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Últimos añadidos | El Profeta Job |
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| escrito por Nevzat Savas | |
| jueves, 30 de marzo de 2006 | |
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La vida es indiscutiblemente una cadena de pruebas. Y para los humanos las pruebas empiezan desde la infancia. Los seres humanos se hacen puros, llegan a su origen, maduran y llegan a ser muy fuertes para enfrentarse con situaciones difÃciles. SerÃa imposible distinguir el oro del carbón, si no existieran las pruebas. La vehemencia de la prueba es directamente proporcional a la grandeza de la persona. Las pruebas más difÃciles son las de los profetas. Dios habÃa puesto a prueba a Job[1] con una enfermedad muy grave. Job era un siervo muy recto. Dios deseó ponerlo a prueba con su familia, sus bienes y su cuerpo. SÃ, en una época era un hombre muy rico y respetable; pero después perdió toda su riqueza y se quedó en la miseria más absoluta. Poco después perdió a su familia y se quedó solo. Además tenÃa una enfermedad muy grave y sufrÃa mucho. Pero a pesar de todo Job nunca se rebeló ni dejó de rezar, al contrario, siempre tuvo paciencia y se acercó más a Dios. La riqueza tiene sus responsabilidades y dificultades. Job superó la prueba soportándolas. Ahora era la hora de la prueba de la pobreza. Y también la aprobó con el permiso de Dios. TenÃa una familia grande y eran muy felices, algo que también tenÃa sus dificultades; pero Job las superó. Ahora estaba solo y pasarÃa el examen de soledad. Hubo una época en que tenÃa un cuerpo sano. Y Dios lo habÃa puesto a prueba con eso. Él siempre estuvo agradecido por las bendiciones. Incluso cuando la enfermedad le cubrió todo el cuerpo siguió dándole gracias a Dios y tuvo paciencia. Asà que también lo superó. Él se habÃa dirigido a Dios. No se curaba su enfermedad, la pobreza era insoportable y la deslealtad de la gente le dolÃa mucho. TenÃa sólo tres amigos: la enfermedad, la pobreza y soledad. Pero él habÃa producido unos alternativos: la paciencia, el agradecimiento y la oración... Un dÃa el demonio se le apareció y le dijo: — ¡Oh Job! La única razón de todos los dolores que sufres soy yo. Si un dÃa dejas de agradecerle a Dios, créeme que vas a curarte de tu enfermedad, rebélate y deja la paciencia... es inútil tener paciencia. Job le echó del cuarto gritándole: — Lárgate de aquà y no te me aparezcas nunca más. No voy a renunciar a la paciencia, el agradecimiento ni las oraciones aunque sea sólo por un instante. El demonio salió desesperado del cuarto. Job estaba furioso. ¿Cómo se podÃa atrever el diablo a pedirle tal cosa? Esta vez el demonio fue a ver a la esposa del profeta. Ella era una mujer fiel; no habÃa abandonado a su marido después de que perdiera sus bienes y se pusiera enfermo. Pero al fin y al cabo ella también era un ser humano y todos tenÃan sus momentos débiles. El diablo habló con ella, la tentó haciéndola desesperar y la mujer por un momento pensó que el diablo tenÃa razón. Aquel dÃa la mujer le dijo a su marido: — ¿Hasta cuándo Dios te va a torturar de esta manera? Perdiste tus bienes, a tu familia y tu salud. ¿Por qué no le pides a Dios que te cure de esta enfermedad? Job, el héroe de la paciencia, se puso furioso al escuchar esas palabras de su mujer y le dijo: — ¿Cuántos años vivimos en abundancia? — Ochenta años. — ¿Y cuántos años vivimos en miseria y con enfermedad? — Siete años. — He vivido ochenta años en abundancia y siete años en miseria. Asà que me da vergüenza pedirle a Dios que me salve de esa situación. Te falta la fe y confianza en el destino. Cuando me recupere, juro que te voy a dar cien azotes. Una noche, cuando todo el mundo estaba durmiendo, salió de su casa y subió a las montañas. Iba a tener paciencia con la enfermedad aunque se empeorara. Pero un dÃa las heridas empezaron a impedirle hacer las plegarias y entonces Job se dirigió a Dios y le dijo: — ¡Señor mÃo! La enfermedad se ha interpuesto entre Tú y yo. ¡Qué aflicción tan grande es no poder decir Tu nombre! ¡Dios MÃo! Tú eres el Dueño de la Misericordia Eterna. Protégeme de las cosas que me van a alejar de Ti. Job mientras rezaba, estaba llorando. De repente se oyó una voz que rompió el silencio de la noche. Le decÃa a Job: — Golpea el suelo con tu pie... ahà tendrás agua fresca para lavarte y para beber. El Profeta de la Paciencia dio un golpe al suelo con su talón... de repente surgió agua de la tierra, fresca, pura y clara. TenÃa un sabor muy agradable y era imposible saciarse. Job por un lado bebÃa del agua y por el otro se lavaba el cuerpo. Al cabo de muy poco tiempo vio que las heridas se curaban y volvió a sentirse vivo como antes. También le habÃa bajado la fiebre el agua bendita que le habÃa curado las enfermedades. Muy pronto recuperó a su familia. La Misericordia Divina los habÃa hecho regresar; el Profeta de la Paciencia ya no estaba solo. Job habÃa jurado que cuando sanara le darÃa cien azotes a su mujer. Pero Dios sabÃa que él no querÃa hacer eso en realidad. Al sanar, Dios le inspiró en la idea de coger cien ramas, hacer un haz y darle un sólo golpe con ellas, aliviándolo a él de su juramento y a ella del castigo. Dios, para recompensar la paciencia de Job, lo elogia en el Corán con las frases siguientes: «Es verdad que lo hallamos paciente. ¡Qué excelente siervo! Él se dirigÃa continuamente a su Señor». El Corán lo describe con la palabra «evvab» que significa «el que se dirige mucho a Dios con paciencia y letanÃas». La paciencia de Job le habÃa hecho aprobar la prueba. Después de aquel dÃa todos los enfermos se acordaron de su paciencia y de sus súplicas. El Profeta de la Paciencia nos enseñó qué fuerza tan grande es la paciencia en su estado puro. Y también nos demostró que las enfermedades espirituales son peores que las del cuerpo. Ya que las enfermedades corporales nos dañan en este mundo pero las del espÃritu nos harán daño en la otra vida. La medicina de las enfermedades espirituales es siempre recordar a Dios y obedecerle... [1] n el Corán es nombrado como «Eyyub». |
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