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El Pensamiento de Rumi | Amor |
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| escrito por Sefik Can | |
| martes, 17 de abril de 2007 | |
Después de que Rumi se hubiese descubierto a sí mismo y hubiese sentido lo que existía en él, empezó a verlo también en los demás. De esta forma unificó el «Amor de Dios» con el «Amor a la Humanidad». Llegó a la conclusión de que amar a los seres humanos es amar a Dios. Cuando se lee con cuidado, el siguiente pareado nos aclara bastante bien a quién iba dirigido el infinito amor de Rumi hacia Shams: «Shams de Tabriz es un pretexto. Somos el alabado en belleza, somos el alabado en gracia».73 En otro poema, Rumi nos aconseja apreciar el valor de cada uno y que nos amemos porque amar a nuestros seres queridos no debe ser por sus seres físicos sino por Dios.
Ven, ven, apreciémonos mutuamente, prestemos atención a la valía de cada uno. Porque nunca se sabe, podríamos de repente separarnos. Ahora que nuestro Profeta ha dicho: «El creyente es el espejo del creyente», ¿Por qué estamos desviando nuestro rostro del espejo? El rencor y el odio oscurecen nuestra amistad y dañan el corazón. ¿Por qué no rompemos y liquidamos el rencor del corazón?74 Ven, únete a nosotros. Somos los enamorados de Dios, únete a nosotros para que te abramos las puertas del jardín del amor. Siéntate en nuestra casa como una sombra, somos los vecinos del Sol de Dios. Somos invisibles, tal y como lo es el alma. No tenemos huella ni señal, tal y como el amor de los enamorados. Pero nuestras señales están en ti y enfrente de ti porque nos hallamos ocultos así como aparentes tal y como el alma. Cualquier cosa que estés diciendo, mira más allá y más alto e incluso más allá de eso porque estamos más allá de los Más Allás. Eres como el agua pero permaneces en un agujero, estás en una prisión. Abre un camino para ti mismo para que te puedas unir a nosotros, porque somos una corriente fluyendo hacia Dios.75 Ven para que quizá podamos hablar de espíritu a espíritu, hablar de un modo oculto a los ojos y los oídos. Riámonos sin labios ni dientes tal y como una rosaleda. Dispongámonos a conversar sin labios ni boca como un pensamiento.
El amor que Rumi siente hacia la humanidad es infinito. Empezando por los antiguos poetas griegos y latinos anteriores, e incluyendo a todos los poetas clásicos, escritores, dramaturgos, filósofos y sociólogos de Occidente, ninguno de ellos posee el amor que siente Rumi hacia la humanidad ni el amor que dejo sentir a sus lectores.
En los ejemplos anteriores se muestra lo que piensa Rumi sobre el amor hacia la humanidad. Rumi susurra muchos secretos en los oídos de aquellos que leen cuidadosamente estos dísticos y reflexionan concienzudamente sobre ellos. Cada santo tiene su propia manera de sentir. Ya que Rumi es un santo, siempre habla del amor y los enamorados. Por esta razón, a Rumi se le ha otorgado el título de «El Sultán de los Enamorados». En uno de sus poemas Rumi indica:
No hay duda que Rumi, a lo largo de sus obras, subraya el concepto del amor sobre todas las cosas. En las numerosas historias narradas en su libro Mesnevi y en los fluidos poemas que componen su libro Diván-i Kabir, el enfoque es en el amor. El amor del que habla Rumi no es un amor transitorio. No es un amor metafórico (ishq majazi), es real. El amor del que habla es el amor hacia la Verdad, que se llama también el Amor Divino, el amor que se siente por Dios. Diciendo que el amor es un atributo de Dios, Rumi expresa que:
Para llegar a entender el concepto del amor, tenemos que explicar en detalle los conceptos de ishq majazi e ishq ilahi, que se conocen también como amor real. Estos dos tipos de amor se conocen en las enseñanzas de Rumi. El primero, ishq majazi, está relacionado con el mundo material y el amor del cuerpo, como el amor entre el hombre y la mujer. El amor verdadero, ishq haqiqi, es el amor que se siente hacia Dios. En otras palabras, el amor metafórico es transitorio y por lo tanto, efímero. Sin embargo, el amor real es eterno e infinito. Algunos santos piensan que lo que se conoce como amor metafórico no es un amor vacío si no que está manchado y contaminado con los deseos del cuerpo. Se cree que este tipo de amor puede ser un puente hacia el amor verdadero. Según este grupo de santos, el amor por lo bello no es el amor por una persona sino que es el amor por la belleza que posee esa persona. Lo sorprendente de la belleza de lo bonito es una reflexión de la belleza del Creador, Su arte, Su poder y Su majestad. Sorprenderse de tal belleza abre el camino al amor real. Rumi indica:
Es necesario que se conteste en este punto a una pregunta. ¿Por qué se ha concedido este amor metafórico, ishq majazi, a los humanos? Siglos antes de la aparición de Freud, el célebre psicoanalista de los tiempos modernos, Rumi mencionó este concepto en el siguiente poema: Dios ha creado un deseo entre el hombre y la mujer Ibn al-Arabi (fallecido en 1240), el prominente místico musulmán hispanoárabe, piensa que este deseo mencionado anteriormente es complementario. Señala lo siguiente, «Los seres humanos, hombre o mujer, se completan después del matrimonio. Solos, la mujer es una mitad y el hombre otra. El hombre se completa a sí mismo con la mujer. La mujer se completa a sí misma con el hombre. Esta unión no es una unión material, sino aquella espiritual y complementaria».81 Por lo tanto, este deseo o este amor romántico, en realidad es una reflexión del versículo del Corán que expresa, «He infundido de Mi espíritu en Adán y sus hijos». Por lo tanto, la unión entre un hombre y una mujer no es de hecho un deseo mundano y falso, al contrario está relacionado con el mundo del Más Allá de la vida material. Es una relación entre espíritus familiares y es una expresión de amor entre los seres humanos. Sin embargo, este amor no deber menospreciarse a un nivel meramente biológico, como el de los animales. Como la criatura más honorable de Dios, hemos de tener niveles diferentes de este amor a través del matrimonio y los principios de la Ley del Islam. Por lo tanto, la religión del Islam no prohíbe ni el amor romántico ni el matrimonio. Como señala Rumi, «Se ha entregado a la gente este amor romántico o deseo para la continuación de la humanidad. Al mismo tiempo, se espera que los seres humanos luchen contra sus deseos carnales». En el Islam no existe un celibato institucionalizado para hombres o mujeres pero se da la castidad, vida pura y control de los deseos. La relación entre hombres y mujeres se limita al concepto del matrimonio. Rumi cree que el matrimonio satisface, permitiendo a la persona controlar sus deseos. Relaciones inmorales manchan la conciencia de la persona. Por lo tanto, este tipo de relación está prohibida en el Islam. No se prohíbe el amor pero sí el adulterio. El siguiente hadiz explica la dimensión de este amor. El Profeta expresó:
Este hadiz sugiere que aquellos que se abstienen del adulterio, luchando contra sus deseos, cuando mueren en castidad se consideran mártires porque los deseos biológicos son unos de los enemigos más peligrosos en la perfección humana. Subyugar estos deseos se considera uno de los actos más heroicos. En otro poema Rumi recita:
Si el amor romántico no se salvaguarda bajo control, puede desviar a los creyentes de la veneración de Dios y quizás arruinar su felicidad e incluso apartarles del verdadero significado de la humanidad. Todos los deseos del cuerpo, ya que son efímeros, si se satisfacen de un modo inmoral después de que desaparezcan se reemplazan por una conciencia dolida y culpable. Un poeta turco recitó:
De entre los deseos que perseguimos, algunos dañan nuestra conciencia, algunos nuestro cuerpo y otros arruinan nuestra salud. Al final, nos arrepentiremos. Por lo tanto, otorgar nuestros corazones a cosas pasajeras, cosas inestables como las estaciones y bellezas transitorias no tiene sentido. Rumi, en la primavera, mirando a las flores que crecen, sonriendo y bailando con la brisa, piensa en la relación entre estas flores y el sol. El Sol habla a las flores del modo siguiente: ¡Oh sonrientes flores! ¡Oh hierba verde! Te veré cuando me vaya. Ahora estás muy contenta porque no piensas en tu final. Los seres humanos, la juventud, las bellezas, son iguales. Bellezas abiertas cual una flor. Están orgullosos de la hermosura de su cuerpo. Se miran al espejo y se aman porque reciben poder del espíritu escondido en ellos. Les da vida y les hace felices. El espíritu habla a los bellos que se enorgullecen de la belleza de sus cuerpos del modo siguiente:
Otro poeta turco, Adanalý Ziya, escribe:
Tras mencionar de manera concisa el concepto del amor trascendente, ishq majazi, tenemos que elaborar el concepto del Amor Divino. Por lo tanto, la pregunta necesita una contestación. ¿Cómo pueden los seres humanos amar a Dios, a Quien no ven, no conocen y no comprenden bien? En realidad, el Mensajero de Dios, el profeta Muhammad refiriéndose a esta ambigüedad expresa,
El Profeta del Islam, a pesar de su proximidad a Dios, confiesa que no ha comprendido a Dios como se merece. Por lo tanto, para la gente normal es difícil entender y si no pueden entender, ¿cómo pueden amar? Ali, el sobrino y yerno del Profeta, señala, «No venero a un Dios que no conozco». Por supuesto, Dios no es una divinidad material que podamos ver. No podemos verle como vemos a las criaturas. Como otro poeta turco así lo señala, Muallim Naci, expresando:
Para amar a Dios, en primer lugar, tenemos que sentir Su existencia a través de la razón, la consciencia y la sumisión. Tenemos que aceptar Su existencia. ¡De que forma tan bonita se menciona esto en el siguiente poema de Ibrahim Hal al-Din!:
El Creador de este Universo, incluyendo nuestro planeta, ha adornado el Universo con bellas obras de arte, se ha escondido detrás de Sus obras y ha hecho que Sus creaciones sean un velo para Él. No po-demos verle, pero Sus obras son obvias. Todo ha sido creado de una forma muy bonita. El mundo está organizado por reglas imposibles de modificar. El Creador es Majestuoso y Único. Rumi, en uno de sus poemas, glorifica al Señor del modo siguiente:
Como Rumi menciona en el poema anterior, no podemos pensar en la naturaleza de Dios que está más allá de cualquier forma o imagen. A su vez, el Profeta del Islam aconsejó a su comunidad, «Reflexiona sobre las bendiciones de Dios y no acerca de (la persona de) Dios». Por lo tanto, podemos vislumbrar a Dios a través de Sus Bellos Nombres y Atributos y podemos sentirle a través de Su arte. Todo el mundo que observa este arte comprenderá y sentirá a Dios según su nivel de compresión y también según la gracia de Dios. Sin la gracia y la generosidad de Dios, no podemos encontrar un camino desde nuestro corazón hacia Él. Por lo tanto, el hombre entiende a Dios a través de Dios. En todo, son evidentes Su poder y Su arte pero verlos depende de la generosidad de Dios. Si no te permite verlos, no los verás. Por lo tanto, como seres humanos tenemos que rezar a Dios para que nos muestre Su poder, Su arte y Su belleza. Dios nos ha creado como la más honorable de las criaturas en el cosmos. Como seres humanos, nuestra existencia no se limita a esta vida del cuerpo. Nos hemos convertido en seres humanos por la Confianza que se ha concedido en nosotros. Como Rumi expresa, «Todos aquellos que viven en la Tierra, comen, beben, se mueven y viajan. Nuestros cuerpos son, en realidad, una sombra. La realidad de nuestra existencia está más allá del limite de este cuerpo». Y al igual que el poeta turco y místico, Yunus Emre, expresa, «Hay un “Yo” en mí, más allá de mí». Existe también un «hadiz qudsi» en el que Dios indica que, «Quise que se me conociese, por lo tanto, creé la humanidad». El deseo de hacerse conocer está escondido en el concepto del amor. A Dios no le hace falta que le conozcan y que le amen, pero Él ama que se le conozca y que se le ame. La pregunta es «¿Cómo podemos amar a Dios?». Tenemos cinco sentidos, pero, de hecho poseemos también un sexto sentido. Podemos conceptualizar y sentir a Dios a través de este sexto sentido. Los seres humanos se diferencian de los animales por la razón, el corazón, la luz y el sentido interior. Los ojos internos en los seres humanos se denominan los «ojos del corazón» o basira. Estos ojos son más poderosos que los ojos de nuestra cabeza. Rumi dice que, «Tienes dos cabezas. Una pertenece a la vida del mundo y es de polvo. La otra pertenece a los Cielos. Es una cabeza pura y espiritual». Gracias a esta cabeza espiritual y los ojos espirituales podemos entender la realidad. Según es-to, lo que no se entiende con los cinco sentidos se puede entender a través de la cabeza espiritual y los ojos espirituales ya que éstos pueden sentir y saborear por medio de los ojos del corazón. Nadie puede negar el amor de Dios excepto aquellos que se rebajan del nivel de la humanidad al nivel de los animales y no tienen sentidos más allá de los cinco sentidos biológicos. Amar a Dios es darle gracias. Si pensamos profundamente, veremos y sentiremos que Dios ama a la humanidad porque nos ha concedido lo que no ha entregado a ninguna otra criatura. El hecho de no amar a Dios, a pesar de Su generosidad sin límites, es ser un desagradecido. En realidad, el ser humano necesita amor y fe. La persona que ha abandonado esta necesidad espiritual se convierte en un desagradecido, no solamente hacia Dios, sino también hacia toda la creación ya que ha abandonado su verdadera obligación. Esto crea un vacío espiritual y personas como esas sienten que están perdiendo algo importante. Gracias al pensamiento, la persona entenderá que hay una fuerte relación entre Dios, el Creador, y el hombre, Su Siervo. Este estado casi no se entiende. Principalmente, nos refugiamos en Dios cuando estamos aburridos, sufrimos o nos enfrentamos a un desastre e incluso en algunos momentos de alegría porque Dios está más cerca de nosotros que nosotros mismos. El Corán señala, «Está más cerca de vosotros que vuestra vena yugular».85 Aquellos que actúan según su consciencia, recuerdan a Dios frecuentemente, trabajan para la humanidad, hacen buenas acciones y desempeñan sus trabajos perfectamente sin mirar la naturaleza de su obligación y aquellos que rezan a Dios con profusión son gente feliz que ha alcanzado este nivel de unión con Dios. Dios no es algo material. Por lo tanto, la unión con Dios no se de-be entender en un sentido material o físico. Esta unión no guarda relación alguna con el espacio o la distancia. La unión es a través de los sentidos, el amor y los atributos. Como el versículo sugiere, «He infundido en él (Adán) de Mi espíritu».86 El hombre, que se ha convertido en la reflexión de este versículo, es el que está cerca de Dios y por esta razón Dios ordenó a los Ángeles que se postrasen ante Adán. El versículo indica «Sin duda, hemos hecho de ti un vicegerente en la Tierra»,87 que indica el nivel de superioridad del hombre entre las criaturas. Hay una relación entre la humanidad y Dios a través de esta creación especial de la humanidad. Esto es así porque Dios ha creado a la humanidad y les ha hecho Su gobernador en la Tierra. Le ha otorgado al hombre superioridad sobre todas las criaturas. Rumi, describiendo la situación de un hombre que se siente solo en esta vida y al que le han abandonado todos sus amigos, expresa:
Aquél que Rumi hace referencia indicando que se ha escondido es Él, que no tiene cabida en los Cielos y la Tierra debido a Su Majestuosidad, pero puede ser albergado en el corazón del creyente porque el corazón del creyente puede ser más grande que el Universo si está unido a Dios. En otro poema, Rumi expresa:
El alma de nuestra alma es el espíritu que proviene de Él. La búsqueda del alma es la búsqueda de Dios. Comprender a Dios es amar a Dios. Pero, ¿qué es el amor de Dios en el corazón del siervo? Esto es un sentimiento en el corazón y el sentimiento del siervo es imposible de describir con palabras. Es sutil, alegre y puro. Esto lleva a los seres humanos a ensalzar a Dios sobre todas las cosas y a buscar Su Complacencia antes de todo. Cuando completa sus obligaciones con Dios encuentra paz en su ser interior. Por lo tanto, aquellos que son amigos de Dios y sienten esta amistad con Dios permanecen en un estado de pureza realizando esta ablución ritual no sólo en el momento fijado para los cinco rezos diarios sino también reflexionando en Él tanto como pueden. Le recuerdan en sus corazones, le sienten en su sentido interno y trabajan con tesón para motivarse en pos de Él. El siervo encontrará el poder de Dios, Su arte en todas las cosas y en ca-da acontecimiento y se sorprenderá. Cuando la gente huele la fragancia de una flor bonita, aprecia el arte de Dios, cuando come fruta, piensa en la creación de estas deliciosas frutas de la Tierra y se sorprende de la generosidad de Dios que se las ha ofrecido y Le agradece. Aquellos que viajan hacia Dios tienen que creer en la justicia final de Dios. Si ven alguna injusticia en la sociedad, creen que tarde o temprano, Su justicia vencerá, aquí y en el otro mundo. El objetivo del místico es entender y amar a Dios que ha creado la humanidad. El amor del siervo hacia Dios no se describe a través de la inclinación o la limitación, porque a Dios no se le puede abarcar o limitar. En la tradición sufí, el amor se describe como aniquilación en el Amado. Por lo tanto, el amor no se puede describir, comprender, limitar o definir con límites. Al mismo tiempo, no hay nada más claro y seguro que el amor en el corazón del enamorado, si el enamorado siente y entiende. Se sabe que cuando algo no se entiende, intentamos explicarlo y con esta explicación, evitamos cualquier ambigüedad. Cuando se trata del concepto del amor, no hay necesidad de explicarlo. Rumi explica en el siguiente poema:
Del mismo modo Rumi, al principio de su Mesnevi indica, «Alguien me preguntó, “¿Qué es el amor?” y le dije cuando seas como yo, comprenderás». Por lo tanto, el amor no se puede contar o medir. De hecho, es un atributo de Dios. Alegóricamente, puede relacionarse con el siervo. El Corán señala: «Él ama a Sus siervos. Ellos le aman» (5:54). En realidad, hablar del amor no es amor porque el amor es un estado experimental que no se puede explicar con palabras. No hay du-da que la persona será capaz, aunque sea al nivel más ínfimo, de sentir los secretos de la existencia como resultado de conocer a Dios, encontrarlo en su corazón y por medio de grandes esfuerzos y largas contemplaciones, rezos, buenas obras y ayuda a los demás. Gracias a este descubrimiento, la persona quizá alcance un nivel elevado de espiritualidad y pueda sentir la indescriptible alegría del espíritu. Por lo tanto, alguien puede decir que el disfrute espiritual que proviene de conocer y amar a Dios está por encima de todos los placeres. El objetivo de to-dos los enamorados de Dios es alcanzar ese nivel. Aquí reposa el sabor espiritual que pocos pueden sentir. Se ha dicho que aquellos que sienten este estado y que han alcanzado este nivel han aniquilado sus peticiones y no sienten ningún dolor. Sus corazones están ocupados con el sabor espiritual. Incluso si se les arroja al fuego, no sentirán el fuego debido a la gran alegría que han experimentado. Incluso si se les ofreciera el Paraíso entero, no lo mirarían debido a la alegría que poseen que es incluso más grande que el Paraíso. Rumi describe el estado de tales místicos en el siguiente poema:
El amado de todos los musulmanes es el Profeta del Islam. De he-cho, no sólo Rumi, sino todos los santos aman y respetan al profeta del Islam. Asimismo, no sólo aman al Profeta del Islam, sino a todos los mensajeros de Dios. Rumi alberga un lugar especial en su corazón para el Profeta del Islam ya que propuso un nivel de ética y moralidad excelso a la humanidad, como por ejemplo, con la liberación de los esclavos y la atención a los pobres. Históricamente hablando, no hay personalidad histórica como la del profeta Muhammad que trajese libertad a los esclavos y a las clases bajas. Por lo tanto, no sólo santos musulmanes sino filósofos como Thomas Carlyle y el poeta alemán Goethe se han enamorado del profeta Muhammad debido a su servicio a la humanidad a lo largo de su vida. En sus libros, han expresado su reverencia al profeta Muhammad. Recientemente, Michael Hart escribió un libro sobre las cien personas históricamente más influyentes y el profeta Muhammad ocupa el primer lugar. 91 A lo largo de la historia del Islam, eruditos musulmanes y poetas han expresado su amor por el Profeta del Islam. Estos poemas y escritos han dado lugar a una literatura inmensa sobre el amor del Profeta en la literatura islámica. Rumi es uno de los prominentes místicos y poetas islámicos que escribió sobre este tema. Cuando escribió sobre el Profeta, su poesía recibió una entusiasta acogida puesto que el poe-ma relacionado con el amor del Profeta está iluminado con su luz. Por ejemplo, en el siguiente poema, habla del amor de Dios e inmediatamente habla del amor y recuerdo del Profeta.
En estos poemas, Rumi recuerda al Profeta y su amor. Habla del Profeta algunas veces empleando el nombre de Ahmad y otras el de Muhammad o Mustafa. Estos son los honorables nombres del Profeta. Como es bien sabido, cada santo en el Islam posee su propia manera de actuar y opiniones en relación a cosas específicas. En cuanto al modo de Rumi se refiere, el amor de Dios y el amor a la humanidad debido a su manifestación del amor de Dios son todos destacados. Debido al gran amor que siente Rumi por la humanidad, toleró los errores de la gente. Por lo tanto, tenemos que considerar el amor que Rumi tiene al Profeta desde esta perspectiva. El título más conocido del profeta Muhammad es Jabib Allah o el «Amado de Dios». El Profeta es el modelo ideal de todos los seres humanos. Por lo tanto, su amor por el Profeta se basa en este principio. En su famoso poema Rumi escribe:
Con esto Rumi expresa su profundo amor hacia Muhammad. Por lo tanto, se puede considerar a Rumi como uno de los grandes poetas que enfatizó el amor del Profeta en sus poemas. En algunos de sus poemas, dedica un ghazal en su totalidad al Profeta. Son llamados na-at y narran los atributos de Muhammad. En algunos casos Rumi, mientras habla de varias cosas, de pronto se refiere al amor del Profeta. Por ejemplo, mientras habla de la relación entre el corazón y el amor, Rumi se refiere al profeta Muhammad y a su gran compañero Abu Bakr. Rumi señala:
En otro poema, Rumi expresa la luz del profeta Muhammad, como la luz que ilumina el mundo entero.
Y en la siguiente creación poética, Rumi habla de la falta de fe en la luz del profeta Muhammad.
Rumi habla del amor del Profeta en su monumental obra, el Mesnevi. Expone lo siguiente:
En el siguiente poema, Rumi aborda la intercesión del profeta Muhammad en este mundo y en el siguiente.
Según Rumi, y tal como se indica en uno de sus poemas, todas las palabras de Muhammad procedían del océano de la realidad:
En otro pasaje de su Mesnevi, Rumi narra los milagros del profeta Muhammad en varios poemas, con gran entusiasmo.
Rumi en un poema en el Diván-i Kabir, habla de la influencia del Profeta del Islam sobre sus Compañeros y cómo se hallaban asombrados de su personalidad y enseñanzas.99 En otro poema del Diván, Rumi conversa acerca de la luz que Muhammad transmitió a la humanidad, y cómo la gente que se hallaba perdida en la oscuridad de la falta de fe revivió con esta luz.100 Siguiendo con su Diván, Rumi aborda el Islam que Muhammad reveló a la humanidad y la fuerza que pervive en esta religión incluso después de que hayan transcurrido los siglos.101 En el Mesnevi, Rumi habla del Profeta del Islam y del Corán, que no ha cambiado como prometió Dios. Según Rumi, esto muestra la fuerza del Islam y su Profeta. Rumi escribió estos poemas hace siete siglos, en una época turbulenta que contempló la casi destrucción total del mundo islámico a causa de las invasiones del Imperio Mongol y las Cruzadas. Se destruyeron mezquitas y miles de musulmanes perdieron sus vidas. A pesar de esta horrible destrucción, Rumi no fue pesimista. Como se aprecia en sus poemas, habló de amor y esperanza y creyó que el Islam sería siempre una religión. Sugirió que los musulmanes se enfrentasen a este tipo de opresión por parte de los transgresores con paciencia y esperanza.
73 Diván-i Kabir, vol. III, Núm. 1576. 74 Ibíd., Núm. 1535. 75 Ibíd., Núm. 1540. 76 Ibíd., vol. VI, Núm.3020. 77 Ibíd., vol. VI, Núm. 3020. 78 Mesnevi, vol. VI, Núm. 971. 79 Ibíd., vol. I, Núm. 111. 80 Ibíd.,vol. III, Núm. 14-15. 81 Abu Abdillah Muhy al-din Muhammad bin Ali Ibn al-Arabi, «Las gemas de la sabiduría» (Fusus al-Hikam), traducido por Angela Culme-Seymour (Wiltshire: Beshara Publications, 1975), págs. 116-33. 82 Al-Munawi, Muhammad Abd al-Rauf, Faydh al-Qadir (Beirut: al-Maktabah al-Tijariyyah, 1972) vol. VI, pág. 180. 83 Mesnevi, vol. I, Núm. 333. 84 Mesnevi, vol. I, Núm. 3-6.5. 85 Véase «El Sagrado Corán», Sura an-Nahl, 16:15. 86 Véase «El Sagrado Corán», Sura al-Hiyr, 15:29. 87 Véase «El Sagrado Corán», Sura ash-Shuara, 26:38. 88 Mesnevi, vol. I, Núm. 188. 89 Mesnevi, vol. I, Núm. 112-15. 90 Diván-i Kabir, vol.I, Núm. 207. 91 Véase Michael H. Hart, «Los Cien: Una lista de las personas más influyentes en la historia » (Nueva York: Kensington, 1992). 92 Diván-i Kabir, vol.II, Núm. 901. 93 Ibíd., vol II, Núm. 1137. 94 Ibíd., vol. I, Núm. 882. 95 Mesnevi, vol. IV, Núm. 3844-3846. 96 Ibíd., vol. VI, Núm. 167-171. 97 Ibíd., Núm. 816. 98 Ibíd., vol. III, Núm. 3110-3129. 99 Diván–i Kabir, vol.II, Núm. 1135. 100 Ibíd., vol. II, Núm. 792. 101 Ibíd., vol. I, Núm. 490.
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