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El Pensamiento de Rumi
El Contexto Intelectual de Los Selyúcidas de Anatolia Durante la Época de Rumi | El Contexto Intelectual de Los Selyúcidas de Anatolia Durante la Época de Rumi |
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| escrito por Sefik Can | |
| 29.03.2007 | |
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Para comprender las creencias y filosofÃas contrarias al Islam frente a las que luchó Rumi en el S.XIII, serÃa de gran utilidad regresar a los orÃgenes de estas creencias y estudiar de manera concisa como emergieron y crecieron. De esta forma, conoceremos diversos aspectos que diferencian a los musulmanes asà como las sectas incluidas dentro del Islam.
Pero antes de comenzar a abordar este asunto, me gustarÃa mencionar el siguiente punto: Cuando algunas respetuosas personas explican en sus escritos acerca de la vida de Rumi el contexto filosófico e ideológico del mundo islámico durante el S.XIII, tienden a incluir puntos de vista que contradicen la fe islámica. Asimismo, algunos pensadores occidentales que no han llegado a comprender bien el Islam comparan las religiones de Revelación Divina, de acuerdo a las creencias de los musulmanes con los movimientos filosóficos. Esta opinión es errónea ya que el Islam no fue fundado por el profeta Muhammad. El Profeta que no podÃa leer ni escribir no era un erudito o un filósofo que pudiera influenciar con ideas y libros de los profetas anteriores, y de acuerdo con esto, establecer asà una religión. El profeta Muhammad era un mensajero, un profeta, un portador de la Revelación de Dios. El Profeta no estableció el Islam por su propia voluntad; Dios le hizo establecerlo. Además, es un error enorme pensar que las religiones originadas de la Revelación Divina como el JudaÃsmo, el Cristianismo y el Islam se han prestado ideas sólo porque se aprecian similitudes en las prácticas y se aprecia la verdad de dichas religiones. Ya que Dios amó a los seres humanos que creó y quiso que no siguieran sus deseos fÃsicos sino que transitasen en el camino verdadero de la humanidad, envió las mismas verdades en épocas diferentes a través de las distintas religiones y profetas, desde el profeta Adán hasta el profeta Muhammad. Es por esta razón que el Corán expresa: «No hacemos distinción entre ninguno de Sus enviados».2 Revisemos de manera breve el contexto filosófico de los selyúcidas de la Anatolia durante el S.XIII asà como las diversas sectas y grupos que se extendieron entre los musulmanes en aquel tiempo. Por consiguiente, entenderemos de manera apropiada los orÃgenes de las ideas, ideologÃas y filosofÃas contra las que luchó Rumi en sus escritos. Las diferencias conceptuales con anterioridad al S.XIII dentro de las comunidades musulmanas Las primeras diferencias conceptuales entre los musulmanes surgieron tras la muerte del Profeta. Cuando el profeta Muhammad falleció, la pregunta en boca de todos los musulmanes era en relación a quién iba a asumir su posición El Profeta no era un rey ni tampoco un presidente. Era un mensajero que habÃa permitido que la gente tuviera consciencia de Dios. Con la ayuda de Dios, habÃa completado su Misión y se habÃa unido con Él, a quien amaba muchÃsimo y Quien le amaba muchÃsimo. ¿Cómo podrÃa la persona que lo reemplazase llenar tal hueco? Ya que el rofeta Muhammad era el último de los profetas, la persona que lo reemplazase iba a ser meramente el lÃder de los musulmanes, como un presidente religioso. ¿Quién iba a asumir su posición? Mientras algunos de los más importantes compañeros del Profeta sostenÃan que la persona que le reemplazase deberÃa distinguirse por su virtud, su servicio al Islam y por el amor del Profeta y sus compañeros hacia él, otros mantenÃan que Ali, que pertenecÃa a la familia del Profeta y era asimismo el yerno y sobrino del Profeta deberÃa sucederle. Los Compañeros del Profeta eligieron a Abu Bakr como el primer califa o sucesor. 3 Siguiendo al Califato de Abu Bakr, Omar, Uzman y Ali fueron elegidos como califas, todos ellos efectuaron su mandato aproximadamente treinta años después de la muerte del Profeta. Aunque Ali fue nombrado por la mayorÃa y era un miembro de la dinastÃa HachemÃ, Muawiya, el gobernador de Damasco, no reconoció el Califato de Ali. Se atrevió a luchar frente a los que apoyaban a Ali en pos del sultanato de este mundo, causando el derramamiento de sangre de muchos musulmanes inocentes por ambas partes. Durante estas guerras una tercera fracción apareció entre los musulmanes, los JariyÃes, literalmente aquellos que se mantienen fuera de los grupos principales. Los JariyÃes se oponÃan a que un individuo ostentase el tÃtulo de califa y la jefatura del estado a la vez, un desacuerdo que provocó el caos y el derramamiento de sangre. No estaban a favor de Ali o Muawiya. Como los terroristas de nuestros dÃas, eran un grupo separatista con ideas destructivas que se negaban a reconocer la autoridad del gobierno. A medida que el Islam se extendió, las creencias y puntos filosóficos anteriores de las naciones que habÃan aceptado el Islam se entremezclaron con las creencias islámicas y por consiguiente se establecieron diferentes creencias y grupos bajo la influencia de las tradiciones anteriores al Islam. Las obras clásicas de Grecia, Irán y la India fueron traducidas a la lengua árabe durante el Califato de Ma’mun, a comienzos del S.IX y aquellas traducciones, vÃa sus sucesores, aumentaron la corriente filosófica. Cuando los antiguos pensamientos filosóficos griegos clásicos, las corrientes filosóficas de Irán o de la India, asà como las bases de la tradición judeocristiana se extendieron a través del mundo islámico, los Mu’tazila emplearon estas ideas y teorÃas extranjeras de manera más eficiente para defender sus propias ideas. La influencia de la antigua filosofÃa griega clásica se puede apreciar claramente durante la era Ma’mun en grandes maestros del movimiento Mu’tazila, tales como Ibrahim al-Nazzam (fallecido en 835) y Abu al-Huzayl (fallecido en 840). Ante los esfuerzos de los Mu’tazila en estos asuntos, los eruditos sunnÃes no permanecieron impasibles. Un nuevo campo de conocimiento que los sunnÃes denominaron kalam nació de los esfuerzos de grandes estudiosos como Abu al-Hasan el-Ashari (fallecido en 935), en principio un erudito Mu’tazila que regresó al camino sunnÃ. Sin embargo, mientras que el kalam sunnà mostraba ciertas inclinaciones por el pensamiento Mu’tazila en un número de asuntos determinado, la actitud de los Mu’tazila se habÃa apartado más allá de sus orÃgenes y ahora se hallaba saturada con pensamiento filosófico griego. En esta eta-pa, el kalam sunnà vivió una nueva época con el importante estudioso Abu Hamid al-Ghazali (fallecido en 1111). La atención prestada a los escritos filosóficos traducidos al árabe durante el Califato Abasà se debe solamente al fuerte apoyo que otorga el Islam al conocimiento, siempre de acuerdo a la orden sagrada del Profeta «La sabidurÃa es la propiedad perdida del creyente. La hace su-ya dondequiera que la encuentre»4 De este modo, eruditos musulmanes leyeron afanosamente dichas obras e interpretaron y refutaron lo que contradecÃa los preceptos musulmanes. Reflexionaron sobre lo que estaba de acuerdo con el Islam y escribieron comentarios de estos escritos. Un musulmán debe adquirir conocimiento incluso si este conocimiento se encuentra en el Lejano Oriente. Un musulmán debe leer a Aristóteles, Platón y Confucio. Si no fuese por tales comentarios elaborados por los estudiosos musulmanes, las obras griegas no serÃan conocidas de manera amplia en Europa. Dichos libros son, sin lugar a dudas, el precedente que sentó las bases del surgimiento de la Ilustración en Europa tras el Renacimiento. Los orÃgenes del sufismo con anterioridad a Rumi Las diferentes facciones y creencias que hemos estudiado concisamente debilitaron la alegrÃa y el entusiasmo de la fe, asà como dañaron la unidad de la comunidad islámica. Devotos musulmanes que se hallaban preocupados y entristecidos con esta situación se retiraron con sinceridad a lugares solitarios y consagraron su vida a la devoción. ComÃan y bebÃan poco, dándole la espalda al mundo. Aquellos que se comportaron de este modo finalmente fueron conocidos como sufÃes. Sin embargo, en las primeras etapas del Islam, aquellos que se dedicaron a este tipo de veneración fueron denominados abid («devoto») o zahid («asceta»). Los sufÃes fueron denominados asà ya que las vestimentas que empleaban de manera más frecuente estaban elaboradas de lana áspera y la palabra en el idioma árabe para referirse a la lana es suf. Según fuentes históricas, la primera persona a la que se le otorgó la denominación de Sufà y que a su vez construyó la primera zawiyyah (una casa de retiro para mÃsticos) en Siria fue Abu Hashim (fallecido en 767), de la localidad de Kufah —actualmente en Irak—. Tras él surgieron muchos santos como Sufyan al-Thawri (fallecido en 784), Dhu al-Nun al-Misri (fallecido en 859), Abu Yazid (Bayazid) al-Bistami de Jorasán (fallecido en 874), Husayn ibn Mansur al Hallay (fallecido en 921) y Yunayd al-Bagdadi (fallecido en 910). A pesar de todos los obstáculos, acusaciones, insultos y alegaciones de herejÃa y blasfemia, las perspectivas y el modo de vida sufÃes se extendieron por todos los rincones del mundo islámico. Debido a los esfuerzos de Abu al-Qasim Abd al-Karim al-Qushayri (fallecido en 1072) para mostrar que las creencias de los sufÃes no contradecÃan ni el camino islámico ni el de Muhammad y junto con las excelentes obras de al-Ghazali (fallecido en 1111), los sufÃes que anterior-mente habÃan sido contemplados con recelo y de cualquier manera, sin un ápice de admiración por los eruditos en la ley islámica obtuvieron gran atención y respeto entre la población e incluso entre los eruditos y estudiosos de la ley islámica. Muchos eruditos famosos estuvieron al servicio de sheijs. Los sultanes y los hombres de estado fomentaron el sufismo, construyeron residencias para los derviches, austeros cenobios y casas de retiro religioso, y facilitaron la aparición de sheijs y derviches a lo largo y ancho del mundo islámico. Desde el S.XI hasta el S.XIII, el siglo de Rumi, las órdenes sufÃes empezaron a fundarse en el mundo islámico y a partir del S.XIII esta red de órdenes sufÃes se extendió y alcanzó gran importancia en todos los campos. En el S.IX, siglo en el cual el sufismo comenzó a expandirse rápidamente, el ambiente social e ideológico era idóneo para la expansión de esta doctrina islámica. La prosperidad y la situación económica durante el primer siglo del Califato Abasà proporcionaron una vida acomodada a la población en general. Las condiciones necesarias para que la corriente sufà se estableciese y creciese entre los musulmanes eran en ese momento propicias. Es erróneo pensar que el aspecto que inició la aparición del sufis-mo entre los musulmanes hubiese sido las «creencias de distintas religiones y grupos, las ideas filosóficas que se empezaron a extender con la traducción de las obras de los filósofos de la Grecia Clásica, creencias procedentes de la India e Irán y especialmente el punto de vista neo-platónico de la Escuela de AlejandrÃa». En realidad, el punto clave que promovió la aparición del sufismo fue el hecho de que las creencias populares anti-islámicas habÃan forzado a los creyentes a dirigir sus miradas y pensamientos para sus adentros, a permanecer absortos en sus creencias religiosas y a rechazar todos los puntos de vista fuera del Corán. Por lo tanto, asà como el Islam no se influenció de las religiones anteriores, el sufismo tampoco fue inspirado por el pensamiento helénico. Como en cada religión, hay una corriente mÃstica dentro del Islam que es única por sà misma. El misticismo islámico, o sufis-mo, pertenece al Islam. La fuente del misticismo islámico es el Sagrado Corán y las nobles tradiciones del Profeta. A este respecto, si recorda-mos lo siguiente, podremos sortear la influencia de lo anteriormente citado, y dejar claro su error de base. Y es que en tiempos de Abu Hashim (fallecido en 767), el primer sufà del Islam y fundador de la primera zawiyya en Siria, los textos de la India y Grecia no se habÃan traducido todavÃa al idioma árabe y por lo tanto los sufÃes del Islam no podÃan haber estado bajo la influencia de creencias extranjeras. El libro de mayor antigüedad que se ha escrito acerca del sufismo y que se conserva hasta nuestros dÃas es el de Abu Abd Allah al-Hariz bin Asad al-Muhasibi (fallecido en 857). 2 Véase «El Sagrado Corán», Sura al-Baqara, 2:285. |
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