Inicio arrow El Pensamiento de Rumi
Rumi Tras de la Desaparición de Shams PDF Imprimir E-Mail
Calificación del usuario: / 1
MaloBueno 
escrito por Sefik Can   
jueves, 29 de marzo de 2007

Sultán Valad describe el estado de Rumi tras la desaparición de Shams del modo siguiente: «Después de su partida, Rumi casi perdió la cabe­za. El Sheij que impartía cánones religiosos se convirtió en un ardien­te poeta del amor.

Era un ascético y se convirtió en un camarero, pero no un mesero que bebe y sirve el vino de uva. El espíritu que pertene­ce a la Luz Divina no bebe nada que no sea el vino de la luz».30 Rumi llevaba a cabo los espirituales giros día y noche y su sollozo lo oían to-dos, jóvenes y mayores. Cualquier cantidad de oro y plata que recibía se la ofrecía a los músicos; dio todo en caridad. A aquellos que decían haber visto a Shams, les facilitaba su ropa si no tenía dinero. Como Sultán Valad escribe en su Ma’arif: «Alguien dijo a Rumi que había vis-to a Shams ad-Din. Rumi le ofreció la ropa que llevaba. Le dijeron a Rumi: «Este hombre está mintiendo. Sus noticias no tienen fundamen­to. ¿Por qué le disté tu ropa?» Rumi dijo: «Lo que le di fue sólo por es-ta mentira. Si lo que dijo fuese verdad le habría entregado mi vida».31

En el Ibtidaname, Sultán Valad escribe que Rumi se dirigió a Damasco en búsqueda de Shams y en Damasco muchas personas pasa­ron a ser sus discípulos. La población de Damasco no había visto tal amor desde Adán y admiraban a Shams como un gran santo ya que una perso­na incomparable como Rumi le estaba buscando. Sultán Valad continúa diciendo: «Rumi no pudo encontrar a Shams en Damasco, pero observó que la verdad y el secreto de Shams iluminaban como una Luna en su existencia y dijo: “Físicamente estamos lejos, pero más allá del alma y el cuerpo somos una luz. Mírale a él o mírame a mí, ¡Oh buscador, yo soy él y él es yo!”». En el Ibtidaname, Sultán Valad escribe acerca de la uni­dad de Rumi y Shams en espíritu: «Shams de Tabriz y mi padre, que Dios bendiga los secretos de ambos, se hallaban integrados en la minoría selec­ta de los servidores de Dios más queridos. Eran una persona, una luz di-vina. Separados en apariencia pero uno en realidad». Escribe que tras unos años, Rumi fue a Damasco por segunda vez con sus discípulos. Estuvo allí varios meses. Se desconocen las fechas del primer viaje de Rumi a Damasco así como las de su segundo viaje. Sultán Valad señala que su padre hizo su primer viaje a Damasco unos pocos días después de la desaparición de Shams pero no dice cuánto tiempo estuvo en Damasco en su primer viaje. Su segundo viaje lo hizo un año después.

Rumi perdió la esperanza de encontrar a Shams a pesar de todos sus esfuerzos. También había oído los rumores acerca de su muerte. Ahora sabía que su hijo Ala al-Din Çelebi estaba involucrado en esto. Encontró consuelo expresando sus sentimientos a través de una poesía repleta de amor y anhelo. Compartiré uno de entre los muchos poemas de anhelo que escribió:

¡Oh, amigo del corazón! Qué lástima, nos dejaste con penas y anhelo
y te marchaste.
Sé que no querías dejarnos. Te quejaste y lamentaste. Pero esto no fue
correcto. Obedeciste el juicio inmutable y te fuiste.
Corriste en todas las direcciones. Buscaste remedios (para cambiar la
situación) y así poder quedarte entre nosotros, inventaste excusas.
Pero no pudiste encontrar un remedio y te fuiste sin tenerlo.
¿Qué le pasó a tu regazo colmado de rosas, a tu luminosa faz como la
luna? ¿Cómo sucedió que te dirigiste abajo, bajo la tierra lentamente
y en deshonra?
¿Cómo dejaste las reuniones de amigos y sus categorías que se halla-
ban contigo todo el tiempo, y marchaste bajo la tierra entre hormigas
y serpientes?
¿Qué pasó con aquellas profundas palabras y bellas conversaciones?
¿Qué le pasó a la mente que estaba acostumbrada a los secretos
Divinos?
¿Qué pasó con aquellas manos que estaban tomando nuestras manos?
¿Qué ocurrió con aquellos pies que caminaban en los jardines de
Meram, en las rosaledas?
Eras digno y clemente, sabías cómo ganarte los corazones de la gente
y cómo amar a las personas. Ahora te fuiste a la tierra que desagrada
a los seres humanos y se los traga.
¿Qué ocurrió? ¿Qué clase de idea vino a tu mente para que tomases
un serpenteado y difícil camino?
Cuando empezaste en este camino llorando, los Cielos también em-
pezaron a derramar lágrimas y la Luna se arañó su faz.
Mi corazón se ha llenado de dolor. ¿Qué sé yo? ¿Qué debo preguntar?
Dime, ¿Te marchaste despierto?
Ahora que nos has dejado, ¿Elegiste la compañía de los enamorados
de Dios y los santos? ¿O acaso se te ha sido negado el amor? ¿O te
fuiste en abnegación?

¿Qué pasó con aquellas dulces respuestas que diste a las preguntas que te hicieron? Ahora has parado de hablar y abandonas la conversación. ¿Qué tipo de fuego es éste? ¿Qué tipo de anhelo es éste? Como un in­vitado, nunca le hiciste saber a nadie y te fuiste. ¿Adónde fuiste? Incluso el polvo de tu camino no se encuentra. La senda que tomaste esta vez es sin duda una senda llena de sangre.32

De entre estos dos grandes santos que contemplaron mutuamen­te la verdad en cada uno, que se admiraron, ¿cuál era superior?

Es un error comparar a santos que se han consumido en el Amor Divino. Estas personalidades santas que permanecen limpias de la con­taminación humana, liberadas de los deseos físicos, bendecidas con la manifestación de Dios, sumergidas en el océano de la Unidad y evapo­radas no pueden ser superiores entre sí. ¿No es la misma luz del Sol la que reflejan los espejos que están limpios de polvo y suciedad? ¿Se pueden distinguir estos espejos los unos de los otros?

Cuando Rumi se encontraba buscando a Shams en Damasco, con su corazón ardiendo con el fuego del anhelo, los gnósticos de Damasco se mostraban fascinados con el conocimiento de Rumi, con su gnosis y su amor. Aquellos cuyos ojos se encontraban brillando con la luz bendita de Rumi estaban sorprendidos de ver un guía espiritual buscando un guía espiritual. Así como Rumi estaba buscando a Shams, Shams había estado buscando a Rumi. Shams no podía encon­trar lo que estaba buscando en los famosos sheijs y en los guías espiri­tuales en las ciudades que había visitado, pero cuando encontró a Rumi, dijo: «Desde que dejé mi ciudad natal no he visto otro sheij que Rumi. Encontré lo que estaba buscando en Rumi». ¿Qué habían visto estas dos personas en cada una? ¿Qué habían encontrado? Se convir­tieron en espejos de cada uno. Transcendieron los niveles de sheij, guía espiritual, legado y discípulo, y vieron lo que había dentro de ellos. Por lo tanto, no tiene sentido considerar a uno de ellos como el guía espi­ritual del otro. ¿Por qué debemos preocuparnos con estas preguntas? ¿Por qué debemos decir que existe diferencia alguna entre ellos? Lo que debemos saber es que ambos se hallaban entre los académicos más adelantados, entre los más célebres gnósticos y maestros espirituales de su tiempo. Compartían muchas opiniones y se entendían a la perfec­ción. Es asimismo un gran error pensar que Shams era tan sólo un der­viche nada convencional que estimuló al gran erudito Rumi y le hizo alcanzar el éxtasis espiritual, y no apreciar su conocimiento y gnosis.

Shams era un gran erudito, como así lo fue Rumi. Como se pue­de apreciar en su Maqalat, se comprueba patentemente por sus discur­sos sobre distintos asuntos que se hallaba familiarizado con el tafsir (comentario del Corán), el hadiz, la poesía y las ciencias de su tiempo. Como a Rumi, no le gustaba la filosofía. Según Shams, es posible al­canzar la verdad sólo con unirse al camino del Profeta, apartándose de la ostentación, convirtiéndose en una persona de estados espirituales, practicando lo que uno cree y con Amor Divino. Al igual que Rumi, Shams era un enamorado del Profeta. Tal y como Rumi afirmó: «Soy la tierra bajo de los pies de Muhammad Mustafa», Shams también di-jo: «No cambiaría siquiera un asunto abordado en la Sunna que pare­ciese de la menor importancia por un libro como al-Risalah33 de Qushayri u otros textos de dicha importancia. Comparados con los ha-dices todos esos libros son ordinarios y aburridos».

Las opiniones de Rumi y Shams se fusionaban en una sola en re­lación a obrar de acuerdo con la Ley, en progresar en la práctica reli­giosa desde un nivel imitativo a un nivel consciente y caminar en la senda de la fe y del amor lejos de la ostentación. Quizás haya habido pequeñas diferencias entre ellos en cuanto al método. Rumi era pru­dente; Shams era impetuoso y entusiasta. Pero si Shams no hubiera aparecido, Rumi no habría sido un segundo Sultán al-Ulama. A lo me­jor hubiera escrito historias en el Mesnevi similares a aquellas narradas en la obra Mantiq al-Tayr de Farid al-Din ‘Attar (fallecido en 1220). Sin embargo, no habría escrito apasionados poemas de amor. El Diván-i Kabir no se habría escrito. Tal y como Abdulbaki Gölpinarlý escribe, «Si Shams no hubiese llegado, Rumi no se habría convertido en Rumi y habría llegado a ser un sheij que destaca entre las filas de numerosos sheijs, un sufí por encima de innumerables sufíes. Pero es también una realidad que si Rumi no hubiera encontrado a Shams, nunca se habría oído de él. Rumi ya estaba preparado para el éxtasis. Era como una lámpara de aceite que se encontraba limpia, llena de aceite y con su mecha preparada. Para que esta lámpara fuese encendi­da, se necesitaba una chispa. Shams sirvió para dicho propósito. Y cuando Shams se convirtió en una mariposa nocturna cerca de esa lla­ma, le concedió su vida y se unió a la luz. Shams era un espejo para Rumi. Rumi vio en él la verdad comprendiendo todo el Universo y a él mismo. Y se enamoró de sí mismo y se elogió a sí mismo:

Shams de Tabriz es tan sólo un pretexto,
Somos aquellos elogiados en belleza,
Somos aquellos elogiados en gracia,
Pero para ocultar esta verdad de la gente, señaló:
«Él es el digno Rey y nosotros somos los pobres».

Si los seres humanos fueran capaces de apreciar lo que hay en ellos y la verdad en cada uno de nosotros como Rumi y Shams así lo hicie­ron, el mundo se convertiría en un Paraíso. Los seres humanos vivirían en una paz constante, las guerras se desvanecerían, todas las fábricas de armas se cerrarían y no habría hambre en África o en cualquier otro con­tinente. El mundo viviría confortablemente. Rumi indica: «Los cuerpos que vemos en este mundo son en realidad las sombras de nuestra verda­dera existencia. En realidad, vivimos por encima de estas sombras».

En el mundo actual, en esta era atómica, en una época en la que los seres humanos tan sólo se dirigen en pos de los objetivos materia-les, ¿acaso no existen más individuos como Rumi o Shams? Nuevos santos no vienen desde la región de Jorasán a la Anatolia. No vienen, pero los países islámicos no se encuentran vacíos de ellos. Cuán exce­lentemente indicó Baba Kemal Joyandi: «¿Piensas que los enamorados de Dios, los santos, se han marchado todos y que la ciudad del amor ha quedado vacía? El mundo está lleno de personas como Shams de Tabriz pero, ¿dónde se hallan los hombres como Rumi, que ven la ver­dad en ellos?».

Ahora Rumi había perdido la esperanza de encontrar a Shams con vida y se detuvo en su búsqueda. Entendió que no sería capaz de en­contrar a Shams en Damasco ni en ningún otro lugar, pero tal y como Sultán Valad escribe, lo encontró en su corazón. Lo había encontrado pero sus ojos estaban todavía buscando un amigo del corazón como Shams. Aunque su familia, hijos, amigos, estudiantes y discípulos se

hallaban a su alrededor, Rumi sentía un vacío interior y se sentía solo. Sin duda alguna el más grande amigo de los seres humanos es Dios. ¿No indica Él, «Estoy con vosotros dondequiera que os encontréis»?34 Rumi expresa esta verdad del modo siguiente: «Hay alguien escondi­do aquí. No pienses que estás solo».

Pero Rumi necesitaba un amigo de Dios, un espejo y un horizon­te de espíritu como Shams que compartiera sus sentimientos y que le dejara sentir lo que había dentro de él. Sin un amigo así, era incapaz de encontrar la paz. Yahya Kemal Beyatlý, poeta turco de finales del

S.XIX y principios del S.XX, expresa esta soledad espiritual en el poe-ma «Horizontes»:

El espíritu no puede vivir sin horizontes, El espíritu busca un horizonte del espíritu, Aquellos grandes profetas cuyos horizontes espirituales eran vastos a pesar de ser excepciones más allá de nuestra conversación Eran muy felices en este mundo Viviendo con sus discípulos y compañeros ¡Cuán hermosos y bellos horizontes y espíritus albergaban, Oh Señor!

Después de esto, Rumi abordaría el asunto del espejo del espíritu en un pasaje del Mesnevi:

El espejo del alma no es nada sino el rostro del amigo, la faz de ese compañero que es de aquel país (la tierra espiritual). Cuando tu ojo se convirtió en un ojo para mi corazón, mi ciego corazón se marchó y se ahogó en la visión. Contemplé que eras el Espejo Universal y sempiterno: Vi mi propia imagen en tu ojo. Dije, pues, «Al fin me he encontrado, en sus ojos he encontrado el camino luminoso». (Pero) mi imagen dio voz desde tu ojo (y dijo), «Yo soy tú y tú eres yo en (perfecta) unidad».35

Tras Shams, el íntimo amigo de Rumi, el espejo del espíritu pasó a ser Salah al-Din de Konya. Rumi escapó de la soledad espiritual con este compañero y íntimo amigo y así encontró la paz y la tranquilidad.


30 Ibtidaname, págs. 64-65, véase también págs. 249-251.
31 Baha al-Din, Ma’arif, (un manuscrito en la Biblioteca de la Universidad de Estambul), Folio 38b.
32 La fuente de este poema en el Divan-i Kabir del Profesor Furuzanfar, (Teherán: Majles, 1954), Núm. 2648.
33 al-Risala, obra de Abu al-Qasim al-Qushayri (fallecido en 1072), es uno de los primeros libros que se escribieron abordando el tema del sufismo.
34 Véase «El Sagrado Corán», Sura al-Hadid, 57:4.
35 Muhammad bin Muhammad bin Husayn Mevlana Yalal al-din, Mesnevi, traducción y comentario de Tahir (Mevlevi) Olgun, (Estambul: Ahmet Said Matbaasý, 1967) Vol. II, Núm.96, 99-101,103. (Aunque Þefik Can hace referencia a esta cita, emplea su propia

Modificado el ( jueves, 29 de marzo de 2007 )
 
< Anterior   Siguiente >