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Husam Al-Din Çelebi Imprimir E-Mail
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escrito por Sefik Can   
06.04.2007
Después de que falleciese Salah al-Din, «el orfebre», Husam al-Din Çelebi se convirtió en el compañero y legado de Rumi. La familia de Husam al-Din Çelebi, que Sipehsalar describe como una persona en la que se manifestaba la luz bendita, un maestro de secretos de la verdad y un conocedor de Dios, una personalidad de quien los santos en el camino de Muhammad están orgullosos, era originaria de Urumiyeh, pero emigraron a Konya y se establecieron allí. Husam al-Din Çelebi nació en Konya en 1225. Se podría pensar que Husam al-Din era un pariente de Rumi, ya que los descendientes de Rumi son nombrados también con el título de Çelebi. Aquí «Çelebi» connota una persona educada y distinguida, y es un título empleado por personas que se aman y respetan. Además de Çelebi, Husam al-Din también tenía el título de «Ahi Türkoðlu» («El Hermano de la Dinastía Turca»). El nombre verdadero de Husam al-Din Çelebi era Husam al-Din Hasan. Su padre se llamaba Muhammad y su abuelo Hasan. El abuelo de Husam al-Din Çelebi, Sheij Taj al-Din Abu al-Wafa, era un gran santo de etnia kurda que murió en Bagdad en 1107. Aunque este santo era un iletrado, era a su vez un gran gnóstico. Algunos miembros de su comunidad que sólo valoraban los niveles educacionales, las elevadas posiciones, la riqueza y las apariencias físicas le pidieron que les predicase para avergonzarle. Sheij Abu al-Wafa al-Kurdi contestó: «Si Dios así lo quiere, predicaré mañana. Habéis de estar presentes». Esa noche suplicó a Dios sinceramente, rezó y se fue a la cama. En su sueño vio al Profeta. El Profeta le transmitió buenas nuevas: «Dios se manifiesta a sí mismo a través de Sus nombres Alim (Omnisciente) y Hakim (Omnisapiente)». Al día siguiente, cuando se sentó en el kursi (una clase de asiento) y empezó su sermón, su primera frase fue: «Por la noche dormí como un kurdo y por la mañana me levanté como un árabe». Ofreció un sermón muy preciosista, escolástico y gnóstico que sorprendió a todo el mundo.

Ya que el padre de Husam al-Din era la máxima autoridad de la comunidad Ahi —una organización fraternal de gremios en pos de Dios en la antigua Anatolia— que vivía en Konya y sus alrededores, era nombrado siempre como «Ahi Türk» y a Husam al-Din se le llamaba «Ahi Türkoðlu». La institución de los ahis era una organización que comprendía a todos los pequeños artesanos y comerciantes. La estructura organizativa de los ahis se denominaba futuwwat —caballerosidad, cortesía; situar a los demás por encima de uno mismo por medio de la generosidad, el altruismo, la abnegación, ser indulgente con los defectos de las personas. Término utilizado para designar a los gremios en Anatolia—. Así pues, al padre de Husam al-Din Çelebi se le respetaba mucho. Todos los ahis en Konya eran administrados y supervisados por su padre. Por lo tanto, estaban todos al servicio de su padre.

Cuando el padre de Husam al-Din Çelebi falleció quisieron que a éste le sucediera su hijo. Pero esta gran persona, dándose cuenta de que la fama, la fortuna y la elevada posición de privilegio en realidad no aportaban nada, reunió a todos sus seguidores e intentó que Rumi fuese el nuevo líder, ubicó su cabeza en el umbral de Rumi. Husam al-Din Çelebi pidió a sus hombres que continuasen cualquier trabajo, arte o negocios que estuvieran haciendo y que le trajeran a él su parte y ofreció todas sus posesiones a Rumi. Su tutor se quejó: «No te queda ni sustento ni riqueza». Después indicó que se vendiese todo lo que había en su hogar. Unos días después, sus sirvientes le dijeron que no quedaba nada en la casa a excepción de ellos. Al oír esto, Husam al-Din Çelebi señaló: «¡Alabado sea Dios! Es posible para nosotros seguir la tradición de nuestro Profeta al menos en apariencia. Por el amor de Dios y el amor de Rumi, os doy la libertad a todos. Marchaos y encontrar nuevos trabajos».

Rumi, también estaba tan unido a este generosísimo enamorado de Dios que sacrificó todo lo que tenía por él. Cuando Husam al-Din Çelebi no estaba presente, Rumi no podía estar contento. Tal y como Aflaki escribe en su libro Manaqib al-Arafin, cierto día Muin al-Din Pervane organizó una gran ceremonia sema en su palacio. Invitó a la misma a Rumi, a importantes sheijs y a distinguidos eruditos. Rumi estaba muy callado en esa reunión porque Husam al-Din Çelebi no estaba presente. Cuando se dieron cuenta de esto, con el permiso de Rumi, invitaron a Husam al-Din. Cuando Çelebi llegó, se levantó y le saludó diciendo: «¡Bienvenido, Oh mi espíritu y mi querido amigo, bienvenido, oh mi luz y mi maestro, bienvenido oh el amado de Dios y el Profeta!». Después de esto, el visir Muin al-Din Pervane mostró gran respeto a Husam al-Din Çelebi.

Cualquier cosa que recibía Rumi se lo daba a Husam al-Din Çelebi sin apartar cantidad monetaria alguna y Husam al-Din Çelebi lo distribuía entre la gente según lo mereciera. Cierto día el Emir Taj al-Din Mu’tazi Jorasani envió a Rumi una gran suma de dinero y le pidió que ofreciera una comida para los derviches. Se organizarían, pues, ceremonias sema y los derviches rezarían por él. Cuando Rumi concedió todo este dinero a Husam al-Din Çelebi, su hijo Sultán Valad se molestó y se quejó: «No hay nada en casa. Cualquier cosa que te llega se lo mandas directamente a Çelebi. ¿Qué estás haciendo?» Rumi contestó: «Baha al-Din, por Dios, por Dios, por Dios, si cientos de ascetas se estuvieran enfrentando a la muerte porque tienen hambre y tuviésemos sólo una barra de pan, se lo enviaríamos a Çelebi». Y por lo tanto quiso recordar a su hijo Valad cuán digno de confianza y compasivo era Çelebi, y cuánto se preocupaba por los pobres y necesitados. En cierta ocasión Rumi vio un hombre con una cesta a sus espaldas llevando comida a la casa de Husam al-Din Çelebi. Le dijo al hombre: «Desearía estar en tu lugar y que tú estuvieses en el mío». Se quitó su túnica y se la dio.

Husam al-Din Çelebi era un ser humano tan noble de espíritu y perfecto que Rumi no había concedido a nadie tanto amor y halagos. Le tenía en tanta estima que parecía en ocasiones que Husam al-Din Çelebi era el sheij de Rumi y no al revés. Las expresiones de elogio y amor que emplea Rumi en cada ocasión para Husam al-Din en el Mesnevi son bastante sorprendentes. Tal y como la Luz Divina, la luz del amor que se manifestó en estos dos insan al-kamil («el ser humano perfeccionado») les cautivó hace siete siglos, la misma bendita luz que transciende los siglos ilumina los corazones de los pobres siervos como nosotros que aman a Rumi y sus escritos e incrementa nuestra admiración por ellos. Si Rumi no hubiera tenido a Husam al-Din Çelebi como un amigo de Dios, si no hubiera visto la verdad en él, si no hubiese estado unido a esa verdad, hoy la humanidad no habría gozado de una incomparable obra como el Mesnevi.

También es cierto que si Rumi no hubiese existido, ni Shams de Tabriz ni Salah al-Din, «el orfebre», ni tan siquiera Husam al-Din Çelebi serían recordados. Extrapolándolo a cada época, quién sabe cuántos más Shams, orfebres y turcos miembros de la comunidad «Ahi» llegaron a este viejo mundo, vivieron, iluminaron corazones y educaron discípulos. Algunos de ellos son mencionados en los libros de santos mientras que otros nunca llegaron a ser conocidos y no existen libros que los citen. Un hadiz al que hace referencia Rumi es muy interesante: «Hay algunos santos de Dios que se encuentran ocultos. La textura de su pelo llega a ser como el fieltro debido a la falta de cuidado, sus rostros cubiertos de polvo. Cuando quieren visitar a una persona de elevada posición no se les permite entrar. No se les ve en público, no se les bus-ca, cuando no están presentes en una asamblea no son convocados. Cuando caen enfermos nadie les pregunta por su estado de salud. Nadie viene a cuidarlos. Cuando mueren, nadie asiste a sus funerales. No se les conoce en la Tierra pero en los Cielos son célebres».38 Igualmente Yunus Emre, un gran poeta místico del S.XIII, menciona a tales santos cuando recita:

Acaso dirán que un extraño ha muerto,
Quizás lo oirán tres días después,
Puede que laven (mi cadáver) con agua fría,
Tal y como un vagabundo sin hogar como yo.

El recuerdo más bonito que guarda Rumi de los días de amistad con Husam al-Din Çelebi es sin duda su obra, el distinguido Mesnevi. Si Husam al-Din Çelebi no hubiese estado allí, este gran e incomparable texto sufí no habría sido escrito y al mundo islámico se le habría privado de la obra maestra más leída después del Corán y los hadices. La gente no habría sido capaz de recibir alegría espiritual y abundantes bendiciones de esta bendita maravilla que ha sido traducida a numerosas lenguas. La única razón oculta tras esta gran bendición sagrada y tras la presentación del espiritual Mesnevi a los enamorados de Dios es Husam al-Din Çelebi.

Existen relatos que afirman que Husam al-Din Çelebi contempló que los devotos de Rumi y los enamorados de Dios se hallaban leyendo la obra Hadiqa de Hakim de Sanai (fallecido en 1131) y el Mantiq al-Tayr escrito por Farid al-Din ‘Attar (fallecido en 1230) y su corazón no se encontraba sosegado con esto. Lo lamentaba y creía que Rumi estaba recitando odas muy bonitas, y su Diván (colección de poemas orientales, particularmente en árabe, persa o turco) aumentaba cada día, pero Rumi no había escrito todavía libros como aquellos de Sanai y ‘Attar, que explicaban el Camino, la Verdad y las complejidades del sufismo. Una noche Husam al-Din encontró a Rumi solo. Mencionándole el gran número de sus odas, le pidió que también narrase historias sufíes para guiar a los derviches, tal y como las narraciones de Sanai y ‘Attar. Rumi quería hacer saber la verdad a los buscadores a través de cuentos e historias que todo el mundo pudiese entender por lo que tomó una decisión. Al oír las palabras de Çelebi inmediatamente tomó un pedazo de papel de su turbante. En este trozo de papel se escribieron los primeros dieciocho pareados del Mesnevi. Çelebi le dijo Rumi, «si lo escribes, te lo dictaré». Husam al-Din Çelebi aceptó esta alegre sugerencia con entusiasmo. Así pues, empezó a escribirse el distinguido Mesnevi. ¿Exactamente cuando empezó a escribirse el Mesnevi? Desconocemos cuando empezó a escribirse con exactitud, sin embargo, Rumi continúo escribiéndolo hasta su muerte.

Después de que Rumi tomase la decisión de escribir el Mesnevi, sus días y noches estaban ocupados con esta actividad. Principalmente por la noche cuando todo el mundo dormía, en el silencio de la noche, Rumi lo dictaba sin emplear pliego o pluma alguna y Husam al-Din Çelebi lo escribía rápidamente. Cuando finalizaron el primer volumen, la esposa de Husam al-Din Çelebi falleció. Por lo tanto, el segundo volumen no pudo comenzarse inmediatamente. Tras transcurrir dos años Rumi empezó el segundo volumen y el proceso continuó de la misma forma. Algunas noches, el Mesnevi se escribía hasta el amanecer. Çelebi continuó escribiendo con alegría y entusiasmo sin jamás llegar a cansarse o aburrirse. La alegría espiritual y el entusiasmo que Rumi sentía cuando dictaba le hacían olvidar su cansancio. Era como si Dios hubiese creado a Husam al-Din Çelebi con el propósito de escribir este libro bendito, Él le predestinó para esta bendecida obligación. Rumi se hallaba asimismo preparado para que crease, escribiese y recitase este incomparable libro. Ningún sufí sino Rumi habría sido capaz de crear tal vasta y magnífica obra porque Rumi había sido educado por su padre y su sheij Sayyid Burham al-Din. Tenía un conocimiento profundo de los innumerables libros que había leído, buena memoria y un talento superior. Poseía una naturaleza contemplativa que era capaz de reconocer sutilezas que nadie advertía y las expresó de un modo muy bonito y dulce. Su excelente sentido de la observación y percepción, su profundo sentimiento de pena y sensibilidad eran excepcionales. Aparte de estas cualidades, poseía una gran fe y un amor infinito. Dios había llenado el corazón de su querido santo con conocimiento, amor y gnosis.

Empezando con el Profeta del Islam, amaba a todos los santos y a todos los seres humanos. Tenía una actitud de infinita indulgencia y tolerancia que no apreciaba fallos en los seres humanos que Dios había creado. Asimismo, para que Rumi se convirtiera en Rumi, Dios le había otorgado amigos de Dios y espejos del corazón empezando con Shams. Cuando Rumi era un sufí en exceso ascético, Shams de Tabriz le despojó de este adusto ascetismo y le arrojó a la realidad del amor y a la atracción Divina. Salah al-Din, «el orfebre», le llevó del mundo de lo trascendente a la tranquilidad con su naturaleza serena y su prudencia. Husam al-Din Çelebi ayudó a Rumi a convertirse en un Sol espiritual para todos los enamorados de Dios y para la humanidad, extendiendo el conocimiento y la gnosis de Rumi después de que llegara a establecerse, hubiese madurado y obtuviera la perfección.

Husam al-Din Çelebi se convirtió en el compañero de Rumi y en su ordenanza cinco años después del fallecimiento de Salah al-Din. Pero Husam al-Din Çelebi se hallaba entre los escasos amigos íntimos de Rumi incluso cuando Shams de Tabriz estaba con vida. No sería correcto si olvidara mencionar unos cuantos cumplidos que Rumi dedicó a su último amigo íntimo así como el motivo para la materialización del distinguido Mesnevi cuando se lo estaba dictando a Husam al-Din Çelebi. En el segundo volumen señala: «Husam al-Din, la luz de Dios, una vez más tomó las riendas de las alturas de los Cielos y empezó de nuevo el Mesnevi». En el tercer volumen, escribe: «¡Oh Husam al-Din, la luz de Dios! Haz que este tercer volumen sea posible porque es un hadiz, realizar algo tres veces... ¡Oh Husam al-Din, tu poder se derrama y pro-cede del poder de Dios!». En el cuarto volumen, Rumi revela: «¡Oh Husam al-Din, la luz de Dios! Eres un hombre tal que el Mesnevi se iluminó con tu luz». También indica: «Tu eres la razón de que el Mesnevi se empezara a escribir. Si aumenta y se engrandece es porque tú lo aumentas y engrandeces. Ahora que tú quieres significa que Dios quiere. Dios otorga los deseos de los piadosos... ¡Oh Husam al-Din, derrama luz bendita en el cuarto volumen porque el Sol aparece en el cuarto cielo y llena de luz al Universo!».

En el quinto volumen nos expresa: «Shah Husam al-Din, luz de estrellas, desea que el quinto volumen empiece. ¡Oh luz de Dios! El generoso Husam al-Din, eres maestro de maestros de aquellos que rescatan a las personas de la visión borrosa y los trae a la claridad. Si la gente no estuviera detrás de una cortina, si los ojos de sus corazones estuvieran abiertos y pudieran entender más, habrían empezado a elogiar tu espiritualidad y habrían abierto mi boca para pronunciar otras palabras en lugar de estas. No es apropiado elogiarte, no a aquellos que se hallan en esta prisión. Te elogiaré en la asamblea de los espirituales (los ángeles) y allí extenderé tus elogios. No es necesario hablar a la gente del mundo acerca de ti. Estoy guardando tus secretos como si fuera el secreto del Amor Divino».

En el sexto volumen de su Mesnevi, Rumi elogia a su amigo de Dios, expresándole que era la razón de que el Mesnevi se escribiera denominándose Mesnevi como «Husamname»: «¡Oh Husam al-Din, la luz de los corazones! Durante largo tiempo has querido que se escribiese el sexto volumen. Husamname está dando vueltas con la atracción de un hombre con conocimiento como tú... ¡Oh hombre espiritual! Te estoy dictando este sexto volumen del Mesnevi». Los elogios anteriores y el hecho de que el Mesnevi se retrasase dos años después de que se completase el primer volumen puesto que Çelebi no era capaz de participar debido al fallecimiento de su mujer nos muestra que si no hubiese sido por Husam al-Din Çelebi, el Mesnevi no habría sido escrito nunca.

 

 


38  Mesnevi, vol. III, Núm. 3172

 

Modificado el ( 06.04.2007 )
 
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