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«No Hay Nada en la Tierra o en los Cielos Que no Glorifique a Dios» PDF Imprimir E-Mail
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escrito por Sefik Can   
martes, 17 de abril de 2007
Si alguien te dijese que las cosas que vemos en la Tierra y que distinguimos de las plantas y los animales porque las consideramos inanimadas en realidad están vivas, ¿creerías a esa persona? ¿Qué significa ser una cosa inanimada? Ser algo inanimado significa que es un objeto que no tiene ni alma ni espíritu, por ejemplo, las piedras y la tierra. Las plantas y los animales están vivos porque el animal se mueve, come, bebe y se reproduce y la planta crece, florece y da fruto. Podemos observar y comprender que estos objetos son inanimados pero no podemos entender bien que una roca, la tierra, los árboles cortados y secos, el agua que bebemos, los vestidos que llevamos y los objetos persona-les de los que hacemos uso estén vivos. Sin embargo, el Noble Corán nos indica: «Le glorifican los siete Cielos, la Tierra y sus habitantes. No hay nada que no celebre Sus alabanzas, pero no comprendéis su glo-rificación».61 «Sujetamos, junto con él, las montañas para que glorificaran

«Sujetamos, junto con él, las montañas para que glorificaran por la tarde y por la mañana».62 Para que los objetos alaben a Dios, tienen que tener algún tipo de vida. En algunos hadices, el amado Profeta dijo que los objetos también tienen una forma de vida. Por ejemplo, nos recuerda: «No perturbéis objetos sin necesidad porque están en un estado de alabanza». En un hadiz que aparece en uno de los libros más fidedignos, expresó: «Antes de que se me concediese la Misión Profética, conocía una piedra en La Meca que me saludaba. Hasta este momento, sé qué piedra es ésta».63 Ibn al-Masud (uno de los compañeros del Profeta) narra que «Mientras comíamos con el Profeta so líamos oír las alabanzas de la comida que estaba ante él». Abu Dhar di-jo: «Cuando el Mensajero de Dios tomaba algunas piedras y las guardaba en su mano, solíamos oírlas alabar como el zumbido de una abeja, y asimismo era frecuente oír a las piedras alabar de la misma mane-ra en las manos de Abu Bakr y Umar». También el Profeta dijo: «No dejéis a los animales con una carga pesada a sus espaldas. Montad los animales, pero no los uséis como descanso para conversar en la calle» porque ellos también están en un estado de alabanza. ¿Cuántos anima-les son más valiosos que las personas que los montan?

En el Mesnevi y el Diván-i Kabir Rumi explica en detalle la misma cuestión. Por ejemplo, indica: «(Todos así lo afirman), tenemos el senti-do del oído y la vista y somos felices, sin embargo para ti, el no iniciado, somos mudos».64 Ya que los estudiosos de tiempos pretéritos adquirieron su fe a partir del Corán y de los hadices, consideraban que los objetos como las rocas y la tierra (colectivamente denominado como jamad, o sin vida) estaban vivos. Creían que los animales tenían un espíritu animal (zoológico), que las plantas tenían un espíritu vegetal (botánico), los objetos como las rocas y la tierra un espíritu inorgánico y creían que los humanos tenían un espíritu animal y otro humano. El hecho de que todas las criaturas y objetos inanimados alaban a Dios y por lo tanto están vivas lo dio a conocer en primer lugar el Noble Corán hace catorce siglos y es reconocido también en la actualidad por la ciencia. La ciencia y la tecnología de hoy en día han demostrado claramente que en todo lo que hay a nuestro alrededor que consideramos inanimado existe un tipo de vida y conciencia que no podemos percibir. Todos los objetos que vemos a nuestro alrededor, todas las criaturas se hallan compuestas de átomos. En el centro de cada átomo hay un núcleo compuesto de protones y neutrones. Los electrones alrededor de este núcleo giran a una velocidad increíble. Por ejemplo, un electrón en un átomo de hidrógeno gira alrededor del núcleo a 50.000 kilómetros por segundo. En cada objeto, animado o inanimado existe un movimiento constante, es decir hay «vida». Tanto como si son piedras, tierra, agua, hierro o plomo lo mismo está ocurriendo en todos los átomos. En los átomos de estas sustancias, los electrones que via-jan a velocidades que la mente no puede imaginar, giran cada segundo millones de veces alrededor de sus orbitas. Por lo tanto, queda claro que los objetos que se hallan en movimiento no son inanimados, están «vivos». Esta organización en el átomo, la partícula más pequeña de la materia, este diseño que la mente no puede diseñar, fascina a la persona con el Poder del Creador, su Fuerza, su Arte de Crear, su Unicidad y su Grandeza. Con este movimiento de todos los objetos alrededor nuestro, se aclara que están vivos, alabando a Dios y proclamando la Inmensidad de Su Gloria. Es como si la partícula más pequeña, el átomo, fuese el modelo más perfecto del orden único de un sistema solar gigante.

Un verdadero musulmán no precisa la ciencia ni la tecnología para descubrir esta verdad. Un creyente cree en las sorprendentes cosas que transmite el Corán y el Profeta sin buscar una explicación científica. Cree en ellos, pero también le agrada cuando la ciencia y la tecnología confirman su fe con nuevos descubrimientos. La confirmación por la ciencia y la tecnología modernas de las verdades transmitidas ha-ce siglos por el Corán son una invitación al Islam para el científico que no es musulmán.

El átomo es un modelo del Sistema Solar que habitamos. Es posible pensar acerca del núcleo del átomo como si fuese el Sol y sus electrones los planetas. Cuando alguien se aventura en las profundidades del átomo y magnifica una partícula mil millones de veces, puede crear un Universo gigante, un Universo demasiado sorprendente y extraño para que la mente lo pueda percibir. El diámetro de un átomo es más o me-nos la diez millonésima parte de un milímetro. Aún así en cada átomo hay incrustado un sistema solar. Sintiendo esta verdad, el autor del Gulshan-i Raz escribió: «Si separas el corazón de una gota, se formaran de ella cientos de mares limpios». La bomba atómica nos ofrece un ejemplo del poder del átomo. Según las estimaciones y cálculos de los científicos, si la energía almacenada en los átomos de una espátula llena de polvo de carbón se liberasen, sería suficiente para calentar una ciudad de un millón de habitantes.

Hace siete siglos Rumi explicó por medio de analogías, como algunos objetos que pensamos que son inanimados pueden hablar. Por ejemplo, dispongámonos a leer los siguientes dísticos:

Ya que Dios hizo de tu trozo de tierra un hombre, deberías reconocer
(la naturaleza real de) la entera suma de las partículas de la Tierra:
(Que) desde este punto de vista están muertas y están vivas, (que es-
tán) en silencio aquí y hablando allá.
Cuando Él nos las envió desde ese sitio, la vara se convirtió en un dra-
gón en relación a nosotros.
Las montañas también cantaron una canción como la de David y la
sustancia de hierro era como cera en la mano.
El viento se convierte en un portador para Salomón, el mar es capaz
de comprender palabras de Moisés.
La Luna puede ver la señal en obediencia de Ahmad (Muhammad),
el fuego se convierte en rosas salvajes para Abraham.65 

En otro volumen del Mesnevi, Rumi menciona que los guijarros en la palma de Abu Yahl hablaron como resultado de un milagro de nuestro Profeta:

Había unos cuantos guijarros en la mano de Abu Yahl: «Oh Ahmad,
di rápidamente qué es esto?
Si eres el Mensajero (de Dios), ¿Qué tengo escondido en mi puño?
(Habla), ya que tienes conocimiento de los misterios del Cielo».
Respondió, «Â¿Cómo deseas que lo haga? ¿Debo decir qué son esas co-
sas ocultas o debería declarar que soy verdadero y correcto?» 

Abu Yahl dijo, «La segunda (cosa) es más extraordinaria». «Sí —dijo
el Profeta— (pero) Dios tiene un poder más grande que esto».
En un momento, de la parte intermedia de su puño cerrado cada gui-
jarro empezó a pronunciar la profesión de fe (del musulmán).
Cada uno decía, «No hay divinidad» y cada uno dijo, «salvo Dios»
(cada uno) enhebraba la perla al proclamar «Ahmad (Muhammad)
es el Mensajero de Dios».
Cuando Abu Yahl oyó aquello de los guijarros, enfadado, los arrojó al
suelo. 66 

Rumi también aborda este tema en otros volúmenes del Mesnevi. Por ejemplo, «La obediencia de la piedra al Profeta y la vara a Moisés se manifiestan e informan sobre otras cosas sin vida, (indican) “reconocemos a Dios y Le obedecemos: no hemos sido creados por casualidad o en vano (declarando que somos testigos de Su Sabiduría)”».67 Rumi menciona las piedras: «No somos cosas innecesarias que se han creado en vano» esto me recuerda al siguiente dístico en la Palabra de Isaac en la sección Fusus al-Hikam que escribió Muhyi al-Din Ibn al-Arabi: «Â¡Oh Tú que creaste todos los seres en Sí mismo! Tú eres todo lo que has creado». De esto no debemos llegar a la conclusión de que todo lo que se ha creado es Dios mismo. Esta es la creencia de los panteístas. La interpretación islámica de esta doctrina se llama la «Unidad de la Existencia». Muhyi al-Din Ibn al-Arabi, que es el representante más grande de esta creencia, quiere decir: «Â¡Oh Dios mío! En todas las cosas que has creado, en las partículas más pequeñas así como en las estrellas, se manifiesta Tu Grandeza, Tu Infinidad y Tu Poder. Son como las galaxias que se mueven alrededor de las estrellas a una rapidez increíble, sin colisionar unas con otras en los Cielos, en el espacio, ese símbolo de inmensidad, profundidad e infinidad. Todas las partículas y átomos en los seres giran alrededor de su núcleo a una velocidad increíble. Es como si una galaxia se hubiese ubicado en el corazón de un átomo. ¡Oh Dios mío! La luz de Tu Poder que brilla en todas las criaturas que Tú has creado las aviva, y giran rápidamente con Tu amor y te ala-ban».

En otro pareado del Mesnevi Rumi apunta: «Si a la montaña y a la roca no se les hubiera otorgado la vista, ¿Cómo podría la montaña haber si-do amiga de David?»

En otro apartado del Mesnevi, Rumi menciona el lamento y el llanto de una palmera, la columna de hannane, por su separación del Profeta:68

La columna que protesta se estaba quejando de su separación del Profeta, tal como los seres racionales (podrían hacer). El Profeta dijo, «Oh columna, ¿Qué quieres?, a lo cual contestó: «Mi alma se vuelve sangre porque te apartas de mí. Era tu soporte: (ahora) has huido de mi, has elegido un lugar para apoyarte en el púlpito». A lo que contestó: «Â¿Deseas ser una palmera, para que las naciones de Oriente y Occidente hagan acopio de tu fruto? ¿O acaso que Él (Dios) te convierta en un ciprés en el mundo del Más Allá, para que permanezcas eternamente fresca y floreciente?» Y como respuesta ofreció: «Deseo que la vida dure para siempre». ¡Escucha, oh desatento! ¡No seas menos que un trozo de madera! Él (el Profeta) enterró esa columna en la Tierra, para que pueda ser resucitada de la muerte, como la humanidad, en el Día de la Resurrección. Para que (de este modo) sepas que todo aquél que Dios ha llamado (para Él) queda relevado del trabajo de este mundo. Quienquiera que tenga trabajo y negocios con Dios obtiene la admisión allí y abandona el trabajo de este mundo. El que no posee una porción de los misterios espirituales, ¿cómo creería en el quejido de las cosas inanimadas? Dice «Sí», no desde su corazón, sino para ser como los demás, para que la gente no diga que es un hipócrita (en su religión). Sin aquellos que conocen la (Divina) orden «Â¡Sé!» esta doctrina (que las cosas inanimadas son capaces de hablar) se rechazaría en este mundo. 69

Como se puede apreciar en los dísticos anteriores, Rumi quiere despertar nuestra percepción y conciencia descendiendo a las profundidades de nuestro espíritu. Expresa, «Â¡Oh aquellos que se han engañado a sí mismos en el mundo material y se consideran muy importantes porque son inteligentes! No podéis entender el hecho de que los objetos que consideramos inanimados tienen vida y emociones, ¿podéis?» Durante la vida de nuestro Profeta solía haber gente como Abu Yahl que no creían incluso si oían los guijarros en sus manos declarar la fe. Hubo incluso aquellos que se opusieron a los versículos del Corán que hablaban de la resurrección tras la muerte. Dios les ha respondido con versículos como estos: «Â¿No sería capaz de resucitar al muerto Aquel que es tan poderoso que puede crear un ser humano de un coágulo de sangre?70 «Su orden, cuando quiere algo, se reduce a decir: “¡Sé!” y es». 71

¿Podemos abarcar todo el conocimiento con nuestra mente? Ziya Pachá (fallecido en 1880), un intelectual otomano, sintió esta verdad y la expresó diciendo: «Nuestras pequeñas mentes no pueden comprender estas verdades tan profundas porque esta escala de la mente no puede sopesar esos profundos pensamientos». ¿Realmente pueden nuestras mentes entender la profundidad y la extensión del espacio exterior, o dicho de otro modo su infinidad? La sonda espacial «Galileo», que fue enviada al espacio hace seis años y medio, viajó una distancia de 3.700.000.000 kilómetros y alcanzó la orbita de Júpiter tras varios años de travesía. Existen innumerables soles y estrellas en la galaxia denominada Vía Láctea, en la cual nos hallamos. Según los descubrimientos más recientes, hay centenares de miles de millones de galaxias en el Universo. Se han descubierto estrellas que están a una distancia de quince mil millones de años de luz. ¿Puede la mente del ser humano entender la infinidad del espacio? Los científicos declaran: «Piensa en un avión que puede viajar a una velocidad de 299.338 kilómetros por hora. Este avión puede viajar alrededor del Universo que tardaría mil millones de años en recorrerlo». Los científicos llegaron a estas conclusiones después de precisos cálculos. Esto no es producto de nuestra imaginación. Para tener una idea de la Grandeza de Dios, la Fuerza y el Poder de Creación, necesitamos pensar en los infinitos Cielos, asombrarnos y rogar a Dios y a nuestro Profeta, diciendo: «Â¡Oh Dios, aumenta mi asombro!» Y cuando decimos, «Dios es Grande», no debemos decirlo meramente con nuestros labios sin sentir ningún entusiasmo. Nuestro corazón, nuestras facultades intuitivas y nuestra conciencia deben también ser conscientes de esta grandeza y esta infinidad.

Muhyi al-Din Ibn al-Arabi narra por escrito en su obra Futuhat al-Makkiyya: «Oigo las alabanzas de las cosas con mis propios oídos. Entre los objetos existentes que llamamos inanimados, los que más alaban a Dios son las piedras y la tierra. Luego las plantas, los anima-les y finalmente la humanidad. Es sorprendente que el hombre, a quien Dios ha creado cariñosamente y que es “la más honorable de to-das las criaturas”, es la criatura que menos glorifica a Dios cuando se la compara con otras criaturas, porque está más unida a otras criaturas». Como el Corán, nuestro Profeta y los santos indican que todo lo que existe en la Tierra glorifica a Dios. Nuestro Profeta nos prohibió matar a las ranas, diciendo que su croar es alabanza. Las ranas alaban, los árboles alaban, el ruido del agua que fluye alaba, el crujido de una puerta alaba a Dios porque no hay nada que no glorifique a Dios. No podría terminar este apartado sin incluir el siguiente poema gnóstico:

Todos los sonidos de la creación, altos o bajos, son todos sonidos de sabiduría, escúchalos y oirás, ¡Oh corazón, todos son señales de Dios! El mar, la Tierra y los Cielos son como un colegio, criaturas con espíritus estudian allí secretamente o sin tapujos con su maestro, el intelecto. El rugido de los leones proviene de su Majestuosidad y asusta a las criaturas. La melodía del pájaro proviene de la Belleza y se compone de buenas nuevas. No pienses que dicen «cuac, cuac», el ganso y el pato en el lago dicen «Ya Haqq». El «coo, coo» de la tortuga que busca cobijo precipitadamente en el árbol es un acto de devoción hacia Dios. Se extienden rumores de que el ruiseñor canta en el jardín de rosas. El bienamado de ese pájaro es la rosa. Pensar que es el jacinto es sólo ignorancia. El canario canta y despliega sus alas con la onda de la unidad. Pensar que es por el sonido de un dulce olor no tiene sentido. Los sollozos del ney son siempre, «Perdónanos, Tu eres nuestro Maestro».72

El violín sin duda no interpreta otra cosa que «Dios es Grande». Si un enamorado de Dios escucha el sonido de la música, se embelesa espiritualmente. Todo lo que se escucha de las cuerdas del saz es un canto de unidad.

«Â¡Oh Dios, Tú eres mi objetivo final!» es el objetivo de todos los sonidos. La complacencia de Dios es el deseo de todos. El resto no es nada más que cuentos.


61 Véase «El Sagrado Corán», Sura al-Isra, 17:44.

62 Véase «El Sagrado Corán», Sura as-Sad 38: 18-19.

63 Para el hadiz véase Sulaiman bin Ahmad bin Ayyub al-Tabarani, al-Mu’jam al-Kabir  (Mosul: Maktabat al-Ulum wa al-Hikam, vol. II, 245.

64 Mesnevi, vol. III, Núm. 1019.

65 Ibíd., vol. I, Núm. 2154.

66 Ibíd., vol. I, Núm. 2154.

67 Ibíd., vol. IV, Núm. 2827.

68 El acontecimiento es denominado como Hani al-Jiz’ («El lamento del tronco de palmera»). El Profeta solía dar su sermón apoyándose en un tronco de palmera. Los Compañeros hicieron uno nuevo con el que el Profeta reemplazó el otro. Durante el sermón, el antiguo se lamentaba por su separación del Profeta. La historia es narrada en su totalidad en la recopilación de hadices (véase Muhammad bin Hibban al-Tamimi (fallecido en 354 después de la Hégira) Sahih Ibn Hibban. Ed. Shuayb al-Arnaout. (Beirut: Muassasah al-Risalah, 1993), vol.XIV, pág. 435).

69 Ibíd., vol. I, Núm. 2113.

70 Véase «El Sagrado Corán», Sura al-Yasin, 36:79.

71 Véase «El Sagrado Corán», Sura al-Yasin, 36:82.

Modificado el ( martes, 17 de abril de 2007 )
 
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