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El Ascetismo y el Éxtasis PDF Imprimir E-Mail
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escrito por Sefik Can   
06.04.2007
Rumi, quien se hallaba completamente inmerso en el camino del profeta Muhammad y que tomó a Muhammad como ejemplo en todo, se debía a la abundancia de Amor Divino dentro de él, estrechamente apegado al ascetismo y a la mortificación de sí mismo. Escuchemos de nuevo a Sipehsalar: Este pobre siervo de Dios ha estado al servicio de Rumi cuarenta años. Rumi continuó su veneración desde su juventud hasta la muerte sin disminuir un ápice, nunca le vi colocar su cabeza en la almohada y descansar confortablemente en la cama. Es un hecho que Dios siempre movía el cuerpo de su santidad que estaba sujeto a la mortificación, y Él le dio fuerza. ¿Cómo podemos describir su insomnio y descontento? Una vez durante una noche de ceremonias sema cuando el sueño había alcanzado a los presentes, su santidad apoyó su espalda contra la pared y puso su bendita cabeza en sus rodillas. Sheij Muhammad Jadim se acercó y le trajo una manta grande, se la puso en sus benditos hombros y cubrió su cuerpo. Cuando sus amigos se durmieron su santidad se levantó. Empezó a rezar. Después caminó por los alrededores un poco. Nunca descansaba ni paraba.

Sipehsalar intenta explicar el estado de éxtasis y descontento de Rumi con este poema de Diván-i Kabir.

He perdido mi mente por amor porque no hay fuerza en mi corazón
que ha perdido sus manos y pies para resistir Su amor. Día y noche
continúo royendo el final de la cadena del amor que me ata.
Todo mi cuerpo está cubierto de sangre.
Tengo miedo de que llegue la visión del Amado, quizá vierta la san-
gre de mi corazón sobre Él.
Pregunta a las hadas de la noche sobre este enamorado colmado de ar-
dor con el fuego del amor, y entonces llora y se desespera.
Cuando vengo y me dirijo a la oscuridad, mis pies tocan hadas.
Mi corazón, que está destrozado en pedazos, está viajando toda la no-
che ardiendo como una estrella.
Por el hechizo del injusto y cruel Amado mi sueño desapareció.
¡Oh mi Amado! Permíteme que me ponga un vestido de fuego como el
Sol, y con ese fuego que embellezca y alumbre al mundo como el Sol.
Mi amor es un momento de Tu amor.
Incluso si escapo y descanso, mi espíritu nunca se relaja y descansa.
Obtengo paz y comodidad en cada momento que no estoy separado de
Tu amor, nunca descanso, pero continuamente ardo y me inflaman.33

 

En otro poema Rumi señala el mismo estado y narra: «Todo el mundo se fue a dormir. Yo, el enamorado que ofreció su corazón, no durmió. Toda la noche mis ojos estuvieron contando estrellas en el cielo. Tu amor me quitó el sueño de tal forma que nunca volverá. Mi sueño ha bebido el veneno de Tu separación y ha muerto».

La paciencia y resistencia de Rumi, en cuanto al ayuno eran de una categoría sorprendente. Había obtenido y estaba practicando la esencia del significado del hadiz: «El hambre es la comida de Dios en la Tierra. Él mantiene vivos con ello a los cuerpos de aquellos que ama». Según los principios islámicos hay sólo un mes de ayuno obligatorio. La gente de piedad, aquellos que temen a Dios en grado sumo y aquellos que siguen Sus órdenes, ayunan también algunos días durante los otros sagrados meses. Existen también otros fieles que ayunan tres días a la semana o más. Pero todos aquellos que ayunan terminan su ayuno con la puesta del sol. Los Maestros han dicho que incluso aquellos que se hallan en el retiro sufí de cuarenta días rompen su ayuno de esta forma. Pero Rumi había llevado al hambre a sus niveles más elevados. Durante años, nunca comió para llenar su estomago y dijo: «Durante cuarenta años por la noche no ha habido comida en mi estomago».

Ahora que he pasado la noche en presencia de mi Señor, ahora que he obtenido esa felicidad, El alimento de mi Señor ha alcanzado mi espíritu y me ha dejado espiritualmente lleno.

La primera vez que conoció a Shams de Tabriz, se sentaron durante seis meses y se abstuvieron de deseos humanos tales como comer y beber. Cuando rompían su ayuno, comían sólo un tipo de comida. Rumi nunca excedía diez bocados de alimento, señalando: «Tengo un dragón dentro de mí que no soporta el acto de comer». Sobre el asunto del hambre, dijo: «El pájaro de tu corazón no puede romper el huevo debido a que come en exceso y está enfermo. Se mantiene en esta prisión del huevo. Sal de la prisión del huevo del alma más baja (nafs) para que tus alas puedan abrirse y puedas elevarte a los Cielos espirituales».

Las descripciones anteriores se refieren al ayuno físico de Rumi. La persona que mejor observó el ayuno espiritual, el ayuno del corazón, que significa abandonar todo aquello que no sea Dios, es de nuevo Rumi. De hecho, la gente de gnosis ha dicho: «Hay tres tipos de ayuno: el ayuno de la gente normal, el ayuno de la elite y el ayuno de los notables de la elite. El ayuno de la gente normal consiste meramente en dejar de comer y beber. El ayuno de la elite es el ayuno de las manos, los pies, los ojos, la lengua y otros miembros protegiéndoles de

no hacer el mal. El ayuno de los notables de la elite es abandonar to-do menos a Dios». El ayuno de Rumi era del tercer tipo.

Se entristecía cuando su familia hacía grandes planes para cocinar, cuando había poco trabajo e inconvenientes para cocinar estaba muy contento y animaba a su familia diciendo: «Hoy la luz de la pobreza está alumbrando las frentes de mi familia». En una de sus odas señala: «El que muere por la lujuria se halla contaminado. Pero el mártir del amor es puro y limpio. La pobreza ha ubicado su tienda en un lugar lejos del limpio y del sucio. Los corazones de los enamorados forman un círculo alrededor de la pobreza. Era como si la pobreza fuera el sheij de los sheijs y los corazones de todos los discípulos».34 En algún otro fragmento en el Diván-i Kabir, Rumi indica: «Cada persona que salva su corazón de los deseos de ambos mundos, lo limpia y nunca busca el placer en este mundo o en el otro, comprende que no es sino a la nada y la pobreza a la que hay que responder «Sí» a la voz de «Alast» (¿No soy yo tu Dios?)».35

Tal y como Sipehsalar narra por escrito, cuando llegaba la hora de rezar, Rumi dirigía su rostro hacia la alquibla (la dirección hacia don-de los musulmanes dirigen la vista cuando rezan, en el sagrado santuario ubicado en La Meca) y el color de su bendita faz cambiaba. La preparación de Rumi para la oración diaria recordaba a la oración del Califa Ali. Como se sabe, el rostro de Ali, «Emir al-mu’minin», el Emir de los creyentes, cambiaba de color y comenzaba a tiritar de miedo cuando llegaba la hora de rezar. Cuando se le preguntó: «Oh Emir de los creyentes, ¿Qué te está pasando?», contestaba: «Ha llegado la hora de dirigirse a Dios y cumplir con mi obligación de la Confianza Divina que Dios ofreció a los Cielos, a la Tierra y a las montañas y tuvieron miedo y no la aceptaron. Tengo miedo de no poder cumplir con esta obligación que he asumido».

Rumi rezaba con un corazón abierto y olvidándose de sí mismo. En su rezo se encontraba y se reunía completamente con Dios. En realidad, el propósito del rezo es encontrar a Dios espiritualmente, reunirse con Dios olvidándose de uno mismo y escapando de nuestra existencia imaginaria. Es por esta razón que el Profeta dijo: «El rezo es la reunificación con Dios». Pero aquellos que miran sólo a las apariencias de las cosas no pueden ver y comprender cómo sucede esta reunificación. Es también por esta razón que el rezo se considera el pilar de la religión y la ascensión del creyente a los Cielos. Se observa frecuentemente que el Profeta empezaba el rezo después de los rezos de la noche y lo continuaba hasta la mañana siguiente, llevando a cabo el rezo de las dos rak’as, olvidándose de sí mismo en presencia de Dios. También se observó que permanecía en postración o en inclinación durante un día o una noche.

Los rezos de Rumi no eran tan sólo como los rezos de cualquier otro creyente, que se efectúan como una obligación para alcanzar la complacencia de Dios sino que estaban caracterizados por ser unos rezos de corazón y amor. El siguiente pasaje del Diván-i Kabir ilustra el estado de Rumi en el rezo:

Cuando la hora del rezo de la noche llega todo el mundo enciende
su casa y prepara la mesa, pero yo encuentro el espíritu del Amado
en mi corazón y empiezo a sollozar y a lamentarme.
Ya que hago la ablución con mis lágrimas, mis rezos son inflamados.
Cuando el sonido del adzan (la llamada a la oración) alcanza la
puerta de mi mezquita, arde totalmente.
¿Dónde se halla la alquibla?
Falté a mis rezos, he de recuperarlos.
Tú y yo recibimos muchos retos por estos rezos perdidos.
Me pregunto si los rezos de aquellos que están embelesados con el
amor de Dios son correctos.
Dímelo, porque el éxtasis no conoce tiempo ni espacio.
¿Estoy rezando la segunda rak’a? ¿O es la cuarta? ¿Qué capítulo re-
cité?
No puedo hablar debido al entusiasmo.
¿Cómo puedo llamar a la puerta de Dios cuando no me queda ni
manos ni corazón? No estoy en mi mismo.
Te llevaste mi mano y mi corazón. ¡Oh Dios mío! No queda nada
de mí. Por lo menos me das alimento y confianza.
Por Dios, no sé cómo rezo.
¿Complete la inclinación? ¿Quién es el imán? No tengo ni idea.
De ahora en adelante permíteme que sea como una sombra delante y
detrás de cada imán para que a veces pueda encogerme y postrarme
con el miedo de Aquél que me creó...36

 

Ya que amamos este mundo y nos concentramos demasiado en nuestros asuntos diarios, no nos damos cuenta que estamos en presencia de Dios cuando rezamos y pensamos en las cosas que hemos hecho

o que vamos a hacer. No importa cuánto lo intentemos, no podemos escapar de estos extraños pensamientos. Nos concentramos en los asuntos del mundo que de forma extraña vienen a nuestra mente y confunden los rezos. Al contrario que Rumi, que se confundía en sus rezos porque estaba embelesado con el amor de Dios, nosotros nos confundimos en el rezo a causa de la embriaguez del amor de este mundo.

Sipehsalar narra por escrito: «Si describiese una décima parte del éxtasis, el amor y la bendita atracción de Rumi, este libro no sería su-ficiente».37 ¡Oh lector, que Dios te conceda el éxito! Debes saber que el embelesamiento de la atracción es un estado de fascinación y éxtasis que se produce porque Dios atrae a su siervo hacia Él. Es estar tan embelesado que uno se olvida de sí mismo, es fascinarse con la grandeza, el poder y los atributos de Dios. La atracción es la reunión con Dios, morir antes de morir y alcanzar a Dios mientras vivimos. Si no hay ta-lento espiritual en una persona para caminar en la senda de Dios, no importa cuánto se esfuerce esa persona o cuánto se mortifique, nunca obtendrá la unión con Dios. La atracción es un favor de Dios, el Más Glorioso, en el pasado eterno. Es un ofrecimiento espiritual que Dios otorgó a las almas de algunas personas en el mundo de los espíritus antes de venir a este mundo.

Un dicho sufí señala, «Hay una atracción entre las atracciones de Dios que es mejor que la veneración de toda la humanidad y los yinn —genios». Si hay una pausa, tristeza, desesperación en la persona que camina en la senda de Dios, cuando alcanza un nivel, Dios, el Más Dominante, el Más Glorioso traslada al viajero a Su camino de la seguridad con Su atracción debido a la abundancia de Su misericordia y favores y le hace llegar a su destino. La atracción eterna que Dios otorgó se veía claramente en Rumi. Por lo tanto, en cada nivel y estado que obtenía con la divina atracción que era abundante y continuada, decía:

El amor del Buraq de los significados se ha llevado mi mente y mi
corazón.
Pregúntame: «Â¿Dónde se los llevó?»
Se llevó mi mente y mi corazón a esa parte que desconoces, al Más
Allá. Alcancé un pabellón donde no podía ver ni Luna ni cielo.
Llegué a tal mundo que incluso el mundo deja de ser mundo. Por
un momento, excusadme, disculpadme, para que regrese mi mente
y te pueda decir lo que es el espíritu y te hable de sus bellezas.
No pases por alto mis palabras. Escúchame, tú también tienes un
espíritu.
Intenta comprender el espíritu. El Amado nos otorgó ofrecimien-
tos, otorgamientos y regalos.
Son sorprendentes, no he visto nunca favores y ofrecimientos co-
mo estos.
Son regalos únicos.
Del camino de los sentidos vienen luces claras y los corazones se
iluminan.
Cuando el espíritu que se parece a la estrella Canopus, aparece en
la dirección de la esquina del Yemen de la Kaba, la Luna desapare-
ce así como el Sol y los siete polos de los Cielos.
La luz del espíritu las vence a todas. Por un momento toma la reli-
gión, que se asemeja a un fragmento de oro y ubícala debajo de tu
lengua para que te des cuenta del aura tan valiosa que reside en tu
corazón, dentro de ti.
Ilumina las luces de los cinco sentidos que están dentro de ti.
Considéralos como los cinco rezos diarios.
Tu corazón es como la «Fatiha» que consiste en siete aleyas.
Cada mañana viene aquí una voz de los Cielos.
Si puedes deshacerte en tu corazón del amor de este mundo, la pue-
des oír y encontrar las huellas del camino de la verdad y empezar a
caminar. 38

 

En otro poema, Rumi describe el mismo estado:

Una vez más la felicidad vino y tiró de nuestra toga.
Una vez más establecemos nuestra tienda en los Cielos.
Ayer el Amado me preguntó: «Â¿Cómo es que estás al amparo de la
misericordia de este mundo desleal?»
¿Cómo es alguien que ve su sonriente fortuna y suerte?
Gracias a Dios, encontré en mi boca ese dulce que Egipto no podía
soñar alcanzar.

 

Somos gente de grandeza incluso si no somos ricos o no tenemos al-
tos cargos. Somos un rey sin súbditos ni ejército.
Estamos comiendo azúcar de nuestro campo de caña.
Aunque la rotación de la luna se lleve nuestra vida y la acorte, nuestro
Amado en Su giro nos ha otorgado largas vidas.39

 

Cada palabra que Rumi expresaba cuando perdía su conciencia bajo la influencia del amor de Dios es la llave a miles de tesoros espirituales. Si alguien intenta explicar todo esto, el tema se alarga y el propósito se pierde. Mis queridos lectores, la mayoría de los libros que se han escrito sobre la vida y opiniones de Rumi intentan explicar su wahdat al-wujud comparándole con otros. Sin embargo, Sipehsalar explica Rumi con Rumi. Es decir, explica sus ideas, sentimientos y opiniones dando ejemplos de su obra. Sobre este tema, para explicar la alegría espiritual en el mundo de los espíritus, Rumi señala:

¡Oh Dios mío!, mi amor estaba al nivel de la perfección cuando me
creaste en el eterno pasado.
En aquel momento no había ni Tierra ni mundo. No existía ni el Sol
ni la cabeza del hombre ni su tocado.
No había nada cuando me elegiste para tu amor. Estaba contigo en el
eterno pasado, era Tu compañero y amigo.
Si estaba contigo y Tú estabas conmigo, ¿por qué te escondes ahora?
¿Por qué no te muestras?
El ojo que ve eres Tú, el que dice eres Tú.
Aquél que oye eres Tú.
Tú eres Aquel que coloca una cortina ante nuestros ojos que nos im-
pide ver la verdad y el que desgarra esa cortina.40

 

La mayoría de los bellos e influyentes poemas de Rumi los recitó cuando estaba inmerso en un estado de embelesamiento (istigraq) con el Amor Divino. ¿Cuál es este estado de hallarse inmerso en el embelesamiento? Cuando los siervos especiales de Dios obtienen el nivel del acercamiento y unión con Dios, se fascinan con Su Belleza, Poder, Majestuosidad y Generosidad. Sintiéndose bajo la influencia del Creador, la Absoluta Belleza, se quedan en éxtasis y embriagados como si hubieran bebido un vino espiritual, el vino del amor. El Profeta nos narra acerca de este estado: «Dios ha preparado un vino para sus santos que cuando lo beben, se embriagan, cuando se embriagan, se embelesan, cuando se embelesan se quedan callados». A nuestro Profeta se le honró con la proximidad a Dios, como está indicado en el versículo del Corán: «Estaba a dos medidas de arco o menos».41 Cuando se le otorgó ese favor, cuando vio a Dios con su ojo espiritual, el Poseedor de la Magnificencia y Belleza Absoluta, cuando descubrió las divinas confidencias y secretos, consiguió un estado de indescriptible alegría. Este vino espiritual que embelesó a nuestro Gran Profeta era el vino del amor y la verdad.

Rumi recitó un gran número de sus poemas que describen este vino espiritual que embelesa a los santos y siervos especiales de Dios. No podría continuar sin compartir uno de ellos. Si leemos estos poemas cuidadosamente y reflexionamos sobre ellos, con la gracia y ayuda de Dios, podremos comprender por lo menos algo de este estado espiritual, que es muy difícil de explicar y comprender:

Es un vino tal que si una gota del mismo cayera al suelo, jardines de rosas crecerían en una tierra infértil. Es tal vino de tonalidad rubí que si por la noche espumea y se hace exuberante, la Tierra y el Cielo entonces se llenan de luz y cada sitio se ilumina. Ven, ven tengo secretos en mi corazón. Sirve ese vino de tonalidad rubí, sírvelo para que la cortina del corazón se abra y los secretos se revelen. ¡Oh mi Amado! mírame cuando me levantas el ánimo con Tu Belleza. Aprecia cuán enérgicos se hallan los leones cuando se acerca una presa. Observa la juventud de la Gente de la Cueva. Bebieron este vino, se embriagaron y durmieron en la cueva durante trescientos nueve años. ¿Qué tipo de vino era que cuando Moisés se lo dio a los magos se embriagaron y se cortaron las manos y los pies? Las mujeres de Egipto quedaron extasiadas con la belleza de José y se cortaron los dedos en trozos. Los Compañeros que se arrojaron ante las espadas sin armadura o escudos se encontraban embriagados con el vino de la fe que sirvió el profeta Muhammad. No, lo dije mal. Muhammad no era el «copero», por lo cual no pudo servir el vino. Era un vaso repleto del vino de Dios.

Fue Dios Altísimo Aquel que sirvió el vino a la gente de bien.
¿Qué tipo de vino bebió Ibrahim Adham que dejo su trono y su co-
rona y huyo de su país? ¿Qué tipo de embelesamiento fue ese?
Cuando Bayazid bebió de este vino, dijo: «Me considero lejos de los
atributos imperfectos».
Cuando al-Hallay bebió el mismo vino, gritó: «Soy la verdad». Y le
enviaron a prisión.
Cuando el agua recibió el olor de ese vino se volvió clara como el cris-
tal. Los embriagados se postraron y empezaron a correr como inun-
daciones al océano.
¿Qué tipo de vino tiene esta oscura noche que hace que la gente duer-
ma con un vaso y les aparta de todo?
¿A quién puedo decir los favores y las gracias del Grandioso e
Impar Artista?
Las orillas del océano de Su poder no se pueden ver...
Dispongámonos a beber el vino del amor, como camellos embriaga-
dos nos uniremos a la caravana y tiraremos de la carga del amor.
¿Dónde está el puro y limpio vino de Dios?
¿Dónde se halla el vino de uvas? Ese vino puro y limpio otorga vida
infinita. El otro es sucio.
El vino de uvas convierte al que lo bebe, en unas ocasiones en un cer-
do, en otras en un burro.
Ese vino rojo te vuelve finalmente la cara negra.
El cántaro del vino de Dios es el corazón. Abre su tapa porque los de-
seos humanos que no hacen nada sino el mal la han cubierto de ba-
rro. Quita ese barro sucio de la tapa y arrójalo. 42

 

En otro poema, Rumi explica los secretos del corazón en el Amor Divino:

¡Oh corazón, hay algo diferente en ti desde el amanecer! Eres tan exuberante, estás tan embelesado que no puedes ver que estoy tan embelesado y hecho pedazos como tú. ¡Oh corazón! ¿Qué tipo de fuego eres que cada viento no importa de dónde venga te vigoriza y aumenta tus llamas? No, no, tú estás por encima del fuego y el viento. ¡Oh corazón! no puedo explicarte, eres lo que eres. Pero sé que ahora estás haciendo trizas la cortina de los Cielos como el Sol. ¡Oh corazón! ¿Qué tipo de perla eres? Ni el cielo ni el planeta Júpiter te pueden apreciar completamente. Que mi vida se sacrifique por Ti ya que Tú creaste el corazón.

¡Oh Dios mío! Durante treinta años he estado corriendo detrás de Ti como un loco enamorado. En realidad, he estado corriendo detrás de Ti en una isla inhabitada y salvaje donde no hay ninguna cosa seca

o mojada.
En aquel tiempo no sabía que todo, cada ser es Tu creación.
Mi mente se hallaba atorada con los pensamientos de la fe y la falta de
fe. Sin embargo, la fe es el regalo de Tu luz sagrada que proviene de Ti.
La falta de fe, la sospecha y la creencia de que Tú eres Omnipotente
son todos Tu Predestinación. Eres ambos el Paraíso y el Infierno y el
estanque Kawzar.
¡Oh corazón! Estás fuera de estos dos mundos, eres un Universo, to-
do está en ti y estás por encima y más allá de todo. 43

 

Si intentamos explicar los secretos del corazón y el amor que Rumi abarca, los libros se llenarían y el tema no se acabaría. Oh amigo que buscas a Dios y la verdad, debes saber que nuestro maestro Hudavendigar tenía majestad ilimitada, magnificencia y gloria en el amor. Desde el día que nació hasta el día que falleció, su amor y entusiasmo siguieron creciendo. Nunca estuvo contento con su amor y entusiasmo, siempre quiso que incrementasen aún más. En uno de sus poemas acerca del éxtasis y la evasión, implícitamente señala su valioso ser e indica:

El fenómeno de nuestro ser físico, de nuestro cuerpo es limitado pero nuestro ser espiritual más allá de nuestro ser físico es perfecto. El asunto se completó cuando se bebió el primer vaso de vino en el pasado eterno. Tengo un corazón devastado en el camino del amor. Su fuerte unión a la taberna del amor lo ha devastado, arruinado. Di al amor: «Si estás buscando a alguien que te concedió su corazón y se abrumó con tu amor, el enamorado que estás buscando se ha caído al suelo y se halla allí derrumbado. Ven, tómale de la mano y levántalo. No te acerques mucho a esta pobre persona abrumada con tu amor, mírale de lejos porque tengo miedo de que las llamas del fuego que tengo dentro de mi a lo mejor te quemen, también. Si sus llamas te encienden entonces ven ante mis ojos, las lágrimas que se dispersan aquí y allá como perlas están manando de mis ojos como aguas de inundaciones. Mis lágrimas pueden apagar tu fuego.

Exclama: «Sus enfermizos ojos se curaron». Proclama: «Dondequiera que haya una persona enferma que venga porque ha llegado la hora de curar». Ve a las montañas, dondequiera que veas una persona cuyo corazón duerme, hazles saber que la despierta fortuna del amor otorgará visión y conocimiento a todo el mundo cuyo corazón esté dormido. Llámales: «Â¡Ven, ven!»44

La luz del versículo «... aquel cuyo pecho Dios ha abierto a la sumisión a Él, de forma que está iluminado por una luz (que emana) de su Señor» proviene de una vela cuyas llamas no tienen cabida en los dos mundos.45

Este pareado de Rumi nos recuerda el siguiente dístico de Sheij Galib: «La vela del espíritu tiene tal llama que no cabe en el candil de los Cielos». En otro poema Rumi nos habla de las alegrías del magnífico nivel espiritual al que le ha elevado el amor:

¿Quién es aquél que viene a medianoche, radiante como la luna?
Lo sé, lo sé, es el mensajero del amor que viene del «mihrab».46
El mensajero del amor ha traído una antorcha, ha encendido el sue-
ño y le ha prendido fuego. ¿De dónde vino? ¿Quién le envió?
Vino de parte del Señor de los Mundos que nunca duerme.
¿Quién hizo su ruido, este grito en la ciudad? ¿Quién vino a la co-
secha de los derviches como una inundación única e incomparable,
aquella persona que aparte de Él nada existe en el Universo de la
existencia?
¡Dime! Un rey se levantó a medianoche y vino a ver a uno de sus
inestimables siervos.
¿Quién es? Él es el que ha abierto una mesa de generosidad para
sus criaturas y está dejando comer a todo el mundo de ella.
Viene sonriendo para invitar a los amigos. Ante su Grandeza y
Poder todos los corazones tiemblan y los espíritus se impacientan.
La partícula más pequeña de ese escalofrío y miedo se ha caído en
el mercurio y por ello está continuamente tiritando.
La ternura, la suavidad que muestra a sus siervos, un pequeño frag-
mento de ello se manifestó en la piel de la ardilla.
Se ha dado una mojada melodía al molino de agua con las penas,
los llantos y los lamentos causados por el amor y por eso gira, llo-
rando y lamentándose.

 

El amor lleva un manojo de llaves debajo de su brazo. Viene a abrir las puertas que se hallaban cerradas.47 El amor es tal árbol de luz sagrada que sus ramas están en la eternidad y sus raíces en el eterno pasado. Este árbol no está enraizado en el Trono ni tampoco en la Tierra, este árbol no posee tronco. Hemos liberado a la mente de todo trabajo y hemos golpeado continuamente a los deseos. Porque esta grandeza no es idónea para esta mente y estos hábitos, tienes un deseo y una añoranza por las bellezas mortales. Debes saber que ese deseo es un ídolo para ti. Cuando te encuentras a ti mismo en ti mismo y te conviertes en tu enamorado no queda en ti ninguna añoranza.48 ¡Que se sacrifiquen las vidas por los enamorados, el amor es una bonita devoción! ¡Oh hijo, únete al amor, todas las demás cosas no sirven para nada y no tienen significado! Hay una fiera cadena de amor colgando de los Cielos hacia la Tierra. Si amas a Dios y a la verdad, toma la cadena y sube a las alturas. No preguntes: «Â¿Qué cosa es el amor?» El amor es un tipo de locura y manía. Ata a la gente pero esta no es la cadena que se usa para mantener al ignorante. ¿Quién sería tu enemigo una vez que te embarcas en el camino del amor y alcanzas la nada? ¿Quién tendrá tu poder? Eres un fuego de verdad que quema y arde.49 Sé un enamorado, sé un enamorado para que quizás te puedas sal-var de la pena. Eres un príncipe, el hijo del sultán, ¿hasta cuándo vas a ser un siervo del mundo? No te hagas conocer en este mundo mortal, que nadie te reconozca. Sin embargo eres incomparable y único en ese mundo donde no hay dirección. En este mundo todo es transitorio, este mundo es el mundo mortal. ¿Así pues, si no eres un hombre rico en este mundo qué ocurre? No estás muerto, estás vivo. ¿No es suficiente? Eres un león de Dios con la forma de un hombre. Esto se aprecia claramente en tus virtudes, esfuerzos y coraje. La vida ha venido y se ha ido. Pero ahora que existes y que existes en la luz sagrada de Dios, no importa si es más tarde o más temprano. El valor del amado depende de la nobleza del enamorado. ¡Oh inútil amante! Mira cuál es tu poder y valor. 50 No cuentes la vida que has pasado sin amor, no pienses que viviste. El amor es el Agua de la Vida Eterna. Acéptalo con todo tu corazón.

Considera a los otros como peces fuera del agua. Incluso si es un vi-sir, considérale que está muerto y podrido. Cuando el amor abre su bolsa para deshacerla, todos los árboles se vuelven verdes. Aparecen hojas nuevas en el árbol viejo y da frutos to-do el tiempo. 51 Es mejor para un alma que nunca se ha enamorado y que nunca ha hecho que ese amor sea su preocupación principal dejar de existir porque su existencia no es nada sino un error y una vergüenza. Experimenta el éxtasis con la vida real e inconsciente porque todo lo que hay en este mundo no es nada sino amor. No hay nada más apropiado para el Amigo que ocuparse del amor. Cuando preguntan: «Â¿Qué es el amor?» diles: «El amor es dejar la voluntad, la discreción de hacer algo o no» No hay nada bueno en alguien que no abandona la elección, no es una persona buena. Lo eterno es el amor. No te ocupes de otra cosa que no sea esto, todas las demás cosas son imperfectas. ¿Hasta cuándo vas a esperar para abrazar al amado mortal al que podemos considerar muerto? Abraza a tal espíritu que no tiene fin. Cualquier cosa que nace en la primavera muere en el otoño. En el jardín de las rosas del amor no hay necesidad de la primavera. ¿Necesitarían alguna vez las flores del amor ayuda de la primavera? No tiembles en el caballo de tu cuerpo, descabalga. Sé un vagabundo descalzo que va más deprisa que eso. Dios otorga alas a una persona que no se deja llevar por los deseos corporales, los sentimientos y se salva de su influencia. Abandona los pensamientos y las preocupaciones. ¡Qué tu corazón sea tan puro como el lado del espejo en el que no hay imagen!52


32 Risale-i Sipehsalar, pág. 43.

33 Diván-i Kabir, vol. IV, Núm. 1438.

34 Ibíd.,vol. II, Núm. 890.

35 Ibíd.,vol. V, Núm. 2492.

36 Ibíd.,vol. VI, Núm. 2831.

37 Risale-i Sipehsalar, pág. 22 (en su edición en lengua persa).

38 Diván-i Kabir, vol.VI, Núm. 3038.

39 Ibíd., Núm. 3238.

40 Ibíd., Núm. 3238.

41 Véase «El Sagrado Corán», Sura an-Naym, 53:9.

42 Diván-i Kabir, vol. III, Núm. 1135.

43 Ibíd.,vol. VI, Núm. 2978.

44 Ibíd.,vol.I II, Núm. 1282.

45 Véase «El Sagrado Corán», Sura az-Zumar, 39:22.

46 Mihrab: Hornacina que señala en las mezquitas el sitio adónde deben mirar los que oran.

47 Diván-i Kabir, vol.V, Núm. 2336

48 Ibíd., vol. I, Núm. 395.

49 Ibíd., vol. V, Núm. 2470.

50 Ibíd., Núm. 2627.

51 Ibíd., vol. III, Núm. 1129.

52 Ibíd., vol. I, Núm. 455.

Modificado el ( 06.04.2007 )
 
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