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El Pensamiento de Rumi | El Éxodo de Rumi al Mundo de la Eternidad |
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| escrito por Sefik Can | |
| viernes, 06 de abril de 2007 | |
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No podrÃa atreverme a emplear expresiones como «muerte», «fallecimiento» o «reunión con Dios» para Rumi, quien alcanzó el secreto del hadiz «Muere antes de morir» y que se evadió a sà mismo en Dios mientras estaba vivo, asà que elegà considerar la partida de Rumi de este mundo mortal al mundo de la eternidad como un éxodo.
Los sesenta o setenta años de bendita, sagrada y honorable vida de Hudavendigar, nuestro maestro, Sultan al-Ashiqin («sultán de los enamorados de Dios») habÃan venido y se habÃan marchado. Las contadas inspiraciones y espiraciones determinadas para cada mortal habÃan llegado a su término. El distinguido Mesnevi estaba completo y Rumi se hallaba cansado. El dolor de su infancia junto a su padre Sultán al-Ulama, los años de emigración en dificultades fÃsicas y espirituales, sus años de educación en Damasco y Alepo apartado de su familia, las perdidas de su madre, su padre y de su estimado Sheij Sayyid Burhan al-Din habÃan hecho mella en él. Además, la pérdida de sus amigos Ãntimos Shams y Salah al-Din, la falta de respeto que habÃa recibido por parte de su cercano hijo Ala al-din Çelebi, las crÃticas de algunos, las habladurÃas que habÃan alcanzado sus oÃdos, sus continuos esfuerzos, la veneración y el ascetismo lo habÃan fatigado. Estaba pasando sus últimos momentos en continua reflexión. Este gran santo se concentraba en sà mismo y estaba encontrando la tranquilidad eterna y la paz interior que buscó en sà mismo. Cierto dÃa la esposa de Rumi señaló: «SerÃa necesario que se le concediera a Hudavendigar una preciada vida de trescientos o cuatrocientos años para que colmara este mundo con verdad y significado». Al oÃr es-to Rumi contestó a su mujer: «Â¿Por qué, por qué si no somos el Faraón ni asimismo Nimrod? ¿Qué tenemos que hacer en este mundo terrenal? ¿Cómo podemos conseguir paz y estabilidad en este mundo mortal, el mundo material? Nos han alojado en la prisión del mundo para que se liberen a unos pocos prisioneros. Se espera que volvamos pronto ante la presencia del más estimado amigo de Dios, nuestro Profeta».
Rumi sintió que su preciosa vida estaba llegando a su fin y recita-ba de cuando en cuando poemas conmovedores sobre la muerte, haciendo llorar a todos aquellos que se hallaban a su alrededor. No podrÃa continuar sin compartir algunos de dichos poemas con el lector:
Si Dios derriba la casa del cuerpo, no os lamentéis, no os quejéis. Sabed bien que estáis en realidad encarcelados en la prisión del cuerpo. Cuando llegue la muerte y ese lugar se derrumbe os liberaréis.39 «Oh alma mÃa, se da una alegrÃa oculta, una vida feliz escondida más allá de esta cubierta de tierra». Detrás de la cubierta ocultando todo hay cientos de bellos Joses. Cuando la existencia material, este cuerpo fÃsico desaparece, el espÃritu que es tu ser real permanece. ¡Oh espÃritu que eres infinito, Oh cuerpo que eres mortal! Si quieres saber cómo acontece esto, mÃrate a ti mismo cada noche. Cuando duermes tu cuerpo parece que está muerto. Pero tu espÃritu está extendiendo sus alas sobre los jardines del ParaÃso. 40 ¿Cómo no puede el espÃritu elevarse hacia los Cielos cuando se le está diciendo, «Â¡Oh mi siervo, ven!», con una llamada muy dulce del Creador de este Universo y de cada ser vivo, el poseedor de Majestad y Belleza? Cuando el sonido de las olas alcanza los oÃdos de un pez apartado del limpio mar y que ha caÃdo en la seca tierra no saltarÃa este pez inmediatamente al mar, su verdadera tierra natal. Bajo la luz del Sol de la eternidad que salva su alma de la aniquilación, ¿cómo no podrÃa un sufà estremecerse como un átomo y bailar? ¡Cuán desafortunado, cuán apenado y cuán perdido es aquel que no puede encontrar, conocer y amar al Ser Supremo que es tan Benevolente, tan Bello, tan Hermoso y fuente de la vida! ¡Oh pájaro del espÃritu! Te han purificado de tus ambiciones y pecados. Te han liberado de la jaula de tu ego (nafs). Tus alas espirituales se han extendido, ¡ven! ¡vuela otra vez al lugar de donde has venido, vuela a tu tierra natal, vuela!41 ¡Oh aquellos que ahora estáis separados de vuestras jaulas, enseñad vuestra faz de nuevo, apareced y decir dónde habéis estado! El barco de tu cuerpo ha naufragado en ese mar. ¡Oh aquellos que han sido arrojados al mar de la muerte como un pez, si tan sólo por un momento, salierais del agua y os mostrarais! ¿Se os ha machacado en el mortero de los dÃas y os habéis convertido en sal como perlas que se han molido? Pero esta sal es el bálsamo del ojo de aquellos que están buscando la verdad. Para ver bien colocaros ese bálsamo en vuestros ojos, ponéroslo. ¡Oh aquellos que vinisteis a este mundo naciendo en el mundo de los espÃritus! ¡No tengáis miedo cuando venga la muerte! Esto no es la muerte, es el segundo nacimiento, naced, naced para el Más Allá».42
Finalmente, el fatigado cuerpo de Rumi cayó en manos de su última enfermedad. La fiebre nunca abandonó a Rumi. Entre sus estimados amigos, los galenos Akmal al-Din y Gazanferi estuvieron a su lado todo el tiempo. Aun asà nunca pudieron entender su enfermedad. Su cuerpo estaba ardiendo. SolÃa poner su mano en la taza llena de agua que habÃa cerca de su cama y se llevaba algo de agua a la frente. Durante el tiempo que estuvo postrado en la cama, acontecieron terremotos durante siete dÃas y noches. Las paredes de muchas casas y jardines se derrumbaron. HabÃa caos en el mundo. Después del séptimo terremoto, la gente corrió hacia Rumi y le pidieron que rezase. Rumi sonrió y dijo: «No tengáis miedo, la pobre tierra tiene hambre. Quiere un bocado grande. Es necesario que se lo demos».Y empezó a decir su último deseo a aquellos presentes: «Os aconsejo que tengáis miedo de Dios en público y en secreto. Os aconsejo comer y dormir poco, absteneros de pecados, continuar ayunando y rezando, apartaros de la lujuria, persistir y sed pacientes en contra de toda extorsión y maltrato llevada a cabo por los demás, evitad estar con gente ignorante y con aquellos que están preocupados con satisfacer sus deseos, permaneced en compañÃa de gente generosa y buena. Puesto que las mejores personas son aquellas que son provechosas a otra gente. El mejor de los dichos es aquel breve y conciso». Rumi se estaba preparando para su éxodo. Era necesario abandonar la casa y dirigirse al Más Allá. Rumi se estaba preparando para dejar la casa de este mundo. Ese dÃa Sheij Sadr al-Din Konavi llegó a visitar a Rumi con sus derviches más prominentes. Mostró gran respeto a Rumi. Lo sentÃa mucho, y expresando sus deseos señaló: «Â¡Qué Dios te cure pronto! ¡Que esta enfermedad sea la causa para que tu nivel en el Más Allá aumente! Si Dios quiere, tendrás pronto buena salud. Rumi es el espÃritu de los mundos. Merece estar sano». Rumi contestó: «Después de esto, que Dios te cure. Entre el enamorado y el Amado queda sólo una camisa con un revestimiento muy fino. ¿No quieres que la luz sagrada se reúna con la luz sagrada?» y empezó a recitar esta oda:
El sábado 16 de diciembre de 1273, se puede decir que Rumi se hallaba mejor. Conversó con aquellos que vinieron a verle hasta el anochecer. Pero cada una de sus palabras era un deseo. Después, llegó la noche y Konya se sumergió en la oscuridad. Rumi estaba con sus amigos Ãntimos Husam al-Din Çelebi, su hijo Sultán Valad y los médicos. En aquellos dÃas, Sultán Valad estaba débil porque comÃa y dormÃa muy poco. Esa noche estaba también muy cansado. Un poco antes de que llegase la mañana, Rumi miró a los llorosos ojos de su hijo y en voz baja le dijo: «Baha al-Din, estoy bien, ve y duerme un poco». Sultán Valad no pudo contenerse. Sin poder casi controlar sus lágrimas se levantó. Cuando estaba abandonando la habitación Rumi miró ha-cia atrás con ojos de pena y recitó su última oda:
Rumi estaba en su lecho de muerte. HabÃa tomado su primera inspiración cuando honró este mundo mortal en Balj años atrás y ahora iba a efectuar su última exhalación en Konya. Sus contados alientos medidos en bendiciones, amor y fe estaban a punto de terminar. TodavÃa se hallaba completamente consciente y tenÃa buena memoria. Probablemente, Husam al-Din Çelebi debió haber escrito en un trozo de papel de su puño y letra, con la sangre de su corazón, derramando lágrimas, esta última oda que Rumi recitó en el lecho de muerte. Sipehsalar narra los acontecimientos posteriores:
Esa noche los amigos de Rumi hicieron sus obligaciones finales. Toda la población de Konya, jóvenes y ancianos, estaba presente en el funeral. Ya que Rumi fue un gran santo tolerante y amante de la paz que hizo siempre el bien y deseó siempre lo bueno a todo el mundo, no sólo asistentes musulmanes sino también judÃos y cristianos caminaron en su procesión, derramando lágrimas juntos por la perdida. Todo el mundo estaba llorando y afanándose por encontrarse enfrente del ataúd asà como detrás. La calle principal estaba completamente llena. Para tocar el ataúd aunque fuera una vez, la gente surgÃa desde incluso caminos poco frecuentados. Los funcionarios y sirvientes encargados de la protección de las calles apenas podÃan establecer un poco de orden entre toda aquella muchedumbre. Las calles se hallaban tan llenas que el ataúd que salió de la casa por la mañana no pudo llegar al lugar donde se llevaba a cabo el rezo hasta el anochecer. Cuando se ubicó el ataúd sobre la piedra musalla, donde el rezo del funeral se llevaba a cabo, el responsable Mu’arrif llamó a Sadr al-Din Konavi: «Â¡Oh rey de los sheijs! Por favor ven, dirige el rezo del funeral, asà lo pidió Rumi». Incapaz de controlarse, Tabip Akmal al-Din gritó: «Oh Mu’arrif muestra buenos modales. El rey de los sheijs es sólo Rumi». Sadr al-Din dejó la multitud y se colocó enfrente del ataúd para dirigir los rezos. Tan pronto como empezó el rezo con la alabanza Allahu Akbar —Dios es el Más Grande—, la pena le embargó, derramó con gran aflicción lágrimas y cayó al suelo. Qadi Siraj al-Din vino y dirigió el rezo. Según el informe de Sipehsalar, cuando le preguntaron a Sheij Sadr al-Din el motivo de su desmayo respondió: «Cuando estaba enfrente del ataúd para dirigir el rezo, vi que los ángeles habÃan formado una lÃnea delante del ataúd. En aquel momento, perdà la conciencia».47 Tras los rezos, el ataúd fue portado de nuevo sobre las cabezas y se enterró en el lugar preparado, frente a las tumbas del padre de Rumi, Sultán al-Ulama y Salah al-Din Zarqubi. El sol habÃa empezado a ponerse. Fue una noche triste para Konya. El ser material de Rumi se habÃa perdido de vista pero su ser espiritual estaba presente en los corazones y se iba a quedar allÃ. Comprendiendo muy bien esta verdad Rumi señaló: «Después de que fallezcamos, no busquéis nuestra tumbas en la Tierra. Nuestra tumba está en el corazón de los gnósticos». Al bendito cuerpo de Rumi se le dio sepultura al lado de la tum-ba de su padre, Sultán al-Ulama. Pero está vivo como Sultan al-Arifin («el sultán de los gnósticos») y Sultan al-Ashiquin («el sultán de los enamorados de Dios») en cada hogar, en cada asamblea, en el corazón de cada uno. Rumi se habÃa escondido de los ojos y se habÃa quedado en los corazones. Todo el mundo, rico o pobre, organizó ceremonias sema según sus posibilidades. Una noche, en el palacio del Visir Muin al-Din Pervane, el sultán de los poetas y literato Bard al-Din Balji empezó a girar. Cuando estaba girando, sintió la presencia de Rumi tan poderosamente en su corazón que no pudo controlar sus lágrimas. Llorando y girando recito este cuarteto:
Konya lloró la muerte de Rumi durante cuarenta dÃas. Durante cuarenta jornadas de luto, hubo siempre visitantes en la tumba de Rumi. Quizás sea sorprendente para algunos comprobar que incluso hoy en dÃa un gran número de personas visite o tumba de Rumi, a pesar de que su tumba se haya convertido en un museo y su entrada no sea gratuita. Cierto dÃa Qadi Siraj al-Din visitó la tumba de Rumi. Recitó este cuarteto, estando de pie cerca de la tumba:
En otra ocasión, en aquellos dÃas de duelo, un derviche recitó estas lÃneas sobre la muerte de Rumi, haciendo llorar a todos aquellos a su alrededor:
Tal y como Sipehsalar lo narra por escrito, después de que Rumi emigrase de este mundo mortal, siempre que alguien tuviera el corazón roto, se hallare colmado de un ardor apasionado y estuviera lleno de triste derramarÃa lágrimas y recitarÃa dÃsticos como estos:
También en aquellos dÃas sucedió otro acontecimiento que entristeció a la familia y amigos de Rumi, y les hizo llorar un poco más. El gato de Rumi no comió ni bebió nada tras su fallecimiento y sobrevivió únicamente siete dÃas. La hija de Rumi, Malika Hatun envolvió el gato en un paño y lo enterró en los alrededores de la tumba de Rumi derramando lágrimas. Cocinó un postre y lo distribuyó entre aquellos que amaban a Rumi. Asimismo Aflaki narra que, poco antes de que falleciese Rumi, este gato se acercó a Rumi y le maulló tristemente. Rumi sonrió e indicó a aquellos más cercanos a él: «Â¿Sabéis lo que di-jo este gato?» Respondieron: «No», a lo que Rumi señaló: «Sin duda pronto marcharás a los Cielos, tu tierra natal. ¿Qué haré sin ti?». Ya que Rumi era un santo completamente maduro en el camino de Muhammad, no le gustaba la ostentación y no estaba de acuerdo con los magnÃficos sepulcros que se construÃan encima de las tumbas. La capital del Imperio Selyúcida, Konya, habÃa aceptado muchos santos. Pero hoy en dÃa cuando la gente habla de sepulcros en Konya, el primero que nos viene a la mente es el sepulcro de Rumi bajo una gran cúpula verde. Bajo esta cúpula yace no sólo Rumi sino también su padre Sultán al-Ulama, sus hijos, sus amigos Salah al-Din Zarqubi y Husam al-Din Çelebi, sus nietos y otros parientes de Rumi, en un número superior a cincuenta. Unos meses después del éxodo de Rumi al mundo de la eternidad, Amir Alam al-Din Kayseri, un prominente funcionario gubernamental en Konya empezó, con el consentimiento de Sultán Valad, la construcción del sepulcro que fascina a los visitantes por su material y magnÃfica espiritualidad. El sepulcro se construyó bajo la supervisión de un arquitecto, Badr al-Din de Tabriz, con la ayuda monetaria y el apoyo moral de Gürcü Hatun, la hija de Ala al-Din Josraw II y la esposa de Muin al-Din Pervane. Otro arquitecto, Abd al-Wahid, construyó el magnÃfico sarcófago de madera de nogal de 2’65 metros de altura que se considera una de las obras de arte del Imperio Selyúcida en madera tallada. Ese sarcófago se hallaba desde un principio en la tumba de Rumi pero más tarde se trasladó a la tum-ba de su padre, Sultán al-Ulama, por orden del sultán Süleyman «el MagnÃfico». Se construyó un sarcófago de mármol en las tumbas de Rumi y Sultán Valad. Esta obra maestra que es el sarcófago de madera cubierto con un encaje de tela de oro se construyó inicialmente para Rumi. ¿Por qué Süleyman «el MagnÃfico» lo reemplazó más tarde por uno de mármol? Süleyman «el MagnÃfico», que Dios lo acepte en su ParaÃso, 49 era un admirador de Rumi como su padre, el sultán Yavuz Selim. Era un poeta y admirador de la poesÃa de Rumi. Con la intención de honrar al santo que amaba, reemplazó el sarcófago de madera de nogal por uno de mármol construido por el más famoso artesano de su tiempo. En esto se puede ver también una manifestación del po-der espiritual de Rumi. Rumi era un hombre santo al que no le gustaba aparentar en demasÃa y pensó que el elevado y magnÃfico sarcófago que habÃa sido emplazado en su tumba era más apropiado para la tumba de su padre, Sultán al-Ulama. El Sultán del Mundo, Süleyman «el MagnÃfico», llevó a cabo el deseo de Rumi sin saberlo. El sarcófago parece que se alza en pie cuando entramos en el sepulcro y los visitantes que lo observan creen que el padre de Rumi se ha puesto de pie y está mostrando respeto a su hijo. En realidad, todos aquellos enterrados allà se levantaban cuando Rumi llegaba. 39 Diván-i Kabir, vol.VII, Núm. 3172. 40 Diván-i Kabir, vol. V, Núm. 2573. 41 Diván-i Kabir, vol. III, Núm. 1353. 42 Diván-i Kabir, vol. II, Núm. 656. 43 Cuando Dios creó todos los espÃritus humanos y les preguntó «Â¿No soy Yo vuestro Señor?» y respondieron «Sû. (Véase «El Sagrado Corán», Sura al-A’raf , 7:172.) 44 Diván-i Kabir, vol. II, Núm. 972. 45 Diván-i Kabir, vol. IV, Núm. 2039. 46 Risale-i Sipehsalar, pág. 154. 47 IbÃd., pág. 156. 48 IbÃd., pág. 158. 49 Una frase en la tradición islámica utilizada cuando se hace referencia a un difunto. |
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| Modificado el ( viernes, 06 de abril de 2007 ) |
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