su afecto proviene de su creación y naturaleza. Esta decente naturaleza, —si no es mancillada con intervenciones erróneas— siempre piensa en el cariño, habla con afecto, se comporta tiernamente, observa a los que están a su alrededor con cariño durante toda la vida y concede a todo el mundo dicha ternura. Mientras abraza a todo el mundo con afecto, sirviéndoles con amor, al mismo tiempo, —debido a su refinamiento y su sinceridad— ella siempre aguanta sus penas. Tiembla como un tul sobre todo el mundo, sus padres, hermanos, amigos y todos los parientes; y cuando llega la hora (en su casamiento) sobre su cónyuge y sus hijos. Al compartir florece con placer, goce y alegrÃa como una rosa, y riega a aquellos que están a su alrededor con sonrisas. Y cuando ve que sufren por algo, se pone pálida, se marchita como las hojas y gime de dolor.